Mi abuelo adora a mi mujer 16
Margo no solo comparte su cama con el abuelo del marido, sino que decide educar sexualmente al primo de la familia. Entre confesiones humillantes y eyaculaciones compartidas, el narrador se convierte en testario impotente de una guarrada familiar que lo excita más de lo que debería.
Cuando sonó el despertador, me sorprendió encontrarme solo en la cama. Ese día no tenía que ir a la oficina, trabajaba desde casa, así que, tras un rato desperezándome y viendo que Margo no era que estuviese en el baño sino que ya se había levantado, me levanté de la cama. Por la casa no se escuchaba nada y estaban todas las persianas bajadas. A la hora a la que me levantaba los días de teletrabajo, era habitual encontrarme a mi abuelo en el salón, ya que no dormía muchas horas, pero si no estaba levantado y Margo tampoco estaba, solo podía significar una cosa. Me preparé el desayuno y empecé a trabajar.
Casi habían pasado dos horas cuando apareció mi abuelo. Nadie se despertaba tan feliz en invierno porque sí. Mi mujer, sin embargo, seguía sin dar señales de vida. Cuando, con mucha calma, mi abuelo se sentó a la mesa con un café y el periódico, viendo que él no me sacaba el tema, tuve que abordarlo yo:
- Visto que no me lo dices tú, haré una de esas preguntas que humillan a un marido: ¿sabes dónde está mi mujer?
- Perdona, Toñito, supuse que era evidente para los dos y no quería que pareciera que te lo restregaba. Pasó la noche conmigo y se quedó un poco más en la cama. No ha dormido mucho.
- Bueno pues cuéntame. Normalmente me despierto, pero esta vez no fue hasta que sonó la alarma que descubrí que mi esposa no estaba en la cama.
- Pues se metió en mi cama sobre las 3 de la noche. Yo duermo siempre como un tronco, así que imagínate mi sorpresa al despertarme con una mano agarrándome el pene y unos labios besándome el cuello, la oreja, la cara, los labios… desde que os habíais echado a dormir, solo había conseguido dormitar un poco. Dice que se acostó muy cachonda incluso después de haber follado contigo. No sé si quieres que te cuente algo más.
- Bueno… si me cuentas un poco lo que hicisteis, te lo agradecería, por saciar mi curiosidad.
Mi abuelo bebió tranquilamente un par de tragos de su café.
- Que se enfría… Pues nada, lo que hacen un hombre y una mujer en la cama. Nuestra princesa es apasionada de cojones. En cuanto me la puso dura se bajó a lamerme un poco. Yo todavía rozando el sueño, estuve apunto de correrme como flotando en una nube, para luego seguir durmiendo, pero me pareció descortés, así que hice un esfuerzo y la subí a mi lado. Nos besamos salvajemente y bajé para devolverle la cortesía, pero me avisó de que todavía llevaba restos tuyos. Igualmente le metí dos dedos, que hago magia con ellos, y le di golpecitos con la lengua en el clitoris que tiene. Luego la follé a misionero, ella me lamía la cara, los labios, hasta el bigote. Cuando nos corrimos, me quedé dormido encima de ella, con sus uñas acariciando mi espalda.
- Joder, me he excitado con la historia. De nieto a abuelo, sinceramente, ¿tú crees que soy normal? ¿Que somos normales Margo y yo?
- No tengo ni idea, Toni, querido. Sé que hay matrimonios convencionales que se quieren toda la vida, como mi caso con tu abuela. Sé que, luego, hay matrimonios que se quisieron los primeros años y el resto de su vida prácticamente se han detestado. Matrimonios en los que apenas se conocen uno al otro, matrimonios infieles a las espaldas… Supongo que todos esos casos son “normales”, mientras que vosotros no. Y sin embargo os amáis como pocas parejas que yo haya conocido, y se ve que tenéis para rato. Os conocéis, os gustáis con lo que conocéis, no tenéis secretos oscuros… te diría lo mismo incluso si yo no estuviera en el ajo.
