Martes de depresión
Él está en el fondo del pozo, gris y sin sentido. Ella no va a sacarlo con palabras; va a arrancarlo a golpes, a gritos y a placer prohibido. Esta vez, la esclava toma las riendas y el dolor será su medicina.
Amo Bronchales no está bien y necesita mi ayuda. Sufre de depresiones desde muy joven, y yo, su esclava Laura, soy su única medicina. Estoy perfectamente entrenada por el mejor Amo del mundo, y es mi orgullo saber que mi Dueño confía en mi persona y en mis habilidades cuando lo pasa tan mal.
Mi Amo dice que a veces se despierta, y siente como si cayera por un pozo enorme, oscuro, sin fondo. Casi le resulta imposible levantarse. Cada movimiento es fruto de un titánico esfuerzo. Todo ha perdido sentido y propósito. Nada produce placer ni satisfacción. El mundo es un lugar gris.
Mi Amo me ha mandado un mensaje y solicita tratamiento de choque inmediato. Me necesita, y me necesita ya.
Cuerpo perfectamente limpio y depilado. Uñas cortas sin color. Pelo largo hasta la cintura, sin recoger. Colonia fresca de lavanda. Colutorio de eucalipto. Lencería negra de encaje: sujetador, braguita, medias y ligueros. Blusa, minifalda y tacones. Chaqueta. Estoy lista. Salgo con prisas y le envío un mensaje a mi Amo. Estoy en camino.
Tengo llave y entro. Cierro y dejo la llave puesta. Procedo a coger el material necesario. No necesito más de un par de minutos, pues todo está perfectamente ordenado y en su sitio.
Mi Amo está en la cama, sin afeitar, con ojeras, y me saluda con un movimiento mínimo de su mano derecha. Preocupada, me arrodillo inmediatamente ante él con absoluta devoción, y me entrega el collar y la correa. "Ya sabes que hacer. Adelante." me dice. Procedo.
Ahora yo soy su Doctora, Doctora Laura, y tomo temporalmente el control absoluto de mi Amo. Le pongo el collar y sujeto la correa. Siento sobre mis espaldas el peso brutal de la responsabilidad. No puedo defraudar a mi Amo. Su bienestar está en mis manos. Empieza el tratamiento. Me bebo un litro de agua y tiro la botella en el suelo.
Le ayudo a desnudarse. Noto que tiene frio, pero eso es bueno. Está boca arriba en la cama. Bien. Me siento a horcajadas sobre su pelvis pero no hay respuesta de su polla. La cosa está mal, muy mal.
Empiezo por sus pequeños pezones. Con ambas manos, los pellizco los dos a la vez sin piedad, incrementando la presión y la torsión de forma progresiva. Empieza a quejarse, pero no paro hasta que grita de verdad. Me mira con ojos llorosos, rostro compungido, pero entreveo una tímida sonrisa. Gesto de aceptación con la cabeza. Repito varias decenas de veces hasta que sus pezones están tan sensibles que ya no puedo ni sujetarlos sin producir estertores de dolor. Pero no me doy por satisfecha.
Cojo la pala y empiezo a golpear sus pectorales sin piedad hasta que toman buen color. Me aseguro de golpear bien sus pezones. Él grita y se queja como un animal. Eso es bueno. Está reaccionando y me empiezo a sentir orgullosa de mi trabajo. No entiendo lo que me ocurre, pero esta vez lo estoy disfrutando. Me encanta el sonido de la pala contra su piel. Ese disfrute me hace sentir, de pronto, tremendamente culpable. Una ansiedad irracional se adueña de pronto de mi.
Acerco mi rostro al suyo, le seco las lágrimas. Por un momento siento su sufrimiento como si fuera el mio. Le como dulcemente la boca. Él me abraza y me siento reconfortada. Me dice que no hay nadie más como yo. Asiente con la cabeza.
Mis vaivenes emocionales son brutales. Siento otra vez esa sensación de poder y no dudo en sacar las pinzas. Me mira fijamente con temor en sus ojos. Sabe que le va a doler, a doler mucho. Finalmente cierra los ojos y respira hondo. Las coloco en posición de máxima fuerza, las dos a la vez. El intenta no gritar.
