Xtories

Corazón de Elisa (1)

James creía que su aburrida vida de oficina no tenía salida, hasta que descubrió 'The Solution'. Una IA que no solo le da consejos, sino que dicta cómo romper la voluntad de quien él elija. Esta vez, el objetivo es Kath, y las reglas del juego las pone él.

PerseoRelatos8K vistas8.7· 11 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Capítulo 1

Click, click, click. El sonido de mis dedos golpeando el teclado era una sinfonía monótona que acompañaba el dolor de cabeza pulsante que había cultivado desde las 9 en punto. Cada correo electrónico enviado se sentía como un pedacito de mi alma siendo absorbido por el vacío digital. La oficina a mi alrededor era un mar de cubículos, gris y sin vida, como mis aspiraciones de convertirme en el próximo gran novelista, ahora solo un sueño entre resúmenes de clientes y breaks para el café.

"James," una voz interrumpió el monótono zumbido de las computadoras y la charla incesante. Elisa. Se movía con un aire de autoridad que captaba la atención sin esfuerzo. Cruzó la sala, sus tacones resonando contra el suelo como un metrónomo marcando el ritmo de la ambición. No podía evitar notar cómo su traje se ceñía a su figura en los lugares adecuados, ajustado a la perfección, acentuando curvas que el rígido tejido de la profesionalidad apenas podía contener.

Elisa tenía una forma de ser, eso es seguro, una presencia que llenaba la habitación, no solo por su apariencia, que, no me malinterpretes, era lo suficientemente distractora, sino porque irradiaba una energía. Segura. Capaz. Como si pudiera enfrentarse al mundo y remodelarlo antes del almuerzo. Y ahí estaba, acercándose a mí, su cabello negro medio (y sus tetas) rebotando ligeramente con cada paso, esos ojos marrón claro expresivos y afilados como piedra de afilar.

Me recosté en mi silla, pretendiendo que mi interés estaba en la hoja de cálculo en mi monitor, pero no engañaba a nadie, y mucho menos a mí mismo. El aburrimiento grabado en mi rostro probablemente me delataba, un contraste marcado con el propósito que impulsaba cada uno de sus movimientos. Hay algo en estar cerca de alguien tan lleno de pasión; es contagioso y, francamente, un poco intimidante cuando solo estás tratando de sobrevivir hasta el viernes.

Puedo sentir mi pulso acelerándose a medida que Elisa se acerca, como si una parte primal de mí reconociera su atracción antes de que lo hiciera mi cerebro. Hay una vibración animal bajo mi piel, y la odio: la forma en que mi cuerpo reacciona a sus curvas y al movimiento seguro de su andar. El deseo es algo tan básico y estúpido, pero aquí estoy, siendo parte del cliché.

"¿Sí, jefa?" respondí, forzando una sonrisa mientras mis ojos recorrían su cuerpo. Mierda, estaba buena. Esas tetas... Concéntrate, James.

Elisa se inclinó sobre mi escritorio, su perfume inundando mis sentidos. Podía ver el contorno de su sujetador bajo la blusa.

"Necesito que te quedes hasta tarde hoy. Tenemos que terminar la propuesta para mañana."

Genial. Otra noche desperdiciada en esta prisión corporativa.

"A la orden, un gusto poner el cuerpo por la empresa," mentí. Como si tuviera opción.

"Gracias," sonrió Elisa. "Eres mi salvador."

Su mano rozó mi hombro al alejarse. Un escalofrío recorrió mi columna. Por un segundo, imaginé agarrarla y besarla con fuerza, mis manos explorando ese cuerpo escondido bajo capas de tela profesional. Pero el momento pasó.

Esa era Lisa, mi jefa directa que sigo sin entender cómo y por qué me contrató cuando nuestras personalidades son como el agua y el aceite (¿otra vez con las comparaciones estúpidas, James?). Y sí, puede que esté en un camino directo al éxito por su manera compulsiva de trabajar y su enfoque feroz en cada tarea, pero sinceramente no hay mucho que envidiar.

Me levanté a buscar agua, como un pretexto simplemente para no pudrirme en el asiento y pasé por afuera de la oficina de Paula, quien ahora hablaba con Elisa, seguramente de números, clientes, ingresos y pérdidas… Vaya desperdicio, Paula es la jefa de Elisa y algo parecido a su contra parte malvada de Elisa: igual de hermosa, pero mientras que la voluptuosidad de la segunda se desbordaba, la figura de Paula es como una escultura de mármol bien tallada, no me malentiendan, que también está buenísima, pero meter la verga por ahí debe generar hipotermia o parecidos.

