Familia de Depravados. Capítulo 1: María y Alberto
Alberto nunca imaginó que descubrir la verdadera naturaleza de su esposa lo liberaría tanto. Ahora, desnudos ante sus propios deseos, exploran los límites de la traición consentida mientras la noche en casa de los suegros se vuelve insoportablemente caliente.
Soy Alberto, tengo 39 años. 1,75m, delgado, 65kg, moreno, ojos negros, atlético, pelo corto y piel tostada. Trabajo en una compañía de telecomunicaciones, y como entenderéis, tengo la casa llena de gadgets
Mi mujer, María, tiene mi edad, pero no llega al 1,6m, está algo gordita, tiene el pelo largo ondulado castaño y ojos marrones, piel muy blanca. Sus kg de más la hacen una mujer voluptuosa, ya me entendéis, ancha de caderas, culona y con unas tetas grandes y tersas talla 100 C. Ella es administrativa en una gestoría online, y casi siempre trabajaba desde casa
Mi suegro Jesús tiene 65 años, la tuvo a ella con 23, a los pocos años de casarse. Es muy deportista, le gustaba la bici y no había día que no se hiciera decenas de km desde que se jubiló. Alto, fuerte, canoso pero con mucho pelo aún en la cabeza. Ni un gramo de grasa.
Mi suegra Lucía tiene 62 años. Su hija viene a ser una copia de ella, solo que la madre está un poco más delgada, teñida de caoba y con el pelo recortado a media melena. Su culo, también ensanchado, es algo más respingón y las tetas más pequeñas que las de María, pero poco más, rondará una 95. Si las pones una al lado de la otra, viene a ser una María con chapa y pintura y veinte años más.
Capítulo 1: María y Alberto
María es muy cerda y guarra en la cama, y eso me encanta. Cuando duerme nuestra hija vemos porno o follamos como conejos de todas las formas habidas y por haber.
Sé, y como explico en otros relatos, que se la folla todo Dios. Normal, es muy puta. Pero yo siempre estoy fuera del círculo o no me atrevo a interrumpir, me va el papel de cornudo.
La verdad que llegados a este punto lo único que me importa es que conmigo cumpla; y cumple, me la follo como quiero cuando quiero.
Tras la follada que le dio nuestro amigo Julián poco quedaba por ocultarnos; ella era más puta que las gallinas y yo no le andaba lejos. Nos contamos nuestros secretos, omitiendo los más oscuros.
Quedó patente que a María le iban más las pollas que a un tonto un lápiz; me explicó que tuvo un amante hacía poco. Yo le conté los escarceos amorosos con una compañera del trabajo, nada serio, y una puta que había convertido en habitual. Ambos omitimos lo más peliagudo; ella que su padre la folla desde joven y yo que he tenido mis roces y no tan roces con el sexo afín.
Sincerarnos nos liberó. Si el sexo ya era bueno antes de contarnos nuestras mierdas, después se hizo más cerdo e intenso. Mi faceta de cornudo bisexual se amplificó enormemente.
Mientras arreglaban una fuga de agua en nuestro piso, que nos tuvo el piso enmierdado casi un mes, nos fuimos a vivir los tres a casa de mis suegros aprovechando las vacaciones de verano. Dormíamos en las dos habitaciones de arriba, acondicionadas para invitados.
Una noche la estaba follando con dureza a cuatro, María extremadamente caliente. Ella me decía que era porque estaba en sus días; yo sabía que era porque su padre estaba cerca y probablemente el rato en que se quedaban a solas la jodía como si no hubiera un mañana.
María estaba muy ida diciéndole que era una puta comepollas, y ella a mí un cornudo, calientes como el fuego e iluminados por una pequeña lamparita amarilla mientras la niña dormía. Tenía la polla taladrándole el culo y le follaba el coño con un vibrador no muy grande en forma de polla color carne que siempre llevaba en el bolso según confesó, porque más de una vez le había entrado un calentón y se tuvo que follar a sí misma en un aseo de su ruta habitual cuando salía a sus menesteres. Yo pensé que muy caliente tendría que ir para masturbarse en una cafetería cuando normalmente estaba en casa
Cambiamos de posición; yo me eché boca arriba en la cama y ella se puso encima. Su gordo culo me aplastaba el pecho. Lucía con orgullo sus lorzas y sus grandes tetas se movían medio cubiertas por los rizos que le colgaban. Se erguía y me acercaba a la cara su oloroso coño rosado mostrándome cómo se lo abría con dos dedos y se clavaba el juguete.