A los pocos segundos, gritando de dolor, me insulta, me dice que soy una hija de puta. Eso es algo que no puedo tolerar. "Vas a saber lo que es bueno" le respondo, y añado "Tu Doctora no soporta ese lenguaje". Y empiezo a abofetearlo con toda la fuerza de la que soy capaz. Le escupo en la cara para lubricar cada una de las bofetadas. No paro hasta que su rostro luce un color rojo profundo. "Vaya, parece que estás acalorado" le digo.
Le ordeno que abra la boca, pero no obedece. Lo sujeto por el pelo, fuerzo su cara hacia un lado y le suelto veinte bofetadas seguidas del mismo lado sin lubricación alguna, y después, del otro. "Abre la boca!" y entonces la abre. Le ordeno que no trague, y empiezo a escupir hasta que me canso. "Ahora traga, cabrón!", y se traga mis escupitajos con gusto.
Pero no es lo único que va a tragarse. Coloco mi coño sobre su boca, separo la braguita, le ordeno de nuevo que la abra, y me meo en su cara. El chorro cae perfectamente dirigido al interior de su boca. Que gusto me produce esa meada. Que puntería! "Traga tu medicina!" le ordeno, y veo que, efectivamente, va bebiendo. Me he bebido un litro pero sale con buen color. Mi orina, bien calentita, le va mojando todo el rostro mientras muevo mi cintura y mis caderas para asegurarme que lo dejo bien mojado. Quiero que sienta el calor de su Diosa por toda la cara.
Pero no le doy tregua. Noto que me crezco. He conseguido que durante un rato dejara de prestar atención a sus pezones, lo cual ha contribuido a disminuir el dolor. Es hora de terminar el trabajo. Empiezo a jugar con la cadena de las pinzas y el se retuerce. Le pregunto "Que me has llamado antes?", y me responde despacio y en alto: "Hija de la gran puta". Sin dudarlo, tiro con todas mis fuerzas de la cadena y grita como un animal en un matadero. Tarda en reponerse y dejar de quejarse. Sonrío. Me siento de nuevo satisfecha.
Pienso para mis adentros que quizás me esté dejando llevar demasiado. Lo estoy disfrutando cada vez más y de pronto la culpabilidad me asalta de nuevo. Necesito otra vez una dosis de aceptación. Le beso de nuevo y noto el calor exagerado que desprende su rostro y el olor de mi orina. Le lleva unos segundos aceptar mi beso, unos segundos eternos, pero finalmente nuestras lenguas se entrelazan y él me abraza. Me susurra al oído que soy la mejor. Tras oír eso, siento que peso diez quilos menos y no puedo evitar un suspiro de alivio.
No debería dudar tanto de mi misma, pero esa inseguridad nunca me abandona. No consigo olvidar que soy su esclava y recuerdo que todo esto solo es temporal. No hay tiempo para pensar. Debo continuar.
"A cuatro patas", le grito. Veo que me obedece. Me encanta verlo con el collar puesto y la correa colgando. Además, me pone su sagrado culo en pompa. He lamido su ano tantas veces y con tal fervor!. Pero no es el momento. "Prepárate, voy a destrozar tu culo", le digo."Cabrona!" responde, y sin esperar más le empiezo a dar con la pala de forma alternativa en cada nalga. Me empleo a fondo y enseguida se enrojece la piel. Oigo sus quejidos, pero no me detengo. Estoy disfrutando de lo lindo!.
Me encanta el silbar de la pala al rozar el aire, el estallido sobre su piel, el temblor de sus nalgas y su posterior quejido. Las marcas se van sobreponiendo y eso me permite golpear uniformemente sus dos nalgas. Sus gritos aumentan de intensidad pero estoy totalmente desbocada, en éxtasis. Finalmente, veo aparecer multitud de puntos rojos, sangre que empieza a supurar por los poros de su piel, y entonces me detengo. "Eres una malnacida, pagarás por esto!", me dice. "Lo hago por tu bien" le respondo con una amplia sonrisa en el rostro. Y añado "Me lo estoy pasando bomba con tu culo, pero esto solo es el principio. Prepárate".
