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Decepciones, mentiras y traiciones (2)

Después de años de soledad y desconfianza, dos encuentros fortuitos la llevan a conocer a un hombre que no pide prisa, solo compañía. ¿Está lista para dejarse enamorar por primera vez?

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Decepciones, mentiras y traiciones

Capítulo 2

Me encantaba la paz de mi departamento, el no tener que pensar en atender a mi padre y a mi hermano, me dejaba mucho más tiempo libre, y sobre todo la tranquilidad que me daba la soledad.

La construcción de esa primera casa comenzó y con Victoria íbamos una o dos veces por semana a ver los avances, aunque los constructores eran conocidos por Victoria de hacer muchas de sus obras, y casi que no había que dar indicaciones.

Unos días después, decidí comprarme una nueva computadora, la viejita me resultaba muy lenta con los programas que usaba para proyectar, y en mi nueva casa ni siquiera la había conectado.

Me compré una notebook, con muy buenas prestaciones, así podría llevarla a todos lados, con mis trabajos en ella, por lo que finalmente le di vacaciones a mi vieja PC.

Un par de semanas después, me llegó un mail de la facultad, diciéndome que ya estaba mi título legalizado y que antes de fin de año, se haría la ceremonia de entrega de todos los egresados.

Un sábado por la tarde, antes de ese viernes en que se haría la entrega del título, le escribí a Fernando preguntándole si trabajaba también los domingos, iría a la casa de mi padre, porque a pesar de todo, los seguía considerando mi familia, para avisarles del acto.

Me dijo que sí, y a las cuatro de la tarde me estaba esperando cuando salí del edificio.

Me llevó hasta la que fuera mi casa, toqué timbre y mi hermano fue quien abrió, como no, con cara de mala leche dejándome pasar, diciendo tan solo:

-¿Qué hacés?

Aunque no era costumbre, me acerqué y lo saludé con un beso en la mejilla.

Al entrar a la casa, mi padre estaba sentado en el sillón, levantó la vista y me dijo:

-¿Viniste? ¿Qué hacés acá, te olvidaste algo?

-No! vine a visitarlos!

-Que suerte la nuestra!

-Vine para ver como andaban, y de paso avisarles que el jueves a las siete de la tarde, hay una ceremonia en la facultad y me entregan el título.

-Qué bueno! No sé tu hermano, pero yo no puedo, no estoy en la ciudad ese día…

-Ok, solo les quería avisar…

-Bueno, ya lo hiciste… ¿algo más?

-No bueno, saber cómo andaban…

-Andamos bárbaro! Cada día mejor!

Esa forma cortante, irónica e hiriente de hablarme de mi padre, me sacaba la cabeza, no entendía por qué esa mala onda conmigo, nunca lo había entendido.

No estuve mucho más, ni siquiera me preguntaba nada de mí, de mi vida, ni de donde vivía, ni de mi trabajo, estuve unos minutos más y me fui, despidiéndome con un beso, aunque mi padre solo puso la cara.

Me acerqué a la habitación de mi hermano y desde la puerta le dije:

-Me voy Mariano…

-Chau!

Recostado en su cama, tan solo me dijo eso, sin siquiera levantar la vista de su teléfono.

Salí de la que fuera mi casa pensando en mamá, si hubiera estado viva, hubiera querido que se separara de mi padre y se viniera a vivir conmigo.

Fernando me esperaba en el auto y al subir, luego de tan solo quince minutos, me miró y me dijo:

-¿Todo bien Andrea?

-Nada nuevo! Lo mismo de siempre! Te juro que no entiendo por qué son así conmigo, no les hice nada… te juro que no entiendo… Al pedo vine… ninguno de los dos va a ir a la facultad, estoy segura.

-Bueno… Tranquila… ya se darán cuenta… y sin dudas se van a arrepentir…

-Me amargaron el día…

Arrancó el auto y luego de unas cuadras me dijo:

-Bueno… ¿qué te parece si para levantar un poco el ánimo, tomamos un café?

Lo miré con una sonrisa, y acepté su invitación, después de mi trabajo, con la persona que mejor me sentía era con Fernando, siempre tan amable, considerado y respetuoso, y siempre sacándome una sonrisa.

Me llevó a casa a eso de las seis y media de la tarde, y aunque me dijo que no, le pagué el viaje y la espera, después de todo así se ganaba la vida.

El trabajo en el estudio iba bárbaro, no solo tenía mis proyectos, sino que también participaba de los de Victoria y los de María Marta, así como ellas opinaban de los míos, el ambiente de trabajo era espectacular, me sentía en la gloria como arquitecta.

Fernando seguía llevándome al estudio en las mañanas y trayéndome a casa por las tardes, y la confianza entre los dos era cada vez mayor, contándonos cosas de nuestras vidas.

Al igual que lo había hecho con aquel trabajo premiado en el colegio de arquitectos, le mostraba mis diseños, me gustaba escuchar su opinión, casi siempre, de admiración por mi trabajo.

Un sábado por la mañana, tenía que visitar una obra y Fernando me llevó, me esperó y cuando terminé, cerca del mediodía, le pregunté:

-¿Tenés que seguir trabajando?

