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Dominaciónnov 2024

Las siete 18

Despertar con la lengua de una esclava y encontrar a otra llorando por miedo a ser abandonada. No es solo sexo, es disciplina, dinero y secretos que se desmoronan bajo la mesa de un restaurante.

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Capítulo 18.

Me desperté con la mamada de Isabel. Nunca me arrepentiré de haberle dado la exclusiva de esas mamadas, aunque tenga que esperar a los fines de semana para disfrutarlas merece la pena. Aunque ella no es la que mejor boca tiene para esa función. Su boca es pequeña con labios finos, Maria y Daniela tienen labios más carnosos, pero la forma de usar no solo la boca sino la lengua de Isabel hace que la mamada sea una maravilla.

Mientras me la chupaba me di cuenta que Alba aún dormía, seguía esposada. Con cuidado le quité las esposas y la dejé durmiendo. María, como ya era costumbre cada vez que Isabel me la chupaba, se puso a mi lado de la cama de rodillas en el suelo mirándome y relamiéndose. Sabía que me gustaba que pusiera esa cara de traviesa lasciva.

Cuando me corrí e Isabel me dejó limpia la polla, me levanté para irme a la ducha. Mandé a Isabel a preparar el desayuno y María me seguía intentando meterse la polla en la boca. Ya era una costumbre de ella que cada vez que me veía con la polla fuera mientras andaba y mi polla oscilaba a cada paso ella gateando intentaba pillarla. Era un juego divertido y cuando lo conseguía me miraba desde abajo entornando los ojos y sonriendo como diciendo “te pillé”.

Entré en la ducha dejando a María molesta por no conseguirlo esta vez. Ella regresó al dormitorio y con la boca agarró su cama para llevarla al salón. En ese momento se despertó Alba, se sentó en la cama y miró sus manos como no entendiendo, las muñecas las tenía algo rojas de haber estado toda la noche con las esposas. Entonces pareció recordar y ante el estupor de María se puso a llorar.

María soltó su cama y miró a Alba con sus cuarentaitantos años llorando. Se acercó a ella y ladeó su cabeza como preguntando por esa reacción. Alba la miró y dejó de llorar pero con hipidos.

-No puede hacerlo ¿verdad?. Yo… puedo cambiar, debe darme tiempo, no puede hacerlo ¿verdad?.-

María la miraba sin saber a que se refería.

-¿Donde está el Amo?.- Preguntó sollozando.

María señaló con la cabeza el baño. Alba se levantó de la cama y entro en el baño a toda velocidad. Yo aún estaba dentro de la ducha, a través de la mampara la vi entrar y arrodillarse pegando la frente en el suelo y extendiendo sus brazos en el suelo.

-Lo siento Amo, no lo haga por favor. Se lo ruego, ahora no. Por favor, aprenderé se lo prometo.- Lo decía entre sollozos.

Salí de la ducha estupefacto sin saber que me quería decir.

-¡Calla!, ¿se puede saber que estás diciendo?.-

-Yo… aprenderé Amo. Pero por favor, no me rechace. No ahora que he conocido esta vida, no ahora que de nuevo soy feliz. Por favor Amo, no me expulse de su familia.- Ella ni me miraba, su cabeza pegada al suelo y los sollozos de nuevo arreciaban.

-Tranquilízate, no me gustan los lloriqueos. ¿Que es eso de que te voy a rechazar?.-

Se sorbió los mocos y giró su cabeza para mirarme parando los sollozos.

-¿No me va a rechazar el Amo?.-

-¿De donde sacas eso?.-

-El Amo me ha soltado las manos. Pensé que como ayer no pude contenerme y al Amo no le gusta que hable mientras tenemos sexo, que me rechazaba.- Dijo ya calmada pensando que igual se había imaginado algo que no era.

-No tengo intención de rechazarte. Te solté las manos porque no me gusta que se duerma con las manos atadas, es doloroso. Estoy seguro que aprenderás a no hablar o serás castigada, pero eso no es para rechazarte. Vete a desayunar, esta mañana tendrás una dura prueba, te voy a azotar como hago con todas mis esclavas antes de aceptarte definitivamente. Venga largo.- Le dije agitando la mano despectivamente. De un salto salió corriendo del baño.