Procedo a aplicar una crema especial a sus maltrechas posaderas. Las noto ardientes y siento un tremendo placer. Son las nalgas de mi Amo, y se que he hecho un buen trabajo. Si, estoy orgullosa, y quiero, y deseo y debo continuar.
"Ahora le toca a tu ano", y sin más, empiezo a lamérselo como la buena perra que soy. No puedo resistirme. Sujeto su polla con una mano y noto que hay reacción. Su polla, antes muerta, empieza a tonificarse, aunque solo tímidamente. "Que gusto!", me dice. Lo estoy haciendo bien. Pero esta vez voy a por todas. Siento que debo someterlo del todo para que el tratamiento surta efecto. Aunque eso solo sea una excusa. Me siento Ama por primera vez en mi vida, y quiero disfrutarlo. Me he decidido a encular a mi Amo aunque luego haya consecuencias.
Y entonces procedo a masajear su orificio con un poco de lubricante, y con sumo cuidado le introduzco uno de mis deditos. Mi Amo gime de placer y eso me llena de satisfacción. Poco a poco lo voy dilatando y llegado el momento, le introduzco un pequeño dildo. "Pero que haces???", me pregunta extrañado, "pues que voy a follarte ese culo virgen. No crees que tienes ya edad para eso?" y me pongo a reír como una tonta. "Vas a ser mi puta y mi zorra y no vas a hacer nada por evitarlo".
Le ordeno que se de la vuelta, que se estire en la cama, ponga el culo sobre la almohada y se abra de piernas como la buena puta que es, con las manos sujetando la rodillas. Extrañada, veo que me obedece sin rechistar. Parece que ha aceptado su papel de enfermo sumiso y que confía plenamente en el tratamiento de su Doctora. Esa confianza me enorgullece y me extasía. Mi Amo es ahora Mío y solo Mío, y solo para Mi. Es mi juguete y voy a jugar con él. Con una sonrisa en los labios, me quito la blusa y la minifalda. Me coloco el strap-on con una polla de tamaño medio.
Le acerco la polla a la boca y le ordeno, "chupa mi polla, zorra, te voy a convertir en mi puta". La chupa con desgana. Pero eso es algo que no voy a permitir. "Abre bien la boca y ensalívala bien" le ordeno, al tiempo que inicio un metesaca cada vez mas profundo que finaliza con sus arcadas. "Eres una zorra y voy a follarte sin piedad. Abre tus nalgas y enséñame tu agujero". "Si, Doctora" me responde. Me pongo en posición, y le quito el pequeño dildo que le ha ido dilatando. Apoyo mi polla contra su orificio y aprieto suavemente. Noto que el capullo entra despacio en su ano y el suspira. Empieza a notarla dentro por primera vez en su vida. Se que era virgen del culo, y, dado su estado anímico, se que este es un momento crucial que puede marcarlo para toda la vida.
Con delicadeza, empiezo a follármelo. Tiro de la correa para obligarle a mirarme. Le miro fijamente a los ojos al tiempo que inicio un lento y progresivo metesaca hasta que consigo metérsela del todo. El suspira cada vez mas y hasta gime. Nota que estoy dentro de él. Y esa sensación tan sumamente íntima, le cautiva, y se rinde a ella. Se siente absolutamente dominado, absolutamente poseído por mi polla por primera vez en su vida. Y me suplica "No pares por favor, fóllame, fóllame por favor, fóllate mi culo!".
Y ahora si, empiezo a follarme a mi esclavo sin piedad. Gime como una damisela. No piensa, no razona, solo siente que su cuerpo está siendo poseído, y lo siente dentro de si, en sus entrañas. Estoy dentro de él y tengo el control absoluto de su ser. Se ha dejado ir completamente.
Le beso mientras agarro su polla, y ese beso es el mejor que jamás nos hayamos dado. Noto su absoluta sumisión, su absoluta dulzura, su absoluta entrega. Me suplica una vez mas que no pare, y le masturbo al tiempo que me lo follo. Noto que su polla esta totalmente y absolutamente erecta, dura como una piedra. Me paro e inicio una paja brutal. Escupo cuantiosamente sobre su polla y la sujeto con las dos manos.
