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Dominaciónsept 2024

Mis vacaciones de verano 7

Las cortinas se abren y el mundo exterior entra sin permiso. Para Eugenio, la vergüenza es el precio de su placer, y esta mañana, sus vecinas rusas han decidido cobrarlo.

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MIS VECINAS RUSAS DE AL LADO

Veía ese chisme, que me masajeaba la próstata y que tocaba mi zona erógena, haciéndolo con tan precisión, que cuando la tocaba, me hacía gemir de placer y de gusto como una puta zorra.

En verdad, era así como me sentía, porque me había anulado el uso del pene, metiéndolo en una jaula de castidad con la que cada vez me sentía más cómodo y feliz al llevarla, que ya pasaba como si fuese una parte mí.

Me desperté entre sudores de una pesadilla, y alarmado, pero ella, me fui tranquilizando hasta que me di cuenta que estaba en mi cama. Encendí el móvil, y vi que tenía mensajes nuevos de todas mis Amas.

–Hola, buenos días, perro. –decía una.

–¿Qué tal estás esta mañana con tu jaula de castidad, esclavo? –preguntaba ella.

Otra decía, que los putos perros de mierda como tú, deberían de despertarse antes que sus Amas, cerdo asqueroso de mierda. La verdad que fui respondiendo a todas, y pidiendo perdón.

Pues, menuda caña, me estaban dando, y eso, que no eran más de las 8:00 horas de la mañana. Es verano, estoy de vacaciones como todos los están, no es para despertarse a las 6:00 horas de la mañana.

Tal y como me había ordenado mi Ama Vanesa, comencé pro obedecerla, así que cogí un paño húmedo con jabón para quitar manchas y quité la sábana, para darle en el baño hasta dejarla limpia.

Fui a tenderla en el balcón, y mientras estaba tendiendo, mi vecina rusa, se asomó, quedándose mirándome. Yo no me había percatado, y el caso, era que iba desnudo con el cinturón de castidad, las anillas en cada pezón y con el collar de esclavo en el cuello.

Total, iba igual que cómo iba en el patio, pero sin bañador y sin camiseta, viéndoseme desnudo con esas cosas. Mis vecinas de al lado, que habían venido hace poco, y que yo no conocía al no vivir todo el año en el piso, se llamaban Anika, Maika y Natasha.

No las conocía, porque yo venía en el verano, así que cuando Anika, me vio, asomándose sin que yo me diese cuenta, se debió de sorprenderse, pero se metió sin decir nada.

Al momento, se asomaron las otras dos, mientras terminaba de colgar las sábanas. Se metieron, rápidamente sin que me percatase. Tenía que ir a comprar, por lo que me iba a poner una camiseta y un pantalón con unas zapatillas blancas. Pero antes, tenía que desayunar. No sabía cómo o porque, pero el timbre de la puerta sonó.

Me fui, rápidamente a mirar quién era, y vi que era mi vecina Carmen, qué sin esperar, abrí la puerta, poniéndome de rodillas ante ella. Era una mujer de unos 37 años, de buen ver y estaba muy buena. No sabía si su matrimonio funcionaba o si tenían problemas, pero allí estaba a sus pies como su perro y esclavo.

–Hola, esclavo. –dijo Carmen, a la misma vez que las cotillas de las vecinas, abrían la puerta y comenzaban hablar con ella. A la misma vez, hice una reverencia y besé sus pies que venía con unas bailarinas blancas planas de tela con una suela de goma blancas.

–Hola, mi Ama Carmen. –respondí, quedándome sorprendido al ver unos pies descalzos al lado de ella.

No levanté la mirada, quedándome mirando sus pies, sin embargo, Carmen, parecía conocerlas. Cosa que yo no las conocía a ninguna, y entonces, me quedé pensando, si eran alquiladas.

Lo cierto, que me excité y pasé mucha vergüenza ante ellas y ante mi Ama Carmen.

–Hola, Anika, Maika y Natasha. –dijo Carmen.

–Hace unos días que no coincidíamos y mira tú, por donde nos encontramos hoy. –dijo Carmen.

–Hola, Carmen. –dijeron ellas, mirándome.

–¿No lo conocéis? –preguntó Carmen.

–No lo conocíamos hasta que hace un momento, lo hemos visto tender la ropa desnudo y con esas pintas que lleva. –dijo Anika, con un acento español, que se notaba que era rusa.

–Es vuestro vecino Eugenio, que vino hace un par de días de verano. –respondió Carmen.

–Bueno, hablemos dentro, si no tenéis nada que hacer, pero antes saluda a tus vecinas de al lado, esclavo. –ordenó Carmen.

