Mi novia hace hombre a un amigo de mi primo
Lucas tiene una cámara en el salón y otra en la habitación. Nuria lo sabe. Y esta noche, mientras Roberto se queda a dormir en el sofá, la prueba de fuego está a punto de comenzar.
Después del episodio en casa de mi exjefe los siguientes polvos que le eché a Nuria fueron absolutamente salvajes. Sentía el rabo muuuy duro, la agarraba del pelo muchísimo más mientras la embestía con brutalidad, le decía de guarra para arriba…
Tuve que aflojar en el apartado anal porque quería encularla cada vez que echábamos un polvo. Con ese culo ya me era muy difícil medir y sentía que era el castigo merecido por dejar que aquel viejo se la hincase en el baño.
Ella lo notaba, y estaba encantada. Tenía orgasmos más fuertes, más largos, más frecuentes…
En general estaba bastante más salida y los repartidores estaban encantados con ella. Tardaban súper poco a la hora de enviarnos cosas. No había uno solo que no se hubiese deleitado con ese culo grande o sus melones, pero de momento no había ninguno que le gustase a Nuria para que se la follase a cuatro patas como una perra.
Había pasado ya un par de meses desde aquello, y más allá de calentar repartidores no había habido nada reseñable. Aunque uno intentó tontear con ella, pero era un cuerpo escombro.
Se me abrió el cielo cuando mi primo de Bilbao me dijo que iba a estar un finde aquí por Tudela, que venía con unos amigos.
Ander tenía 21 años, y siempre había sido un poco guarrete. Recuerdo su adolescencia, salido como el pico de una plancha, y recé porque aquello siguiera. Un pervertido se juntará con otros pervertidos, pensé.
Si algo te sobra con 18-24 años es impulso para conejear
- Mi primo Ander va a venirse unos días.
+ ¿Aquí a tu piso?
- No, viene con unos amigos, pero igual en su grupo hay alguno que te guste al que te le pueda ofrecer y se te folle como a una guarra.
Nuria me miró sorprendida, y acto seguido empezó a sonreír.
+ Eres un guarro, Lu…
- No lo voy a negar. Son veinteañeros, si alguno de esos te agarra con ganas puede darte mandanga.
+ Sí, mucha gana y aguante, pero los polvos con veinteañeros suelen ser conejeros. Mucha velocidad, mucha gana, pero poco más.
- Bueno, bueno. Se mira a ver.
+ Como quieras…
- Voy a sacar el sofá cama, quiero que piensen que estás tú también de camino y que eres una prima segunda.
Ya se me ponía morcillona ante el prospecto de ver a algún crío embistiendo con ansia conejil a la culona de mi novia.
En mi habitación tengo una cámara conectada en tiempo real a mi portátil, pero decidí poner dos más en el salón. Nuria lo sabía, y le dije que nada de apagar la luz.
Le dije a mi primo de ir a la piscina con la excusa del calor, y así podía exhibir a Nuria para ver si alguno de esos pajeros babeaba lo suficiente o se ponía pesado.
Esta vez le pedí que se pusiera un bikini tanga de hilo azul que tiene. La parte de arriba es normal, “sufre” para contener los melones, y el culazo queda al aire.
Los amigos de Ander, pues eran chavales de su edad. Mi primo el más alto y desgarbado de todos, aunque había uno moreno y de ojos verdes, guapete, que intuí que era el ligón del grupo.
Les presenté a Nuria como una prima segunda que estaba por la ciudad desde hacía poco por razones de trabajo.
Todos saludaron muy correctos, pero todos, toooodos le dieron un buen repaso visual. Siendo Roberto, el de los ojos verdes, el que más palique le daba.
- Bueno, voy un momento a la sombra a darme crema, que soy muy blanquita y no me quiero quemar.
+ Sí, sí. Hay que protegerse, el sol machaca mucho la piel, dijo el tal Roberto mientras no perdía detalle de cómo se le movía el culo mientras se iba a un árbol a escasos metros.
Ander le dio una colleja que lo sacó del trance.
