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Triosjun 2025

La Propuesta

La noche comenzaba con risas y cerveza, pero cuando ella tomó mi mano y susurró la propuesta, el aire se volvió denso. No era una invitación cualquiera; era una llave girando en una cerradura que no sabía que existía. Y cuando sus labios tocaron los míos, supe que no podría volver atrás.

AndyStories21K vistas8.8· 8 votos

Fui a casa de una amiga a hacer un proyecto de la escuela, no debía llevarnos tanto tiempo, pero entre una cosa y la otra, se nos había hecho tarde.

Entonces llegó su novio, con el que casi no había coincidido, salvo unas ocasiones. Traía pizza y unas bebidas, las cuales no rechazamos.

Era una noche como cualquier otra, risas, anécdotas, unas cuantas cervezas y esa música suave que siempre acompañaba.

Pero poco a poco el ambiente empezó a cambiar, notaba miradas entre ellos dos, como se decían cosas al oído, pensaba que estuvieran tramando algo, yo lo atribuí al alcohol en ese momento.

Entonces, ella tomó mi mano y con una voz nerviosa me dijo:

—Lo llamé porque queríamos hablar contigo.

Me sentí extrañada, y un poco asustada.

—¿Está todo bien? —dije con algo de miedo.

Ella respiró hondo, lo miró a él, y dijo de una forma tajante:

—Queremos que te unas a nosotros… en la cama.

Sentí un calor subir por el pecho. Me quedé paralizada, sin saber si reír, preguntar o salir corriendo. Él también guardó silencio. Como si ya supiera que todo dependía de mi respuesta.

—¿Qué? —dije con voz entrecortada.

—Hace mucho que tenemos esta fantasía... —dijo su novio mientras ponía su mano en el hombro de mi amiga—. Y creemos que tú eres la mejor opción ya que ustedes dos tienen mucha confianza

—No lo sé… —dije con duda.

Entonces ella se acercó. Me tomó de la barbilla, me miró a los ojos… y me besó.

Era un beso suave y cauteloso. Yo no sabía cómo reaccionar, estaba totalmente inmóvil. Se separó un poco de mí y me dijo:

—Por favor... no lo pienses mucho.

Volvió a besarme, pero esta vez, soltaba pequeños gemidos mientras lo hacía. Metió su pulgar en mi boca, y yo lo chupé con lascivia. Le mordí el labio inferior y sentí su mano acariciando mi muslo, cada vez más cerca de mi centro.

Entonces, me dejé llevar.

Ella masajeaba mis pechos por encima de la blusa, hasta que yo misma los destapé, para que pudiera besarlos, lamerlos, y adorarlos.

Los gemidos ya no eran suaves. Eran descarados. Eran reales.

Su novio se acercó. Ya estaba desnudo. Sin decir palabra, acercó su miembro a nosotras. Era grande, firme… y estaba listo.

Nos turnamos para chupársela en el sofá. Al principio no me atrevía a mirarlo, pero él me tomó suavemente de la cabeza y lo metió profundamente hasta mi garganta. Lo miré mientras él me acariciaba el cabello.

—¿Te gusta cómo lo hago? —le pregunté.

—Me encanta… no pares —susurró, con voz ronca.

Mi amiga me desnudó completamente con lentitud, mientras no dejaba de acariciarme. Me besaba, me mordía, me recorría toda. Y luego, sin previo aviso, se arrodilló frente a mí. Abrió mis piernas, me miró… y empezó a comerme.

Nunca me lo habían hecho así. Lento al principio, luego con más hambre. Su lengua era una sinfonía entre mis labios. Me chupaba el clítoris, lo lamía con maestría, y gemía mientras lo hacía.

Y yo… simplemente, me rendí. Entre eso, y el miembro de su novio en mi boca, simplemente terminé. Mi cuerpo tembló. Mis gemidos llenaron la sala.

Después, fuimos a la cama. Me puso en cuatro. Se colocó detrás y quiso meterla sin condón, cosa que nunca me habían hecho. Lo detuve un segundo, confundida, pero mi amiga me explicó:

—Tiene la vasectomía desde hace años. Y nos hacemos pruebas regularmente—me dijo, acariciando mi mejilla.

Confié en ella. Y entonces sentí todo. Cada centímetro de su piel, cada embestida profunda y húmeda dentro de mi.

Ella se colocó frente a mí para que le hiciera sexo oral. Yo lo intenté. Di lo mejor de mí. Pero entre su novio embistiéndome con tanta intensidad, y mi cuerpo aún sensible post orgasmo, no era fácil concentrarme.

Ella lo notó. Entonces me puso boca arriba, y subió encima de mi abdomen. Besándome, tocándome, y mordiéndome. Su novio empezó a turnarse entre ella y yo, metiéndola en ella durante unos segundos, para después, dármela a mi, siguiendo el mismo patrón.

Entonces, empezó a darnos unas nalgadas suaves.

—Más fuerte —le pedí, totalmente presa del morbo.

Ví cómo se le encendieron los ojos. Apartó a mi amiga, me levantó de la cama, me cargó con fuerza, y me penetró de pie. Me mordía el cuello, y jadeaba contra mi piel. No duró mucho así, me dejó caer en la cama y continuó bombeándome como un animal hambriento, hasta que mi amiga lo interrumpió:

—Ahora es mi turno.

Él se recostó en la cama y ella lo montó, con movimientos lentos al principio, luego más intensos. Yo me acosté a su lado, lo besaba y acariciaba su abdomen empapado en sudor. Él me dijo que quería probarme, entonces me senté en su cara, a la altura de su boca, y empezó a comerme con furia.

Él tomó a mi amiga de las caderas y empezó a dársela con fuerza. Ella y yo nos mirábamos a los ojos. Notaba sus gestos de placer, sabiendo que estaba cumpliendo una de sus fantasías más extremas, era algo que me excitaba aún más. Estábamos los tres en una sola energía. Sudor, jadeos, piel contra piel.

—Ya casi me vengo —dijo él.

Mi amiga se apartó y se arrodilló. Yo me uní a su lado. Y se la chupamos juntas. Ella se encargaba del tronco. Yo me encargaba de su bolsa.

Y entonces… explotó.

Se corrió con fuerza, derramando todo sobre nuestras caras. Nos reímos. Después nos besamos. Él se quedó con su miembro colgando frente a nosotras, y con una sonrisa de satisfacción.

Nos limpió, y nos acostamos, desnudos, en la misma cama. Dándonos mucho cariño entre los tres.

Esa noche me quedé a dormir con ellos.

Al día siguiente me vestí en silencio y me fui sin despedirme.

En la escuela, recibí un mensaje suyo:

—¿Estás bien?

—Perfectamente —le respondí.

—¿Crees que podamos vernos al rato en mi casa?

—Claro, los veo allá.

Esa noche volví a verlos. Pero no para repetirlo… al menos aún no. Solo hablamos, y entonces, mi amiga propuso intentar algo más grande. Unirnos los tres y experimentar con más personas.

Su novio estaba con algo de dudas, pensaba que ya habíamos dado un paso muy grande nosotros tres, e incorporar a más personas no era buena idea. Pero después de "hablarlo mejor"… digamos que cambió de opinión.