Xtories

Después del concierto

La música aplasta los cuerpos en la oscuridad, pero sus miradas se clavan con más fuerza. Cuando ella se gira y sus pechos chocan contra él, el concierto deja de importar. Solo queda el calor de la piel y la promesa de lo que harán cuando la luz se apague.

vorpatril11K vistas9.0· 6 votos

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Me apetecía mucho ver a ese grupo. Últimamente lo llevaba siempre puesto en el CD del tractor. Así que cuando me enteré que tocaban en la capital de la provincia hice mis planes. Dejé el tractor en la nave y vestido solo con el short vaquero y las playeras me fui a dar una ducha.

De camino encontré a mi primo con el que había perdido la virginidad hace algun tiempo. No quiso acompañarme pues habia quedado con su ligue actual, un chico del pueblo de al lado con el que se bañaba desnudo en la acequia por las noches.

- ¡Hola primo! ¡Qué guapo vienes!.

- Si, casi en bolas, como te

gusta a tí. Maricón.

Bromeàbamos entre risas.

- Si fuera por mí te lo quitaría todo. ¿Te vienes a la acequia esta noche?

- ¿No te estorbar con tu novio?.

- No somos novios, solo buenos amigos. Y cuanta más gente mejor. Te va a encajar si culito.

- ¿Más que el tuyo?.

- Eso es imposible. Pero ya sabes lo guapo que es.

- Tengo otros planes. Sino me iba con vosotros.

- Pues nada, suerte.

Tenía muy claro que él es gay así que nos despedimos con un buen morreo y no sin que él metiera la mano por dentro de mis cortos pantalones para darle un buen achuchón a mi polla. Pero a mi también me gustan las chicas. Así que dejé pasar esa oportunidad. Aunque sabía que me lo hubiera pasado muy bien con ellos.

Ya en casa no perdí mas el tiempo para quedarme desnudo del todo y darme una buena jabonada y repasar el depilado. Pensando en si conseguiría ligarme alguna chica me coloqué un tanga sexi. Metí unos cuantos condones en el bolsillo y una camisa ajustada para marcar pecho y biceps. Que no digan que los de pueblo no somos sofisticados.

Cogí el coche y aparqué lo mas cerca que pude de la plaza mayor. Las multitudes se encaminaban hacia el escenario y yo aprovechaba para no perder detalle de los escotes y minifaldas, piel femenina expuesta en la noche veraniega. Incluso el culito de algún chico atraía mi mirada.

Intenté colocarme lo mas cerca posible del escenario. Allí donde la multitud se cerraba más, para sentir el roce de los cuerpos calientes, chicos y chicas. Conseguí llegar casi hasta el altavoz donde me detuvo el culo fantástico de una morena. La presión de la gente me obligaba a pegarme a ella que parecía ajena a todo lo que ocurría a su alrededor concentrada solo en la música.

Bailaba todo lo que podía comprimida entre la gente. En uno de sus saltos aterrizó sobre mis playeras. No hubo daño pero por fin se dio la vuelta y pude contemplar su magnífica delantera. Los pechos perfectos, no muy grandes cónicos y firmes, y los pezones duros por la excitación marcados en la tela de su camiseta de tirantes.

No podía ver mas abajo por que me lo impedía la gente que me apretaba contra ella aunque ya había comprobado la dureza de sus nalgas. Ella si consto darme un buen repaso de las playeras a la raiz del cabello.

Tiene una bonita cara y una nariz respingona. Con los dos besos de rigor se presentó clavando sus durisimas tetas que se sosteníán sin necesidad de sujetador en mi pecho.

- ¡Perdona!. Te he pisado.

- No pasa nada. No me ha dolido.

Contesté sonriendo.

- Soy ******* Quiero disculparme por pisarte, no te alejes. Por favor.

Pidiendo mil disculpas por el pisotón del que ya ni me acordaba. El resto del concierto lo pasamos juntos. Ella me arrimaba el culito prieto que tanto me había impresionado desde el principio a la bragueta. Incluso si me separaba de ella por la gente sujetaba mi mano para mantenerme cerca.

