Traición a la novia virgen - Cap. 3
Sally cree que ha llegado al límite de su resistencia, pero el barco tiene planes peores para ella. Entre cadenas, dolor y la mirada de su esposo traicionero, descubrirá que su cuerpo responde con una voracidad que ella misma teme. ¿Podrá mantener su dignidad cuando la sumisión se convierta en su única verdad?
Capítulo Tres – Al Calor del Sol
Cuando me desperté de mi pesado sueño habían pasado casi veinticuatro horas. Estaba ostensiblemente desnuda, cubierta únicamente con una sábana. La puerta estaba entreabierta y descansando en una silla al lado de la cama estaba la parte de abajo de un bikini azul con una nota.
"Cuando se haya refrescado reúnase con nosotros en cubierta. S."
Busqué en la habitación mi maletín, la ropa que había empaquetado, una bata, el vestido verde... todo. Pero no había nada excepto mis cosas de baño, que descansaban convenientemente sobre una estantería junto al lavabo.
Cogí el mensaje, aunque estaba decidida a luchar contra el destino. No estaba dispuesta a reunirme con nadie en la cubierta de un barco sin llevar otra cosa que la parte de abajo de un bikini tanga.
Me tomé mi tiempo en refrescarme y volverme a aplicar mi maquillaje. Y mientras me lavaba y eliminaba el sudor de una noche de sexo, sentí el boquiabierto agujero entre mis piernas - no con la mano, no era tan valiente; podía sentirlo sin tocarme en el sitio. Algo era diferente en mí, algo se había transformado. Luché como pude, las sensaciones de lujuria y anhelo se habían despertado. Apenas habían sido satisfechas. Pero no quería pensar en el sexo. Quería volver a mi vida. Quería salir del barco. ¡Quería que la pesadilla terminara! ¡Quería llorar!
En cualquier otro sitio podría haberme tirado al suelo a llorar mi mala suerte. Pero eso no ocurriría. Tenía mi orgullo y tenía que contenerme. ¿De qué otra forma podía esperar razonar con criminales y encontrar un camino que me sacara de este horror?
Puesto que la parte de abajo del bikini era la única ropa de la habitación me la puse, y me volví a sentar en la cama y esperé. Cuando comprobé que no venía nadie recosté la cabeza en la almohada en un intento de volverme a dormir, pero ya había dormido demasiado. Completamente despierta me levanté finalmente y miré de reojo a la puerta, interrogante, curiosa, pero todavía desafiante y demasiado asustada para salir de la habitación medio desnuda. Retrocediendo al ojo de buey, eché una mirada al mar vasto y sin fin. Mi mente flotaba con él, mientras una corriente de imágenes de la noche anterior volvían a mí, molestas, inquietantes pero seductoras.
"Ah, está despierta, y según veo todavía intentando desafiar mis instrucciones."
Me volví al oír hablar al señor Sands.
"Acababa de levantarme," alegué en mi defensa.
"Oh, no me lo creo, señora Gettys. Ha estado murmurando y jugando consigo misma y considerando su destino durante algún tiempo. No puede esconderme nada - especialmente cuando la habitación está equipada con cámaras de vídeo que graban cualquiera de sus movimientos."
Mi cuerpo se envaró mientras mi rostro se volvía rojo brillante.
"Tendría que habérmelo esperado."
"Tendría que haberse comportado. Ahora solo resultara doblemente embarazoso."
No tenía claro que quería decir, pero ese desconcierto no duraría mucho. Abrió rápidamente un armario cerrado en el ropero de mi camarote y sacó una paleta de castigo suficientemente grande para hacerme chillar solo de verla. Parecía como una paleta de ping-pong cubierta de piel con un amplio extremo de trabajo enganchado a un mango sencillo. Supongo que vio mi angustia, pero el hombre, siendo como era aficionado a ignorar las oportunidades de mostrar clemencia, pronto me tuvo boca abajo sobre su regazo. A diferencia de mi azotamiento por parte de Dac - una impactante y larga lección de rendición - este fue brusco y al grano. Después de bajarme la parte de abajo del bikini por debajo de las caderas, se centró en mi culo con un vicio que me dejó sin aliento. Estaba segura de que me había arrancado la piel del trasero.
Luego se acabó tan repentinamente como había empezado y estaba de nuevo en pie.
"¿Quiere más?" me preguntó muy intencionadamente.
"No, señor," barboteé la respuesta, adoptando un tono más sumiso del que había expresado antes.
"No es eso lo que yo creía," dijo mientras se ponía en movimiento.
No había reparado en la botella de licor de mi aparador. Sands me sirvió un vaso. "Beba."
Fuera lo que fuera lo que pretendía me pareció bien; no estaba por desafiarle ahora. Como la noche que me llevó a la cama, el licor me inflamó a todo lo largo de su recorrido por mi garganta, y fue igual de rápido en conseguir una respuesta física. Me ardía el cuerpo y sentía la cabeza un poco espesa. Pero esta vez no me estaba desmayando, solo me sentía confusa en general y despreocupada - una sensación que me acompañaría en mi excursión a la cubierta principal.
Mientras apuraba el último trago, Sands volvió a dejar la paleta en el armario y lo cerró. Luego, tomándome de la mano, me llevo al vestíbulo y escaleras arriba. Era consciente de que estaba desnuda. Como si la desvergonzada que había en mí deseara realmente disfrutar la experiencia, mis pezones empezaron a fruncirse como besos diminutos. ¡No, no, no podía estar excitada! Intenté apartar la realidad de mi disposición física. Pero mi estúpida protesta no soportó mis débiles argumentos. Quizás estos asesinos tuvieran razón. Quizás... quizás... mi cabeza nadaba para cuando pisé la cubierta y el sol me bañó cálidamente, y el aire húmedo se licuó en mi piel.
Puesto que no tenía control sobre lo que estaba ocurriendo intenté olvidarlo y dejé que Sands me guiara.