- Macho, córtate, que es la prima de Lucas.
Me sorprendió que Ander, con lo guarrete que era, fuese el que le llamase la atención.
+ Bah, no os preocupéis. Suele causar ese efecto. Si no fuera prima, yo me la follaría. Soy consciente de que está increíble.
Se miraron los dos.
- La verdad que sí. Menudo pibón. Ojalá en Basauri hubiera mujeres así, bro.
No soporto el “bro”. Es una palabra que me da mucho asco, y a Nuria también.
+ Bueno, tírale fichas si quieres, pero te recomiendo que no digas eso de “bro”. A Nuria le tira para atrás como el masticar con la boca abierta.
Los cuatro se rieron.
- Ya, hermano. Es que así es como hablamos ahora, ¿sabes? Va costar.
+ Tú mismo, ya has dicho que mujerones así no tenéis en Basauri.
Roberto se quedó pensativo y miró a Ander.
- Que le follen al bro, jajajaja. Por esas tetas y ese culo, me depilo el bigote con pinzas.
En ese momento Nuria ya se había quitado la parte de arriba y se estaba dando crema por las tetas. No podía faltar el topless. Menudas tetas había echado con lo poquito que había engordado… Buf.
- Jo-der…
Los cuatro se quedaron embelesados momentáneamente.
+ ¿Es que nunca habéis visto dos tetas?
- Tan grandes, no. Apostilló el más bajito, Iker.
Yo sentía el cosquilleo ya por el rabo al ver a esos cuatro mardanos comerse con los ojos a mi novia. Como para no. Hasta a una pareja que teníamos al lado se les iban los ojos con aquel espectáculo. Cuando Nuria consideró que se había embadurnado bien, se puso de pie y vino hacia nosotros mientras le bailaban las tetas. Era hipnótico.
+ ¿No habéis visto tetas en vuestra ciudad o qué?, les preguntó sonriente mientras los sacaba del trance pajero.
- Nuri, cariño mío, le dije. Apenas tienen 22 años, no hay mujeres de tu calibre con esa edad.
Nuria se reía, y los chiquillos comentaban que no. Que había chicas que estaban muy buenas, y que quizás una negra con la que estuvo saliendo Roberto se acercaba.
+ Ya, las negras se desarrollan antes.
- Amén, dijo Ander. Vaya culo tenía la guineana, ¿cómo se llamaba, Rober?
+ Pf, ni me acuerdo, jajaja. Entre el vodka y ese culo estaba yo para acordarme de nada, socio.
Nuria no perdió la oportunidad para calentarme.
- Hablando de culo, Lu, ¿me das crema por la espalda o se lo pido a alguno de estos amables jóvenes?
+ Siempre estás igual, te he echado en casa antes de salir. Que te echen ellos.
Ander se quedó medio paralizado, pero Roberto no perdía ocasión.
- Trae. Cogió el bote, te echo yo. Que si tenemos que esperar a que lo hagan algunos de estos tres, te vas a quemar.
+ Gracias, Roberto. Y le sonrió pícaramente.
Se tumbó boca abajo, dejando a la vista aquel santo culo que no me cansaba de embestir, azotar y profanar. Verla ahí tumbada boca abajo, con sus grandes tetas aplastadas por los lados, me puso morcillón. Tenía ganas de apartarle el tanga, agarrarle las tetas y embestirla ahí mismo hasta llenarla de leche ante la mirada de todo el mundo.
Roberto se puso a darle crema con un medio masaje en los hombros, a lo que Nuria respondió con un gemidito de placer.
+ Mmmh, qué bien. Lu nunca hace esto.
Menuda mentirosa, pero qué bien jugaba el papel.
Roberto no iba a perder ocasión y le preguntó si quería crema en el culo y en las piernas. Nuria dijo que sí, y a ello que se puso.
No le sobó el culo como Joaquín, pero con la excusa lo manoseo a base de bien.
Se me estaba empezando a poner dura, o me hacía una paja, o me iba al agua.
Jorge, el rubito, le dijo a Nuria que Roberto nunca había tocado un culo así, y que seguramente no se lo creía.
