Obedecí las órdenes de un lector
Nunca imaginó que un simple correo bastaría para doblegar su orgullo. Pero cuando las órdenes llegan, la tentación de obedecer es más fuerte que la dignidad.
Me encanta recibir correos. Es interesante comprobar qué clase de reacciones soy capaz de encender en mis lectores. La mayoría están llenos de elogios que me felicitan por lo sugerente de mis historias, pero siempre hay quien se atreve a lanzarme alguna crítica. Muchas son una estupidez o directamente quejas por no ver reflejadas sus fantasías personales en mis relatos. Lo que ya es más delicado son aquellas personas que se toman demasiadas confianzas, supongo que ya sabéis a qué me refiero.
En realidad, son inofensivos, pero siempre se cuelan proposiciones fuera de lugar o preguntas indiscretas que es mejor ignorar. De todas formas, lejos de incomodarme, algunas me acaban resultando graciosas e incluso tiernas y, en el peor de los casos, tan solo las veo como patéticos intentos por llamar mi atención. Sin embargo, vengo a confesar que, entre todos los mensajes insolentes que he recibido, hay uno que… digamos que consiguió algo más que entretenerme.
A pesar de expresarme desde el anonimato, lo que os voy a contar es real y, aunque no os parezca gran cosa, para mí sí lo fue. Además, por muy segura que sea de mí misma, me da bastante vergüenza exponerme de esta manera, así que espero que apreciéis el esfuerzo. Dicho esto, allá voy.
El correo era breve, no tenía asunto y ni siquiera saludaba. Primero hacía algún comentario sobre mis relatos y lo que, se supone, revelaban sobre mí. En fin, supongo que nada que no haya visto, pero enseguida se puso autoritario. De la nada se pone a enumerarme una serie de órdenes que yo tendría que cumplir, atentos. Me exigía que la próxima vez que fuera a escribir un relato me desnudase, me pusiese de rodillas en el suelo ante la mesa de mi ordenador y me metiese las bragas que hubiese llevado puestas en la boca. Así, sin más. ¿A vosotros os parece normal?
Yo aluciné ante tanto descaro, claro. Pero eso no era todo, ojo. Además, no tendría permitido tocarme mientras estuviese escribiendo. ¡Como dando por hecho que me iba a poner super cachonda llevar a cabo su disparatada ocurrencia! Lo que hay que leer…
Ah, y otra cosa, esto es lo mejor. No tendría que darle ninguna prueba que demostrase que había cumplido sus órdenes. Lo ponía fácil, eso hay que reconocérselo. Pero esperad, lo que sí tendría que hacer es contestar a su correo jurando que había obedecido. Este último detalle fue con lo que más me reí, porque sí, al principio me lo tomé a broma, claro.
Puede que después de releerlo un par de veces me indignara un poco. Y es que no es para menos… ¿Cómo se atrevía? Era increíble que le echase tanta cara. ¿Qué le hacía pensar a esta persona que iba a hacer lo que ella dijese? No me conocía de nada ¿Por qué demonios iba yo a cumplir las trasnochadas fantasías de un desconocido? No. Desde luego las cosas no funcionan así. Y menos conmigo, o por lo menos eso fue lo que pensé en aquel momento…
Lo que más me llamó la atención era que se conformase con un simple mensaje de respuesta. En alguna ocasión me han llegado a pedir fotos o incluso mi número de teléfono, algo a lo que jamás he accedido, por supuesto. Pero que a esta persona le llegara con algo tan tonto como eso me pareció curioso. No acababa de entenderlo.
En fin, que no me lo tomé demasiado en serio y en seguida me olvidé del asunto. Pero con los días… no sé por qué, volvió a aparecer en mi mente y seguí dándole vueltas. Pensé en la clase de persona que pediría una cosa tan extraña. Pretendía humillarme sin siquiera estar ahí para verlo. ¿Cuál era la gracia? Incluso aunque le dijese que lo había hecho, nunca podría estar seguro o segura de que le estuviese diciendo la verdad. ¿Aunque por qué demonios iba yo a mentir en eso?
Luego pensé que quizá esta persona intuía que yo jamás accedería a nada más allá de un simple mensaje de respuesta, por lo que no tendría más remedio que conformarse con eso. Aunque voy más lejos: quizá no se estaba conformando. O sea, puede que recibir una confesión de obediencia por mi parte le resultarse suficientemente morboso.
Lo que intento decir es que, a pesar de no poder verme desnuda, arrodillada y con mis propias bragas en la boca como una idiota, si yo le admitía que lo había hecho, esta persona, por lo menos, obtendría el placer de saber que había conseguido someterme, que no es poco. Dicho así puede que suene algo exagerado, pero es que me habría domado tan solo con un breve mensaje anónimo. ¡A mí! Tendría mérito, ¿no? Yo qué sé, creo que le di demasiadas vueltas, pero es lo que yo he interpretado, si se os ocurre algo mejor me lo decís.