"Bueno, hizo falta un poco de coba," dijo el elegante hombre negro a una pequeña multitud que estaba tomando el sol en hamacas reclinables. Me alegré de ver que no era la única mujer en topless. Era obvio que el pudor estaba fuera de lugar en este mundo. Por desgracia mi resistencia a seguir las instrucciones aseguraba mi humillación. Antes de presentarme a la audiencia de caras desconocidas - excepto Darcy que estaba tomando el sol completamente en cueros - me hizo darme la vuelta y dejó que todo el mundo viera los resultados de la azotaina. Todavía sentía el palpitar de los cachetes de mi trasero y el sol solo contribuía a calentar aún más la piel caliente.
"Agáchese y bájese la parte de abajo de su bikini," ordenó propinando a mi trasero una buena palmada. Parecía que no tenía más opción que obedecerle. A miles de millas mar adentro, raptada por el destino y con un barco lleno de hombres guiados por la lascivia, poco podía hacer salvo soportar mi vergüenza con toda la elegancia que pudiera reunir. La bebida ayudaba. Siguiendo las instrucciones me volví y dejé que todos vieran mis cachetes maltratados.
"Creo que deberíamos hacer que estuviera sin la parte de abajo," sugirió uno de los presentes.
"Muy buena idea," replicó Sands, "quítesela señora Gettys."
Cuando presenté mi trasero desnudo a la multitud estoy segura que el rojo de mi cara era tan acusado como el de mi culo. Las miradas, la bebida, el viento, el sol, la vergüenza... mis sentidos inundados por sensaciones que nunca antes había experimentado. La tortura era grosera y sexual, descaradamente sexual. Eso me avergonzaba más que todo.
"¿Puedo?" dijo otro de los extraños, pidiendo a Sands permiso para tocarme.
"¿Quieres probar su trasero?" Sands le ofreció la respuesta que quería. "Aunque probablemente esté dolorida después de su iniciación."
Le llamaban Crazy Man (Hombre Loco). Era un rubio, bronceado, rapado, con aspecto de jugador de rugby. Le miré a la entrepierna y observé que estaba empalmado; su bañador azul brillante estaba abultado en su entrepierna donde su grosera erección presionaba con fuerza al tejido. Me estremecí mientras le miraba, aumentando mi embarazo, pero no podía apartar los ojos de la tentadora vista. Sintiéndose animado, me alcanzó, agarrándome la pierna y acercándome a él. Cuando pasó su mano entre mis muslos quise gritar, cuando sus diestros dedos vagaban por mi tierna carne, cuando uno se deslizó en mi dolorida vagina y salió empapado en jugo. Brillaba como plata líquida bajo el sol brillante.
"La pequeña zorra miente si dice que esto no la excita," sonrió para todos.
Luego se incorporó, el musculoso macho se enderezó sobre la tumbona y me volvió de espaldas a él. Agarrando mis caderas entre sus firmes manos me empujó a su regazo donde su tiesa erección, libre ya del bañador, saludó mi húmedo agujero con una firme bienvenida. Sentí el dardo pinchar en la dolorida apertura durante unos pocos segundos y luego mi reciente atacante empujó hacia dentro. Estaba sentada en sus muslos, retorciéndome bajo la influencia de su polla palpitante, incapaz de evitar que mi cuerpo reaccionara.
"Oooh, todavía está prieta como una virgen," gruñó mientras me movía arriba y abajo.
"La pequeña zorra incluso empuja hacia abajo," informó para regocijo de la docena de espectadores que le observaban envidiosos.
La penetración me hizo ansiar las sensaciones. A pesar del dolor, y de la multitud, y la humillación, el ansia cruel de mi vientre estaba obteniendo al fin su recompensa. Quizás es que la bebida me había convertido en una jodida puta. Tal vez ya no estaba asustada. Tal vez mi lado oculto estaba hablando. Desde luego podía haber sido la polla de Crazy Man; no estaba demasiado dotado y no me producía dolor - al menos no una vez que me había acostumbrado a la forma en que me llenaba.
Me recuerdo a mí misma respirando ruidosamente, y el sol cálido incidiendo en mi pecho desnudo mientras mis senos se balanceaban de arriba abajo, y la forma en que Sands se retiró como si su trabajo estuviera hecho, y la forma en que la multitud me miraba a la cara. Me clavé en los muslos, con las uñas clavadas en la piel - pero no lo había sabido en su momento, solo más tarde cuando vi la forma en que me había arañado.
Algo se activó en mi interior mientras rebotaba sobre la polla de Crazy Man. Mi pasión interna se incrementaba y estaba mucho más interesada en follar hasta el clímax de lo que lo estaba él. Pronto estuve en el delirio y fuera de control. Mi lenguaje gutural de gruñidos y graznidos se abrió paso.
"¡Dios, sí, fóllame!" pude oírme repetir, y decir cosas como, "¡Oooh, mierda, más fuerte!" No podía ser yo, pero lo era.
Crazy Man me agarró por la cintura y las sensaciones se dispararon hasta la cima. Me recosté en su pecho y gemí, contenta del soporte de su duro y sudoroso pecho y de la manera en que gobernaba mi cuerpo. Supongo que necesitaba contención puesto que apenas podía hacérmelo por mí misma.
Creo que debimos corrernos juntos. La copulación sin descanso se detuvo y algo superior barrió nuestros cuerpos. Sacudidas estrepitosas de fuego rasgaban mi vientre... una y otra vez. No podía detenerlas. Su orgasmo terminó mucho antes que el mío. Pasó la mano y me agarró el coño en su puño y lo sacudió mientras otro orgasmo me destrozaba.
"Oh, más, más, por favor." Me dejó que siguiera follándome su mano. "Oooh, sí," me enterré en su entrepierna mientras recibía sensación tras sensación, escarbando en ellas, inconsciente de todo lo que no fuera la sensación de pura libertad.
