Ecos del pasado (II) - Frente al espejo
Beth creía que era la protagonista de su propia pasión, pero el espejo del techo le mostraba una verdad mucho más oscura. Cada gemido, cada atadura, cada momento de entrega había sido observado. No era un juego de pareja; era un guion escrito por él.
Capítulo II - Frente al espejo
Abrí los ojos mientras gemía. En mis sueños estaba a punto de alcanzar el orgasmo, temblaba, me estremecía y suspiraba, caricias íntimas succionaban mi húmedo sexo, recorriendo cada pliegue con su lengua, mientras mis pezones estaban siendo estimulados por dedos expertos.
Pero la realidad era aún más excitante. El espejo del techo reflejaba a Pablo sobre mi entrepierna. Sus brazos por debajo de mis muslos, alcanzaban mis pechos y pellizcaba mis pezones. Me estaba haciendo un cunnilingus empleando toda su sabiduría y yo no podía moverme. Estaba atada en forma de X con mis muñecas y tobillos amarrados a la estructura de la cama, obligándome a estar totalmente expuesta a sus deseos. Era excitante, pero también me asusto. Intenté liberarme, tirando de las correas, me incorporé lo que pude, y vi su cabeza sobre mi ingle. Intente soltar mis piernas, pero no lograba liberarlas. No quería verme inmovilizada, necesitaba acariciarlo, rodearlo con mis piernas, pero estaba totalmente a merced de sus caprichos. Todavía tenia el sabor de su semen en mi paladar y en mi memoria como me había follado la boca profundamente sin compasión.
- Así no Pablo, por favor suéltame. Para... no sigas - susurraba entre gemidos y jadeos de placer.
No quería ser su esclava, o tal vez sí. Dios mío!, era muy difícil saberlo. El deseo me devoraba, la urgencia me consumía, y su boca era experta en llevarme a lugares que ni podía imaginar. Mi resistencia inicial se convirtió en sumisión a la pasión y el placer que me estaba dando con sus caricias orales sobre mi excitadísima vulva. Me contoneaba al ritmo que él marcaba, me mordía el labio inferior intentando ahogar mis gemidos. Me estaba llevando a la locura. Y el reflejo de nuestra imagen en todos los espejos incrementaba en mi la necesidad de someterme a sus deseos. Veía mi cuerpo desnudo retorciéndose de placer, mi espalda curvándose sobre la cama, mis manos aferrándose a las ligaduras que las amarraban. el clímax era inminente.
Gemía, bufaba y en mi interior ardía en un fuego que Pablo provocaba en lo más hondo de mi ser. Abandone cualquier resistencia y me rendí ante su maestría. Estaba totalmente entregada a sus caprichos. Él marcaba el ritmo, con cada succión, con cada caricia de su lengua, con sus labios atrapando mi clítoris. No podía soportarlo, veía su cabeza entre mis piernas y le sentía en lo más profundo de mi intimidad. Solo acerté a balbucear entre suspiros y jadeos
- Uhmmm!!! Dios mío, sigue, sigue no pares Pablo, por favor sigue...
Incremento el ritmo de sus caricias, su boca de fundía con mi sexo, mientras sujetaba entre el índice y el pulgar mis pezones. Tiro de ellos con fuerza mientras los retorcía y succionó mi sexo hasta envolverlo con su lengua. Me corrí. Mi cuerpo se convulsionó, arqueé mi espalda y gemí de placer hasta vaciar el aire de mis pulmones. Me corrí entre sus labios. Me corrí mientras mis pezones se diluían en la punta de sus dedos. Me corrí alcanzando un éxtasis que estremeció cada poro de mi piel. Mi mente se perdió en algún punto del infinito, y él me sostuvo allí, en la inmensidad de ese universo donde todo mi cuerpo era como un solo punto de placer. Nada más tenía importancia, solo sumergirme en ese instante.
Pero para Pablo no era suficiente, nunca lo era. Estaba volviendo a mi ser, cuando me dio un beso en mi sexo. levantó la cabeza, me miró a los ojos y con una sonrisa dijo:
- Esto solo acaba de empezar, Beth. Te voy a llevar a lugares que ni imaginas que existen, Vas a disfrutar tanto que pensarás que estás soñando.
Yo le miré asustada y excitada. Ya tenía más que suficiente, me había corrido como nunca, pero estaba atada y no podía hacer nada por evitarlo. Intenté parecer un poco enfadada, no quería que pensara que era solo un juguete.
- Pablo ya basta!. Suéltame no quiero seguir atada. Por favor, déjame
Pero antes de que pudiera continuar un zumbido resonó en la habitación. Pablo tenía en la mano un satisfyer. Yo solo lo había visto en anuncios, y no me gusto la idea de que lo usara conmigo, me agite intentando soltarme.
- No Pablo, no por favor, no quiero que uses eso conmigo, por favor... Suéltame, te lo suplico, no sigas.
