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Nerea comienza a ser sumisa: Cambio de Vida

Despiertan colgadas en la oscuridad, esperando ser liberadas. En su lugar, encuentran a una adolescente que decide que esa noche no terminará con cuerdas, sino con latigazos, saliva y la pérdida total de su nombre. La libertad no existe; solo queda obedecer.

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CAMBIO DE VIDA

La noche fue pesada tanto para Laura como para Mónica. Habían comenzado a experimentar el BDSM, convirtiéndose en esclavas sexuales. Todo estaba oscuro y tranquilo, mientras colgaban de las argollas.

Tenían que hacer el informe de la revisión del edificio para el día siguiente. Sin embargo, estaban desnudas colgadas como un trozo de carne de vaca, chorreando sus fluidos vaginales, cada tres por dos, durante la noche hasta que se quedaron durmiendo.

Serían las 6:40 horas, cuando se despertaron por el ruido de la puerta del local del sex shop, abriéndose, entrando una chica negra, que debería de tener unos 17 u 18 años.

–¡Vaya quiénes están aquí! –dijo la chica que se llamaba Débora.

–Suelo colarme al edificio a por cosas, que se han dejado en los negocios, y desde luego nunca había bajado al sótano. –dijo Débora.

–¡Vosotros los blancos, tenéis unos gustos raros de narices! –dijo Débora.

Mientras que Mónica y Laura, la miraba sorprendidas, porque no se esperaban que viniese una chica y no Yusef o Ahmed a soltarlas.

–Veo que os han atado a los grilletes y os han dejado colgadas. –dijo Débora, mirándolas con las marcas de los latigazos, y chorreando de fluidos vaginales, y oliendo a pis.

Débora, vio que había una cadena que estaba atada en un gancho, que hacía que estuviesen colgadas.

–¿Queréis que os suelte? –preguntó Débora.

–Si, por favor. –respondieron ellas.

–Si os suelto, quiero jugar con vosotras. –dijo Débora.

–Así que, si estáis de acuerdo, comenzad a ladrar como perras ante vuestra Ama. –ordenó Débora.

No se lo pensaron dos veces, y comenzaron a ladrar como perras en celo, excitadas y cachondas perdidas al recibir esa orden de una chica a la que ni conocían ni sabían qué hacía ahí.

Les habían dicho antes de irse que iría alguien a soltarlas, pero no podían imaginarse que fuese una adolescente de 17 u 18 años de edad.

–¡Guau, guau, guau! –ladraban las dos.

–¡Guau, guau, guau! –ladraban las dos.

Mientras que Débora, las grababa con el móvil, y se reía de risa.

–Mirad, dos putas blancas, pidiéndome que sea su Ama, –decía Débora.

–Muy bien, perras. –dijo Débora, soltando la cadena y cayéndose al suelo para quedarse a cuatro patas como unas perras en celo.

Estaban doloridas y con molestias por haber estado colgadas toda la noche, pero fue escuchar el chasquido de Débora, señalando sus botas, y las dos se acercaron para hacer una reverencia y besar sus botas.

–¡Limpiadme las botas, esclavas! –ordenó Débora.

–Si, mi Ama Débora. –respondieron Laura como Mónica, excitadas y cachondas con sólo escuchar esas palabras.

Las dos comenzaron a lamerle las botas a esa chica adolescente que era más joven que ellas. Sin embargo, su color de piel como si manera de mandar, las excitaba.

De esa manera, Débora viendo que había una fusta, látigos en la mesita esa. Cogió la fusta, y comenzó a darles fustazos en sus culos, haciendo que gimiesen de dolor.

–¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

–Seguid lamiendo, perras. –ordenó Débora, riéndose de risa de ellas.

–¡Ja, ja, ja! –reía de risa, mientras sonaba su móvil, cortando la grabación de la humillación y denigración de esas dos putas zorras blancas.

–¿Dónde estás? –preguntó Iniya.

–Estoy en el edificio en el sex shop. –respondió Débora.

–¿Y qué haces sola en el edificio? –preguntó Iniya.

–Estaba curioseando y vi el local del sex shop por fuera por la parte norte, y quise ver lo que había dentro, así que entre por la puerta que estaba abierta. –respondió Débora.