Me dejé caer contra él cuando no pude seguir más.
Para entonces mi cuerpo estaba mojado de sudor y de olor a sexo. Deseaba verter todo ese sexo sobre mí como sensación líquida, bañarme en su esencia, deleitarme en la desobediencia divina, escupir en la cara de la indignidad y fornicar delante del despiadado regulador que me negaba ese placer.
Imagino que era solo un sueño el que me hablaba. Pero recuerdo estos pensamientos tan bien, incluso ahora años más tarde, que me tranquilizan cuando tengo miedo. No siempre recordé ese día tan cariñosamente. De hecho justo al terminar de follar con Crazy Man delante de doce espectadores lascivos empecé a llorar.
Sands apareció de la nada. Creía que se había ido y me había dejado... pero cuando me reanimé lo suficiente para ver su cara, cuando miré aturdida hacia delante, la emprendí con él.
"¡Mira lo que me has hecho, bastardo!" grité envuelta en lágrimas. Era la bebida y el agotamiento de mi vergonzoso comportamiento quienes hablaban.
Su rostro era misteriosamente cruel cuando se volvió a mirarme - o quizá entonces fuera justamente el sol brillando sobre sus hombros lo que le hacía parecer una bestia infernal.
"Imbécil, jodido imbécil," repetí hasta que sentí en la mejilla el aguijón de su bofetada.
"Eh tío, solo está sobrecalentada," sugirió mi amante rubio. Luego el tío me tomó en sus musculosos brazos y me bajó a mi camarote.
Se estaba bien allí, y empecé a recuperar el juicio.
"Dios, supongo que realmente lo he hecho ahora," presenté mi queja mientras me dejaba humanamente sobre la cama.
Movió la cabeza y se rió. "Mierda, nadie la va a castigar por su actuación de hoy, señora. Estuvo genial. Al infierno con Juno Sands, es un bastardo imbécil que resulta bien con ropa de lujo. Pero no pinta nada. No sé lo que estos imbéciles tienen contigo, pero recuerda solamente que ese coño prieto habla de puta madre y seguro que sabes usarlo."
Esto era un cumplido. Él no tenía ni idea de quien era yo y que había hecho en las últimas 48 horas. Constatado esto me sentí un poco alentada por su valoración e intrigada por sus comentarios sobre Sands - Juno Sands. Vaya, el bastardo ya tenía ahora un nombre propio.
***
¿Qué dicen los mitólogos sobre las grandes cruzadas de la historia? Se necesitan tres días en el inframundo antes de que el héroe consiga ganar con tanto esfuerzo la verdad o la victoria.
Tuve mis tres días… y el tercero fue el más asombroso de todos. Lástima que no vi el final como el espectacular despertar que realmente fue. Solo el tiempo y la distancia me otorgarían la sabiduría para haberlo reconocido fácilmente en ese momento, pero no lo reconocí.
"Realmente la perdió, ¿no?"
Sands estaba en mi habitación, caminando acostumbraba, a pesar de que el espacio era estrecho y no tenía mucho sitio para hacer que el efecto fuera teatral.
"¿Me va a castigar?" pregunté.
"¿Cree que lo necesita?"
"No lo sé. Pero creo que fue el licor, el sol y el sexo lo que me volvió loca... y estar cautiva en este barco contra mi voluntad, con el matrimonio anulado. Tengo razones para estar enfadada.”
"Sí, ciertamente las tiene,” respondió en un tono uniforme. "Y no, no hay necesidad de castigar su locura. Ya la castigarán lo suficiente durante toda la mañana.”
"¿Qué significa eso?"
"Significa, Sra. Gettys, que no ha terminado de pagar los fallos de su marido.”
"Ah, marido, sí,” respondí sarcásticamente. Me escuché a mí misma, preguntándome... ¿dónde estaban ahora aquella sonrisa famosa y la bondadosa Sally Kettering? Menuda broma. “¿De todos modos, dónde está él? No lo he visto.”
"Está en el barco, mirando, torturándose porque no tiene idea de si lo que usted nos va a dar saldará su deuda.”
"¿Y eso es todo lo que le importa, su deuda?"
"No podría decirlo,” me miró pensativo, como si fuera a decir algo más, pero decidió no hacerlo.
"Entonces, ¿mi cuerpo pagará su rescate?"
“Si continúa cooperando, me imagino que sí. El Sr. Sun es un hombre de palabra.”
"¿Y dónde está él?"
"Es usted una dama enormemente entrometida.”
"Sólo me lo preguntaba. Supongo que realmente no me importa mucho.”
“Es mejor que no le importe. Mi consejo para usted después de esta noche... olvídese de que alguna vez estuvo en este barco. No memorice nada. Olvide las caras. Recuerde el sexo si quiere, pero olvídese de la gente. Simplemente estaban haciendo su trabajo.”
Realmente no sé qué quiso decir con eso... tal vez no quería saberlo.
"Entonces, ¿necesita el licor para relajarse?"
Me encogí de hombros. Ya estaba sintiendo la excitación de otra noche de sexo. Es curioso cómo en tan poco tiempo encontraba un cuerpo completamente nuevo dentro de mi piel, lleno de respuestas sexuales, con apetitos que siempre había reprimido. Tenía miedo, pero no como la primera vez. Y no, no quería que el alcohol me relajara. Si podía hacerlo borracha, podría hacerlo sobria. Se lo dije a Sands.
"Como quiera, pero no se arrepienta de eso más tarde.”
Estaba abriendo de nuevo aquel armario cerrado con llave, el que estaba lleno de sorpresas, una de las cuales fue lo que vino a continuación: un collar de perro y cadenas, y un rompecabezas de aspecto divertido de cadenas más pequeñas y dispositivos de metal que necesitarían una demostración para descubrir su propósito. Dado lo que ya había pasado antes, no debería haberme sorprendido por lo que vi. Pero lo estaba. Estas variaciones sexuales eran apabullantes para una novata, no se escondía la humillación que suponían y, sin embargo, el efecto que tenían en mí ciertamente serviría al propósito de Sands. Al pulsar un acorde oculto en mi psique sexual, me sentí a la deriva, renunciando, olvidándome de mi ira, cuando el requisito de sumisión se hizo obvio.