“Linda camisa” escuché de pronto a mi lado. Era Kath, otra compañera, quien parecía tener un radar para notar mis momentos de miseria. Me giré para encontrarla sonriendo, con esa expresión encantadora que siempre tenía.

“Kath, no te escuché” dije, directo.

“Es que parece que siempre estás en las nubes, querido” respondió, no pude evitar notar cómo su blusa remarcaba sus grandes pechos. Mierda. Era como si el universo estuviera conspirando para torturarme con 3 mujeres así, pululando a mi alrededor. “eres todo un soñador”, dijo de pronto, sacándome de mis cavilaciones.

“Sí, todo trabajo es remoto si te disocias lo suficiente, y a mí me queda toda la jornada en esta cárcel” Lo bueno de Kath, es que aunque su conversación jamás fuera inteligente, tenía un cuerpo mucho más… descarado que Elisa y Paula, así que aunque no podía competirles en belleza, realmente no se quedaba tan atrás en la carrera de la provocación.

Kath soltó una risita tonta. "Oh, vamos, no es tan malo. Al menos tienes buena compañía, ¿no?" Guiñó un ojo, inclinándose ligeramente hacia mí. El escote de su blusa se abrió un poco más, dándome una vista privilegiada de sus enormes tetas.

"Claro, Kath. Tu compañía siempre es un placer," dije, tratando de sonar casual. "Ahora, si me disculpas, tengo que volver al trabajo, esas campañas bobas no se van a escribir solas”

De regreso en mi pequeño cubículo, me sentí aún más deprimido: lo peor de quedarse hasta tarde es que mermaba mi productividad en un círculo vicioso: saber que no podía dejar la oficina temprano me hacía trabajar más lento, lo cual me hacía terminar exactamente la misma cantidad de trabajo que habría hecho si hubiera salido a mi hora… y saber eso me deprimía, lo cual me hacía trabajar más lento y… bueno, entienden la idea.

Así que, entonces, hoy tendría que encontrar la manera de sobrevivir el resto de horas hasta que Elisa y, probablemente, Paula decidieran que habían pagado su cuota de sacrificio a la empresa para dejarnos ir.

Qué desperdicio.

Capítulo 2

Click, click, click, un verdadero crimen que hayan prohibido el porno en la oficina, no es que me interesara ver un poco, solo creo que un hombre debería ser libre de tener esa opción en caso de emergencia.

Cómo sea, que la jornada se deslizaba como las pestañas en el buscador:

— 10 ideas para renovar un departamento

— ¿Cómo se llama el sonido que hacen los elefantes?

— 5 trucos para dormir más rápido

— Trucos para pelar un plátano con una sola mano

— La historia del papel higiénico

—Trucos para aprender a hacer malabares con frutas

—¿Cómo abrir una botella de vino con una cuchara?

En fin, que el internet es la razón por la que no me suicido. No sé en qué momento llegué a un foro de esos donde la gente asegura que la tierra es plana y que uno de sus tíos es un robot enviado por el gobierno para controlarlos, pero una entrada me llamó la atención: se trataba de la historia de un hombre que aseguraba haber conquistado a su actual esposa, una supermodelo holandesa, siguiendo simplemente los consejos de “The Solution” (vaya, que en el nombre no se han dejado la inteligencia).

La historia del tipo con la supermodelo revoloteaba en mi mente como una mosca molesta, picoteando la curiosidad y las dudas. The Solution, esa IA prometedora que parecía el sueño húmedo de cualquier hombre con un par de neuronas saludables y un deseo de ser más que un simple mortal.

La curiosidad me picó. Me metí de lleno en el tema, mis ojos iban escaneando cada línea como un depredador a su presa. La historia del tipo era ridícula, pero tenía bastantes horas por matar así que no perdía nada.

Empecé buscando por todas partes el dichoso sitio que alojaba la IA hasta que por fin llegué. No habían invertido mucho en diseño gráfico pues la presentación era simplemente un chat con fondo negro y letras blancas.

> Hola

Escribí

> Bienvenido a The Solution, soy un asistente virtual programado para ayudarte a concretar un acercamiento exitoso con la mujer que tu prefieras, para comenzar, necesitamos llenar un cuestionario. Apriete el botón “comenzar” en cuanto esté listo.

