Nerea comienza a ser sumisa: Nada es lo que parece
Nunca imaginó que su curiosidad la llevaría a arrodillarse ante desconocidos. Lo que empieza como una humillación pública se convierte en una adicción irreversible, donde el dolor y la vergüenza se mezclan con un placer prohibido que nadie más puede entender.
NADA ES LO QUE PARECE
En ese momento, Yusef estaba sentado, mientras Nerea, besaba sus botas, y se las lamía con su lengua. En cambio, Laura y Mónica, sentándose, sentían el dolor de los azotes en sus culos, y les dolía a caminar, ya que las habían enculado con unas pollas de unos 45 cm de largo.
Sentían el semen tanto en sus culos como en sus vaginas, excitadas perdidas, miraban a Nerea y a las demás, no se dieron cuenta, mientras ellas, bebían la bebida, acaloradas y sudorosas de placer.
Laura y Mónica, no se lo podían creer lo que acaba de suceder. Estaban excitadísimas y cachondas perdidas detrás de haberlas follado aquellos dos hombres negros a los que no se atrevían ni a mirarlos a la cara.
Mientras, bebían, mirando como Yusef, sometía a su amiga Nerea, ellas acababan de ser denigradas y humilladas como vulgares putas de la calle. Tanto criticaron a su amiga, y ahora, ellas habían hecho lo mismo, ponerse de rodillas para que dos hombres que no conocían las follasen sus bocas, sus culos, y sus coños hasta correrse dentro de ellos.
La cabeza les daba vueltas, y no sabían lo que hacer ni que decir, y les daba mucha vergüenza contárselo a sus amigas, por lo que se callaron guardando silencio lo que no podían contar.
Dentro de ellas, en el interior de sus anos y de sus vaginas, estaba el semen calentito de aquellos dos hombres negros que las habían sodomizado, sometido y humillado en el pasillo, delante de todas las demás.
–No me lo puedo creer. –decía Melani.
–La está sometiendo nuevamente. –dijo Melani.
–Si, eso parece. –dijo Marta.
Marisa, en cambio miraba guardando silencio.
Mientras que Laura y Mónica, miraban la escena de cómo a Nerea la follaban brutalmente, un grupo de Amos y de Amas, sin contemplaciones, dándole latigazos, corriéndose en su boca y por todo su cuerpo. Los gemidos se escuchaban perfectamente, poniéndolas cachondas pérdidas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Mientras que Teresa, Yolanda y Sonia, contemplaban la escena, impresionadas por su dureza y su brutalidad, viendo como la humillaban y denigraban en público como una vulgar puta zorra de mierda.
Aún así todas estaban excitadas y cachondas pérdidas, aunque no lo dijesen. Esa tarde noche, cuando ese hombre negro que era el amo de Nerea, se acercó a ellas, diciéndoles que se la podía llevar detrás de que la follasen, las dejó descolocadas.
Era demasiado para ellas, y algunas, se levantaron para ir al baño como Sonia, Yolanda, que fueron al aseo como fueron antes Laura y Mónica, encontrándose con Yusef y Ahmed, nuevamente, dentro del aseo femenino.
–¡Perdone, pero está en el aseo femenino! –dijo Yolanda.
–Si, y vosotras tenéis una oportunidad. –dijo Yusef.
Los dos estaban con las pollas duras y tiesas, presionando sus estómagos, mientras ellas, no sabían que hacer. Esa situación, nunca les había sucedido en la vida real, sólo en sus fantasía y sueños eróticos.
–Podéis lamerlas si lo deseáis, pero si salimos del aseo, ya no volveréis a tener esa oportunidad. –dijo Ahmed.
Sin pensárselo dos veces, una detrás de otra, se pusieron de rodillas, y comenzaron a lamer sus pollas con mucho placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Por la torpeza de sus lamidas, se dieron cuenta que muchas pollas, no habían lamido o chupado en su vida, y está era la ocasión de enseñarlas cómo hacerlo.