–Si, mi Ama Carmen. –dije yo, haciendo una reverencia como la que había hecho con ella, y comencé a besar sus pies blancos, uno detrás de otro, salvo una que era algo morena o negra.

–Hola, mi Ama Anika, mi Ama Maika y mi Ama Natasha. –dije yo mirando a sus pies hasta que se ordenara otra cosa.

–Si, entramos contigo, y nos cuentas de que va todo esto, porque nos ha sorprendido a las tres, cuando lo hemos visto desnudo, tendiendo la ropa. –dijo Anika.

Mientras hablaban, Carmen hizo un gesto con la mano, cerca de mí, pero no sabía a lo que se refería, pero pronto lo iba a saber. Se quitó la alpargata o bailarinas de esas planas de color blanco, y comenzó a darme azotes en mi culo, haciéndome gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.

–Dame el extremo de la cadena, esclavo. –ordenó Carmen, viendo como la cogía con la boca y se la dejaba en su mano.

–Muy bien, así me gusta, esclavo. –dijo Carmen.

–Obediente y fiel, como un buen perro que eres, esclavo. –dijo Carmen, invitando a que entraran a mi casa y ella detrás, para seguirla como su perro. fiel.

Ellas se sentaron en el sofá, mientras que mi Ama Carmen, se sentó en el sillón, para comenzar a señalando con el dedo.

–Al suelo, perro. –dijo ordenó Carmen, agachándome en el suelo a sus pies, mientras se los besaba y me restregaba con ellos para complacerla, demostrando mi adoración, veneración y amor hacia mi Ama Carmen.

–Os comentaré, al parecer Eugenio, vino hace unos días, pero al cruzarse con una vecina del tercer y sus amigas, le pillaron mirando sus pies, y le preguntaron el motivo. –dijo Carmen.

–El asunto, era que el viernes pasado, se fueron de fiesta Leticia, Vanesa, que es su hermana y sus vecinas, Nagore y Natalia. –dijo Carmen.

–Y Vanesa es psicóloga, por lo que se lo comento su hermana Leticia, que este cerdo asqueroso, le había mirado sus pies, y en estado ebrias, se atrevió a bajar a las 2:00 horas de la mañana, que era cuando vinieron de fiesta. –dijo Carmen.

–Entonces, bajó y le preguntó a Eugenio, el motivo y si le gustaban o por qué era, y le respondió que era sumiso fetichista de pies femeninos. –dijo Carmen.

–Le ordenó que se pusiese de rodillas, y le estuvo lamiendo y chupando sus botas de tacón alto como un perro en celo, convirtiéndose en su esclavo y perro blanco. –dijo Carmen, que me estaba poniendo las alpargatas para que lamiese sus suelas, mientras hablaba.

–O sea, que lo que estás diciendo es que le gusta ser esclavo y perro de una mujer. –dijo Anika.

–Si, más o menos, pero creo que es eso del BDSM, el juego erótico y fantasías sexuales sobre la dominación, la disciplina, sumisión, sadomasoquismo y el bondage. –dijo Carmen.

–He estado leyéndolo en internet con el móvil, y consiste que uno adopta el rol de Ama, y el otro de esclavo. –dijo Carmen.

–¿Y cómo se sabe si una persona es un esclavo o un Amo? –preguntó Natasha.

–Parece que los esclavos o sumisos, llevan un collar al cuello como lleva este, unas anillas en cada pezón, una tobillera en el tobillo izquierdo, un brazalete en el brazo izquierdo y una pulsera en la muñeca izquierda. –respondió Carmen.

–¿Y las Amas? –preguntó Maika, con cara de curiosidad, viendo como lamía sus alpargatas, dejándoselas limpias, como al igual, haría un perro vulgar y corriente.

Estaba con las piernas, una doblada sobra la otra, y de esa, era la que yo estaba limpiando con mi lengua. Una vez que se la limpié de toda la suciedad, que tenía de caminar por el suelo, dejándosela impoluta, mientras ellas hablaban.

Fue a bajar esa pierna y doblar la otra, cuando se le salió la bailarina, volando unos metros, rápidamente Carmen, señaló con el dedo a su bailarina.

–¡Vamos, tráemela, perro! –ordenó Carmen.

–¡Woof, Woof, Woof! –labraba yo como un perro, yendo a por la bailarina a cuatro paras, mientras que las vecinas, alucinaba con verme.

La cogí con la boca para ponérsela en su mano, acercándome su precioso pie en mi cara, que hizo que me pegara en su planta de su pie, restregándomela por la cara. Sintiendo mucho placer sexual.

–Tranquilo, esclavo. –dijo Carmen.

–Detrás de que me limpies la bailarina, lamerás mis pies, esclavo. –dijo Carmen.

