Pgm-6
Lady Saray siempre creyó que el control era suyo. Pero esa noche, la puerta se cerró y el amo decidió recordarle quién manda realmente. No hay salida, no hay reglas, solo obediencia absoluta.
Me ha quedado bastante sado. Pero cambiarlo de categoría ahora quizas despiste ¿no?
=====
Era un golpe certero, estrepitosamente preciso, un dolor inmenso que le hizo gritar como nunca. ¿Como nunca? Imposible saber cuál, desde que atravesó esa puerta en la mañana, había sido el dolor más agudo que había sentido. Eran ya demasiados, demasiado duros.
Y demasiado incomprensibles. ¿Por qué a ella? ¿Por qué su admirado amo la había dejado en manos de aquel energúmeno? ¿de aquella panda de desalmados? Solo una esperanza le servía de frágil consuelo: acabará. Al día siguiente, a la hora que fuese, ese tormento acabaría… Pero ¿cuánto dolor más debería soportar?
Lady Saray, o Carlota, como le gustaba llamarle Armand para fastidiarla, era una dominatrix de libro. Hacía relativamente poco que había asumido ese mote y asimilado lo que la definía.
Antes de llamarla dómina, dominatrix o ama, su “cualificación” era de borde, calientapollas, sádica, salvaje... Eran sus primeros contactos: hombres a los que despreciaba e intentaba humillar y mujeres a las que repartía dolor y placer, humillación y cariño. Decia ser bisexual, pero salvo la de su primer novio ninguna otra polla de carne entró en su vagina, solo las de plástico, las que introducía ella misma o sus sumisas.
Es raro que dos dominantes, además de sexos opuestos, lleguen a entenderse. Normalmente es un choque de trenes. Pero Armand era “gato viejo” y ella una novata cuando la conoció.
Le divertía verla actuar, a veces casi pidiendo perdón por sus azotes… ahora ya estaba más segura, era más… contundente, pero la saña con que ahora daba los golpes en aquel coño irritado le hacían considerar que, hasta entonces, todas sus sesiones habían sido una especie de sado-disney… y lo que más le “ponía” era la certeza de que esa tia espatarrada ante ella no iba a hacer nada para evitarle.
Aunque, claro, llegar ahí, blandiendo esa tira de cuero ante el desprotegido coño, le había costado aceptar una humillación que no podría olvidar, que Armand se iba a encargar de hacérselo recordar “eternamente”.
- De rodillas.
- Mis medias…
- Me da igual. Te puedes comprar otras… o quítatelas, me da igual. De rodillas.
“La cara es el espejo del alma” la de Carlota era de un enfado terrible. Enfadada pero resignada… e iba a ir a más, seguro
- ¿Qué haces?
- La almohada…
- No. ¿Una almohada para tus delicadas rodillas? No
- No seas borde
- Sabes que lo soy. De rodillas
Lo dicho. Cada vez más enfadada, pero de rodillas, entre sus piernas. Quizás esperaba que fuese él quien abriese la bragueta. No, niña, no, es su momento, lo va a disfrutar hasta el límite.
- ¿A qué esperas? No se abrirá sola
Cuando llevó sus manos al botón tomó el móvil.
- ¡Fotos no!
- Esa cámara de ahí lleva grabando desde que has entrado. Está enfocada hacia esta posición para no perder detalle de tu mamada…
- NO… ¡Eso no! Lo que acordamos...
- Una mamada… sí, pero a mi gusto. No al tuyo. No voy a perder la oportunidad de inmortalizar a Lady Saray de rodillas, comiéndome la polla
- No quiero que me grabes.
- Me la suda lo que tu quieras. La mamada la dirijo yo… si no estás de acuerdo…
Su rostro se giró hacia Gloria quien, de rodillas, ojos vendados, manos atadas en la espalda, engullía una y otra vez el falo de plástico que había fijado a la columna. No podía separarse de él porque la cadena de su collar le unía también a la columna de madera pero, además, porque cada pausa recibía una pequeña descarga en el mismo collar.
Ese era el acuerdo. Fue casi una apuesta: “¿que estarías dispuesta a ofrecerme si te presto una sumisa para que juegues fuerte con ella?” Y ahí estaba cumpliendo su “oferta” solo que no esperaba que fuese tan degradante.