-Sí y no… ya sabés que soy mi propio jefe, pero por la hora, toca almorzar…

-Por eso! Te invito a almorzar…

-¿De verdad?

-Sí!

-Ok! Elegí el lugar!

Recordé un pequeño restaurante en la esquina de 17 y 40 y hacia allí fuimos, por suerte había lugar.

Estacionó el auto a unos metros y cuando bajamos le dije:

-Yo invito, yo pago!

-Ah no! Eso no! Invito yo!

Y dejando de caminar le dije:

-Entonces no!

-Bueno… está bien… pero solo esta vez!

Como siempre, fue un lindo momento, la comida estuvo excelente y la conversación, muy amena como en otras.

Ya en la sobre mesa, hablamos por primera vez de nuestra situación sentimental.

-Como estaban las cosas en casa, con el trabajo y el estudio no tenía ni tiempo ni cuerpo para pensar en una relación, tan solo hubo varios encuentros con un compañero en la época de facultad, pero eran solo eso, los dos teníamos claro que nos buscábamos una relación… ¿y vos?

-Bueno… en este momento estoy solo, desde hace casi dos años ya… estuve de novio con una chica casi seis años, Roxana, la relación iba bien y se vino a vivir a mi casa, yo en esa época trabajaba en la distribuidora desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, pero muchos días, por trabajo, lo hacía hasta las seis o siete de la tarde, las horas extras me venían bien. Algunas semanas, casi siempre los miércoles, salíamos de la ciudad temprano a repartir y solíamos volver a eso de las siete de la tarde. Una semana me avisaron que le miércoles haríamos esos repartos y se lo comenté a mi novia ese lunes mientras cenábamos.

El miércoles cuando llegué a la empresa, me la encontré cerrada y no sabía por qué, hasta que llegó uno de los supervisores y nos contó que había fallecido unos de los tres socios. Nos dijo donde era el velatorio y con varios compañeros fuimos a dar las condolencias a su familia. A eso de las once de la mañana volví para mi casa. No le avisé a Roxana porque ella trabajaba en un restaurante y como se acostaba tarde, solía dormir hasta el mediodía. Cuando entré a casa, vi dos tazas de café sobre la mesa baja del estar y creí que alguna de las amigas que solía ir a visitarla habría estado en casa.

Dejé mi bolso en el piso y fui para mi habitación, para ver si mi novia dormía aún. Y efectivamente dormía, pero desnuda a abrazada a un tipo, también desnudo, sin dudas después de haber tenido relaciones.

-Uff Fer… que mierda de situación!

-Tal cual! Miré la escena un momento, pensando que hacer, si montar el quilombo, mandar a la mierda a mi novia, cagar a trompadas al tipo o qué sé yo, pensé un momento y decidí que mi relación con ella se había terminado, y ya todo me daba lo mismo. Me acerqué a la cama, encendí la luz de la mesa de noche y en ese momento Roxana abrió los ojos. Intentó decir algo pero la hice callar, el tipo también se despertó, y sobresaltado se sentó en la cama, lo miré y le dije, ya mismo te vas de mi casa, si es ahora de cuerpo entero, si tardás más de un minuto, te vas con la cabeza separada del cuerpo!

-¿Y qué hizo el tipo?

-No le daban las manos para vestirse, juntó la ropa y salió de la habitación vistiéndose, se puso el pantalón mientras caminaba hacia la puerta, y con la remera y las zapatillas en la mano salió de mi casa.

-¿Y tu novia?

-Cuando volví a la habitación se había puesto una remera y arrodillada en la cama, lloraba, me quería pedir perdón, pero no la dejé hablar, ¿qué me iba a explicar? Abrí el placard y empecé a sacar sus cosas, a tirarlas sobre la cama y mientras lo hacía, le dije que tenía cinco minutos para irse de mi casa, que se llevara lo que pudiera en ese tiempo y el resto lo tiraría a la basura.

-Qué momento por dios!

-Terrible… la verdad, no se lo deseo a nadie!

-¿Y se fue?

-Se vistió en un minuto y en un bolso puso ropa, fue corriendo a buscar unas bolsas y metió un montón de cosas más, a medida que las iba llenando, yo las iba sacando de mi casa, y cuando pasaron los cinco minutos, le dije, listo! Andate! Pero andate a la puta madre que te parió! Y ni se te ocurra volver! Salió de mi casa y cerré de un portazo.

-¿Y no volviste a verla?

-Me llamó, me mandó mensajes, audios, me dejó papeles escritos por debajo de la puerta, pero no le volví a contestar, y las cosas que habían quedado, las puse en una bolsa y las dejé en la puerta, no sé si se las llevó ella o alguien más!

-Espero que no me toque vivir algo así… no sé cómo podría reaccionar…

-Creo que reaccionás según pinte en el momento, hay tipos que los matan a los dos, o al amante o los cagan a trompadas, pero ¿para qué? ¿Qué más da? La relación ya se fue a la mierda…

-¿Y supiste que pasó después?

