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Ese accidente que lo cambió todo (8)

Desde la oscuridad de su terraza, Claudio no podía evitar ver lo que ocurría al otro lado. Mariana, la mujer que le había regalado una pulsera, estaba siendo poseída por dos hombres mientras él, a metros de distancia, solo podía escuchar sus gemidos y sentir el peso de su propia soledad.

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Capítulo 8

En la primera semana de diciembre, hablé con mis amigos que me preguntaron si iría para La Plata para las fiestas, pero no les pude dar una respuesta en ese momento, tanto la Navidad como el fin de año, caían en fin de semana, con lo cual, al lunes siguiente había que volver a trabajar.

Lo hablamos con Marcos y con Esteban y ellos me dijeron que quizás nos podríamos turnar, irnos a La Plata, un fin de semana ellos, y el otro yo.

El jueves cuando Mario llegó a Mar del Plata, luego de una conversación sobre la obra y los trabajos, le comenté lo que habíamos hablado con los ingenieros y estuvo de acuerdo, diciéndome además, que tanto ellos, como yo, podríamos volver al trabajo el martes, para que se nos hiciera un fin de semana más largo. Le agradecí, ya luego hablaría con los chicos, si no tenían problema, me gustaría irme a La Plata para Navidad, y que ellos lo hicieran para fin de año.

Me gustaba pasar la Navidad con mis amigos, hacerles regalos, ver sus caras al abrirlos, sobre todo la carita de los pequeños, que eran como sobrinos para mí, de hecho me encantaba cuando me decían “tío Claudio”.

Al igual que en La Plata, en varias tardes que salí al centro, compré los regalos para todos, para mis amigos, sus esposas y para sus pequeños, ya que llegaría el mismo veinticuatro de diciembre y los negocios en La Plata estarían a reventar.

No volví a tener noticias de Marisa, ni ella ni Ester me llamaron o mensajearon, yo había decidido no hacerlo, para no alimentar ninguna expectativa con ella, incluso empezaba a pensar en que no volvería a verla, y en parte entendía que así fuera, lo que a mí me pasaba, sin dudas nada tenía que ver con su realidad.

Ese viernes veintitrés de diciembre, luego de la jornada de trabajo, cargué todas las cosas en la camioneta y a las tres de la tarde, antes de irme, le toqué la puerta a mi vecina, que me abrió solo con una larga remera, por el calor que hacía.

-Hola Mariana! Ya me voy para La Plata!

-¿Tenés tiempo para unos mates?

-Bueno, dale! Unos mates y me rajo!

Mientras preparaba el mate, del bolsillo saqué un pequeño paquete, un regalo que le había comprado, nada especial, una pulsera con un dige de piedra que me había gustado.

Cuando volvió con el mate se lo entregué:

-Para vos Mariana! Regalo de Navidad!

-¿Para mí?

-Así es! Por ser tan buena vecina!

-Ay gracias! Qué mal! Yo no te compré nada!

-Tranquila! Me gusta hacer regalos, la vi en el centro y pensé que te podría gustar…

Abrió el paquete, sacó la pulsera y por su cara supe que le gustaba, no me lo esperaba, y con la pulsera en la mano me dio un abrazo, en el que pude sentir sus generosas tetas contra mi pecho.

Estiró su brazo y me dio la pulsera para que se la colocara, lo hice y me dijo:

-Gracias Claudio! Me encanta!

-Cuando vuelvas, tendré un regalo para vos!

-No hace falta Mariana!

-Es que ahora me siento en deuda…

Me dijo mirándome con cara como de “podemos saldar la deuda de alguna otra manera”, pero me hice el boludo.

Tomamos unos mates y veinte minutos después, nos despedimos, nuevamente con un abrazo, deseándonos mutuamente una feliz Navidad.

Con muchas ganas de ver a mis amigos, que son mi familia, minutos antes de las cuatro de la tarde, ya estaba en la ruta dos, camino a La Plata.

