¿El amor es suficiente? (2)
Él prometió que no se separaría de ella, y esa noche, entre besos y desnudez, demostró que sus palabras eran solo el comienzo. Ahora, con sus familias unidas y sus cuerpos sintonizados, el amor parece suficiente para todo, pero el mundo real y las guardias médicas pondrán a prueba esa promesa.
¿El amor es suficiente?
Capítulo 2
Cruzamos mensajes con Cristian en la semana, nos encontramos el miércoles por la tarde, y volvimos a cenar el viernes en la noche. Era evidente que pasaban cosas entre nosotros, su mirada me lo decía, pero ninguno de los dos daba el paso.
En la semana antes de las fiestas, nos volvimos a ver, y en ese encuentro Cristian me comentó, que como cada año, antes de Navidad se iban con su familia a Pinamar, pasaban las fiestas allí y volvían a La Plata a mediados de enero.
Nos vimos por última vez ese año, el 22 de diciembre, como regalo de Navidad, le había comprado una remera, y esa noche luego de cenar en un restaurante del centro, se la entregué.
No me lo esperaba, pero luego de ver su regalo y agradecerme, del bolsillo del pantalón, sacó un pequeño sobre de color bordó y me lo entregó.
Emocionada por el gesto, abrí el sobre y me encontré con una pulsera de plata, hermosa, con una pequeña piedrita violeta, dentro del sobre también había una tarjeta que decía, "Feliz Navidad. Cristian"
Le agradecí tan bonito regalo, le pedí que me la colocara y poniéndome de pie, le di un solo beso en la mejilla, pero no me faltaron ganas de dárselo en la boca.
Pasaron las fiestas y esa primera quincena de enero, mentiría si dijera que no lo extrañé, y eso no hizo más que confirmar, que me había enamorado perdidamente de él.
Hablamos muchas veces en esos días, y no pude evitar decirle que lo extrañaba, que extrañaba nuestros encuentros, y él lo dijo varias veces también.
El mismo día que volvió La Plata con su familia, me llamó por teléfono para vernos, para cenar juntos, y aunque en ese momento no lo supe, esa noche marcó el comienzo de mi nueva vida.
Como cada vez que cenábamos me pasó a buscar por casa en su auto, y fuimos a comer a un bonito restaurante.
Con una remera blanca, un jean y zapatillas, y tostado por el sol, lo vi más lindo que nunca.
Me contó de sus vacaciones, yo de las mías, un poco aburridas la verdad.
Luego de cenar fuimos a tomar algo a un bar, y sentados frente a frente con nuestras cervezas recién servidas, alzó su vaso y propuso un Brindis.
-Por volver a vernos...
Dijo, y yo, extrañándolo como lo había extrañado, lo mismo dije.
-Por volver a vernos!
Le dimos un sorbo a la cerveza, Cristian me miró a los ojos, y un momento después me dijo:
-Violeta Bilardelli, estos días sin verte me lo han confirmado, me enamoré de vos y te necesito en mi vida...
No pude evitar que un par de lágrimas me cayeran, y mirándolo a los ojos le dije.
-Cristian López Conte, me enamoré de vos esa noche volviendo del show, y desde ese momento no he podido sacarte de mi cabeza, también te quiero en mi vida, nunca antes me pasó esto con otro chico.
Y ahora los ojos brillosos fueron los suyos, y tomándome de la mano me dijo:
-No puedo explicarte lo feliz que me hace escucharte decir eso, en cada encuentro lo fui sabiendo, deseando el próximo, y cada vez que te miraba, moría por besarte, por abrazarte. Antes de irme a Pinamar, pensé en decírtelo, pero no quería hacerlo y luego irme, pero ahora lo siento así, no quiero separarme de vos.
-El último día antes de tus vacaciones, cuando me entregaste la pulserita, te hubiera comido a besos…, pero me contuve…, no nos quedemos con las ganas.
