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Dominaciónmar 2025

Nuevo Hogar 1

Ana siempre supo que le gustaba ser observada, pero nunca imaginó que la mirada de Marcos, el hijo de sus anfitriones, la desnudaría antes de tiempo. La casa está vacía, los padres duermen arriba y la tensión en el baño es insoportable. Esta noche, las reglas del juego cambian y ella decide obedecer.

Rebeca4.6K vistas9.8· 9 votos
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A los 41 años, mi vida dio un giro inesperado. Recién divorciada, me encontré con mucho tiempo libre y una necesidad imperiosa de explorar mi propia identidad. Fue entonces cuando descubrí el placer de escribir relatos eróticos. Al principio, era solo una forma de distraerme, bocetos, relatos cortos sin sentido, para dar rienda suelta a mis propias fantasías. Pero pronto, se convirtió en una pasión, en una forma de expresión que me permitía conectar con mi lado más íntimo y sensual.

Mis relatos se centran en una joven que descubre el placer en la sumisión. Me fascina explorar la dinámica del poder y la entrega, los límites difusos entre el dolor y el placer. Algunas de mis historias son pura fantasía, invenciones nacidas de mi imaginación más salvaje. Otras, en cambio, se inspiran en experiencias reales, aunque siempre las modifico y las adapto a mi propio universo erótico.

Y ahora, con más tiempo libre, puedo dedicarme a ello con más intensidad, disfrutando cada palabra, cada escena, cada sensación que plasmo en el papel. Aunque este es mi primer relato tan largo y tengo previsto seguir la historia en varias entregas.

Empecemos.

Me llamo Ana, tengo 23 años recién cumplidos, y mi vida está a punto de cambiar drásticamente. Mis padres, ambos arquitectos de renombre, han aceptado un proyecto en Dubái, lo que significa que, por los próximos meses, tendré que mudarme con unos amigos de ellos. Eso implica cambiar de universidad, de amigos y de casa. Por suerte cerca donde viven ellos hay una universidad donde mis padres pudieron hacer todo el papeleo para transferirme ahí durante un tiempo, y asi acabar las dos asignaturas que me quedan del master en Marketing comercial.

No me molesta tanto la idea de vivir en otro lugar, siempre me he adaptado fácilmente a cualquier situación. Lo que sí me inquieta es el cambio de ambiente, la libertad que tenía en casa a un hogar donde no es el mio y tendre que acoplarme a sus normas. Aunque Jose y Clara, los amigos de mis padres son bastante permisivos, los conozco desde que era pequeña y siempre me han tratado como una hija, íbamos todos los veranos a pasar las vacaciones con ellos ya que tienen una casa grande cerca de la playa, aunque su hijo, Marcos, es una historia aparte, últimamente cuando coincidimos notaba su mirada penetrándome y desnudándome, también es normal para su edad tiene las hormonas a flor de piel y si soy sincera tampoco me molesta mucho incluso me lo tomo como un alago.

Siempre me ha gustado sentirme observada. No de cualquier manera, claro, sino de esa forma en que las miradas recorren mi cuerpo y mi actitud con una mezcla de deseo y fascinación. Me gusta saber que capto la atención, que despierto pensamientos, que soy el centro de atención. Tampoco es que tenga unas curvas o proporciones enormes donde a cada paso capto la atención de todo el mundo, mido 1,60 metros y peso 55 kg. Mi cuerpo es delgado pero con curvas sutiles. Mi busto es pequeño, una talla 80D, y mi cintura es estrecha, lo que resalta un poco más mis caderas, pero ahí esta mi encanto en la sutileza, lo que suele destacar mas son mis ojos claros de un color de un tono verde, que contrasta con mi pelo castaño, liso y brillante. También uso gafas con una montura de color negro.

Marcos tiene 18 años, es bastante alto y delgado, aunque hace ya tiempo que no lo veo, recuerdo que se pasaba las noches jugando a videojuegos. Aunque por lo que se de mis padres recientemente se ha apuntado al equipo de baloncesto de la universidad.

Estaba ya casi llegando a la estación, Jose había quedado con mis padres en recogerme en coche cuando llegase. Esa misma mañana mis padres me habían acompañado a la estación y entre abrazos nos habíamos despedido, la que lo suele pasar peor en estos casos es mi madre. La casa de Jose estaba en una zona de playas, bastante conocida y turística. Después de casi tres horas de trayecto por fin el tren se paro en la estación, cogí la maleta con algunas cosas personales, sali del tren y empecé a salir hacia el control de acceso.