–A menos que tus vecinas, quieran que les limpies sus manoletinas o bailarinas, que llevan. –sugirió Carmen, mientras seguía hablándolas.

–Las Amas son más difíciles de detectar, porque no llevan collares ni anillas ni nada. –respondió Carmen.

–Suelen vestir muy bien, aunque no tiene porque, puedes encontrarte a una chica de clase baja, vistiendo malamente, y ser Ama de un esclavo/a de clase alta. –dijo Carmen.

–¿Tú eres Ama? –preguntó Anika.

–No lo era hasta que me cruce con este esclavo de Leticia y de su hermana junto con sus amigas. –respondió Carmen.

–De todas maneras, me han dicho y me he enterado de que las Amas, pueden llevar algún colgante o collar en el cuello, pero es en la parte derecha de su cuerpo, como símbolo de poder, mostrando su belleza y su estatus a todos. –dijo Carmen.

–¿En serio? –preguntaron Maika y Natasha.

–Si, de hecho, hay unas chicas árabes, que llevan esas cosas, y un día pasado de estos, se cruzaron con Eugenio, y en la ducha, tuvo que presentarle sus respetos, y pedirles perdón. –respondió Carmen.

–¿Y por qué fue? –preguntó Natasha.

–Pues, Eugenio, se lo contó a sus Amas, y ellas a mí, diciendo que las miró a la cara, y parece que, si eres sumiso/a o esclavo/a debes de mirar al suelo, y no levantar la mirada, a menos que te lo ordenen. –dijo Carmen.

Ellas se extrañaron de por qué no lo decía yo, en primera persona, extrañadas por eso. Sin embargo, Carmen, se percató de ello, y les dijo.

–Otra norma que usan en las relaciones Amas/esclavos, en esa palabra, metemos a las esclavas, porque hay chica, que también, se excitan con esto. –dijo Carmen.

–Es que se habla en general de todo lo que se quiera, pero se ignora la presencia del esclavo/a, es como pensar que es un objeto inanimado, como un animal o una mascota, que no tiene voz ni voto. –dijo Carmen

–Le das una orden, y la obedece como un perro obediente y fiel, sino es castigado por ello. –dijo Carmen.

–Bueno, lo prometido es deuda, esclavo. –dijo Carmen.

–Lame sus bailarinas, esclavo. –ordenó Carmen.

–Si, mi Ama Carmen. –respondí, recibiendo un par de zapatillazos en mi culo, haciéndome gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–No te he ordenado que hables, así que a obedecer nada más, esclavo. –ordenó Carmen, viendo como hacía una reverencia y besaba sus pies varias veces para ir a los pies de Anika, y hacerle una reverencia y besar sus pies para que ella, viendo lo que había hecho Carmen, levantara sus bailarinas, y me dejara lamérselas poco a poco, se la dejé limpias.

Detrás, continué con su otra bailarina, dejándosela limpia completamente. He de decir que eran de color negro planas con bordado, o seas que llevaba un lazo en el empeine.

A continuación, me puse hacer la misma reverencia con su hermana Maika, y le limpia sus bailarinas, que, en este caso, llevaba unas rojas planas. Esta tenía más mierda y suciedad que la de su hermana.

Me cuenta de ello, hasta que me puse con las bailarinas o manoletinas de color grises de Natasha. Estas tenían tierra de haber estado caminando por la arena de la playa o de un descampado de las cercanías.

–¿Qué os ha parecido? –preguntó Carmen.

–Ha estado muy bien, la verdad. –dijo Anika, mientras que Maika, decía que sí.

–Me ha resultado excitante y morboso, verlo, limpiando nuestras bailarinas con la lengua como si fuese un perro obediente y sumiso, sin oponerse o resistirse. –dijo Natasha.

–Verdad que sí. –dijo Carmen.

Carmen se quitó las bailarinas, que eran muy comunes en verano, porque no sólo las vendían en todos los puestos del mercado ya sea de los viernes como en el de la feria.

Lanzó una a la otra punta del salón, llegando alcanzar el pasillo o la habitación interior para ordenarme.

–Busca y tráemela, perro. –ordenó Carmen.

–¡Guauf, guauf, guauf! –labraba yo, yendo a cuatro patas como un perro, y cogerla con la boca para ponérsela en la mano, y repetirlo ella hasta cansarse, mientras iba hablando con las vecinas.

–Abre la boca, esclavo. –ordenó Carmen, escupiéndome dentro de la boca, y animando a las demás hacerlo, que se animaron y todas fueron escupiéndome dentro de la boca hasta llenarla de saliva en nada de tiempo al ser cuatro mujeres.

–¿No se la traga? –preguntó Anika.