De todas formas, seguí sin tomármelo en serio. Obviamente no iba a hacer algo así solo porque a un cualquiera se le había antojado. Tened en cuenta que yo no sé nada de esta persona, ni si es mayor o más joven que yo, su nacionalidad… ni siquiera estoy segura de si es un hombre o una mujer. ¿Por qué le iba a dar importancia?
Vamos, que no. Que no tenía tan poca autoestima para dejarme humillar de esa manera. Soy una chica guapa, joven y atractiva. Está mal que yo lo diga, pero es la verdad. Puedo entender el morbo que supondría poner a tus pies a la escritora de los relatos que te excitan. Pero a ver, el mundo no funciona así. ¿Me puede explicar alguien por qué iba a tragarme mis propias bragas solo porque un lector o lectora envalentonada me dijo que lo hiciera? Ya hay que ser optimista. En fin, todo eso fue lo que pensé durante días, pero supongo que ya habréis intuido que, aparte de mis bragas, también me iba a tragar mis palabras…
Un día, al volver del gimnasio y después de ordenar un poco mi habitación, decidí ponerme a escribir. Tenía una idea para un relato que llevaba unos días madurando y de paso me apetecía masturbarme. Era el momento ideal porque mis dos compañeras de piso estaban trabajando e iban a tardar en volver. Yo tenía el resto del día libre, así que me senté en mi escritorio y encendí el ordenador.
Revisé mi correo, pero no había nada nuevo. Lo que seguía allí era aquel mensaje. Me apeteció volver a leerlo y lo abrí. Mala decisión. No sé qué me pasó. Quizá fue porque me pilló cachonda, o que en ese momento estaba vulnerable, ni idea, pero el caso es que esta vez me produjo un efecto diferente. De pronto sentía cómo aquel tono tan autoritario estaba consiguiendo ablandarme. No creo que esta persona lo pretendiese así, pero aquellas órdenes tan insolentes y vulgares habían llegado al punto de obsesionarme. Pasaron tanto tiempo en mi mente que llegaron a anularme poco a poco hasta convencerme de que debía seguirlas. Así que... me duele admitirlo, pero sí, estaba a punto de verme derrotada por un simple correo.
Sin darme cuenta, ya me había levantado para bajar las cortinas y evitar así que los vecinos del bloque de enfrente pudieran verme hacer semejante ridículo. Bastante dignidad iba a perder ya por mí misma como para hacer testigo a alguien más.
Comencé a desnudarme con el mensaje aún en la pantalla con la mirada clavada en él. Releyendo una y otra vez las órdenes que tenía que seguir. Y sí, también lo admito… cada vez me estaba poniendo más cachonda.
Me bajé los pantalones, los dejé tirados en el suelo y seguí con los calcetines. Luego me saqué el jersey de lana al mismo tiempo que la camiseta. No suelo llevar sujetador así que solo quedaban las bragas. Eran blancas, de algodón, unas cualquiera que me había puesto después de ducharme en el gimnasio y que solo había usado unas cuantas horas. Tampoco es que me den asco mis propias bragas, pero, en fin, no suelo saborearlas, como comprenderéis. Así que eso que me llevaba. Me las bajé y, tras quitármelas, las arrugué en mi mano.
Ya estaba lista para arrodillarme como una tonta ante de mi escritorio. Me agaché y apoyé mis rodillas sobre la alfombra. Mis tetas quedaron a una altura en la que mis pezones rozaban con la mesa. Perdón, es que lo vuelvo a pensar y cada vez me veo más ridícula. ¿Por qué demonios accedí a todo eso? Y peor… ¿Por qué os lo estoy contando? En fin, sigo… Volví a mirar mis bragas y, sin pensarlo demasiado… me las metí en la boca. Lo único que me faltaba era ponerme a escribir.
Es irónico porque me metí en el mundo de los relatos como una forma de dejar el porno y ahora mírame, el porno era yo. Desnuda y arrodillada en mi habitación con mis bragas usadas en la boca provocando que se me cayese la baba solo porque a un salido o salida de internet le apetecía tenerme a sus pies. De verdad, menos mal que no había nadie para verlo. Me avergüenzo tanto que publicaré este relato desde una cuenta secundaria, creo que me expongo demasiado. Es que podría inventarme que lo había hecho, pero es que es más triste todavía, ¡lo hice de verdad! En fin, qué cuadro.
El caso es que la postura no era demasiado cómoda, así que decidí escribir algo corto. Como digo, las bragas me estaban haciendo salivar demasiado, así que al rato decidí dejarlas caer de mi boca y sostenerlas con los dientes. Ya no las saboreaba, ahora las olía. Qué rico, ¿verdad?
Ahora lo cuento super digna y super sarcástica, pero… mentiría si no admitiese que me moría por tocarme. De todas formas, me ponía aún más cachonda seguir las normas, así que me contuve.