Me sequé y me vestí. Entré en la cocina en silencio. Le puse su leche a María y desayuné. Nadie hablaba. Supongo que Isabel y María sabían lo que le esperaba a Alba. Esta avergonzada por lo que hizo y yo que aún no me reponía de su reacción.

-Isabel, cuando tengas un hueco llamas a Ana y dile que quiero que venga esta noche a cenar con nosotros y probablemente regrese tarde a casa. Que se ponga ropa fácil de quitar y sin ropa interior.-

-Sí Amo.-

-Alba, voy a llevarte a la sala de castigos, pero lo que voy a hacerte no es un castigo. Necesito que te entregues a mi y saber que eres capaz de soportar los azotes que te daré. Pero te repito que no es un castigo.-

-Sí Amo, me considero ya suya y puede hacer conmigo lo que desee.-

Eso me gusta de las chicas inteligentes, da igual que su sometimiento haya empezado hace pocos días. Se dan cuenta en seguida que es lo que desean, desechan cualquier moral que las atenace sin prejuicios de otros y dejan a su cuerpo disfrutar. Descubren lo que realmente les gusta por mucho que la sociedad les insista que deben ser de otra forma, de una forma que no les agrada. Les da igual todo y todos y se lanzan a un mundo nuevo que les satisface y les llena.

Le puse la correa y me la llevé a la sala mientras Isabel recogía la cocina y María la estorbaba metiéndose entre sus piernas.

En la sala até y amordacé a Alba al potro quedando inclinada con su culo expuesto.

-Aquí no hay palabra de seguridad. La disciplina que voy a darte no es excesiva pero sí algo intensa y dura. Si no logras superarlo entonces estás fuera. Como vas amordazada, si quieres que pare abre y cierra las manos repetidamente. Dejaré lo que estoy haciendo, te soltaré y te marcharás. No doy segundas oportunidades, así que piénsalo antes de rendirte.- Dije eso pensando en Ana y en Sara.

Pasé la mañana azotándola, como otras veces hice con Isabel o Daniela. No tanto como con Irene. Del potro pasó a la mesa y de ahí la colgué del techo de puntillas. Usé la fusta, la pala y el látigo en ese orden. A media mañana hice un descanso dejándola colgada, le pregunté si quería rendirse y agitó frenéticamente la cabeza negando. En varias veces le toqué el coño y no estaba apenas húmedo. No era tan masoquista como pensaba y eso me alegró, con una ya tenía bastante.

Después del descanso reanudé los azotes, al poco la pasé a estar colgada a la pared donde estuvo poco tiempo, las fuerzas le fallaban y apenas se sostenía, así que la puse de nuevo en la mesa.

Cuando consideré que ya tenía bastante la solté y le mandé esperar a Isabel. Se quedó lacia sobre la mesa con lagrimones por sus mejillas.

Le dije a Isabel que preparara la bañera y la lavara. Que la acostase y le pusiera pomadas en los puntos más castigados y la dejara dormir.

Había quedado con todas esa tarde. Irene venía algo frustrada por no tener sus ansiados azotes de los sábados, así que mientras despertaban a Alba y le daban algo de comer, me llevé a Irene a darle unos azotes, escasos según su gusto.

Con todas ya reunidas en el salón les presenté a Alba como la nueva esclava de la familia.

Pero mi reunión tenía otro objetivo.

-Esta semana he estado hablando con Daniela sobre mis cuentas. Todas sabéis que mi situación económica con la hipoteca y el préstamo no es ruinosa pero llegaré justo a fin de mes. Y por supuesto eso un amo no debe sufrirlo y menos cuando es por vosotras, ya que por eso me cambio de casa. Vuestra idea de una cuenta donde todas aportéis me parece buena pero la voy a cambiar. El cambio es drástico y quiero que lo penséis antes de aceptar. Recordar que vinisteis voluntarias a mi y que podéis iros pero no volveré a aceptaros.-

Todas estaban en silencio, arrodilladas frente a mi. Alba con las marcas por todo el cuerpo de los azotes que Irene miraba de reojo envidiosa. Cristina era la única de pie y María tumbada en su cama.

