Introduciendo su mente en la sumisión
Él no quiere besos ni caricias; quiere obediencia. Mientras él come con calma, ella debe arrodillarse bajo la mesa, tragando su vergüenza junto con su placer. La humillación es el ingrediente secreto de su intimidad.
Nos llevábamos conociendo un tiempo. No estaba dentro del mundo del BDSM ni de nada parecido pero tras algunos encuentros empezó a probar conmigo, cuando estaba excitada era más fácil que le apeteciera o que accediera e incluso empezó a disfrutarlo pero le costaba hacerlo en frío y al principio era mas puntual. Cuando empezó a venir findes de semana, o a quedarse alguna semana... el juego cambia y mi intención de jugar con su mente aumenta.
Ya me describí en el primer relato, en este caso ella: Morena 34 años, pechos no exageradamente boluminosos pero de buen tamaño y redondos, cadera algo anchita y un culo gordito y salido para afuera, algo que me parecía muy apetecible.
Al principio todo se lo decía con tonteo y juego, hasta que empecé a mostrarme más frío, descarado y directo viendo sus reacciones ante ello y sobre todo en contextos no eróticos.
Dicho esto, uno de esos primeros días donde quizás le había comentado dentro de ese tonteo por ejemplo que tenía que llevar tangas y no bragas y comentarios así, empecé a jugar mas fuerte....
Llego a casa del trabajo, camiseta corta donde se aprecian los tatuajes y un vaquero. Ella en la sala se levanta y se viene a acercar, con un pijama de pantalón corto y camiseta ancha. Me intenta dar un pico, pero quito la cara.
Se queda muy cortada y la miro de abajo arriba, al llegar a su cara puedo apreciar su cara de tensión, de incredulidad al momento.
+ Qué....qué... pasa? Dice tímida y sin entender la situación.
-- ¿Enserio? Enserio te tengo que ver como si fuera un desconocido o el cartero... pensaba que al venir aquí iba a ser algo diferente esto.
+ Yo... pero que... ¿que quieres? Dice bajando el tono al hacer la pregunta.
-- Quítate el pantalón del pijama y la camiseta. ¿Es un problema que te vea recibiendome en tanga? Respondo frío, mirándola fijamente.
+ Eh... no, no. Veo como algo nerviosa se quita el pantalón, dejando a la vista un tanguita negro y la camiseta sin nada por debajo, viendo como se balancean sus pechos al movimiento. Se queda nerviosa por no saber donde poner las cosas y finalmente lo deja en el mueble de la entrada. Se tapa los pechos y se los destapa al momento, nerviosa por la situación.
-- ¿Ves? Es tan difícil.
+ No... pero... bueno, no. Dice entre dudas pero finalmente aceptando su situación.
-- Bien vamos a la cocina, tengo hambre.
Acudimos a la cocina, está todo puesto y hecha como de costumbre por mi horario de llegada.
Yo me siento. Ella va a hacerlo pero al ver la situación que se ha formado, empieza a dudar. Me mira, mira la silla.
+ Emm... me siento o...?
La miro, dejo un silencio incómodo y tenso haciendo que su mente haga el trabajo con esa espera. -- ¿No crees que puedes intentar ser mas atenta conmigo? Quizás necesito algo... o no sé, que tal estoy... creo que puedes esforzarte más.
+ Eh... claro, ya...perdona. ¿Ne...necesitas algo?
-- Sí, traeme una cervecita.
Veo como se contonea, como se balancean sus nalgas yendo a la nevera y como me la trae, tímida, avergonzada pero la noto ciertamente excitada.
-- ¿Sabes que he tenido un día realmente estresante y duro?
+ Joder... vaya. ¿Qué ha pasado? Y bueno... ¿me siento a comer...?
-- Te he dicho que he tenido un día realmente estresante, ¿verdad?
+ Sí, claro, te he preguntado pero...
La interrumpo. -- Entonces... no sé... ¿por que no te metes debajo de la mesa mientras como, y... me relajas un rato? Digo de golpe, frío, sin un beso o una caricia.
Su cara lo dice todo, roja y pálida por momentos, sin entender nada.
+ ¿A...ahora? ¿Aquí?
-- ¿Es un problema?
+ Eh... no claro... no. Dice entrecortada. Se arrodilla, suspira y se mete debajo de la mesa. Al hacerlo a pesar de su timidez y "mal rato" noto como frota sus muslos uno contra el otro, excitada por sentirse así.
Me baja la cremallera, y dejo caer todo de un tirón alzando el culo. Me pongo a comer rápido, para que comience a escuchar el sonido de como mastico, bebo...
Ella tras masturbarla levemente empieza a chupar, ya lo habiamos hablado y empieza a hacerlo brusco, metiendosela bien en la boca y tosiendo a ratos. En un momento meto mi mano por detrás y empiezo a moverla más rápido, noto como pone sus manos en mis muslos. Sigo comiendo y comiendo como si nada, haciendo que el propio acto, el trato, el momento sea realmente denigrante a nivel mental.
-- ¿Te gusta tu comida de hoy eh?
suspira mientras chupa y no contesta.
Empiezo a mover más rapido su cabeza... -- ¿eh? No te escucho.
+ Ssshjkhk IIIII. Algo así resuena en un intento de decir sí, de forma auto-degradante.
Sigo y sigo hasta correrme, cuando lo voy a hacer, aprieto su cabeza contra mi cuerpo. Del esfuerzo, la respiración y las dificultades, empieza a tragar pero una parte se escapa fuera.
-- No se desperdicia nada... ya lo hemos hablado. Recógelo y traga.
Me mira con los labios llenos de semen cuando la saco de su boca tras decirlo. Ojos lagrimosos, entre la humillación y el esfuerzo. Se agacha entre dudas y relame lo caído. Ya sabiendo lo que le suelo decir otras veces aun que al principio no le gustaba que se lo pidiera, con iniciativa esta vez... limpia los restos de mi polla.
-- Muy bien, le digo acariciando la cabeza como a una perrita.
Me levanto de la mesa y le digo: -- Puedes salir de abajo.
Cuando se levanta, paso mi dedo por fuera de la tela del tanga y lo noto totalmente húmedo. Se lo enseño y se lo meto en la boca.
-- ¿Y esto...? ¿Tanta verguenza, timidez y humillación y te mojas al ser usada?
Mientras chupa mi dedo, abre los ojos y se queda de piedra, avergonzada de escuchar esa frase tan denigrante pero tan real.
Asiente con la cabeza al pasar unos segundos.
Saco mi dedo de su boca y digo: -- Bien... eso me imaginaba. Puedes recoger todo, te espero en la sala. Digo yendo hacia la sala como si nada, como si fuera algo normal lo ocurrido en esa cocina.
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