Xtories

Menudas vacaciones

La oscuridad de la cueva dejaba paso a la luz del sol, pero la verdadera oscuridad que querían explorar estaba dentro de ellos. Él la esperaba en el agua, desnudo y expectante, sabiendo que ella solo necesitaba un empujón para soltarse. Esta vez, no habría nadie que los viera, solo el frío del agua y el calor de sus cuerpos.

Escorp7314K vistas8.7· 14 votos

Capítulo I: el descubrimiento.

Todo se había quedado de repente en completa oscuridad. Tanto, que ni se podía ver las manos teniéndolas pegadas a la nariz.

- La linterna se ha apagado, supongo que serán las pilas -dijo Valeria con una voz que denotaba algo de miedo.

- No te preocupes cariño -dijo Rómulo- enseguida te enciendo, jajajajaja.

- Que tonto eres, de verdad. Déjate ya de tonterías y enciende algo.

- Puedo encenderte a ti y aprovechar la oscuridad y que estamos solos y……-mientras sacaba el teléfono móvil y conectaba la linterna.

- ¿Ni siquiera en una cueva oscura y fría se te pasan las ganas de pinchar?

- Sabes de sobra que mientras te tengo cerca eso es imposible.

De repente una luz se encendió y todo se volvió algo menos tenebroso, aunque teniendo en cuenta que habían estado caminando por la cueva algo más de una hora y que esta se encontraba en medio del bosque, esto no lo hacía mucho más confortable.

- Deberíamos ir saliendo, solo faltaba que se terminase la batería del teléfono y nos quedásemos aquí sin ninguna luz para poder salir -dijo Val.-

- Aun le queda para bastante tiempo pero no es mala idea.

Comenzaron a deshacer el camino que los había llevado hasta allí. Se trataba de una galería de casi dos metros de altura y otros dos de ancho. Las paredes de la misma tenían marcas, como de ser artificial.

- ¿Qué es eso que hay ahí? -dijo Rómulo que iba delante.

- ¿A que te refieres?

- A esa piedra, parece que fue colocada ahí por alguien. No tiene pinta de ser algo natural.

- Pues una piedra. Supuestamente aquí no ha entrado nadie desde hace muchos años.

- Ya lo sé, pero esa piedra ha sido tallada y es diferente a las que hemos visto por la cueva.

- ¿Quién iba a andar casi una hora con una piedra por una cueva para ponerla ahí? Son cosas tuyas. Venga, sigamos a ver si llegamos ya a la salida y vemos el sol por fin.

- Espera un momento, le voy a hacer algunas fotos para enseñarlas a ver que opinan los demás.

Después de hacer algunas fotos de la piedra enfocando desde varios puntos para poder apreciar los detalles de la misma, así como del lugar en el que encontraba colocada, continuaron caminando hasta llegar a la salida.

Nada más salir ambos sintieron el calor del Sol en sus cuerpos, cosa que agradecieron muchísimo después del frío que hacía en el interior de la cueva.

- Bueno pues vamos al campamento a descansar un poco que creo que nos lo hemos ganado.

- Pero descansar es descansar, que te conozco -dijo Val disimulando una sonrisita picarona.

- Si, si a descansar -contestó Rómulo con otra sonrisita en su cara.

Anduvieron durante otros treinta y cinco minutos hasta llegar al lugar donde habían montado su campamento. Era como los que salen en las postales románticas.

Habían montado una tienda de campaña tipo iglú, pero de un tamaño mas bien grande, junto a un lago no muy profundo y en el cual caía el agua de una cascada. Todo estaba rodeado de arboles excepto el lugar donde habían montado la tienda, no sin mucho trabajo y risas debido a la poca costumbre que tenían de hacerlo, pero al final les había quedado bastante aceptable.

Conforme se iban acercando a la tienda Rómulo comenzó a ir quitándose ropa y dejándola caer al suelo, cosa de la que Vero no se dio cuenta ya que caminaba algunos pasos por delante de él. Cuando ella llegó a la entrada de la tienda y se giró se encontró con que Rómulo pasaba junto a ella corriendo, completamente desnudo, de camino al agua.

- ¿Pero qué haces loco?

- ¿No lo ves?, bañarme en pelotas- Y justo en ese momento entró de cabeza en el agua- ¡buaaaaaaaaa!- Gritó nada mas sacar la cabeza del agua.

- Pero que bruto eres- dijo ella sin poder parar de reír.

El agua era transparente como un cristal que acabaran de limpiar con ahínco, pero también estaba muy fría. Era un día completamente despejado, no se podía ver ni una sola nube hasta donde alcanzaba la vista y hacía calor, sobre todo después de lo que habían caminado.

- Creo que hoy si que hemos aprovechado el día- dijo Rómulo gritando desde el agua.

- Ya era hora. Es el tercer día de vacaciones que llevamos aquí y no hemos hecho nada.

- Pues que mala memoria tienes- dijo Rómulo a carcajadas.

- Que guarro eres.

- No soy guarro, tú me pones guarro y que yo recuerde hemos estado follando como conejos los dos.

- Lo que tienes que hacer es salir del agua y ponerte algo. A ver si va a venir alguien y te va a ver.

- Noooooooo. Lo que tienes que hacer tú es quitártelo todo y venir aquí conmigo.

- ¿Estás loco? Puede vernos alguien.

- Este es el tercer día que llevamos aquí y solo hemos visto pájaros y conejos. Además, tú me has dicho varias veces que te pondría cachonda que te viesen follando.