-Si pensáis que voy a aprovecharme de vosotras estáis en lo cierto. Es justamente lo que voy a hacer. El préstamo para reformar y amueblar la casa es muy alto y quiero quitármelo lo antes posible. La hipoteca no me molesta tanto, todos mis ahorros han conseguido que esta sea baja y soportable pero el préstamo deja mi sueldo en lo justo para vivir, y un amo no puede estar así.-

No se la razón, pero en ese momento Cristina se arrodilló y al verla, María salió de su cama e hizo lo mismo.

-Lo que pretendo es una medida temporal hasta liquidar el préstamo. Cristina que se vendrá a vivir conmigo reducirá el sueldo que le pago. Al dejar libre su casa, Isabel, Irene, Daniela y Alba os iréis allí a vivir. Como os acomodéis en la casa es cosa vuestra pero al no tener que pagar alquiler de vuestro sueldo una parte importante irá a la cuenta conjunta, esa parte la calculará Daniela según vuestros salarios. En el caso de Isabel que aún estudia, aportará lo que ahora hace en el piso de estudiantes. María vendrá también a vivir a mi casa, en el despacho montaremos otra mesa para cuando tenga teletrabajo. Todos los objetos personales de ella y de Alba los guardaremos en el sótano, que además de la sala, un baño y las dos celdas, queda espacio para un trastero enorme. Así los pisos de las dos, de María y de Alba se pueden alquilar para que esos ingresos vayan a la cuenta. He hecho números por encima que después revisará Daniela, pero creo que con este sistema en unos seis meses el préstamo estará saldado. Una vez hecho volveremos a replantear la situación, esta no será una situación permanente sino temporal. Es importante que sepáis una cosa, el dinero que aportéis no os lo devolveré, considerarlo como el pago por ser mis esclavas. ¿Alguna pregunta o duda?.-

-Perdón Amo,- dijo Daniela, -¿tengo que pedirle algo a Ana?.-

-No, ella no es de la familia. Su situación aún no la tengo clara.-

-Amo,- dijo Irene, -¿y si todas nos vamos a vivir a su casa?, así el piso de Cristina también se puede alquilar.-

-Lo he pensado, pero no quiero la casa llena de esclavas. Me gusta la tranquilidad y a veces la soledad.-

-A mi no me importaría vivir en una de las celdas Amo.- Dijo Daniela.

-Lo tendré en cuenta, pero por ahora el plan es el que he dicho. Pensarlo y hablarlo un par de horas hasta la hora de cenar, quien no esté de acuerdo que se marche, el resto nos iremos a cenar para celebrar que Alba es una de la familia.-

Las dejé y me marché al despacho. Como a la media hora apareció Isabel.

-Perdón Amo, entre todas me envían para proponerle algo si usted quiere.-

-Dime, aunque no creo que cambie lo dicho.- Estaba intrigado y nervioso, igual resulta que había tirado demasiado de sus correas y me quedaba sin esclavas.

-No es un cambio Amo. Todas estamos de acuerdo, incluso alguna querría dar todo el sueldo. Es simplemente que como esclavas también puede prostituirnos.-

-¿Estáis todas de acuerdo en eso? ¿Daniela, María y Alba también aceptarían prostituirse?.-

-Sí Amo, todas somos sus esclavas en todos los sentidos.-

-De acuerdo, por ahora no pero si veo la oportunidad lo haré. Aunque me digas que ya todas habéis aceptado mi plan “económico” seguid haciendo cuentas con Daniela, no quiero arrepentimientos pasado unos meses.-

-Sí Amo.-

No me extrañaba que Cristina aceptase prostituirse, desde que la sometí, o mejor dicho desde que se dejó someter sólo quería sexo. Isabel e Irene son muy sumisas y lo aceptarían sin cuestionar la orden. Pero me extrañaba de María que su rol es más de mascota que de esclava. Y de Alba que acababa de aterrizar con nosotros y encima ya le había “quitado” su casa. La que más me asombró con la idea de la prostitución fue Daniela. Le tenía pánico a eso. Estuvo espiándome meses para asegurarse que yo no hacía eso con mis esclavas y aunque era la más sumisa de todas me extrañó mucho que estuviese de acuerdo en prostituirse.

Pasado ese tiempo de nuevo se asomó esta vez Cristina.

-Señor, Ana ya ha llegado. Estamos todas esperando en el salón.-

-Dile a Alba que venga y esperar que salimos enseguida.-

Alba entró con su sonrisa que le cubría casi toda la cara.