José ya me esperaba en la salida de la estación. Su figura era inconfundible: alto, con el cabello algo canoso y esa sonrisa afable que siempre me había transmitido confianza. Apenas me vio, alzó una mano y caminó hacia mí con paso tranquilo.

—¡Ana! ¡Qué alegría verte! —exclamó, dándome un abrazo cálido—. ¿El viaje bien?

—Sí, tranquilo —respondí con una sonrisa.

—Me alegra. Vamos, Clara nos espera en casa con la cena lista. —dijo con calidez, acercándose para tomar mi maleta.

Caminamos juntos hasta su coche, un SUV espacioso y cómodo. Mis ojos se desviaron hacia Marcos, que estaba apoyado en el coche, desvio su mirada del teléfono y me miro fijamente. Había cambiado desde la última vez que lo vi; estaba más alto, su postura era más segura y su expresión, aunque relajada, tenía un deje de intensidad que no recordaba en él.

Sin disimular recorrió todo mi cuerpo con su mirada, deteniéndose en mi escote. Hacía calor llevaba un vestido beige bastante fino que se pegaba a mi piel. Aunque el vestido no tiene demasiado escote, pero lo suficiente para que Marcos se quede paralizado mirándolo.

—Hola, Marcos —dije.

—Hola —respondió con un tono neutro, pero su mirada seguía siendo penetrante.

—Bueno ayuda a ana con su maleta y vámonos antes de que nos agarre más tráfico —intervino José, cargando mi maleta en el coche.

Mientras él metía mi maleta en el maletero, aproveché para mirar a mi alrededor. La estación estaba bastante animada para la hora que era, con turistas y locales moviéndose de un lado a otro.

Nos subimos al vehículo, Marcos y yo nos subimos a la parte trasera del vehículo, el trayecto comenzó con una conversación amena entre José y yo, me contó que Clara estaba emocionada por mi llegada. Marcos, en cambio, se mantuvo en silencio en el asiento trasero, aunque sentía su mirada sobre mí.

—Hacía tiempo que no te veía, has cambiado bastante —dijo Marcos rompiendo por fin el silencio.

Su tono era neutral, pero la intensidad de su mirada decía otra cosa. Algo en su actitud me hizo sentir una extraña combinación de familiaridad y tensión.

—Si bastante, tu también has cambiado bastante—dije recordando las vacaciones de la infancia, aunque últimamente Marcos y yo apenas habíamos coincidido.

—Yo tampoco lo veo mucho la verdad. Se la pasa en la universidad o con el equipo de baloncesto, pero seguro que os llevaréis bien —dijo José, echándome una mirada de reojo y riéndose.

Cuando llegamos a la casa, Clara salió a recibirme con los brazos abiertos.

—¡Mi niña! —exclamó, abrazándome con cariño—. Qué ganas tenía de verte.

Su calidez me hizo sentir como en casa de inmediato. La casa era tal y como la recordaba: amplia, luminosa y con una terraza que daba una vista espectacular del mar.

—Espero que tengas hambre —añadió Clara mientras me guiaba al interior—. Hice tu pasta favorita.

—¡Perfecto! —respondí con entusiasmo.

La casa de José y Clara estaba tal como la recordaba: amplia, con una arquitectura moderna y grandes ventanales que dejaban entrar la luz del atardecer. Apenas entramos, Clara salió a recibirme con una sonrisa y un abrazo cálido.

—Marcos, ayuda a Ana con la maleta y enséñale su cuarto mientras yo acabo de preparar la cena, por favor —pidió Clara.

Sin decir mucho, Marcos tomó la maleta y empezó a subir las escaleras, indicándome con la cabeza que lo siguiera.

—Aquí es —dijo cuando llegamos a la habitación.

Subimos a la primera planta, mi habitación esta al final del pasillo, el empujó la puerta. La habitación era amplia, con baño propio incluso tenia un balcon que daba a la parte trasera de la casa, con vistas a la piscina. El dejó la maleta junto a mi cama.

—Mi habitación está justo al lado, vamos a cenar?—dijo con voz pausada.