Hice click y frente a mí se desplegó una lista casi interminable y francamente ridícula de preguntas:

¿Qué objeto no te llevarías a una isla desierta?

¿Cuál es tu insecto favorito?

Si fueras un color, ¿cuál serías?

Si pudieras tener un superpoder, ¿cuál elegirías?

¿Te llevas mejor con primos o sobrinos?

¿Prefieres la pizza o la cerveza?

..

.

Me reí en voz baja, sacudiendo la cabeza como si estuviera tratando de despejar una idea absurda. La primera pregunta era tan tonta que casi me dan ganas de cerrar la ventana y olvidarlo todo.

Con un suspiro resignado, decidí seguir adelante. Era solo un juego, después de todo. Me giré hacia Kath, que tecleaba sin parar a mi lado. Su cabello castaño caía sobre su rostro concentrado, y esa sonrisa que siempre parecía estar lista para brotar me irritaba y atraía al mismo tiempo. Así que decidí aprovecharme un poco más de su generoso espíritu. Rápido copié las preguntas en un documento en blanco, para no levantar sospechas.

“Oye, Kath”, dije, intentando sonar casual. “¿Te importaría ayudarme con algo rápido?”

Ella levantó la vista, sus ojos se iluminaron con curiosidad auténtica.

“Claro, ¿qué necesitas?”

Sonreí con esa picardía que siempre me sale cuando planeo algo menos que inocente.

“Solo necesito un par de datos sobre ti para un proyecto de investigación. No es nada serio” le dije mientras mis dedos jugueteaban con el mouse. “Solo una breve encuesta para entender mejor a nuestro -cliente idea-”

“Vaya, así que ¿soy tu cliente idea?” dijo con una sonrisa coqueta.

“sí, sí que lo eres” y casi no mentía.

Kath se movió hacía mi lugar, deslizando su silla y se acomodó junto a mí. Mientras ella se inclinaba hacia la pantalla, sus pechos se acercaban peligrosamente a mi brazo.

“Bien, empecemos,” dijo, con una sonrisa juguetona. Sus ojos brillaban, y por un momento, me pregunté si realmente le interesaba ayudarme o si había un juego más profundo en marcha.

“¿Qué objeto te llevarías a una isla desierta?” le pregunté, tratando de sonar profesional.

“Hmm, probablemente un libro,” contestó ella sin dudar. “Siempre quise leer ‘Cien años de soledad’ sin distracciones.”

“Estos chicos de research, cada vez con preguntas más específicas” dije de pronto, intentando enmascarar mis oscuras intensiones mientras Kath seguía contestando las preguntas.

Tomó casi 20 minutos, que bien pudieron ser sólo 10 pero Kath no era más brillante de la oficina y se equivocó incluso al escribir “pistache” en el sabor favorito de helado, pero finalmente se logró.

“Eres un sol”, le dije cuando finalmente regresaba a su lugar.

“Ya, vale, que me debes al menos un café por la ayuda” dijo, guiñándome el ojo.

El eco de su risa resonó en mi mente mientras sus caderas se movían con gracia al alejarse, y aunque sabía que era solo un juego, la atracción por ella crecía como una sombra inmensa.

Ella regresó a su escritorio, y yo me quedé allí, mirando la pantalla donde The Solution parpadeaba como un faro en medio de la tormenta. Ahora tenía todo lo que necesitaba para saber cómo seducir a una mujer, y no podía evitar sentirme un poco culpable por lo que planeaba hacer.

Clickeé en el botón “Enviar” y esperé con una mezcla de ansiedad y excitación. La máquina respondió casi al instante.

> Gracias por la información. Analizando...

>

>

> Generando plan de acercamiento:

>

> La forma de concretar el acercamiento será a través del una conexión emocional intensa. Ella debe creer que es importante para ti de una manera especial, debe considerar que es la persona más cercana a ti y la única que verdaderamente te entiende.

> **Paso 1: Crear una atmósfera propicia para la confusión emocional.**

> ¿Necesitas más ayuda?

Vaya vaya, al final si funcionaba la máquina esta… bueno, es capaz de dar indicaciones. Ahora veamos si funcionan. Podía, al parecer, pedir más detalles, pero comencemos con esto.

Dejé todo en mi escritorio como estaba y salí a la calle, tenía una vaga idea de cómo proceder. Fui al café más cercano y compré dos: negro para mí y el que tuviera el nombre más complicado para Kath, pedí que a su vaso le añadieran un pequeño corazón.