- Imagino que no fue lo último que hicisteis, lo de anoche, digo.
- No, imaginas bien. Pero esta mañana fui yo quien la despertó. Qué buen despertar tiene esa niña. Al poco ya estábamos enredados. Se me subió encima y me cabalgó de frente y de espaldas. Después, la puse a cuatro y nos corrimos juntos. Todavía me huelen los dedos a ella.
Lo último lo dijo oliéndoselos.
La mañana siguió pasando y Margo no bajaba. En mi cabeza ganaban fuerza las teorías más locas, ya que arriba solo estaban ella y mi primo. Estaba a punto de subir cuando escuché pasos en la escalera. Era ella. Bajaba guapísima, muy sonriente. Vino directa a besarme los labios. Mi abuelo miraba la tele. Le sonrió cuando vio que había bajado pero después siguió a lo suyo, dándonos espacio. Desde donde estaba, no podía oírnos. Le dije a mi mujer que ya me había contado mi abuelo con bastantes detalles lo que habían hecho. “Le dejé seco” me respondió, risueña. Después, se había quedado dormida. Cuando despertó de nuevo, recordó que estaba en la habitación de Rafael y que debería volver a su cuarto para evitar situaciones comprometidas. En nuestro cuarto, se había quedado mirando el móvil hasta que escuchó a mi primo ir al baño y volver a encerrarse. Entonces se le encendió la bombilla de la travesura. Se levantó de la cama y fue a picarle a la puerta. Tras unos segundos, mi primo le dijo que podía entrar. En la habitación ya entraba bastante luz, con la persiana bajada a medias. Mi primo estaba medio erguido en la cama, tapado de cintura para abajo. Margo se sentó en la cama y le pidió que le hiciera hueco para extender sus piernas. Iba vestida con su pijama, muy normal. Con sus pies descalzos, eso sí.
- ¿Qué hacías? –le preguntó, con sonrisa traviesa.
- Pues… bueno, la verdad es que me estaba masturbando.
El chico iba hablando con mayor soltura.
- Así me gusta, que me hables con naturalidad. ¿Te estabas haciendo una buena paja? ¿Y bien? ¿En qué pensabas o qué estabas viendo?
- Estaba viendo una página de webcams. Ahí emiten varias chicas que me ponen mucho.
Y ella le pidió que le enseñase la página. Margo no estaba muy puesta en esas cosas, sabía de las miles de páginas de porno, de las chicas de onlyfans, etc. Pero nunca había visto un directo. Él le pidió a Margo que le alcanzase el móvil, que había dejado en la mesita, y él entró en la página ante la atenta mirada de ella. Entró en la cámara de una mujer de unos cuarenta años que, con los pies en alto, se acariciaba el coño y jugaba con un dedo en su culo. A ella le sorprendió que la mujer estuviera completamente expuesta. Preguntó si lo hacía gratis y mi primo le explicó que la gente pagaba propinas para que fuera haciendo cosas. Aunque él solo veía sin pagar. Siguieron viéndola un rato hasta que alguien pagó para que diese un primer plano de su culo, que sentó sobre las suelas desnudas de sus pies. Después, pagaron para que se metiese un delgado dildo transparente por el culo. Mi mujer notaba sofocos de calentura. Estar mirando eso con mi primo era una locura.
- Tiene unos pies preciosos, ¿no crees? Bueno, estarás más pendiente de su culo –le dijo ella.
- Estoy pendiente, claro, pero sí, me gusta esta chica por sus pies. Parecen muy cuidados. A veces la he visto lamérselos a sí misma.