"Pasará la noche a cuatro patas, al menos para empezar,” explicó. "No debe ponerse en pie o sentarse en una silla o pensar en si misma,” me miró con atención mientras hablaba. Su voz se vuelve más profunda, suave y sexual. “Resignación. Rendición. Deje que esas palabras se adueñen de su cerebro y lo remodelen. Consiga eso y su placer abundará." Sonrió. "Viendo cómo ha estado antes, Sra. Gettys, realmente no creo que tenga muchos problemas."
Mientras Sands me ajustaba el grueso collar de cuero alrededor del cuello, me derretí ante el hábil poder de sus cálidas manos. Y respondiendo como una esclava obediente, no me resistí cuando me encadenó las manos y los pies. Dejó suficiente holgura para que pudiera gatear fácilmente, sin dejar de ser plenamente consciente de que me considerarían poco más que una bestia capturada. Mis torturadores ya me habían humillado hasta el nivel más bajo, y estas ligaduras hacían que ese hecho resultara más patente, sin duda un medio para excitar aún más su fantasía sexual. Debo admitir que la euforia sexual se disparó en mí, mientras que al mismo tiempo, hacía todo lo posible por mantenerla bajo control.
El extraño dispositivo de las cadenas y el metal ya era otra cuestión, no se toleraba tan fácilmente. Para empezar, pasaba una simple cadena alrededor de la cintura, de la cual colgaba otra. Esa era para dividir la entrepierna. Por sí mismas, las cadenas eran bastante fáciles de llevar, pero eso era solo el comienzo. La cadena de bisección estaba equipada con varias pinzas y un pequeño huevo único que Sands me insertó en el recto. Sentí miedo en el momento en que la cosa se metió dentro, miedo de que pronosticara mi próxima actividad sexual.
Demasiado asustada para siquiera pensar en el sexo anal, borré ese horror de mis pensamientos, mientras Sands continuaba con sus ingeniosos juguetes. Dos de las pinzas fueron enganchadas a los labios externos para que una barra fijada entre ellas me mantuviera el coño bien abierto. Una tercera pinza encajó sobre la capucha expuesta de mi clítoris, y se hizo de tal manera que la restregaba, estimulando lo único que ciertamente no necesitaba estimulación esa noche. El fuerte tirón de todas estas estúpidas torturas de metal hacía que gatear resultara laborioso. A cada paso de gateo, el peso y la presión aumentaban y también la estimulación erótica con creciente incomodidad. Aprendí en poco tiempo que mi cuerpo necesitaba un antídoto para este tipo de estímulo perpetuo, que necesitaba llegar al clímax para liberar el terrible dolor. Había aprendido que el placer erótico no siempre era disfrute erótico, y no siempre era bienvenido.
Con collar, grilletes y pinzas, me habían convertido en un extraño adorno sexual, tremendamente humillada, reducida a la suma de las partes de mi cuerpo y la forma espantosa en que se exhibían gráficamente. Que también obtuviera algo de estimulación sexual de esto, solo aumentaba mi vergüenza.
Era diferente arrastrarme hacia mi destino completamente sobria. Tras pocos pasos en mi camino, lamenté mi decisión de rechazar el licor. Pero no se lo diría a Sands. Lo soportaría todo solo para demostrar que puedo hacerlo. Mientras gateaba, me urgía con un bastón y me golpeaba repetidamente el trasero. No eran golpes fuertes, solo un gesto degradante más entre otros muchos.
Cuando llegamos al camarote donde había pasado mi primera noche sexual, traté de desconectarme de la caricatura hecha de mí, decidida a dejar que la noche se desarrollara como estaba destinada a hacerlo, pero sin mi aliento, sin mi pasión y ciertamente sin mi impulso sexual. Podían quedarse con mi cuerpo pero no con mi espíritu.
¡Oh! ¡Qué ingenua era!
El camarote tenía el mismo aspecto que cuarenta y ocho horas antes, elegante y resplandeciente con un aura suave, sexual. Los chicos estaban todos allí: los empresarios chinos, Julio y George.
Sí, mi marido, George. Me pregunté cómo pude haber sido tan tonta. Por supuesto, era guapo de cara y tenía un encanto que siempre me haría estremecer. Lo miré sin comprender, preguntándome qué estaría sintiendo entonces, viéndome como era. Esta vez, ya no me estaba diciendo lo siento; supongo que el tiempo para eso se había pasado. Se le veía desaliñado, como si la tortura mental lo estuviera matando. El encanto se había ido y, aunque todavía era guapo, parecía débil e ineficaz. El perdón, la compasión por mi parte ni siquiera fue algo que tuviera en consideración.
Con una breve mirada en su dirección, me arrastré junto a él.
“Sobre la mesa,” me ordenó Sands, mientras señalaba una mesa de café que me colocaría a una altura conveniente. Qué cansado se me había vuelto el considerar instantáneamente tales requisitos sexuales sin apenas pensarlo.
"Vaya culo tiene." Estaba diciendo Julio. No pude verle la cara, pero reconocí el acento. Me pasó la mano por el trasero y tiró de los adornos. Hice una mueca, jadeé un poco, pero traté de mantenerme en calma y dentro de mí. "Ponla en marcha, ¿por qué no lo haces?" le dijo a Sands.
Ignoré el comentario por el momento, hasta que quedó claro que estaba siendo bastante literal acerca de "ponerme en marcha.” Aquel pequeño huevo que tenía dentro del trasero empezó a vibrar... un zumbido al principio, luego un zumbido más profundo, luego pequeñas sacudidas eléctricas que realmente dolían.
Ya no estaba tranquila; me estaba asustando. "Por favor, no.”