-Por un amigo, que conocía a una de sus compañeras de trabajo, supe que el tipo trabajaba con ella, y que era casado. Y de ella supe que estaba muy mal por el fin de la relación…

-Bueno… lo hubiera pensado antes…

-Tal cual…

-Me imagino lo que te costó todo eso…

-Sí, no entendía que había pasado, por qué había llegado a eso, incluso me cuestioné yo, si había hecho algo mal con ella… pero bueno, con el tiempo me fui dando cuenta que quizás no me quería como yo la quería a ella… y lo fui superando…

Nunca había tenido un amigo varón, y en verdad se sentía bien, además, hablar con él me resultaba muy fácil y agradable.

Me dejó en casa a eso de las cuatro de la tarde y se fue a trabajar.

Esa noche, ya acostada, recordando lo bueno del día, no pude dejar de pensar en Fernando, lo que le había hecho esa mujer había sido una mierda, me parecía un buen chico, me sentía tan bien con él que por primera vez me pregunté si no me estaba enamorando de él.

Un par de semanas después, decidí ir a visitar nuevamente a mi padre y a mi hermano ese domingo por la tarde, y fue Fernando quien me llevó, pero esta visita fue aún más corta que la anterior, mi hermano fue quien abrió la puerta, me dejó pasar pero él salió de la casa.

Mi padre, con su simpatía y amabilidad habitual, me hizo un par de comentarios de mierda, y sin siquiera despedirme, volví a salir de allí, nada cambiaba, y mientras caminaba hacia el auto pensé, váyanse los dos a la mierda, no vengo más.

Subí al auto con lágrimas en los ojos, Fernando se sorprendió y dejando entre ambos asientos el mate y el termo que tenía en sus manos, se acercó y me dio un abrazo.

Y lloré un momento en ese abrazo, que en verdad me hizo sentir bien.

Cuando aflojaron las lágrimas, me dijo que si no tenía nada que hacer, podíamos tomar unos mates en el bosque, acepté y nos fuimos hacia allí.

Como el día estaba más que fresco, nos quedamos mateando dentro de su auto, y hablando de mi trabajo, saqué la notebook de mi mochila, le mostré el proyecto de la casa que estaba diseñando.

Esas casi dos horas me sacaron del bajón que me había agarrado en la visita a mi padre y mi hermano, y cuando me dejó en casa, se lo agradecí.

*

En la semana siguiente, mientras tomábamos unos mates los cuatro en un descanso a media mañana, Victoria nos dijo que el viernes era su cumpleaños y que nos esperaba en su casa.

Tuve que salir a comprarme algo de ropa, suelo vestir normal cada día y no tenía nada que fuera algo más elegante.

Como no, fue Fernando quien me llevó hasta la casa de Victoria, una hermosa casa en City Bell, con un hermoso parque delante, y se veía claramente la mano de Victoria en el diseño de esa casa.

Antes de bajar del auto, Fernando me dijo que si quería me podía venir a buscar, no importaba la hora, pero como no estaba segura de la hora en que terminaría la fiesta, le dije que ya me volvería con alguna de las chicas del estudio, que volvían para La Plata.

Toqué el timbre y Victoria abrió la puerta, la saludé con un abrazo y un beso de feliz cumpleaños, y le entregué mi regalo, un collar hermoso que había visto en el centro, y como siempre suele usar collares, supuse que le gustaría.

Cuando desenvolvió el paquete y lo vio, me dijo que le encantaba y allí mismo se quitó el que llevaba y se puso el que le había regalado.

En la casa ya había mucha gente, algo así como treinta personas, o más quizás, entre hombres y mujeres de todas las edades.

Me fue presentando a todos, a los que fui saludando, y luego me dijo que la acompañara a la cocina, que me presentaría a “su amor”.

Entramos en esa amplia cocina y una hermosa mujer de unos treinta y pico o cuarenta años, más o menos como Victoria, nos miró con una sonrisa y Victoria dijo:

-Andre, ella es Luciana, el amor de mi vida!

-Lu, ella es Andrea!

-Andrea! Por fin te conozco en persona! Vicky me habló mil veces de vos y de tu trabajo! Es un gusto conocerte!

-El gusto es mío! Y permítanme decirles que tienen una casa hermosa!

Y abrazándose a Luciana, Victoria dijo:

-El proyecto es mío, pero la ambientación y la decoración es cien por ciento de Lu, ella es la que tiene este buen gusto!

Hablamos un momento más y me ofrecí a ayudarles a servir los platos de la comida, Victoria fue a recibir a otro invitado y nos quedamos con Luciana en la cocina.

Un rato después, estaba con un vaso de cerveza en la mano, parada junto a la puerta de la cocina, cuando se me acercó Victoria, y casi al oído, como para que nadie pudiera escuchar me dijo:

-El chico de chomba rosa, se llama Lucas y está soltero, y el de camisa a cuadritos y pelo largo, es Mauro y se peleó son su novia hace como un año y también está solo…

-¿Me estás queriendo conseguir novio?

-No digo novio, aunque puede ser… pero quizás alguna alegría… son dos buenos chicos, por eso te lo digo…

-Sos tremenda Victoria!

Miré a esos chicos, no estaban nada mal, el de pelo largo tenía una linda sonrisa, y el de chomba, aunque parecía un poco más serio, hablaba con una mujer de unos cuarenta años y me pareció lindo también.