—Gracias, dame un segundo que quiero coger el cargador de la maleta y cambiarme de ropa—respondí, apoyándome en la cama mientras abría mi maleta

Marcos se apoyó en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, observándome mientras buscaba en mi maleta. Su presencia se sentía firme, como si estuviera esperando algo.

—¿Pasa algo? —pregunté sin mirarlo, manteniéndome concentrada en la maleta.

—Nada —respondió con voz tranquila—. Solo que… no me acostumbro a verte, has cambiado mucho —

Levanté la vista y lo encontré mirándome con esa misma intensidad de antes, como si intentara descifrar algo en mí.

—Pues tendrás que acostumbrarte, tu también has cambiado bastante no te recordaba tan..nose, estas más guapo—dije con una sonrisa ligera —.

—Tu también —murmuró.

Hubo un breve silencio entre los dos, su mirada no me molestaba, aunque a veces parecía como si me estuviera desnudando en parte me excitaba bastante esa sensación.

— Ya lo tengo, voy un momento a asearme al baño y a cambiarme—dije mientras cogía unos shorts y una camiseta.

— Vale, te espero—respondió sentándose en la cama.

Entre en el bañó, aun sentía su mirada, era una sensación electrizante. Decidí ir un paso mas para ver que pasaba y decidí dejar la puerta abierta. Empecé a imaginar como el me observaba mientras me cambiaba de ropa, y veía mi cuerpo desnudo, esto último me puso bastante cachonda la verdad.

— No tardo nada, ha sido un trayecto de tren largo y necesito asearme un poco —dije mientras lo miraba de reojo.

— No te preocupes, es normal —

Empecé a quitarme el vestido poco a poco dejándolo caer al suelo, ese día no llevaba sujetador así que me quedé solo con mi tanga de color blanco, me sentía vulnerable, expuesta, sabía que el me estaba mirando y me gustaba. Me quité la última prenda que me quedaba, el tanga y entre en la ducha, tenía una mampara de cristal transparente, así Marcos no se perdería ningún detalle. Empecé a enjabonar todo mi cuerpo.

— La universidad esta muy lejos —le pregunté en voz baja.

— Qué has dicho? —

— No quiero gritar, entra si quieres, con el ruido del agua es difícil que me entiendas —esta vez si que alcé la voz para que me escuchara bien.

Pude ver como seguía sentado en el borde de la cama, pero pasados unos segundos se levantó y entro al baño, se quedo apoyado contra el lavabo, se notaba que estaba nervioso, me encantaba ver esa reacción en el. Ahora si que podía ver todo mi cuerpo completamente desnudo.

— Te decía si la universidad esta muy lejos de aquí?—pregunté mientras empezaba a enjabonarme mis pechos.

—Mañana te puedo llevar a la universidad y alrededores, para que vayas conociendo el lugar —

— Genial, muchas gracias— contesté saliendo de la ducha.

Estaba a menos de un metro de el, el se quedó mirando mis tetas.

— Me pasas la toalla, esta detras tuya —

— Si claro—murmuro con la respiración acelerada.

— Te molesta que este desnuda delante tuya? — pregunté sonriéndole.

— Bueno molestar no, pero es algo raro y......—

— Y? Dime — le pregunte con una sonrisa.

— Pues joder, estas desnuda delante mía y encima estas buena, pues la situación.....me pone cachondo —

Me acerqué mas a el, notaba su respiración en mi cara, sin pensarlo mucho más lleve mi mano a su entrepierna, me lleve una gran sorpresa. Joder entre mis manos era enorme, o eso parecía.

— A mi también me pone muy cachonda que me mires, desde que me viste en la estación no me quitaste los ojos de encima, eso me pone a mil — le susurré al oido.

— Es que estas muy buena joder — sin decir nada mas empezó a manosearme las tetas.

Siguió tocando mis pechos, cada vez los apretaba mas entre sus manos. Mi respiración se aceleraba por momentos debido a la situación, me excitaba mucho la situación hasta tal punto que notaba como mi coño se humedecía.

—¡Chicos, la cena está lista! — la voz de Clara resonó en el baño, cortando la tensión en el aire como un cuchillo. Un escalofrío me recorrió la espalda, no por el frío, sino por la repentina interrupción. Marcos maldijo en voz baja, y un rubor carmesí tiñó sus mejillas.