Y se quedaron otro rato en silencio. Absortos al móvil. Ella notó la erección de Álex bajo la sábana. Ella había extendido las piernas por encima, haciendo que la sábana quedase muy tirante, por lo que resultada aún más evidente. Y, con toda su malicia y desparpajo, llevó su mano hasta el borde de la sábana y la levantó para dejar a la vista su polla. A mi primo le temblaron las manos del sobresalto y se le calló el móvil encima del pecho. Llevó sus manos al borde de la sábana y la bajó para taparse. Margo se reía. “No es la primera que veo en mi vida, ¿eh? Se notaba tanto bajo la sábana que no pude contenerme”, le dijo para tranquilizarle.
- Ya, y si fueras otra chica… pero eres familia.
- Bueno, familia política. Y no estamos haciendo nada malo. Solo estoy ayudando al primo de mi marido, un jovencito inexperto, a perder la vergüenza con las chicas.
Mi primo no sabía qué contestar.
- ¿Me dejas mirar otra vez y te digo cómo me parece que la tienes? Querrás saber qué pensamos las chicas de tu polla, ¿no?
Mi primo accedió, rojo como un tomate. Margo levantó otra vez el borde de la sábana, que mi primo había soltado, y la echó hacia abajo, quedando completamente al aire polla y huevos. Ante la mirada de mi mujer, la polla de mi primo tuvo un espasmo. Tenía la punta húmeda, con todo el capullo morado al aire. Tras observarla un rato, miró atentamente a mi primo a los ojos y, disfrutando de la tensión, le dijo, sonriente, que era muy bonita. Normal de tamaño tirando a ancha. “Dan ganas de darle un besito, pero como somos familia…” Mi primo no supo cómo interpretar las palabras de Margo.
- Bueno. Te dejo que acabes lo que interrumpí, que viendo esas gotitas, debes estar deseándolo.
Se levantó y salió de la habitación, aunque, justo antes de salir, le dijo que estaría abajo con nosotros, pero que le llevase el calcetín que usase, que iba a poner una lavadora.
Al poco de acabar de contarme la historia, apareció Álex por las escaleras, con un calcetín en una mano. Me miró brevemente y esquivó mi mirada, nervioso. Se acercó a Margo y le dijo que le daba el calcetín para la lavadora. Me apeteció molestarle:
- ¿Qué pasa, Álex, no sabes echar tú la ropa en la lavadora?
Mi primo se puso rojo y empezó a balbucear. Fue Margo quien intervino en su rescate:
- No seas malo, le dije yo que me lo diese. Gracias, cariño, ahora la pongo.
Y Álex volvió a subir a su cuarto. Pasaba largas horas allí. En cuanto mi primo desapareció de nuestra vista, Margo me increpó, riéndose:
- ¡No me lo asustes!
Bajó la mirada al calcetín que sostenía en la mano, me miró traviesa y lo alzó hasta su nariz. Aspiró con los ojos cerrados y me dijo:
- Dios, mío. Cómo huele. Mira, cielo –me dijo, extendiéndome el calcetín.
Le puse una mueca de asco a Margo pero me insistió, así que me acerqué. Olí el interior del calcetín y, efectivamente, olía fuertemente a semen. No mal, sino mucho.
- ¿Quieres verme probándolo? –me preguntó, con una cara de guarra que daba impresión.
Yo asentí. Se acercó el calcetín a la boca y sacó la lengua, pegando un lametón a la tela del interior del calcetín, que era de tipo tobillero. Volvió a mirarme como una loba y bajó el calcetín hasta uno de sus pies desnudos, poniéndoselo a continuación. Empezó a mover los deditos dentro del calcetín, jugando con la humedad y empapándolos pies, y, después de un rato, se quitó el calcetín, revelando su hermoso pie brillante de jugo.
- ¿Lo pruebo? ¿Quieres que lama mi pie, bañado en semen de tu primo? –me volvió a preguntar, esta vez sosteniendo su pie al lado de su cara.
- Lámete tu delicado pie lleno de lefa adolescente, mi amor –le respondí, para encenderla.
Ella entonces empezó a lamerse los deditos, metiéndose uno a uno en su boca, para después empezar a pasear su lengua por la unión de todos sus dedos, asegurándose de no dejar ni gota. Mi abuelo en algún momento se dio cuenta:
- Joder, niña, qué bien desayunan algunas. ¿Para mí no hay?