Tanto Yusef como Ahmed, las cogieron por los pelos, y comenzaron a metérselas en su boca. Tanto Yolanda como Sonia, no podían tragarse semejantes pollas, pero comenzaron a metérselas poco a poco hasta la mitad, y sacándoselas con la misma facilidad. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Las manos detrás de la espalda, zorras. –ordenó Yusef, viendo como los obedecían, follándose sus bocas. Y aquí, era donde comenzaron a forzar sus bocas, metiéndoselas más hasta que llegaron a hincárselas hasta el fondo, en el que sus labios, rozaban sus pelos de los huevos.
–¡Respirad por la nariz, putas zorras! –ordenó Ahmed.
Mientras, las follaban salvajemente, sus pollas entraban y salían acostumbrándose a ellas. El bombeo era constante, viendo como entraban toda en sus bocas y volvían a salir, siendo folladas completamente, mientras soltaban sus fluidos vaginales por sus vaginas, que ardían de deseo porque las follasen.
Transcurrieron unos minutos, mientras se acostumbraban al tamaño y diámetro de esas pollas descomunales, sin oponer ninguna resistencia, cuando comenzaron a correrse, tragándose el semen, como podían, y saboreándolo, mientras las seguían follando a la vez. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Tanto Yusef como Ahmed, se las sacaron, corriéndose en sus caras y en sus pechos, que rápidamente ellas, se quitaron las camisetas de botones, dejando sus pechos al aire sin sujetadores.
Entonces, comenzó las bofetadas de sus pollas en sus mejillas, que iban de un lado al otro, sintiéndolo ellas, mientras restos de semen, salía por los penes, manchándolas en sus caras.
–¡Zas, Zas! –sonaban los pollazos en sus mejillas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Estuvieron así unos minutos hasta que las dieron unos 50 pollazos a cada una, poniéndoles las mejillas rojas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Limpiadnos las pollas, y si queréis que os follemos como putas zorras que sois, ya sabéis en qué posición poneros! –ordenaron ellos.
Las dos limpiaron sus pollas con sus lenguas y bocas, chupándoselas, notando ambos que habían mejorado con respeto antes. Pero tanto Yolanda como Sonia, estaban excitadas y cachondas pérdidas, necesitando que las follasen.
Ambas no lo dudaron y se pusieron a cuatro patas con el culo en pompa como dos perras en celo, mientras que Yusef y Ahmed, las pusieron una correa al cuello, y se la hincaron por detrás, pegando un grito de dolor, comenzaron a abrirles sus culos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Estas perras son vírgenes analmente. –dijo Ahmed.
–Eso parece, así que hagamos que lo recuerden bien. –dijo Yusef, hincándosela más fuerte haciendo que gimiese más de dolor, se la metía hasta el fondo, chocando sus huevos con sus muslos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Las dos gemían de placer como locas, soltando gemidos que no controlaban, mientras sus babas caían por el suelo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
No tardaron en correrse dentro de sus culos, sintiéndolo ellas, como el semen calentito entraba en sus anos, mientras se la sacaban para comenzar a follarlas por sus coños, pegando otro gemido de dolor, abriéndoselos de par en par como si fuese una pista de aviones. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
A la misma vez que con látigo, les atizaban en las espaldas, haciéndolas gemir de placer y de dolor, dejándolas las marcas de los latigazos, y gimiendo como putas zorras. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Siguieron corriéndose dentro de sus vaginas para sacárselas, tirando de sus correas, hicieron que se diesen la vuelta, y se corrieron en sus bocas, y en sus caras y en sus pechos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Siguieron follándoles sus bocas hasta terminar de correrse, haciéndolas que se tragasen todo el semen.
–¡Limpiadnos las pollas, zorras! –ordenó Ahmed, viendo como ambas limpiaban sus pollas hasta dejarlas limpias.
Y a continuación, se pusieron a mearse en sus bocas, mientras se la tragaban y detrás en sus caras y por sus pechos, sacudiéndose las pollas en sus caras. Ellas, obedeciendo sus órdenes, lamieron sus pollas, dejándoselas limpias.
