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Dominaciónmar 2025

Una familia muy peculiar (1)

Sara siempre creyó que su carácter difícil era un obstáculo, hasta que descubrió que su padre se estremecía ante sus órdenes. Ahora, la cocina ya no es solo un lugar para desayunar, sino el escenario donde ella dicta quién limpia, quién sirve y quién se arrodilla. La línea entre hija y ama se ha borrado, y el placer de sus padres reside en su completa obediencia.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Hola, me presentaré. Me llamo Sara, tengo 25 años y aún vivo con mis padres hasta que encuentre trabajo. Soy morena, de melena cortita y con un carácter muy difícil de llevar para la convivencia.

Mis padres, Lola y Paco, son un matrimonio ya entrados en los sesenta, acomodados, jubilados y con una vida, para mí, muy monótona y sin alicientes.

Siempre he chocado con ellos en cualquier situación aunque por mi carácter siempre me he salido con la mía.

Aquel día me levanté y fui a la cocina para desayunar. Lo primero que hago es encenderme un cigarro.

Sara ahí tienes el desayuno preparado. No debes fumar antes del desayuno.

Y a ti qué coño te importa, joder.

No le hables así a tu madre, Sara.

Tú te callas y le hablo como me dé la gana, ¿entiendes calzonazos?

Ante mi actitud los dos, como siempre cayeron. Seguí fumándome el cigarro y para terminar arroje la colilla al suelo para tomarme el desayuno que me había preparado mi madre.

¿Por qué tiras la colilla al suelo, tienes ahí un cenicero?

La tiro para que así tengáis algo que hacer. Tu, papá, podrías barrer el suelo y ayudarle a mamá. La cocina está hecha una pocilga de sucia.

Mi padre se levantó y cogió la escoba y el recogedor para barrer el suelo. Este gesto me hizo sentir algo que nunca antes había sentido. Al llegar a mi habitación me di cuenta que tenía las braguitas muy mojadas. No podía creer que me hubiera excitado tanto el que mi padre me obedeciera sin rechistar.

Esta hija nos va a traer muchos problemas. ¿Te has dado cuenta de cómo nos trata?

Lola no podemos enfrentarnos a ella. Por su carácter no se donde podríamos llegar.

Paco, siempre has sido muy condescendiente con ella. Pareces, en lugar de su padre, un criado a su servicio.

Desde mi habitación escuché el calificativo que mi madre le había dado. Escucharlo me despertó el interés por conocer más de este tipo de relaciones. Busqué en internet descubriendo que se trataba de una relación de dominación por mi parte y de sumisión por la suya. Me levanté y fui de nuevo a la cocina.

Me gusta que hayas limpiado el suelo, estaba asqueroso.

Esta vez y fruto de lo que había leído quise avanzar más y escupí un gargajo en el suelo. Mi padre al verlo se levantó callado y lo recogió con una servilleta.

¿Te das cuenta lo poco que supone el tener el suelo limpio?

Mi padre me miró mientras tiraba la servilleta a la basura. Sus ojos denotaban a la vez tristeza y sumisión a todo lo que yo pudiera hacer.

Bueno, me voy a mi habitación.

En mi habitación seguí indagando sobre este tipo de relaciones, desconocidas para mí pero que me atraían sin dudarlo dada la excitación que me producía el imaginármelas.

¡Papaaaaa….! Tráeme un vaso de zumo que no tengo ganas de levantarme.

¿Es que se lo vas a llevar, Paco? Que se lo prepare ella.

No me importa llevárselo si con ello evito que se enfade y nos trate de esa manera.

Muy extrañada me quedé cuando tocando a la puerta de mi habitación vi a mi padre con el zumo que le había pedido

Pasa y déjalo sobre la mesita. ¿Sabes una cosa, papá? Me encanta ver cómo me obedeces. ¿Te importa a ti?

No cariño. Me gusta complacerte. Eres mi hija.

Y si te digo que quiero que te arrodilles y sujetes el zumo mientras bebo, ¿lo harías?

Para mi sorpresa mi padre se arrodilló junto a mi cama y sujetó el vaso de zumo mientras yo bebía. Le hice una caricia en la cabeza.

Me haces muy feliz, papá. Ya he terminado, puedes llevártelo y me traes un cigarro.

Al llegar a la cocina mi madre no pudo callarse.