Rafael ignoraba por completo la magnitud de la guarrada, no era un día para que se pusiese a lamer los deliciosos pies de mi mujer.
- Esta vez es solo para mí, cielo, pero puedes pedírmelo siempre que quieras.
Y siguió lamiendo con atención cada milímetro de su pie, especialmente las suelas, cada pliegue y cada arruguilla. Daba gusto ver a una mujer hermosa como ella atender así esa parte tan linda de su cuerpo. Mi primo no bajó hasta después de un buen rato, así que no pudo contemplar lo que sin duda le habría dado material para pajas por varios años.
Después de comer, Margo me dijo que no iría conmigo, que mi primo no estaría siempre viviendo con nosotros y quería sacarle algo más de provecho, así que se metería con él en su cuarto para seguir espabilándole. Entre la escena de la mañana y eso, la polla empezaba a ponérseme dolorosamente dura. Mi mujer no me adelantó más detalles. Rafael salió a tomar un café con unos amigos que lo habían sido de la relación y que hacía tiempo que no veía, yo me metí solo en mi habitación y Margo se metió en el cuarto de Álex.
Me sentía cargado de excitación. Estaba reviviendo lo de Margo con mi abuelo, ahora con mi primo. Mi abuelo deseando a mi mujer desde una posición más primitiva y siendo un ascendente mío. Ahora con mi primo la situación era de deseo adolescente desenfrenado y de miedo y adoración a una mujer madura que puede juzgar severamente su inexperiencia y a su vez enseñarle. Cada uno partía de un momento vital distinto, así que ella no sería igual con uno que con otro. Dejé la habitación de mi cuarto abierta por no quedar del todo incomunicado, aunque no escuchaba nada.
Pasaría algo más de una hora hasta que mi mujer apareció por nuestro dormitorio, diciendo muy alto: “¡Venga, cielo, que si te dejo dormir duermes toda la tarde!”. Subió la persiana de nuestro dormitorio y se tendió conmigo en la cama.
- Venga, empieza a preguntar –me dijo.
- ¿Te ha follado?
- ¿Por quién nos tomas? No porque pienses que haya podido pasar, sino porque pienses que, de haber pasado, sería él el que me follaría a mí y no al revés
- Tienes razón –le respondí riéndome.
- Pues bien, ¿te lo has follado?
- No. Todavía no. Y ya veré si eso pasa. Hay cosas más divertidas que hacer.
- ¿Se la has chupado?
- No. Sigue intentándolo.
- Joder… ¿Ha vuelto a ser paja?
- Mmm… sí, pero no exactamente como la última vez –me respondió, disfrutando de mi ansia.
Le pedí que empezara a contar de una vez, y me lo concedió, compasiva. Mi primo no se la esperaba otra vez en el cuarto. Estaba completamente desnudo, apenas tapado por la sábana. Margo se acercó a él, tiró de la sábana hacia abajo para dejarle sin refugio, y se tumbó a su lado. Mi primo le preguntó un tímido “¿qué haces?”.
- Vengo a ver todo el proceso. Te ibas a hacer una paja, ¿no?
- Sí…
- Venga, pues enséñame sin timidez cómo lo harías.
- Pero… ¿quieres que me haga una paja delante de ti?
- ¡Síii! Venga, no seas tan tímido. ¿No te parece excitante?