*

En esas horas de ruta, que por suerte no estaba muy congestionada, fui pensando en la posibilidad de irme a vivir a Mar del Plata, después de todo, podría viajar a La Plata algunos fines de semana, y mis amigos podrían visitarme allí, podría buscar una casa con dormitorios suficientes para que no tuvieran que pagar hospedaje, y pudiéramos disfrutar las vacaciones todos juntos.

Unos pensamientos ambiciosos, pero vendiendo mi casa de Gonnet, más el dinero que tenía ahorrado, podría conseguir una casa así en Mar del Plata, allí las propiedades suelen costar menos que en La Plata, pero bueno… ya vería…

Entré en La Plata a las nueve menos cuarto, mis amigos sabían que llegaba, y me habían dicho de juntarnos a cenar, pero les dije que esa noche descansaría del viaje y que nos veríamos al día siguiente en casa de Pablo.

Como cada año, ese día de Navidad fue hermoso, me encantaba ver sus caras abriendo los regalos, para los que no escatimaba en gastos, y mis amigos me sorprendieron también con los suyos, sin dudas una noche en familia.

Llegué a casa a las cuatro de la mañana, y habíamos quedado de acuerdo en vernos el domingo por la tarde en el Parque Ecológico de Villa Elisa, allí los peques podían jugar, correr, patinar y andar en bicicleta, y luego cenaríamos en casa de Gabriel.

El lunes mis amigos tenían que volver al trabajo, por lo que nos despedimos el domingo en la noche, luego de la cena.

Salí para Mar del Plata ese lunes veintiséis a eso de las dos de la tarde, para llegar antes del anochecer, hacer algunas compras y acostarme temprano, al día siguiente tocaba volver al trabajo.

Ya en la ruta, no podía dejar de pensar en Marisa, ¿cómo estará su vida ahora? ¿Estará más tranquila o estará con pesar por el fracaso de su matrimonio?

Sin dudas tenía ganas de verla, de hablar con ella, pero las cosas estaba así… ella en su nueva vida y yo… bueno yo no andaba muy lejos, pensando también en mi nueva vida… ¿en Mar del Plata?

*

Vi a mi vecina recién el jueves veintinueve, estaba sentado en la terraza leyendo, cuando escuché que golpeaban la puerta.

Al abrir, me la encontré con un paquete en la mano, y por la forma sin dudas un libro.

-Hola Claudio!

-Hola Mariana! Pasá!

Antes de entrar, me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla.

-Esto es para vos!

-Muchas gracias! Pero no hacía falta!

-Es que cuando me regalaste la pulsera, me quedé pensando… no se me había ocurrido hacerte un regalo… es la verdad… pero al ver tu gesto, pensé en que nunca había tenido un amigo varón… y me pareció lindo devolverte la atención…

Me dijo casi sonrojándose al catalogar nuestra relación como de amistad, y para mí estaba bien, en el fondo podíamos ser amigos, aunque algo más si yo lo hubiera decidido.

Abrí el paquete, vi el libro, que no había leído y se lo agradecí con un abrazo.

Nos sentamos a tomar unos mates, le conté de mis días en La Plata, de mis amigos, de los regalos y que para el fin de año estaría en Mar del Plata.

En un momento se quedó en silencio y me pareció que me quería decir algo pero no se animaba o no sabía si hacerlo, pero tomó aire y me dijo:

-Claudio, ¿te puedo contar algo?

-Por supuesto!

-Solo espero que no lo tomes a mal… o… pienses mal de mí…

-No creo que lo que me cuentes me haga pensar mal de vos… no creo que sea algo tan malo…

-No, no es nada malo, es… no sé cómo decirte… algo que surgió…

-Tranquila, si no estás segura de hacerlo, no es necesario que me lo cuentes…

-Es que… quiero contártelo… el… el viernes pasado…

Se le subieron los colores, quizás porque se avergonzaría de lo que me iba a contar.

-Tranquila Mariana!