Paco, te das cuenta donde estás llegando. Le obedeces en todo, te arrodillas ante ella y….. que más vas a hacer.

Voy a llevarle un cigarro que me ha pedido.

Esta vez y sin yo decirle nada, entro en mi habitación y se arrodilló para darme el cigarro que le había pedido.

Uyyyy, se me ha olvidado que trajeras un cenicero. ¿Quieres que tire la ceniza al suelo o te la doy a ti?

No manches más el suelo que luego he de limpiarlo.

Bien, estira la mano. La usaré como cenicero.

Cuando termine de fumarme el cigarro tome su mano y acercándola a mi boca le escupí una gran cantidad de saliva para después apagar la colilla en ella.

Te quiero, papá. Ya puedes irte y te lavas las manos.

Ya sola sentí mi coño palpitar y soltar una gran cantidad de flujo que con mis dedos restregué por toda mi entrepierna llegando a frotar con dos dedos mi clítoris y correrme. Echada en la cama seguí leyendo en internet lo que suponía una relación cien de dominación sumisión y sus prácticas. Algunas de ellas ya las había sentido excitándome. Su obediencia, el humillarle, etc. Estaba descubriendo algo nuevo y muy excitante para mí. Me vestí y me marché a hacer algo de deporte.

Voy a salir a hacer deporte. (Acercándome al oído le dije algo a mi padre), Cuando vuelva quiero mi habitación limpia y con mi ropa preparada para después de ducharme.

¿Que te ha dicho, Paco?

Nada, que se va a hacer deporte.

Al volver mi habitación estaba muy limpia, la cama hecha y mi ropa preparada como le había ordenado. Quería saber hasta dónde podría llegar con mi actitud.

Hola, voy a ducharme. Papá ¿puedes venir a ayudarme?

Si claro hija.

Los dos ya en mi habitación me senté en el sillón y le miré de pie frente a mí con la cabeza agachada (había leído que estar con la cabeza agachada era muestra de sumisión). Me quité la camiseta y me quedé solo con el sujetador.

¿Me puedes quitar las zapatillas de deporte, estoy muy cansada?

Sin mas se arrodilló ante mí y me descalzo. Mis pies se relajaron aunque con los calcetines puestos aún el olor a sudor era muy fuerte.

Quítame los calcetines y dame un masaje en los pies que los tengo doloridos.

Obediente me quito los calcetines sudados y comenzó a darme un masaje en los pies. Mientras me lo daba en un pie levanté el otro y lo acerqué a su cara. No imaginé nunca su reacción. Siguió con el masaje y besó mi otro pie a pesar de estar sudado y maloliente.

¿No te importa que esté sudado y maloliente?

Mi hija, como me va a importar si es tu pie.

Siguió con el otro pie masajeándomelo y esta vez al levantar el otro lo puse entre sus labios. Mi sorpresa fue cuando le vi abrir la boca e introducir mis dedos en su boca para con su lengua chupármelos.

Eres un encanto me has dejado súper relajada. Te voy a contratar como mi masajista personal.

Me acerqué a él y rodeando su cara con mis brazos dejé mis axilas sudadas cerca de su cara. Quería saber qué haría al tenerlas tan cerca.

Estás muy sudada cariño.

Si, ¿te importa?

No, para nada.

En ese momento giró su cabeza para tener una de mis axilas junto a su boca. Yo la acerqué más a él sintiendo su aliento en ella. Con mi otra mano tome su cabeza y la puse pegada a ella. Muy obediente sentí su lengua lamer mi sudor una y otra vez hasta que le separé y le acerqué mi otra axila. Mi coño estaba totalmente mojado con una mezcla de sudor y flujo de la excitación sufrida.

Bueno, voy a ducharme.

¿Te ayudo a desvestirte?

Si quieres, por mi encantada.

Arrodillado acercó sus manos y comenzó a bajar la malla de deporte que llevaba. Podía ver cómo estaba la braguita de mojada. Me levanté y me acerqué a él colocando mi braguita frente a su boca.

Estoy segura que te encantaría, ¿verdad? Si quieres puedes solo olerlo.

Pegó su nariz a mi braguitas sentí como respiraba tratando de absorber todo su olor.

Nunca imaginé que no te importaran los olores, papá. Me encanta que te gusten y los desees. Te prometo dártelos siempre.

Gracias mi hija.

