Xtories
Dominaciónabr 2025

Una Vida Peculiar. Los inicios Cap. III

Despierta atada en el suelo, con el frío calándola los huesos y la vergüenza quemándole la piel. No es un sueño: su hermana y el hombre que ama han tomado el control total de su vida, su cuerpo y su trabajo. La próxima vez que cruces la puerta de tu oficina, recuerda: no eres la jefa, eres su juguete.

Stholle5.7K vistas9.4· 7 votos

UNA VIDA PECULIAR. Los inicios.

Capítulo III

Pasé una noche terrible. No pude pegar ojo, tenía mucho frío, no me taparon con ninguna manta y tampoco me dieron almohada. El suelo estaba congelado y duro. Atada de la forma que estaba con las manos a la espalda, solo conseguía, cada vez que me movía, que los brazos se me agarrotasen todavía más. Se me volvieron a saltar las lágrimas de impotencia. No comprendía como en un solo día había llegado a esta situación ¿o sí? Porque lo único que tenía caliente y mojada era mi entrepierna que no paraba de soltar fluidos. Hubiera dado mi vida con tal de que me hubieran dejado tener un orgasmo, esa sensación de estar salida y no poder correrse era, incluso, superior al propio frío que estaba pasando y a la dureza del piso en el que me encontraba postrada y atada de pies y manos.

Por otro lado, había un detalle que se me había pasado por alto, no habían puesto ningún despertador, no sabía que hora era y me sería difícil calcular el momento en el que debía despertarlos. El miedo a no poder cumplir la orden y recibir el correspondiente castigo me mantenía en un estado de intranquilidad.

Ellos dormían plácidadamente, su respiración así lo atestiguaba. Menos mal que no bajaron del todo las persianas del cuarto por lo que pude, en un momento determinado, vislumbrar que ya se iba haciendo de día. Calculé que debían ser más o menos las siete de la mañana, debía armarme de valor e intentar despertarlos de la forma en que me habían ordenado.

Tenía los músculos agarrotados pero con esfuerzo repté y me situé a los pies de la cama. Con los dientes y mucha paciencia pude conseguir apartar el edredón y meter la cabeza. Palpé con la cara las piernas de mi amo y, haciendo fuerza con las rodillas, pude meterme entre las sábanas. Rezaba para que estuviera boca arriba durmiendo, pues en caso contrario y con las manos atadas a la espalda no sabría como voltearle para poder meterme su polla en la boca. Gracias a Dios estaba en la posición correcta y menos mal que ambos dormían desnudos porque en caso contrario, no hubiera podido quitarles los pijamas ayudado solo con los dientes.

Con más dificultad de la prevista pude llegar a su miembro y empezar a chuparlo, Lo mamé, ¡ufff! con lo caliente que estaba solo me faltaba degustar aquella polla que idolatraba sobre manera. Notaba como se iba haciendo cada vez más grande. Empezaba a suspirar de placer y yo muerta de ganas de que me la hubiera metido aunque fuera un segundo.

En un momento dado noté una presión en mi cabeza que no me deja casi respirar. Sus manos habían sujetado mi extremidad con fuerza obligándome a tragarme aquel falo descomunal, me llegaba la punta del glande hasta la campanilla. Las arcadas fueron extraordinarias pero logré controlarlas.

Al cabo de unos minutos chupando, el falo empezó a escupir líquido preseminal como antesala de la corrida, rezaba porque se vaciara lo antes posible, pues mi respiración empezaba a ser muy dificultosa. Al fin se corrió abundantemente, de verdad que mi Amo tenía una gran habilidad para generar esperma en abundancia pues la noche anterior se había follado a mi hermana. Tuve que tragarme toda la corrida, esputaba la lefa directamente en mi campanilla. Al fin relajó la presión de sus manos y pude retirarme unos centímetros para poder respirar.

—Límpiala, puta. Y ve con tu Ama. —Me ordenó.

