Me Rendí en su Oficina. PARTE 3. FINAL
El mensaje era claro: esperar en la cama, vestida con encaje y atada. No imaginaba que la 'oficina' sería solo el preludio de una noche donde su cuerpo dejaría de pertenecerle a ella. Esta vez, no habría límites.
Lo que empezó como un juego de poder se convirtió en una necesidad.
Ya no me tocaba para castigarme. Me tomaba como si fuera la única manera de mantenerse cuerdo.
Y yo lo dejaba. Porque cada vez que me llenaba, me rompía y me reconstruía.
Pero esa noche… esa noche fue distinta.
Llegué a casa temprano. Él me había dejado un mensaje:
“Póntelo. Espera en la cama. No digas una palabra.”
Sobre la cama había un conjunto de encaje rojo, finísimo, apenas un susurro de tela. También había algo más: una cinta de satén negra y una caja pequeña.
Me vestí. Me até las muñecas con la cinta, como él había enseñado. Y me arrodillé en la cama. Esperando.
Escuché la puerta abrirse. Sus pasos. El clic de su cinturón cayendo al suelo. Pero no venía solo.
—¿Confías en mí? —su voz, ronca, suave, peligrosa.
—Sí.
—No digas nada. Solo siente.
Escuché una segunda respiración. Otro par de pasos. Me tensé.
—Tranquila —susurró—. Hoy quiero verte rendida… completamente.
Una mano distinta me acarició el muslo. Más suave. Más curiosa. Me tembló todo el cuerpo.
—Ella es mía —dijo él—. Pero hoy… te comparto. Solo por esta vez.
La otra figura no habló. Solo se agachó y me besó la entrepierna con una delicadeza reverente. Su lengua empezó a explorarme mientras él me sujetaba desde atrás, acariciándome el cuello, hablándome al oído.
—Mírate… arrodillada… siendo adorada… Te ves tan perfecta así.
Grité. No por miedo. Por el calor que me invadía. Esa boca me estaba llevando al límite. Suave. Persistente. Lenta.
Y entonces él me empujó sobre la cama. Me liberó las muñecas solo para sujetarlas contra el colchón. Me abrió de piernas y se colocó entre ellas, con la otra figura mirándonos desde la sombra.
—Ahora me toca a mí —gruñó, y me penetró de un solo golpe, con fuerza.
Jadeé. Mis piernas temblaron. Él me follaba con furia, mirando al tercero como si le mostrara lo que era suyo.
—¿Quieres tocarla? —preguntó, sin parar de embestirme—. Hazlo. Pero no entres en ella. Eso es mío.
La otra figura, que ahora vi que era un hombre —más joven, más delgado, pero obediente— se acercó y empezó a jugar con mis pezones mientras su lengua recorría mi cuello.
—Dios… —gemí—. Me voy a correr…
—Todavía no —ordenó mi hombre—. No hasta que yo diga.
Me sujetó con fuerza, golpeando mi punto más profundo con cada estocada. Su mano en mi garganta, controlando el ritmo. El otro lamía mi pecho, mi vientre, sus dedos en mi clítoris, jugando con el límite del caos.
—Ahora —susurró él—. Grita. Rómpete para mí.
Y me rompí. Un orgasmo tan fuerte que casi me desmayé. Mi cuerpo se sacudió con una intensidad inhumana. Las piernas me fallaban. Todo se volvió blanco.
Él no se detuvo. Siguió, con los músculos tensos, hasta que se vino dentro de mí, gruñendo, llenándome. Me temblaba el alma.
Nos quedamos así. Los tres. Sudorosos. Jadeando. Con las luces bajas.
Él se sentó en la cama, me atrajo a su regazo y me besó en la frente.
—Quiero proponerte algo más —dijo, mientras acariciaba mi espalda—. Algo permanente.
Lo miré, aún borracha de placer.
Sacó de su bolsillo un pequeño estuche negro. Lo abrió.
No era un anillo.
Era una collarín de cuero fino, con una placa dorada que decía:
“Propiedad de D. G.”
—¿Aceptas pertenecerme por completo? No solo en la oficina. No solo en la cama. Siempre.
Me reí. Sorprendida. Caliente de nuevo.
—¿Y él? —miré al otro hombre, que nos observaba en silencio.
—Es parte de esto —dijo—. Si tú quieres. Si tú decides.
Me puse de rodillas en la cama, desnuda, con el cuerpo aún vibrando.
—Ponme el collar.
Y lo hizo.
Lo abrochó con cuidado. Me besó el cuello justo donde la placa rozaba mi piel.
Esa noche no dormimos. Me follaron entre los dos, una y otra vez. Mi nombre en sus bocas. Sus cuerpos contra el mío. Mi placer como único lenguaje.
Ya no era la chica que decía "a mí no me pasa".
Ahora soy la mujer que se entregó del todo... y fue adorada por ello.
Espero que os esten gustando mis relatos, para quien desee tengo Patreon y también podemos conversar por mail e intercambiar ideas. Besitos.
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