Bueno voy a ducharme. Te esperas a que termine y me secas, ¿ok?

Claro que si.

Tras ducharme salí desnuda de la ducha y allí estaba él con el albornoz preparado para cubrirme con él y secarme.

¿Puedo hacer algo más por ti, mi hija?

No, te puedes ir ya y te llevas toda la ropa para lavar. Te diré algo, me gustaría que no la echaras en la lavadora y que lo hicieras tú a mano.

Como tú quieras.

Por más que me secaba mi coño no cesaba de expulsar flujo. Salí al salón donde estaba mi madre leyendo. Al no ver a mi padre fui a la cocina y allí estaba lavando mi ropa de deporte a mano, tal y como le había dicho que hiciera. Me acerqué a él por detrás y le besé.

Gracias papá.

No tienes porqué dármelas. Para mí es no solo una obligación sino que es algo que me encanta hacerlo.

Todo lo que sucedió aumentó mi curiosidad por la D/s. Fui descubriendo las variantes de éstas. Me informé bastante bien entrando en foros etc. Era algo que debía de asimilar muy poco a poco. En cuanto a lo que sucedió con mi padre encontré que se denominaba “obediencia” y “humillación” y eran dos aspectos primordiales en el seno de este tipo de relación. Fue algo que me encantó sentirlo. Saber que una persona está dispuesta a entregarse a ti, sin más condiciones que las que tú le impongas era algo increíble y a la vez muy excitante.

Hola mamá, ¿qué haces?

Pues ya ves, leyendo un rato. ¿Y tu padre?

Está lavándome la ropa de deporte a mano.

Desde luego haces con él lo que quieres. Ojalá a mi me hiciera el mismo caso que a ti.

Pues….. es cuestión de que pruebes. Seguro que estará encantado de complacerte.

Yo me marché a mi habitación, me eché en la cama y seguí buscando información sobre la D/s. Después me vestí para salir un rato de paseo no sin antes acercarme a mi padre y dándole un beso…..

Me gustaría que te portarás con mamá igual que lo haces conmigo. Ah!, si puedes arregla un poco mi habitación.

Al volver me lo encontré arreglando mi habitación, barriendo, fregando el suelo, limpiando el baño y recogiendo todo lo que dejé por medio. Llevaba en la mano mis braguitas sucias de hacer deporte.

Espero que esté todo a tu gusto mi hija.

Si, claro aunque poco a poco te iré diciendo cosas que me gustan que se hagan a mi manera.

Por ejemplo quiero que ordenes el armario colocando las ropa de deporte en uno de los cajones, los pantalones colgados por colores, los jersey bien doblados en los cajones y la ropa interior en los cajones de la mesita.

¿Quieres que lo haga ahora? No tengo nada que hacer.

Bien me gustará verte haciendo lo que te ordenado.

Al pronunciar la palabra “ordenado” me dio un subidón terrible y encima él, al escuchar esa palabra agachó su cabeza. Estuvo ordenándolo todo tal y como le había pedido. En medio de todo me levanté para ir al baño. Había leído el término “lluvia dorada” y quise ver que ocurriría si al orinar derramaba algo fuera del wc.

Uy papá, se me ha escapado algo de pipí fuera, ¿podrías limpiarlo?

Claro hija, no te preocupes.

Cuando terminó fue a por el cubo y la fregona para limpiar el pipí derramado. Cuando iba a hacerlo me puse junto a la puerta y lo miré.

Antes de fregarlo deberías recogerlo con papel. Así la fregona no olerá mal.

Sin decir nada, se agachó y de rodillas en el suelo tomó algo de papel higiénico y lo fue secando. Cuando hubo terminado me di cuenta que no se lavo las manos empapadas de mi orina.

¿No te lavas las manos del pipí?

Después lo haré, ahora voy a terminar de fregar.

Se marchó y sin que me viera le seguí hasta la cocina. Cuál fue mi sorpresa que estaba chupando los dedos de la mano con la que había limpiado el suelo de pipí. Me acerqué muy despacio y tras de él le susurré al oído.

¿Te gusta?

Se quedó parado y perplejo al escucharme. Se puso colorado de vergüenza y no sabía qué hacer ni qué decir.

No te preocupes m encanta que te guste mi pipí. ¿A qué sabe?

Pu…..e….s. Una….mezcla….. de……dulce…., salado,…… amargo…. y….dulzón.