-¿El Amo desea algo de mi?.-

-Te dije que un Amo y una esclava se deben compenetrar para disfrutar ambos. Debemos conocernos y aunque como Amo hago lo que desee y tú misión es satisfacerme, a pesar de eso procuro jugar con mis esclavas haciendo que la satisfacción sea mutua. Por eso no debes callarte lo que sientes siendo mi esclava. Esta mañana a pesar de que me decías que estabas ansiosa por recibir los azotes no he creído ver que te gustara.- Las veces que la toqué durante ese tiempo su coño aunque algo mojado no estaba lo suficiente para hacerme pensar que era lo masoquista que en principio imaginé.

-No Amo, no he disfrutado, pero entiendo que como esclava debo soportarlo las veces que usted considere, no me rendí ni lo haré. Sigo dispuesta a pasar por eso todas las veces que usted desee.-

-Sin embargo dijiste que las veces que te azoté en la casa, antes de ser mi esclava, te había excitado.-

-Sí Amo, eso me excitó, pero lo de esta mañana ha sido demasiado intenso y doloroso. Especialmente el látigo y la pala.-

-De acuerdo, vuelve al salón, en seguida voy.-

-¿Amo, puedo decirle algo?.-

-Claro, por eso te he llamado. Dime.-

-No quiero decirle como debe tratarme, soy su esclava, lo asumo y me gusta. Pero ha dicho que seamos sinceros y por eso quiero decirle que lo que más me ha gustado de esta mañana era cuando me ataba. Eso me ha excitado mucho y quizás por eso me comporté esta mañana de forma tan dramática al ver que había soltado mis manos. De nuevo le pido perdón.-

-No te preocupes, pero ya que lo dices, cómprate unas muñequeras y tobilleras a tu gusto y las dejas en tu taquilla. Cuando entres en la casa, además del collar te las pones. Vamos al salón.-

-Sí Amo. Gracias Amo.-

Apagué el ordenador y salí tras ella. Allí en el salón estaban todas de rodillas en espera, desnudas y con su collar, menos Ana que estaba de pie en posición de inspección, con las piernas algo abiertas y las manos en la nuca mirando al frente.

-Como veo que estáis todas entiendo que todas aceptáis. Daniela llevará las cuentas y se encargará de todo y aunque Alba acaba de llegar, ella estará en jerarquía por encima de Daniela que seguirá siendo la última. Alba, tú te encargarás de los alquileres de las dos viviendas, la de María y la tuya.-

Mientras tocaba como sin importancia a Ana por todos lados. Echaba de menos su cara de mala leche pero también ese magnífico cuerpo sobre todo después de decirme las chicas que le encantaba que la sodomizasen.

-Ana, las chicas me dicen que te estás portando muy bien y eso me alegra. Esta noche saldremos a cenar todos para celebrar que Alba es de la familia. Pero también celebraremos tu última noche de manera regular con nosotros.-

La cara de Ana era de auténtico pánico, no sabía si la rechazaba, le pondría penas más duras o finalmente la aceptaba.

-Dentro de un mes aproximadamente son tus oposiciones, ¿no es verdad?.-

-Sí Maestro.- Dijo Ana con un hilo de voz.

-Quiero que te centres en ellas. Por eso no seguirás viendo a ninguna de las chicas.- Miré a Isabel que era la encargada de organizar el horario y asintió entendiendo que eso se acababa.

-Tienes permiso para masturbarte y follar con tu maridito las veces que quieras pero si a pesar de ello no te calmas puedes llamar a Isabel que te asigne una chica durante una hora a la que servirás. Pero no quiero que esto se convierta en algo regular, ni que lo hagas dos días consecutivos.- Seguía mirando a Isabel que asentía entendiendo.

-¿Maestro, no podré estar contigo alguna vez?.- Dijo Ana cambiando su cara poniendo mohín triste.

-No, conmigo no estarás por ahora. Es parte del castigo por rechazarme. Pero además, al igual que hago con Isabel que si trae exámenes con notas bajas la castigo, si no apruebas las oposiciones no serás de la familia.- Ana cambió su cara horrorizada, esas oposiciones son muy difíciles.