Me acerqué a él, suavemente apartó mi mechón de pelo, y acariciando mi nuca nos besamos. Ese beso me supo a gloria, era él, con él lo quería todo.
Salimos del bar abrazados, antes de subir a su auto nos volvimos a besar, esta vez más intensamente.
De camino a casa, me dijo que a principios de febrero, se mudaría a un departamento que había comprado con ayuda de sus padres, quería recibirse y hacer la residencia, y luego tenía un trabajo asegurado en la clínica donde su padre era uno de los accionistas.
A partir de ese 15 de enero de 2017, comenzó nuestra vida. La primera en saberlo fue mi tía, cuando no, pero días después lo supo también mi madre, que por supuesto me dijo que quería conocerlo, pero tuve que frenarla, recién estábamos empezando y ya habría tiempo para eso.
Esos días que quedaban de enero, nos vimos muy seguido, aunque Christian estaba estudiando para rendir en marzo, los dos finales que le quedaban para lograr el título de médico.
En esos encuentros, la intensidad de nuestros besos y caricias fue en aumento, y Cristian me propuso hacer el amor por primera vez, cuando ya tuviera su departamento, y aunque moría de ganas de estar con él, esperamos esa semana que faltaba.
Una tarde me pasó a buscar por casa, y me llevó a conocer el departamento, en un edificio de calle 6, casi 37, lo estaban terminando de pintar, y ya tenía casi todos los muebles.
Ese 29 de enero, fue otra fecha importante en mi vida, Cristian me pasó a buscar a las cuatro de la tarde por casa, y fuimos al departamento.
Cuando entramos, ya todo estaba arreglado, los muebles en su lugar, la cocina completa, todo limpio, y de la mano me llevó hasta su dormitorio, donde la cama estaba perfectamente tendida.
No hicieron falta las palabras, nos abrazamos y nos besamos, de los besos a las caricias, de las caricias a quitarnos la ropa, de un tirón Cristian sacó el cubrecama que cayó sobre la alfombra, y en ropa interior nos acostamos en la cama.
Su erección era inocultable, y creo que mi excitación también lo era. Entre caricias terminamos de desnudarnos, sí Cristian era lindo con ropa, desnudo era una obra de arte, y para mi sorpresa, entre sus piernas tenía algo muy apetecible, no de un actor porno, pero la más grande que conocía, no muy larga, pero un poco más gorda.
Ya desnuda frente a él, su forma de mirarme me hizo entender que le gustaba mi cuerpo, aunque nada tenga para sobresalir.
Lo recorrió con sus manos y con su boca, mi primer orgasmo llegó por obra y gracia de su lengua en mi clítoris, mientras mis manos se perdían entre sus rulos.
Luego fui yo quien se ocupó de su erección, besando y lamiendo su glande, saboreándolo, para luego metérmelo en la boca, tratando de devolverle el placer que me había dado.
Cristian tuvo que detenerme, me pidió que no lo hiciera acabar aún, quería hacerme el amor. Se estiró hasta su mesa de noche y sacó un preservativo, pero le pedí que no lo usara, desde los diecisiete tomaba pastillas anticonceptivas, y quería sentirlo completamente esa primera vez.
No fue un derroche de posiciones sexuales, fue el clásico misionero, pero fue el más sentido.
Cristian me miraba a los ojos, me besaba, me decía que me amaba, me acariciaba, me volvía a besar mientras sus embestidas iban ganando intensidad, tanto que el segundo orgasmo llegó y no pude aguantar las lágrimas, era el momento emocionalmente más intenso de mi vida, y le dije mil veces que lo amaba, como no había amado a nadie.
Siguió penetrándome y en el momento que me llegó el tercer orgasmo, lo sentí eyacular en mi interior, y me volvieron a explotar las lágrimas.
Nos quedamos abrazados, aún con él dentro de mí, hasta que fue perdiendo su erección.
Me acarició suavemente y con mi cabeza apoyada en su pecho me dormité un momento, agotada de esos orgasmos, que por primera vez en mi vida habían sido tres.