—Joder, será mejor que vayamos —murmuró, apartándose de mi.

—Sí, creo que también será lo mejor —respondí, tratando de controlar mi respiración acelerada.

Me apresuré a vestirme, sintiendo la mirada de Marcos sobre mí en cada movimiento. La electricidad entre nosotros seguía palpable, cargada de deseo y anticipación. Cada vez que me daba la vuelta para ponerme la ropa sentía sus manos tocando mi culo, explorando mis curvas con una osadía que me hacía temblar, me puse un tanga de color negro y los shorts y cuando me iba a colocar el sujetador el me dijo.

— Ana, porfavor no te lo pongas, me encanta la idea de que tus tetas estén mas accesibles —

— Mmmmm, vale — la idea me excita, no era la primera vez que iba sin sujetador pero que me lo pidiera el me gustaba.

Cuando salimos del baño, la cena ya estaba servida en la mesa. Clara y José nos miraban con curiosidad, pero ninguno de los dos hizo comentarios sobre nuestro retraso. Marcos se sento enfrente mía, la conversación durante la cena fue animada, llena de risas y anécdotas, pero la tensión entre Marcos y yo persistía, invisible para los demás, pero palpable para nosotros.

Después de cenar, ayudé a Clara a recoger la mesa, después ella sugirió que viéramos una película en el salón, Jose que tenía que levantarse pronto para trabajar se despidió y se fue a la cama. Marcos y yo nos sentamos juntos en el sofá y Clara en el sillón que estaba un poco mas alejado. La oscuridad del salón y la cercanía de Marcos crearon un ambiente íntimo, nuestros cuerpos se tocaban y cada roce y cada susurro se sentía amplificado.

Durante la película, sentí su mano deslizarse lentamente sobre mi muslo, poco a poco iba subiendo mas y mas su mano, deteniéndose justo por debajo de mi entrepierna. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y mi respiración se aceleró. No aparté la mirada de la pantalla, pero mi conciencia estaba completamente centrada en el contacto de su mano, en el calor que irradiaba y en la forma en que su tacto despertaba sensaciones desconocidas en mí.

— Bueno chicos os dejo ahí, yo también me voy a dormir — dijo Clara medio bostezando.

— Nosotros nos quedaremos acabando de ver la película — dijo mirándome.

— Si, buenas noches Clara hasta mañana — dije mientras me excitaba la idea de quedarme asoles con el.

Clara subió las escaleras hasta que finalmente nos quedamos solos, Marcos giró su cuerpo hacia mí, y sus ojos se encontraron con los míos.

—Ana... —murmuró, su voz apenas era audible.

—Marcos... —respondí, mi voz temblorosa.

Se acercó aún más, y sus labios rozaron los míos. El contacto fue suave, pero cargado de una intensidad que me hizo cerrar los ojos. El beso se profundizó, y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, explorando cada curva y cada rincón.

— Quitate el top — dijo mientras me lanzaba una sonrisa amplía.

— Mmmm, vale — obedecí, mi torso se quedó totalmente desnudo. Siguió besandome y tocandome. El beso se volvió más intenso, una mezcla de deseo y urgencia. Sus manos se movían con libertad, acariciando mi espalda, mis caderas, mis muslos. Yo respondía a sus besos con la misma pasión,

— Eres hermosa, me encantan tus tetas —susurró, su voz ronca y llena de deseo.

Sus manos se deslizaron por mi pecho y empezaron a jugar con mis pezones, deteniéndose y estirando de ellos.

— Marcos... —gemí, su nombre escapando de mis labios como una súplica.

— Veo que te gusta que te estiren de tus pezones — el siguio estirando de ellos, cada vez mas fuerte. Cada vez mis gemidos eran mas altos.

— Nos van a escuchar — solte con la voz entrecortada.

—Ana, tranquila, la habitación de mis padres esta en la segunda planta. Dime que es lo que quieres — respondió, su voz cargada de deseo.

La seguridad en su voz me hizo sentir aún más deseada, liberando mis inhibiciones. Sus manos continuaron su exploración, descendiendo lentamente por mi abdomen, deteniéndose justo en el borde de mis pantalones.

—Te deseo... —susurré, mi voz cargada de deseo.

