V Parte. Esto es lo que pasa cuando desobedeces
Hernán le enseñó a obedecer, pero ella cruzó la línea. Ahora, frente a la calle y en la oscuridad de un motel, el precio de su desobediencia será medido en dolor, vergüenza y sumisión absoluta.
Estuvimos teniendo encuentros Hernán y yo por varios meses, algunos en moteles y otros en la casa desocupada de su familia, creo que él quería experimentar hasta donde estaba yo dispuesta a llegar, y a la vez probarse como dominante.
Hernán estuvo planeando una salida de la ciudad, me dijo con anticipación que fuera inventando un motivo creíble para salir a un viaje de varios días. Algo que me encanta de él es que piense en todo, tiene una mente excitante. No sólo piensa en disfrutar con mi cuerpo, sino en dominarme también con la mente, logra calentarme sólo con el tono en mi celular cuando él escribe.
En este tiempo seré sincera, he tomado todo muy a la ligera, yo le hablo de “tú”, no le digo “amo”, y normalmente en nuestros encuentros no llevo ropa sexy en la calle, sólo cuando llego al lugar me cambio de ropa, ya que respeta mi vida privada como casada.
Sin embargo, esta vez yo me lo busqué, pues al tomar las cosas de forma liviana, él tuvo que ponerse estricto y enseñarme a la mala a ser obediente.
Planeamos nuestra salida, el plan era un congreso en una ciudad más o menos a 3 horas de donde vivimos, él sí asistiría como ponente y yo sólo lo esperaría en el hotel pues no tenía nada que hacer allí.
Llegamos por separado, él en su auto y yo en autobús a esa ciudad. Él llegó, se instaló en el hotel y se fue a su congreso, me dio los datos y llegué también unas horas más tarde. Le escribí al llegar y me contestó.
-Bien putita, date un baño, ponte lo que dejé para ti en la cama y alcánzame en el restaurant a la hora de la salida. La ropa era un vestido con la parte de arriba de encaje rojo, estraple, con los hombros descubierto, se unía en la cintura con una corta falta negra de tablones sueltos y unas zapatillas rojas muy altas.
Me bañé y arreglé mi cabello, esta vez lo había alaciado, me llegaba debajo de los hombros, me maquillé y puse pestañas con bastante rímel y un labial color salmón.
Ya casi para salir a la hora indicada me puse el vestido, me encantó, me quedaba perfecto, sólo que mis pezones se venían por todo el encaje y quise hacer una trampita, me puse un top pequeño color piel y pensé llegar y quitarlo justo antes de que Hernán llegara, pues me encantaba la idea de verme puta pero no quería enseñar los pezones a todo el que pasara, nunca lo había hecho.
Sólo que él me estaba probando, me dijo que le mandara una foto y se la envié en la habitación, obviamente enseñando los pezones por el encaje del vestido, sólo me contestó con el emoji sonriente.
Tomé mi taxi y me dirigí al restaurante, pero a pensar de llegar antes de la hora pactada, él ya estaba allí, de hecho, parado en la entrada, cuando me bajé del auto estaba de pie justo delante de mí, la sangre se me fue a los pies y bajé la mirada en seguida, sabía que lo estaba arruinando.
Me tomó del cabelló y me dio 4 fuertes cachetadas, mientras me decía:
-Quítate eso!!
Señalando mis tetas. No me soltó y yo saqué el top como pude por encima del vestido hacia los pies y arrastrándome se acercó al chofer y le pagó. Su auto estaba en la acera de enfrente, cruzamos la calle, abrió la puerta del copiloto, me bajó el top hasta la cintura dejando las tetas al aire, y subió la falda del vestido atorándola arriba con el top, mientras me aventó hacia adelante poniendo mi mejilla en el asiento, me empinó y abrió mis piernas con su rodilla.
Me dio 6 fuertes azotes con la mano en el coño. Yo no podía creer que hiciera todo eso frente a la gente que pasaba. Del maletero sacó un dildo enorme, lo clavó en mi culo tan fuerte que grité, estaba toda apretada y seca, rompió mi culo en un solo movimiento.