Pero no me iba a acercar a ellos, si fueran ellos quienes se acercaran, ya vería, tampoco es que estaba desesperada por conseguir un hombre, aunque como bien dijo Victoria, una alegría no vendría mal, hacía tiempo ya que no estaba con un hombre, ni siquiera para un momento de cama.

Un buen rato después, estaba en la cocina, por llevar bebidas a la mesa, cuando el chico de pelo largo entró, me miró con una sonrisa y se quedó un momento hablando conmigo, fueron tan solo unos minutos, y luego volvió al estar.

El resto de la noche, cruzamos algunas miradas, varias veces lo vi viéndome, pero ya no volvimos a hablar, tan solo al despedirnos, cuando me volvía a La Plata con María Marta y su marido, que me dejaron en la puerta de casa cerca de las cuatro de la mañana.

Creo que desde que no estaba mamá, sentía que mi vida se iba acomodando, con un trabajo que me apasiona, junto a la profesional que admiro, y podía imaginar que con un buen futuro.

El otro aspecto de mi vida, el que tenía dejado de lado desde hacía tiempo, parecía también que estaba volviendo a florecer, después de tanto tiempo me volví a sentir bien con un hombre, que me atraía por su forma de ser, su carácter y la forma en que siempre me trató.

No me lo planteaba abiertamente, pero Fernando no me era indiferente, había tenido muchos gestos hacia mí, que me hicieron bajar la guardia.

Pero como si el destino se empeñara en contradecirme, esa última semana del mes de enero, en el viaje de regreso a casa, Fernando me dijo:

-Tengo que contarte algo...

-Contame… ¿algo bueno?

-Uno de mis dientes, que también llevo todas las semanas, me ofreció un trabajo...

-Qué bueno Fernando! Cuánto me alegro! ¿Qué trabajo te ofreció?

-Tiene una organización inmobiliaria urbana y rural, y como es un hombre grande ya no maneja, y tiene un hombre que lo lleva y lo trae a todos lados, pero ese hombre también es un hombre grande y tiene problemas de salud, lo tienen que operar y va a estar algo así como seis meses sin trabajar, y me ofreció ocupar su lugar.

-Qué bueno!-El sueldo es bastante más de lo que gano con los viajes, y la verdad es que me viene bien ganar un poco más!

-Buenísimo! Eso hay que festejarlo entonces! Yo invito al café!

-Me parece bien! El tema es que el trabajo no es acá en la ciudad, Rolando que así se llama ese hombre, tiene su empresa en Tandil, y mi trabajo estaría allí!

-Eso quiere decir que te tendrías que ir a vivir a Tandil…

-Así es!

-Qué bueno Fernando! Me alegro mucho por vos! ¿Y cuando empezás?

-El lunes que viene!

-Ya!

-Tal cual!

-¿Y dónde vas a vivir en Tandil?

-Rolando tiene muchas propiedades en Tandil, y me da un departamento para que viva, y sin pagar un centavo!

-Qué bueno! Espero que te vaya muy bien en ese trabajo!

-Eso espero… lo veo como una posibilidad mejor… qué sé yo… espero poder adaptarme a Tandil…

Antes de volver a casa paramos en un café, y merendamos como tantas veces, y me contó algunos otros detalles de su futuro trabajo.

También me dijo que ese hombre venía el jueves a La Plata, y que si él le confirmaba que aceptaba el trabajo, ya le dejaba las llaves y la dirección del departamento.

-¿Y cuándo te vas para Tandil?

-Seguramente el domingo luego del almuerzo, para ir tranquilo y llegar antes de que se haga de noche, no conozco Tandil y quiero dar alguna vuelta.

Luego del café me llevó a casa, y quedamos en vernos al día siguiente, ante último día en que me llevaría al estudio.

Esa noche ya acostada en mi cama, pensé en mi suerte, justo cuando empezaba a pensar en que algo podría pasar con Fernando, él se iba de la ciudad, aunque seguramente seguiríamos en contacto por teléfono o por mensajes, no sería para mí lo mismo que verlo cada día.

El viernes de regreso a casa, fue el último viaje, y en el trayecto me contó que el sábado, estaría ocupado con los preparativos de lo que se tenía que llevar.

Antes de bajar del auto, me animé y le dije:

-Fernando, ¿tenés planes para el domingo? Si ya terminaste con los preparativos para el viaje, podríamos almorzar, ¿qué te parece?

-Perfecto! Pero yo invito!

-Bueno está bien, por esta vez te dejo!

El sábado estando sola en casa, me encontré pensando varias veces en Fernando, en que realmente lo iba a extrañar, se había hecho parte de mis días, me gustaba arrancar el día hablando con él durante el viaje.

El domingo cruzamos mensajes y quedamos en que me pasaba a buscar a las doce y media del mediodía, ya con todas sus cosas en el auto, y luego del almuerzo ya se iba para Tandil.

Me arreglé quizás un poquito más que todos los días, incluso me maquillé un poco, cosa que no suelo hacer a menudo, los ojos delineados y un poquito de brillo los labios.