"Por favor, no ¿qué?" preguntó Sands. "Por favor, no hagas que ese hermoso cuerpo se mueva y se retuerza. ¿No hagas que ese bonito culo rosado se vuelva loco?" Otra sacudida eléctrica más potente me agitó con fuerza.
"Oh, Dios no... cualquier cosa menos..."
"¿Cualquiera menos esto?" me provocó otra sacudida que prácticamente me levantó de la mesa. "Una cosita algo molesta, ¿no?"
"Sí, señor,” quise desmayarme.
“Pero cumple su propósito, nena. Te suelta. Esta mierda no ha terminado, todavía no.”
Julio me hacía cosquillas en la entrepierna y me estremecí más agradablemente. Pero los tirones de las pinzas me hicieron estremecer. Y cuando empezó a tirar de ellas con fuerza, se me cortó la respiración, mi cuerpo se tensó, la cara mostró una mueca de terror. "No he hecho nada todavía,” se burló Julio. A cada tirón, el dolor empeoraba. Los ojos se me llenaron de lágrimas, y finalmente se derramaron por las mejillas. De repente, Julio soltó por completo una pinza y un dolor espantoso me atravesó. Casi me desmayo.
"Tranquila, nena,” acarició amablemente la zona dolorida. "Está haciendo que te mojes, haciendo que todo esté descuidado aquí.” Me tocó la raja, me tanteó mi clítoris con los dedos y luego me insertó varios en la vagina. No pude evitar los espasmos; todo mi cuerpo tembló. Cuando Julio soltó la segunda pinza de los labios, caí hacia adelante, aunque rápidamente me echó hacia atrás. "Eso es, nena,” acarició con calma el lugar herido mientras la sangre volvía de nuevo al trozo de piel.
Estaba aún más húmeda, toda mi hendidura empapada con los jugos de mi chocho, que Julio untó por todas partes. El olor de mi zona sexual llenó el aire a mi alrededor. No pude ocultar mi excitación.
Sentí que la pinza del clítoris se deslizaba, no con sacudidas ni tirones, sino que se retiraba silenciosamente, y el efecto resultante fue una sensación más suave, pero no menos emocionante.
"Tómenla caballeros,” estaba hablando Sands, "es suya, cortesía de un hombre agradecido, a quien esta virgen, a la que hemos convertido en puta, le ha salvado la vida.”
A partir de ese momento, recuerdo los dedos, unos en mi boca jugando burlonamente con mis labios y otros en mi chocho. Aunque mi interior oscuro siguió sintiendo el escozor del huevo eléctrico, esa tortura duró poco. Unos minutos más tarde, me lo sacaron del culo y lo reemplazaron de inmediato varios dedos, moviéndose hacia adentro. Nunca había sentido tanta locura en mi cuerpo, porque la agitación en mi recto me llevó a un nuevo reino de conciencia física.
Aún tratando de comprender esta nueva locura, mi atención se centró de repente en otra parte. Un hombre parado a la altura de mi cabeza acariciaba su pene desnudo ante mi cara.
"Dame tu boca.” El tipo empujó su pene hinchado contra mis labios y abrí la boca para recibirlo. Girando la lengua alrededor de la cabeza, luego me incliné hacia adelante para aceptarlo más a fondo. Cuando empujó la polla hacia la parte de atrás de la boca, quise expulsarla, pero mi repulsión se transformó rápidamente en un anhelo tan fuerte que mis inhibiciones se desvanecieron como restos inútiles de basura.
"Eso es,” ronroneó el tipo, feliz mientras mi boca trabajaba con su insistente órgano. Había una segunda polla a mi derecha, pidiendo la misma atención, así que durante un tiempo me moví de un lado a otro entre los dos, devorando una, luego pasando a la siguiente y luego de regreso. De vez en cuando la mano que me penetraba el culo me daba un terrible empujón en el trasero mientras se adentraba más profundamente en ese desconcertante orificio. Juro que lo estaba intentando con todo el puño… aunque sabía que era imposible. Y, sin embargo, parecía que cuanto más placer daba, más se abría y recibía mi cuerpo. Era un sexo tan infernal, grosero y ofensivo, y sin embargo, la emoción que lo acompañaba era profunda. ¿Me había vuelto tan vil, tan sin moral, tan salvaje y repugnante que no había restricciones que me detuvieran? ¿Estaba ya tan sosegada que nada me molestaba?
Aunque traté de no verme afectada por las obscenidades que se me exigían, fue imposible. Respondí con todo el entusiasmo que perseguían estos hombres. Habían ganado; yo era su premio, cada nervio y tendón, desde mi cuerpo hasta mi alma, les fue entregado voluntariamente.
Trasladada a una mesa más alta, me acostaron a lo ancho para que tanto la entrepierna como la cabeza fueran fácilmente accesibles. El cuello descansaba sobre el borde redondeado, y mi boca se abrió para la polla que me esperaba allí.
"Traga, perra,” dijo el tipo, mientras empujaba la gruesa carne más allá de mis labios. Mi respuesta fue inconscientemente sumisa mientras mi atención se desviaba hacia el otro extremo de la mesa donde mi chocho era igualmente empalado por un depredador sexual implacable.
Me balanceé en ambos extremos, sintiendo que una felicidad inconsciente se apoderaba de mí cuando mi cuerpo cedía. "Sí, nena, disfruta de que se follen tu cara.” Su suave gemido fue un caramelo mental para mi cerebro hambriento. Levanté la mano y agarré la polla haciendo una doble función en la cosa, sacudiéndola con las manos, chupando y sorbiendo como si me divirtiera. No recuerdo exactamente el final; en un momento estaba en camino, al siguiente el clímax se había terminado y me quedé jadeando con la boca, la cara y el cabello cubiertos con su corrida. De lo que no me había dado cuenta era de que el hombre de mi coño también se había corrido; aunque su final fue menos asombroso por lo que apenas me di cuenta.