Todos se rieron, pero Roberto aceptó con humor la crítica.
- Tú tampoco, Giorgio, así que no te rías mucho.
Hubo un par de bromas más y nos metimos en la piscina. Yo lo agradecí para calmar mi erección.
Tenían cuerpos de veinteañeros, delgados, juveniles, con poco pelo. Roberto era el más curtido, dentro de lo posible. Jugaba a fútbol y tenía cierto tono muscular, aunque le sacase 20-25kg.
Mi primo Ander era un desgarbado de casi 1,90. Jorge estaría por el 1,80, al igual que Roberto, y el pequeño Iker no sé si llegaba a 1,75.
Cuando les pregunté por dónde se estaban alojando, Jorge protestó rápidamente.
- El mongolo de Roberto, que no se le ha ocurrido mejor idea que coger un hostal para dos, con un sofá.
+ Ni idea de cómo vamos a caber los cuatro, dijo Iker.
- Tú cabes en un cajón, jajaja, remató el cabrón de Ander.
Me parecía que la ocasión era perfecta para lanzar mi propuesta y rezar porque Roberto fuese rápido.
- Ander, si no cabéis, vente con nosotros. Que por una noche no pasa nada. Y así no estáis como piojos en costura.
+ La verdad es que la idea era estar los cuatro de fiesta para…
- Ya voy yo, intervino bien rápido Roberto.
Era un fiera. Cada vez me caía mejor. Tampoco quería dar lugar a un debate o réplicas por parte de los demás, pero Nuria se me adelantó.
+ No os preocupéis, que si Roberto la ha cagado, duerme hoy en el sofá de Lu, y ya está.
Enseguida empezaron las coñitas.
- Buah, va a estar diciendo que ha pasado la noche en casa de un pibón en Tudela los próximos años, lo veo venir. Dijo Jorge antes de empezar a reírse.
+ Sí, es lo único que podrá decir el pobre, y le echó una sonrisita a Roberto.
Todos lanzaron un “uuuuuuuuh” al unísono, pero Roberto era prometedor.
Se encogió de hombros y dijo que menos daba una piedra, y aquello daría para agrandar su leyenda.
El cabrón era gracioso.
De camino al restaurante, hablé con Nuria.
- ¿Roberto entonces?
+ Es muy guapo y gracioso.
- Es ocurrente el cabroncete. Si le vas a torturar y a follártelo, recuerda no apagar la luz.
+ No se me olvida.
- Cuando volvamos de fiesta, te lo calzas en el salón.
+ Mmmh… Lo voy a hacer un hombre, jejeje…
- Eso espero, ponte para hoy la falda negra que te compraste hace un par de semanas.
Nuria me puso esa medio sonrisa sibilina que le salía cada vez que una idea la ponía un poco cachonda.
La falda a la que me refería era una negra que se le transparentaba el culo. La compró en shein pensándose que iba a ser ligeramente transparente, pero se veía todo.
- Con esa falda, y un tanga negro, nos vas a tener a todos frotándonos la entrepierna mientras babeamos mirándote el culo.
+ Si lo pides así, ¿cómo me voy a negar? Jejeje.
Comimos al lado de su hostal en un restaurante no muy caro, y hablamos de salir por la noche.
En mi cabeza ya veía a la gente mirándole el culo a Nuria con esa falda negra semitransparente y restregándole el culo en el paquete a Roberto.
Solo pensarlo me la estaba hinchando, y al volver al apartamento no pude más, la empujé contra la cama, la agarré del pelo y la embestí hasta que la rellené a base de bien. Todo el bloque tuvo que enterarse del polvo que le eché. Le dejé las marcas de mis manos en sus grandes nalgas.
Me tenía loco ese culo.
Quedamos hacia las 22:30 para ir a echarnos unas cervezas antes de irnos un rato de fiesta.
Nuria a las 22h ya estaba lista, y aquello era demasiado.