Volví a metérmela en la boca y con la lengua fui recorriendo cada milímetro de aquel venerado falo hasta dejarlo brillante de mi saliva.

Mi hermana dormía al lado, también boca arriba por lo que con mi cabeza pude separarla las piernas e introducirme a las puertas de su coño. Me seguía dando asco, pero no tenía alternativa. Seguía teniendo las manos atadas a la espalda por lo que no podía utilizarlas para separar sus labios mayores y llegar con más facilidad a su clítoris. Con mi nariz empecé a recorrer su raja de abajo a arriba hasta que pude llegar a su botón. Lo ensalivé convenientemente y con la lengua, en pequeños círculos, empecé a trabajarle el orgasmo. Notaba que se iba mojando poco a poco hasta que llegó al clímax, despidiendo fluidos abundantes que no tuve más remedio que tragar.

—Qué bien me comes el coño, hermanita, te voy a nombrar mamadora oficial de la familia. —Exclamó mi hermana envuelta en un suspiro. —Ahora a hacernos el desayuno y no vayas al baño a limpiarte esa cara de chorretes que tienes ni hacer pis, te aguantas hasta después de desayunar. Ah y mucho ojo con comer algo a escondidas no me cabrees ya desde la mañana —Me ordenó.

Levantándose de la cama, me desató las manos y los pies y el extremo de cuerda que estaba atado al radiador. Me soltó una patadita en los riñones para que me bajara de la cama y se volvió a meter y abrazando a mi Amo, se volvieron a quedar dormidos.

Tenía todo el cuerpo dolorido, la cara como un poema con suciedad de las corridas del día anterior, sangre seca del puñetazo y ahora fluidos y algún resto de semen de mi Amo que no pude tragar. Tenía, además, muchas ganas de hacer pis, pero debía cumplir las órdenes, no podía arriesgarme a hacerlo y que me pillaran en plena faena así que aguanté las ganas y me fui a la cocina a prepararles el desayuno.

Me sonaba la barriga de hambre, llevaba sin comer desde ayer al mediodía pero sospechaba que podría alguno de los dos estar espiándome por lo que haciendo tripas corazón les preparé café y tostadas sin probar nada.

Cuando estuvo todo preparado en la mesa de la cocina fui a la habitación y me senté en la posición de sumisa en el suelo al lado de donde dormía mi hermana y con un hilo de voz les dije que todo estaba preparado.

—Vale, puta. Nos vamos a duchar y vestir. Tú espéranos en la cocina sentada en el suelo de la forma que sabes. —Me ordenó mi Amo.

—Perdón Amos, Necesitaría orinar con urgencia. —Pregunté con la voz más suave que pude.

—Veo que estás aprendiendo rápido. —Contestó mi hermana. —Esa es otra norma que deberás cumplir, tendrás que pedir permiso cada vez que tengas ganas de ir al baño, sean necesidades mayores o menores. Pero va a ser que no. Primero tus Amos y después ya iras tu cuando queramos. Vamos, a cumplir la Orden de tu Amo, a la cocina a esperarnos. —Gritó mi hermana.

No podía aguantar mucho más. Me senté en el suelo de la cocina en la posición de sumisa. En el reloj de la cocina eran ya las siete y media, llegaría tarde al trabajo, menos mas que era la jefa pero hoy tenía programadas varias reuniones importantes. Pasaban los minutos y no llegaban. Se estaban duchando tranquilamente. No podía aguantar más y me oriné en el suelo. Me mojé las piernas, el culo y los pies pues continuaba sentada sobre mis talones. No sabía qué hacer, si levantarme e ir a por la fregona y limpiar todo ese estropicio o continuar en el estado en el que encontraba. No me dio tiempo a decidir pues en ese instante llegaron mis Amos pulcramente vestidos.

—¡Pero mira que eres guarra! No has podido esperar a que te diéramos permiso para mear que te lo has hecho encima. Eres una mala perra. ¡Esta noche ya tienes tu primer castigo! —Vociferó mi Amo.