–¡Adivina lo que he encontrado! –dijo Débora.

–No, ni idea, ¿Muchos objetos sexuales? –preguntó Iniya.

–Si, pero además a dos perras blancas, encadenadas al techo por sus Amos. –respondió Débora.

–Pues, nos acercamos que estamos al lado, y eso queremos verlo. –respondió Iniya.

–Vale. –respondió Débora.

El caso era qué en cosa de unos 10 minutos, entraron tres chicas negras más y una chica blanca.

–No fastidies, dos putas zorras blancas. –dijo Ayana.

–Ya ves. –respondió Débora.

–¿Y cómo has conseguido someterlas y que sean tan obedientes? –preguntó Enya.

–No ha hecho falta hacer nada. –dijo Débora, mientras miraba como le lamian las suelas de sus botas.

–Cuando he llegado estaban colgadas de esas argollas, se ve que anoche tuvieron una fiesta loca y que sus Amos/as, les dejaron así. –respondió Débora.

–Eso quiere decir que volverán a soltarlas, así que vamos a pasarlo bien antes de que vengan. –dijo Ayana.

Cogió un látigo y les comenzó a darles en sus culos, haciendo que gimiesen. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

Las dos comenzaron a lamer las botas de Ayana y de Enya, a ritmo de latigazos en sus culos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

La otra chica que se llamaba Silvia, estaba mirando el resto del sex shop, levantándose Débora y yendo a donde estaba.

–¿Qué has visto? –preguntó Débora.

–Mira, hay collares, anillas, pulseras junto con arneses y algunos consoladores de gran tamaño. –respondió Silvia.

Y al final había una sala donde con un empujó, la abrieron, en donde estaba como una especie de baño, con una maguera y otras cosas como algunos geles depilatorios y afrodisiacos.

Mientras que Ayana y Enya, se habían cansado y ahora les pisaban las caras con sus botas, riéndose mientras las escupían en sus cara y bocas, restregándoselas.

–¿Qué habéis visto? –preguntaron ellas.

–Una sala para lavarse y bañar a los perros. –dijo Débora.

–Estupendo, porque estas dos putas huelen a semen y a orina, se ve que sois muy cerdas y guarras, putas zorras blancas. –dijo Iniya.

–¡Vamos, zorras! –dijo Enya, cogiendo de los pelos a Laura, y obligándola a lamer el suelo sucio que había pisado con sus botas.

–¡Limpia con la lengua, cerda! –ordenaba Enya, mientras que Ayana, lo hacía con Mónica.

En cambio, Iniya, les daba con el látigo en sus culos, haciéndolas gemir de dolor. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

No estuvieron mucho, porque se cansaron, y les ordenaron ponerse de rodillas con las piernas abiertas y con las manos detrás de la cabeza.

Sentándose todas en unas sillas que reunieron del local, comenzaron a escupirles en sus bocas, dándoles bofetadas fuertes, haciendo que gimiesen de dolor. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

Mientras, se reían y hablaban de sus cosas, y de esas dos putas zorras de mierda, con las que estaban pasando el rato.

–¿Qué pasa zorra? –preguntó Enya.

–¿Te excitas, guarra? –preguntó Enya, cogiendo una paleta que había y dándole a Mónica con ella en su culo, la hizo aullar de dolor, para darle a Laura, sin parar, sonando el sonido sólido de la madera al contacto con sus culos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos. –¡Aay, Aay, Aay! –gemían las dos.

–Menudas, puta zorras. –dijo Ayana, viendo como las dos se corrían sin parar como perras en celo, y hasta teniendo unos orgasmos, y gimiendo como putas zorras de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–Vamos a tener que irnos al instituto, chicas. –dijo Débora.

–Espera, que no hemos acabado. –dijo Ayana, descalzándose y poniendo sus pies sudados en la cara de Laura, mientras que Enya, los ponía en la cara de Mónica.

–¡Vamos, respirad, y disfrutad de nuestros olores de pies, esclavas! –ordenaba Enya.

Tanto Laura como Mónica, recibiendo los paletazos en sus culos, con mucho dolor, respiraban el olor de los pies de sus Amas Negras. Mientras que se los restregaban por la cara.