–Si, pero cuando yo quiera, no él, porque lo está deseando, mirad como chorrea semen de su ridículo pene enjaulado en esa jaula de castidad. –dijo Carmen.

–Si, una cosa que antes no nos has dicho, ¿Por qué lleva ese cinturón de castidad? –preguntó Natasha.

–Porque, según me dijo Leticia y Vanesa, era porque lo veían empalmado por cualquier cosa que hacían, y las excitaba demasiado, sexualmente. –dijo Carmen.

–De manera que los esclavos/as, se les pone una jaula de castidad para tenerlos sometidos y dóciles, porque sin sexo, tienen esa necesidad sexual de obedecernos a todo lo que les ordenemos. –dijo Carmen.

–Venga, esclavo que ha llegado tu recompensa, que sé que lo deseas como un buen perro que eres. –ordenó Carmen, poniéndome las plantas de sus pies en mi cara, mientras respiraba su olor y me los restregaba.

–Como veis se le somete y se le adiestra con nuestros pies, es un puto perro de mierda, vulgar y corriente. –dijo Carmen.

–¡Ja, ja, ja! –reían las cuatro de risa.

–Parece que disfruta mucho respirando el olor de tus pies. –dijo Anika.

–Si, he mirado en internet, que a los esclavos que son fetichista de pies femeninos o masculinos, porque hay de todo en este mundo, disfrutan respirando el olor de los pies de una mujer. –dijo Carmen.

–Además, se hace eso, porque pone que se les graba en el cerebro ese olor y cuando los vuelve a oler como un animal, se excita y se vuelve más obediente y sumiso, perdiendo su voluntad de ser humano. –dijo Carmen.

–Esto que veis a mis pies, es un trozo de carne con patas, ha dejado de ser hombre, para denigrarse hasta límites extremos para ser nuestro esclavo y perro. –dijo Carmen.

Me apartó la cara con uno de sus pies, dándome una patada, para ponerme su planta de su pie derecho en mi boca, restregándomela. Supe lo que quería, así que saqué la lengua, y ella comenzó a limpiarse sus pies sucios y sudados, de la noche y parte de la mañana, para limpiárselos con mi lengua.

Era como, si fuese una toalla, colgada en el aseo o el baño de una casa, mientras que las cuatro me miraban, Detrás de un pie, fue el otro hasta que comenzó a meterme los dedos de sus pies en mi boca. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Sin querer yo, comencé a gemir de placer como una puta zorra sin voluntad, corriéndome en el suelo, mientras mis vecinas y Carmen, lo veían.

–¡Ja, ja, ja! –reía Carmen de risa, mientras que las demás como Anika, Maika y Natasha, se quedaban alucinadas de ver eso, por primera vez.

–Ves lo que os he dicho, es un perro en celo que se correr a mi voluntad o a la de cualquier mujer. –dijo Carmen.

–Habrá que limpiarlo luego. –dijo Maika.

–Qué lo limpié, él. –dijo Anika.

–Claro que lo va a limpiar y ahora lo vais a ver cómo y de qué manera. –dijo Carmen, viendo que había terminado de lamer sus pies, proporcionándola mucho placer.

–Ahora, limpia lo que has manchado, esclavo. –ordenó Carmen.

–Eres como un puto cerdo de mierda con patas, que no controlas su sexualidad, y te corres sin quererlo, esclavo. –dijo Carmen.

–Es más lo pisó con sus pies parte, y me lo puso para que comenzara a lamérselo que no tarde en limpiárselo en unos minutos, para detrás lamer el suelo, mientras me veían mis vecinas lo puto cerdo que era.

Menuda presentación hice, desde luego, mostrando mis más oscuros deseos y fantasías sexuales.

En ese momento, la llamaron por teléfono, que, al parecer, era su marido, preguntando dónde estaba, que había ido a por la compra y tardaba mucho.

–Cariño, estoy llegando voy por el pasillo, así que no te preocupes, que ahora nos vemos. –contestó Carmen.

–Se levantó nada más terminar yo de lamer el suelo para ver cómo se bajaba la falda junto con las bragas, y entendí, lo que quería, así que abrí la boca, y Carmen, comenzó a mearme delante de los ojos incrédulos de sus vecinas.

Yo iba tragándome toda la orina para al final separar su vagina para mearme por la cara mientras yo la movía como si fuera el grifo, duchándome la cara, el pecho y toda la cabeza junto con la espalda.

–Muy bien, esclavo. –dijo Carmen.

–Como si te lavases la cara con el grifo, para ti, mi orina es esa, esclavo. –dijo Carmen.