Cuando llegó Fernando ya lo esperaba en la puerta y fuimos al restaurante de un club donde se come muy bien.

A eso de las dos de la tarde volvimos para casa, bajamos los dos del auto y conversamos un momento en la vereda.

-Espero que te vaya muy bien en esta nueva etapa de tu vida!

-Gracias Andrea! También espero que te siga yendo bien, que sigan tus éxitos arquitectónicos.

-Voy a extrañar los viajes y las charlas...

-Sin dudas yo también Andrea, pero si no te parece mal, podemos seguir en contacto.

-Por supuesto, así me vas contando cómo te va en Tandil.

Ya se tenía que ir y nos despedimos con un abrazo, la segunda vez que me abrazaba, y la verdad es que se sintió muy bien.

Lo iba a extrañar, pero en ese momento no sabía cuánto. Se subió al auto, y antes de arrancar nos saludamos una última vez con la mano.

*

Los días fueron pasando, pero no eran lo mismo, y cada vez extrañaba más que me llevara y me trajera a casa o a donde fuera, tanto que tan solo iba en auto de la aplicación al estudio por las mañanas, pero luego me volvía caminando a casa.

Cruzábamos mensajes uno o dos veces por semana, en los que me contaba cómo iba con su nuevo trabajo, y yo lo ponía al tanto del mío.

Por momentos estando sola en casa, me encontraba pensando en él, podría haber ocurrido, lo que hubiera deseado yo que ocurra, sin dudas me estaba enamorando de él.

Quizás por lo que había sido mi vida, la situación en casa y mi esfuerzo para poder estudiar, nunca había vivido una situación así con un hombre, nunca me había sentido enamorada, y si extrañarlo, querer estar con él, compartirle cosas de mi vida y el de la suya, y verlo como a ningún otro hombre es estar enamorada, entonces me estaba enamorado, porque así me sentía.

En ese mes de febrero tuve mis primeras vacaciones, fueron dos semanas que aproveché para terminar de acomodar mi departamento y trabajar en dos proyectos que tenía bastante encaminados.

Podría haberme ido a algún lugar de veraneo, pero estaba con ganas de comprarme un autito o una moto, y preferí ahorrarme ese dinero.

En el mes de abril cruzamos mensajes con Fernando y en esos mensajes me contó que su trabajo en Tandil se extendería unos meses más, y me dio por pensar que quizás ya no volvería, que se quedaría allí definitivamente.

*

A mediados del mes de mayo, un día bastante frío y ventoso, salí del estudio al mediodía para una reunión con un cliente al que le estaba haciendo un proyecto, se trataba de un local comercial, y sobre él su casa particular.

La reunión fue en el local que alquilaba para su comercio, y luego de que le mostrara los avances del proyecto, salí de su local y me fui para casa caminando.

Caminaba por la zona céntrica, con mi cartera colgada y la carpeta con los planos y bocetos del proyecto, cuándo tropecé con una baldosa levantada en calle 8. Trastabillé pero por suerte no alcancé a caerme, pero mi carpeta cayó al piso abriéndose, y mis papeles volaron con el viento.

Comencé a juntar mis planos, antes de que el viento se lo llevara, y de repente alguien me habló desde atrás. Al darme vuelta, un chico de más o menos mi edad, con mis papeles en la mano me dijo:

-Tomá... ¿te hiciste mal?

-Ay... Gracias! No, no! Fue tan solo un tropezón con una baldosa levantada!

Me entregó los papeles, que guardé así nomás dentro de la carpeta, cuando me dijo:

-Creo que estos eran todos los papeles, venía caminando detrás tuyo y vi lo que pasó!

-Te agradezco! Son papeles del trabajo...

-No hay nada que agradecer... Por suerte no terminaste en el piso.

-Sí, por suerte... hubiera sido un papelón! Gracias otra vez!

-Suerte!

Me dijo ese chico y siguió caminando, y yo un momento después, también seguí mi camino a casa.

Mi trabajo iba muy bien, en realidad el trabajo en el estudio iba muy bien, había momentos en que teníamos varias obras al mismo tiempo.

Ya con mi título, firmaba mis proyectos y también las direcciones de obra, por lo que mis ingresos iban muy bien, permitiéndome ahorrar dinero para mi futuro autito o mi futuro departamento.

*

Si hay algo que no me gusta mucho, es hacer las compras para la casa, por lo que suelo hacerlas una vez por semana o cada diez días. Suelo ir a un supermercado qué tiene carnicería, panadería y verdulería, y compro todo lo que necesito en el mismo lugar.

Estaba una tarde en ese supermercado, caminando entre las góndolas con mi carrito, cuando a la distancia, vi que en dirección hacia mí, también con un carrito, venía ese chico que me había juntado los papeles el día del tropezón en el centro. Y antes de que él me viera, pensé que era un lindo chico, iba bien vestido, con el pelo corto y una barba bien recortada.

Cuando faltaban unos metros para cruzarnos, miró hacia adelante y me vio. Sonrió y al cruzarlos me dijo:

-Qué casualidad!

-Realmente!

-¿Vivís por acá?

-A unas cuadras, pero suelo venir aquí porque tienen todo, compro todo en un solo lugar, vos vivís por aquí?