-Súbete puta, ya valiste madre.
Se fue al asiento del chofer, se subió y encendió el auto, mientras yo también me subía de mi lado y cerré la puerta, arrancó.
-Perdóname mi rey, por favor.
Dije llorando.
-Cállate zorra, a partir de ahora no hablarás, no gemirás, no gritarás, no quiero escuchar ningún ruido que venga de ti, sólo emanará de ti el ruido de los azotes que te daré, por cada sonido que salga de tu boca provocarás 5 azotes más. Y siéntate bien, el dildo debe encajarse hasta el fondo, deja tu peso caer sobre él, abre las piernas y levanta las manos detrás del respaldo, abre la boca y saca la lengua, puta desobediente.
En el camino fue apretando mis pezones tan fuerte, yo sólo me retorcía, me escupió en la boca y me azotó las piernas todo el camino.
Para mi sorpresa no regresamos al hotel, ya que vi que el trayecto se hacía largo; llegamos a un motel, pidió específicamente una habitación a prueba de ruido, con tubo incluido, columpio, potro del amor y jacuzzi.
Llegamos y me gritó que entrara y me pusiera en posición de inspección, mientras él sacó una maleta de la cajuela, pagó y entró.
Para ese punto yo estaba temblando, nunca lo había visto tan serio, aun con todo eso, estaba muy calmado, se veía concentrado.
Yo me quité el vestido que llevaba todo enrollado en la cintura, dejando puestas sólo mis zapatillas, me coloqué de rodillas, con las manos en la nuca y la boca abierta con la lengua de fuera, él abrió la maleta junto a la puerta, y sacó una tira de tela oscura, me la ató alrededor de los ojos.
Puso unas pinzas en mis pezones y a lo ancho de mis tetas hasta las axilas, también puso pinzas en mis labios mayores hacia las ingles y la parte interna de los muslos. Sólo que esta vez antes de dejarlas puesta, ponía una cuerda muy delgada dentro de la pinza, por lo que hacía una línea completa de pinzas unidad en tira una con otra. Hizo todo con mucha calma, lo que me estaba poniendo muy nerviosa, no podía ver, sólo sentir; hasta allí el dolor era soportable, pero lo que vino después me estremeció.
Sacó de golpe el dildo de mi culo y me lo metió a la vagina, di tremendo salto y grito ambos movimientos, me dolió demasiado, se escurrieron las lágrimas por mi rostro.
-has ganado tus primeros 10 azotes…
Yo no quería hacer ningún ruido más, sólo estaba esperando de donde venías los azotes que me daría, con resignación puse duro mi cuerpo, pensaba resistir y no volver a desobedecer.
Comenzó con nalgadas, continuó con cachetadas y terminó de azotarme en la parte externa de los muslos, casi llegando a las rodillas. Al terminar, se colocó frente a mí, me tomó del cabello, y me metió la verga que ya la tenía completamente erecta hasta la garganta, di algunas arcadas…recibí más cachetadas, me dio como 20, yo sentía la cara completamente ardiente, continuaba follando mi boca, provocando asfixia, tapaba mi nariz, escupía mi rostro.
Se detuvo antes de eyacular, y tomó desde las axilas las dos líneas de pinzas que tenía cruzando mis tetas, las jaló al mismo tiempo y provocó un dolor horrible y espantoso en todo mi cuerpo, grité muy fuerte y lloré aún más.
-Eres una puta muy desobediente, te estás ganando muchos azotes, veo que te encantan zorra caliente.
Yo ya no podía sostener la posición, mis manos estaban en la nuca, pero mis codos los bajé tapando un poco mis tetas y el culo lo tenía hacia atrás casi sentándome, doblada de dolor.
-Te ayudaré a tomar tu posición puta.
Se quitó el cinturón y comenzó a azotarme muy fuerte con él, primero la espalda, por lo que la arquee y se abrieron mis codos, después la parte interna de mis muslos, hasta que fue zafando las pinzas puestas allí, las últimas las arrancó jalando la tira completa. Apreté los labios y los ojos para no gritar, pero gemí, nunca había sentido tanto ardor y dolor en mi coño y muslos.