Mis manos inician un movimiento de rápido vaivén no exento de movimientos de torsión que aumentan su sensación de placer. Se que debe de estar notando contracciones de su ano contra la polla que le perfora el cuerpo y el alma. Presiento que va a ser un orgasmo brutal. Por la punta de la polla aflora abundante líquido preseminal, lo que me anticipa una buena corrida. Llega el gran momento, aumento la intensidad y se corre gritando como una cerda, y siguiendo mi instinto de sumisa, acerco mi boca y me aseguro de recoger toda su leche en mi interior.
Pero no paro de masturbarlo apretando bien su glande, y sus músculos se contraen ante tal tortura. Todo él se convulsiona. ""No! No! Por favor!" Sonrío de gusto y satisfacción. Finalmente, me detengo.
Tengo la boca toda llena de su leche mezclada con mi saliva. Pero esta vez no me la voy a beber yo. Me acerco y el ya se imagina que debe hacer. Abre su boca y se la lleno con el contenido de la mía. Se lo traga sin rechistar, tras lo cual nos abrazamos y nos besamos como dos amantes en su última noche.
Por razones que no entiendo, me pongo a llorar como una desconsolada. Supongo que una descarga emocional era inevitable. Me siento feliz, satisfecha, poderosa, fuerte. Y también siento una profunda sensación de ansiedad, de miedo y de culpabilidad.
Y él, que entiende mi alma mejor que yo, me susurra al oído: "Nadie hubiera hecho mejor trabajo que el que has hecho tu, hoy, aquí. Estoy mucho mejor y es gracias a ti. Y aunque te has prodigado en exceso, no debes temer por ello, pues recibirás el debido castigo para poder redimir tu culpa. Nunca antes había sentido lo que he sentido hoy contigo. Nunca antes me había sentido tan absolutamente dominado y poseído, y ha sido una experiencia maravillosa. Creo que por primera vez en mi vida, he entendido que siente una mujer al ser penetrada por un hombre."
Y añadió: "Es algo increíble, y para mi, en cierto modo, eso marca un antes y un después. Pues ahora entiendo mejor que siente mi esclava cuando le clavo mi polla en su culo. Quizás volvamos a repetirlo algún día."
Veo ciertamente que mi Amo está mucho mejor. La terapia de choque antidepresiva ha surtido efecto y mi Amo vuelve a estar vivo y con ganas. Misión cumplida. Es increíble el poder sanador del dolor. Poca gente lo conoce y es una lástima.
Experiencias como estas son las que hacen que el BDSM sea parte imprescindible de mi vida, pues solo a través de él, el ser humano es capaz de sentir con total plenitud. El vínculo que me une con mi Amo es inquebrantable, y soy y seré su esclava, su zorra y su puta. Solo él sabe hacerme sentir.
Llego a mi casa y me asaltan las dudas. Hoy, algo ha cambiado. No era la primera vez que atendía las necesidades de mi Amo. Simplemente hacía lo que previamente me había sido solicitado, y sinceramente, no lo disfrutaba. Pero hoy, hoy ha sido distinto. Hoy me he dejado llevar, aunque al principio me ha costado. Por primera vez creo haber entendido que se siente al ser Ama. He disfrutado provocando dolor, adueñándome de mi Amo, de su cuerpo y de su mente. Y a mi también me han hecho efecto las endorfinas. He experimentado un subidón sin precedentes. Un éxtasis inédito. He tenido un orgasmo mental.
Podría haberle hecho daño de verdad. Se que sus heridas sanaran pronto, son todas superficiales. Pero si hubiera sido otra persona, quizás no me hubiera frenado tan fácilmente. Es como si hubiera probado una droga altamente adictiva. Estoy exhausta, física y mentalmente, pero tengo ganas de repetir. No se si sentirme bien o mal por tener estos pensamientos, pero siento la necesidad de compartirlos con mi Amo lo antes posible. Necesito clarificarme. Espero que me llame pronto. El es mi luz en la oscuridad en este mundo de mierda.
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