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Intercambiosfeb 2025

Cornudo lamedor de coños

Emma y Sally siempre compartieron todo, incluso sus secretos más íntimos. Pero cuando deciden intercambiar maridos, Frank no solo quiere follar; quiere dominar. Y para Billy, la noche promete ser mucho más que un simple encuentro sexual.

yanine1028K vistas8.7· 14 votos

Cornudo lamedor de coños

Emma y Sally siempre habían estado muy unidas... Eran hermanas con sólo un año de diferencia y nunca guardaron ningún secreto entre ellas.

Emma, la mayor, siempre hablaba de lo bueno que era su marido Frank en la cama... Aparentemente su polla medía más de 20 cm., de larga, además de bien gruesa... Y sabía cómo usarla.

El marido de Sally, Billy, era todo lo contrario... Su pequeña y delgada polla medía unos patéticos 10 cm.,, aunque lo que le faltaba en longitud y grosor, lo compensaba con el uso de su lengua.

- "Eres muy afortunada de tener la gran polla de Frank a tu disposición, ni una sola vez en 5 años de matrimonio Billy me ha hecho correrme con esa polla suya", suspiró Sally.

- "No sé que en cierto modo estás mejor, Frank suele ser un amante bastante egoísta a veces... Nunca me hace oral... Y dice que esa gran polla suya es el regalo de Dios para las mujeres", respondió Emma.

- "Sólo una vez me encantaría probar una polla grande... Sabes que Billy es el único hombre que he tenido... A menudo me he preguntado cómo sería un hombre así, follándome", le dijo Sally suspirando de nuevo.

- "Tengo una idea... ¿Por qué no intercambiamos?... Nunca te he dicho esto, pero Frank me ha dicho un par de veces que no le importaría follarte, y estoy segura de que Billy no rechazaría esta oportunidad de cambiar”, se rió Emma.

Más tarde esa noche, Emma le hizo su propuesta a su marido... Frank, siendo el cabrón cachondo que es, estuvo totalmente de acuerdo, con una condición:

- "No quiero que ese pequeño debilucho de Billy te folle... Él puede lamerte, pero nada más."

- "Me parece bien... Por lo que Sally me ha dicho, tiene una polla tan pequeña que no la sentiría, acostumbrada a tu gran pollón, cariño... Si quieres, podemos colocarle algún tipo de dispositivo de castidad masculina... Eso podría ser divertido”, se rió Emma en respuesta a lo que le ordenó su marido.

Mas tarde, esa noche, justo después de que Emma llamara para informarle las condiciones de Frank, Sally le contó lo que habían hablado su marido Billy y ella.

Habían acordado el intercambio y cómo Frank había insistido en que sólo a él se le permitiera follar, a él le colocarían una jaula para su ‘pollita’ y sólo debía realizar sexo oral.

- "Pero eso no es justo, Frank puede follarte y yo sólo puedo lamer a Emma", se lamentó Billy cuando supo las intenciones de su cuñado.

- "Lo siento querido, pero así será... De todos modos tu pequeña polla no le haría nada a mi hermana Emma... La polla de Frank es más del doble de grande que la tuya... Reconócelo y asúmelo", le dijo Sally.

Sin otra opción, Billy aceptó a regañadientes,... Además Sally le había dejado perfectamente claro que iba a dejar que Frank la follara de todas las formas que quisiera, por lo que bien podría probar el coño de su cuñada.

Al día siguiente, Emma y Sally pusieron su plan en marcha... El plan era que los cuatro comieran en la casa de Sally y Billy, y más tarde en la noche tomaran caminos separados con sus maridos.

Como de costumbre, Frank estaba muy excitado... Felicitó a Sally por lo bien que se veía y en un momento incluso le dio una palmada juguetona en el culo mientras Billy miraba tímidamente.

Finalmente, una vez terminada la cena, lavados los platos y bebidos unos cuantos vasos de vino, comenzó la verdadera acción.

De manera humillante para Billy, había llegado el momento de que su mujer le ordenase que se desnudara y le colocaron su dispositivo de castidad masculina: una jaula..

La jaula consistía en una pequeña funda de plástico que se colocaba firmemente alrededor del pene y se bloqueaba mediante una pequeña cerradura de latón y una llave.

Frank insistió en colocarle el dispositivo de castidad, la jaula, lo que hizo a la vista de ambas mujeres mientras Billy estaba de pie en el medio de la habitación con sus manos detrás de la nuca y mirando al frente.

- "Esto deberá evitar que hagas travesuras... No es que pudieras haber hecho mucho con esa cosita de pollita que tienes, pero mejor así", rugió Frank, mientras colocaba la pequeña llave en su bolsillo.

Con eso, todavía riendo mientras avanzaba, Frank tomó a Sally de la mano y la llevó escaleras arriba.

