Xtories

Viaje al chiquito de la amiga de mi esposa II

El frío del otoño no apaga el calor que guardan para Paula. Carlos acepta el favor de recogerla al aeropuerto, sabiendo que la distancia es solo una excusa para volver a perder el control. Entre risas y provocaciones, el coche se convierte en su nuevo altar prohibido.

ks2tfe20K vistas9.2· 29 votos

¡Qué frío!, el otoño ha venido este año bastante duro.

Después de aquel verano, las cosas cambiaron por casa.

Empecé a tomarme la vida de otra manera y aunque por un lado me sentía un traidor por aquella experiencia maravillosa con Paula, por otro lado, me di cuenta que seguía sintiéndome vivo. Me sentía incluso más enamorado de Eva, por muy contradictorio que pareciera.

Cuando follaba con ella, lo hacía con más pasión y ganas, notando como ella se corría con mayor intensidad. Eso sí, mis momentos íntimos conmigo mismo, se los dedicaba al recuerdo de Paula y su delicioso culo. No llevabamos ni dos meses sin vernos y ya me lo había follado imaginariamente muchas veces y de todas las formas posibles. La mente es muy creativa.

Un día sonó el teléfono. Eva, mi esposa lo cogió. Por su tono de voz y sus risas, me dí cuenta que era alguien cercano y que apreciaba.

Tras unos instantes, escuché nombrar algo del viaje, por lo que deduje que sería Paula.

Llevábamos casi dos meses sin hablarnos, la verdad es que después de aquello, no me atrevía a decirle nada y ella, también guardó la distancia.

- ¡Saludos de Paula!, dijo mi esposa acercándose a mí.

- ¡Qué pesada! ¿Tu amiga sigue sin darse cuenta que me cae como el culo?, dije yo en tono de broma como sin importárme. Por dentro estaba contento y contenía mis ganas de hablar con ella.

Ambas se rieron y me atacaron con comentarios para buscarme la lengua.

- ¿Qué le pica ahora? ¿Ya nos echa de menos?, añadí al coctel de frases para mostrar indiferencia.

Mi esposa, haciendo un gesto con la mano de desaprobación se alejó diciendo:

- Los hombres siempre igual de brutos. No le hagas caso, y se alejó por el pasillo.

Pasado unos veinte minutos, Eva se me acercó.

- Paula llamó para ver si nos habían invitado a la boda de Laura.

Laura, era una amiga de la infancia de ambas que nos había invitado a su boda y de la que mi esposa iba a ser su madrina.

- ¿Ella también va a ir?, pregunté con voz desinteresada.

- Por eso llamó, Juan no puedo por trabajo y no sabía que hacer. Date cuenta que tendría que coger un vuelo sólo para eso. La boda es el sábado 13 de diciembre por la noche y ella trabaja el lunes, reflexionó Eva.

- ¡Sí que le sentará rentable!, ¡ella sabrá!, añadí.

Por dentro me moría de ganas por verla de nuevo..

- Y qué quiere, ¿quedarse en casa? Pregunté averiguando qué intensiones tenían.

Pensé que estaría bien que pasara esa noche en casa y tenerla cerca.

- No, precisamente fué lo que le ofrecía pero me ha dicho que el problema es que consigue billete para el sábado a las 17.00h y de regreso no hay más que para las 7.30 horas, comentó mi esposa.

- ¿Y se va a meter la paliza de venir para unas horas? ¡qué locura!, ¡no vale la pena!, dije algo decepcionado.

- Ella sabrá, de todas formas no estaba segura, lo hablará con Juan y me dirá.

- Pero, entonces, ¿qué quería? ¿para qué llamó?, dije confuso.

- Carlos, para ver como estábamos y saber si esa noche podría estar con nosotros en la boda, pero le dije que yo estaría con la novia y luego si al final tú te vienes a dormir que el domingo trabajas a las 10.00h yo aprovecharé e iré con la familia a celebrarlo después de la cena.

- Pues ya está, que vaya con ustedes y de allí al aeropuerto, dije.

- Sí, eso le he dicho. Ya me dirá en estos dias, dijo alejándose por el pasillo.

Era una pena que no pudiéramos tenerla en casa, pero tampoco iba a darle más vueltas, aunque no podía dejar de pensar en la oportunidad de tenerla tan cerca y no disfrutar de ella y su chiquito.

Los días pasaron y no le dí más vueltas a la situación.