Mi calentura fue brutal al escucharle.

Si tanto te gusta te dejaré preparado tu desayuno todas las mañanas al levantarme e ir al aseo, ¿qué te parece?

Gracias, muchas gracias Sara.

Me fui al salón donde estaba mi madre y me senté junto a ella. Al rato apareció mi padre que dejaba entrever a través del pantalón lo excitado que estaba. Le senté entre las dos y mi madre, sin mostrar nada siguió leyendo.

Mamá, me encanta papá, hace que todo sea para mi maravilloso.

Pues me gustaría poder decir lo mismo.

¿Por qué no le dices que haga algo en la casa mientras sigues leyendo?

Porque no lo hará.

Haz la prueba.

Paco, ve al dormitorio y termina de hacer la cama y lo recoges todo.

Mi padre, para sorpresa de ella se levantó a realizar lo que le había dicho mi madre.

Te das cuenta lo obediente que es. No has sabido aprovechar esa condición suya. Podrías ser una mujer totalmente feliz al tenerle.

Sara, es que a mí de siempre me ha gustado hacer las cosas para él y ahora el decirle que lo haga él para mí me cuesta mucho. Disfruto haciéndolo todo mientras le veo descansando.

Pues es complicado que compaginéis siendo los dos de la misma condición. Aunque si hubiera alguien que a los dos os mandara hacer las cosas seguro que seríais muy felices.

Ya, pero ese alguien no está. ¿Lo entiendes?

En ese momento tomé su mano y la acerqué a mi muslo. Quería ver su reacción. Ella apretó su mano sobre mí y lo acarició.

Sigue acariciándome que me gusta.

Ella siguió recorriendo su mano por todo mi muslo. ¿Te das cuenta que has seguido haciéndolo porque yo te lo he pedido? Eres muy obediente al igual que él y te habrás dado cuenta que esa tercera persona que os va a mandar hacer las cosas la tienes a tu lado. Ella me miró sorprendida pero no cesó en sus caricias.

Paco, si has terminado ven.

Mi padre con la cabeza y la mirada agachada se presentó ante ella.

Dile a mamá lo que te gusta realmente.

P…u…es… yo….disfruto haciendo todo…..lo….que…se… me or..de….na.

Agáchate y masajéame los pies - le dijo mi madre.

No lo hagas. Tu, mamá, agáchate con él y me masajeáis cada uno mis pies y mis piernas.

Los dos arrodillados ante mí me miraban sin saber qué hacer.

A que esperáis. ¿Es que queréis que me enfade?

Los dos contestaron a la vez despojándome de mis zapatillas y besando mis pies.

Así me gusta. A partir de hoy yo seré la persona que dirigirá vuestros días. ¿Qué os parece?

“Si Sara, lo que tú mandes”, contestaron los dos a la vez.

Bueno, me voy a mi habitación. Mientras os vais a la cocina y preparáis el almuerzo. Cuando esté todo listo quiero que uno de vosotros vayáis a avisarme a mi habitación.

Así lo haremos Sara.

Ya en mi habitación no me podía creer lo que había sucedido. Según leí, los dos tenían un carácter sumiso, por lo que deduje que eso hacía que no hubiera un “filing” entre ellos. Un nuevo subidón me hizo indagar más y más sobre estas relaciones. Vi que la persona dominante debía ser tratada como ama y a ellos se les podía re nombrar como sumisos. Pensé en cómo llamarles y decidí que él sería criado y ella criada y, para dirigirse a mí deberían hacerlo como Ama Sara.

Hija, la mesa ya está puesta, cuando quieras almorzamos - me avisó mi madre.

Espera, ¿por qué no me pones las zapatillas?

Sin más cogió las zapatillas del suelo y me las calzó. Le di la mano y fuimos al salón. Al sentarme vi como mi padre separaba mi silla para que me sentara.

Podéis ya sentaros.

Durante el almuerzo les informé de cómo se deberían dirigir a mí desde ese momento y que yo a ellos los trataría de criados míos. Primero mi padre y luego mi madre asintieron ante mi propuesta.

Así lo haré mi Ama Sara.

Y yo también, mi Ama Sara.

Todo había dado comienzo. Se acabaron las discusiones y los insultos en casa. Ellos obedecerían sin más y estarían por completo a mi entero servicio para todo lo que pudiera desear.