Sintiéndose más nervioso que en cualquier otro momento de su vida, Billy se quedó allí parado mientras Emma comenzaba a hacerse cargo de él.

- "Ponte esto, mariqita", le dijo sacando varias prendas de lo que parecía ser ropa interior femenina de una bolsa que llevaba.

- “Pero esa es lencería de mujer... ¿Por qué tengo que ponérmela?”, tartamudeó Billy.

- "Porque eres un mariquita que nunca ha satisfecho a mi hermana... Por eso... Ahora póntela", le gritó.

Para su vergüenza, Billy cumplió sus órdenes, se sintió muy marica y se puso las prendas que consistían en un sostén negro, bragas, medias y ligas, completos con tacones de 8 cm de tacón a juego.

Luego, para aumentar su control sobre su cuñado, Emma colocó un par de esposas en las muñecas de Billy para asegurarlas detrás de su espalda, y también le colocó un collar de perro y una correa alrededor de su cuello.

Sentada en el sofá, Emma se levantó la falda, se bajó las bragas, dejando al descubierto su coño cuidadosamente recortado, enmarcado por un par de medias y ligas exactamente iguales a los que él llevaba.

- "Bueno, no te quedes ahí parado boquiabierto, lame mi coño ahora", exigió ella, tirando bruscamente de su correa mientras hablaba.

‘Qué humillante es todo esto’, pensó Billy.

Allí estaba rindiendo homenaje al coño de su cuñada, mientras a su esposa se la llevaba su cuñado escaleras arriba hacia su dormitorio.

Lamiendo el coño húmedo de Emma, Billy apenas podía concentrarse... El ruido que venía del dormitorio era increíble... La cama sonaba como si estuviera recibiendo golpes terribles y su esposa Sally, que normalmente estaba callada durante el sexo, gritaba como si la estuvieran matando.

Haciendo una pausa por unos segundos, Billy gritó:

- "Creo que Frank la está lastimando."

- "No seas estúpido, pequeño mariquita... ¿No reconoces los gritos que hace una mujer cuando un hombre de verdad se la está follando?", bramó Emma a cambio.

Volviendo a su tarea, Billy continuó rindiendo homenaje al coño de su cuñada, mientras a su esposa le daban la follada de su vida, justo encima de él, en su dormitorio.

- "Oh, sí, eso es muy bueno... Lámeme más fuerte, maldita mariquita", gritó Emma, obviamente disfrutando cada segundo.

- "Fóllame, oh fóllame... ¡Síssssss!", se escuchó desde el dormitorio mientras Frank continuaba su ataque contra el coño, ahora no tan apretado, de Sally.

Sorprendentemente, los gritos de ambas hermanas comenzaron a llenar la casa... Tanto Emma como Sally se corrían al mismo tiempo... Sally lo hacía por medio de la gran polla de Frank y Emma por la lengua inquisitiva de Billy.

De repente la casa quedó en silencio... Poco después, lentamente Billy sacó la cabeza de entre los muslos de Emma, con el rostro cubierto de sus jugos.

- "Levántate, maldito mariquita, tengo un trabajo para ti", gritó Emma ya recuperada, mientras tiraba de Billy por la correa en dirección a las escaleras.

Con las piernas temblorosas, siguió a Emma mientras ella se dirigía hacia el dormitorio donde yacían su esposa y Frank.

Al abrir la puerta y entrar directamente, Billy se encontró con la vista de su bien follada esposa acostada en la cama, con las piernas bien separadas y su coño lleno de esperma para que todos lo vieran.

- "Límpiala, mariquita", bramó Frank en el tono más asertivo imaginable.

- "Vamos, ponte a limpiar... ¿Dónde están tus modales?... Aún no le has dado las gracias a Frank por follarse a tu esposa", añadió Sally.

- "Gracias", respondió Billy tímidamente.

- "Gracias señor", corrigió Emma.

- "Lo siento... Gracias señor", respondió Billy por segunda vez.

Sintiéndose más sumiso que nunca en toda su vida, Billy se subió lentamente a la cama y se colocó entre las piernas de su esposa, que nuevamente estaban cubiertas con medias y ligas exactamente como los suyos.

Allí se arrodilló en la cama lamiendo el coño de su esposa como lo había hecho tantas veces antes, sólo que esta vez estaba lleno del esperma de su cuñado.

- "Será mejor que te acostumbres a esto, mariquita... A partir de ahora lo vas a hacer bastante veces", ladró Frank.

- "Sí, mi pequeño esposo mariquita... De ahora en adelante sólo Frank podrá follarme... Tú, todo lo que sirves es para limpiar coños, ¿entiendes?", le gritó Sally.

- "Sí, señora", fue la humilde respuesta de Billy.

F I N

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