- ¿Lo dejamos o la quieres?
- Eres un cabrón.
- Vale, pero chupa o te largas y te cambio por ella.
Su mirada era ahora una mezcla de enfado y lujuria. ¿Qué sentimiento era más poderoso? Era una oportunidad que se le ofrecía en bandeja: una sumisa que no puede negarse a nada, con la que experimentar cosas que nunca le habían permitido…
Su decisión fue la que más gustaba a Armand
- Sonríe a la cámara y bésame la puntita.
Otra vuelta de tuerca… ya era imparable. Obediencia absoluta. Era solo una mamada, Acabaría. Comenzó a introducírsela en la boca.
- Avísame cuando…
- Voy a correrme en tu boca.
- NOOO
Los ojos como platos. Es divertido. Son los flecos del llamado “sexo consentido”. La sensación era de un asco tremendo, quizás el de Armand sería el único semen que había entrado en su boca jamás. Pero quien algo quiere...
- Por favor, no.
- Si… hasta la última gota. Y si te cae algo lo lamerás después. ¿No estás de acuerdo? Métetela más adentro, quiero sentir tus labios en mi barriga
Una delicia. Miraba el pilotito rojo de la cámara y ya se imaginaba las pajas que se iba a hacer con esa grabación. ¿Un puntito más? Cuando puso su mano sobre la cabeza dió un respingo.
- No me cojas la cabeza!
Su “insinuación” le animó aún más. Dejó el móvil y cogió su cabeza con las dos manos
- Te voy a follar la boca. Voy a mover tu cabeza a mi gusto. Pon tus manos en la espalda… o mejor, en tu culo. Quiero que pilles tu culo con las manos, como si lo fueras a abrir para que te encularan.
Miraba a él, a la cámara, a Gloria… y se dejó. Sus manos al culo, las del tipo en su cogote.
¿Puede ser más divertido aún? Si, claro. Tuvo que parar la cabeza varias veces para no correrse. Quería abusar un poquito más de su sumisión.
- Traela
Señaló a Gloria. No la dejó levantarse. Caminó a cuatro patas hacia ella y ambas volvieron igual. Quitó la venda de los ojos de Gloria. No se que pensaría al ver a la que iba a ser quien le machacara el resto del día, quizás más. ¿Qué querría hacer con ella? Y no podría impedírselo por culpa de ese maldito collar.
Le hizo acercar la cámara. Enfocarla para que la mamada de Carlota se viese con más detalle. La fotografió desde todos los ángulos y, para rematar, hizo que Gloria dirigiese la mamada de su próxima ama tomandola por la nuca, ahora rápido, ahora profundo… una afrenta más: una dómina sometida por una sumisa.
- Cuando notes el pinchazo en el cuello aprietale bien la cabeza, no quiero que desperdicie una sola gota de leche.
Fue el colmo del placer y la desilusión. Desilusión porque con la corrida acababa ese momento genial. Pero placer infinito, vaciarse entero en esa boca y que Gloria lamiera lo que escapó de la boca de Carlota, en sus labios, pechos, piernas… era su último momento de tranquilidad. A partir de ese momento volvía a abrirse el infierno.
Lady Saray iba a desquitarse en Gloria la humillación recibida. Las piernas absolutamente abiertas, atadas con cuerdas a las columnas de madera mientras su espalda descansa sobre la mesa. “Descansar” es un eufemismo porque la agitaba con cada golpe. Su ama le había dejado las manos libres con la cruel advertencia de que no podía tocarse el dolorido coño. Serían 30 azotes, pero si se tocaba comenzaría la secuencia de nuevo. De hecho a los 12 no pudo reprimirse y… no se le ocurrió volver a hacerlo hasta que cayeron los siguientes 30.
Pero el mayor grito lo dió después, cuando para “limpiar” la zona sanguinolenta le pasó un paño humedecido con un líquido irritante que lo dejó impregnado… Ahora que sí tenía permitido tocarse, pero era inútil. Apoyar su mano ahí lo irritaba más. Se desmayó. Fue su alivio.
