Saga Switch - Cap2. La sala número dos
La puerta se cierra y el mundo exterior desaparece. En esa sala, las reglas cambian: él no es el dueño, es el juguete. Y esta noche, ellas deciden cómo usarlo.
LA SALA NÚMERO DOS
"Para la numerología, el número dos representa la dualidad de los humanos y simboliza la puerta de entrada a nuestras sensibilidades"
En total había siete misteriosas puertas a lo largo de aquel oscuro pasillo. Yo me moría por descubrirlas todas, pero aquella noche Anna abría ante nosotros la número dos.
La luz teñía de azul una decoración sencilla pero elegante. Una cama de cuero redonda ocupaba la mayor parte del espacio, pero lo que verdaderamente había captado mi atención era la pared lateral, estaba llena de agujeros; de todos los tamaños y a todas las alturas. Según acababa de explicar Anna, conectaba nuestra habitación con la número tres, una sala que aún no había visto pero que esperaba descubrir algún día.
Incluso con la puerta cerrada, la música embriagaba el ambiente a través de unos altavoces cuidadosamente escondidos en el techo. No era exactamente como lo había imaginado, pero el lugar era perfecto; erótico y ciertamente acogedor. Me senté al borde de la cama observando la estancia y bebí un trago largo de mi copa.
—¿Abrumada? —Anna me sorprendió con una caricia suave en el hombro y noté cómo mi cuello se movía de forma autónoma dejando el camino libre a sus atenciones. Tenía una forma de erizarme la piel única, relajando cada pensamiento intrusivo que amenazara con ahogarme. Sus labios se acercaron y rozaron el arco de mi oreja, sentí el calor del susurro invadirme las entrañas—. Tu poder es tuyo, ragazza, nadie puede quitártelo, ni si quiera tú misma.
Mario observaba la escena desde la esquina. Su cara mostraba esa expresión que siempre ponía cuando estaba a punto de dar un volantazo. Podría reconocer el brillo de esos ojos entre la multitud y afirmar, sin miedo a equivocarme, lo que estaba planeando al ver a Anna pasar la lengua lentamente por mi cuello. Me incorporé y le tomé de la mano situándole justo delante de ella. Me arrodillé y empecé a desabrochar sus zapatos, desde el suelo pude vislumbrar cómo sonreía triunfante.
—Esta noche no —me incorporé y me situé detrás de él, despejando las vistas a Anna, que se encontraba a tan solo unos centímetros de nosotros—. Esta noche, te deseo sumiso.
Si Mario tenía una debilidad era la de cumplir fantasías, especialmente las mías. Su placer funcionaba así, incluso cuando dominaba tenía esa parte sumisa y complaciente que tanto me gustaba. Mi placer lo era todo para él, se alimentaba de él hasta empacharse y, solo cuando yo quedaba del todo satisfecha, se corría.
—Esta noche —empecé a quitarle la camiseta lentamente, dejando al descubierto esos hombros anchos que tanto me gustaba exhibir—, las únicas palabras que quiero escuchar de tu boca son “sí Ama” o “rojo”.
Tiré su camiseta al suelo sin importarme dónde cayera y le pasé las manos por la cintura, rodeándola hasta llegar al botón de sus vaqueros negros que cedió sin dificultad ante mis dedos. En cuestión de segundos Mario estaba completamente desnudo, expuesto.
—Y como vuelva a ver esa sonrisa de suficiencia —el azoté retumbó por toda la sala. La mano me escocía del impacto, pero sabía que a él le había escocido en un lugar aún más profundo—, abriré esa puerta y dejaré que sea Anna la que decida qué hacer contigo, y ella no será tan indulgente como estás acostumbrado a que sea yo. ¿Me has entendido?
Mario asintió levemente.
Anna se levantó y le cogió por las mejillas con una sola mano, obligándole a mirarla directamente a los ojos.
—De rodillas, cucciolo.
Presioné mis manos sobre sus hombros para apoyar la orden que acababan de darle, pero no necesité hacer mucha fuerza. La voz tranquila pero autoritaria de Anna acababa de romper cualquier defensa que quedase en la mente de Mario.
—Tu Ama te ha hecho una pregunta. Responde adecuadamente.
Su mano, que aun sostenía sus mejillas le obligó a girar el cuello y mirarme.
—Si, Ama.
Esta vez la que sonrió triunfante fui yo.
—Recuerdo que dijiste en una de nuestras conversaciones —ahora la atención de Anna se dirigía directamente a mí mientras sostenía la cabeza de Mario con firmeza—, que tu juguetito tenía una lengua mágica. ¿Qué te parece si le damos el uso que merece?
Los rodeé a ambos y me senté al borde de la cama, mirando hacia la pared de agujeros pensativa.
—No creo que se haya ganado ese privilegio todavía. Que use las manos, la noche aún es larga, tendrá tiempo de demostrar si se merece un premio tan jugoso como saborearte.
Anna se sentó a mi lado y bebió un sorbo de su copa. Sus labios húmedos me tentaban casi tanto como la pared de agujeros en la que no podía parar de pensar. Casi como si me leyese los pensamientos, Anna se acercó y me besó. Su lengua, fresca y ácida por el alcohol, se movía juguetona dentro de mí. De repente, hacía demasiado calor, y las manos me hormigueaban. Quería tocarla, me moría por descubrir cómo se sentirían sus pezones al ponerse duros bajo el roce de mis dedos, pero tenía planes mejores en mente, planes más… humillantes, así que me recompuse como pude.