Un día al regresar a casa del trabajo, mi esposa me comentó que Paula había llamado.

- ¿Sabes que al final la próxima semana viene Paula para la boda?, dijo ella.

-¡Ah mira!, pero ¿logró que le dieran el día de trabajo? o consiguió un vuelo para más tarde, pregunté.

- No, se le ha ocurrido una cosa y quería pedirte un favor, dijo con voz duditativa.

- ¿Un favor? A ver qué quieren ahora ustedes.

- No te enfades, sino quieres no pasa nada, dijo mi esposa añadiendo más suspense.

-¡Yá! ¡suéltalo!, dije algo nervioso.

- A Paula se le ha ocurrido que como yo estaré pendiente de la novia toda la noche y tú estarías solo, podrías recogerla en el aeropuerto a las 18.00 horas y acercarla a la boda. Luego ella...

- Para, para... ¿qué? ¿ahora soy el taxi? ¿O la niñera? Dije algo molesto.

- A ver, es recogerla y dejarla, ella estará con nosotras para los últimos preparativos y saldrá con nosotros de fiesta. Luego la dejo en el aeropuerto y ya. Entiende que es una de sus mejores amigas y no quiere perderse la boda, dijo intentando convencerme.

No me hacía mucha gracia, al final yo haría de chófer, estaría con ella durante la ceremonia de niñero y todos mis sueños de que pudiera disfrutar con ella de nuevo al traste.

- ¡Yá se verá!, dije molesto.

- Carlos, ¡yá se verá, no!, tengo que confirmarle para saber si viene o no, dijo molesta.

La verdad que en esas circunstancias ya me daba todo igual.

- Pues dile que vale, añadí resignado.

- Carlos, ella nos ofreció su casa en verano, ¡qué menos!.

- ¡Venga va! Dile que sí, y me fui a la ducha.

Mi mente no paraba de dar vueltas. Una oportunidad perdida y encima tener que hacer de chófer, como sino fuera ya bastante tener que ir a la boda sólo, con gente que ni conocía casi.

Llegó el día de la boda. Mi esposa estaba espectacular y mientras se terminaba de vestir y maquillar, yo la buscaba.

- ¡Mmmnnnn! Lo que te haría ahora con ese vestidito tan escotado, le decía.

- Carlos, para me arrugas el traje y se está haciendo tarde. Tengo que irme ya a casa de Laura.

- ¡Vale, vale! No puede uno disfrutar de su esposa, dije molesto.

- Son las 17.15h, no estas vestido y ya Paula está en el avión, tienes que ir a recogerla ¿recuerdas?, dijo con voz algo enfadada.

Me fui a la habitación, me vestí y cogiendo las llaves del coche me acerqué para darle un beso.

- ¡Ahora nó! Estoy ya maquillada.

- ¡Jesús!, exclamé mientras salía por la puerta.

Llegué al aeropuerto y el vuelo de Paula no había llegado. Fui a la cafetería y me senté a tratar de relajarme mientras tomaba un cortado, hacía frío y pareciera que iba a llover.

Cuando Paula desembarcó, yo ya la esperaba en la recepción de llegada. Al abrirse las puertas salió una marabunta de gente pero sin rastro de Paula.

Unos minutos después la puerta volvió a abrirse. Era ella. Me quedé atontado mirándola, estaba preciosa. Llevaba un traje muy corto con un escote brutal. Diría que ni sujetador llevaba. Un peinado recogido que dejaba su cuello al descubierto y tenia tacones.

- Hola Carlos, ¿has visto un fantasma? Dijo sonriendo.

- ¡Em... em..!

- ¿Ahora eres mudo?, dijo dándome dos besos.

- Estas preciosa. Me has dejado sin saber que decir, dije. ¿Todo bién? ¿El viaje? Añadí.

- Sí, si el viaje bien y veo que por aquí sigues igual de salido, rió a carcajadas. Me alegro que te guste mi vestido, lo compré precisamente para tí.

- ¿Para mí? Dije sorprendido.

- Sí, temía que ya no te acordaras de mí, mi chiquito te ha echado muchísimo de menos, sonrió. Y tenía que compensarte el favor de hacer de mi príncipe acompañante.

- ¡Qué graciosa! Acompañante dice, claro hoy seré tu chófer, no hay tiempo para más, añadi algo desilusionado.

- ¿Enfadado? Dijo ella con esa mirada preciosa que tenía.

