Mi vecina me domina (28)
La tarde terminó para todos. Paula se encendió un cigarrillo echada en la cama junto a Paqui que era abrazada por su hija. La visita de Paula desata una serie de humillaciones y castigos físicos sobre el esclavo y las mujeres, revelando un juego de poder complejo y controlado a distancia.
La tarde terminó para todos. Paula se encendió un cigarrillo echada en la cama junto a Paqui que era abrazada por su hija.
No tienes por qué preocuparte, mi niña. Le pertenezco por decisión libre mía. Gozo mucho con ella.
Pero…. mamá, mira como te ha dejado tus pezones. Te tienen que doler mucho.
No, lo que cuenta es lo que ella disfruta.
Sara, ¿lo estás oyendo? Y tú también vas a disfrutar, te lo aseguro. Acércate que te de un beso.
Sara se acercó obedeciendo a Paula y se besó con ella. Yo me mantuve en el suelo con el plug introducido en mi culo hasta que Paula me mandó dejarlas solas e irme a mi celda. Desde allí oí que hablaban pero sin saber concretamente lo que decían.
Ufff, tengo que ir al baño. ¿Me puedo llevar al esclavo, Paula?
Mejor que no, solo hazlo en su bol y después lo disfrutaremos las tres juntas.
Vi como Sara se llevaba mi bol de los líquidos para después dejarlo junto a mi celda.
No lo tomes hasta que Paula te lo diga.
Volvió a irse al dormitorio de su madre donde Paula y Paqui se acariciaban abrazadas y se besaban con mucha lujuria.
Si molesto me marcho a mi habitación.
No, no molestas. Pero quiero que te quedes ahí de pie mirándonos a tu madre y a mí.
Mirándolas a ellas Sara se comenzó a excitar al ver como Paula escupía sobre los pechos de su madre para después pasar su lengua por ellos y lamer sus pezones.
Así te sentirás mejor mi perra sumisa.
Gracias, te quiero mucho Paula.
Yo haré que me quieras mucho más hasta el punto de no saber estar sin mi, tu dueña.
Se levantaron y fueron al baño. Primero Paula orino para después dejar que lo hiciera Paqui.
Sara, arrodíllate ante tu madre. Quiero que vayas aprendiendo a ser humillada por mi, tu Ama. Paqui abre bien las piernas y adelántate un poco para que tu hija te saboree.
No la humilles de esa manera, por favor. Conmigo haz lo que quieras pero déjala a ella, te lo suplico.
Ha de aprender a obedecer Paqui. Entiéndelo. La mejor manera de hacerlo es sometiéndola a humillaciones que ha de obedecer.
Sara se arrodilló ante su madre que con sus dedos entreabrió los labios de su coño para dirigir su chorro de orina hacia la boca de su hija que ya tenía la boca abierta esperando llenarse de la orina de su madre.
Hazlo mamá, no quiero que sufras más castigos.
Paqui comenzó a soltar un chorro de orina en la boca de su hija que iba tragando sin parar. Cuando terminó Sara pasó su lengua por el coño de su madre para limpiarla toda.
Así me gusta. Veis como no es tan difícil complacerme. Vayamos al comedor me apetece relajarme un poco.
Sabía que venían hacia mí porque la puerta de la celda se abrió. Se sentaron las tres juntas ordenándome que les sirviera una copa.
Ponte en posición que necesitamos relajar las piernas.
Paula y Sara pusieron sus pies sobre mí pero ya no había espacio para Paqui.
¿No crees que tu madre tiene más derecho que tú a descansar sus piernas? Ponte como el esclavo, ¡vamos!
Sara se echó al suelo como yo para que su madre pusiera sus piernas sobre ella. Mientras podía ver como delante de Sara y yo iba cayendo la ceniza de sus cigarrillos acompañada de escupitajos.
Ya podéis limpiarlo. Lo quiero todo limpio.
Tras agachar cada uno nuestra cabeza fuimos lamiendo y limpiando todo el suelo hasta que estuvo a gusto de Paula.
Bueno. ¡Esclavo a tu celda!. Ya puedes tomarte tu “zumo”, seguro que tienes sed. Yo ya me marcho a casa. Ha sido un día muy intenso y necesito descansar.
Paqui y su hija la acompañaron a la puerta arrodillándose ante ella besándole sus botas y así despedirse de ella.
Os llamaré y quiero que me obedezcáis. Voy a montar unas cámaras aquí para ver cómo os portáis en mi ausencia. Luego llamaré para que vengan a instalarlas.
Madre e hija se sentaron en el sofá mientras me miraban. Se fumaron un cigarrillo hablando de lo que habían sentido.
Hija quiero que sepas que aunque Paula sea mi dueña ese sigue siendo nuestro esclavo para servirnos en todo y gozar de él. ¿Y tu?