-El viernes salimos con Marcos y con Esteban a tomar algo, los encontré cuando estaba saliendo y me invitaron a tomar unas cervezas y… y sin nada que hacer, acepté…

-Y está muy bien! Son personas adultas… pueden hacerlo…

-Claro… el asunto es que esa noche terminé en la cama con Esteban…

Lo dijo como con vergüenza, como disculpándose por haberlo hecho, pero estaba en su derecho de hacerlo, y le dije:

-Está muy bien…

-En realidad me había fijado en Marcos, pero cuando volvimos estaba bastante borracho, de hecho Esteban le tuvo que ayudar a subir, después nos quedamos hablando y… una cosa llevó a la otra y terminamos en mi cama.

-Y está muy bien Mariana…

-El tema es que al otro día, subió Marcos, me golpeó la puerta, estuvimos hablando, se disculpó por la borrachera, y… bueno… terminé en la cama con él también…

-Y sigue estando bien, si ambos estaban de acuerdo…

-Pero es que el tema no quedó ahí, la noche de navidad, como ellos estaban solos, les dije si querían que cenáramos en casa, ya que también estaba sola, así que vinieron a cenar conmigo, y bueno… terminamos los tres en mi cama… perdón… me da vergüenza contártelo… pero nos seguimos viendo, con Marcos, con Esteban o con los dos! Estos días han estado en casa todos los días…

-Mariana, no te avergüences, son tres personas adultas, si vos estás de acuerdo con ellos y les gusta hacerlo, no hay nada más que hablar…

-Es solo sexo… pero no quiero que pienses que soy una trola que se encama con cualquiera…

-No lo pienso, y si así fuera, mientras sea tu decisión está perfecto… cada uno tiene que vivir su vida como quiere, con las personas que quiere y haciendo las cosas que tiene ganas, conociendo a Marcos y a Esteban, lo único que me preocuparía es que no se comportaran bien con vos, que no te trataran bien o que hablen por ahí de vos, el resto es cuestión de ustedes tres, si para ustedes está bien, pues adelante…

-Más que nada por si escuchás algo, aunque tratamos de no ser muy escandalosos, bueno… para que sepas… y bueno… son dos chicos muy piolas, y desde ya te digo que nunca me han tratado mal, ni se han aprovechado, ni nada raro, se dio así… y bueno… además decirte que nunca había estado con dos hombres, y menos a la vez, es algo nuevo para mí…

-¿Lo pasás bien?

-Uff…! Más que eso te diría…

-Eso es lo importante! Lo que puedan decir o pensar los demás, incluido yo, no les tiene que importar, y desde ya te digo que por mí… hacé de cuenta que no sé nada! Y por supuesto no voy a juzgarte ni pensar mal de vos!

-Quizás ellos te lo comenten…

-Ni falta que hace… lo que hagan fuera del trabajo es asunto suyo, en nada me incumbe…

-Mañana se van para La Plata, así que esta noche… seguramente estaremos los tres… como despedida del año!

-Está muy bien!

En ese momento la tomé de la mano y le dije:

-Mariana, sos una mujer sin compromiso, viví lo que desees vivir, que la vida es una sola…

-Gracias Claudio! No quería que pensaras mal de mí…

-Tranquila! No voy a pensar mal de vos por esto…

Conversamos un rato más de otras cosas y luego se fue para su departamento.

*

En la noche de fin de año, al estar solo y no estar Esteban y Marcos, le dije a Mariana si quería que cenáramos juntos y me dijo que sí.

Eran las ocho de la noche, acababa de poner a cocinar el asado al horno con papas para la cena, cuando escuché nuevamente la entrada de un mensaje en mi teléfono, ya había recibido varios saludos, de Marcela, de los chicos que trabajan conmigo y de Mario.

Mentiría si dijera que no esperaba el saludo de Marisa, el año anterior lo había hecho y esperaba que este año lo hiciera también.

Al ver la pantalla, sí que me sorprendí, era un mensaje de Carlos, que abrí para verlo.

-Feliz año nuevo Claudio! Que el 2023 sea un gran año para vos! Un abrazo y en unos días te estoy llamando!

No esperaba ese mensaje, pero tenía que contestar, al parecer no me relacionaba con su divorcio, no sabía si decirle que estaba en Mar del Plata, y le contesté, también por mensaje:

-Muchas gracias Carlos! Que sea un gran año también para vos! Estoy trabajando y viviendo desde hace meses en Mar del Plata! Un abrazo!

No hubo más mensajes, y en verdad lo agradecí, tampoco tenía muchas ganas de cruzar mensajes con él.

Quince minutos después volvió a entrar otro mensaje, y esta vez sí era de Marisa y el corazón se me aceleró, el mensaje decía:

-Hola Claudio, ¿cómo estás? Espero que muy bien! Te quería desear lo mejor para este 2023 que ya llega! Espero se cumplan todos tus deseos y proyectos! Te mando un beso.

El mensaje me resultó como escueto, como una formalidad de alguien que saluda a un conocido, pero… ¿qué más pretendía? A pesar de saber que se había divorciado o estaba en ello, para ella tan solo era un conocido, solo eso…

Pensé un momento que contestarle, y finalmente le escribí:

-Hola Marisa! Muchas gracias! Que este 2023 te llene de buenos momentos, que valga la pena vivir cada día, que cada sueño se haga realidad, que cada proyecto se concrete, que cada deseo se cumpla. Feliz año nuevo! Te mando un beso y otro para Ester!

No le dije nada que no sintiera decirle, más allá de todo, le deseaba una buena vida.

No hubo respuesta, aunque tampoco la esperaba, al no hablar con ella desde hacía tiempo, no estaba al tanto de lo que ocurría en su vida.

Cenamos con Mariana en mi departamento, y luego nos fuimos a la costa, a las playas del centro a recibir el nuevo año viendo los fuegos artificiales, un hermoso espectáculo.

Nos saludamos con un abrazo en la llegada del nuevo año, y brindamos con el champagne que habíamos llevado, casi como toda la gente en la playa.

Habían pasado unos minutos ya del nuevo año, cuando mis amigos me hicieron una videollamada para saludarme, estaban en casa de Pablo, allí habían cenado junto con la hermana de Pablo, el esposo y sus niños.

Hablamos por casi veinte minutos, les dije donde estaba y con quien, incluso les presenté a Mariana, que los saludó también.

Después nos fuimos a un bar, nos tomamos unos tragos conversando y riéndonos y a eso de las cuatro de la mañana, volvimos a nuestros departamentos, despidiéndonos con un abrazo y los deseos de un buen año para los dos.

Ya en mi cama no pude dejar de pensar en Marisa, ¿cómo será su vida ahora? ¿Ya habrá conseguido una casa para mudarse? ¿Habrá pasado sola las fiestas, o con Ester, o con sus amigas? ¿Habrá vuelto a verlo o a hablar con Carlos? ¿Habrá aparecido alguien más en su vida? Pero me di cuenta que no tenía sentido seguir pensando en esas cosas, el destino la había puesto en mi camino aquella noche lluviosa, pero lo que vino luego lo había enturbiado todo.

*

Volvía al departamento ese jueves cinco de enero luego del trabajo, cuando recordé que el once era el cumpleaños de Marisa y mientras me tomaba unos mates, se me ocurrió enviarle un regalo, y definitivamente sería un libro.

Me subí a la camioneta y me fui al centro, estacioné y busqué una librería.

Estuve mirando libros un buen rato, viendo que comprarle, y al final me decidí por una novela, “El tercer paraíso”, antes de que la chica lo envolviera, le pedí una tarjeta para escribirle algo, y le puse:

“Feliz vuelta al sol Marisa! Espero lo disfrutes! No te olvides de pedir los tres deseos al soplar la velita! Que sea un excelente día! Un beso! Claudio.”

Nada creativo en verdad, pero tampoco quería decir mucho, tan solo que entendiera que me había acordado de su cumpleaños.

Salí de la librería y antes de subir a la camioneta, busqué en mi teléfono alguna empresa de envíos para hacérselo llegar, pero al no saber donde estaba viviendo, se lo enviaría al consultorio.

Encontré una empresa de encomiendas que estaba en la terminal de ómnibus, y hasta allí fui.

Le pregunté al muchacho que me atendió cuando llegaría a La Plata si lo enviaba en ese momento, y me dijo que si lo retiraban en la terminal de ómnibus, el lunes, pero si lo enviaba a domicilio, podía ser el lunes o el martes.