—Mira que bien, parece que ya tienes el complemento de tu desayuno. —Exclamó mi hermana. —¡Levántate!

Cogió de la encimera un trozo de pan duro, lo tiró donde estaba el charco de los meados y con el zapato lo piso y estrujó haciéndose una especie de papilla en el suelo.

—Ahora te vas a poner a cuatro patas, como las perras y sin utilizar las manos, vas a chupar el suelo y comerte ese “nutritivo desayuno”. ¡Vamos, puta!, deberás terminarlo antes que nosotros nos tomemos el café.

Tenía mucha hambre y la orden de mi hermana no dejaba dudas, pero era muy asquerosa la plasta de pan llena de mi meada, era repugnante pero no tenía elección. Me puse a cuatro patas y me fui comiendo ese engrudo.

—Qué no quede una gota en el suelo. —Me ordenó mi Ama mientras me propinaba una patada en el culo que me hizo dar con mis pechos en el suelo y mancharme toda la barriga de aquella infecta papilla.

—¡Mira que es cerda! Como le gusta revolcarse en la mierda. —Rió mi Amo ante su propio comentario.

Cuando terminé de “desayunar” me puso el zapato a la altura de la cara. —Vamos, perrita limpia con tu lengua la suela del zapato, veo que hay restos del engrudo de tu comida y seguro que te has quedado con bastante hambre.

No tuve más remedio que limpiara toda la suela hasta dejarla reluciente. Acto seguido volví a situarme en la posición se sumisa.

Cuando terminaron de desayunar me ordenó mi hermana que fuera al cuarto de baño con ella. Tenía un mal sabor de boca, el pis era el primero de la mañana y el estomago estaba muy revuelto pero al menos me había llevado algo medio sólido al cuerpo.

—Métete en la bañera. —Me Ordenó.

Obedecí al instante. Sospechaba que tocaba ducha y con la porquería que llevaba encima necesitaba un baño. Debió notar mi cara de felicidad, porque acto seguido para bajarme la moral abrió a presión máxima el grifo del agua fría.

—¡Abre las piernas puta! —Gritó. —No tenemos mucho tiempo, llegas tarde al trabajo.

Entreabrí un poco las piernas y apuntó con la alcachofa, el chorro se estrelló en plena vagina incrustándose por los pliegues internos del mismo, el dolor fue brutal, creía que me iba a desmayar por lo congelada que estaba el agua y la fuerza en que salía disparada. Por autodefensa cerré las piernas y puse mis manos protegiendo la delicada zona, esta acción enfadó sobremanera a mi hermana,

—O quitas tus asquerosas manos de ahí y vuelves a abrir las piernas o no respondo y te rompo tres costillas de la paliza que te voy a dar, ¡Tú decides! —Gritó fuera de sí.

Con más miedo que gloria quite lentamente las manos y abrí un poco las piernas, lo suficiente para que el chorro fuera a meterse dentro de mi dolorido coño. Grité de dolor, pero le dio lo mismo.

—Vamos, gírate en redondo que tengo que mojarte todo el cuerpo. Ahora ábrete el culo.

Con mis manos abrí ligeramente los mofletes del culo y el chorro de agua fue horadando mi ano, volví a chillar de dolor, pero siguió dándole igual.

—No te preocupes, te acostumbrarás al agua fría, serán tus únicas duchas a partir de ahora. Vamos, ¡vuelve a girarte!

Así lo hice y esta vez apunto a mis pechos, las tetas se balanceaban como si tuvieran vida propia como consecuencia de la fuerza del agua que se estrellaba contra ellas. Volví a bramar con más fuerza si cabe, pero todo dio igual.

—Quédate aquí quieta. —Me dijo. —Voy a por una esponja.