Mi primo se la quedó mirando fijamente un rato para asegurarse de que era en serio. Después, cogió el móvil y se quedó un rato pensando, buscando una idea de la que tirar para su paja. La situación era de todo menos natural. Pero parece que se le encendió una bombilla. Abrió una página de vídeos porno y buscó “milf young”. Mi mujer, divertida, comentó “¿por qué será que te tira tanto este tema?”. Álex no respondió, sino que se puso a buscar entre los muchos vídeos hasta encontrar uno que le apeteciese ver con Margo. Encontró uno en el que tres chicos jóvenes se follaban a una mujer morena, mayor que Margo y más curvilínea. En el vídeo ocurrían las cosas habituales, la sobaban entre los tres, ella se agachaba y empezaba a chupar todas las pollas, la ponían en distintas posturas para comerle un poco el coño y follarla entre todos… mi primo había empezado a masturbarse, venciendo la timidez. Lo que no se esperaba era sentir de repente la mano de Margo apartando su mano para seguir ella haciéndole la paja.
- ¿Fantaseas con eso, con follarte a una chica mayor que tú con varios amigotes?
- Sí… y eso que hay maduritas que están mucho más buenas que esta.
- Está muy buena, mira qué culo gordo tiene, me apetece a mí enterrar ahí mi cara.
A mi primo le dio un escalofrío de excitación oír eso.
- Pero dices que las hay más buenas… ¿te refieres a mí, por ejemplo?
- Bueno, lo decía en general…
- Venga. Sé sincero. ¿No disfrutas con esta sinceridad que estamos teniendo?
- Sí. Eres la mujer más increíble que conozco… y sí, me refería a ti.
- ¿Fantaseas con follarme con tus amigotes?
- Si quieres que te sea sincero… fantaseo con follarte de todas las maneras. Eres la mujer que más me ha atraído en toda mi vida.
- ¿De verdad? Ya antes de esto me parecías un chico super lindo, pero es que ahora… ¡Te como!
Y le dio un beso enorme en la mejilla. Álex creyó que la recompensa iba a ser mayor, así que giró la cara y el beso de Margo impacto casi en la comisura. Ella entendió la intención de mi primo.
- Bueno, ha sido tan lindo que te mereces ese otro beso.
Y esta vez le dio un pico de varios segundos en los labios.
- Pero volviendo al vídeo. Si quieres follarme de mil maneras, ¿por qué escogiste justo uno así?
- Me pareció que te daría más morbo…
- Hmm… entiendo. Pues a ver, no sé, ¿con qué amigos me follarías? Enséñame a tus amigotes y te digo si me da morbo o no.
Mi primo la volvió a mirar fijamente.
- Emm… te enseño fotos si quieres, pero tampoco pensaba exactamente en ninguno de ellos, de hecho creo que me pondría celoso si se hiciese realidad…
- Bueno… pero esto es la fantasía. A veces se experimenta más placer si se piensa en personas concretas.
Margo seguía masturbando a mi primo, que había accedido y estaba buscando en Instagram a su grupo de amigos. Le fue enseñando fotos y explicando cuatro cosas de cada uno.
- Este es mi mejor amigo, Manu. Aunque parece más joven de la edad que tiene, no te dejes engañar por su aspecto, está salidísimo. Está todos los días enviando fotos y videos sexuales… Te ve a ti y se convierte en un goblin sexual.
- Sí que parece más pequeño. ¿Qué crees que sería lo primero que me haría?
- Uff… No tendría las manos quietas. Te arrancaría la ropa y se metería entre tus piernas a olerte y lamerte. Yo creo que es virgen, querría hacértelo todo lo antes posible.
- Mmm… yo también me excito hablando de estas cosas, ¿sabes? Enséñame a otro de tus amigos.
- Este es Josué, tiene novia desde hace tiempo y es muy celoso, pero alguna vez borracho ha estado a punto de ponérselos a su chica. Creo que contigo aprovecharía que estás casada, y que tampoco querrías contar nada, para variar un poco. Le ponen las mujeres mayores que él, además, dice que su suegra está buena.
- O sea que mientras Manu me desnuda y me come el coñito, Josué me mete la lengua en la boca mientras me toca los pechos, ¿no?
Margo notó cómo a mi primo se le ponía durísima al escuchar eso y se humedecía su glande.
- Bueno es que se volverían locos. Eres la fantasía de cualquiera, prima.