–¡Quitadnos los calcetines con los dientes, perras! –ordenaron ella, viendo como se lo quitaban con la boca y los dejaban dentro de sus botas, comenzando a lamerles sus plantas de sus pies, y a limpiarles la suciedad de entre los dedos, terminando chupando los dedos.

Eso parecía calmarlas, y disfrutar de la adoración de sus pies, mientras que ambas les restregaban sus plantas, limpiándoselas con sus lenguas, denigrándolas más aún. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

Cuando estas tuvieron sus pies limpios, se sentaron Iniya y Débora, a las que les comenzaron a lamerles sus pies y a limpiárselos. Sin embargo, sus compañeras, les daban con el látigo en sus espaldas y culos, haciéndolas gemir como perras en celo de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

Ya se habían cansado, y decidieron mearse en sus bocas, en sus caras y en sus pechos hasta ducharlas completamente, terminando de humillarlas y de denigrarlas por completo.

Tirando de sus cadenas las hicieron ir a la pared, donde las engancharon con la cadena, y subiendo la manivela, las dejaron colgadas de nuevo para escupirles en sus caras.

–¡Venga, putas zorras blancas! –dijo Débora.

–¡Abrid las bocas, esclavas! –ordenó Débora, escupiendo dentro de sus bocas, mientras que las demás, escupían, también, mientras se reían.

Ayana, cogió uno de los látigos que había allí, junto con Enya, y comenzaron a darles latigazos, uno detrás de otro, haciéndome gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–¡Comenzad a contarlos y darnos las gracias, esclavas! –ordenó Débora.

–Somos vuestras Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya y Silvia. –dijo Débora.

–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –repetían las esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Muchas gracias mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –decían las esclavas.

–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –repetían las esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Muchas gracias mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –decían las esclavas.

–¡Zas, Zas! –¡Cinco, seis mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –repetían las esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Muchas gracias mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –decían las esclavas.

–¡Zas, Zas! –¡Siete, ocho mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –repetían las esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Muchas gracias mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –decían las esclavas.

–¡Zas, Zas! –¡Nueve, diez mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –repetían las esclavas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Muchas gracias mis Amas Ayana, Débora, Enya, Iniya, Silvia! –decían las esclavas.

Estuvieron dándoles unos 25 latigazos, mientras gemían de dolor como putas zorras, corriéndose de placer, y soltando sus fluidos vaginales sin poder controlarse. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–Bueno, nos toca irnos que se nos hace tarde para ir al instituto, esclavas. –dijeron ellas, dejándolas tal cual estaban, colgadas de las argollas, corriéndose de placer y con sus marcas de sus latigazos en sus cuerpos.

Pero, se despidieron con una última humillación, ordenándolas que abriesen las bocas, las comenzaron a escupirlas dentro de sus bocas hasta que se llenó para ordenarlas que cerrasen la boca y se la tragasen.

–¿Qué es lo que debéis de decirnos, esclavas? –preguntaron ellas.

–¡Muchas gracias, mi Ama Ayana, mi Ama Débora, mi Ama Enya, mi Ama Iniya, mi Ama Silvia! –respondieron las dos esclavas.

–Muy bien, perras. –dijo Enya, que comenzó a darles bofetadas a las dos y animándose las demás hasta que les dejaron las mejillas rojas de dolor y gimiendo de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–Estás putas de mierda, se corren con nada que les hagamos o sea lo que sea con lo que las humillemos. –dijo Ayana.

–Nos quedan unos minutos. –dijo Silvia, que cogió unas cosas y se las guardó en la mochila, pensando que nadie la había visto.

Iniya cogió unas paletas, y se las dio a las demás, y pensándolo se puso detrás de ellas, comenzó a darles paletazos en sus culos, haciéndolas gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–¿Qué sois? ¿Y quiénes somos nosotras? –preguntó Iniya, atizándoles en sus culos, y gimiendo comenzaron a responder.

–Somos sus esclavas y perras blancas, y son nuestras Amas y dueñas. –respondieron las dos esclavas, con dolor en sus culos, uno detrás de otro hasta que pasaron esos minutos límites.

Pero, fue tiempo suficiente para hacerlas que se corriesen de placer sintiendo muchísimo dolor, para irse riéndose de risa.