Terminé enviándolo ese mismo momento, para no tener que volver, poniendo la dirección de los consultorios.

De regreso al departamento, se me ocurrió llamar a Pía, la secretaria de Marisa, para avisarle del envío y de ser posible, que se lo entregara el once.

Al día siguiente, cuando paré para almorzar, llamé al consultorio, y una voz femenina me atendió.

-Consultorio buenos días!

-Buenos días, mi nombre es Claudio García Borré, paciente de Marisa!

-Qué tal! Necesitás un turno!

-En esta oportunidad no… te explico… estoy viviendo en Mar del Plata y recordé que el miércoles once es su cumpleaños y le envié un presente, ¿sabés si irá ese día?

-Sí, atiende normalmente!

-Buenísimo! ¿Te podré pedir un enorme favor entonces?

-Decime!

-El paquete estará allí el lunes o el martes, ¿te podré pedir que se lo entregues el día de su cumpleaños?

-Sí, claro! ¿Vos sos el hombre al que Marisa le chocó la camioneta?

-Así es! Ya me acuerdo! Y me acuerdo que te atendió el año pasado en el día de su cumpleaños!

-Correcto! Qué buena memoria Pía!

-Bueno, la tuya también! Recordaste mi nombre…

-Sí, recuerdo que ella te nombró ese día!

-Quedate tranquilo que se lo doy el once!

-Muchas gracias! Sos muy amable!

-No hay por qué! ¿Querés que le diga algo?

-No, con darle el paquete es suficiente! Gracias!

-Nos vemos! Que tengas buen día!

-Igual para vos!

Volví al departamento pensando en que seguramente ese día, me llamaría o me mandaría un mensaje para agradecerme…, y mentiría si dijera que no esperaba que ya fuera once de enero…

*

La obra iba muy bien, dentro de los plazos de ejecución que se habían proyectado en agosto, por lo que de no mediar ningún inconveniente, se terminaría a finales de febrero o primeros días de marzo.

Mario durante el mes de enero, vendría solo los dos primeros jueves, en la segunda quincena tomaría vacaciones, por lo que Marcos, Esteban y yo quedaríamos a cargo de la obra.

El miércoles once al levantarme pensé en Marisa y si enviarle o no un mensaje por su cumpleaños, pero me dije que con la tarjeta en el libro era suficiente.

Durante todo el día estuve pendiente del teléfono, pero recién llegó un mensaje de Marisa a las cinco y media de la tarde, en el que decía.

-Te acordaste… Muchas gracias por el libro! Y al soplar la velita pediré los tres deseos, aunque este año los deseos han cambiado… Un beso.

Decidí no seguir contestándole, dejar la conversación allí, el tono del mensaje me había parecido algo así como que no estaba en su mejor día y de haber estado en La Plata, seguramente hubiera hecho algo para sacarle una sonrisa.

*

Habitualmente, cuando Mario estaba en Mar del Plata, cenábamos juntos el jueves, pero ese último jueves, me dijo que lo haría con un matrimonio de amigos de Córdoba, que estaba de vacaciones en Mar del Plata.

Luego de hablar con él hasta casi las ocho, decidí comer algo por ahí, antes de llegar a casa.

Paré en una parrillita donde algunas veces había comido y a eso de las nueve y media me volví para casa.

Entré al departamento, me di un baño, había sido un día caluroso y la noche no había traído casi alivio, y en el departamento hacía mucho calor.

Luego de bañarme, solo con el bóxer, saqué una lata de cerveza de la heladera y salí a la terraza, para encontrarme con un espectáculo que me tomó por sorpresa.

En la terraza del departamento de mi vecina estaban Mariana, Marcos y Esteban, los tres desnudos, En cuatro sobre la reposera que mi vecina tenía en la terraza para tomar sol, Mariana estaba siendo penetrada desde atrás por Esteban, mientras que se la chupaba a Marcos, parado frente a ella.