Regresé a la oficina con las dos tazas en mano, el aroma del café recién hecho mezclándose con el aire pesado de la tarde. Podía sentir esa ligera adrenalina burbujear en mi estómago.

El plan estaba en marcha.

Al entrar, vi a Kath concentrada en su computadora, los dedos bailando frenéticamente sobre el teclado. Era una imagen familiar, pero hoy tenía un matiz diferente: me imaginaba como el protagonista de una historia romántica, buscando la manera de capturar su atención.

“¡Hey, café!” grité tan alegre como pude mientras me acercaba, sonriendo como un estúpido. Su mirada se alzó instantáneamente y sus ojos brillaron al ver el vaso adornado.

“Oh, ¡qué lindo! ¿Hiciste eso para mí?” preguntó, inclinándose hacia mí con una curiosidad encantadora. “¿Estás intentando impresionar a alguien?”

“Sí, después tienes que ir corriendo a contarle a toda la ofician lo que he hecho” ironicé. Kath rió.

Y entonces vi la oportunidad de rematar la fechoría: “tú siempre entiendes mi humor” solté de pronto, como si cualquier cosa. Kath sonrió ampliamente, aunque pude ver un poco de rubor en sus mejillas.

The Solution quizá era una solución. Después de todo.

Kath:

Capítulo 3.

He aquí un salto temporal: todos finalmente dejamos la oficina, fastidiados y derrotados. Son ya las 7.

“Hasta mañana James” escucho decir a Elisa mientras camina hacia la salida. Yo debo seguir hacia el elevador que lleva al estacionamiento, donde mi auto me espera.

“Hasta mañana, boss” respondí, con una voz mucho más enérgica de lo necesaria y una sonrisa filosa.

En eso, veo a Kath pasar y pienso que otro paso más sería bueno. “Hey, Kath, ¿quieres un aventón?” pregunté, haciendo mi mejor esfuerzo por sona caballeroso.

Ella volteó con una sorpresa más que marcada, admito que mi reputación no ha sido la más destacada. Asintió y corrió graciosamente hacia mí. Detuve la puerta del elevador para darle tiempo a entrar y una vez dentro, continuamos el recorrido por 20 segundos más.

“¿Estás seguro?” pregunta, sin saber si se trata de una broma pesada.

“Pero claro, además vivimos cerca” digo, con confianza. Y como si estuviera jugando, le pido que me explique por donde vive. Ella lo hace y con sorpresa descubro que de hecho, sí vive cerca de mí. De haberlo sabido, me habría ofrecido antes. Pero bueno, qué se le va a hacer.

Finalmente en mi coche, empezamos a hablar de tonterías.

La radio suena suavemente, y aunque el tráfico es un poco lento, la atmósfera se siente densa, como si el aire fuera más pesado entre nosotros. Kath balbucea sobre su prometido, Mark, y un nuevo proyecto que le ha asignado en la oficina. Sus palabras se deslizan por mis oídos como agua sobre piedras, resbaladizas y sin mucho impacto.

“¿Y tú? ¿Sigues escribiendo tus cuentos de amor?”, pregunta, y lo dice con un tono mezcla de curiosidad y duda.

“Por supuesto”, respondo, dándole una sonrisa pícara. “Pero creo que el amor real es un cuento de terror disfrazado.”

Ella ríe, bien, me digo a mí mismo.

“Es tan fácil hablar contigo” suelto, de pronto, como una moneda al aire.

El silencio que adopta me comprueba que la frase ha perforado con la eficacia requerida.

El resto del viaje continua en silencio, pero de manera cómoda.

A medida que nos acercamos a su casa, la tensión en el aire se vuelve palpable. Kath mira por la ventana, parece perdida en sus pensamientos.

“¿Sabes? A veces siento que la gente no ve lo especial que eres,” le digo, dejando caer la indirecta con un tono casual, como si estuviera hablando de la temperatura del día.

Se vuelve hacia mí, confundida, como si esperara un matiz de burla. “¿Yo? No creo… Solo soy… Kath.” Su voz tiembla un poco al decirlo.

Le echo una mirada penetrante; me encanta jugar con esas inseguridades. “No seas modesta. Conozco a tantas personas que podrían beneficiarse de tu talento,” afirmo, haciéndome el desinteresado. “Así que, ¿por qué no te haces el favor de creerlo?”

Ella sonríe tímidamente y eso es todo lo que necesito: una grieta en su caparazón.