—Acércate.
Mario obedeció al instante. Le senté entre nosotras, y lo acomodé entre las piernas de Anna, a cuatro patas.
—Puedes besar y lamer cualquier parte —sentía la voz tan áspera que apenas reconocí la orden como mía— pero no quiero que tu boca saboree su coño, todavía no.
Hice presión sobre su nuca, obligándole a lamerle los muslos. Su culo quedó completamente expuesto, abierto para mí.
Mientras Anna saboreaba su copa y Mario saboreaba sus piernas obediente, abrí mi bolso y saqué el lubricante. El contacto de mis dedos pringosos en la entrada de su culo hizo que se sobresaltara, pero Anna sostuvo el agarre sobre su cabeza impidiéndole moverse.
—Shhhh. Relájate…
Un gemido ahogado le delató, contrariando aquel intento de retirada que acababa de hacer.
—Así… Lo estás haciendo muy bien.
La mano de Anna jugaba con su pelo mientras que mi dedo ya se había abierto paso a través de su agujero, dilatándolo. No necesité mucho tiempo hasta que pude introducir dos. Miré a Anna y sonreí con cierta crueldad sádica, a Mario no le gustaba el dolor físico, pero el emocional… No podía evitar empalmarse con la humillación, cuanto más le tocaban el ego más dura se le ponía.
—Sabes Anna… —empujé el segundo dedo más adentro— el culo de Mario es como un coño, se dilata con la excitación y juraría que hasta lubrica.
Oímos a Mario gruñir airado, pero Anna y yo estábamos concentradas la una en la otra. Observé cómo disfrutaba saboreando la copa, cómo se relamía los labios de forma provocativa… Una pregunta silenciosa se coló en su cara y yo asentí levemente, mirándola a los ojos; justo cuando el tercer dedo empezó su camino hacia el interior de Mario, Anna lo agarró por la nuca y le hundió la cabeza en su coño.
—Huele bien, eh… ¿Quieres descubrir a qué sabe?
Le soltó del agarre el tiempo suficiente para dejarle responder.
—Sí, Ama.
Anna sonrió y acercó la boca a su oreja mientras yo estimulaba su punto G, con los tres dedos hundidos hasta los nudillos. A estas alturas la polla le chorreaba uniéndole al cuero de la cama a través de un viscoso hilo.
—Me ha comentado un pajarito que eres un cornuto al que le encanta limpiar coñitos después de que otros los hayan usado.
Mario cerró los ojos evitando el contacto visual. A mí me encantaba verle así de avergonzado, sentía mi propia humedad resbalar entre mis piernas, quizás hubiera sido buena idea haberme puesto ropa interior con la falda.
—Sé que has visto esa pared de ahí. Tu Ama, ciertamente, no le ha quitado el ojo de encima desde que entramos. ¿Qué te parece si le damos el uso que merece?
Anna me miró juguetona y luego volvió a centrar su vista en Mario.
—¿Qué crees que querrá ella? ¿Le pondrá más hacerte un cornuto o una puta? ¿Qué agujero crees que estrenará la pared, mi coño o el tuyo?
—¡No! —Mario me miró suplicante.
—Esa no es la palabra de seguridad.
Le devolví la mirada desafiándole a decirla, pero él se limitó a dejar caer la cabeza abatido.
—Sí, Ama…
¡Hola! Si has llegado hasta aquí, déjame darte las gracias, tu tiempo significa todo para mi.
Si te ha gustado, por favor, no olvides valorarlo con estrellitas, es un momentito y a mí me ayudaría mucho.
Si, además, te apetece tirar la casa por la ventana, te animo a que me dejes un comentario con tus opiniones, teorías o críticas sobre el capítulo. Tu aportación es super importante para mí y me ayuda a seguir escribiendo.
¿Listos/as para descubrir más sobre Vera y Mario? Nos vemos en el próximo capítulo... y, recuerda, a veces, ceder el control es la mayor muestra de confianza;)
Relatos similares
- Dominación
Dominado a las mujeres lópez ugalde
Esther siempre tuvo el control. Hasta que él la descubrió desnuda ante sus secretos y decidió que, a partir de ahora, ella solo existiría cuando él…
Comparte:Dominacion femeninaBdsm plenoHeterosexual general
- Dominación
Mi vecina 2
Carla no es solo la vecina de al lado; es quien tiene las llaves de tu sumisión. Esta vez, no hay salida, solo órdenes que cumplir y placer que…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaHeterosexual general
- Dominación
La Orquídea y el Escorpión (2)
Luciana siempre fue brillante, pero un día Loana la redujo a polvo. Ahora, arrodillada a sus pies, Luciana no siente vergüenza, sino éxtasis.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaHeterosexual general
- Dominación
Historia de una sumisa 1
Solo una noche bastó para destruir su vida y encender un deseo que no podía controlar. Ahora, con el corazón roto y la piel aún marcada, no tiene más…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaHeterosexual general
- Dominación
Cafetería PARAISO, cap. 1
Matías lleva años buscando la sumisión que perdió con su esposa, pero ninguna profesional le satisface.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaHeterosexual general
- Dominación
Roberto el pajero 1
El silencio del baño se rompe con un grito de desdén. En lugar de huir, ella lo obliga a quedarse.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaHeterosexual general