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Rosa, mi casera caliente

El alquiler era solo la excusa. Cada vez que Rosa cruzaba la puerta, la tensión se volvía insoportable. Esta vez, con el marido lejos y el calor del verano apretando, la barrera entre casera e inquilino se derrumbó para siempre.

Ladyrosa15K vistas9.1· 14 votos

Mi casera caliente

Enseguida descubrí que: Rosa quería gustar, seducir a los hombres. Le calculé unos cincuenta años recién cumplidos, de 1,75 Aproximadamente de estatura, ni gruesa ni delgada, con curvas y bien conservada y siempre vistiendo con elegancia, con falda corta y una blusa a juego con generoso escote, por donde se aprecian sus hermosos pechos y a ella le gustaba presumir insinuando los pezones. Un ligero toque de coquetería llevaba al fin a considerarla como una mujer muy atractiva, ella quería gustar y lo conseguía.

Ella, Rosa se llama, es la dueña de un piso que se anunciaba en alquiler y quedé en una cita con ella para verlo y decidir si me interesaba.

Yo soy David, veinte y tres años, sin novia y con ganas de ligar a toda clase de mujeres. No me considero un guaperas, pero sí que se como seducir a las mujeres y diferenciar entre las jovencitas y maduritas y Rosa es una madurita muy coqueta que me recuerda a una actriz italiana que se llamaba Moana Pozzi, con voz seductora y una sonrisa que enamora a primera vista.

Había conseguido un trabajo en la zona donde está el piso y me iba que ni pintado por la proximidad. Podía ahora ir y venir andando, entre otras ventajas, quedar también con alguna mujer que se dejara llevar a la cama. En casa de mis padres no me era posible llevar a mis conquistas.

Cuando llegó Rosa a la hora fijada, estuvimos hablando sobre las condiciones del alquiler y la cuota a pagar. El alquiler no era caro para las condiciones en las que estaba el piso y Rosa con su encantadora sonrisa influía en mi decisión de alquilarlo, Pero debido a no tener cuenta en el mismo banco que ella y al cobro del banco por la gestión, le propuse de pagar en efectivo si le daba igual. No me importaba desplazarme hasta su domicilio para entregarle el dinero en mano.

- Cómo vive cerca, puedo pasar cada mes y le pago en efectivo.

- Solo me tiene que entregar un recibo y nos ahorramos los gastos del banco.

- Si a ti te va bien pagar en efectivo, por mi parte no hay inconveniente.

Me hizo sentar en el salón y me entregó un borrador de contrato de arrendamiento para estudiarlo y si estaba de acuerdo llevarlo a legalizar y firmar por ambas partes.

Rosa estaba sentada enfrente de mí con la falda cortita que dejaba ver esos muslos cubiertos únicamente por las medias. Solo ver esas hermosas piernas me decidió a aceptar las condiciones del alquiler, Rosa está estupenda y yo muy excitado con esa vista tan excitante, imaginando lo que no dejaba ver la falda que era muy poco.

- Creo que está todo perfecto, a falta de ver el resto.

Le dije sin poder apartar la vista de sus piernas.

- Si le parece, podemos ver el resto y probar a ver cómo le funciona todo.

- Muy bien, pero puedes tutearme, que me hace sentir mayor si me tratas de usted.

- Cómo usted desee.

– Perdón, como quieras Rosa.

Pasamos a mirar el funcionamiento de todos los aparatos de la casa y solamente la campana extractora de la cocina no funcionaba. Me dijo de cambiarla por otra nueva.

- No te preocupes, que puede traer una tu marido y entre los dos la instalamos.

- No creo que sea muy complicado quitar una y poner otra.

- Mi marido no se le da muy bien los trabajos de este tipo.

- Puedo traerla yo y si necesitas que te ayude no hay problema.

- Podemos quedar un día y la instalamos entre los dos.

- Mientras me la aguantas, yo la coloco, porque quitar la vieja no es problema, pero para meter la nueva, mejor que me la sujetes.

- Qué pena que tan joven ya no sepa tu marido hacer trabajos manuales en casa y tengas que hacerlos tu sola.

- No soy tan joven, estoy a punto de cumplir los cuarenta y ocho.

- Es increíble.

- No aparentas esa edad.

- Nadie diría que tienes más de cuarenta años.

La verdad es que Rosa no aparentaba esa edad. Viéndola, no se le echaban más de cuarenta años. La piel tersa y se le notaban los pechos aún erguidos y duros.

- Muchas gracias por quitarme años. Jajajaja.

– Mi edad es esa de verdad.

Dos días más tarde, me llamó por teléfono, indicando que ya había comprado el extractor de humos de la cocina y si podía pasar a entregarlo. Por supuesto que podía, era algo que estaba deseando.