Sands estaba de pie sobre mí, dándome palmaditas en la cara. "Quiero más de ti, lo harás por mí, ¿no es así?"
"Sí, señor," jadeé cuando mis ojos se encontraron con los suyos. Entonces no pude explicármelo a mí misma; tampoco puedo explicarlo ahora. Me enorgullecía de mi humillación y quería servirle más.
Tras de un breve descanso, me sacaron de la mesa y me llevaron a la cama, donde Dac estaba tumbado, acariciando su erección, mientras me esperaba como un viejo amigo.
"No, ahora tu chocho no, tu boca," me dijo cuando estaba a punto de subirme a su enorme verga. En consecuencia, me bajé a su entrepierna y empecé por detrás de su polla. "No, la polla no, los huevos,” su gran mano me empujó más abajo. Mi cara se sumergió en su nido de vello rizado y sus huevos oscuros y arrugados, mientras aspiraba el espeso almizcle de su cuerpo y lo usaba para calmarme. Dejando rodar la palma de mi mano por su escroto, vi en su rostro la expresión de una dicha de ensueño. Luego busqué en su territorio inferior con los labios lamiendo la piel salada. Metí la lengua en la grieta, masajeando el glande. "Sí, nena, ahí,” me instó, levantando las caderas para que pudiera caber en el apretado lugar humeante. Trabajé duro para él, deshaciéndome de mi timidez virgen y fingiendo que había hecho esto antes. Dac estaba complacido... tan complacido que finalmente me arrastró por el cabello. Y finalmente, me senté a horcajadas sobre sus anchas caderas mientras me sentaba en su polla. Cayendo hacia adelante, mis pechos rozaron contra su pecho, donde mis pequeños pezones calientes se deslizaron hacia adelante y hacia atrás. Apretó a los pequeños, luego ahuecó mis tetas en sus manos mientras su ingle comenzaba a moverse. Me moví en respuesta, absorbida por su enorme aura y confundida por mis sentimientos de rendición.
"Dime que quieres mi polla aquí,” escuché la voz de Sands surgir del aire humeante. Supongo que era su mano la que estaba trabajando en mi culo. "Dímelo."
Me estremecí de miedo; lo que estaba pidiendo era el último obstáculo para mi total sumisión, y mi miedo físico saltó primero hacia adelante. ¿Podría mi cuerpo admitir dos a la vez? ¿Podría soportar el dolor o el placer? ¿Resultaría rajada?
“Dime, nena. Sabes que lo deseas, ¡suplícamelo!"
¡Suplicarle! ¿Cómo podría hacerlo?
Mientras trabajaba vigorosamente con sus dedos en el canal, una inmensa sensación saltó sobre otra, no pude seguir el ritmo.
"Suplícame, nena,” instó.
¡Dios no! Pensé para mí, mientras mis labios me traicionaban, "Sands, sí, sí, hágalo..."
"¿Qué has dicho?"
"Por favor..." le urgí de nuevo.
Dac había ganado velocidad, follándome como una locomotora, embistiéndome con fuerza, apretando mi cintura con sus manos, mientras la mano de Sands estaba en mi trasero, tan decidido a tenerme como su amigo.
"Dilo, puta..." exigió de nuevo, mientras seguía metiendo sus dedos en mi trasero.
"Por favor, por favor fólleme..." finalmente escupí, como si realmente lo quisiera. Al diablo con sus deseos, lo quería en mi culo. No pude mentir.
"¡Dilo como si lo sintieras!" Sands me agarró del pelo con la mano y se apartó. "¡Dilo!"
Mi deseo era como un fuego ardiendo detrás de la rejilla, saltando ahora hacia adelante, atrapando cualquier cosa en su camino. ¡Sí! Los quería a los dos. ¡Un hombre en el culo y un hombre en el chocho!
"¡Fólleme!" Rugí.
"Más, Sra. Gettys, ¡suplíqueme más!"
"¡Oh! ¡Por favor, fólleme! " estaba casi llorando.
Le oí reír oscuramente, como un señor de la oscuridad que hubiera derrotado a su presa más feroz.
“Suplíqueme,” su elegante malevolencia reverberó a través de mí.
"Oh, por favor le deseo en mi culo,” dije con voz increíblemente tranquila y segura. La cara recorrida por lágrimas calientes.
Dac redujo la velocidad de su martilleo mientras Sands me montaba por detrás. No fue fácil obligar a dos pollas a entrar en espacios adyacentes tan pequeños, pero como ninguno de los dos renunciaría a su derecho sobre mí, mi cuerpo se expandió para tenerlos a ambos.
Cuando la conmoción comenzó de nuevo, pensé que iba a morir, pero, por supuesto, no lo hice. Les di todo lo que me pidieron y disfruté todo lo que pude, esperando un final decente.
'Final decente' no sería el comienzo de la descripción de lo que sucedió después de que cesara el dolor intenso, después de que dejara de luchar y mi cuerpo se rindiera una vez más. Ahora veo que la sumisión es algo progresivo, no un fin en sí mismo. Es como una espiral descendente. A medida que mi inhibición, expectativas y vacilaciones desaparecen, mi cuerpo y alma descienden a niveles más allá del ojo de mi mente, más allá de mi capacidad de imaginar. Sumisión es lo que sucede cuando estoy solo medio despierta a la realidad como lo estaba ese día, tambaleándome en el borde, precariamente.
Ser follada por dos pollas apremiantes exigió mi rendición… y finalmente eso hice, de nuevo, por centésima vez.
