Las cámaras de seguridad XV - Epílogo
Se fue con otro, pero no pudo borrar las cámaras. Ahora, desde la oscuridad de su soledad, observa cómo ella se entrega al nuevo amor, mientras él se encierra en un castigo que mezcla el dolor físico con la excitación prohibida de ser el testigo mudo de su propia destrucción.
Han pasado mas de tres años desde aquel fatídico día donde por jugar con fuego mi vida se fue al garete, me acabé quemando.
Mi dolor es insondable, no creo que pueda recuperarme nunca, mi vida se ha convertido en una farsa de dar buena cara, aparentar que estoy bien y que solo estoy continuando con mi vida tras un divorcio pero mi vida se acabó en aquel momento con aquella carta de mi ya exmujer.
Dos semanas llorando, tratando de hablar con ella acabaron con una llamada de un abogado para formalizar primero una separación formal y después un divorcio en toda regla.
Tuve que irme de mi casa, compartimos la custodia del niño pero ella se quedaría con la casa y pagaría todos sus gastos pero yo debía marcharme y buscarme otro sitio adecuado para tener también a mi hijo cuando me tocase pasar tiempo con él.
Cuando conseguí un apartamento cerca para poder continuar con mi vida descubrí que mis vecinos, mis amigos, incluso algunos compañeros de trabajo ya sabían de mi separación, todos sabían que era por una infidelidad de mi mujer, todos consideraron que actué como se debía, saliendo de ese matrimonio roto por ella.
Cuando todos se enteraron que había empezado una relación con Pedro, nos convertimos en unos apestados, las risas, las humillaciones y los comentarios jocosos nos acompañaran de por vida, nadie volverá a vernos de otra manera.
Tuvimos que empezar a vernos para entregarnos al niño, al principio lo hacíamos mediante sus padres, que se encargaron amablemente de traerlo y llevarlo, pero finalmente ella tuvo que dar la cara y por fin hablar conmigo.
No hubo muchas mas explicaciones, sabia que me había matado con su traición, sabia que me había destrozado y yo aun así luchaba por contener las lagrimas cuando hablaba con ella, si me hubiese dicho que quería volver conmigo hubiese aceptado sin dudar.
“Tienes que saber que Pedro se va a mudar a mi casa” - A nuestra casa, el lugar donde Pedro me arrancó la vida, con paciencia y meticulosidad, me extirpó de ella como el que quita un lunar
Sabía que eso iba a ocurrir, no esperaba que dejasen pasar un minuto de estar solos.
Y lo peor de todo… nunca desconectaron las cámaras de seguridad.
Yo seguía con acceso a la plataforma y pude ver, como espectador, cada uno de sus momentos… el momento en que Pedro llego a casa para instalarse, acabaron acostándose sin casi dejar la maleta.
Todas esas noches de sexo apasionado, casi diario al acostarse, de madrugada o al amanecer, casi cada día follaban con la misma intensidad del primero.
Pedro todavía miraba a veces a la cámara y sonreía con malicia, creo que dedicado a mi, para regodearse en su plena y completa victoria, mi ya exmujer gimiendo con su polla clavada, mientras el lucia sus habilidades haciéndola gozar, su forma de hacerlo, su intensidad… estaba dedicada a mi, podía saberlo de alguna manera.
Entonces llegaron lo peores momentos… Pedro la dejó embarazada, no una sino tres veces, metidos ya en los 40 años consiguió tenerla prácticamente todo el tiempo preñada, haciendo que el cuerpo de ella ganase en rotundidad y generosidad. Sus pechos se volvieron enormes, lactantes, con enormes venas azuladas recorriéndolos. La observaba duchándose con su enorme barriga y sus tetas inflamadas y no me hacia mas que desearla mas, que maldecirme a mi mismo por todo lo que había ocurrido.
Creo que estuve tan obsesionado con ellos que fui capaz de encontrar en la enorme biblioteca de sexo que ahora era la plataforma, el momento exacto donde la embarazó por primera vez, eche cuentas y calcule los 9 meses hacia atrás y encontré dos videos candidatos, en uno de ellos, después de comerse a besos y lamerse cada centímetro de sus cuerpos en mitad de una madrugada, Pedro se arrodilló en la cama con su polla bien dura, ella se sentó sobre sus rodillas, dandole la espalda, ofreciéndole su cuerpo para ser manoseado y exprimido, clavándose su polla y serpenteando sus caderas sobre su estaca, se dejaba sobar por las manos de él, su melena suelta caía hacia atrás y volvía la cabeza buscando su boca para acallar sus gemidos, Pedro mientras recorría con sus manos cada centímetro, amasaba sus pechos que se veían suculentos y la dejaba hacer a ella, que le montaba dandole la espalda con suavidad. Su postura totalmente de frente a la camara me dejaba observar la escena casi como si estuviese presente.