Cuando llegó me hizo una llamada perdida y bajé a buscar la caja al coche y subirla hasta el piso.

Instalarla fue un momento, ya que la vieja la había desinstalado yo previamente. La verdad es que tardé un poco más, por estar más tiempo admirando el espectáculo que se veía por su escote desde arriba. Casi me caigo de la escalera al ver esas hermosas tetas en todo su esplendor.

Mi imaginación volaba, pensando en que mientras yo tenía las manos ocupadas con la campana, Rosa me habría la bragueta y con las tetas fuera, me hacía una comida de polla antológica. El bulto en mi entrepierna se hacía notar.

Ella simplemente me iba dando las herramientas y accesorios, para evitarme bajar y subir de la escalera y na vez terminé de colocarla, la invité a un refresco y a unas patas fritas de bolsa, que era lo único que tenía.

Después de tomar los aperitivos, se marchó dándome un beso en la mejilla y aplastando sus tetas sobre mí pecho.

- Bueno Rosa, ya nos veremos cuando pase a pagar y si lo deseas, puedes pasar por aquí para ver cómo me funciona todo.

- David, me gustará mucho verte muy seguido, y será un placer poder pasar para comprobar el funcionamiento de todo.

- Si hay algún problema no dudes en llamarme.

- Para mí también será un placer verte de nuevo a menudo, no dudes en pasar cuando quieras.

- Esta es tu casa, jajaja

- Durante el mes siguiente me visitó en varias ocasiones a recoger su correspondencia que aun llegaba a mi dirección. Siempre solía venir muy bien arreglada y con unos escotes de vértigo, mostrando todo el canalillo de sus pechos.

Cada vez que me visitaba me ponía muy malito y tenía que ir al cuarto de baño a desahogarme solo. Creo que a ella le gustaba verme con el bulto en los pantalones. Alguna vez había llegado a acompañarla hasta la puerta, sujetándola por la cintura y acercándola a mí sin que mostrara ninguna incomodidad por mi atrevimiento. Incluso cuando se despedía me daba un beso en la mejilla con un abrazo, que me hacía notar la dureza de sus pechos.

Un viernes por la tarde, la encontré camino de su casa, cargada con dos bolsas de la compra, en pleno verano con el sol derritiendo hasta las piedras y me ofrecí a acompañarla hasta su casa y llevarle las bolsas. Con ese calor y cargada. Iba sudando y cómo me pillaba de paso, decidió aceptar.

Su casa está antes del piso y cuando llegamos abrió la puerta del jardín y me despedí de ella, aunque desde el jardín hasta la casa faltaba un trecho con algunos escalones, por lo que decidí ya que estaba allí llevar las bolsas hasta la casa.

- Muchas gracias.

- Con este calor no sé si hubiera podido llegar viva, sin pararme a descansar.

- Ya que me has hecho el favor de ayudarme, puedes pasar y tomarte algo fresco y descansar.

No sabía si era una invitación para tomar algo fresco o tomar algo muy húmedo.

No dejé pasar la oportunidad y decidí pasar al interior de la casa. Me sirvió una cerveza con limonada y ella entró al cuarto de baño. Se podía sentir correr el agua de la ducha y posteriormente el secador de pelo, por lo que era fácil deducir que se había duchado para refrescarse del calor que hacía.

Salió envuelta en un albornoz color rosa, atado con un cordón a la cintura y que dejaba ver sus largas piernas al andar. La verdad es que era todo un espectáculo cada vez que daba un paso.

- ¿Quieres tomar alguna otra cosa?

- No me tientes, que después de la cerveza, podría pedir algo más fuerte.

- Tengo una botella de Champán fresquito en el frigorífico.

- Si se te apetece la abrimos.

- Puedes abrirla, pero me sabe mal que venga tu marido y piense mal.

- Tú en albornoz y bebiendo champan con un desconocido de él.

- No te preocupes, que está en Alemania, en viaje de trabajo.

- No regresa hasta el martes.

- Pero tus hijos nos pueden ver cuando regresen del colegio.

- Tampoco es problema, por estar con sus abuelos, que les gusta mucho jugar con ellos.

Sirvió dos copas de champan y se sentó enfrente de mí, dándome todo un espectáculo con las piernas cruzadas y el albornoz apenas tapando lo mínimo.

- David, no acostumbro mucho a beber, pero esto bien fresco entra muy bien y apetece con este calor.

- Si bebo mucho, me voy a poner muy malita. Jajajaja

- Eso es lo que yo quisiera, para poder curarte.

- Eres muy cachondo. Jajajajaja

- ¿Cachondo?

- Contigo se pone cachondo cualquiera. Jajajajaja

Después de la tercera copa se fue desinhibiendo más, terminando con insinuaciones mucho más explicitas.

- David, cuenta.