Cuando abrí los ojos, Cristian me miraba de una forma que me hizo derretir, no hicieron falta las palabras, su mirada me decía de su amor por mí.
Nos besamos y volvimos a empezar, besos cada vez más intensos, caricias recorriendo nuestros cuerpos, y ante su nueva erección, volvimos a hacer el amor, esta vez en una nueva posición, que a mí me gusta mucho, él abajo y yo moviéndome sobre él, dándome y dándole placer.
Sus manos acariciaban mis tetas y mis pezones, y de allí iban a mis piernas y a mi culo.
La contextura de mi cuerpo y la del suyo, son bien diferentes, me saca casi una cabeza de altura, y sus setenta kilos, contrastan con mis cincuenta y tres, por lo que no le costó nada abrazarme por la cintura y hacer girar mi cuerpo para quedar nuevamente sobre mí, y seguir embistiéndome lentamente, haciendo que un nuevo orgasmo me llegara.
Luego de un momento en esa posición, me volvió a levantar, y sin sacarla de mi interior, se acercó al borde de la cama, y apoyando sus pies en la alfombra, quedó sentado y yo sobre él.
Volví a moverme sobre su cuerpo, de adelante hacia atrás y subiendo y bajando, mientras Cristian besaba y chupaba mis tetitas, y acompañaba mis movimientos, sosteniéndome del culo.
Así me llegó el orgasmo y un momento después, volvió a eyacular dentro de mi conchita.
Nos quedamos en esa posición, besándonos y diciéndonos cuanto nos amábamos y sí, me sentí feliz.
Cenamos esa noche por primera vez en su departamento y como no tenía ropa para cambiarme, luego de cenar me llevó a casa.
A partir de ese día comenzó nuestra vida sexual, y rápidamente nos dimos cuenta que los dos éramos muy sexuales, cualquier momento era bueno para encontrarnos, pero su departamento era nuestro lugar predilecto, allí estábamos solos y podíamos dar rienda suelta a nuestra pasión.
El siguiente hito en mi vida fue conocer a su familia, Cristian rindió el anteúltimo final el 4 de marzo y allí estuve esperando a que saliera con esa sonrisa de haber aprobado, para abrazarlo y besarlo por el ese diez que había tenido por nota.
El último examen final, el que le daría el título, lo rendía el jueves siguiente, 9 de marzo, y como suponía allí estarían sus padres, sus dos hermanos, tíos, primos y amigos, por lo que en un mismo acto, todos sabrían de mi relación con Cristian.
Ese fin de semana, Cristian me dijo que quería conocer a mamá y a mi hermana, y lógicamente, estaría mi tía Nancy también.
Fue en una cena el sábado por la noche, que mamá sin conocerlo aún rindió los honores, poniendo el mantel de fiesta, la vajilla que usamos para ocasiones especiales y preparó un arrollado de carne al horno con verduras y papas, con salsa de hongos.
Le dije que Cristian traería el postre y el vino para la cena.
Llegó a casa a las ocho de la noche, como habíamos quedado, cuando abrí la puerta, me lo encontré con un pequeño ramo de flores violetas, hermoso, y con el postre y una bolsa con la bebida.
Nos saludamos con un beso y entramos a casa.
Creí que las flores eran para mí, pero antes que nada me dijo que eran para mamá.
Ya en el comedor los presenté:
-Mami, él es Cristian!
-Cris, ella es Mirta mi mamá, Mariela mi hermana y bueno… a mi tía Nancy ya la conocés.
Cristian se acercó a mamá, se saludaron con un beso y le dijo:
-Es un gusto al fin conocerla señora, Viole me ha hablado mucho de usted! Y estas flores son para usted!
-Muchas gracias por las flores! Son hermosas! Pero no me trates de señora, tan solo Mirta y tuteame Cristian que no soy tan vieja!
-Cómo no!