Tenía el pelo semirrecogido con una pinza detrás de la cabeza, una blusa blanca abotonada hasta la altura de las tetas, donde salía un escotazo brutal, la falda aquella, que no escondía absolutamente nada, un tanga de hilo negro que se unía en la parte de atrás con un corazoncito rojo, y unas sandalias de tacón negro para mostrar sus bonitos y cuidados pies.
Me costó no abalanzarme sobre ella y violarla sobre el sofá. Ver ese escote hizo que me apeteciese una buena paja cubana.
- Buf, mira. Vámonos ya, porque como te mire tres veces más me voy a abalanzar sobre ti como un expresidiario que no ha visto a una mujer en años.
+ Jajaja, qué tonto. Espera, que me voy a coger una chaqueta un poco larga, que tampoco es cuestión de ir enseñando el culo por la calle.
- ¿Por qué no?
+ Me da corte. Quizás más adelante no, pero por la calle…
- Todo se andará, todo se andará.
Estaba espectacular, parecía una modelo macizorra de las que pululan por Instagram enseñando carne.
Obviamente ninguno perdió detalle de las señoras tetas que tenía Nuria, pero con lo que fliparon es cuando se dieron cuenta de que su falda se transparentaba cuando Nuria fue al baño. Todo hombre con el que se cruzaba le miraba el culo, como para no.
Esas dos grandes nalgas meneándose, empujándose la una a la otra y coronadas encima por un corazoncito rosa. Era una visión brutal. La falda ocultaba aquello como quien se pone una mosquitera negra.
- Dios santo, exclamó Roberto, totalmente absorto en cuanto Nuria dio tres pasos hacia el baño.
+ Está buena la cabrona, ¿eh?, pregunté yo.
- Está exageradamente buena.
Tras tomarnos unas cuantas cervezas y cubatas fuimos a un antro donde ponían reguetón. Yo quería que Nuria le restregase el culo a Roberto.
Las tetas de Nuria se llevaban los ojos de la gente, normal con ese escote, pero ya dentro del local, fue aún peor.
Muchas chicas la miraban con asco, supuse que sería envidia, y los tíos alucinaban.
Era una pionera en básicamente ir con el culo al aire. El camarero no tardó en atenderla cuando se colocó en la barra y se apretó un poco las tetas entre los brazos. Las tetas pugnaban por reventar aquel escote. Era una visión que provocaba hambre, deseo y ansia.
Roberto no tardó en arrimar cebolleta para “bailar” con ella, y Nuria le siguió el juego. Roberto tenía las manos puestas en su cadera y los ojos clavados en su culazo.
A mí se me acercaron un par de niñas que ignoraron a mi primo y a sus dos amigos.
Terminé restregándome con una nena que no debía tener ni 20 años, pero tenía un culo que rivalizaba con el de Nuria en cuanto a tamaño y dureza.
De reojo veía cómo Nuria le restregaba el culo a base de bien a Roberto mientras la rubita con la que estaba “bailando” notaba mi rabo duro clavado en su culo.
Era una situación que me ponía bastante, yo restregándole el culo a una cría mientras mi novia hacía lo propio con otro crío.
La tenía bastante dura y grande, y la niña con mucho descaro se giró y me puso la mano en el paquete. Acto seguido me dio un beso y yo le metí la lengua a base de bien. Su mano seguía en mi paquete, apretándolo.
+ Es muy grande… ¿Vamos al baño?
Le dije que sí, pero me excusé un momento para avisar a Nuria. Me dijo que no tardase y me guiñó un ojo.
Esperamos a que no hubiera nadie en el baño de chicas, entramos en una de las cabinas, cerré la puerta y se puso de rodillas.
Mi rabo salió disparado y le dio en la cara. Se relamió.
+ Mmmmh, cómo me lo voy a comer…
Empezó a chupar con bastante destreza. Me acarició las pelotas y se golpeó con ella en la lengua mientras tenía los ojos cerrados y gemía bajito.
Yo no decía nada, saqué el teléfono con disimulo, y grabé aquello.
Su pequeña lengua batallaba con mi gordo rabo, pero se apañaba bastante bien. Se notaba que tenía hambre.