Cuando pasé los brazos alrededor de su cuerpo para cogerle de la cintura no protestó en absoluto. Viendo que mis avances no caian en saco roto incluso me atreví a dejar algún beso en sus hombros desnudos o en su cuello y cuando lo hacía ella se apretaba aún más a mi cuerpo.

Al terminar el concierto me arrastró de la mano hasta un discreto café donde conseguimos una mesa en un rincón solitario, ella me dijo que invitaba para disculparse del pisotón.

- Aquí estaremos bien. Y así me perdonarás por pisarte.

- Ya hace un buen rato que te he perdonado. No hace falta más.

- ¿Y si yo quiero que haya más?.

- Entonces no me quejaría.

Por fin pude contemplarla a gusto, es algo mayor que yo pero está buena de verdad. Unos largos y ahusados muslos marcados en el estrecho vaquero, una fina cintura que había podido apreciar cuando la rodeé con mis brazos. Y sus pechos orgullosos e insolentes que me apuntaban. No podía dejar de mirarle el generoso escote.

Acercó su cara a la mía y por fin pude besar sus rojos labios que casi de inmediato se abrieron para recibir mi lengua en el interior de su boca. La suya reaccionó al instante cruzandose con la mia en un jugeteo muy placentero. Fue un movimiento natural, era el avance lógico.

Deslicé una mano lentamente de su cintura al pecho y apoderarme suavemente de su pezón, rozandolo con insistencia. Soltó un gemido. Su boca dejó la mia para para pasear la lengua por mi oreja y meterla en mi oido, lo que me excita mucho y de lo que ella se dió cuenta de inmediato, mirando directamete mi bragueta.

- ¡Me gustas!.

- Y tú a mí.

- ¿Te vienes a mi piso?

- No hay nada que me apetezca más.

Al oido me dijo que si quería acompañarla a su piso. Y yo que en ese momento tenía una mano en su culo no pude, no quise negarme, tenía una ganas locas. La llevé en mi coche. Conduje hasta su casa para asi poder coger el coche en cuanto nos despidieramos. Pude aparcar en su garaje.

Allí mismo en el parking la besé de pie juntando nuestros cuerpos calientes. Recorrí su espalda con mis manos amasando sus nalgas. Ella no se quedó atrás en absoluto me acariciaba el pecho y devoraba mi boca con ansia rodeando mi cuello con sus brazos.

- Déjame abrir la puerta o vamos a ser la comidilla de mis vecinos.

Lo decía porque la tenía cogida de la cintura apretando su portentoso culo contra mi paquete. Había conseguido apartar la melena y estaba lamiendo su cuello y oreja. Y todo eso en medio del pasillo.

Subimos en el ascensor sin separar nuestros cuerpos ni un centimetro. Ya en el sofá me propuse desnudarla de la forma mas tierna que supe. Lentamente bajé los tirantes de la camiseta y repasé con lengua y labios la suave piel de sus hombros, de su escote buscando lentamente los pechos cónicos y duros.

Levantó los brazos y pude liberarla de la incomoda prenda mientras lamia sus perfectas axilas depiladas. Acaricié la suave piel lamiendola mientras ella me arrancaba la camisa. Me miraba y me empujó a un sofá donde siguió sentada sobre mis muslos para seguir besandonos. Allí sus pechos acariciaban el mío. Se movia sinuosa encima de mi cuerpo acariciandome con todo el suyo. Y eso que aun no nos habiamos quitado los pantalones.

- Estate quieto, me toca a mí.

Queria ser ella la que trabajara y sujetaba mis manos para que no la tocara. Mientras sentia en la polla dura el calor de su coño a traves de las dos telas vaqueras. Solo se bajó de mi para descalzarme y sacarse ella las botas y los calcetines. De ahí continuar con mis vaqueros para lo que tuve que levantar un poco el culo del asiento.