Ahí me quede tiritando de frío esperando la nueva tortura que se le habría ocurrido. Volvió al cabo de unos minutos. ¡No me lo podía creer! Llevaba un bote de lavavajillas y una manopla muy rugosa, especial para lavar los platos. Echó una buena cantidad de ese jabón en la manopla y me estuvo restregando con saña por todo el cuerpo, especialmente por el coño y las tetas. La piel la tenía en carne viva, pero no le importó lo más mínimo.

—Qué bien me lo voy a pasar, hermanita. No sabes lo contenta que estoy desde que Alex me confesó tus mas intimas fantasías, con las ganas que te tenía desde pequeñas por ser la favorita de nuestros padres. Ahora las vas a cumplir con creces y de por vida, ya me encargaré de ello.

La mirada de odio que ponía mientras me lo estaba contando me asustó, pero no me dejó más tiempo para la reflexión. Terminó de enjabonarme y volvió a dar la máxima presión al agua fría para aclararme, lloraba de dolor y ella disfrutaba con el mío.

—Como ayer te depilaste veo que tienes el coño suave, cuando empiece a picar, ya sabes, a pasarle la maquinilla, aunque ya pensaremos en algo un poco más duradero —Me lo decía mientras pasaba la mano libre por mi entrepierna.

Introdujo dos dedos dentro de mi vagina y se me escapó un suspiro.

—Mira que eres puta, hermanita, estas muy mojada y cachonda, lástima que siga la prohibición de correrse. —Rió mi hermana.

—Bien, ya hemos terminado, Si tienes ganas de cagar te esperas a esta noche aunque con lo poco que cenaste no creo que por ahora que lo necesites y mear, lo acabas de hacer en la cocina.

—¡Sal de la bañera, puta, deprisa, que no tenemos todo el día!, y no busques la toalla porque para ti no hay. Sígueme.

La seguí como pude, empapada, dolorida en mis partes íntimas y temblando de frío. Me llevo al salón y abrió la puerta de la terraza,

—Sal, puta. Te secarás al aire y no se te ocurra tocarte, ¿me entiendes? Que se que eres muy guarra y si algún vecino te ve, seguro que te corres de gusto.

No me lo podía creer. Vivíamos en un segundo piso podían verme no solo los vecinos sino también desde la calle. Las piernas me temblaban y mi mente se negaba a cumplir esa orden.

—O pasas ya o te muelo a palos aquí mismo, puta. —Gritó con impaciencia mi hermana.

Me armé de todo el valor posible y salí a la terraza desnuda para poder secarme. Aunque estábamos en primavera hacia frio no serían más de las ocho de la mañana. Mire de reojo la calle, estaba llena de gente, recé para que ninguno alzare la vista y me viera en esta guisa. Pero no fue el caso algunos subían la mirada y unos pocos sacaron sus móviles con la intención de hacerme fotos. Instintivamente me tapé la vagina con una mano y los pechos con la otra.

—No se te ocurra taparte con las manos, puta. Exhíbete, enséñales el coño para que todos lo vean. Y ábrete, ofrécete a tu público. Como no obedezcas te ataré a la barandilla bien abierta de piernas, ¡tú decides! Me chillaba desde dentro de la casa.

No tenía opción. Sabía que iba en serio y cumpliría sus amenazas si no la obedecía. Tímidamente fui quitando mis manos de mis partes íntimas y abrí un poco las piernas, me mostré desnuda en todo su esplendor. Me salían las lágrimas a borbotones, estaba roja de vergüenza, quería morirme allí mismo pero en paralelo estaba mojándome cantidad, mi cuerpo se estaba excitando, pero mi mente se moría de vergüenza y me hacia llorar. Me tuvo en la terraza más de un cuarto de hora. Cuando se aseguró que estaba seca y me había humillado lo suficiente, me mandó entrar.