Al llegar a su casa, Kath se despide con una sonrisa. Vaya, ha sido más fácil de lo esperado y hasta podría decir que me he divertido. Continuo mi viaje y en menos de 10 minutos estoy en casa.

La rutina de siempre: cena, televisión y un cigarro antes de dormir.

El despertador suena puntual a las 7, he decidido que esa maldita máquina es mi enemigo mortal y algún día por fin lo podré arrojar por la ventana para que tenga el destino doloroso que se merece. Pero no hoy.

Despertarse, vestirse, irse.

Llegar, la oficina normal.

Hoy Elisa me recibe con la noticia de que por fin liberaron el presupuesto para la campaña así que podremos trabajar sin trabas, lo cual es una buena noticia al parecer. Finjo alegrarme y chocamos los puños para celebrar.

Hoy Elisa viste una blusa turquesa que le resalta la firmeza de las tetas. Y un pantalón que aunque holgado revela que sus caderas son apropiadas para sujetarla.

Maldita sea, es difícil concentrarse cuando se inclina sobre mi escritorio para mostrarme algo en su tablet. Su perfume es sutil pero embriagador. Me obligo a desviar la mirada y enfocarme en el trabajo.

A media mañana, Kath pasa por mi cubículo. Lleva una falda que no le había visto antes, más corta de lo habitual. Nuestras miradas se cruzan y ella sonríe tímidamente antes de continuar su camino. Interesante.

El día transcurre entre reuniones tediosas y montañas de correos electrónicos. Para cuando llega la hora del almuerzo, estoy desesperado por un respiro. Me dirijo a la cafetería, esperando encontrar un rincón tranquilo donde esconderme del mundo por unos minutos.

Para mi sorpresa, Elisa se sienta en mi mesa. "¿Te importa si te acompaño?”

“Pero nada me haría más feliz” respondo, de manera casi honesta, “Pero nada de trabajo, please, al menos dame esta hora para relajarme”

Elisa se ríe y asiente. "Vale, nada de trabajo. ¿De qué quieres hablar entonces?"

Mierda. No esperaba que aceptara tan fácilmente. Mi cerebro da vueltas buscando un tema de conversación que no sea completamente aburrido.

"Bueno, ya que insistes en no hablar de trabajo, cuéntame... ¿qué haces para divertirte?" Le pregunto, fingiendo interés genuino.

Ella me mira sorprendida, como si no esperara que me importara su vida fuera de la oficina. "Pues... me gusta leer, ir al cine, salir con amigos. Lo normal, supongo."

"¿Lo normal? Vamos, seguro tienes algún pasatiempo secreto. ¿Coleccionas muñecas vudú de tus ex? ¿Practicas taxidermia los fines de semana?" Bromeo, tratando de romper el hielo.

Elisa suelta una carcajada. “No, lamento decepcionarte, pero lo normal es lo que hago”

El almuerzo continúa de manera cordial y diría que hasta agradable. Pero he de reconocer que voy a ocupar la ayuda de The Solution, porque el small talk da 0 resultados por este frente.

De regreso a mi escritorio, paso por detrás de Kath y pienso que quizá es un buen momento para un acercamiento ligero. Me acerco sigilosamente por detrás y le susurro al oído:

"Bonita falda. Te queda muy bien."

Ella da un respingo y se sonroja visiblemente.

"James, me asustaste", dice con una risita nerviosa. "Y... gracias."

Le guiño un ojo y sigo mi camino, satisfecho con su reacción. Pequeños pasos, me digo a mí mismo.

La jornada transcurre sin sobresaltos.

“¿Necesitas quien te lleve?” Pregunté a Kath al salir. Ella sonrió y asintió. Repetimos el proceso del día anterior: carro, plática aparentemente normal, llegar, conexión… Pfff. Nada nuevo que contarle a mi almohada antes de caer dormido.

Miércoles al fin.

La rutina se repite. Despertador infernal, ducha rápida, café amargo. Llego a la oficina y me sumerjo en el mar de emails y reuniones sin sentido.

Elisa pasa por mi escritorio. Hoy lleva una falda ajustada que marca cada curva. Maldita sea.

"James, necesito que revises estos copys antes de la reunión con el cliente," dice, dejando una pila de papeles sobre mi escritorio.

"Claro, jefa. Lo que ordenes," respondo con una sonrisa burlona.

Ella rueda los ojos pero noto un atisbo de sonrisa.