-Esa es la razón que este mes te quiero centrada. Si no apruebas, seguirás como hasta ahora, visitando a mis chicas cuando lo decida hasta que en la próxima convocatoria apruebes. En otras palabras, no serás de esta familia si no eres juez y por supuesto no estarás conmigo.-

-Pero Maestro, son oposiciones duras y yo me he ofrecido para ser su esclava no de ninguna chica.-

-Ese es el precio, la decisión es tuya.-

-Sí Maestro.- Dijo bajando la cabeza resignada.

-Bien, vestiros todas que nos vamos a cenar, sin huevo. Por cierto Ana, ¿que le has dicho a tu maridito para escaparte con nosotros?.-

-Me inventé un grupo de estudios para estar con sus esclavas, le he dicho que salía con ellos a cenar para relajarnos.-

-Tendrás que pensar en algo una vez apruebes. Venga vestiros, Cristina llevará a Isabel, Irene y Daniela. Yo iré con María, Alba y Ana. Vamos a un mesón que está a las afueras y es muy discreto.-

-Señor, no es justo,- dijo protestando Cristina, -las niñas me vuelven loca con su música y no paran de parlotear.-

-¿Que es parlotear?.- Fue lo último que escuché de Irene mientras iba al dormitorio a vestirme.

Llegamos a un mesón que ya conocía por comidas de la empresa. Cada mesa está en una especie de apartado discreto. Pero lo que más me gustaba es que tienen en las mesas manteles largos.

Nuestra mesa era circular y cuando Ana fue a sentarse la paré.

-Me temo que tu cena será hoy un poco peculiar. Desnúdate y métete bajo la mesa.- Me miró con odio aunque con ella es difícil decirlo, su mirada es casi siempre esa.

Miró a los lados para asegurarse que en ese momento nadie estaba mirando, se desnudó en un segundo y se metió bajo el mantel.

-Esta noche Ana, cenarás chochos, pero para empezar dejaré que me la chupes, recuerda que debes tragarte mi leche, si se derrama la chuparás del suelo. Después por orden de jerarquía lo harás con las chicas hasta que se corran. No nos iremos hasta que todas tengan su orgasmo, pero como es el día de Alba, a ella tendrás que sacarle dos orgasmos. ¿Entendido?.-

-Sí Maestro.- Me dijo bajo la mesa desabrochando ya mi pantalón ilusionada por chupar mi polla.

Pedimos a un camarero inocente de lo que se fraguaba bajo la mesa y antes de llegar el primer plato ya me había corrido. Ana, bien enseñada por Isabel, tragó todo y limpió antes de guardármela. Pasó a Isabel y así una por una. Todos nos divertimos viendo como según le iban tocando el turno a las chicas daban un pequeño respingo y poco a poco se agarraban a la mesa o a la chica de al lado dejándose llevar hasta su orgasmo.

El camarero iba y venía sin darse cuenta de nada, aunque me miraba envidioso rodeado de tantas mujeres.

Después del orgasmo de Alba pasó a Daniela. Yo me quedé algo enfadado, a Alba le tocaban dos. Pero tras hacer correrse a Daniela se volvió a Alba sin que tuviera que recordárselo.

El camarero sospechó algo cuando al retirar los postres vio a Alba mordiendo la servilleta para evitar gritar.

-Ahora nos vamos a casa.- Dije viendo caras de decepción entre las jóvenes.

-Amo, ¿no podemos tomar una copita nada mas?.- Preguntó Irene poniendo carita de niña buena.

-Hoy no. Alba se supone que está con sus padres y la come chochos de Ana con un grupo de estudios y no con el vecino de arriba. Sería un problema si nos encontramos con algún conocido. Además, vosotras no tomáis copas, os vais a bailar y los hielos se derriten antes de que deis un sorbo.- Dije riendo de mi propia broma.

-¡Ofú! Yo tenía ganas de bailar un poco Amo.- Dijo Irene de nuevo.

-Os propongo una alternativa, si prometéis no ser escandalosas podemos tomar la copa y bailar con la música bajita en mi casa.-

-¡Hecho!.- Dijeron las tres revoltosas.

-Amo, ¿podemos distribuirnos de otra forma en los coches?. Las niñas son demasiado revoltosas.- Dijo implorando Cristina.

-Cómprate tapones para los oídos.- Dije riendo mientras ella fruncía los labios y miraba enfadada a las tres jóvenes.