Sin poder dejar de mirar sus labios y sus pechos, que me hacían ensalibarme como un perro hambriento le dije:

- No, no pasa nada. En otra ocasión podremos disfrutar un poco más de la compañía, hoy toca lo que toca, vamos.

Ambos caminamos juntos hacia el coche. Ella lo hacía, de forma espectacular. ¡Qué buena estaba!.

- ¡Cómo se nota que vienes de una isla paradisiaca!, ¿ya no recuerdas que por aquí hace frío?, le pregunté.

- No hace tanto que me fui a vivir allá, dijo riendo. Además tengo los caños calientes y la ocasión merece el sufrimiento. Añadió mirándome con esos ojos brillantes y sensuales.

Automáticamente, me quité la chaqueta y la puse sobre sus hombros.

- ¡Qué caballeroso es mi príncipe!, dijo ella sonriente y agradecida por mi acción. Tú sí que me cuidas, vas ganando puntos.

- ¿Ganando puntos?, anda suba a su limusina, le dije mientras le abría la puerta del coche. Hoy solo seré su chófer y la llevaré a su reunión.

Ella sonrió y entró en el coche.

Ya de camino ella continuó burlándose de mí y yo iba contestando a sus gracietas.

En un momento ya de complicidad le dije.

- ¿Sábes que día es hoy?.

- Sábado dijo.

- No, boba. ¿Qué número de día? Volví a preguntar.

- 13 ¿no?

- Pues ya sabes Paula...

- ¿Ya sé? ¿Qué sé? Añadió ella esperando mi respuesta.

- Ya lo dice el dicho, 13 cuanto más me la mames más me crece... sonreí vengandome por todas sus bromas.

- ¡Ay Carlos! Tú siempre tan chistoso. Por eso me gustas tanto. Puedes ser serio y en un instante tan payaso. Eres muy divertido y siempre abierto a sorprender. Echando su mano a mi paquete, y acariciándolo, añadió. Espero que siga creciendo así incluso cuando no sea día 13.

Sin dame cuenta ya estábamos por fuera de casa de Laura.

- Tengo que irme ya, dijo. Te veré luego en la ceremonia.

Se inclinó dejándome ver sus pechos y me besó en la mejilla. Salió del coche, se quitó mi chaqueta y la colocó sobre el sillón donde iba sentada y se apresuró a la puerta de la casa.

¡Cómo le quedaba aquel traje! ¡Qué culo tenía!.

Ella entró y tras recobrar el aire me fui a la iglesia.

La boda empezó en punto. Paula se retrasaba, le habia guardado un sitio a mi lado, pero supongo que apuraba los últimos instantes con su amiga Laura y Eva.

Cuando la música sonó, pude ver a la novia entrar. Eva estaba preciosa, venía detrás de ella y me quedé embobado mirándola. Al pasar junto a mí me picó el ojo y le dí un beso volado, susurrándole ¡estás guapísima!.

Según pasó, sentí detrás mío que me sujetaban por la cintura. Y acercándose a mí oido el susurro de una voz cálida.

- No te puedo dejar solo, ¿yá estas piropeando a otra? Dijo Paula.

Me giré y sonreí.

- Está preciosa, ¿no? Dijo ella.

- ¿La novia? Pregunté.

- ¡Qué bobo!, ¡Eva! Añadió. Tienes una esposa preciosa.

- Sí está muy buena. ¡Schhh! Que nos van a llamar la atención.

Ella sonrió y con una cara de niña traviesa hizo un gesto con los ojos de rebeldía y se mantubo en silencio.

La boda transcurrió normal. Incluso muy pesada como las recordaba. Habían momentos de risa por el nerviosismo dd los novios y otros de silencio y atención.

Ya quedaba poco para finalizar cuando sentí que Paula me cogía de la mano izquierda y me acariciaba. La miré de reojo y ella no perdía la mirada al frente, aunque sus labios rojos dejaban escapar una lebe sonrisa traviesa.

Cuando finalizó la boda. Fuimos con Eva para sacarnos las fotos.

- ¡Estás impresionante amiga!, dijo Paula a Eva. Sino fuera porque estás casada con este señor, te follaría aquí mismo, añadió entre risas.

- ¡Perdona! Creo que usted ya tiene pareja. Dije. ¡Eva es mía! Para follármela ya estoy yo. Añadí.

- Deja a Juan ahora en casa que bastante hace. Es un soso y además ella era antes mi amiga que tu mujer, tengo más derecho dijo Paula.

- ¡Chicos, ya! Dijo Eva sonrojada. ¡parecen dos crios!. Me voy que vamos a ir a hacer la foto en los Jardines del Marqués. Luego nos vemos en la cena y comportense.

Paula al ver que Eva salía de la iglesia me cogió nuevamente se la mano y me sacó de alli.

-¡Vamos! Dijo tirando de mi mano y con algo de prisa.

Fuimos al coche y me dijo arranca. Vamos al restaurante.

- ¡Qué prisa tienes! Aún estarán un rato fuera, con las fotos.

- Por eso, quiero llegar al aparcamiento que luego se llena. Dijo

Arranqué y salimos hacia el restaurante. Ya era de noche.

Ibamos conduciendo en silencio. Paula tenía sus manos sobre sus muslos y cada vez que la miraba de reojo me daba la impresión que su corto vestido era cada vez más corto. Hasta que la pillé subiéndose disimuladamente con sus dedos y ya casi se veían sus tangas rojas, entre las luces intermintentes de las farolas al pasar por ellas, que rompían la oscuridad del interior del coche.

- ¿Qué haces? Dije rompiendo el silencio.

- ¿Te gusta? Dijo ella sonriendo. Pensé que no te habías dado cuenta dijo muy pícara.

-¡Paula... ufff!

-¿Nervioso? Añadió.

- Nervioso es poco... respiré profundo.

Llegamos al aparcamiento y Paula me dijo que aparcara en un rincón al fondo.estaba oscuro lejos de las farolas y aún no habia llegado nadie.

No había terminado de aparcar y Paula ya se había soltado el cinturón. Puse el freno de mano apagué el motor y su mano ya estaba echando mi sillon para atrás.

- ¿Qué haces? Dije sorprendido.

- ¿No decías que era día 13? dijo ella mientras intentaba reclinar mi sillón.

- Sí.

- Pues eso, quiero ver cómo te crece que la he echado mucho de menos.

Diciendo eso y tras abrir mi cremallera y soltar el botón del pantalón, liberó mi polla empalmada para sin dudarlo llevársela a la boca.

- ¡Mmmnnn! ¡Qué rica! Decía con la boca llena por mi polla, sin parar de chuparla.

Y que bien que la chupaba. Parecía que llevara tiempo sin comer y estuviera hambrienta. Estaba de rodillas sobre el sillón del coche con su culo en pompa. Su traje se había subido hasta la mitad de sus nalgas dejándome ver en la oscuridad la silueta y cómo lo movía mientras chupaba.

No quise ni interrumpirla con qué había pasado con aquella norma de no usar ciertas partes que eran supuestamente de Juan. Sólo me dejé llevar y llevé mis manos a sus pechos que liberé de aquel traje y cayeron al estar boca abajo. Efectivamente, no llevaba sujetador. Acariciaba sus pechos mientras ella succionaba sin parar. Luego llevaba mi mano a su espalda y la acariciaba hasta sus nalgas que apretaba con fuerza mientras ella resoplaba disfrutando del momento.

Cuando mejor estaba la cosa, los focos de los coches llegando, empezaron a iluminar nuestro coche. No me lo podía creer, ahora que estaba apunto.

Paula continuaba chupando pero algún invitado se acercó a aparcar junto a nosotros.

- Paula, ¡para, nos va a ver! Dije controlando mi respiración.

Ella soltó mi polla y rápidamente se colocó se acomodó el vestido, mientras yo hacia lo mismo para no ser vistos.

Al terminar, ella miraba hacia el cristal de la puerta como una niña enfadada a la que le habían quitado su golosina.

- ¿Estás bien?¿qué pasa? Pregunté.

- ¡Jooo! Yo quería agradecerte todo lo que has hecho por mí y llevaba tiempo planificándolo. Dijo bastante molesta.

- No pasa nada. Me ha gustado mucho y sabes que lo que hice no es nada, yo también estaba deseando volver a verte.

- Por eso, encima me he quedado sin mi postre. Dijo con mirada pícara y lasciva.

La verdad es que el dolor de huevos no me lo iba a quitar nadie. Pero tampoco pasaba nada, mi corazón seguía a mil y cuando nos repusimos, bajamos del coche y fuimos al restaurante.

Cenamos, se partió la tarta se repartieron los detalles y ya con el baile, Eva pudo estar con nosotros.

Bailé con Eva varias piezas y mi polla ya despierta se empalmó solo con el roce. Eva que se dió cuenta no paraba de acercarse y rozarla, sonriendo por su juego. Miraba a Paula que nos miraba mientras bailaba con Laura y otros amigos. Ella sonreía y me hacia gestos para que me pegara a Eva. No parecía molestarle, más bien se alegraba.

Ya avanzada la noche, decidimos ir a la discoteca. Yo ya no podría estar muy tarde porque tenía que ir a trabajar y debía dormir algo, pero las acompañé una hora y media.

Sobre las 3.30 de la mañana, le dije a Eva que ya me tenía que ir. Me despedí de sus amigos y amigas y cuando iba llegando al coche, sentí que Eva me llamaba.

- ¡Carlos, espera!, dijo ella.

Al girarme Eva se acercaba a mi junto con Paula.

- ¡Dime amor! Exclamé.

- Paula se encuentra un poco mal, seguramente del viaje y me ha dicho que quiere irse.

- ¿Estás bien Paula? Dije sorprendido, ¿quieres ir al médico?

- No, es cansancio, además los pies me duelen de los tacones y creo que es mejor ira dormir un rato a casa de mis padres y así luego ya voy al aeropuerto. Tengo que estar a las 6.30 para embarcar y no puedo más, dijo con voz ya de cierto agotamiento.

- ¿Y como vas al aeropuerto luego?, dije preocupado.

- Llamo a un taxi, no te preocupes. Con que me dejes en casa mis padres, es suficiente. Añadió.

Me despedí de Eva con fuerte beso de buenas noches.

Ya en el coche, salimos del restaurante y me dirigí a casa de los padres. Ellos vivián en un pueblo cercano al mío, y había que pasar por una carretera junto a una montaña.

- Siento que al final te hayas sentido mal, espero que no enfermes, dije preocupado a Paula.

- ¡Detén el coche ahí!, dijo Paula señalando un mirador junto a la carretera.

-¿Cómo?

-¡Aparca en ese rincón! Repitió ella a falta de unos kilómetros para llegar a su casa.

Aparqué el coche y ella sacó las llaves del contacto.

- ¡No estoy enferma, Carlos! Me niego a volver a casa sin darte tu recompensa, dijo mientras se abalanzaba sobre mí para besarme.

- ¡Qué mala eres! Y yo pensando que era cierto. Lo tenías todo planificado. Añadí.

- Aquí es donde venía con mis conquistas de joven a ver las estrellas, dijo mientras me besaba. ¿Sabes los años que hacía que no me enrollaba con nadie en un coche?

- ¡Ah! ¿y me traes aquí como otro trofeo más? Dije algo ofendido.

- ¡Schhh! No seas bobo, no vas a tener ahora celos de eso. Además, yo no he estado más que con Juan y contigo. Aquí solo me daba algún beso y algún roce, nada importante. Siempre quise follar en un coche pero ya sabes como es Juan. Lo quiero mucho y es muy bueno pero en la cama es muy tradicional.

Volví a besarla para que no siguiera hablando de él. La verdad es que me moría para follármela.

- Sólo te pido una cosa. Ya sabes la norma, apuntilló.

- Vale, no pasa nada. Hecho de menos a mi chiquito. Dije mientras volvía a besarla.

Mientras nos besábamos ella volvía a liberar mi polla de entre la ropa. Respiraba agitada y nerviosa, desesperada por volver a unirnos en aquel lugar.

Quería comer su coño, pero era un lugar prohibido. Es curioso, como lo normal era siempre alrevés, que el culo fuera la zona tabú pero con ella era lo contrario.

- ¡Fóllame!, gimió mientras le masajeaba sus pechos, los besaba y succionaba sus pezones duros. ¡Fóllame ya no puedo esperar más! Repitió impaciente.

La llevé al asiento trasero y mientras me colocaba, ella se puso sobre el sillón con los pies abiertos ya sin sus tangas, tocándose su coño.

Por primera vez, pude deternme a verlo. La última vez estaba oscuro y aunque vi que estaba rasurado no pude detenerme a verlo.

Ahora podía ver como se tocaba y jugaba con sus labios brillantes y apretados. Los tenía como Eva, ni grandes ni chicos, de un color ligeramente oscuro, y sonrosado por dentro. Bien rasurado.

- ¿Te gusta? Me dijo mientras se mordía el labio y me miraba como me humedecía mi polla con mi mano para tocarme viendo la escena.