De verdad, esto me cuesta mucho reconocerlo, pero me notaba muy húmeda y empecé a tener pensamientos patéticos que solo te surgen en un momento tan vulnerable como ese. Os los comparto porque sé que os va a gustar saberlos, pero os pido que los entendáis en su contexto. En fin, eran cosas como que no debía haberme reído del mensaje, que tenía razón en todo lo que dijo, que voy de soberbia pero que en realidad era una sumisa, que menuda humillación era esto para alguien como yo, que volvería a obedecerle si me lo pidiera, que mira que bajo había caído y cosas así. Y esos son solo algunos. Llegue incluso a pensar que debería escribir un relato en el que confesase toda la experiencia y se la agradeciese a su responsable. Y mira… aquí estamos. En fin, cuando estáis cachondos supongo que pensáis cosas igual de ridículas, ¿no?
Es triste y no me pega nada, pero estaba disfrutando de verme dominada por vete tú a saber quién. Igual era un señor, una chica, un tío super joven o una mujer madura, no lo sé. Casi prefiero no saberlo, la verdad. En realidad, me da igual, quien quiera que fuese había conseguido sacar de mí un lado sumino que ni siquiera yo sabía que tenía, y conociéndome sólo por mis relatos. Solo me queda darle la enhorabuena, la verdad.
Empecé a estar cansada de estar en esa posición. Me dolían las rodillas y la frustración por querer tocarme y no tenerlo permitido se me hacía más cada vez más dura. Por lo menos me acariciaba el cuerpo cuando hacía una pausa en la escritura. Sobre todo las tetas y también el culo, que lo tengo muy sensible.
No me puedo creer que vaya a publicar esto… En fin, que el relato que estaba escribiendo no iba muy bien de lo impaciente que estaba por terminar, así que decidí dejarlo y continuar otro día en que no tuviera prohibido tocarme. No diré cuanto tiempo aguanté en semejante postura, pero es más de lo que me gustaría admitir.
Quizá os preguntéis por qué he decidido contar algo tan personal si además digo que me da tanta vergüenza. Yo también me lo pregunto. Vale… puede que haya descubierto el morbo de confesar que fui dominada, insisto en que no suelo verme en esa posición, ¿satisfechos? Resulta que un poco exhibicionista sí soy. Pero creo también que es una forma de reconocer el mérito a su responsable. Nunca me hubiese imaginado caer en algo así, la verdad. Supongo que a veces está bien que un cualquiera de internet se salga con la suya. Esta vez la chica guapa ha hecho lo que tú querías, tú ganas…
Por cierto, sí, claro, contesté a su correo jurando que había cumplido. No os diré que le puse exactamente porque lo escribí ya con una mano en el coño y es especialmente patético, lo dejo como un regalo personal para quien sea que lo recibiera, pero puede que me rebajara más de la cuenta. Su medalla por haber conseguido ponerme en mi sitio de esa manera, supongo… La verdad es que espero que no se le ocurra publicarlo.
Lo que sí tengo claro es que no me voy a prestar a otra de sus ocurrencias. Aunque también me negaba rotundamente al principio y mírame… En fin, que no. Lo siento, pero con esta experiencia he tenido suficiente, no soy la clase de persona dócil que puedo haberos parecido por esta confesión, la verdad. Para nada.
Quizá me he pasado exponiéndome de esta manera, ya os digo que publicaré este relato desde una cuenta nueva. En la otra tampoco es que me conozca nadie, pero yo que sé, tengo una imagen que mantener. Por lo menos es liberador admitir que la vida es un poco así, un día crees que lo tienes todo bajo control y al otro te sorprendes con tus propias bragas en la boca.
Relatos similares
- Sexo con maduros
La emoción de lo prohibido ( capítulo dieciséis )
Paula le prometió una tarde de amistad, pero la sorpresa fue un hombre y una tentación que Luisa no supo rechazar.
Comparte:Heterosexual generalDominacion masculinaSumision consentida
- Dominación
Sometido
Juanjo siempre creyó que su matrimonio estaba muerto, pero esa noche en la oficina, el alcohol y la mirada de su jefe desataron una pesadilla de la…
Comparte:Dominacion masculinaSumision consentidaVoyeurismo oculto
- Sexo Oral
Antonio se venga de una zorrita chantajista
La cabina del camión es una jaula de cuero y sudor donde el aire no entra y el miedo sí. Eva creyó haber ganado el juego con un chantaje, pero…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaSumision consentida
- Dominación
Un verano en la playa con mi primito: El comienzo
Pedro siempre fue más grande, más fuerte y más cruel. Pero este verano, la dinámica de poder cambia cuando Julián descubre que su sumisión no es solo…
Comparte:Dominacion masculinaSumision consentidaHeterosexual general
- Dominación
Cornudo al borde del deseo
Javier siempre imaginó verla con otro, pero nunca pensó que la realidad superaría sus peores miedos y sus más oscuros deseos.
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaSumision consentida
- Dominación
Una puta para mi amo y algo más (VI)
Julian no le dio opción: debía obedecer. Pero la cita no era un encuentro íntimo, sino una trampa.
Comparte:Dominacion masculinaSumision consentidaVoyeurismo oculto