–Por cierto, límpiame el coño, esclavo. –dijo Carmen, viendo como le lamía la vagina dejándosela limpia, y provocando varios gemidos de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Si tuviera más tiempo, me comerías el coño, y te tragarías todos mis fluidosa vaginales. –dijo Carmen, metiendo dos dedos en su coño, y sacándolos para ponérmelos delante, mientras los chupaba y se los lamía como si diese un dulce a su perro.

Carmen, se subió la falda y las bragas y se despidió.

–Hacer lo que queráis conmigo, que para eso es un esclavo para satisfacerlas sexualmente. –dijo Carmen.

–Por cierto, ¿Sólo se corre de esa manera con la humillación? –preguntó Maika.

–No, lleva un vibrador metido en el culo, que vibra y le da placer todo el día, y a veces se lo sacamos para ponerlo en un arnés, y le follamos tanto la boca como su culo, haciéndolo gemir como una puta zorra que es, y corriéndose sin parar. –dijo Carmen.

–Luego, con una inyección que tiene Leticia, succiona el semen y lo rellena dentro del vibrador y cuando lo estás sodomizando, y está en el punto más cachondo perdió, se acciona sólo y suelta el semen dentro de su culo o de su boca, tragándosela toda como una puta zorra. –dijo Carmen.

–Bueno, me tengo que marchar, y me lo he pasado muy bien, esclavo. –dijo Carmen.

–Hasta otro momento, de placer. –dijo Carmen, cerrando la puerta.

Ellas, comenzaron a hablar sobre el tema en ruso, mientras que yo permanecía a sus pies, esperando sus órdenes para satisfacerlas. Pero, al parecer ver mear a una mujer, y escuchar su sonido, hizo que les entrara ganas de mear, ¿Y qué hicieron? Una detrás de otra, se bajaron las bragas.

–¡Lame, esclavo! –ordenó Anika, mientras yo lamía su coño, saboreando sabor, haciéndola que se excitara y se pusiese cachonda perdida.

Qué con todo lo que había visto, estaban las tres super excitadas y cachondas. Fíjate que, durante la humillación y denigración con Carmen, había olido sus coños, percibiendo sus fluidos vaginales.

Al momento, comenzó a correrse, y a gemir como una zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Yo me lo iba tragando todo, y límpiale su vagina hasta que me ordenó abrir la boca, y comenzó a mearse dentro de mi boca, para alejarse y mearme por la cara por el pecho y por encima de mi cabeza, soltando un gemido de placer y de alivio. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Detrás, comencé a lamer la vagina de Maika y detrás de Natasha, haciendo que las tres, se corriesen y se measen dentro de mi boca y por mi cara y por encima de mi cabeza.

Una de ellas, se fue y se trajo tres arneses que se pusieron una detrás de otra. Había ido descalzas, por lo que yo sólo podía ver sus pies. Ni me atrevía a levantar la cara, por si me castigaban, porque eran muy estrictas de cabeza cuadrada, y hablando en ruso, no sabía lo que hablaban hasta que me lo ordenaban en español.

Yo flipaba en colores, por las voces, diría que eran de unos 18 a 20 años, y Anika, hablando en ruso, hablaba con ellas. Se ve que se habían puesto los arneses las tres, hasta que no me percatara de eso, no me iba a enterar de nada.

–Ponte a cuatro patas, esclavo. –ordenó Natasha, viendo como me ponía con el culo en pompa pegando mi cara y mis brazos en el suelo.

–Míralo, se ha dado cuenta que lo vamos a sodomizar. –dijo Natasha.

–No, es por hábito, siempre que le ordenan eso, él debe de obedecer a esa orden de esa manera. –dijo Anika, cogiéndome el vibrador y sacándolo, produciendo un gran placer en mí, y gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Si, que te ha debido de darte por el culo que te gusta tanto, esclavo. –dijo Natasha.

–Si, es verdad. –dijo Maika.

Anika, cogió el vibrador para ponérselo en su arnés, y me lo puso delante.

–Vas a limpiarlo, esclavo, –ordenó Anika.

–Pero, vas a lamerlo entero y luego te voy a follar tu boca de perra salida que eres, esclavo. –dijo Anika, viendo que yo a su orden comencé a lamérsela como su fueses un polo, lamiéndola entera.

–No sabes hacerlo bien, puto cerdo. –dijo Anika.

–Has una reverencia al pene, que hay delante de ti, esclavo, y luego besas varias veces la punta del pene. –ordenó Anika, mientras yo lo hacía al pie de la letra.

Las hermanas no se lo pensaron mucho, porque Natasha, me la clavó por el culo, pegando un gemido de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Al parecer su consolador era más grande que mi vibrador, mientras me iba enculando, abriéndome el culo, y gimiendo como una puta zorra, proseguía con las instrucciones de mi Ama Anika.