—Vamos pasa, que veo te está gustando, cerda. —Mientras me lo decía, me mando abrir las piernas e introdujo dos dedos dentro de mi vagina saliendo súper húmedos. —Vamos chupa y limpia. —Me dijo mientras me los metía en la boca. Cosa que hice, probando mis propios fluidos. —Ves, puta. Si estás disfrutando con todo esto. Pero recuerda tienes prohibición absoluta de correrte, si lo haces el castigo será terrible. —Me advirtió.

—Ve al dormitorio, encima de la cama te he dejado la ropa que llevaras hoy al trabajo. Mientras estabas secándote o quieres que diga “exhibiéndote” en la terraza. Bueno, sea como fuere, he podido ordenar tu ropa. Veo que en estos días vamos a tener que ir de compras, no he salvado casi ninguna. En esas bolsas de basura —Señaló tres grandes que había en el suelo del salón. —He metido toda tu ropa y accesorios que no me quedaré yo y por lo tanto lo tiraremos al contenedor. También verás un bolso de mercadillo, es el que te “he cambiado” por el que “me diste”. —Sonreía al decírmelo. —Dentro encontrarás tu documentación, el móvil, 20 euros y una lista de cosas para adquirir, comida para tus Amos, claro, lo comprarás cuando salgas esta tarde del trabajo y mucho ojo de hacerte con algún capricho que no esté en la lista, me enseñarás el ticket y me darás las vueltas. No comerás nada hasta esta noche. En la pausa para almorzar te quedas trabajando y así podrás salir antes. ¡Ve a vestirte que llegas tarde!

Miré de reojo la habitación mientras me encaminaba al dormitorio a ponerme la ropa que había escogido mi hermana, había tres o cuatro bolsas de basura grandes llenas de mi ropa y complementos. Por mi posición en la empresa siempre debía ir bien vestida por ese motivo disponía de un vestuario muy amplio y ahora la mayor parte del mismo reposaba en simples bolsas, se me volvieron a saltar las lágrimas.

Entré y encima de la cama vi una triste camisa, una falda y unos zapatos planos. Por supuesto nada de ropa interior. Nada más. Suspiré. Me puse la falda, ¡Estaba mal cortada con tijeras!, me llegaba justo a mitad del muslo. ¡Sentada se me podría ver el coño!, —Pensé.

La camisa tenía arrancados los últimos dos botones si me agachase por algo se me verían todas las tetas. Me miré al espejo parecía una fulana buscando guerra, no sé si iba a ser capaz de salir a la calle en ese estado y mucho menos de entrar a la oficina con esta guisa yo que siempre había vestido muy recatadamente.

—Estás perfecta hermanita. —Me dijo mi Ama desde el umbral de la puerta.

—¿No lo ve muy corto, Ama? —Pregunté con un hilo de voz para no disgustarla.

—No. Vete acostumbrado porque los cambios han empezado. —Respondió secamente. —Ah, por cierto, no preguntes por medias o pantis porque nunca más llevaras esos accesorios ni en pleno invierno y tampoco vayas al lavabo, te he tirado todas tus pinturas, esmaltes de uñas y maquillaje tampoco lo necesitarás. ¡Móstrame las manos! Quiero asegurarme que llevas las uñas cortas. —Así lo hice, poniendo los dos brazos estirados y las manos abiertas. —Perfecto. Así las quiero ver siempre, si no lo haces tendré que hacerlo yo y con la poca paciencia que tengo seguro que me llevo algún dedo. —Reía con la ocurrencia.

—En la mesita de la entrada están las llaves del coche. De momento irás así, más adelante ya veremos. ¡Deprisa, son las ocho y media!, llegas muy tarde a la oficina.

Es verdad llegaba tardísimo, no iba a tener tiempo para preparar varias reuniones que tenia a primera hora. Cogí las llaves del coche y me encaminé al garaje. Cuando estaba en el descansillo esperando al ascensor (la casa dispone de garaje en el sótano), abrió la puerta de entrada,

—Una cosa más, cada vez que tengas ganas de ir al baño en la ofi, me escribirás un whatsapp para pedirme permiso, yo ya te diré si puedes o no, ¿entendido?