Kath pasa por mi escritorio y me guiña un ojo. Vaya, parece que mis pequeños avances están dando fruto. Decido subir la apuesta.

"Oye Kath, ¿tienes un minuto? Necesito tu opinión sobre algo."

La llevo a una sala de reuniones vacía y cierro la puerta. Su respiración se acelera visiblemente.

"Quería preguntarte... ¿crees que debería pedirle una cita a Elisa?"

Su cara cae como un castillo de naipes. Perfecto.

"Oh... yo... no sé si eso sería apropiado, James. Es tu jefa, después de todo."

“Ya sé, ya sé… pero, últimamente me he sentido un poco… solo, y sinceramente no tengo tiempo para conocer a más gente al estar todo el día aquí metido así que… pensé”

“oh, pobre James” dice haciendo un puchero falso, “ya sé, mira, tomémonos un café mañana después de la oficina, y platicamos”

Vi mi oportunidad, como un jaguar que observa una gacela descuidarse para beber agua del manantial.

“¿café en la tarde? Vayamos por una cerveza y trato hecho” Dije, poniendo mi sonrisa más dulce (iugh). Kath mostró un destello de contradicción, pero pronto fue remplazado por algo parecido a la alegría.

“De acuerdo… mañana, tú, una cerveza y una plática”.

El resto del día pasó como una mancha borrosa. Emails, llamadas, más reuniones inútiles. Elisa pasó por mi escritorio un par de veces más, cada vez encontrando una excusa para inclinarse sobre mí y mostrarme algo en su tablet. Su perfume me envolvía, nublándome el juicio. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no mirar directamente su escote.

A la hora de salida, vi a Kath esperándome junto al elevador. Le di un aventón a casa, como ya se estaba volviendo costumbre. Esta vez, sin embargo, el aire entre nosotros estaba cargado de una tensión diferente.

Jueves. Llegué en taxi, la noche quizá depararía sorpresas y el carro no debía ser un lastre en mi aventura. El día se arrastró como un caracol borracho. No pude concentrarme en nada, mi mente divagaba entre Kath y Elisa. La una, un objetivo fácil; la otra, un desafío tentador.

Finalmente llegó la hora. Kath y yo salimos juntos, fingiendo casualidad ante los ojos curiosos de la oficina.

El bar está lo suficientemente oscuro como para ser íntimo, pero no tanto como para parecer sospechoso. Perfecto. Pedimos nuestras cervezas y nos sentamos en una mesa apartada.

"Entonces, James," comienza Kath, dándole vueltas a su botella, "¿qué pasa realmente con Elisa?"

Suspiro dramáticamente. "Es complicado, Kath. A veces siento que hay algo ahí, pero luego... no sé. Tal vez solo estoy imaginando cosas."

Kath me mira con simpatía, sus ojos brillando en la tenue luz del bar. "Oh James, entiendo cómo te sientes. Las relaciones en la oficina pueden ser tan complicadas..."

Tomo un largo trago de cerveza, dejando que el silencio se estire entre nosotros. Kath se inclina hacia adelante, con labios entreabiertos y su escote descaradamente expuesto. La tela del vestido se tensa sobre su pecho, revelando más de lo que ella pretendí

"Es solo que... contigo puedo ser yo mismo, ¿sabes? No tengo que fingir ser alguien que no soy."

Sus ojos se iluminan. Bingo.

"Oh, James..." susurra, poniendo su mano sobre la mía. "No tienes que fingir con nadie. Eres maravilloso tal como eres."

Reprimo una sonrisa de triunfo. En su lugar, pongo mi mejor cara de cachorro herido.

"Gracias, Kath. Eres muy dulce," digo, mirándola a los ojos. "A veces siento que eres la única que realmente me entiende."

Ella se sonroja y aparta la mirada, claramente halagada. Tomo otro sorbo de cerveza, dejando que el silencio crezca entre nosotros. La tensión es palpable.

Nuestros labios se encuentran en un beso suave al principio, que rápidamente se vuelve más intenso y urgente. Sus manos se enredan en mi pelo mientras las mías exploran su cuerpo ansiosamente.

Nos separamos, jadeando.

"Mi casa está cerca," susurro contra su cuello.

Ella asiente, sus ojos nublados por el deseo.

Pedimos un taxi y el viaje es una tortura. Seguimos besándonos, en un peligroso equilibrio entre la decencia y la obscenidad. Mis manos empiezan a perderse debajo de su vestido, palpando la promesa que sus piernas ocultan. Kath gime suavemente, y pienso que quizá deba dejar una propina más generosa al conductor por su discreción.