Maika estaba detrás con una correa y me daba en la espalda, mientras que Natasha con una de sus bailarinas tan populares del verano me atizaba en mi culo, haciéndome ver las estrellas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Primero, besas en el centro, y luego a la izquierda y luego a la derecha, para comenzar a lamer desde la base de la polla, o sea desde los huevos desde abajo, esclavo. –ordenó Anika, viéndome obedecer todas sus ordenes al pie de la letra.

Ellas se reían entre ellas, y hablaban en ruso, sin enterarme de nada, pero estaba siendo follado por tres rusas de unos veinte años que podía pedir más.

–Lames desde centro hasta la punta del glande, y luego besar el glande para chuparlo, y después, vuelves por el lado izquierdo de abajo. –ordenaba Anika.

–Luego por el lado derecho, y en cada uno de ellos, besas el glande por el lado que le corresponde, chupándolo en las tres veces, esclavo. –dijo Anika.

–Hazlo con fuerza y con ganas, como si sacaras el sabor de un polo o un helado de nata y chocolate, esclavo. –ordenó Anika.

–Después de hacerlo varias veces cuando lo vuelvas loco de placer, harás que esté salido perdido y de la meterá por la fuerza como ahora, esclavo. –dijo Anika, metiéndole la polla vibratoria hasta el fondo, alucinando ella.

Por un lado, me estaba follando Natasha por el culo y por le otro Anika, y Maika, estaba sentada mirando en el sofá. El movimiento era repetitivo, constante y sin parar hasta que comencé a gemir de placer, corriéndome nuevamente a chorros, mientras lo veía Maika.

Pero antes de correrme, note como si alguien me lamiese la punta de la jaula de castidad, sintiendo una lengua en la punta del glande, que iba succionando toda mi lefa, hasta lamerme la jaula de castidad.

No iba a suceder nada, porque al momento, comencé a gemir todo el rato, hasta volver a correrme de nuevo, sin parar. Pensé que debía de haber sido Maika, porque no había nadie más.

Supuse que como Anika como Natasha, estaban ocupadas sodomizándome, ella estaba sin hacer nada, tocándose, porque escuché que se estaba masturbando, y cuando vio semen, no pudo resistirlo y se lo tragó.

–Es increíble, la resistencia que tiene esta puta zorra. –dijo Natasha, que estaba dándome por le culo, así que se cambió por Anika, para invertir los puestos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Entonces, note una mayor fuerza con Anika, que me hizo gemir fuerte. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Así, esto es mejor, que queremos verte gritar de dolor, esclavo. –dijo Anika.

Estuvieron así por lo menos varias horas hasta que fue por la tarde, por lo que pronto nos dieron las 21:00 horas de la noche, y hasta que me dejaron, rellenaron el vibrador de semen, y varias veces se corrieron dentro de mi ano como dentro de mi boca.

Estaba rilado en el suelo, echo una puta mierda, viendo como se sentaban las dos al lado de Maika, y hablaban con ella en ruso. No miré la cara sólo miré sus pies, que era a donde me habían ordenado mirar.

De pronto, escuché unos chasquidos de la mano al lado de unos pies, y hablando en ruso, no sabía que querían, pero me levanté y fui para besar sus pies sucios y sudados de la noche y de todo el día.

Me di cuenta que, cuando decían una palabra, entendía que fuese, luego con otra me ponía los pies en la cara, haciéndome respirar el olor de sus pies, como había hecho Carmen.

Por la voz, supe que era mi Ama Anika, que pronto dijo otra palabra, y saqué la lengua, viendo que se limpiaba sus pies con mi lengua. Estaban sucísimos, no sé donde había estado, pero se notaba que andaba descalza por la casa o el pasillo o hasta el garaje.

Pero, con mi lengua, lamiendo se los dejé totalmente limpios, para terminar, lamiéndoselos y chupándoselos, limpiando sus dedos y la suciedad que tenían entre ellos.

Detrás, seguir lamiendo y chupando los pies de Natasha, hasta que repetir el mismo procedimiento, que me habían ordenado, pero cuando iba a besar los pies de Maika.

Anika, me daba una patada en la cara, apartándome de sus pies, y no supe porque, pero hablaban en alto en ruso, mientras sentía llorar a Maika, pensé que era ella, escuchando un par de bofetadas.

Qué yo diría que le dieron por lo menos unas 25 bofetadas, y al parecer se l fueron las dos y una de ellas, se llevó tirando de los pelos y arrastrando a Maika hasta salir por la puerta, y meterse en su casa.

No supe qué era lo que había sucedido entre ellas, pero no sabía si eran hermanas o no. Fue una cosa que me causó curiosidad, porque no me dejaron lamer los pies de Maika.