—Sí, Ama. —Lo dije bajito por si algún vecino pudiera escucharme.

—¡Más alto!, que no te oigo, puta.

—¡Si, Ama! —Grité a riesgo de que fuera escuchado en el vecindario.

El camino hacia la oficina fue normal. Mi cabeza daba vueltas. No entendía por qué me había metido en semejante lio pero por otro lado mi coño decía lo contrario. Al llevar tanto tiempo sin correrme y con la excitación vivida en el ultimo día estaba siempre mojado. Al no llevar bragas estaba húmedo el asiento. Los pezones, en contacto directo con la blusa, estaban duros y el mero roce con la prenda me ocasionaba un placer que mi coño se encargaba de indicarme que necesita un orgasmo urgentemente. En los semáforos me rozaba con la mano. Estaba súper salida, necesitaba correrme pero pude contenerme.

Al llegar al trabajo, mi secretaria particular se quedó mirándome de reojo por la forma tan descocada de vestir, yo creo que en la vida me había visto de semejante guisa. Estaba totalmente empitonada, se debía notar a kilómetros que no llevaba sujetador. Trabajaba en la empresa desde hacía muchos años, fue incluso secretaria particular de mi padre y, como la empresa, también la heredé a ella, pero fiel a su cometido no dijo nada, se limitó a darme los buenos días y pasarme los expedientes de las reuniones que iba a tener a lo largo de la mañana.

—Buenos días Sandra. Disculpa por el retraso pero se me pegaron las sábanas. —Qué ironía, pensé, si supiera que había pasado la noche atada no se lo creería.

—Buenos días señorita Alba. Me tomé la libertad de retrasar sus citas, no ha habido ningún problema.

—Muchas gracias, Sandra. Siempre estás en todo. No sé qué haría sin ti. —Suspiraba mientras lo decía.

—¿Le traigo el café bien cargado, como siempre? —Preguntó mi secretaria.

—Siii… No, mejor no. Hoy no me apetece. Gracias Sandra. —Me acordé justo a tiempo de la prohibición que tenia de mis Amos de no probar nada durante la jornada laboral.

Las primeras horas transcurrieron sin incidentes que reseñar. A media mañana me sonaba la barriga de hambre. Solo había ingerido como desayuno las lefosidades de la mamada de mi Amo y un pedazo de pan bañado con mi propio pis mañanero. Nada más. Aun y así aguanté sin probar bocado. Lo que si estaba era muy salida. Mi coño había estado rezumando líquido toda el día. El no llevar bragas y tener una falda tan corta hacia que el escay de mi sillón resbalara por el pringue que estaba saliendo de mi abertura y sin poder tocarme para aliviarme un poco.

Al final de la mañana me entraron ganas de mear y cumpliendo la orden dada por mi hermana la mande un whatsapp pidiendo autorización para ir al baño.

—¿Ama, me da permiso para orinar?, no aguanto más

La respuesta tardó varios minutos en llegar y fue un lacónico —no, te jodes y aguantas.

Llegó la hora de comer. Mi secretaria entró en el despacho para despedirse y decirme que, si no iba a comer, me podía traer algún sándwich de la cafetería. Le dije que no, que no estaba bien del estomago por haberme sentado algo mal en la cena, aunque mis tripas decían lo contrario, era una auténtica orquesta de cómo me resonaban.

Me quedé sola en la oficina. Tenía unas ganas tremendas de orinar, mucha hambre y, sobre todo, una calentura bestial. Me levanté y abrí la puerta del despacho para asegurarme que no había nadie, volví a cerrar y me remangué el trozo de tela, por no decir falda, que llevaba y me senté en sillón con las piernas bien abiertas. No creo que mis Amos se enteraran así que me preparé para hacerme un dedo y, por lo menos relajar un poco la calentura.