Una vez en casa regulé el volumen de la música para no molestar mucho a los vecinos y me senté en el sofá a mirar a mis esclavas bailar desnudas. Las tres jóvenes y Ana tardaron poco en ponerse a bailar. Cristina se dedicó a poner copas y María ronroneaba a mi alrededor. Alba se arrodilló a mi lado con la cara de sorpresa. Me fijé y estaba mirando fijamente a Daniela.

-¿Te sorprende Daniela?.- Le pregunté en voz baja.

-Es que hasta ahora no me había fijado en su entrepierna. Es un chico, cualquiera lo sospecharía con esa carita tan linda y sobre todo con sus pechos.- Dijo sin dejar de mirarla, especialmente su pequeño pene que se movía de un lado a otro con el baile.

-No Alba, es una mujer. La naturaleza a veces se comporta mal, ella con pene y tú sin tetas, pero por eso tú no dejas de ser mujer ni ella tampoco.-

-Sí Amo.- Dijo sin dejar de mirar el balanceante pene de Daniela.

-¿No bailas?.- Le pregunté.

-Soy muy mayor para esta música Amo. Pero si usted quiere lo hago.- Se apresuró a decir pensando que era una orden mía.

-No es necesario. Ana ven aquí, y Cristina.- No fue necesario subir mucho el tono de voz. La música no estaba muy alta y las chicas se comportaban bailando descalzas sin hacer mucho ruido. No era lo que ellas esperaban pero no me gusta tener problemas con los vecinos.

-Cristina, como Ana no ha cenado, ve y ponle algo de comer en el cuenco de la gatita.- Cristina fue a la cocina y Ana me miró con odio, o con su cara normal. Dudo unos segundos y fue tras ella. A lo mejor pensaba que a María le dábamos de comer comida para animales, en realidad comía lo mismo que nosotros.

María se acercó al rato y en voz baja me dijo: -Amo, ¿puede la gatita bailar también como los humanos?.- Todo esto con una cara de traviesa que daban ganas de comérsela allí mismo. Es increíble la belleza de esta mujer. Entonces recordé a Sara, no salía de mi cabeza después de su última llamada. Sara es guapa pero sin llegar a la belleza de María, sin embargo su cara de traviesa la iguala.

-Puedes bailar pero sin quitarte la cola.- Me dio un beso fugaz en las rodillas y saltó a bailar con las chicas.

Era sorprendente ver a las cuatro bailando, como se movían desnudas. Los bamboleos de las tetas de Irene, el vaivén de los pechos de María o de Daniela junto con los saltos de su pollita. Era un espectáculo de lo más erótico y no pude contenerme.

-Alba, siéntate con mi polla en el culo, quiero verlas bailar mientras tú subes y bajas.-

-Sí Amo.- Alba me bajó el pantalón y sacó mi polla ya dura. Sin esfuerzo se la colocó y bajando le entró de un golpe entera. Paró unos segundos hasta acomodarse y comenzó a subir y bajar al ritmo de la música. El resto de las chicas seguían bailando sin dejar de mirarme y envidiando a Alba.

Cristina y Ana entraron en el salón y las llamé. Tuve que agarrar los pezones de Alba para bajarle el ritmo.

-Cristina, pon a la guarra de Ana en el sillón con el culo en pompa, tráete de la sala un consolador y la fusta.-

Ana que estaba al lado de Cristina y lo escuchó se puso en la posición que indiqué. Cuando llegó Cristina le dije que le metiera el consolador en el culo y dejara la fusta sobre la espalda de Ana.

-Esclavas, por turnos y sin parar de bailar, os acercaréis a Ana, sacaréis y meteréis el consolador en su culo y después le dais un par de azotes en cada nalga.-

Las chicas fueron pasando una tras otra, le sacaban el consolador y sin miramientos se lo volvían a meter para después azotarla dos veces. Los azotes no eran muy fuertes pero no quise enmendarlas.

Cristina se sentó a mi lado y los dos veíamos el extraño baile mientras Alba se enculaba gimiendo.

Como a los quince minutos ya no pude aguantar más y eyaculé en el culo de Alba. Noté que ella no se había corrido.

-Amo, ¿puedo limpiar?.- Era Cristina la que hablaba.