Al salir descalzo, sin encender la luz y sin hacer ruido, el trío no se percató de mi presencia, y no era el caso quedarme allí viendo el placer que se estaban dando, pero en esos pocos segundos, no pude evitar ver el cuerpo de Mariana, un lindo culo y unas soberbias tetas que se balanceaban con cada embestida de Esteban, sin dudas la estaban pasando bien, seguramente pensando en que yo estaba cenando con Mario, y con tanto calor, habían decidido hacerlo en la terraza.

Volví a entrar al departamento, me senté en la mesa y me terminé la cerveza, inevitablemente, en el silencio de la noche no pude evitar escuchar los gemidos de mi vecina, ante su seguro orgasmo.

Finalmente, me tiré en la cama con el ventilador, busqué música en mi teléfono y me coloqué los auriculares, y no sé en qué momento me quedé dormido, tanto que no escuché cuando los chicos se fueron a su piso.

*

A mediados de enero, mis amigos me llamaron para decirme que se vendrían de vacaciones a Mar del Plata, la última semana de enero y por diez días, que ya habían alquilado una casa con parrilla por la zona de Punta Mogotes, muy cerca de donde yo estaba viviendo.

Me alegró mucho esa noticia, podríamos compartir varios días, al menos por las tardes, luego de que yo salía de trabajar.

Y ya estaba deseando que llegaran esos días, aunque nos conocemos desde hace tiempo y compartimos muchas cosas, nunca habíamos estado todos juntos de vacaciones, y aunque yo no tendría vacaciones hasta que se terminara la obra, y no estaría viviendo con ellos, seguramente nos veríamos todos los días, llegarían el domingo veintidós y se quedarían hasta el treinta y uno de enero.

El sábado salí temprano con la bicicleta, había decidido ir hasta Sierra de los Padres, no estaba cerca, pero tenía ganas de conocer esa zona.

Eran algo así como treinta kilómetros, pero me lo tomé con calma, paré un par de veces y llegué antes del mediodía, saqué un montón de fotos y mientras almorzaba en un restaurante que tenía las mesas bajo unos inmensos árboles, publiqué una, la primera en la que aparecía mi cara, con la sierra de fondo, era una selfie donde se me veía tan solo la cabeza con mi caso y mis anteojos de sol.

Ya emprendiendo la vuelta, pasé por la Laguna de los Padres, me senté un momento a la sombra a disfrutar de esa vista y publiqué otra foto.

Ambas fotos tuvieron varios “me gusta” y mirando me di cuenta que podía saber quien había visto la publicación, para darme cuenta que entre esas personas estaba Marisa.

Seguí husmeando en la aplicación, cosa que no había hecho antes, y viendo quienes me seguían, entre varias cuentas que no sabía de quienes eran, estaba la de Marisa.

Hice clic en su cuenta, y al estar abierta, pude ver sus publicaciones, ¿cómo nunca se me ocurrió ver si tenía una cuenta? Le di a “seguir”, y vi sus fotos, muchas de ellas de la clínica, con sus socias, con amigas, con Ester, y llegando hasta el final, no tenía ninguna con su ex marido, ¿las habrá eliminado o nuca las había tenido?

Volví tranquilo para el departamento, llegando a las siete y media de la tarde, me di un baño, me cambié y salí a cenar, bastante cansado como estaba, no tenía ganas de cocinar.

El domingo veintidós, luego de que mis amigos me pasaran la dirección de la casa que habían alquilado, los esperé allí, para saludarnos ni bien llegaran.

A eso de las doce del mediodía los vi llegar, en ambos autos, nos saludamos como siempre, con esos abrazos tan sentidos.

Bajaron sus cosas y los invité a almorzar a uno de los restaurantes del puerto, donde la pasamos muy bien, luego fuimos a la playa donde disfrutamos toda la tarde y finalmente cenamos en la casa.

Luego de la cena, los pequeños estaban reventados y se fueron a dormir, nos quedamos conversando con mis amigos, en eso Gabriel me dijo:

-Clau, quiero mostrarte algo:

Buscó algo en su teléfono y luego me lo dio:

-¿Esa mujer es Marisa?