Volviendo a quedarse solas y a oscuras, con sólo sus gemidos de placer y quejidos del dolor de sus latigazos y paletazos, pasó el tiempo hasta que llegó las 8:00 horas de la mañana, y nadie venía.

Al rato, sobre las 10:00 horas, llegó una chica que llevaba un collar en su cuello como ellas, y las bajó de las argollas, cayéndose de rodillas al suelo. Aquella chica, sacó de su bolsa unas cremas con un ungüento especial para dárselos, pero al oler a sémenes y orina.

Tiró de sus cadenas, haciéndolas caminar detrás de ella, como dos perras en celo, y encendiendo la luz del local, comenzó a lavarlas a cuatro patas como a los perros con la maguera que tenían en el cuarto de lavadero de esclavos.

Les echó un gel, y comenzó a dárselo con sus manos, lavándolas hasta que estaban limpias por todos los lados y sitios de sus cuerpos. Les metió una goma con una bolsa de un líquido, y les llenó sus culos con él.

–¡Aguantad 20 minutos o sino los castigaré! –dijo la chica negra, dándoles con la paleta fuertemente en sus culos, haciéndolas aullar de verdad. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

Parecía interminable, la espera, sintiendo un dolor tremendo en sus culos, haciendo desear que les ordenaran hacer el cuerpo, soportaron todo el tiempo, por la cuenta que las tenía hasta que llegaron los 20 minutos.

–Id a ese rincón y poneros en cuclillas y cagar como por perros. –ordenó la muchacha negra.

Tanto Laura como Mónica, no se lo pensaron dos veces. Fueron al rincón y poniéndose en cuclillas, comenzaron a cagar echando todo lo que tenían dentro hasta que se quedaron aliviadas por soltarlo todo.

–¡Venid aquí, perras! –ordenó la chica negra.

Las dos la obedecieron y se pusieron como ella ordenó, y nuevamente les metió la goma hasta que las volvió a meter ese líquido hasta esperar otros 20 minutos, terminando de soltarlo todo y dejando sus intestinos limpios.

Las enchufó con las mangueras y las limpio sus culos con el agua y el jabón, hasta su vaginas y pechos, excitándose como dos perras en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

Una vez que terminaron les echó un gel con las manos, lavándolas a cuatro patas como si fuesen perras en celo, excitándose y poniéndose cachondas. Algún gemido placentero se les escapaba, dándose cuenta la chica negra, sonriéndose de risa.

–Os gusta, ¿Verdad esclavas? –preguntó Niobe, que era así como se llamaba.

–Si, mi Ama. –respondieron las dos, recibiendo una bofetada en los morros, haciéndoles gemir de dolor.

–Las esclavas como vosotras, no hablan si no se les da permiso. –dijo Niobe.

–Mi nombre es Niobe, para que se os quede grabado en vuestras cabecitas de putas zorras blancas. –dijo Niobe.

Niobe continuó dándoles el gel hasta que terminó, espero unos minutos, y su cuerpo comenzaba a quemar, y entonces, les echó el agua con la manguera, aliviando su piel, cayéndoseles todos los pelos de su cuerpo, menos las cejas y el pelo de su cabeza. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–Ya estáis listas, esclavas. –dijo Niobe, sacó un sello con la marca de las esclavas, y se las puso en su cintura un poco más debajo de ella, pero no llegando a sus culos, pegando un gemido de dolor ambas.

–Tú nombre será Amina, y el tuyo Anisha. –dijo Niobe, grabando sus nombres en los collares como en las demás cosas que llevaban.

–Sacó unos vibradores anales y vaginales, y se los metió, activándose, haciéndolas gemir de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–Normas, que debéis seguir, esclavas. –dijo Niobe.

–No llevar tacones altos, siempre zapatos planos, las uñas de los pies y de las manos sin pintar y cortadas. –dijo Niobe.

–Sois esclavas de Yusef, que es vuestro Amo y dueño. –respondió Niobe.

–Iréis los martes y los jueves a la cafetería y os sentaréis donde se los indique, esclavas. –dijo Niobe.

–Llevaréis todo puesto y sólo os lo quitaréis para ducharos y detrás os lo ponéis de nuevo. –dijo Niobe.