Saludó a Mariela y le dijo:
-Es un gusto conocerte también Mariela! Y tu hermana también me ha hablado mucho de vos!
-Espero que bien! Un gusto Cristian!
-Claro qué bien!
Y por último saludó a mi tía.
-Es un gusto volver a verte Nancy! Y tengo que darte las gracias!
-Igualmente Cristian! ¿Y por qué me agradecés?
-Por haberte quedado dormida esa noche en la combi! Eso me permitió conocer a Viole!
-Creo que la peti se las hubiera ingeniado igual! Ya te había echado el ojo!
Me dio vergüenza su comentario y nos reímos todos!
-Tía!
Terminadas las presentaciones, nos sentamos en los sillones a conversar, y aunque creí que Cristian estaría un poco nervioso, fue una charla muy distendida y amena.
La cena estuvo muy bien, y como suponía, Cristian tuvo que responder el batería de preguntas de mamá, nada complicado, tan solo cosas de sus estudios y de su familia.
Yo me relajé rápidamente, solo esperaba que mi tía no hiciera ninguno de esos comentarios con doble sentido tan típicos de ella, pero estuvo contenida.
Sintiendo que nuestra relación se hacía cada día más profunda, que nuestros sentimientos eran verdaderos, varias veces pensé en contarle lo que había pasado con Matías en diciembre, pero habiéndole dicho que me había enamorado de él cuando lo conocí, no quedaría bien parada, si bien luego de lo que hice me arrepentí de haberlo hecho, de haberme dejado llevar por ese estúpido sentimiento de venganza, no quería que Cristian pensara que estando enamorada ya de él, había cogido con mi ex por venganza, y decidí enterrar eso en el fondo de mis recuerdos y olvidarlo, como algo que no debería haber ocurrido.
*
Nos vimos todos los días esa semana, y el miércoles me quedé con él, esa noche dormí en su casa por primera vez, luego de cenar nos fuimos a la cama temprano, Cristian se levantaría a las siete de la mañana, para dar un último repaso a los temas del examen.
Mientras hacíamos el amor, con su cuerpo sobre el mío y penetrándome deliciosamente, me dijo que me amaba, y que la próxima vez que hiciéramos el amor, lo haría con un médico.
Despertarme a su lado fue hermoso, nos dimos los buenos días con un lindo beso, y nos levantamos a desayunar.
Luego de los mates a eso de las ocho menos cuarto de la mañana, me fui para casa y nos encontraríamos directamente en la facultad a las dos menos cuarto de la tarde, el final era a las dos, pero quería darle un beso y desearle suerte antes de que entrara.
Sabiendo que estaría su familia fui bien arreglada, llevando conmigo las serpentinas y el papel picado que le tiraría, y una hermosa lapicera de metal plateado que le había comprado, en el que había puesto una tarjetita que decía, "Para que mi médico preferido, pueda firmar sus recetas. Te amo mi rulito lindo! Viole. 9/3/2017".
A la una y media ya estaba en la puerta de la facultad, y diez minutos después lo vi llegar, nos abrazamos, nos besamos, me indicó el aula donde rendiría el examen, y también que sus padres ya estaban allí.
-¿Querés que te los presente ahora o después del examen?
-Preferiría después, voy a estar nerviosa esperando que salgas, y más nerviosa voy a estar si me quedo con ellos.
-Yo te iba a decir lo mismo! Cuando salgo de rendir te los presento!
-Suerte mi amor! Mi rulito hermoso! Cuando nos veamos ya vas a ser médico, porque sé que te vas a sacar un diez! Te amo mi amor!
- Yo también corazón! Nos vemos en un rato!
Nos dimos otro beso y entramos juntos a la facultad, él subió las escaleras y yo les dije que a las dos subía.
Cuando subí al primer piso, había un montón de gente, además de Cristian, rendían cinco personas más, dos de ellos compañeros de Cristian, pero de los tres, solo él se recibía.