Algunas lágrimas resbalaban por mi rostro, temblaba de excitación y de miedo. Y él lo sabía. Se arrodillo entre mis piernas, y poniéndose los dedos delante de sus labios para pedirme silencio, y muy suavemente me dijo:
- Tranquila Beth. Si dentro de un par de minutos quieres que te suelte, lo haré, pero si te dejas llevar, conocerás un mundo de placer infinito. Tranquilízate, no te voy a hacer ningún daño. Confía en mí.
Su voz me tranquilizó. Lo cierto es que hasta ahora tenía razón, me había mostrado un placer que no pensaba que existiera. Incluso cuando me obligó a tragarme todo su semen, disfruté con ello, no sabría muy bien como explicarlo, pero estaba feliz por haberle dado placer y llevar su esencia dentro de mi. Todavía tenía grabada en mi mente su cara mientras eyaculaba en lo más profundo de mi garganta. Yo solo quería que Pablo siguiera a mi lado, y si este era el camino, estaba dispuesta a recorrerlo.
Acercó la cabeza del vibrador a mi sexo. Yo me tense esperando el contacto sobre mi vagina. Pablo se movía despacio, alargaba los segundos y mi excitación crecía. Con su mano izquierda, masajeó suavemente mi sexo, y estiró la piel para dejar mi vulva totalmente expuesta a las caricias de ese aparato
- Beth, puedes gemir, gritar o bufar. Vas a sentir tantos orgasmos que tu cuerpo no responderá a tu voluntad. Déjate llevar
Recorrió con el vibrador mis labios vaginales muy lentamente mientras me retorcía y jadeaba. Subía y bajaba por mi vulva una y otra vez. Aplicaba la intensidad justa y poco a poco alcanzo mi clítoris. Se detuvo en él y comenzó a rodearlo cada vez con más intensidad. Gemí profundamente mientras ese aparato celestial me inundaba de sensaciones. De pronto la vibración cesó y Pablo me dijo:
- Si quieres que continúe Beth, tendrás que pedírmelo.
Entre jadeos le rogué que volviera a masturbarme.
- No pares Pablo, por favor sigue, no me dejes así, te lo suplico.
Y Pablo encendió de nuevo el vibrador y siguió masajeando mi sexo. No paraba de suspirar y gemir, alcancé muchos orgasmos de forma consecutiva, con cada uno, intentaba cerrar las piernas, pero no podía, y a los pocos instantes estaba de nuevo sumergida en una nueva urgencia. Jugó conmigo durante un largo rato, no me quedaba resuello, pero él seguía masajeando mi intimidad, concentrado en llevarme a un nuevo clímax. No cesaba de retorcerme y aullar de placer. Por fin el zumbido cesó y yo pude descansar. Cerré los ojos y suspiré tratando de recuperarme.
Entonces Pablo comenzó a masturbarme lentamente, y yo le seguí el ritmo, acompasando mi cadera a sus movimientos. La imagen del espejo era brutal, me veía atada en X contoneando mi cuerpo y suspirando. Estaba arrodillado delante de mi entrepierna, acariciaba su pene lentamente. El movimiento de su mano subiendo y bajando a lo largo de ese mástil me tenía absorta. Su otra mano buscaba darme placer. Sus dedos se perdieron profundamente en mi vagina y su ritmo se hizo frenético. Con el pulgar acariciaba mi clítoris, y notaba que un nuevo orgasmo estaba a punto de producirse. De repente hundió su cabeza en mi sexo y sus labios lo succionaron intensamente. Con una mano agarró firmemente una de mis tetas, mientras que con el índice de la otra se hundió en mi ano y me sodomizó, mientras el pulgar me penetraba por la vagina. Aullé de placer, notaba su dedo en mi estrecho orificio entrando y saliendo.
Era una sensación fantástica que multiplicaba mi placer, y él lo sabía. Se esmeró para que me corriera varias veces al ritmo de ese dedo sodomizador mientras su lengua chupaba mi sexo como si fuera un caramelo que se consumía entre sus labios. Me mantuvo en este éxtasis durante varios minutos. De repente Introdujo un segundo dedo. No pude reprimir un grito de dolor y sorpresa. Un escalofrío recorrió mi ser, arrastrándome hacia un abismo de sensaciones. Notaba que mi espíritu estaba a punto de quebrase y me sumergía en un océano de placer desconocido para mi. Tuve miedo y entre gemidos y jadeos le suplicaba que parase.
- Por favor Pablo, no puedo más. Déjame descansar un poco. No sigas, para!!!
Repentinamente se incorporó, y me penetró hasta el fondo de un solo empujón. Y mantuvo su pene totalmente erecto dentro de mi. Su cara estaba sobre la mía a escasos centímetros. con sus pupilas clavadas en las mías.
- Ahora Beth, no dejes de mirarme. Quiero ver como te corres en esos increíbles ojos verdes..