En la foto, al parecer recortada, la reconocí, sin dudas era Marisa.

-Sí es Marisa!

Y Gabriel me dijo:

-Pasá a la siguiente foto!

Deslicé el dedo por la pantalla y en la siguiente foto, estaba Marisa en una mesa de restaurante al aire libre, sin dudas almorzando, y frente a ella, un hombre de más o menos cuarenta años, tan solo ellos dos, y se me hizo un nudo en el estómago al ver la foto, y en ese momento Gabriel dijo:

-Son del sábado pasado, fuimos con Pau a comer ahí, es un restaurante de City Bell y cuando la vi me pareció que era ella, por eso le saqué la foto. No estuve mirando todo el tiempo, pero las veces que miré hacia su mesa, la vi tan solo conversando y se fueron antes que nosotros, los vi irse pero sin ninguna actitud de cercanía, o sea, no iban abrazados ni de la mano, ni nada de eso…

-Está bien Gaby, por lo que me contó Ester, está divorciada o en camino a estarlo…

-Quería que lo supieras, sabemos lo que te pasa con esa mujer, más que nada para que no tengas expectativas que no se lleguen a concretar…

-Entiendo… pero tengo en claro que lo que a mí me pasa, en nada debe parecerse a lo que le debe estar pasando a ella, que sé yo… creo que tan solo son cosas mías…

El tema quedó ahí, y entendí la razón por la que me mostró esa foto, para que no me ilusione con algo que quizás nunca ocurra.

Un rato después, me fui para el departamento, como yo tenía que seguir trabajando, quedamos de acuerdo en que me avisaban por donde andaban, y cuando salía me iba para allí.

De camino a casa tenía esa sensación rara, esa que nunca había tenido, una mezcla como de angustia, de desazón, de sentir que todo era en vano, no sé… nunca me había sentido así, y el pecho seguía estrujado…

Al día siguiente, me avisaron que estaba en uno de los balnearios de Punta Mogotes, y al salir del trabajo me fui para allí, mientras tomábamos unos mates, hice una foto de todos juntos y la publiqué en Instagram, y se me dio por mirar la cuenta de Marisa, para encontrarme con una foto de ella en la playa, sentada sobre una toalla, con las piernas recogidas, sus brazos cruzados sobre ellas, y mirando hacia el mar. La foto estaba tomada a la distancia, por lo que alguien más tuvo que hacerla, y detrás de ella, una sombrilla clavada en la arena, con dos reposeras debajo.

Aunque no dije ni comenté nada, esa sensación de desasosiego volvió a aparecer, ¿estaría de vacaciones con ese hombre de la foto? La puta madre, me afectaron tanto esa foto y mis pensamientos, que decidí darme un chapuzón en el mar, como para cambiar de tema.

Así hicimos todas las tardes de esa semana, que fueron todos días de sol y calor, y cada tarde, nos veíamos en playas diferentes, luego cenábamos juntos y me iba a dormir temprano.

El sábado veintiocho, me vinieron a buscar y conocieron el departamento en el que estaba viviendo y de allí nos fuimos para Sierra de los Padres, donde nos quedamos casi todo el día, volviendo a Mar del Plata donde cenamos en su casa.

Ya acostado en mi cama, no podía dejar de pensar en Marisa y en lo que me estaba pasando, pero ¿qué podía hacer? No había nada entre nosotros, ella acaba de salir de un matrimonio de mentiras e infidelidades y debe estar comenzando su nueva vida…

Sin dudas tenía que buscar la manera de sacarla de mi cabeza, cada vez más, me parecía que no tenía ningún sentido seguir pensando en ella o imaginando cosas que nunca pasarían.

*

Llegó el día en que mis amigos debían regresar a La Plata, ese martes, me escapé del trabajo al mediodía para almorzar con ellos por última vez, ya que a eso de las tres de la tarde, ya dejaban la casa.

Nos despedimos allí mismo entre abrazos, les ayudé a cargar todas sus cosas en los coches y luego de que arrancaran, me volví para el departamento, y por primera vez desde que estaba en Mar del Plata, me pegó el bajón por estar solo…

Continuará…

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