Tomo una de las manos de Kath y la coloco con urgencia sobre mi entrepierna, donde mi pene está más que despierto. Ella lo sujeta por encima del pantalón y lo frota..

Apenas cerramos la puerta de mi apartamento, Kath me empuja contra la pared y empieza a abrir mi camisa con urgencia.

Yo correspondo su prisa bajando el cierre de su vestido y dejando que la prenda toque el suelo. Nuestras respiraciones agitadas son la única música que se percibe en el ambiente.

Kath queda en ropa interior frente a mí, su pecho subiendo y bajando agitadamente. Sus tetas se desbordan del sujetador de encaje negro. Deslizo mis manos por su cintura, apretando su carne suave. Ella gime cuando mis dedos rozan el borde de sus bragas.

La levanto y ella envuelve sus piernas alrededor de mi cintura. La llevo a trompicones hasta mi habitación, besándonos frenéticamente en el camino. La tiro sobre la cama y me quito los pantalones de un tirón.

Kath se incorpora y me mira con ojos hambrientos. Se desabrocha el sujetador, liberando sus pechos generosos. Joder, son aún más impresionantes de lo que se sugería en su ridículo traje de oficina.

Me deshago del resto de mi ropa mientras ella se quita el sujetador y las bragas. Sus ojos se agrandan al ver mi erección. Sonrío con arrogancia y me inclino para besar sus labios con fervor. Mis manos recorren su cuerpo desnudo, acariciando y apretando cada curva. Kath gime en mi boca cuando pellizco suavemente sus pezones erectos.

Me coloco entre sus piernas y froto mi polla contra su entrada húmeda. Ella arquea la espalda, ansiosa por más contacto.

"Por favor, James," suplica con voz ronca.

No necesito que me lo pida dos veces. Me hundo en ella de una sola estocada, arrancándole un grito de placer. Joder, está tan apretada y caliente. Comienzo a moverme, estableciendo un ritmo rápido y profundo.

Kath clava sus uñas en mi espalda, sus piernas se envuelven firmemente alrededor de mi cintura. Sus gemidos llenan la habitación, mezclándose con mis gruñidos de placer.

"Más fuerte," jadea. "Más rápido."

Obedezco, aumentando la intensidad de mis embestidas. La cama cruje bajo nuestros cuerpos en movimiento. Siento que estoy cerca del clímax, pero me contengo. Quiero que ella llegue primero. Recuerdo, lúcidamente, que esto no sólo es sobre el placer, sino sobre el juego.

Empecé a sentir que se retorcía debajo de mi cuerpo. Debo decir que toda la situación había hecho que las cosas pasaran de manera increíblemente rápida e intensa.

Deslicé mi mano entre nuestros cuerpos y comencé a frotar su clítoris con movimientos circulares. Kath soltó un gemido gutural, arqueando la espalda.

"Oh Dios, James... estoy tan cerca… me vengo," jadeó.

Aumenté la presión sobre su punto sensible, sin dejar de embestirla con fuerza. Sentí cómo sus músculos internos comenzaban a contraerse alrededor de mi polla.

"Eso es, nena. Córrete para mí," le susurré al oído.

Con un grito ahogado, Kath alcanzó el orgasmo. Su cuerpo se tensó por completo y luego comenzó a temblar incontrolablemente.

La sensación de sus paredes apretándome fue demasiado. Con un gruñido, me corrí dentro de ella, llenándola con chorros calientes de semen.

Nos quedamos así unos momentos, jadeando y sudorosos. Finalmente, me dejé caer a su lado en la cama.

Nos quedamos así unos minutos, recuperando el aliento. Pero pronto la realidad se asienta como una nube oscura. Kath se incorpora de repente, sus ojos llenos de culpa y confusión.

"Oh Dios, ¿qué hemos hecho?" susurra horrorizada. "Mark... mi prometido..."

Kath hizo un ademán de tomar su ropa pero rápidamente la tomo de una muñeca y la empujo contra la cama nuevamente.

Sujeto sus manos por encima de su cabeza, dejando caer todo mi peso, lo que hace imposible que se mueva. Me mira con una mezcla de miedo y confusión, pero en cuanto la beso, se abandona al placer nuevamente. No pasan más de 30 segundos antes de que empiece a corresponder con energía y lujuria mis embates.