Su cara fue todo un poema al ver mi tanga mientras me acariciaba el pubis suavemente con su melena.

- Eres el primer chico al que veo con algo así.

- ¿No te gusta?. Me lo puedo quitar.

- Ya te lo quitaré yo con los dientes.

Luego me acarició con sus pechos deslizando los pezones por mi piel. Los manejaba con tanta seguridad como si fueran sus dedos. Mi pene reaccionaba a cada toque con un leve salto.

- Ahora quiero verlo mejor. Levanta y hazme un pase de modelos.

Se separó de mi para terminar de desnudarse y me pidio que desfilara para ella y le enseñara como me quedaba la prenda de la que se escapaba la punta del glande.

- ¿Qué te parece?.

- Que te queda como un guante. Pero estás mejor sin nada.

Marché hasta el fondo de su salón y le mostre mi cuerpo sin pudor. Volviendo a acercarme a ella que sentada en el sofá me recibió con un beso sobre la poca tela que cubria mi polla. Con los dientes, como había prometido, comenzó a bajarme la prenda sin dejar de tocarme.

Incluso metiendo una mano entre mis piernas para tocarme el culo y deslizar un dedo en la entrada de mi ano, algo que me encanta. Y pocas chicas lo hacen.

Comenzó a besarme suave la polla para que no perdiera su dureza pero enseguida me dijo que era mi turno de usar la lengua lo que estaba deseando hacer sobre ese cuerpo.

Me hizo volver a tumbar en el sofá para sin timidez de ninguna clase sentarse sobre mi cara con sus suaves muslos a cada lado de mi cabeza. Su coñito chorreaba sus jugos de excitación de los que no perdí ni gota. Por allí arriba gemía y suspiraba al notar mis caricias.

Abrí las nalgas con las manos dedicandome tambien a su culito sudado, besaba la cara interna de sus muslos. O volvía por el perineo a su vulva en la que penetraba todo lo que podía con la lengua e incluso la nariz. También me dedicaba al clítoris hinchado oyendo sus gemidos de placer.

Creo que conseguí que se corriera varias veces mientras mi pene se calmaba un tanto pues hasta ahí ella me había puesto a punto del orgasmo.

- Ya es hora de seguir. Tú quietecito.

De pronto comenzó a deslizarse sobre mi cuerpo diciendome que parara que me quedara quieto, pero sin separar su coñito de mi piel donde dejaba su rastro de humedad. Así hasta que consiguió empalarse en mi pene sin que ninguno de los dos guiara el instrumento.

La sujetaba de las caderas. Inclinada sobre mi pecho me besaba y lamia mi cara humeda todavia de sus jugos, de su propio sabor.

Permaneció quieta unos segundos. mientras me besaba y y yo sentía como su vulva apretaban mi polla. Luego empezó a moverse despacio. Dejando que yo me acompasara con ella subiendo mi cadera cada vez que ella bajaba la suya consiguiendo así penetrarla mas profundo. Ahora jadeábamos los dos.

Mientra follabamos seguí recorriendo su suave piel con las manos, su delicioso cuerpo delgado y fibroso, sus cónicas tetas y su preciosa cara, el culo respingón y duro o la curva de su espalda. O arqueaba la espalda para besar sus labios, lamer su lengua o comerme sus pezones.

De pronto se levantó de mí, y se colocó de rodillas en el sofá mirando a la pared.

No hacía falta niguna indicación y el glande volvió a buscar él solo la humeda entrada de su coñito. Ahora podía tocar a gusto sus nalgas prietas y ensalivando uno de mis pulgares acariciar a gusto la entrada de su ano. E incluso deslizar la punta en su interior. Todo eso sin dejar de bombear en su vulva apretada. Parece que lo del culo le estaba gustando. Los dos gemíamos y bufabamos como locomotoras sudando en el calor de la noche.