Deslicé mi dedo índice por la rajita, estaba muy resbalosa, me centré en el clítoris, sabía que el tema iba a durar muy poco. Jadeaba despacito por si alguien llegaba antes del almuerzo. Empecé a frotar y el orgasmo llegó como una catarata de placer, tanto fue mi relajamiento que me oriné encima de la silla manchando algo la falda que, aunque remangada, no pudo salvarse de la catástrofe. Parte del pis se escurrió al suelo manchando también mis zapatos y generando de un pequeño charco en el suelo.

—¡Vaya con la puta!, desobedeciendo dos órdenes a la vez, corriéndose y meándose al mismo tiempo. Esta noche Alex y yo nos lo vamos a pasar en grande.

—Ya sabía yo que algo andabas haciendo, estábamos comprando cerca de tu oficina con tu tarjeta cosas que seguro que necesitarás y le dije a Alex voy a hacer una visita a la puta para ver que hace y me encuentro con este espectáculo…

Me quedé sin habla. Quien menos esperaba que apareciera era mi hermana. Me caí con todo el equipo, ¡me había pillado infraganti!

—¿Lleva mucho tiempo en la puerta? —Pregunté con pavor en mi cara.

—El suficiente para ver lo guarra que eres, hermanita. Venga, ¡en posición de revista y te pones a cuatro patas ahora mismo! —Gritó.

Me levanté de la silla y me desnude por completo, solo tenía que bajarme la falda, quitarme la blusa y los zapatos los tiré al suelo y me puse a cuatro patas en mitad del despacho. Me fijé que no había cerrado la puerta, pedí a Dios que no viniera nadie de la oficina.

—Estas toda meada, puta. —Me lo decía mientras me tocaba el culo con su mano. —Esta noche recibirás los castigos pertinentes pero ahora tengo que darte un adelanto. Estas desobediencias son muy graves. Cogió una regla larga, de madera que siempre tenía en mi mesa para dar forma a los proyectos. Se situó detrás de mí y me soltó un fustazo que resonó en toda la oficina, ¡ZAS!. Aullé de dolor. —Nada de gritar, puta. Iras contándolos a medida que te vaya azotando dándome las gracias por el tiempo que pierdo en corregirte.

—Además lo que tarde entre fustazo y fustazo aprovecharás para ir limpiando con la lengua todo ese charquito que has mojado con tu asqueroso pis. ¿No pretenderás dejarlo a la señora de la limpieza? no sería de buen gusto, ¿verdad, puta? Que la jefa se orine en el suelo y luego se lo tengan que limpiar.

No tuve más remedio que arquear más la espalda y agachar la cabeza para poder con mi lengua ir quitando todos los restos de mis meados. Era un sabor entre fuerte y amargo, síntoma de que llevaba muchas horas sin poder vaciarme.

—¡ZAS!, ayyyy, gracias Ama por corregirme. —No me lo esperaba por lo que picó muchísimos, además hizo que se estrellara mi boca en el suelo casi me salta un diente.

—¡NOOOO!, Di, gracias Ama, por corregir a esta Puta, ¿Entendido?

—¡ZAS!, Ayyyyy Gracias Ama por corregir a esta puta

—Mira que eres estúpida, primero el numero y luego lo demás. Empecemos otra vez desde el principio.

—¡ZAS!, Ayyyyy, Uno, gracias Ama por corregir a esta puta.

—Eso está mejor, y sigue dándole a la lengua, con rapidez, no querrás que te pille tu secretaria de esta pose. —Reía por su ocurrencia. —¡Zas! Dos, gracias Ama por corregir a esta puta

—¡Zas!, ¡Zas!, ¡Zas!... —Fueron sucediéndose uno tras otro los trallazos que castigaban mi culo. Esperaba unos segundos entre golpe y golpe para que no me pudiera preparar a recibirlo, encima esos segundos debía de darle a lengua sorbiendo y chupando el pis del suelo lo más deprisa que podía.