Realmente, los tenía muy bonitos, y me excité, poniéndome cachondo perdido. No la había visto como a sus hermanas, pero reconocería sus pies en cualquier parte que los volviese a ver.

Era de noche, y que queréis que os diga. No me apetecía comer, con tanta orina y tanto semen, parecía ya una vaca lechera. Me pregunté, seriamente si mis Amas, estaban castigándome o no, pero sabía que era una manera de domarme y adiestrarme para tenerme a sus pies.

Y realmente, estaba funcionando, por lo que me quedé excitado nuevamente. Al momento, quise acostarme, ya que estaba agotando. Había estado todo el día follando y satisfaciendo a mi Ama Carmen, junto con mis nuevas Amas Anika, Maika y Natasha, que eran mis vecinas.

No sabía nada de mi Ama Leticia y de las demás, hasta que vi el móvil, en el que me había llamado, y escrito, preguntándome donde me metía. Pero, luego mensajes detrás, respondían que Carmen las había informado de todo.

No era exclusivo de nadie, ellas tenían sus vidas particulares, y yo tenía, la mía. Se suponía que cuando sentía las ganas de humillarme y denigrarme, aparecían como Carmen o como las otras, pero si no, no lo hacían.

Serían las 22:30 horas cuando pasó todo el tiempo, meditando y pensando en todas las cosas, por lo que me metí en la ducha, para lavarme. Justamente, llamó mi Ama Naomi por videollamada, así que lo cogí desde el baño, poniéndolo en un lugar en que se me viene todo.

–Hola, buenas noches, esclavo. –dijo Naomi.

–Buenas noches, mi Ama Naomi. –respondí, poniéndome de rodillas en la ducha, mientras me caía el agua.

–Esto es nuevo, viéndote en la ducha, esclavo. –dijo Naomi.

–Ponte, de pie y enjabónate, esclavo. –ordenó Naomi, que me vio, como me daba gel por la piel con las manos, mientras me iba excitando y poniéndome cachondo perdido. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–¿Te excitas que te mire, esclavo? –preguntó Naomi.

–Si, mi Ama Naomi, me excita. –respondí.

–Mmm…te crees que eres una estrella, pero no lo eres, esclavo. –dijo Naomi.

–Ve acariciándote el cuerpo con el jabón, y saca el culo, pónmelo como mostrándolo cómo si te fuese a follar, putita. –ordenó Naomi.

–Si, mi Ama Naomi. –respondí, poniéndole mi culo, contoneándome como había visto hacer a las chicas, mientras ella, me iba diciendo, muévete más, inclínate más.

–Muy bien, putita. –dijo Naomi.

–Vas a ser la más zorra y puta del edificio. –dijo Naomi.

–Me han dicho que te follan a diario como una verdadera puta, y que lo estás disfrutando a lo grande, como una puta zorra que eres, esclavo. –dijo Naomi.

–Dime, ¿Te gusta que te follen como si fueses una puta perra? –preguntó Naomi.

–Si, me encanta y lo estoy disfrutando mucho, la verdad mi Ama Naomi. –respondí.

–Entiendo, es una lastima si tuvieses libre tu pajarito, no te obligarían a sentir placer follándote como una puta, esclavo. –dijo Naomi.

Ahora, venía la pregunta que Naomi, estaba buscando con ahínco.

–¿Tienes llave de tu libertad, esclavo? –preguntó Naomi.

En ese momento, la cacé, en la que busca información, mediante el sexo y la seducción.

–No, mi Ama Naomi, la tiene mi Ama Leticia, que es mi Ama y mi dueña. –respondí, dejándola planchada porque no salían sus places como ellas quería.

–Bueno, es lo que has elegido al entregarle tu cuerpo, esclavo. –dijo Naomi.

–Sigue acariciándote el cuerpo al ducharte, enjabónate con el jabón, por todo el cuerpo, y lávate con las manos, suavemente hasta tu jaula y lávatela para luego, sacarte el vibrador y lavarte el ano, esclavo. –ordenaba Naomi.

–Si, mi Ama Naomi. –respondía yo.

Me incliné sacando el culo, y poniéndolo en pompa, mientras estaba de pie, notando como el agua caía sobre mi piel, suave qué debido a los latigazos, me echaba una crema que me dio Leticia, y otras que tenía, hidrataban mi piel, y curaban los azotes y latigazos.

Me saqué el vibrador, lentamente para luego volverlo a meter y a sacar, escuchando mis gemidos de placer, junto con la voz de mi Ama Naomi, que hoy por fin, supe que era lesbiana, y que le gustaba someter a chicas o chicos y domarlos hasta convertirlos en sus perros blancos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Así, muy bien, esclavo. –dijo Naomi, excitada, mientras se masturbaba, gimiendo como una perra al igual que yo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Tócate los pechos con una mano, mientras que con la otra tócate la jaula, esclavo. –ordenó Naomi.