–La comida que comeréis y que compraréis será comida de perros, y comeréis en el suelo en unos cuencos que compréis en casa. –ordenó Niobe.

–Desde este momento tanto vuestro cuerpo como sexo, le pertenece a vuestro Amo, y para sentir placer, iréis a que él, os lo dé. –dijo Niobe.

–Todo esto, tiene un precio, porque nada es gratis, así que todos los meses pagaréis un tributo como esclavas y perras blancas a vuestro Amo y dueño Yusef. –dijo Niobe.

–Si, no cumplís esto, seréis vendidas en una subasta y perderéis vuestro derecho a seguir siendo semi humanas, porque ahora sois, esclavas y perras blancas del Amo Yusef, para servirle y obedecerle como prometisteis anoche.

Comenzó a darles una crema que era como un ungüento, que les quitó todos los dolores de su cuerpo. Niobe, cogió sus cadenas, y tirando de sus collares, las hizo que las siguieran a cuatro patas hasta llegar al centro de la sala, donde se sentó, poniéndoles sus pies descalzos delante de ellas.

Tanto Amina como Anisha, hicieron una reverencia, y besaron sus pies para ponerse a lamérselos y a chupárselos, limpiándoselos de toda suciedad hasta que se los dejaron limpios.

Estuvieron limpiándoselos durante un buen rato, hasta que se cansó, diciéndolas.

–¡Comenzad a darle placer con vuestra lengua, esclavas! –ordenó Niobe, abriéndose de piernas y mostrándoles su coño húmedo y con fluidos vaginales chorreando por sus piernas como una cerda asquerosa.

Las dos se pusieron a lamérselo y a chupárselo durante un buen rato, haciendo que se corriese de placer y gimiendo como una puta zorra, tragándose ellas todos sus fluidos vaginales, sémenes que tenía en su vagina. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

–¡Abrid la boca y tragárosla toda, esclavas! –ordenó Niobe, meándose en sus bocas, por sus caras por sus pechos y por encima de sus cabezas, haciéndolas gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer y de gusto.

Detrás, cogió sus bailarinas de color negro, para ordenarles que se pusiesen con el culo en pompa.

–Repetid conmigo, esclavas. –ordenó Niobe.

–Soy una puta esclava y perra blanca, propiedad de mi Amo Yusef, al cual pertenezco para servir y obedecer a mi Amo Yusef, como a sus amigos y amigas, que son mis Amos y Amas. –dijo Niobe, comenzando a atizarles en sus culos fuertemente, y haciéndolas gemir de dolor de verdad.

–Si, mi Ama Niobe. –respondiéndolas dos esclavas, repitiéndolo, mientras les atizaba con las bailarinas planas, haciéndoles mucho daño, porque sabía darles con fuerza.

–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos mi Ama Niobe! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Soy una puta esclava y perra blanca, propiedad de mi Amo Yusef, al cual pertenezco para servir y obedecer a mi Amo Yusef, como a sus amigos y amigas, que son mis Amos y Amas! –decían las dos esclavas. –¡Muchas gracias mi Ama Niobe! –decían las dos esclavas.

–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro mi Ama Niobe! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Soy una puta esclava y perra blanca, propiedad de mi Amo Yusef, al cual pertenezco para servir y obedecer a mi Amo Yusef, como a sus amigos y amigas, que son mis Amos y Amas! –decían las dos esclavas. –¡Muchas gracias mi Ama Niobe! –decían las dos esclavas.

Estuvo dándoles zapatillazos hasta que se les quedó grabado en su cerebro la frase de manera automática y les hizo que se corriesen de placer y de dolor, como dos putas cerdas de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.

Detrás de estar dándoles unos 25 a 50 zapatillazos, haciéndolas ver las estrellas, piso sus fluidos vaginales con sus pies, ordenándoles que se diesen la vuelta, las dos esclavas lamian sus pies como dos perras en celo, de manera autómata hasta que dejaron el suelo y sus pies limpios.

Sacó el ungüento y selo dio por sus culos, pegando gemidos de dolor para irse tras escupirles en sus caras y en sus bocas.

–Putas zorras y esclavas blancas de mierda. –dijo Niobe, yéndose, dejándolas en el suelo con temblores de placer y corriéndose sin poder controlarse.