–¡Limpiad el suelo con la lengua, putas zorras! –ordenó Yusef, atizándolas con el látigo, y haciendo que gimiesen, las dos lamían el suelo, dejándolo limpio, sintiendo los latigazos de esos dos hombres negros.
Cuando terminaron, sentándose en un banco, comenzaron a darles latigazos en sus culos y en sus espaldas.
–¡Limpiaros la una a la otra con la lengua, perras! –ordenó Ahmed.
Sin ser lesbianas, tanto Yolanda como Sonia, se lamían, la una a la otra, limpiándose el semen y la orina de esos hombres, a los que no sabían si llamarles Amos, o no.
Los dos se marcharon, dejándolas en el aseo, besándose y lamiéndose hasta que terminaron, jadeando y gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Las dos estaban muy avergonzadas, y se levantaron para lavarse con agua, sus caras y sus pechos un poco, y vestirse, saliendo del aseo, y sintiendo el semen dentro de sus culos como de sus vaginas, gemían de placer sintiéndolos, muy excitadas y cachondas perdidas, sentían el semen dentro de su interior.
Volvieron a su mesa, con la cara sonrojada y con la mirada perdida, de no saber lo que habían hecho esa noche. Llegaron cuando ya habían terminado y todas se marchaban con Nerea, guardando un secreto que no sabían si más adelante les iba a pasar factura.
Era la primera vez, que se habían corrido dentro de todos sus agujeros de sus cuerpos como si fuesen meramente objetos sexuales, sin voluntad, y sin nada, siendo tratadas como vulgares putas zorras, como las habían llamado.
No sólo eso, sino que se habían excitado y puesto cachondas pérdidas, siendo azotadas por su látigo. Tanto Yolanda como Sonia, se fueron juntas, separándose de las demás, mientras iban hablándolo.
–Me da vergüenza admitirlo Sonia. –dijo Yolanda.
–¿El qué? ¿Lo que nos has sucedido a las dos? –preguntó Sonia.
–Si, no sólo eso, sino que me he excitado cuando ese hombre negro me daba con el látigo, y era algo que rechazaba por ser negra. –respondió Yolanda.
–¿Por los siglos de esclavitud del continente africano? –preguntó Sonia.
–Exacto, por eso mismo, y ahora resulta que me excita y que me gusta que ese hombre me haya dado con él. –respondió Yolanda.
–Bueno, yo no lo tenía en mente, tampoco. –dijo Sonia.
–Sin embargo, he disfrutado como su puta zorra blanca, ¿Y sabes qué? –preguntó Sonia.
–No. –respondió Yolanda.
–Qué tú, también has disfrutado como su puta zorra negra. –dijo Sonia.
–Es más, durante 20 a 30 hora nos ha tratado como si fuésemos sus esclavas y perras. –dijo Sonia.
–Si, es verdad y no lo puedo olvidar. –respondió Yolanda.
–Pues, no tenemos otra que disfrutarlo, aunque al principio no nos gustase la idea, pero ahora, todo parece haber cambiado. –dijo Sonia.
–¿Te vienes a mi casa esta noche? –preguntó Sonia.
–¿Por? –preguntó Yolanda.
–Estaremos solas, y podemos jugar sexualmente. –respondió Sonia, acercándose a ella, y besándola en su boca.
–¿Lo dices en serio? –preguntó Yolanda, mientras Sonia la besaba en la boca, y estaba super excitada y cachonda, poniéndola a 100%. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Además, tenemos sus sémenes dentro de nuestro cuerpo, que mejor manera que lamérnoslo mutuamente como nos ordenaron Yolanda. –dijo Sonia.
–Nos ordenaron antes de irse que nos limpiásemos mutuamente, pero sólo nos hemos lamido los cuerpos, pero no nos hemos limpiado el semen de dentro de nuestros cuerpos. –dijo Sonia.
–Si, llevas razón. –respondió Yolanda.
–Además, me has excitado, puta zorra blanca. –dijo Yolanda.
–Al igual que tú, puta zorra negra. –respondió Sonia, mientras se besaban y se metían mano entre ellas.