“Así me gusta” le digo, mientras la miro a los ojos nuevamente. Observo como la culpa es una invitada pero no la anfitriona. Kath respira con fuerza.

“Ahora me la vas a chupar” le ordeno, mientras me siento al borde de la cama y ella obedece con presteza, hincándose frente a mí y comenzando con una mamada de campeonato.

Sin dudarlo, tomó mi polla semi-erecta en su mano y comenzó a acariciarla suavemente. Sus labios rozaron la punta, enviando escalofríos por mi columna.

Lentamente, me introdujo en su boca cálida y húmeda. Gemí cuando su lengua se deslizó por la parte inferior de mi eje. Joder, era buena en esto. Enredé mis dedos en su cabello, guiando sus movimientos.

Kath aumentó el ritmo, tomándome más profundo en su garganta. Sus mejillas se hundían con cada succión, sus ojos fijos en los míos. La vista era increíblemente erótica.

"Eso es, nena," gruñí. "Chúpamela bien."

Ella gimió alrededor de mi polla, las vibraciones enviando oleadas de placer por todo mi cuerpo. Sus manos masajeaban mis bolas mientras su boca trabajaba incansablemente.

Sentí la familiar tensión construyéndose en mi bajo vientre. Estaba cerca.

"Date la vuelta," ordeno de repente.

Kath obedece sin dudar, poniéndose a cuatro patas en la cama. Su culo redondo se alza frente a mí, invitándome. Me coloco detrás de ella y la penetro de una sola estocada.

Ella grita, mitad sorpresa, mitad placer. Agarro sus caderas con fuerza y empiezo a follarla con abandono. El sonido de piel contra la piel me complace.

La sujeto de las caderas, que me parece fueron hechas para este trato, y embisto con fuerza. Cada golpe arranca un gemido ronco de su garganta. Sus tetas se balancean con el movimiento, hipnotizándome.

"¿Te gusta así, zorra?" gruño, dándole una nalgada. La marca roja de mi mano florece en su piel pálida.

"Sí... sí... más fuerte," jadea Kath entre embestidas.

Agarro un puñado de su pelo y tiro hacia atrás, arqueando su espalda. El nuevo ángulo me permite penetrarla aún más profundo. Kath grita de placer, sus paredes apretándome deliciosamente.

Siento el orgasmo construyéndose en la base de mi columna. Aumento el ritmo, follándola con violencia. Kath se deshace debajo de mí, temblando y gimiendo incoherentemente.

Con un gruñido animal, me corro dentro de ella por segunda vez. Kath se estremece, alcanzando su propio clímax.

Nos derrumbamos en la cama, exhaustos y jadeantes. El aire huele a sexo y sudor.

“Tengo que irme” escuché, de pronto. La voz me sacó del estado de sueño y complacencia en el que me encontraba. Era Kath que me miraba con ojos suplicantes.

Como soy un caballero (o estaba pretendiendo serlo), me ofrecí a llevarla. En mi carro esta vez. Me visto apenas y salimos.

El viaje de regreso transcurrió en un silencio incómodo. Kath miraba por la ventana, evitando mi mirada. Podía sentir la culpa emanando de ella en oleadas.

"Esto... esto no puede volver a pasar, James," dijo finalmente, su voz apenas un susurro.

"Lo sé," respondí, fingiendo arrepentimiento. "Fue un error."

Llegamos a su casa y detuve el coche. Kath se quedó inmóvil un momento, como si estuviera reuniendo valor.

"Mark no puede enterarse de esto," dijo, girándose hacia mí con ojos suplicantes. "Por favor, James. Prométeme que no se lo dirás a nadie."

Puse mi mejor cara de comprensión y asentí solemnemente. "Por supuesto, Kath. Esto queda entre nosotros."

Ella exhaló, aliviada, y se inclinó para darme un rápido beso en la mejilla antes de salir del coche. La vi caminar hacia su casa, sus hombros caídos bajo el peso de la culpa.

Sonreí para mis adentros mientras arrancaba el coche.

nota del autor:

Sé que esta historia se sale de la temática habitual de mis relatos, sin embargo es una historia en la que he trabajado bastante. Espero les guste, y me gustaría comentarles que hay una versión con imágenes en mi Patreon GRATUITA, solo tienen que volverse seguidores de la página. También encontrarán el segundo capítulo y si se unen como mecenas, podrán leer los capítulos 3 y 4.

Saludos!