–¡Lamed y limpiad el suelo, esclavas! –gritaba Niobe hasta perderse en la oscuridad.

–Por cierto, tenéis que hacer un trabajo sobre este edificio, así que id al trabajo, y terminarlo, y una vez que lleguéis a vuestra casa, os sacáis los vibradores y no os los pongáis a menos que se os ordene, esclavas. –dijo Niobe.

–Si, mi Ama Niobe. –respondieron las dos esclavas, sometidas y denigradas por aquella esclava negra a la que se postraron a sus pies como sus perras y esclavas blancas.

Tanto Amina como Anisha, lamían sus coños y cuerpos manchados por sus fluidos vaginales y limpiaban el suelo con sus lenguas, lamiéndolos hasta dejarlo limpios.

–Vamos a lavarnos y detrás nos vamos al trabajo para terminar el informe. –dijo Amina.

–Si, vale. –dijo Anisha.

Las dos entraron al cuarto y a cuatro patas se lavaron la una a la otra para aclararse. Vieron que había corta uñas y otras cosas, por lo que se cortaron las uñas de las manos como de los pies, y se quitaron la rompa interior para ponerse su ropa.

Sobre los tacones, rompieron el tacón y lo dejaron plano, y cogiendo sus cosas, se marcharon al trabajo con menos humos que con los que vinieron. Nada más llegar, escribieron el informe, entregándoselo al jefe de manera educada, sumisa y obediente.

Vamos, que eran muy complacientes y serviciales las dos cuando antes quizás, eran muy chulas o presumidas. Mientras iban caminado o incluso, sentadas, gemían de placer por los vibradores anales, poniéndose coloradas, y escapándoseles un par de gemidos, se sentaron en sus despachos para terminar su trabajo durante esa mañana. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.

Sentadas en las sillas, sentía los zapatillazos de su Ama Niobe, gimiendo de dolor, y tuvieron que levantarse para estar de pie, ponerse de rodillas detrás de su mesa, por no soportar el dolor.

No fueron a comer, porque no les apetecía ya que, con orina, fluidos vaginales y semen en su estómago, no tenían hambre, así que llegó las 20:00 horas, y salieron por la puerta para irse a sus casas.

Ese día había sido muy duro, pero recodaron que ese día Jueves, por lo que salieron corriendo para llegar a la cafetería. Esta vez el camarero, es indicó sentarse en una mesa, y nada más llegar a ella, apareció su Amo Yusef, las cueles se desnudaron y dijeron.

–Soy su esclava y perra blanca, mi Amo Yusef, para servirle y obedecerle mi Amo Yusef. –dijeron las dos esclavas, besando sus botas y lamiéndoselas, mientras se sentaba en la mesa para pedir algo al camarero.

La gente sentaba cerca o pasando por delante, las reconocía, riéndose de ellas, y disfrutando de su humillación.

–¡Ja, ja, ja! –reían los clientes que eran habituales, mientras que las dos perras lamían las botas de su Amo.

–Así, muy bien, esclavas. –dijo Yusef, levantado sus botas, mientras sus perras limpiaban sus botas.

En ese momento, entraban por la puerta para sentarse en otras mesas Nerea que se sentó en una mesa para esclavas, desnudándose recibió a su Ama Serena, que se sentaba en la silla, para ella, besar sus zapatos de tacón altos, y lamérselas.

Curiosamente era final de mes, y era ese día en el que Nerea debía de aparecer para mostrar su obediencia a su Ama Serena, y como su Amo Yusef tenía a dos perras nuevas, ella se ocupaba de su esclava Abyad.

–¡Qué sepáis qué en presencia de vuestras amigas, cuando os refiráis a mí, será de usted y como mi Amo! –ordenó Yusef.

–Si, mi Amo Yusef, –respondieron las dos, besando sus botas y lamiéndolas.

Yusef tomaba una copa de whisky con coca cola, mientras escupía al suelo para que sus perras lo lamiesen. Sentía un poder sobre ellas, que le daba placer, al igual que sentía su hermana con su esclava Nerea, que había sido su amiga en el instituto.

Sus vidas, habían cambiado seducidas por Yusef y sus artes seductoras que las llevaron al lado oscuro.