-No, le hago las compras a mi madre, y este lugar me queda de camino a su casa...

-Claro!

Como que no daba para hablar de otras cosas, le dije:

-Bueno sigo con mi compra, tengo que volver a trabajar.

-Yo también! Nos vemos...

Y cada uno siguió su camino.Terminé mi compra y fui a la cola de las cajas, y allí lo volví a ver, estaba en una de las cajas pagando su compra. Cuando volvió a cargar todo en el carrito para salir, me vio en la cola y me saludó con la mano. Le devolví el saludo y lo vi salir del supermercado.

Mientras esperaba mi turno para la caja, me quedé pensando en la casualidad de volver a encontrarlo, y por qué no decirlo, me resultaba un chico atractivo.

En mi cabeza seguía estando Fernando, pero no podía hacer ninguna conjetura, porque no estaba segura de volver a verlo, cada vez que cruzábamos mensajes, me contaba de lo conforme que estaba con su trabajo y con su vida en Tandil.

Un par de semanas después, ya en el mes de junio, María Marta nos invitó a su cumpleaños, que lo festejaría el sábado de esa semana.

El jueves por la tarde, salí del estudio y me fui caminando al centro, quería comprarme algo de ropa, otra cosa que tampoco me gusta mucho.

Fui directamente al Pasaje Rodrigo, un centro comercial donde hay locales de varias marcas. Me compré un pantalón negro de vestir, que al probármelo vi que me quedaba bien, y una camisa blanca, que me pondría debajo de un suéter celeste, y por encima el abrigo.

Luego compré el regalo para María Marta, una camisa estampada que me gustó para ella, y que podría cambiar si no era de su gusto.

El centro comercial tiene tres plantas, y en una de ellas, tiene un barcito en el centro.

Caminaba con mis bolsas mirando vidrieras, cuando miré hacia el bar, y vi a ese chico sentado en una de las mesas.¿Otra vez nos encontramos? Pensé en ese momento.

No me decidía si seguir caminando en su dirección o pegar la vuelta y hacer de cuenta que no lo había visto, estaba pensando en eso cuando miró en mi dirección y me reconoció. Si no me acercaba y lo saludaba, creí que iba a quedar como una antipática, por lo que caminé hacia su mesa y le dije:

-Nos volvemos a encontrar... ¿Esto es casualidad?

Y con una sonrisa me contestó:

-Yo no diría casualidad, preferiría pensar que es el destino, ya lo dice el dicho… la tercera es la vencida, y si te parece y tenés tiempo, tomamos un café, al menos para conocer nuestros nombres.

Dudé por un momento, pero ¿qué podría pasar? Era tan solo un café.

-Me parece bien... tengo tiempo para un café.

Me senté frente a él en la mesa, dejando mis bolsas en una de las sillas vacías, con una seña llamó al mozo, y cuando se acercó me preguntó que tomaba.

-Un café doble solo, para mí!

Él pidió un café sencillo, y cuando el mozo se fue, se sonrió, y estirando su mano me dijo:

-Soy Facundo! Facundo Pagano!

Tomé su mano también con una sonrisa, y le contesté:

-Yo soy Andrea, Andrea Martinez Valente y soy arquitecta!

-Es un gusto conocerte Andrea, y supuse que eras arquitecta esa tarde que te ayudé con los papeles.

-Así es, ese día venía de una reunión con un cliente… ¿vos a que te dedicás?

-Soy agente comercial de una empresa de Buenos Aires que comercializa máquinas y herramientas para la construcción y la industria.

-Ah! Andás por el rubro también…

-Bueno… en parte sí, aunque lo mío es venderles los productos de la empresa al canal minorista, a ferreterías, a grandes cadenas y a empresas…

Hablamos un poco más de varios temas relacionados con nuestros trabajos, y cuando ya estaba pensando en irme me dijo:

-Estas tres veces que nos hemos encontrado han sido por casualidad, ¿qué te parece si la cuarta la programamos? Aunque no conozco tu situación sentimental, estas veces te he visto sola…

-No estaría mal… y si me has visto sola, es porque estoy sola…

-Bueno… También estoy solo…

Me miró con esa sonrisa y creo que me convenció, la charla me había resultado amena y el chico bastante interesante, y me pintó la idea de conocerlo un poco más.

No me permitió pagar mi café y antes de despedirnos me dijo:

-Decime que tarde tenés libre y nos encontramos a tomar un café, ¿te parece?

Lo pensé un momento y le dije:

-¿Te parece el lunes que viene a las cuatro y media o cinco de la tarde?

-Perfecto! Decime donde!

-Acá mismo podría ser…

-Perfecto Andrea! Te espero el lunes entonces! Que tengas un buen fin de semana!

-Vos también Facundo!

Me fui del centro comercial pensando en ese encuentro, ¿el universo me estaba queriendo decir algo?

Facundo me había resultado un chico simpático, de conversación interesante, un lindo ejemplar masculino, y con una linda sonrisa, ¿Quién te dice? Pensé para mí, pero ya vería que me encontraba al conocerlo.

El cumpleaños de María Marta estuvo muy lindo, estuvimos todos los integrantes del estudio, Victoria con Luciana, además de amigos y familiares de Mary.