Me pidió que me corriera dentro pues tomaba sus precauciones, mis condones seguian olvidados en el fondo de mi bolsillo. Y con cada chorro de semen ella apretaba el coño como si quisiera exprimirme.

Dispuesto a hacerle pasar la mejor noche de su vida le dije al oido que no se moviera. Y comencé a besar y lamer su piel empezando por la de la nuca para bajar por la espalda. Continué por la linea de su columna buscando sus nalgas, el ano abierto y entregado a esas alturas, y el coño que rezumaba de mi semen y el sabor de sus orgasmos.

Sentado en la mesa de centro seguía usando la lengua siguiendo el beso negro. Bajaba a su clitoris y volviendo a penetrar su vulva con mi lengua lamiendo sus labios y recogiendo mi lefa de alli. Parece que lo disfrutó hasta que deshaciendo la postura se tumbó en el sofá llamandome para un sesenta y nueve. Así como a mi no me habíá importado comerle el coño con mi semen en él ella se dedicó a lamer mi rabo con sus jugos.

Se metió mi polla que habia ido perdiendo su dureza después de correrme en la boca. Tal y como estaba, con mi semen y sus humedades. Volví a atacar su dulce coñito, buscandole nuevos orgasmos. Mientras ella seguía lamiendo mi polla, tragandola flácida al completo metiendose mis huevos en la boca y lamiendo mi escroto.

- Eres un chico muy dulce y un guarrete.

- Y eso te gusta. ¿No?.

- Me encanta. Creo que soy tan morbosa como tú.

Ahora era ella la que ensalivaba uno de sus dedos y lo metia en mi ano acariciandolo suave. Todo ello sin indicarle nada, por su propia iniciativa.

Me giré para volver mi cabeza con la suya. Y volvió a besarme sin importarle tener su sabor en mis labios y lengua. Nos acariciabamos tiernamente toda la piel que alcanzabamos, durante un rato mas.

- Tenemos que recuperar las fuerzas.

Desnuda como estaba se dirigió a la cocina a preparar cafe y algo de cenar lo que nos permitiria reponer fuerzas y no dormirme de camino a casa. La segui hasta allí y volví a besar sus pechos mientras apoyaba el culo en el frio canto de la encimera.

- Tranquilo o no vamos a cenar nunca.

No podía dejar que un bomba tan caliente como esa se me enfriara. Desnudos sobre su alfombra cenamos o desayunamos. Sin necesidad de tostadas extendí la mermelada sobre su piel para luego recogerla directamente con la lengua. Ella hizo lo mismo con mi pecho y mis pezones.

- Parece que te gusta el dulce.

- Si, un caramelito como tú.

- Tendría que ducharme.

- No vas a hacerlo solo. Claro. Tendré que enjabonarte.

Le pedí si podía ducharme y evidentemente ella se vino al baño conmigo deslizandose en la bañera a mi lado. Para entonces mi polla se había recuperado dispuesta a un segundo asalto.

- ¿Sabes?. Es la primera vez que me comen el culo.

- ¿Te ha gustado?.

- Me ha encantado. Seguro que puedes explorarlo un poco más.

Me confesó que nadie le había prestado tanta atención a su hermoso culo y que el mio había sido su primer beso negro. Me pidió que se lo estrenara.

- Usa esto.

Usando su aceite de baño como lubricante y otra previa comida de su adorable ano para excitarla. Me senté en el fondo de la bañera y sosteniendola de las nalgas dejé que ella misma se la fuera introduciendo.

Como yo había tenido experiencias de ese tipo e incluso mi culo hacía años que había perdido la virginidad, creo que logré que ella lo disfrutara.

Con paciencia, lubricando frecuentemente, ella se movia despacio apretandome el pene con su cerrado ano. No lo dejó hasta que volví a correrme dentro de ella esta vez en un conducto diferente.

Terminamos de ducharnos y antes de marchar cambiamos los telefonos. Me pidió que volviera cuando quisisera. Desde luego su piso es parada obligatoria cada vez que bajo a la ciudad.

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