Entre la gente pude ver a los padres de Cristian, que solo los conocía por fotos, y conocí a sus hermanos.
Por el vidrio de la puerta se podía ver quién estaba dando examen, y Cristian fue el tercero en rendir, ya pasando las cuatro de la tarde.
Cuando lo vi ponerse de pie y pararse frente a los tres profesores, me emocioné hasta las lágrimas. Al igual que las otras dos personas, tardó aproximadamente una hora, ya lo veía en su cara, su sonrisa lo decía todo, saludó con un apretón de mano a los tres docentes, que se pusieron de pie, y salió del aula.
Al cerrar la puerta levantó sus brazos con lágrimas en los ojos, se había sacado un diez.
La primera en abrazarse a él fue Amalia su mamá, luego Ignacio su papá, y después lo saludaron sus hermanos, Alan y Marcos.
Luego de saludar a su familia me buscó con la mirada, y caminando entre la gente llegó hasta mí, nos abrazamos y lo besé, los dos con lágrimas en los ojos.
Su abrazo me despegó del suelo y dimos un par de vueltas durante ese beso.
Me volvió a apoyar en el piso, acaricié su cara y sus rulos y lo volví a besar.
Me tomó por los hombros y caminamos hacia su familia, que habían sido espectadores de nuestro efusivo abrazo, y mirándolos dijo:
-Familia, ella es Violeta, mi novia!
La primera en saludarme fue Amalia.
-Es un gusto conocerte Violeta! Por fin en persona!
-También es un gusto para mí señora!
-Amalia no más, y tuteame por favor!
Se le acercaron los amigos a Cristian y entre brazos se separó un poco de mí.
Luego saludé a su padre, qué amablemente me dijo:
-Por fin te conocemos Violeta! Este pibe cuenta poco y nada, poco más que tu nombre conocíamos!
Luego saludé a sus dos hermanos, Alan, un año mayor que Cristian y Marcos, casi dos años menor.
Me quedé junto a ellos mientras Cristian seguía saludando gente, recibiendo abrazos y felicitaciones.
Amalia se acercó a mí me dijo:
-Me alegro mucho de conocerte, Cristian me contó de vos pero no mucho, y tan solo me mostró una foto tuya! Pero me di cuenta de que se enamoró de vos. A la distancia te vi emocionada cuando fue a rendir, y eso solo puede significar que también estás enamorada.
-Amalia, lo amo como no he amado a nadie en mi vida, Cris es un sol, y me habló mucho de vos, de Ignacio y de sus hermanos, son una hermosa familia, y me encanta por fin conocerlos.
Luego de todos los saludos, le entregué la mochila con otra ropa y Cristian se fue a cambiar, como es tradición, a la salida de la facultad, lo enchastrarían con huevos, serpentinas, papel picado y vaya a saber qué otra cosa.
Todos detrás de Cristian cruzamos la avenida 60, que separa la Facultad de Medicina del Paseo del Bosque de la ciudad, donde todos los recibidos son enchastrados.
Y así fue, todos le tiraron algo, los más zarpados fueron sus amigos, qué le tiraron de todo.
Luego como también es tradición, Ignacio estacionó la camioneta y levantó la puerta trasera, y sobre un nylon Cristian se sentó, y con un cartel que decía doctor Cristian, se inició la tradicional caravana de autos tocando bocina por las calles de la ciudad, hasta el frente de la Catedral.
Yo estaba a pie, pero Amalia me buscó entre la gente y me dijo que fuera con ellos en la camioneta.Cristian estaba feliz, y yo lo estaba por él, por fin lo había conseguido.
Luego de las típicas bengalas de colores en la puerta de la Catedral, y las miles de fotos, nos despedimos de todos, en la camioneta de su padre fuimos hasta el departamento de Cristian.
Cuando llegamos Amalia se bajó y me dijo:
-Esta noche hacemos una pequeña fiesta en casa, y por supuesto estás invitada!
-Gracias Amalia, ahí estaré claro!