Esa noche se me acercó un chico de nombre Esteban, de unos treinta y pico de años y estuvimos charlando un rato y me pareció que intentaba algo más conmigo, ¿qué estaba pasando? De repente se me acercaban los hombres, ¿acaso parecía que andaba buscando?

Pero bueno, hablamos bien por un rato, y cuando le dije a María Marta que me iba para casa, Mary no tuvo mejor idea que decirle a Esteban, que justamente también se iba, si podía llevarme a casa.

Dijo que sí, y no me quedó otra que aceptar. No pasó nada en el viaje, y al llegar a casa, le agradecí el favor, y ambos dijimos que había sido un gusto conocernos, supuse que quizás me pediría mi teléfono, pero nada más pasó, y en parte lo agradecí, más allá de la agradable charla y el aventón, no me pasó otra cosa con él.

El lunes luego del trabajo me fui al Pasaje Rodrigo nuevamente a encontrarme con Facundo y ver qué onda, en verdad no tenía expectativas claras, quizás solo me buscaba para terminar en la cama, y ya vería sobre la marcha, cómo reaccionaría si fuera ese el caso, después de todo, para un polvo no estaba nada mal.

Cuando llegué al bar del lugar, ya estaba sentado en una de las mesas esperándome, se puso de pie y nos saludamos con un beso, pedimos café para los dos y conversamos por casi dos horas.

No hubo en esa conversación ninguna proposición, ni comentarios con doble intención ni nada raro, al contrario fue una linda charla donde nos contamos algunas otras cosas de nuestras vidas.

Tanto así, que antes de despedirnos, me preguntó si era muy osado el pedirme mi número de teléfono, lo miré con una sonrisa y se lo di, para que un momento después, me llegara un mensaje suyo, así yo también tenía su número.

A ese café le siguieron otros, una vez por semana nos encontrábamos en el mismo lugar, hasta que un mes después, me preguntó si podíamos cambiar el café de las tardes por una cena el viernes en la noche.

Me sentía cómoda en esos encuentros, y acepté su invitación a cenar.

El jueves cruzamos mensajes con Facundo y quedamos de acuerdo en cenar en el restaurante de la esquina de diagonal 73 y 49, y nos encontraríamos ahí a las nueve de la noche.

Cuando llegué ese viernes al restaurante, Facundo ya me esperaba, nos saludamos con un beso en la mejilla y me senté frente a él.

La mesera no se atendió y pedimos la comida, y Facundo me preguntó si tomaba vino, le dije que no solía tomar y pedimos además una botella de agua.

Esa primera cena estuvo muy bien, creí que esa noche habría algún tipo de proposición, pero no fue así. Luego de cenar, con postre incluido, nos tomamos un café allí mismo, y a eso de las doce de la noche, le dije que ya me iba, ya que al día siguiente tenía que despertarme temprano para trabajar.

Aunque le insistí no me permitió pagar, ni siquiera mi parte, y cuando salimos del restaurante, se ofreció a llevarme a casa en su auto.

Ya en la puerta de casa conversamos un momento más dentro del auto, y antes de bajar nos despedimos con un beso, en la mejilla claro, como amigos.

A partir de ese encuentro, nos comenzamos a ver más seguido, algún café por la tarde entre semana, y a cenar algunos viernes o sábados.

Me sentía muy cómoda en esos encuentros, nuestras conversaciones eran entretenidas, siempre había algún tema para hablar, en definitiva, la pasaba muy bien con él.

Fue luego de varias cenas de esos viernes, que una noche al salir del restaurante, me invitó a tomar algo en algún bar, y acepté claro, ¿por qué no?

Ese nuevo plan también estuvo bien, me tomé un gintonic, que nunca había probado, escuchamos música, conversamos, nos reímos, y hasta bailamos un par de canciones.

Ya en los últimos encuentros me iba a buscar a casa, y luego me llevaba.

Fue en la cena del último viernes de septiembre, que al volver, estando en su auto en la puerta de casa, Facundo me miró Y me dijo:

- Andrea, la verdad es que la paso muy bien cada vez que estoy con vos, luego de cada encuentro, ya estoy deseando el siguiente, hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así con una mujer, y tengo que ser sincero con vos, me pareces una mujer hermosa, y creo que me estoy enamorando de vos. No pretendo presionarte diciéndote esto, pero es lo que me pasa y necesité decírtelo.

-Seré sincera con vos también Facundo, cuando nos conocimos, no estaba en mis planes tener una relación, pero tengo que reconocerte que me siento muy bien en estos encuentros, no puedo decirte en este momento que estoy enamorada de vos, también me pasa de estar esperando el próximo encuentro, me he sentido muy bien con vos en cada café o en cada cena, y estoy segura que podría enamorarme de vos.

-La verdad es que a esta edad, quizás por las cosas vividas, prefiero pasar buenos momentos, con personas con la que me siento bien, y con vos me siento muy bien, por eso es que estoy deseando todo el tiempo volver a verte. No tengo apuro, ni pretensiones, que las cosas se den como se tienen que dar, y en el momento en que se tengan que dar, si es que se dan, y mientras tanto, me gusta disfrutar de tu compañía.