Y comenzó a moverse muy despacio. Su pene entraba y salía muy lentamente. Lo sentía en lo más profundo de mi ser. Yo estaba tan excitada que me corrí al segundo embite. Me mordí el labio inferior intentando ahogar mis gemidos y sostuve su mirada, mientras el placer me devoraba. Necesitaba saborear sus labios, pero Pablo seguía impasible, absorbiendo cada gesto de mi rostro, trate de besarle, pero mi boca no alcanzaba la suya, y gemía a milímetros de ella Él no varió el ritmo y mantuvo la cadencia de las acometidas, continuó penetrándome, mientras yo arqueaba mi espalda, me estremecía y me retorcia de placer. No sé cuantos orgasmos sentí, cada vez más intensos a medida que Pablo aumentaba la cadencia. Gritaba y bufaba sin pudor. Tiraba de mis ataduras y me convulsionaba con cada nuevo latigazo de placer. Deseaba que el eyaculará para acabar de una vez con este martirio de pasión y lujuria. Sus acometidas se hicieron más intensas y violentas, y sus ojos brillantes se clavaron en los mios, emitió un profundo gemido y mientras estaba alcanzando un nuevo orgasmo, noté su calor en lo más íntimo de mi ser. Dio varios empellones más vaciándose en mi interior y alargando mi climax.
Me besó en los labios y su lengua se fundió con la mía. Su sexo seguia dentro de mi. Estaba feliz, Pablo me había enseñado un nuevo camino, un nuevo mundo donde no había límites, y estaba realmente fascinada. Me soltó las manos y los tobillos, y me dio un beso en cada pezón. Se sentó con la espalda apoyada en el cabecero de la cama, y yo me acurruque a su lado. bajo su brazo. Entonces Pablo me dijo:
- Has estado muy bien, realmente muy bien. Solo te falta una cosa para que sea genial.
Yo le mire extrañada. No sabía a qué se refería, ni qué más podía hacer. Había hecho conmigo todo lo que se le había antojado. Pero no quería defraudarlo, no después del placer que me había dado, sea lo que fuere yo lo haría.
- No se que es lo que falta Pablo. Dímelo y lo haré. - dije tratando de parecer segura de mi.
Pablo me miró y me acarició la mejilla:
- Es muy simple Beth. Cada vez que acabemos de hacer el amor, quiero que me limpies el pene con tu boquita. Emplea esos maravillosos labios, tu dulce lengua y succiona mi polla hasta que quede completamente limpia y flácida. Trágatelo todo. Entonces será cuando hayamos acabado, y sabré cuánto has disfrutado.
Le miré extrañada, su sexo todavía mantenía parte de la erección y estaba brillante, cubierto por sus fluidos y los míos. Podía olerlos. Sin duda estaba pringoso y su aspecto no era apetecible.
- Si no quieres Beth no tienes que hacerlo. Solo es una muestra de hasta dónde me quieres y lo que estás dispuesta a hacer por mi..
Esas palabras se clavaron en mi corazón. Era el hombre de mis sueños y no podía permitir que dudase de mi entrega y mi amor por él. Sino era yo, estaba segura que encontraría a alguna de las zorras que siempre estaban a su alrededor dispuesta a hacerlo. No tenía elección. Pablo era solo mío. Con una mano se sujeto la base del pene y con la otra dirigió mi cabeza hacia su entrepierna. Yo me acomodé lo mejor que pude a su lado y apoye mis manos sobre su muslo, mientras mis labios tocaban su glande. Lo besé y me metí su polla en mi boca.
Estaba medio erecta, la recorrí con mi lengua, y la estreche contra el paladar. Aspire su sabor, lo deguste, succioné todos los jugos y trague sus fluidos y los míos. Nunca me he acostumbrado al gusto que dejaba en mi boca. El semen de Pablo tiene cierto sabor dulzón, pero mezclado con mi intimidad cobraba una intensidad mas salada. Pablo suspiraba mientras acariciaba mi pelo. Me la metí lo mas adentro que pude y la mantuve allí, lamiéndola y chupándola, hasta que se quedó completamente flácida. Entonces lentamente la saqué abrazándola con mis labios y finalice la limpieza con un sonoro beso sobre su glande.
Pablo sonrió y acarició mi melena y dijo:
- Muy bien princesa, lo has hecho muy bien. Yo tambien te quiero
Me dio un beso en la frente y después añadió:
- Y no te preocupes, no te vas a quedar embarazada. Hace mucho tiempo que tomé medidas y me hice la vasectomía.
Sus palabras me tranquilizaron. Estaba preocupada porque no había usado preservativo, ni siquiera se lo insinué, no quería cortarle el rollo. Le sonreí, y me acomode al lado suyo y empecé a dormirme con mi cabeza apoyada en su muslo, y mi pelo sobre su sexo
Lo último que oí fue su voz diciéndome:
- Descansa princesa mientras yo reviso algo urgente en el móvil.
En ese instante no le di importancia, supuse que era algo del trabajo. Pero lo cierto es que Pablo es muy meticuloso, y en cierto modo para él era trabajo. Siempre le gusta comprobar que todo había ido bien. Dieciocho meses después, cuando ya estaba atrapada por los ecos del pasado, descubrí que el trabajo era yo, y que cada una de las relaciones íntimas que habíamos tenido estaba grabada por decenas de cámaras. Toda su casa era un estudio de cine, y yo era la estrella principal en ese momento.
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