Cuando sentí que no se me podía poner más dura le dije que se levantase. La puse sobre el retrete de espaldas, le tapé la boca y se la empecé a clavar.
Ni se la había metido y empezó a masturbarse. Su coño estaba muy apretado y mojado, era una absoluta delicia.
Su terso culito aguantaba bien mis embestidas, la carne volvía a su sitio tras cada clavada. Se lo azoté un par de veces para sentir su tersa y suave piel. Gemía con cada azote.
Escuchamos que alguien entraba, así que se la clavé despacito, pero bien al fondo. Ella seguía gimiendo y con los ojos cerrados. Mi mano ahogaba sus gemidos, la conversación de dos chicas, y la música de fondo hacía que no se escuchasen bien los gemidos de la culona cuyo nombre no sabía.
Sentía que no iba a aguantar mucho más, tenía el chichi tan apretado que era una absoluta delicia. Me estrujaba el rabo y tuve que parar y respirar hondo para no correrme.
Cuando salieron solté la mano del pelo, la agarré del cuello por detrás y empecé a embestir con furia.
+¡AH, AH, AH, AH, AH, AH!
Gemía la muy cerda. El sonido carne contra carne acallaba al de la música. Seguramente ningún niñato se la había follado como yo, un absoluto desconocido que le sacaba más de 15 años.
Cuando sentí que me iba a correr ella lo hizo primero, soltó un gemido fuerte y se sacó el rabo mientras apretaba el culo y jadeaba.
Yo me la sacudí un poco y me corrí sobre sus nalgas. Un buen polvo.
Le limpié un poco el semen del culo, me adecenté y salí. No miré atrás, ni me preocupé de nada. Mi objetivo ya estaba logrado.
Los chicos seguían intentando ligar con otras, Nuria seguía restregándole el culo a un Roberto que ya la agarraba del culo y simulaba embestirla.
El pobre debía llevar el rabo más duro que una columna romana.
Nuria se separó de él al acabar la canción, dejando en evidencia una buena erección, y vino a mí.
- ¿Te has ido al baño con esa niña?
+ Sí, me la quería chupar.
- Mmmh… Como para no, tienes un mango muy rico.
Y me echó la mano a mi menguante paquete. Se notaba el alcohol en su manera de sonreír.
+ Veo a Roberto muy “tenso”, ¿lo estás torturando?
- El pobre lleva con la picha tiesa desde la primera canción, jajaja.
+ ¿No te estarás mojando?
- Puede ser… No soy de piedra. No me ha soltado el culo y si no fuera por la poca tela que nos separa, me la habría metido.
+ Aún no, eso en casa. En el sofá. ¿Hay algún chico más al que te gustaría restregarte?
Nuria miró en una dirección.
- Ahí hay un maromo increíble.
Me señaló un chico rubio de 1,90. Por el tamaño debía ser jugador de rugby o algo.
Le di una palmada en el culo y se fue hacia él contoneando el culo, mientras algún borracho se le quedaba mirando las tetas y luego el culo al pasar. Me encantaba.
El chaval recibió la aproximación con una sonrisa de oreja a oreja. No se debía haber visto en una así en la vida.
Cuando volví con el grupo, pregunté por ella haciéndome el loco, y Roberto me dijo que había ido al baño. Sujetaba su cubata con la mano y sonreía como un bobalicón mientras “bailaba”.
Me fui a la barra, me pedí una cerveza y busqué a Nuria desde lejos, y la encontré restregándose a aquel armario.
- Qué guarra es… Dije en bajito, mientras me apretaba ligeramente el paquete.
Cómo me ponía ver a otros utilizándola.
El mozo no perdía el tiempo, ya tenía las manos en su culo, y cuando me quise dar cuenta, una de sus manos subió por el costado y le acarició una teta.
Nuria miraba en mi dirección y sonreía.
El chaval no se cortaba y paseaba ya las dos manos a los melones de Nuria. Los amigos tampoco se perdían el espectáculo. Acabó la canción, Nuria le dio un pico, y vino en mi dirección. El rubio le dio un cachetazo mientras se iba y sus amigos tenían los ojos clavados en el culazo de mi novia.