-A mí también, y no tengo en mente dejar de disfrutar de estos encuentros, y como bien decís, sí tiene que ser, será.

Y antes de bajar del auto, acerqué mi boca a la suya y le di un suave beso en los labios.Creo que Facundo se sorprendió, supongo que no se lo esperaba, pero me salió y se lo di, me miró con una sonrisa, y con cierta mirada de picardía que le devolví.

El sábado cerca del mediodía, Facundo me envió un mensaje, preguntándome si me gustaría cenar en su casa esa noche, creo que imaginaba lo que podía seguir, y me gustó la idea, y le dije que sí.

Esa tarde me dediqué un poco a mi persona, fui a la peluquería, me corté un poquito el pelo y me hice un baño de crema, en casa luego de bañarme, me depilé a conciencia, no sabía que podía ocurrir esa noche, pero por las dudas quería estar preparada.

Mi vestimenta no fue nada fuera de lo normal, pero sí mi ropa interior, si se diera un encuentro íntimo, quería que me viera bien.

A eso de las siete de la tarde me dijo que me venía a buscar, pero le dije que no se hiciera problema que me iba en un taxi hasta su casa, y así lo hice. Al llegar nos saludamos con un beso en los labios, y entramos a su casa mientras me contaba que él mismo había cocinado, que no era un experto, pero que le gustaba la cocina.

Su departamento era un típico departamento de hombre que vive solo, sin mucha decoración, pero con lindos muebles, muy ordenado, prolijo en verdad.

El asado al horno con papas que había preparado, estaba muy bueno, y lo acompañamos con una botella de vino, qué raro en mí, me tomé dos copas.Facundo también había pensado en el postre, y luego del postre tomamos un café sentados en el sillón.

Me sentía cómoda, relajada, y luego de ese primer beso, siguieron varios más, y para qué mentir, ya quería dar el siguiente paso.

Entre besos y caricias nos fuimos quitando la ropa, de la mano me llevó a su habitación, y luego de quitar el cubrecama, los dos ya desnudos, nos acostamos en su cama.

Hacía tiempo que no tenía intimidad con un hombre, pero las caricias y los besos me habían excitado.

Era la primera vez que lo veía desnudo, y me encontré con un lindo cuerpo, ya con una erección en todo su esplendor, de un tamaño normal, algo más grande que la de Graciano.

Nuestras bocas recorrieron nuestros cuerpos, y su lengua en mi clítoris me sacó el primer orgasmo.

Le correspondí chupándole un momento a la pija, pero me pidió que me detuviera, porque no quería acabar aún.

Yo no me estaba cuidando en esos momentos, y le pedí que usara un preservativo. De su mesa de noche sacó uno y se lo colocó, abrí mis piernas para recibirlo y entre besos me comenzó a penetrar.

Hacía tiempo que no tenía esas sensaciones, y cuándo comenzó a moverse rítmicamente, mi excitación creció, cómo hacía tiempo no lo hacía.

La intensidad de sus embestidas se fue acrecentando, y en el momento en que me llegaba el segundo orgasmo, Facundo acabó también.

Entre besos y caricias nos fuimos recomponiendo, Facundo se salió de mí, y se deshizo del preservativo, luego me abrazó, y con mi cabeza en su pecho me quedé dormida.

Cuando desperté estaba sola en la cama, y escuchando ruidos en la cocina, recordé lo que había sido la noche anterior, hacía tiempo que no disfrutaba con un hombre.

Un momento después Facundo entró a la habitación con el desayuno, me dio los buenos días con un beso en la boca, y tomamos el café con las tostadas y el jugo sentados en su cama, yo aún desnuda, tan solo cubierta por la sábana.

Después de desayunar nos dimos un baño juntos y salimos a pasear. Almorzamos en un restaurante del Camino Centenario, y luego volvimos a su casa, sin decirnos nada, los dos entendimos que era momento de una siesta.

Volvimos a hacer el amor esta tarde en su cama, dos orgasmos tuve y él volvió a eyacular dentro de mí con el preservativo colocado.

Luego de ese fin de semana en el que había vuelto a mi vida sexual, decidí hacerle una visita a mi ginecóloga, para pensar en un método anticonceptivo, no me resultaba muy placentero hacer el amor con preservativo.

Comenzamos a encontrarnos más seguido, una o dos veces entre semana, y algunos fines de semana la pasábamos juntos, en su casa o en la mía, sí era en mi casa cocinaba yo, y si eran la suya lo hacía él.

Facundo por su trabajo, algunas veces tenía que salir de la ciudad, para visitar algunos clientes en el interior de la provincia, cuando le tocaba ir a las ciudades más alejadas, solía pasar la noche en ese lugar y volvía al otro día. Era muy rara la semana en que le tocaba trabajar un sábado, él trataba de acomodar sus horarios en la semana, pero en algunas ocasiones, tenía que trabajar los sábados, pero solo en las mañanas, y otros fines de semana, tenía planes con sus amigos.

Y así, casi sin buscarlo ni pretenderlo, comenzaba la primera relación sentimental seria de mi vida con un hombre.

Continuará…

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