-Puedes y después me traes las esposas.- Intrigada no sabiendo si había cometido alguna falta se puso a limpiar mi flácida polla y después el culo de Alba, metiendo su lengua hasta donde le llegaba para recoger toda mi leche. Al darse por satisfecha con su limpieza se fue por las esposas y me las dio. Hice volverse a Alba y le puse las esposas a la espalda.

-Aunque no te guste la música, baila tú también.- Le ordené a Alba.

-Jolín Señor, como se le mueve el culo. Está jamona la esclava.- Dijo Cristina refiriéndose a Alba.

Las chicas bailaban en círculo y cada una iba pasando por Ana. Cuando le tocó el turno a Alba, esta con pericia sacó y metió el consolador con la boca, pero después no supo como hacer con la fusta y me miró desorientada. Le negué con la cabeza diciendo que no era necesario, ni con la boca ni con las manos atadas a la espalda podría darle azotes.

Después de un buen rato viendo el erótico baile llamé a Isabel.

-Me voy a la cama con Cristina y con Alba que es su día. Vosotras podéis seguir el tiempo que os apetezca y después tenéis permiso para tener todo el sexo que queráis. Recuerda que la gatita va por su cuenta, y no quiero que Ana tenga ningún orgasmo en toda la noche, usadla o no, es decisión vuestra.-

Enganché las correas a los collares de Alba y Cristina. Ella se sintió extraña, casi nunca le pongo correa, pero fue contenta ya que tampoco suelo acostarme con ella toda una noche.

Aún estaba con besos y arrumacos cuando apareció María arrastrando su cama a los pies de la mía y arrodillada se puso a mirar y a tocarse con sus manoplas.

Después de follarme a Cristina y meterla en el glorioso culo de Alba, no recuerdo en que orden ya que todo fue rápido y pasional por la excitación de los bailes, me quedé dormido y agotado.

-Niña, me estás clavando todos los huesos.- Fue la imprecación de Cristina la que me despertó.

Estaba abrazado a un lado por Alba y al otro por Cristina. Isabel cumpliendo su cometido de mamármela por las mañanas no pudo acceder a mi polla sin pasar por encima de Cristina que se despertó enfadada hasta darse cuenta de que me despertaba.

-Lo siento Señor, pero esta niña está muy flaca.- Me dijo ya en voz baja y apartándose para que Isabel pudiera llegar a mi polla que engulló.

Alba y María se despertaron pero siguieron acostadas. Mientras Isabel estaba a lo suyo, con una mano le acariciaba la cabeza y con la otra atraje a Alba y la besé.

-No te lo he dicho oficialmente pero ya eres parte de la familia, bienvenida esclava.- Le dije a Alba cariñoso.

-Gracias Amo, los pocos días que llevo con vosotros han sido de los más felices de mi vida. Estoy muy contenta, anoche no hablé mientras follábamos Amo.- Dijo con esa sonrisa que le cubre la cara de lado a lado. Ella seguía atada pero no dijo nada así que la dejé como estaba.

No pude decir más, la mamada de Isabel me lo impedía, y me corrí en poco tiempo como siempre que es ella quien lo hace. Tragó mi leche contenta y me la lamió hasta dejarla bien limpia.

Nos levantamos los tres y con gatita detrás fuimos a la cocina. Ya estaban todas allí con Cristina regañando mientras preparaba los desayunos.

-Cristina a Alba le pones también un cuenco de leche como a la gatita, pero a ella en la mesa que con las manos atadas no podrá tomar nada más.- Miré a Alba que me devolvió una sincera sonrisa de felicidad. Ya tengo a la esclava que le gusta estar atada, otra para el catálogo pensé.

En realidad María no solo desayunaba leche, ella se ponía a dar vueltas por la mesa dando con su nariz en las piernas de las esclavas que le daban pequeños bocados de tostadas o dulces que comía agradecida. Lo mismo hicieron todas con Alba al ver que no le quitaba las esposas.

-¿Y Ana, no la veo?.- Pregunté.

-Perdón Amo, la olvidé.- Me dijo Isabel. -La he mandado quedarse en el baño para limpiarnos a cada una según orinábamos al despertarnos.-

-Tráela de la correa a cuatro patas y el consolador de anoche.-

Isabel entró al poco en la cocina con el consolador en una mano y de la otra la correa con Ana atada a ella. Todas estaban expectantes de lo que haría.