Cristian fue directo al baño, estuvo más de media hora tratando de sacarse el pegote de los rulos, tantas porquerías había entre los rulos, que me desnudé también y me metí con él para lavarle la cabeza bajo el agua.
Ya bañados nos secamos, y como lo presentía, a juzgar por su erección, terminamos en su cama haciendo el amor.
Nos volvimos a vestir, y le pedí que me llevara a casa para cambiarme, la ropa que tenía estaba toda salpicada de las porquerías que le habían tirado.
Llegamos a casa y al entrar, tanto mamá como mi hermana, lo saludaron con un abrazo felicitándolo por la recibida.
Mientras me cambiaba, escuchaba a mamá y a mi hermana hablando con Cristian sobre lo que había sido el examen y todo le jaleo posterior.
Me arreglé casi como si de una fiesta se tratara, aunque ya había conocido a sus padres ir a su casa era todo un evento para mí.
Me puse un pantalón de vestir negro, una camisa blanca, una chamarra cortita también negra, y las sandalias blancas de taco alto, me maquillé, me perfumé y despidiéndonos de mi mamá y mi hermana nos fuimos para la casa, en la que hasta hace poco tiempo vivía Cristian con su familia.
Esa noche conocí a casi toda la familia de Cristian, a sus cinco tíos y a sus nueve primos, varones y mujeres, algunos pequeños, pero otros ya mayores, algunos con novias y otra ya con esposo.
Me acerqué a Amalia, y me ofrecí para ayudarle en lo que necesitara, me agradeció y fuimos a la cocina a preparar los platos para llevar a la mesa.
La reunión estuvo muy linda, y me sentí en verdad cómoda con esa familia, alguna que otra cargada a Cristian, pero en buen tono.
Esa noche supe que su hermano Alan estaba estudiando arquitectura, luego de hacer un año de ingeniería industrial, y su hermano Marcos, estaba en el segundo año del profesorado de educación física.
Amalia me pareció una mujer súper amable, y me trató muy bien durante toda la noche. Solo hubo un pequeño detalle, Alan, el hermano mayor de Cristian, en un par de veces, me miró con un gesto serio, más bien seco, creo que fue con el único que no hablé esa noche, todo lo contrario a su hermano menor.
Al despedirnos de Ignacio y de Amalia, siendo los últimos en irnos, Ignacio me miró y me dijo:
-Nos encantó conocerte Violeta, y desde ya te digo que esta es también tu casa.
Y Amalia agregó:
-Siempre serás bienvenida! Aunque este pibe no te traiga! Me llamás y te venís!
-Muchas gracias Ignacio, Muchas gracias Amalia, la pasé realmente muy bien esta noche!
De allí nos fuimos al departamento de Cristian, me quedaría a dormir con él esa noche también.
Dormimos sí, pero casi con la luz del día, luego de hacer el amor por casi dos horas.
Exhausta luego de cuatro orgasmos, tremendos orgasmos, nos dormimos abrazados y entre caricias.
Definitivamente podía decir que mi sexualidad estaba en expansión, nunca antes había gozado tanto del sexo como con Cristian, en cada encuentro nos íbamos conociendo cada vez más, y yo gozaba de una forma que hasta ese momento no conocía.
Con su título en trámite, Cristian se inscribió para concursar uno de las vacantes de la residencia en clínica médica en el hospital de Gonnet, para el que tuvo que seguir estudiando un poco más. Y mientras tanto yo comenzaba el anteúltimo año de mi carrera.
*
La juntada con las chicas de ese mes de marzo, habiéndome insistido tanto las dos en que querían conocer a Cristian, fue para una cena en casa, un sábado dos semanas después de la recibida de Cristian.
Mamá amasó unas pizzas, y por supuesto mi tía Nancy no se lo quiso perder.