- ¿Qué haces un viernes con una mujer mayor?

- Podrías estar con cualquier chica mucho más joven que yo.

- Rosa, creo que te subestimas, porque eres preciosa y muchas jovencitas envidiarían tu belleza.

- Seguro que puedes tener a cualquier hombre que desees.

- Nooooooo, Hace mucho que no hacemos nada mi marido y yo.

- Llegamos a casa cansados por el trabajo y entre los niños y el cansancio, estoy de secano.

- Ya está mayor mi marido y no es como cuando nos casamos, raro era el día que no lo hacíamos.

- Ahora raro es el mes que lo hacemos, jajajajaja

Se notaba en el ambiente la excitación que nos embargaba a ambos, con el efecto de la bebida se estaba animando y su sonrisa encantadora, sus palabras insinuantes y su albornoz que dejaba a la vista hasta parte de su entrepierna, sin que hiciera nada por taparse y yo con una erección de caballo.

Ya no podía aguantar más y me levanté para sentarme a su lado, pasando un brazo por encima de sus hombros, le di un beso en el cuello recorriendo su mejilla hasta besarle la oreja.

Giró la cabeza ofreciendo sus labios, jugueteamos con las lenguas entrelazadas, mis manos no se quedaron quietas y soltando el nudo del cinturón, le abrí el albornoz, dejando esas dos maravillas de pechos libres, cubriéndolos de besos y chupetones en los pezones. Estaba preciosa así completamente al descubierto todo su cuerpo. La estaba acariciando por todo el cuerpo con mis manos mientras mi boca devoraba sus pezones.

- Rosa, que coño más suave tienes, pareces una niña, sin pelo alguno.

- Siempre voy depilada, ya que nunca se sabe lo que me puedo encontrar. Jajajaja

Le abría las piernas completamente, admirando su jugoso coño, que brillaba por la humedad de su excitación. Metí la cabeza entre las piernas y empecé a degustar ese fruto maduro, pasando mi lengua de arriba abajo y de abajo a arriba, insistiendo en su pepita del placer, que estaba salida y sensibilizada por mis chupetones.

Seguía lamiendo insistentemente mientras ella se retorcía y gemía de placer, notando como tenía un orgasmo quedando con las piernas flojas, desmadejada, retrepada en el sofá.

Puse sus piernas sobre mis hombros y le metí la polla en el encharcado coño, mientras le pellizcaba los pezones y la follaba con frenesí, hasta que volvió a tener otro orgasmo. Por fin se la saqué y terminé corriéndome sobre su vientre.

A continuación, le quité el albornoz para que no estorbara y terminé de desnudarme, para ponerla a cuatro patas y volver a meterle la polla por el coño, mientras me sujetaba a sus tetas, que colgaban como dos hermosas campanas, meciéndose al ritmo de mis embestidas. Podía escuchar sus gemidos cuando volvió a tener otro orgasmo, mientras que yo aún podía aguantar sin correrme y hasta el tercer orgasmo de ella, pude aguantar para sacarla y correrme dentro de ella en un orgasmo apoteósico.

Había imaginado muchas veces como podría ser follar con ella, pero ni por asomo, imaginé que podría ser tan placentero.

Después de limpiarle el semen seco de su vientre, nos abrazamos los dos tendidos en el sofá, comiéndonos a besos las bocas mientras le acariciaba el culo y las tetas. Era increíble, lo fogosa que demostraba ser en la cama, después de que no lo aparentara en la vida cotidiana.

Había hecho el tonto, no habiéndola follado mucho antes en mi casa, durante sus visitas. Ahora me iba desquitar, volviendo a follarla, ella sentada encima de mí, cabalgando unas veces o dejándose caer sobre mi pecho, haciendo notar la dureza de sus tetas.

Siempre que se me ponían al alcance de mi boca, le chupaba los pezones, intentando que no se me escaparan con sus movimientos al follar, apretándolos fuerte, para sentirla gemir de placer.

No sé el tiempo que hacía que ella no follaba con su marido, pero se estaba recuperando muy bien conmigo por las veces que había notado por sus estremecimientos que se había corrido. Es una mujer con los pezones sumamente sensibles y llegaba al orgasmo cuando se los chupaba, mientras no dejaba de cabalgar.

Nos dimos la vuelta y ahora, desde encima de ella en la posición del misionero, después de estar un rato follándola, conseguimos corrernos al mismo tiempo.

Es una delicia el estar abrazado a ella con sus tetas apretadas sobre mi pecho, sintiendo su respiración agitada por el placer recibido.

Desde ese día, me visita a menudo, para cobrar y para disfrutar de mi polla. Mientras que yo disfruto de sus hermosas tetas.

Rosa ha resultado ser una mujer muy caliente y gozamos mucho juntos.