–Pega el vibrador en la pared, lleva un adhesivo que hace que se quede pegado, y hazlo a la altura de un perro, esclavo. –ordenó Naomi, viéndome como la obedecía.

Mientras me follaba yo mismo, clavándomelo, con una mano me tocaba la jaula, masajeando los huevos y la punta del glande que no podía hacer mucho, porque me había puesto un botón de jaula, reduciendo el pene al mínimo con un hielo para hacer que entrase. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Naomi, se masturbaba, con mi imagen, viéndome como me tocaba los pechos, y gimiendo de placer como una puta zorra para ella. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Apaga la ducha, esclavo. –ordenó Naomi, mientras yo la apagaba.

–Cuando te vayas a correr, pon tus manos, y luego llévatelo a la boca y restriégalo por el vibrador, quiero que lames esa polla y la chupes como mejor sepas, esclavo. –ordenó Naomi.

Comencé a follarme con más fuerza, hincándomela hasta el fondo y disfrutando como una perra en celo, mientras me iba insultándome mi Ama Naomi, para poco minutos desde que comenzamos, comencé a correrme, poniendo mis manos.

–Sigue follándote hasta que te diga que pares, esclavo. –ordenó Naomi.

–Si, mi Ama Naomi. –respondía yo, gimiendo de placer, mientras me follaba el vibrador pegado en la pared, como una puta zorra salida.

–Ahora, correrte, perra. –ordenó Naomi, viéndome soltar más semen por la punta de la jaula de castidad, gimiendo de placer y de gusto, mientras me la hincaba más fuerte. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No supe cómo lo había hecho, pero me corrí cuando me lo ordenó. Eso la hizo sentirse poderosa e hizo que ella, soltara sus fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Tal y cómo me había ordenado, dejé de empalarme en el vibrador, para restregarme un poco por la cara y la boca y el resto pringar el vibrador entero de mi semen, para ponerme de rodillas, sentado sobre mis plantas de los pies.

–Ahora, pon las manos a la espalda, como una puta esclava, y comienza a lamer la polla que tienes delante, zorra. –ordenó Naomi, mientras se masturbaba con algún vibrador, estando a punto de correrse de placer, mientras gemía deplacer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Comencé a recordar lo que me había enseñado mi Ama Anika, así que besé el pene en el centro, en el lado izquierdo y luego en el derecho, para besarlo nuevamente, el glande, repitiendo lo que me dijo mi Ama Anika.

–Estoy para servirle, mi Amo y señor, soy su humilde esclava. –dije como me había dicho que dijese al lamer una polla.

Detrás, lamí desde la base hasta la punta por el centro hasta el glande, dándole un beso y chupándolo, para detrás hacerlo por la izquierda y por la derecha. Luego comencé a chupar la polla como si de una polla se tratase con ganas y deseo como me dijo mi Ama Anika.

Cuando comencé a chupar la polla vibratoria con la que sodomizaba todos los días, y a la que debía tantos placeres desde que me lo metieron en el sex shop. Me la tragué hasta el fondo y manteniéndola metida, mientras escuchaba como mi Ama Naomi, se corría sin parar como una cerda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Se le cayó el móvil, y se vio, que estaba en un potro con una polla mecánica que la follaba por el culo, otra por su coño debajo y una por la boca. Mientras, gemía de placer como una puta zorra.

Se pensó que había colgado la llamada, pero vi lo suficiente, mientras me follaba la boca con el vibrador, con el ojo derecho, lo veía todo.

Mi Ama Naomi, me di cuenta que usaba el mismo método para sodomizar a sus esclavos y esclavas, consigo misma, haciéndola esclava de su propia máquina hasta que se corrió completamente soltando sus fluidos vaginales por las piernas y por el suelo, dejándolo todo perdido.

Vi cómo lamía los vibradores, y se ponía a lamer el suelo como una puta perra, así que me di cuenta que, aunque fuese Ama, era más puta zorra que las pesetas. Fue cuando corté la llamada para que no me pillara, que la había visto, darse placer como una esclava vulgar y corriente.

Estaba muy cansado, por el día que había pasado, aun así, lamí el vibrador y lo limpié para terminar de lavarme nuevamente por todos lados, incluido mi ano, que le hice una lavativa.

Apagué las luces y me acosté, quedándome dormido por completo, escuchando algunos gemidos de al lado, con frases en ruso. Supuse que algo sucedía, pero no sabía el qué.