Te confesaré que no imaginé nunca que pudiera disfrutar así como sumisa y menos ante mi amiga Paula.
Abrieron la puerta de mi celda para que saliera de ella.
Prepáranos algo para cenar.
Cenaron, se fumaron un cigarrillo y sin hacerme caso alguno charlaron sobre la idea de tener cámaras en casa para ser vigiladas por Paula.
Ve a fregar los vasos y los platos de la cena.
Mientras fregaba todo pude ver como madre e hija se abrazaban.
Cuando termines nos avisas y te vas a tu celda.
Fui al dormitorio de Sara para avisarle y no la encontré. Entonces fui al de su madre y allí estaban las dos juntas en la cama. Pasé la noche pensando cuál sería a partir de ahora mi función en la casa al estar las que eran mis dueñas sometidas y vigiladas por Paula.
¡Perraaaa, date prisaaaa!
La puerta de mi celda se había abierto y Sara me estaba llamando. Debía ir deprisa. Al llegar al dormitorio de mi señora Paqui, donde había pasado la noche, recibí unos bofetones con una de sus zapatillas de goma.
Mereces un buen correctivo. ¿Por qué has tardado tanto?, tengo la vejiga que me va a explotar.
Allí mismo, tumbado en el suelo Sara se sentó sobre mi boca para hacerme tomar mi “desayuno” caliente y sabroso. Cuando terminó se echó otra vez en la cama ordenándome que le besara los pies. Para mí era un honor ir lamiendo las plantas de sus pies y Lugo chupar cada uno de sus dedos.
¡Prepárame el desayuno! Voy a despertar a mi madre.
Antes de irme pude ver como acariciaba el cuerpo de su madre dándole besos por todo él. Al rato aparecieron las dos en la cocina donde todo estaba preparado así como los dos bol míos en los que me prepararían mi “desayuno”.
¿Qué harás hoy mamá? Yo he de ir con Raquel de compras al centro comercial.
Pues esperaré en casa por si me reclama Paula.
Sara se marchó quedando la señora Paqui conmigo.
Mira como tengo los pezones. ¿Te gustaría tenerlos así, como los míos?
Sus pezones habían sido torturados con cigarrillos por Paula. Debía de haber sido algo muy doloroso.
Como usted, mi señora, desee.
Voy a pedirle permiso a Paula antes de nada. Me debo a ella.
Paula estuvo encantada de que lo hiciera aunque le hubiera gustado estar presente pero tenía una reunión importante en su trabajo.
Como has oído Paula me ha dado su permiso para tratarte tus pezones. Eso si, me ha dado unas instrucciones para hacerlo. ¿Te las digo, esclavo?
Mientras fumaba me fue informando de cómo Paula le había dicho que lo hiciera.
Te lo diré. Ponte de pie. Ahora voy a inmovilizarte con film transparente todo el cuerpo para después recortar solo aquellos trozos en los que deseo marcarte.
Paqui tomó el rollo de film transparente y comenzó a rodear mi cuerpo con él quedando totalmente inmóvil y a su capricho, con mis manos sujetando el prepucio y dejándolo separado. Después me echó sobre el suelo y tomando una tijera fue liberando mis pezones para después liberar mi polla. Cuando todo estuvo a su gusto me colocó la mordaza de bola en mi boca para evitar quejidos.
Ahora vas a ver como enciendo mi cigarrillo y como voy dándole caladas para que esté como a mí me gusta. He liberado tu polla porque la voy a usar de cenicero. Tus manos me la van a ofrecer.
Tras unas caladas al cigarrillo y echar la ceniza en el “cenicero” acercó la punta rojiza a uno de mis pezones para después acercarlo al otro. Sentía el calor creciente conforme su cigarrillo se acercaba a mis pezones. Al terminar dejo caer un escupitajo en mi polla para después apagar la colilla y volver a encenderse otro.
Ahora vas a sentir más calor que antes. Pues voy a marcarte con el.
Esta vez y con el cigarrillo recién encendido lo fue acercando a uno de mis pezones hasta dejarlo pegado a él durante unos segundos. Después volvió a darle unas caladas para prepararlo y lo acercó al otro pezon. Al terminar de fumárselo lo acercó hasta aplastarlo sobre uno de ellos hasta apagarlo y echar la colilla en mi polla.
Me gusta ver tus pezones marcados. Si quieres puedo acariciártelo para mitigar tu dolor. Te quitaré la mordaza para que me contestes.
Por favor, no. Ahora están tan quemados que cualquier roce no sé si podría aguantarlo.
Ja, ja, ja, he entendido que deseas que te los acaricie, ¿verdad?
Nooooooooo……
Está bien te los acariciaré con mis uñas. De esta manera se aliviará tu dolor.
Tras acariciármela varias veces y ver yo las estrellas de dolor, sonó el teléfono. Era Paula.
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