- Eres preciosa y se ve delicioso.

- Se nota por como tu saliba brilla en la comisura de tus labios, y como te palpita la polla. ¡Métemela ya, Carlos! Dijo deseosa de que diera ya el paso.

Mientras ella se tocaba me puse de rodillas ante ella metiendo los pies como podía bajo los sillones del coche y una vez colocado apoyé mi glande en su chiquito. Ella sin esperar, se echó hacia alante y noté como se abría su ano sin la resistencia de la primera vez.

Me miró con una sonrisa perversa.

- Mi chiquito te echaba mucho de menos y ha estado recordándote a solas con algunos juguetes. Dijo jadeando mientras mi polla ya entraba y salia suavemente.

Mientras se tocaba ella y yo la follaba, apoyó sus piernas en el respaldo del sillón, pudiendo yo poner una de mis manos en su boca. Ella cogió un dedo y lo introdujo en su boca, chupándolo como si fuera otra polla. Con mi otra mano masajeaba uno de sus pechos que había logrado liberar mientras el otro seguía bajo el vestido.

Ella jadeaba mientras succionaba mi dedo y se movía cada vez más profundo.

Sus movimientos y jadeos fueron tan rápidos que cuando me quise dar cuenta ya estaba corriéndose y apretando su culo contra mi polla.

- ¡Lo siento! No aguantaba más. Me has puesto como una moto. Dijo con una sonrisa avergonzada de lo sucedido.

Sin sacar mi polla seguí follándola.

- No pasa nada, me está gustando mucho. Dije entre jadeos.

La sujeté por sus caderas y ella me observaba mientras la follaba. Llevó su mano llena de corrida de su coño a mi boca y tras dejarme olerlas introdujo sus dedos en mi boca para que los saboreara.

- Ya que no puedes usarlo, te dejo catarlo por portate bien, dijo con voz pícara. Y hoy te dejo elegir donde quieres correrte, sorpréndeme en un lugar permitido. Añadió.

Yo ya no podía más. Me encantaba que mientras la follaba, me hablara y digera cosas, pero más que me diera cierta libertad. Su culo era el lugar perfecto para correrme, pero ya lo había probado.

Pronto noté como me iba a correr y rápidamente humedecía mi mano derecha, saqué mi polla de su culo y levantándome descargué mi leche sobre su tetas y vestido.

Ella no paraba de decir:

- ¡Así me gusta mi príncipe!. ¡Échamelo todo!. Con una sonrisa de oreja a oreja.

Luego la besé en la boca y me senté a su lado.

Ambos nos quedamos un rato recuperando el aliento en silencio. Los cristales del coche estaban empañados del vao y del sudor.

Ya eran las 5.45 horas.

- Tengo que irme, dijo Paula algo frustrada.

Se levantó y ayude a limpiar mi semen con su traje. Fue a su bolso y sacó otro vestido del mismo color pero más largo. Se quitó el vestido, se puso otras tangas que llevaba también dentro, se perfumó y volvió a vestir con el traje nuevo. Dobló la ropa manchada y la guardó en su bolso.

- A ver si cuando llegues a casa Juan te pilla la ropa, dije preocupado.

- ¿Ese? No sabe poner ni una lavadora. Además asi me llevaré una parte de tí conmigo. A lo mejor ni lo lavo más, dijo con una sonrisa y con cara de bromista.

- ¡Fos! No creo que seas capaz, dije.

- Tan loca no estoy Carlos, es coña. Aunque te echaré de menos mucho. Y ¿tú a mí?.

- Sabes que sí, gracias por alegrarme el día, pensaba que no iba a tenerte esta vez.

Ella me besó con pasión y sonriendo volvió al asiento delantero.

Conduje hasta el aeropuerto como cuando iba con Eva, con una mano en su muslo. Al llegar nos dimos un abrazo y la acompañé a facturar. Esperé hasta que llamaron para el embarque y nos despedimos con otro beso intenso y soltándonos las manos sin querer hacerlo.

Cuando la perdí de vista, me quedé un rato esperando, deseando que volviera. Pero no pasó.

Reaccioné, me di la vuelta y volví a casa a ducharme para ir a trabajar. No tenía ni sueño. Eva me envió un mensaje diciendo que llegaba en una hora, lo había pasado bien y se iba a dar una ducha y a la cama.

Aquel había sido un gran día.