- Y tú estarías lamiéndome los pies, ¿me equivoco?
Álex se mordió el labio:
- Emm… sí, probablemente, pero en realidad querría lamerte toda. Pero si mis amigos están acaparando otras partes de tu cuerpo…
- ¿No tienes más amigos?
- Sí… luego está Marcos, que es este grandote. Es el más chulito, se le dan bien las chicas y a veces nos hace sentir un poco acomplejados a Manu y a mí. A ese sí me jodería verle follándote.
- Tiene los ojos bonitos… ¿le has visto la polla alguna vez?
- Sí. Tiene polla de carne, que decimos nosotros. En reposo ya la tiene casi del tamaño de la erección, con el capullo al aire. Luego creo que de tamaño será como la mía, quizás un poco más grande. Un día pasó un vídeo de una chica chupándosela y eso me pareció.
- Vuelve a poner el vídeo, cariño.
Mi primo volvió al vídeo porno y mi mujer, que había disminuido la velocidad de la paja mientras charlaban, empezó a hacerla más rápido.
- Mira, Álex. Por lo que me dices, a Marcos es al único al que le dejaría follarme. Mientras los demás me estabais catando, él se acercaría a mi cara, con esa polla larga colgando, y me ordenaría, con una sola palabra, que se la comiese. No tendría que decir nada más, al ver ese capullo al aire, al lado de mi cara, mi boca iría sola a abrazarlo. Se iría endureciendo dentro de mi boca mientras los demás me coméis las tetas, el coño, los piececitos… Cuando la tuviese ya dura, tu amigo incluso empezaría a follarme la boca. Sería el más maleducado conmigo, soy una milf guarra, prima tuya, que no te encararías con él y menos cuando vas a disfrutar de que él haga conmigo lo que tú no te atreves. Cuando se cansase de mi boca, os haría apartaros. ¿Cómo crees que os mandaría dejarle espacio?
Mi primo no iba a durar mucho viendo el video a la vez que Margo le relataba la fantasía con sus amigos.
- Le pega algo así como: ¡Apartad, coño, que me voy a follar a esta guarra!
- Eso imaginaba –siguió Margo, complacida- y a ti te daría las gracias de forma humillante: “Álex, no siempre te respeto, pero hoy te has coronado trayéndome a esta madurita. Te dejo elegir dónde quieres que me corra”.
Margo iba a seguir narrando pero, tras sus últimas palabras, mi primo se corrió entre gemidos. Un disparo de semen hasta impactó contra su propia cara, quedándole las gafas manchadas de lefa. El resto impactaron contra su cuello y su pecho. A Margo no le dio de milagro, pero se aseguró de exprimir hasta la última gota con sus manos. Estaba muy mojada, le habría encantado masturbarse a la vez que a mi primo. O incluso dejarle a él hacerlo. Pero no sería esta vez. Cuando la respiración de mi primo se serenó, mi mujer le preguntó:
- ¿Dónde le dirías a tu amigo que se corra?
- Lo siento, prima, te he metido en esta historia guarra… -con la eyaculación, volvía la realidad para mi primo, inseguro respecto a la sexualidad del mujerón que tenía al lado.
- No seas tonto. Lo hemos disfrutado los dos. Quizás otro día te deje ver cómo me masturbo yo también. Ahora dime dónde se ha corrido Marcos, y te dejo solo en tu cuarto.
- Le diría que te llene como a un bollito de crema. Eres tan bonita que pensar en dejártelo lleno de mi leche… pero que al menos lo haga él.
Margo le miró cariñosamente en silencio. Le dio un beso en los labios y, ante sus ojos, se llevó la mano manchada de semen a la boca, lamió con elegancia la mayor parte y, antes de levantarse, dijo:
- Me he puesto muy cachonda oliendo tu semen en los calcetines que me dabas. Gracias por lo de hoy, también. Continuará…
Y le acarició una mejilla y se fue de su habitación a buscarme.
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