- Mira que eres puta, le dejas que te toque las tetas y encima le das un beso.
+ Buf, es que es muy pulpo, me ha metido más mano en 5 minutos que Roberto en media hora, jajaja. Si me quedo ahí yo creo que me viola o algo.
Oír eso me provocó un leve cosquilleo en el rabo, que pese a estar recién ordeñado, lo notaba con ganas de guerra.
Le dije de estar un poco más y que luego se excusase diciendo que estaba cansada y que los zapatos la estaban matando para irnos y llevarse a Roberto a casa.
Por supuesto, cuando Nuria dijo eso Roberto dijo que de acuerdo. Los otros tres protestaron, dijeron que ellos seguirían de fiesta. Ahora estaban de nuevo bailando con la pequeña rubia que me había follado, y su amiga pelirroja.
La rubia me miró, y rápidamente apartó la vista. Ambas miraron a Nuria de arriba abajo y se pusieron a cuchichear.
“No puedes deschupármela”, pensé.
- Claro, seguimos de fiesta, pero no puedo luego llamar a tu primo a las 5 de la mañana.
+ Tú lo que quieres es ver si te comes a su prima, cabrón. Dijo Iker, que llevaba un buen pedo.
Se rieron los tres, pero había dado en el clavo. Y no sabía hasta qué punto.
Salimos del bar y a Nuria se le olvidó ponerse la chaqueta. Un grupo de tíos comentaron que vaya culo e hicieron ruidos de aullidos de lobo, fue un recordatorio para que Nuria se la pusiera. A lo que siguió gritos de protesta.
Yo fingí ir muchísimo más borracho de lo que iba, y me fui al cuarto a observar el festival que se venía.
Roberto se sentó en el sofá y Nuria le dijo que se iba a dar una ducha rápida antes de ponerse el pijama.
Roberto se quitó la camiseta, pantalones y se quedó tumbado en el sofá mirando el móvil.
Yo veía la escena desde mi portátil desde dos cámaras distintas y con sus micrófonos.
Nuria salió del baño solamente con un tanga, y se dirigió a la cocina, Roberto no le quitaba el ojo y se apretaba el rabo.
- ¿Quieres agua?
+ Sí, gracias.
Nuria bebió de su vaso y le llevo el vaso a Rober, que se lo bebió de trago. Nuria lo cogió y lo llevó a la cocina. Volvió con Roberto, que miraba esos dos melones bailando hacia él.
Yo ya la tenía a medias. Nuria acercó lentamente hasta él, se dio la vuelta y se bajó lentamente el tanga con las piernas estiradas mientras le ponía el culo en la cara, literalmente a Roberto.
Sin pensárselo, se lo agarró y empezó a lamérselo.
- Qué cochino eres, Robertito…
Roberto chupaba y chupaba aquel culo como si fuese la ambrosía. Con las manos bien apoyadas en las nalgas.
El culo de Nuria era tan gordito que ni de coña podría abarcar Roberto esas dos nalgotas.
Nuria se dio empezó a frotar el clítoris y a gemir lentamente. Gozándose de aquellas comidos de culo que tanto le gustaban.
Cuando tuvo suficiente, se dio la vuelta y puso un pie en el sofá.
- Saca la lengua.
+ ¿Y tu primo?
- Está borracho, no se enterará de nada.
Roberto sacó la lengua, y Nuria empezó a frotar su coño sobre ella. Adelante y atrás, manchándola bien de los fluidos de su cuñó.
Gemía del gusto y se agarraba las tetas. El mozalbete también quería y Nuria le dejó que fuese él quien se las estrujase mientras ella le agarraba del pelo.
- Aaaah, Roberto, qué gusto… Joder, qué bien.
Roberto estaba hipnotizado amasando con esos melones, pero seguía con la lengua fuera mientras Nuria seguía frotándole el coño.
Roberto guardó la lengua y empezó a succionarle el coño. Nuria emitió otro gemido de gozo. Lo miró a los ojos.