Cada vez me escocía más la zona. Los ronchones rojizos ya se tornaban en morados. Alguna punta de sangre empezaba a aflorar en mis glúteos y mi hermana seguía y seguía azotándome sin piedad. Ya casi no me quedaban fuerzas para quejarme, el dolor era tan impresionante que pensé me desmayaría. La mandíbula me dolía de tanto sacar la lengua y lamer.

—¡Zas!... 50… Graaacias Ama por corregir a esta puta.

—Se rompió la regla. Has tenido suerte quería darte cien fustazos. —Gritó mientras tiraba los trozos al suelo. —Con su zapato restregó los restos de meados que aun quedaban en suelo con mi camisa y falda que continuaban tendidos allí. —Ahora ya puedes vestirte, guarra. Te prohíbo que te laves, iras con las ropas y el cuerpo oliendo a meados y sexo el resto de la tarde que es lo que te gusta, puta. Ir como una guarra.

No podía levantarme, lloraba desconsoladamente, el culo, me dolía horrores, pero pude sacar fuerzas de flaqueza por miedo a que mi secretaria volviera de la comida y me viera en esta guisa.

—Prepárate para esta noche, puerca. Cuando se lo cuente a Alex va a ponerse muy contento. —Comentó irónicamente. Me voy a comer con él, está esperándome en un buen restaurante que tú pagarás con la tarjeta, claro.

—Espero que no hayas comido nada y al menos esa orden la hayas cumplido. —Me preguntó mirándome inquisitoriamente.

—Si Ama, no he probado bocado, se lo juro.

—Espero que por tu bien digas la verdad. —Acto seguido se giró sobre sus talones y abandonó la oficina.

Arrastrándome pude llegar al sillón y con mucho cuidado alcancé a sentarme. Me dolía el culo muchísimo, el contacto con el asiento me hacia llorar de dolor. Estaba sudada, olía a pis mi ropa y prácticamente toda la estancia sin contar con el regusto y el hedor asqueroso que debía salir de mi boca por haberme hecho lamer el suelo de semejante inmundicia. Al menos se fue mi Ama antes de que llegara mi secretaria de almorzar. Me vestí trabajosamente, la falda estaba horrible, manchada con algunos restos de sangre y orines. Me puse a llorar porque no entendía que después de la paliza que me profirió mi hermana, mi coño no hacía más que manar fluidos de excitación. Debía estar loca, pensé.

—Buenas tardes, señorita. ¿Todo bien? —Preguntó mi secretaria cuando llegó de comer.

No le faltaba razón a tal pregunta porque el despacho estaba con bastante hedor a mis meados y a sexo, la regla rota tirada en el suelo y varias carpetas descolocadas hacían que el ambiente estuviera bastante cargado. La verdad que con el dolor que tenía en el culo no me había acordado de ventilar un poco la estancia, bastante tuve con poder sentarme un poco ladeada que pudiera amortiguar, de alguna manera, el escozor que sentía en toda mi parte baja.

—No te preocupes Sandra, todo está bien. Ve a tu trabajo—La tranquilicé.

El resto de la tarde la pasé sentada, moviéndome lo justo para minimizar en lo que podía el escozor que tenía en los glúteos. Prácticamente no trabajé nada, tenía miedo del castigo al que sería sometida cuando llegara a casa. Ya me lo dejó bastante claro mi hermana, lo que había pasado en el despacho no era más que un simple adelanto. Llegó la hora de irse, esperé a que mi secretaria abandonara el lugar para que no me viera con la falda manchada de sangre reseca y meados. Cuando quedé sola en la oficina, me levanté como pude y me encaminé al garaje, debía pasar por el súper y con los 20 euros que me había dado mí hermana comprar las viandas que había en la lista. El corte fue soberano, todo el mundo se quedaba mirando la facha y el olor que despedía sobre todo el dependiente que me cobró. Al fin pude llegar a casa con mucho miedo a lo que pudiera ocurrir.

Continuará…