Estaba muy ida poseída por el calentón. Se sacó el rabo y me dio a comer raja susurrándome con mala baba que le comiera el coño, tirándome del pelo.
El clímax llegó cuando se alzaba, se clavaba el rabo de goma a pocos centímetros de mi boca y se frotaba el clítoris con furia, se lo sacaba y me volvía a dar de comer coño empapado. Repetía el proceso cada vez más convulsa. No sé si por morbo o por tontear en uno de esos vaivenes me acercó el rabo de goma empapado con sus flujos a la boca; imagino que sólo quería calentarme más dándomelo a oler. Sin embargo, saqué la lengua y lo relamí. María me miraba cachondísima. De costado logré cazar la punta con la boca y ella puso recto el falo. Se animó al ver cómo la engullía y acabó frotándose el clítoris a lo loca y siendo ella la que me daba de comer polla.
María no aguantaba más. Me la sacó de la boca y lo devolvió a su legítimo sitio bien metido hasta la empuñadura. Por un momento temí que fuera a echar a arder su clítoris de lo rápido que lo frotaba y seguramente así habría sido de no ser por la cantidad increíble de flujo que brotaba del coño. “¡Abre la boca cabrón!” Dijo un poco más alto de lo que debiera aún a riesgo de despertar a la niña, sacándose la polla y golpeándome con ella sin querer en la sien, y ahogándome al bajar sus gordas piernacas para encastarme el coño en la boca. Yo le metí la lengua y dejé que se corriera con sus propias friegas llenándome la boca y cara de flujo.
Yo estaba cachondo a más no poder y por suerte María seguía muy puta. Se giró e hicimos un delicioso 69. Así podía comer coño y hurgarle ambos orificios, cosa que me ponía mogollón.
Ella se dedicó a comerme la polla con maestría, engulléndola hasta atragantarse y masajeándome las pelotas. Sólo dejaba de chupar polla para soltar por su boquita alguna barbaridad presa por la lujuria; “¡Así cabrón!” “¡Cómeme el coño!””¡Mmm mi culo!”
Me lamía de costado la polla hasta meterse un huevo en la boca y sorber. Para facilitarle el acto me abrí de piernas y espatarré. Su mano se coló entre mis nalgas hasta el ano y un dedo le hacía círculos.
Me miró morbosa y con sonrisa pícara. Se lamió el dedo y siguió jugando con el orificio y comiéndome la polla. Me gustaba lo que estaba haciendo, humedeciéndome el agujero con la yema del dedo, y así se lo hice saber clavándole la lengua en el coño y dos dedos en el culo hasta los nudillos y levantando mi trasero un poco.
Entró un poco el dedo, gemí. El placer dual de polla y culo me estaba volviendo loco. María disfrutaba haciéndome sufrir de morbo y placer. Estuve a punto de decirle que podía meterlo, y más de uno, que ya estaba acostumbrado a tener algo más que una yema dentro; pero ella se lo tomó con calma ignorando el hecho de que ya me habían partido el culo varias veces.
Tenía ya todo el anular en el culo y si no fuera porque me conocía y sabía cuándo parar, ya me habría corrido. Pero María quería seguir jugando. Por su lado ya se había corrido varias veces a base de lengua y dedos.
Animada por la facilidad que había encontrado en penetrarme, añadió un segundo dedo al juego. Yo, obviamente, no me resistí, estaba disfrutando de lo lindo y poco me importaba que supiera que mi culo no era virgen.
Dejó de comérmela y con los dos dedos incrustados me miró, pajeándome con furia.
- (M)¿Te gusta cabrón?
- (A) Oh…sí…mucho
- (M) Mmmm…eres un puto maricón… ¡Qué dura se te ha puesto!