El recuerdo es borroso, pero las imágenes de esa escena que se dibujaron en mi mente son bastante vívidas... Estoy de pie detrás, mirando esa gran cama del camarote, viendo parejas, mujeres desnudas y hombres a medio vestir fornicando a su alrededor, como si la cama fuera un altar y estos otros estuvieran allí para celebrar un rito sagrado. Allí, en la cama, hay dos negros, uno grande y moreno como la jungla africana, y el otro un mulato de suave piel color chocolate con leche y una lanza como pene. Entre ellos, una mujer blanca, de piel pálida y translúcida espera que su culo blanco como un lirio fruncido sea perforado por la cabeza de la erección del segundo hombre. Su vagina ya está rellena de carne negra. Espera, casi encogida, aunque es lo suficientemente sabia como para saber que no puede estar tensa si quiere sobrevivir. Un estremecimiento de lujuria hace que su cuerpo tiemble desde la nuca hasta el coxis. Tan hermoso es este momento de anticipación que hace palidecer en comparación lo que sucede a continuación. Sin embargo, eso también tiene su gloria… cuando el segundo hombre, el mulato, ataca y se une a su amigo en la violación de esta esposa virgen.
No, por supuesto, ella no es muy virgen... ya no. Pero esta habitación llena de almas degeneradas todavía la ve así, lo mismo que ella.
Los dos hombres la toman —como dos hombres tomarían a una mujer simultáneamente— con exigencia, de forma egoísta y sin restricciones. Se esfuerza en acomodarlos a ambos, olvidando que tiene sentimientos, que su cuerpo está cobrando fuerza para un final propio. Ella satisface las necesidades de ellos, aplazando las suyas, lo que solo garantiza que este final eclipsará lo que ha experimentado antes. Es un tango incómodo ya que primero lleva la voz una polla y luego la competidora pide más. Los cuerpos se mueven erráticamente, los gemidos llenan el espacio a su alrededor. Los movimientos de embestida y tirones del trío hacen que la cama cruja y el colchón elástico se balancee. Esto alimenta el calor físico de los otros hombres de la habitación, que se masturban mirando o han agarrado a una chica con el chocho libre y la han llenado por completo.
La follada de la pareja negra los acerca al final, mientras la mujer situada entre ellos siente crecer la urgencia en su cuerpo. Su deseo se expande y pronto se libera, ya que primero empieza a correrse el hombre negro, empujándola con rudeza, seguido por los gruñidos de éxtasis del mulato.
La mujer no puede detenerse ahora. Mientras se agitaba por última vez, con el chocho y el culo llenos de grandes cantidades de esperma, comienza a temblar. Sus músculos se tensan en suspenso durante un segundo; su cabeza cae hacia atrás para descansar sobre los hombros del segundo hombre y su boca se abre en un grito silencioso, luego, desde lo más profundo de su vientre, una serie de violentos temblores la alejan de la tortura de las dos pollas hacia un mundo propio. Gime con sonidos cada vez más profundos y guturales, escupiendo palabras que no tienen sentido para quienes no hablan este lenguaje sexual. Se corre, se corre de verdad como una puta barata, como nunca podría hacerlo una estrella porno, como una mujer enamorada del sexo por primera vez. Se asombra de sí misma. Está agradecida. Está exhausta cuando termina, pero dormirá bien esa noche... incluso aunque no durase esta sensación de felicidad.
Luego, su cuerpo desaparece en el negro del trasero, abrazado por sus enormes brazos. El otro hombre no perderá el tiempo con ella, aunque muestra una expresión de gratitud, si bien lo hace brevemente... expresión que ella no verá porque no tiene la presencia de ánimo para mirar. El hecho de que haya sido así es algo que se registra intuitivamente en su corazón, algo que sabrá más tarde, después de haber tenido tiempo de revivir la noche en su mente.
Así veo ahora la doble penetración. Si podría verse de esa manera o realmente sucedió como mi mente la reconstruye, es bastante superfluo. La verdad es relativa y esa era la verdad tal como quiero recordarla.
No elijo recordar mucho más sobre mi estadía en el barco del Sr. Sun. Cuando mi cuerpo ya no fue solicitado para follar, regresé a mi pequeño camarote para esperar mi próxima prueba. Esta fue una prueba más privada. A nadie, y mucho menos a los hombres del barco, le importaba en particular cómo terminaba este período de mi vida. Había atendido sus necesidades lascivas de buena manera. Al parecer, había redimido a mi esposo de un destino incierto peor que la muerte; nadie me dijo nunca lo que le habría sucedido si no hubiera aceptado sus exigencias. Sospecho que no había otra alternativa; solo formas más desagradables de forzar mi cooperación.
El único evento memorable ocurrido se produjo a la mañana siguiente, cuando una de las mujeres en el barco llamó a la puerta de mi camarote y pidió hablar conmigo. De mala gana la dejé entrar. Era una burbujeante rubia de bote con pechos dos veces más grandes que los míos y rizos que enmarcaban una cara bonita. Rímel negro espeso cubría sus pestañas, excesivo, pensé, ya que le restaba valor a sus bonitos ojos verdes. Su cuerpo era todo curvas y formas dentro de un vestido de tubo de lycra rojo, el tipo de vestido que cubre las tetas y apenas llega más allá del trasero. Tal como iban los atuendos en este barco, era bastante modesto.
"No podía dejarte ir sin decirte esto...,” comenzó.
"¿Decirme qué?"
"Sobre George, sobre lo que realmente es."
"¿Cómo si no lo supiera después de lo que he pasado?"
"Tienes razón,” dijo con una débil sonrisa, mientras se dejaba caer en mi cama. "Pero me imagino que todavía está lleno de mentiras... y como no sé cuáles son tus planes una vez que llegues a casa, deberías conocer los hechos."
"¿Qué hechos?"
"Soy Mary," quiso estrechar mi mano como si se sintiera obligada, pero la ignoré. “Tienes que haber oído hablar de mí; he sido secretaria de la empresa durante un par de años, pero sobre todo soy puta. Eso está bien para mí, tengo vacaciones como esta y me encanta el sexo. De modo que realmente me cuadra bien.” Parecía que quería que la aprobara, pero no iba a hacerlo. No me sentía generosa. Ni siquiera la estaba juzgando. Estaba atontada y realmente no quería que alguien me dijera cosas que no quería escuchar.