Despertó echada sobre un caballete, junto un árbol. La boca inundada por el falo que ya conocía. Brazos y piernas atados a la estructura de madera… y una manguera que escupía agua heladísima recorriendo todo su cuerpo. No se podía ver el culo pero por el escozor adivinaba que estaría surcado de azotes… azotes que iban a seguir
- Vaya, ya ha despertado la bella durmiente. Menos mal porque azotar a un saco inerte no mola nada.
Frente a ella, enarbolando la manguera, Gloria pudo ver su ama… cuando no se lo impedía el manguerazo en la cara. Iba de “uniforme”, un corsé y minifalda de cuero brillante, medias de rejilla, taconazos, incluso una gorra… y un enorme strapon en su entrepierna cuyo destino era previsible.
Echó la manguera al suelo, cogió del pelo a Gloria y cambió la mordaza por su falo en la boca. Después tomó el látigo que descansaba sobre la espalda de la sumisa para continuar con la tanda de azotes mientras le taladraba la garganta… alguna vez el látigo caía entre los mofletes del culo para dar en el escaldado coño y provocar el ahogado grito de Gloria.
No quiso probar la vagina. Tras amordazar de nuevo su boca le perforó el culo… seguramente embardurnando el plástico con ese líquido infernal que antes probó, porque el escozor era insoportable.
Cuando te encula una polla humana sabes que tarde o temprano expulsará su leche y acabará… pero ese monstruo no eyacula, no sabes cuando parará. Ni siquiera tuvo la fortuna de volver a desmayarse, el dolor y el escozor no se detenían, no aminoraban.
Pero el falo abandonó su culo. Un alivio momentáneo, porque de inmediato notó a Lady Saray hurgar su adolorido coño… y colocar en su clítoris una pinza que no por conocida era menos dolorosa.
Era un juego infame. Mantenerla en una situación de dolor constante mientras iba cambiando de juego. Ahora tomó sus manos y las elevó para atarlas a la rama del arbol bajo el que se encontraban.
Ahora un cepo. Artesanal. Parecía que esperando esta oportunidad. Aprisionaba la tetas por su base y el grueso de estas descansaba sobre una repisa… Pero su propósito lo impidió Armand ante los aterrorizados ojos de Gloria
- ¡¿Qué coño vas a hacer?!
- Está claro, atravesarle las tetas
-Y una mierda! No vas a perforarle los pezones con clavos
- Me has dicho que…
- Bastante machacada la has dejado ya. No vas a hacerle una sangría con eso. Ni lo sueñes
- Pero tú…
- Me importa una mierda lo que pienses… ni de coña. No quiero líos con su amo… y ya se que voy a tenerlos.
- Joder! solo un clavo en cada mugrón.
- Y una… vale. Te dejo pero con algo a cambio
- ¿Qué quieres? Otra mamada?
- Romperte el culo
- ¡Tu puta m…! Ni lo sueñes. Serás cabrón.
No hubo clavos, pero sí grapas… y el resto de la velada fue apaciguándose la violencia de Lady Saray sobre todo tras la mamada que le proporcionó Gloria. También la bañó con su meada y acabó jugando con los niveles del collar hasta que Armand le quitó el mando tras conseguir que fuese Gloria quien se mease encima
Esa noche Gloria durmió “entre algodones” aunque no demasiado cómoda ni segura. Completamente estirada, sobre un lecho de gomaespuma… lo más parecido a un ataúd. Aunque perfectamente ventilado, la única luz entraba por un visor que Armand cerró tras darle las buenas noches: oscuridad absoluta, silencio absoluto y una escasa movilidad que aunque solo duró 5 horas a ella se le hizo eterno.
Ya no hubo golpes a la mañana siguiente, tan solo una mamada y una enculada que, pese seguir sensible, fue infinitamente más soportable que la de la domina.
Armand probó su aceptación del papel de sumisa. Mientras él desayunaba, a sus pies dejó un par de cuencos, con galletas de perro y orina.
Apenas probó ambos cuencos, satisfecho, la invitó a sentarse con él: café con leche, tostadas, galletas… y un reparador sueño en el sofá.
Pero aún quedaban pruebas por superar
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