-Con que más azotes puta, gatea hasta el tubo.
Me coloqué en posición de gateo pero no ubicaba hasta donde estaba el tubo, así que él me pasó el cinturón por el cuello, lo puso a manera de collar y me arrastró hasta allá, estaba asfixiándome, comencé a babear mucho con la lengua de fuera.
Me quitó el listón de los ojos y con ese mismo me amarró las manos en el tubo. También me quitó el cinturón del cuello.
-Camina 3 pasos hacia atrás. La cabeza a la altura de las manos, la mirada hacia el piso, piernas extendidas, no dobles las rodillas, para bien el culo, esas nalgas van a temblar ahora.
Comenzó dando tremendos cinturonazos en mis nalgas, después fue bajando azotando toda la parte posterior de mis muslos y piernas, en todo ese trayecto gemí como 5 veces, no aguantaba más y él seguía y seguía dándome sin compasión. En momentos doblaba un poco las rodillas o metía el culo hacia adelante por los azotes, pero entonces él se pasaba al frente y azotaba mi coño o la parte frente de mis piernas y volvía a estirarme.
-Aprendiste la lección, puta?,
Yo asentí con la cabeza, pero él continuó. Me desamarró las manos del tubo y me arrastró del cabello hasta el columpio, me acomodé en él. La tira del “asiento” quedó en la parte alta de mis muslos, el culo quedaba al aire y contaba también con aditamento para colocar los pies, como tenía la opción de halar las cuerdas de donde colgaba y hacerlo más alto, él me subió bastante y acomodó debajo el potro, se acostó, se puso cómodo y desde allí comenzó a azotarme el coño y el culo con el cinturón.
-Abre las piernas, puta, quiero ver esos hoyos. Sácate el dildo de la vagina y mételo en tu boca, quiero que te folles tú sola la boca mientras te azoto.
Esta imagen de mí ahí colgando con los hoyos dispuestos para él y el cuerpo todo adolorido me pusieron cachondísima, mi vagina estaba escurriendo y lubricada, las tetas súper duras y pezones parados, aun así el dolor era muy grande.
Con su pie me empujaba y yo me mecía sobre él, continuaba azotando con el cinturón donde cayera, a veces daba en el clítoris, a veces en muslos, piernas, nalgas, si lo extendía más me daba en abdomen y tetas, mientras yo me sostuve con una mano del columpio mientras con la otra metía y sacaba el dildo de mi boca, estaba babeando, si me cansaba cambiaba de mano. Mientras Hernán por momentos se masturbaba, veía su cara tan excitada y disfrutando.
Después se levantó, trajo una vara de madera, quitó el potro del amor debajo del columpio y me bajó, puso las tiras hasta el piso y me acostó sobre ellas, la tira que estaba debajo de mis muslos quedó en mi pubis, y en la que se recargaba mi espalda quedó arriba de mis tetas, los brazos extendidos hacia adelante, elevó el columpio y quedé colgada boca abajo, los soportes de los pies los acomodó en mis tobillos, ya colgando, metió mis manos dentro de los soportes de los pies, por lo que quedé completamente extendida hacia abajo, con manos y pies unidos.
Con la vara comenzó a azotar las plantas de mis pies, y por instinto yo cubría con mis manos, por lo que me llevé muchos azotes en las manos, plantas y dorso de los pies, con mis ojos suplicaba clemencia, pero Hernán estaba decidido, continuó hasta considerar que había aprendido mi lección. El dildo lo mantuve mordiendo entre mis dientes pues ya no podía sostenerlo con mis manos, por lo que tomó la tira de tela y la amarró alrededor de mi cara para mantener el dildo en mi garganta.
Me dejó allí colgando y se tumbó en la cama, pidió la cena y hasta ese momento recordé que no habíamos cenado. Acostado él, fumó un buen rato, bebió agua y revisó su celular. Después se paró, me tomó fotos y videos ahí colgada mientras me decía lo puta que era, que mis hoyos eran suyos y que desobedecer sus instrucciones traían las consecuencias que yo estaba pasando en ese momento.