Ambas, se besaban en la boca, en sus cuellos, masajeándose sus pechos, mientras que un grupo de cuatro chicos, las estaban mirando cómo se metían mano y se besaban apasionadamente.
–Mira tú, dos lesbianas, metiéndose liándose. –dijo Pedro.
–¡Ja, ja, ja! –reía de placer José.
–¡Qué buenas que están! –dijo Miguel.
–Ya te digo. –respondió March.
–¿Qué sucede nenes? ¿Queréis follarnos? –preguntó Sonia, provocándolos poniendo su culo y moviéndolo delante de ellos.
–No nos lo digas dos veces, zorra. –dijo Pedro, sacándose la polla para comenzar a metérsela por el culo, pegando un gemido de dolor al sentarla dentro, como se deslizaba. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Yolanda no se quedó atrás, y bajándose las bragas, y levantándose la falda, recibió la polla de March, comenzó a encularla haciéndola gemir de dolor y de placer por su brutalidad. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Tanto José como Miguel, no quería quedarse sin su oportunidad, y comenzaron a follarlas la boca, como su fuesen meros objetos sexuales, siendo folladas sus bocas, metiéndoselas hasta el fondo, y gozando como unas putas zorras, con gemidos de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Los chicos viendo que tenían marcas de azotes en sus culos como en su espalda, por lo que dedujeron, que, a estas putas lesbianas de mierda, les iba sadomasoquismo, comenzando a darles con sus correas dobladas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Mientras, ellas gemían de placer, pidiendo más por sus gestos y movimientos, dejándose hincársela más, gruñendo y gimiendo como perras en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–A estas putas les va la marcha. –dijo Pedro, corriéndose en sus culos, para sacársela y metérsela por su coño, haciéndola gemir de placer, mientras se estaba corriendo, pero recuperando su erección con los gemidos de aquella puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Miguel y José, exigieron que ellos querían, follárselas, también, y se intercambiaron los lugares, y ahora los que estaban follando sus bocas eran Pedro y March, mientras que Migue y José, las follaban sus coños hasta correrse dentro, haciéndolas gemir de placer y de dolor con los latigazos de sus correas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Cuando terminaron de correrse, se las sacaron y se quedaron jadeando para recuperar su aliento, pero tanto Yolanda como Sonia, se pusieron a limpiarles las pollas con la lengua, quedándose alucinados ellos.
–Mira que os gustan las pollas, puta zorra negra. –dijo March.
–Si, que putas cerdas y guarras que son colega. –dijo Pedro.
–Tu sigue ahí, limpiándome la polla puta zorra blanca. –dijo Pedro, copiando a su compañero a la hora de dirigirse a ellas.
Uno detrás de otro, les lamieron sus pollas, pero ya sabéis lo que ocurre detrás de correrse, que nos dan ganas de mear, así que se mearon en sus bocas mientras se la tragaban las dos putas.
Meándose detrás por sus ceras y por sus pechos y por encima de sus cabezas, manchándolas completamente de orina, para sacudirse sus pollas en sus mejillas, y ellas lamiéndoselas, se las dejaron limpias.
–Me encantan las putas zorras lesbianas, tío. –dijo José.
–Ha sido una puta pasada y que noche. –dijo Miguel, mientras se marchaban, dejándolas de rodillas, y disfrutando de su orina como de sus sémenes.
–¿Qué aún tienes ganas de marcha? –preguntó Sonia.
–Claro, que sí. –respondió Yolanda, comenzándola a lamer su cuerpo, besándola como Sonia lo hacía con ella.
Estuvieron un rato lamiéndose como si fuesen perras hasta que se quedaron decentemente aseada, aunque la ropa estaba meada, se levantaron y se marcharon cada una a su casa, satisfechas y con sémenes dentro de sus culos como de sus vaginas.
Había sido una noche muy larga llena de sorpresas, que no sabían si iban a querer olvidarse de ellas, pero de seguro que intentarían ocultárselo a sus amigas y compañeras de trabajo.
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