- ¿Quieres comerme las tetas, verdad?
Roberto asentía.
- Quítate los calzoncillos.
Roberto se los bajó con prisa, dejándoselos anclados a un tobillo mientras seguía comiéndole el coño a Nuria. Un rabo de tamaño decente apuntaba hacia el techo con furia.
Nuria fue aterrizando sobre él lentamente, abrazándole la cabeza contra las tetas, mientras con la mano dirigía el rabo a su coño y gimiendo.
Entró sin dificultad alguna, la muy puta estaba mojadísima.
Roberto le chupaba las tetas con desesperación y muchísimas ganas.
- Aaaah, qué bien lo haces… Se notaba que tenías ganitas… Cómemelas Robertito, cómemelas.
Roberto no hablaba, solo chupaba y succionaba mientras agarraba esos melones e intentaba borrarle las pequeñas aureolas con la lengua.
Nuria empezó a moverse lentamente adelante y atrás mientras Roberto cambiaba y ahora le agarraba el culo, que seguía contoneándose ahora en círculos.
Nuria tenía la cabeza echada para atrás mientras Roberto seguía chupándole las tetas. Ahora le daba lametazos. Parecía que nunca hubiera chupado un buen par.
Yo ya me la estaba pelando como un mono. La tenía durísima, incluso me dolía un poco. No sabía lo fotogénica que era Nuria en vídeo, ni lo bien que quedaban sus tetas en él, ni lo erótico que eran sus meneos… Menuda perra tenía por novia.
Y seguía sin entender porque verla follada por otro hombre me excitaba tanto, pero bueno, cosas que se descubren.
- Ah, Robertio, aaaah, Robertito…
Nuria cabalgaba aquel veinteañero al que la cara de incredulidad no se le cambiaba con una actitud dominante que nunca había visto. En la relación ella era la sumisa, pero supongo que lo veía como un cachorrillo al que amaestrar.
Las tetas le botaban en la cara, Nuria le botaba encima, y la muy perra gemía a ritmo.
De repente Nuria lo empujó hacia atrás y empezó a moverse más rápido. A cabalgarlo con cierta velocidad.
Su culo hacía un recorrido mucho más corto, pero más rápido.
Sabía lo que estaba haciendo, cuando hace eso aprieta el coño ligeramente y sientes que te aprietan el rabo.
Aquello mató a Roberto, pobre. El inexperto chaval abrió la boca y empezó a emitir gemidos ahogados. Se iba a correr.
Con velocidad Nuria se sacó el rabo, sabía lo que se venía, lo apuntó hacia Roberto y empezó a masturbarlo mientras cuatro chorros de leche le manchaban el pecho.
Nuria le trajo papel, Roberto se limpió como pudo, se dejó caer.
- No eres de este mundo… Eres una diosa.
+ Gracias, cariño, jajaja. No ha estado mal.
- Eres una diosa…
Cerró los ojos y empezó a roncar. Ni se subió los gayumbos.
Yo seguía masturbándome, la tenía bien dura. Nuria vino al cuarto.
+ ¿Has visto como lo he hecho un hombre?
- Uf, sí, y ahora yo te voy a follar como te mereces.
La empujé sobre la cama, me abalancé sobre ella, le tapé la boca y empecé a embestir con furia y ansia. La tenía muy muy dura, y sentía querer reventar a Nuria. Se lo merecía.
Nuria chillaba con mi mano sobre la boca mientras con la otra le agarraba su melón izquierdo.
Castigué su coño con una mezcla de embestidas rápidas y fuertes, sabía que esa cadencia y esa fuerza al impactar en su coño la volvían loca.
Me clavó las uñas en la espalda y empezó a gemir de manera continua y fuerte. Tuvo su merecido orgasmo, y yo seguí embistiendo mientras ella se corría. Aquello le alargó el orgasmo hasta que ya no pude más, noté cómo un calambre me recorría la espalda y la rellené como si fuese un buñuelo.
Nos separamos y oíamos a Roberto roncando. En cinco minutos nosotros también estábamos ya en lo brazos de Morfeo.
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