Llegó la cena y me bajó de allí, él se acercó una silla al tocador y se puso a comer mientras escuchaba música, yo estaba tumbada en el piso con las manos aun unidas a los pies, aunque debo decir que agradecí el descanso.
-Tienes hambre puta?
Yo asentí con la cabeza.
Me desató, me quitó el dildo de la boca y me amarró las manos a la espalda, del cabelló me llevó junto a la cama, puso mi plato de comida en el piso, junto con una botella de agua.
-Come en el piso como la perra castigada que eres.
Yo me agaché hasta el piso, metí la boca al plato y comencé a comer, me embarré toda la boca, las mejillas, los ojos, toda la cara prácticamente.
-Qué cerda eres, una puta que no tiene modales.
Me grabó y tomó fotos de todos los ángulos que quiso, hasta que terminé mi plato.
Me quedé ahí en esa posición que me había puesto, prácticamente con la cara el piso y el culo elevado. Hasta que me tomó del cabelló y me levantó.
-Tienes sed cerda.
Asentí con la cabeza.
-Pues bebe.
En eso abrió la botella, tomó y me lo escupió en la cara, así varias veces hasta que se acabó la botella escupiéndome todo el cuerpo, decía que estaba echa un asco, con saliva, sudor y mugre. Por lo que me llevó a la regadera arrastrando.
Me puso de rodillas, yo llevaba las manos atadas en la espalda, me abrió las piernas y me pidió que abriera la boca y sacara la lengua.
-Entonces tienes mucha sed, puta?
Volví a decir que sí con la cabeza
-Esta es tu última prueba, aquí termina tu castigo si obedeces como buena putita. ¿Entendiste?
Lo miré con ojos de compasión y volví a decir con la cabeza que sí.
Comenzó a orinarme, primero el cuerpo y luego la cara, terminando en mi boca, fue tan asqueroso y caliente que nunca pensé en mi puta vida que tragaría meados de ese hombre. Él estaba bastante excitado.
-Traga perra, no desperdicies ni una gota.
Cuando terminó se salió del baño, desde allá me gritó.
-Báñate rápido, quítate ese olor y ven a seguir complaciendo a tu rey.
Rapidísimo prendí la regadera, y tomé el shampoo, enjaboné y lavé velozmente mi cuerpo sin salir del agua de la ducha, me enjuagué y hasta jabón me metí en la boca, quería oler rico para él, porque si me portaba bien y era obediente, el castigo terminaba allí. Me sequé todo el cuerpo.
Salí, con la toalla en el cabello y avancé unos pasos hasta la cama, doblé la toalla y la dejé en el buró. Acomodé un poco mi cabello con mis dedos y él estaba observándome. Me quedé parada junto a la cama, separé mis pies, puse mis manos en la espalda, abrí la boca y saqué la lengua, era mi manera de expresar que estaba lista y limpia.
Él que estaba acostado viendo todo, me extendió una mano y yo me subí a la cama. Me puso en 4 y se colocó detrás de mí.
-Puedes gemir y hablar, tienes mi permiso putita.
-Gracias mi rey.
Me bajó la cabeza a la cama, tomó mi cadera y arqueó mi espalda, quedando mi culo muy levantado, comenzó a acariciar mi coño, dando golpecitos, suaves y duros, acarició mi clítoris mientras metía los dedos en la vagina y ano, me estaba excitando demasiado, traté de mantener mi postura, sin moverme ni siquiera cuando me estremecía, no quería más castigo, quería mi orgasmo.
Estuve gimiendo de placer, cuando comenzó a penetrarme con su deliciosa verga, primero por la vagina y luego de una embestida brutal me penetró el culo, dolió muy fuerte, pero continuó acariciando mi clítoris, era una sensación gloriosa, él se vino en mi culo y yo tuve el orgasmo más rico que había experimentado, terminé lengüeteando su verga hasta dejarla bien limpia.
-Descansemos que mañana tengo congreso, ya es muy tarde.
Continuará…
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