- Aunque entre, seguro que no puedes hacerme nada, con lo fría que debe estar el agua debes tenerla como el dedo meñique del pie, jajajajaja.

- Si estás tan segura de eso quítate la ropa y ven, valiente.

Valeria hizo como si no lo hubiese escuchado, aunque se había excitado solo de pensarlo, para hacerse de rogar un poco más mientras encendía una pequeña fogata que habían dejado preparada.

- Bueno, pues si no vienes voy a nadar un poco y ahora saldré, sosa- dijo Rómulo sumergiéndose completamente en el agua otra vez.

Ella aprovechó esos momentos para quitarse, detrás de la tienda, la ropa. Primero la camiseta, de manga corta con un escote que hacía que resaltasen sus prominentes pechos, después un pantalón corto, que tras desabrochar el botón y bajar la cremallera, resbaló por sus muslos hasta sus tobillos y los cuales dejó a un lado con uno de sus pies, a continuación, desabrochó su sujetador desde atrás, dejando que resbalase por sus brazos y cayendo sobre el pantalón. Por último, bajó con ambas manos su braguita-tanga quedando completamente desnuda.

Rómulo continuaba nadando, sumergiéndose de vez en cuando y una de las veces que sacó la cabeza del agua y miró hacia la orilla la vio allí de pie.

Era como si un ángel hubiese bajado del cielo. Por una vez se quedó sin palabras, solo podía mirarla.

Era preciosa, su pelo era rubio con rizos, hasta formar tirabuzones. Sus ojos, del mismo color del cielo, lo miraban con amor y deseo a partes iguales. Su piel, aunque había tomado el sol en los días que llevaban allí, era blanca con un tono sonrosado. Sus pechos eran grandes, con la forma perfecta y una areola rosada que, a pesar de tener normalmente un tamaño mas bien grande, en esos momentos se había vuelto pequeña debido a la erección de sus pezones al tocar con los pies el agua fría.

Rómulo no podía dejar de mirar aquella carita y aquel cuerpo que lo tenían cautivado desde el primer día y a pesar de que ya llevaban mas de 6 años de relación. Su vista continuó bajando y llegó hasta el lugar donde comenzaban sus piernas en el que se podía ver un pequeño triangulito de vello que ocultaba el comienzo del lugar que estaba deseando tocar, besar, lamer….

- ¿Qué miras pavo?

- ¿Tú que crees?- dijo Rómulo a la vez que se ponía en pie y dejaba el agua a la altura de la mitad de sus muslos.

- Pues tenías razón.

- ¿En que tenía razón?- dijo él extrañado.

- En que el frío del agua no iba a ser problema para ti- dijo ella riéndose y sin poder dejar de mirarlo.

Rómulo era un hombre de 46 años, más bien alto, de constitución delgada, aunque más bien ancho de hombros, pelo corto castaño y rizado y ojos azules.

Vero comenzó a dar pasitos pequeños para introducirse en el agua mientras sus mejillas continuaban sonrojadas, no tanto por el sol, como por encontrarse desnuda al aire libre, con aquel hombre que tanto la excitaba, desnudo y completamente erecto, delante de ella y sabiendo lo que vendría a continuación.

Ninguno de los dos podía apartar la vista del otro esperando a poder fundirse en un apasionado beso lleno de deseo y excitación.

Cuando se encontraban a un metro, aproximadamente, de distancia los dos levantaron un brazo, cogiéndose de la mano y notando como si un calambre recorriese sus cuerpos de arriba abajo en el momento en el que estas se tocaron.

Rómulo la atrajo hacia él, con un poco de brusquedad, hasta tenerla justo delante suya. Bajó un poco la cabeza para mirarla a los ojos, ya que ella era de menor estatura y mientras le ponía la mano izquierda en la cadera y la pegaba a él le dijo:

- Te quiero, te quiero con locura.

- Y yo a ti mi amor.

Comenzaron a besarse, al principio de una manera pausada, pero conforme pasaban los segundos y su excitación iba aumentando, fue volviéndose mas apasionado, libidinoso, salvaje. Pasaron de los besos en los labios a los mordiscos por cuello y hombros mientras sus manos recorrían el cuerpo del otro sin ningún tipo de control.

Rómulo agarró con ambas manos esos maravillosos y sensuales pechos, juntándolos y comenzó a lamerlos. Primero en el canalillo que se formaba entre ambos y poco a poco se fue dirigiendo hacia el pezón izquierdo al que después de pasar su lengua por él en varias ocasiones decidió coger entre sus dientes con delicadeza pero con decisión, lo que provocó que ella exhalase un gemido entrecortado. Justo en ese momento Rómulo la azotó con la palma de la mano en su nalga derecha mientras le decía al oído:

- Aquí no hace falta que te reprimas, no hay nadie y no te van a oír, así que aprovecha y suéltate.

- ¿De verdad quieres que me suelte? – dijo Vero mirándolo a los ojos.

- Pues claro que quiero, jajajaja.

- Pues prepárate.

Antes de que él pudiese decir o hacer algo, ella agarró su pene, se puso de rodillas, quedándole el agua justo por debajo de los pechos y se la metió en la boca. Los movimientos de su mano y su boca comenzaron de forma pausada pero poco a poco fueron subiendo de intensidad.

- Joder, si que te has soltado sí.

- ¿Es que no te gusta? – dijo Val sacándosela de la boca y mirándolo a los ojos desde abajo.

Pues claro que me gusta – dijo Rómulo mientras la cogía de la cabeza con ambas manos y volvía a introducir su pene palpitante en la boca de ella