Cuando la mano de él llegó a su clítoris y lo torturo despacio y con calma mientras ella movía sus caderas, no pudo evitar decir claramente: “que polla, que polla”.
Estaba en el séptimo cielo, y alargó el polvo todo lo que pudo, sus ojos apenas se podían quedar abiertos hasta que Pedro le aviso que iba a explotar: “Sácamelo todo nena, déjame seco”
Cuando explotó dentro de ella casi pude sentir como se inundaba su interior, ella temblaba de puro gusto, y sólo se revolvió buscando su boca y besándole mientras con pequeños espasmos su verga se vaciaba dentro de ella. Sus ojos en blanco y el gemido acallado por los labios de Pedro confirmaba que habían llegado a la vez, su verga taponaba la salida y seguía inundando su vagina con leche espesa y caliente que según mis cuentas la preñó como a una yegua.
Poco tiempo después se empezaron a notar los cambios en su cuerpo, sus pezones se pusieron enormes y oscuros, su pecho creció considerablemente y su barriga con ellos, mientras yo no hacia mas que espiarlos desde mi soledad. Imagino que ellos lo sabían, y no se si por piedad, o por maldad, consentían que formase parte de su vida de esta manera retorcida y grotesca.
Cada vez que venia a casa a traerme el niño o yo iba a recogerlo, me recibía ella con su enorme cuerpo hermoso, un generoso escote para recordarme lo que yo ya no iba poder disfrutar y sentía que mi polla cobraba vida, por que no he podido excitarme nunca mas con otra cosa que no sea ella, no me planteo estar con ninguna otra mujer por que se que mi polla no servirá, me ha castrado para siempre, solo sirvo para ella. En uno de los cambios del niño, ella lo trajo hasta mi apartamente y quiso comentar lo evidente, se habia quedado embarazada de Pedro y yo no pude mas que darle la enhorabuena, ella casi llora al tratar de explicarme y decirme que sentía que debia tener un hijo con él antes de que fuera demasiado tarde, formar una familia, pero yo no necesité mas explicaciones, la inmensa ola de pasíon y carne en que se habia convertido su vida la arrastraba y ella no podia luchar contra ello, tras las felicitaciones, solo cerré la puerta despidiendome de ella y sabiendo que esa noche en mi soledad, cuando el niño durmiese, solo tendria que conectarme a la plataforma para verlos hacer el amor una vez mas.
Con las cámaras puedo asistir como Pedro la penetra hasta casi el ultimo momento del embarazo, casi cada día hacen el amor, aprovechan cuando el niño está conmigo para hacerlo a cada ocasión y es una tarde, justo después de hacer el amor apasionadamente y descargarse dentro de ella cuando se pone de parto y ni estar recién parida ni la exigente nueva criatura impide que Pedro no use su cuerpo, con delicadeza y ternura pero no pasa ni una semana cuando la toma por la puerta trasera, amasando y bebiendo de esos pechos de diosa.
Me pregunto ¿porque no habrán quitado las cámaras?, cuando me fui del piso y se instalaron juntos sabían que yo tenia acceso desde cualquier parte, me enteraría de sus conversaciones, los vería una y otra vez, y bueno… de alguna forma seguiría observándoles, y la única conclusión que me queda es que para que nada cambiase necesitaban que yo lo supiera y estuviese presente, esta vez como un mero espectador, sin derecho a nada, solo podía observar su pasión y felicidad y no ser participe de ello.
Me imaginaba a mi mismo en esa habitación observándoles de pie desde el rincón, mientras veía sus movimientos bajo las sabanas, los gemidos, las risas y yo de pie impasible observando con mi cinturón de castidad puesto, mi cabeza volaba en esos momento y el dolor desaparecía por momentos, dejando paso a esa sensación de excitación y placer que yo me auto limitaba volviendo a usar el cinturón de castidad.
Me obligaba a verlos con él puesto para evitar masturbarme, acabé adicto a ese dolor, ese dolor que se clavaba en mi alma sobre todo cuando desde la cámara podía verlos hacer el amor, apasionados y románticos, con las manos entrelazadas y con un vaivén suave mientras se decían palabras de amor y se besaban con suavidad.
Y desde entonces mi vida no es mas que eso… media vida. Enganchado a ellos, a la autentica conexión, al autentico amor, que surge desde la carne. Una conexión que nadie podrá comprender excepto nosotros tres y que siento que es responsabilidad mía mantener viva, dándoles ese punto de morbo y satisfacción que debe resultarles de saber que soy participe de todo, que mis cuernos ya forman parte de mi y no estoy dispuesto a perderlos.
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