Comenzó a desabrochar mis pantalones, sus dedos se deslizaron debajo de mi tanga un escalofrío recorrió mi cuerpo.

— Joder si que estás mojada, dime lo que quieres — afirmo.

—Quiero......tu polla, quiero sentirte. —gemí, mi voz apenas audible.

—Pues a que esperas, sácame tu mismo los pantalones — ordenó mientras se reclino en el sifa y abrió sus piernas.

Me levanté y de rodillas me puse delante de el, desabroché sus pantalones bajando hasta sus tobillos, hice lo mismo con sus calzoncillos. Me quedé sin aliento. Era enorme, mucho más grande de lo que jamás había imaginado. La piel era suave y cálida al tacto, y la cabeza se ensanchaba como una seta aterciopelada. Lo tomé con ambas manos, sintiendo el peso y la firmeza. La longitud era impresionante, y la circunferencia me hizo preguntarme cómo podría caber todo eso dentro de mí. Lo miré con asombro, una mezcla de excitación y temor. Era una obra de arte, una escultura de carne y deseo. La punta, ligeramente húmeda, brillaba bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana. Lo acerqué a mi rostro, aspirando su aroma almizclado, una mezcla embriagadora de sudor y deseo.

—Es hermoso —susurré, mi voz ronca por la excitación.

Marcos soltó un gruñido bajo, su cuerpo retorciéndose ligeramente en el sofá.

—Mete esa lengua ahí, Ana —ordenó, su voz cargada de urgencia.

Obedecí sin dudarlo. Deslicé la punta de mi lengua por la longitud de su miembro, saboreando el sabor salado. Marcos gimió, su cuerpo tensándose mientras yo continuaba mi exploración. Lo tomé con más fuerza, deslizándolo hacia arriba y hacia abajo, sintiendo cómo crecía aún más en mi mano.

— Me gusta que seas tan obediente. Más rápido, Ana —jadeó, su voz entrecortada—. Más rápido.

Aumenté el ritmo, mi lengua y mis manos trabajando en sincronía. Marcos se retorcía en el sofá, sus gemidos llenaban la habitación. Sentí cómo su cuerpo se tensaba, preparándose para el clímax.

—Abre la boca, perra —ordenó, su voz ronca y cargada de deseo.

Sus manos se aferraron a mi cabello, tirando suavemente mientras me acercaba más a él. Sentí cómo la punta de su miembro rozaba mis labios, y obedecí, abriendo la boca de par en par.

—Más —gruñó, empujando su miembro hacia mi garganta—

Sentí cómo se deslizaba dentro, llenando mi boca y mi garganta con su grosor. No me detuve. Quería complacerlo, sentirlo todo. Su ritmo iba en aumento, la metía y sacaba, con cada embestida, sentía cómo su miembro se hundía más y más en mi garganta, estirando mis límites hasta el punto del dolor. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Sus manos en mi cabello me mantenían firme, obligándome a tomarlo todo. La actitud de Marcos cada vez era mas ruda conmigo, pero esa autoridad que estaba ejerciendo me gustaba.

—Traga, perra —gruñó, su voz ronca y llena de desprecio—. Traga hasta la última gota.

Sentí cómo su cuerpo se sacudía, cómo su semen caliente y espeso se derramaba en mi garganta. Tragué saliva, luchando contra las náuseas, sintiendo el sabor de su semen en mi lengua. Marcos gimió, un sonido gutural que llenó la habitación. Sus manos se aflojaron en mi cabello, permitiéndome respirar.

—Buena chica...—susurró, su voz cargada de satisfacción—. Ahora, lame la punta.

Obedecí, sintiendo el último rastro de su semen en mis labios. Marcos se desplomó en el sofá, su respiración agitada llenando la habitación. La adrenalina aún corría por mis venas, y la sensación de su semen en mi garganta me hacía sentir poderosa y deseada.

—¿Te gustó, perra? — preguntó, su voz ronca y llena de posesión.

—Sí — respondí, mi voz temblorosa.

—¿Te gusta que te trate como un pedazo de carne? —in

sistió, sus ojos oscuros brillando con intensidad.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo ante su pregunta. La humillación debería haberme molestado, pero en cambio, sentí una extraña mezcla de excitación y sumisión.

—Sí —admití.