-Imagino que estarás algo caliente, ¿no Anita?.- Dije con sorna.

-Sí Maestro, no me han dejado correrme en toda la noche. Y no es justo, yo deseo ser su esclava y no una lesbiana esclava de otras esclavas.- Dijo altiva.

-La mamada que me hiciste en el mesón anoche fue la última vez que tocas mi polla, la siguiente será como jueza. Por eso te recuerdo que ya te dejaremos en paz hasta las oposiciones aunque si no puedes aguantar lo puta que eres,- remarqué la palabra puta, -llama a Isabel y ella te indicará con quien de mis esclavas puedes ir. Pero antes de irte si quieres puedes masturbarte con el consolador, tienes diez minutos, ni uno más.-

Ana no lo pensó ni un solo segundo, tal era su calentura. Se sentó en el suelo con las piernas abiertas y empezó a meterlo y sacarlo delante de todos nosotros.

-Daniela, quiero que la mees mientras se masturba.-

-Amo, acabo de hacerlo y no tengo ganas.- Dijo bajando la cabeza pensando que me había fallado.

-Da igual, inténtalo.-

Daniela se levantó y se puso frente a ella que la miraba desquiciada con el consolador entrando y saliendo. La pobre Daniela estuvo casi un minuto haciendo fuerza hasta al final sacar un chorrito corto que mojó a Ana en los pechos y fue bajando hasta mezclarse con el flujo que sacaba el consolador. No necesitó los diez minutos, apenas en seis se corrió temblando todo su cuerpo y tumbándose en el suelo.

Cuando la vi ya algo repuesta le pregunté: -¿que le dirás a tu marido por estar la noche entera fuera?.-

-Anoche tenía ya bastantes llamadas de él Maestro, así que le puse un mensaje diciendo que pasaba la noche con una de las chicas del grupo de estudios.-

-Esperemos que se lo haya creído. Ya puedes marcharte y suerte en el examen.- Dije sincero.

-Gracias Maestro. ¿Puedo masturbarme o tener sexo sin necesidad de llamar a Isabel?.- Me preguntó.

-Claro, eres libre. No eres mi esclava ni lo has sido, tan sólo te he castigado para ver tu aguante, pero no te he aceptado como esclava, eso lo veremos después de tus oposiciones.-

-Gracias Maestro. ¿Podré subir a tomar café para descansar de los estudios?.- Preguntó esperanzada.

-No, eso no. Salvo que coincidamos en el portal no volveré a verte hasta dentro de un mes. Céntrate en el examen, no tires por la borda los años que llevas preparándolo. Y para que no estés preocupada te diré que yo tampoco echaré en saco roto este mes que has pasado con nosotros. Ahora vete que tu maridito estará preocupado.-

-Sí Maestro, gracias Maestro.- Y sonrió, o lo que yo creo que es una sonrisa en su cara de rubia con ojos verdes. Sin lavarse se vistió y se marchó. No sé que le diría a su marido cuando la oliese a sexo y orín.

-Bueno, Cristina, en cuanto recojas la cocina te marchas.- Sabía que sería imposible que se fuera antes viendo la cocina con los restos del desayuno de todos.

-Señor, el salón hay que limpiarlo también del bailoteo de ayer.- Me dijo poniendo los brazos en jarras.

-Esta bien. Limpia cocina y salón y te marchas junto con Irene. Daniela y Alba se pueden marchar ya.- Ambas pusieron cara de pena pero hicieron lo que les dije.

-Irene, mientras Cristina limpia te vienes conmigo a la sala de castigos, quiero hacer un poco de ejercicio.-

-Sí Amo.- Dijo ilusionada que se quitó las gafas, las dejó en la mesa de la cocina y se dirigió a la sala.

-¡Niña!,- la llamó Cristina, -las gafas siempre contigo, después no recuerdas donde las dejaste.-

Irene se volvió a por sus gafas y volvió a la sala dando saltitos. Yo por dentro me reía con la actitud de Cristina pero por otro lado me asustaba en la casa nueva tenerla a todas horas.

Después de un par de horas de azotes y algunos orgasmos de Irene vino Cristina a decir que había terminado. La solté y se marcharon las dos.

Apenas disfruté la tranquilidad de la casa sólo con Isabel y María. Justo después de la comida me llamó Sara.

Continúa en