"Me alegro de que te cuadre bien," me encogí de hombros.
"Bueno, en cualquier caso, George y yo teníamos una aventura. La tuvimos durante algún tiempo,” arrugó un poco dolorosamente la cara como brindándome su comprensión, “incluso cuando os comprometisteis por primera vez…” hizo una mueca, aparentemente esperando que yo recibiría la noticia con el dolor apropiado para tal revelación. Cuando no respondí, ella continuó: "Dijo que iba a romper contigo. Lo prometió. Luego pasó eso con el Sr. Sun. Descubrieron quién eras y... amenazaron con bastante dureza a George. Ellos, Dac y el Sr. Sun, aparecieron una noche en la habitación de George. Yo estaba allí,” hizo una mueca de nuevo. "El Sr. Sun le dijo que siguiera adelante con la boda si quería escapar del enjuiciamiento por malversación de fondos. George me juró que no había malversado nada, pero le apretaron las tuercas y no podía ver la salida. Después de eso, cuando supo que se iba a casar contigo, dejó de verme. Dijo que no podía hacerte eso, seguir engañándote." Finalmente se detuvo y esperó a que dijera algo.
"¿Se supone que esto hará que me muestre más comprensiva o que lo odie más?" Le pregunté.
"No lo sé, te lo aseguro. Pero creo que estuvo muy mal por su parte venderte como si fueras una puta. Al mismo tiempo, tenía sus razones. Realmente no tenía muchas opciones."
"Siempre tienes una opción, Mary," logré decir. "Solo que algunas opciones son más difíciles que otras."
Pareció que las luces acababan de encenderse en su cerebro, "Sí, supongo que tienes razón."
Esperé a que ella dijera más y el silencio se hizo incómodo. No era propio de mí dejar que ninguna conversación se desviara, pero todavía estaba demasiado insensible para preocuparme por algo.
"Bueno, eso es lo que hay. Espero que no le odies," agregó finalmente.
"No, Mary, no le odio," dije con sinceridad. "Ahora es mejor que te vayas."
Lo hizo, dejándome una sensación no muy distinta a la que ya sentía. Me recordó que George era un asunto del que había que ocuparse.
George y yo fuimos liberados del barco en Hong Kong, George con suficiente dinero para que pudiéramos volver a casa. Qué extraño fue caminar por la pasarela poco más de tres días después de haber subido por ella una nueva novia, llena de esperanza en el corazón, pasión por la fantasía y los deseos puestos en un final perversamente romántico para mi virginidad. Que ingenua.
Primero fui consciente de lo estable que me sentía con los pies plantados firmemente de nuevo en tierra firme. El movimiento del suave balanceo del barco, que había estado conmigo desde que subí a bordo, cesó de inmediato.
George y yo no teníamos nada que decirnos mientras estábamos en el muelle, lo que hizo que el momento fuera cada vez más incómodo. Finalmente rompí el silencio y dije: "Espero que no tengas esperanzas sobre nuestro futuro.”
"Ninguna, Sally." Sacudió la cabeza con bastante tristeza.
"Me gustaría tener suficiente dinero para volver a casa."
"No hay problema. Puedo sugerir un hotel. Conozco uno realmente agradable."
"¿Te quedarás allí también?" pregunté.
Me miró a la cara y descubrió la respuesta que quería escuchar. "No,” dijo finalmente. "Encontraré otro para que no tengamos que vernos.”
"Bien,” respondí secamente, contenta de que no fuera a intentar estúpidamente ganarse mi confianza.
Detecté un breve momento de decepción cuando lo interrumpí con tanta frialdad, como si realmente pensara que había alguna esperanza para nosotros. El momento duró solo un segundo, así que tal vez solo fueran imaginaciones mías… pero realmente esperaba que todavía me quisiera, tal vez incluso más después de haberse dado cuenta de lo bien que podía desempeñarme en la cama. Esperaba que todavía me quisiera para que mi fría respuesta le hiriera, le hiriera el alma, si es que todavía la tenía. Los hombres sin brújula moral necesitan tener un cinturón en el estómago... pero supongo que los hombres sin brújula moral están demasiado lejos para que estas cosas les afecten.
No obstante, había algo bueno para mí en esto, algo por lo que estar feliz... George nunca tuvo una oportunidad conmigo. Me alegro de que no fuera el primero, segundo o tercero en tenerme sexualmente. Obtuvo lo que se merecía: nada. Es mejor haber sido secuestrada por hombres crueles y hambrientos que permitir que el bastardo traidor se quede con una pequeña parte de mi tesoro.
Soy un poco más generosa ahora con el tema de George Gettys, más filosófica dado lo que he aprendido desde que mi vida se ha desarrollado de manera bastante diferente de lo que había planeado. En este esquema más amplio de cosas, creo que George fue solo una estratagema inocente, utilizada por la puta engañosa que hay en mí para obtener lo que ella quería. El pobre no tenía ni idea del astuto juego que jugué conmigo mismo, al igual que yo no tenía ni idea en ese momento. Era simplemente un peón, el rehén de un sueño malvado. No me desespera el precio que pagó por su engaño. No era completamente inocente de sus acciones y tenía lecciones que aprender. ¿Pero un canalla total? Humm, tal vez no. Solo un hombre muy débil. Creo que en algún lugar de su corazón creyó en las expectativas que me ofrecía, o quiso creerlas. Así como el diablo sexual que había en mí estaba destinado a salir a la superficie, el buen hombre, el hombre íntegro que había en él estaba obligado a mostrar su rostro. Quizás eso sería una inspiración para guiar su futuro, aunque, honestamente, no me importaba ahora cómo veía él nuestra luna de miel arruinada o a mí.
Pero basta de George...
La Sra. Gettys ya no existía, me bajé del barco en Hong Kong, siendo una vez más Sally Kettering, feliz de descubrir que había sobrevivido.
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