Fue una noche especialmente divertida, las chicas me volvieron loca, y Cristian se mataba de risa. Luego de que se fueran las chicas, a eso de la una de la mañana, porque seguían la noche en algún bar, ayudé a mamá a ordenar todo y nos fuimos al departamento de Cristian.
Ya en su coche y de camino me dijo:
-Tu viejo tenía razón! Son tres cotorras! Y salidas!
-Son dos locas lindas! Las quiero tanto...
-Y se nota que ellas también te quieren!
Fue entrar al departamento, y ni siquiera llegamos al dormitorio, nos hicimos el amor en el sillón del comedor.
No podía sentirme más feliz, con el hombre al que amaba, y que me demostraba su amor a cada momento, con cada gesto, con cada mirada, cada vez que hacíamos el amor, y vaya si lo hacíamos, cualquier momento que tuviéramos libre, era un buen momento para darnos placer.
Cristian aprobó el concurso para la residencia con el mejor puntaje, y comenzó su ajetreada vida médica en un hospital público, con las guardias de veinticuatro horas que hacía una o dos veces por semana, entre eso y mis horarios de cursadas y las horas de estudio, nos veíamos mucho menos tiempo, pero aprovechábamos al máximo cada momento en que podíamos estar juntos.
Conocía el vox populi de lo que eran las residencias médicas, esas guardias interminables, en que además de las situaciones médicas, se daban otras circunstancias más íntimas, entre médicos, enfermeras, hasta incluso pacientes o familiares de estos.
Pero no me quería enganchar en esos pensamientos, tenía una confianza ciega en Cristian, aunque las chicas en el grupo ya me lo habían comentado también.
En octubre de ese año, buscando algún trabajo que me diera un poco de experiencia, conseguí uno de mediodía en un estudio contable, siendo estudiante el sueldo no era excelente, pero tampoco estaba mal.
Y claramente nuestros momentos de estar juntos, se acotaron aún más.
Casi qué pasaba más noches en el departamento de Cristian, que en casa con mamá y mi hermana, eran esos los pocos momentos en que podíamos estar juntos.
Pero nuestro noviazgo seguía adelante, y felices estábamos que así fuera.
*
Terminadas las cursadas de ese año, ese primer viernes de diciembre, Cristian me dijo que iríamos a cenar a un restaurante muy coqueto de City Bell.Me arreglé para la ocasión, nada estridente, pero estaba elegante, Cristian, raro en él, me pasó a buscar por casa con un pantalón de vestir, un saco gris y una camisa blanca, pero sin corbata.
Llegamos al restaurante donde ya había hecho una reserva, y al sentarnos, luego de pedir la comida, la amable mesera llegó a nuestra mesa trayendo una botella de champagne en un balde y dos copas. Las sirvió y se retiró.
Cristian alzó su copa y mirándome a los ojos me dijo:
-Brindemos por este amor!
Y mi respuesta fue:
-Por el amor que nos tenemos.
Chocamos las copas, le dimos un sorbo, y un momento después, Cristian se levantó, se acercó a mi lado de la mesa, se arrodilló frente a mí, abriendo una pequeña cajita cuadrada, que dentro tenía un anillo me dijo:
-Violeta Bilardelli, sería el hombre más feliz del mundo, si aceptarás ser mi esposa.
Me explotaron las lágrimas, y entre sollozos le dije:
-Por supuesto mi amor que acepto ser tu esposa, nada me haría más feliz!
Se escuchó el aplauso de todas las personas que presenciaron ese hermoso acto de amor.
Me puse de pie, él lo hizo también, nos abrazamos y nos besamos, con mis lágrimas cayendo aún, y antes de sentarnos, elevamos nuestras copas, en dirección a los comensales que no se habían estado observando.
No podía sentirme más feliz en ese momento, completamente enamorada de mi rulito hermoso.
Fue él quien me colocó el sencillo pero hermoso anillo, cuando no, con una pequeña piedra violeta incrustada.
Y ese 1 de diciembre de 2017, quedaría en mi memoria como un día muy especial.
Continuará…
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