Tras ese inciso le respondí con una soberana comida de coño, derramándose en mi cara de tanto darle lengua al clítoris. María me recompensó sorbiéndome el glande a la vez que me metía cada vez más rápido los dedos. Cuando le costaba meterlos, se los llevaba a la boca y ensalivaba. Con los dedos hasta el fondo no pude más y me corrí en su boca de un modo estrepitoso
María se lo trago todo como una buena puta. Seguía tan cachondo que la polla ni siquiera se me aflojó. Mi mujer siguió comiendo rabo y dándome dedos.
Se me fue la cabeza. A mi lado tenía la polla de goma. Primero jugué con ella, lamiéndola y encasquetándosela en el coño corriéndola por enésima vez.
Se la saqué impregnada en flujo y moco blanquecino y le golpeé en el antebrazo con ella. María la cogió y la chupó, y después, sonriendo, la acercó a mi ano. No necesitamos palabras para saber lo que quería.
Sin embargo la postura no era buena y por más que levantaba el trasero ella, encima de mí, no podía ponerla recta para meterla.
Ya ni siquiera pensaba. Necesitaba acabar de nuevo y sólo tenía en mente correrme con ese falo dentro del culo, echando de menos cosa mala la polla de mi compañero de cruising y deseando que mi mujer fuera transexual.
Poco me importaban ya las apariencias. Mi mujer rezumaba amor por doquier, la habitación apestaba a coño y sexo. Ambos presos por el morbo no contemplábamos nuestras propias acciones. Me di la vuelta poniéndome boca abajo quitándomela de encima. Me arrodillé y levanté el trasero.
Mi polla colgaba dura entre las piernas y a mi lado María se había arrodillado y flipaba con mi disposición. La miré, estaba preciosa desnuda con sus curvas y tetas gordas colgando con los pezones duros.
Se puso detrás de mí y me empezó a comer el culo. Cuando lo tuvo a su gusto apuntaló la polla de goma y esta vez sí pudo empezar a meterla. Yo gemía de placer, con dificultad intenté cogerme la polla pero al final fue ella quien me la agarró y me pajeaba como a un perro o caballo, en ocasiones echándola hacia atrás y metiéndosela en la boca. Cada vez que la movía la metía un poco más.
Llegó al fondo, metía y sacaba lentamente. Ella también estaba muy cachonda, sobándose las tetas, pajeándome, dándome azotes y follándome el culo con ese falo.
- (M) ¡Cariño eres toda una puta! ¡Tienes el culo más abierto que yo! ¡Serás marica!
Lejos de ofenderme, por el tono morboso que lo decía, aquello me calentó más.
- (M) ¿Te ha follado algún tío verdad? ¡Confiesa! ¿Eres la putita de alguien?
- (A) Oh…mm…no…umm…sólo probé…
- (M) ¡No me mientas!
- (A) ¡Oh! ¡Cariño! ¡Me voy a correr!...ufff…sí, también follo con tíos…ufff… ¡Me corro!
La avisé por la postura. Tenía la polla tan dura que no podía echarla atrás, y así habría manchado todas las sábanas
- (M) Mmmm…puto maricón… ¡Vas a ser mi polla con patas! ¡nenaza! ¡Fóllame y córrete en una mujer para variar!
María se echó rápidamente en la cama y me besó. Yo, con el rabo metido bien adentro de mi culo me coloqué entre sus piernas y se la clavé. Entraba como si fuera mantequilla.
Ella se agarró a mi trasero para acompañar las penetraciones. Me quedé muy quieto bien adentro de ella; llegó al rabo de goma con la mano y con dificultad consiguió poder meterlo y sacarlo. Gemí muy fuerte, no tuve que moverme apenas unos milímetros para llegar al clímax, llenándole el coño de leche
Después de unos minutos nos relajamos y limpiamos en el aseo. Dejamos el rabo de goma también limpito encima del stand, ambos lo miramos sonrientes: él había sido el campeón de aquella follada y la confesión me liberó a mí y a María le pareció perfecto que le pusiera también los cuernos y que encima fuera bisexual. No sabía qué planes tenía tras esa mirada ardiente.
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