Mi primera vez con un Amo (1)
Luis siempre soñó con una Ama, pero el destino le envió a un Amo que no entiende de rodeos. Entre ataduras, látigos y órdenes inquebrantables, descubrirá que la sumisión total no tiene género, solo obediencia.
Antes que nada me presentaré. Me llamo Luis, cincuenta y cinco años, divorciado y siempre me he considerado heterosexual y sumiso.
Si. Embargo lo que voy a contar me sucedió hace bastantes años. Yo andaba siempre buscando una Ama, madura, con experiencia y con deseos de tener en propiedad un sumiso a su servicio completo. Realmente lo más que encontraba era un poco de charla, un calentón y poco más. Aquel día me llamó la atención un Amo por ser de mi misma ciudad aunque nunca imaginé que pudiera atraerme ya que como he dicho me considero heterosexual aunque bien es verdad que como sumiso de un Ama si ella me lo ordena podría llegar a ser bisexual, pero si es Ama.
Bien, le envié una petición y tras un rato me respondió. Nos presentamos diciéndome que era Amo bisexual, que se llamaba Jaime, que tenía sesenta años y que en la dominación no entendía de sexo. Al menos podría hablar con alguien afín. Sin embargo él no era de rodeos. Nada más iniciar la conversación me dejó muy claro lo que buscaba….
Antes que nada te diré que no busco conversaciones estéril ni tampoco nada online. Quiero encontrar un sumiso real, con o sin experiencia, para encuentros y sesiones para conocernos y si tenemos filling llegar a convivir como Amo y sumiso. Tengo lugar de encuentros. ¿Qué opinas, te atrae la idea?
En principio sí, mucho. Si me lo permite me gustaría saber de sus gustos y deseos.
Pues mis gustos son los propios de un Amo dominante. Obediencia, respeto, saber estar, privacidad en cuanto al tipo de relación, servicio, atento y poco más.
Y ¿en cuanto a sus deseos para con su sumiso?
Soy una persona abierta y dispuesto a probar y sentir todo tipo de prácticas. No tengo límites y exijo que mi sumiso no los tenga tampoco para conmigo.
Realmente no tiene ningún tipo de límite.
No, ninguno. ¿Tú lo tienes?
En principio no, aunque hay determinadas prácticas que no son de mi agrado cómo son el uso de agujas y la copro.
Bueno creo que todo es avanzar y hacer que dejen de serlo. Para mí un sumiso ha de estar dispuesto a satisfacer y complacer a su Amo y yo como Amo a hacer de mi sumiso que supere cualquier tipo de límite con tal de agradar a su Amo.
Estoy de acuerdo con Usted.
Pues me gustaría que nos conociéramos en persona. ¿Cuando podrías?
Cuando Usted disponga.
Pues mañana te invito a almorzar en mi casa y conocernos mejor. Te mando la ubicación y sobre las dos de la tarde te espero.
Allí estaré. Gracias.
Tras la conversación los nervios y la incertidumbre se apoderaron de mí. Era algo muy deseado pero ahora que estaba a mi alcance, no me atrevía a dar ese paso pues siempre había deseado encontrar una Ama. El resto del día lo pasé pensando en cómo vestirme, en cómo sería el encuentro, etc. Acababa de recibir la ubicación de su casa y por lo que adiviné se trataba de un residencial de chalets a las afueras de la ciudad. No tardaría más de media hora en llegar.
Eran las doce de la mañana y me dispuse a vestirme para el encuentro. Sobre la una subí al coche y me dirigí a su casa.
Hola, soy Luis.
Pasa, encantado, yo Jaime. ¿Qué quieres tomar?
Lo que Usted disponga.
Me gusta tu disposición. Yo tomaré un vino blanco fresquito, te serviré uno a ti.
Nos sentamos en el salón uno frente al otro. Se encendió un cigarrillo y me ofreció otro.
¿Qué impresión te he causado, Luis?
Pues…. buena…. la verdad.
A mi me has gustado bastante. Brindemos.
Tras el vino fuimos a la mesa. Curiosamente solo había un cubierto en la mesa. No dije nada pero él se dio cuenta de mi asombro.
No pretenderías comer conmigo en la misma mesa. Quiero que desde el primer momento se dejen las cosas claras. ¿Estarás de acuerdo, no?.
Por supuesto, Señor.
Me gusta que sin decirte nada te dirijas a mí de esa forma. Dice mucho de ti.
Se sentó a la mesa y me mandó servirle el almuerzo. Yo permanecí de pie a su lado por si necesitaba algo.
Enciéndeme un cigarro, me gusta fumarme uno después de almorzar. Supongo que tendrás hambre. Aquí tienes mi plato con las sobras para que comas.
Le encendí su cigarro y mientras fumaba tome el plato y comí sus sobras. Algunas de ellas estaban intactas pero otras estaban escupidas de su boca.
¿Te gusta?
Mucho mi Señor, gracias.
Ahora voy a sentarme en el sofá mientras tú retiras la mesa, friegas y cuando termines te quiero a mis pies.
Así lo haré mi Señor.
No me lo podía creer, acabábamos de conocernos y ya le estaba sirviendo como sumiso. Al terminar fui a donde estaba y me arrodillé en el suelo junto a él.
Me gustas. ¿Como te sientes?
Bien, de verdad.
¿Por qué no te desnudas? me gustaría contemplarte así.
Sin rechistar aunque algo de vergüenza me levanté y me desnude frente a él. No sabía si mostrarme ante él sin tapar mis genitales o hacerlo.
Tienes buen cuerpo, acércate.
Al acercarme su mano atrapó mis huevos apretándolos y retorciéndolos. Aunque era doloroso procuré mirarle a la cara y sonriendo darle las gracias.
Gracias mi Señor, me hace sentir bien.
Ahora estiró su mano con ellos sujetos y me acercó más a él.
Serás mío por entero, Luis.
Mi polla presentaba una fuerte erección y al mirarle vi que también él estaba muy excitado. Su mano dejó de retorcérmelos y yo me arrodillé. Comprobé el bulto de su polla que ansiosa quería escapar de su pantalón.
¿Me permite mi Señor?
No me contestó mientras mis manos desabrocharon el cinturón, bajé la cremallera y le despojé de ellos. Solo su slip impedía que aflorara su polla.
Me gusta mucho, mi Señor.
Tire de ambos lados de su slip hasta dejarlo caer al suelo. Acerqué mi cara y le di unos besos a la punta de su polla para después sentir como se posaban sus manos sobre mi cabeza acercándola de tal modo que hube de abrir mi boca para que penetrara en ella. Tenía un considerable tamaño y su grosor llenaba por completo mi boca.
Quiero ver cómo me satisfaces, Luis.
Con mi lengua recorrí su tronco, la lamí dejándola llena de mi saliva que después chupé y probé su sabor. Sus manos me indicaron lo que deseaba. Me acercaban y me separaban de él con fuerza haciendo que su polla se deslizara una y otra vez por mi boca. Sentí como aumentaba su dureza y su grosor. Por la comisura de mi boca estaban hilos de saliva y de flujo que intentaba chupar y tragar. Así estaba cuando noté como su cuerpo se tensaba y sus manos me aprisionaban contra el. Unos chorros calientes de lefa llenaron mi boca.
Lo haces muy bien. ¿Te lo has tragado todo?
Solo abrí mi boca para mostrarle que aún estaba llena de su lefa blanquecina.
Quiero que te lo tragues todo.
Obedeciéndole lo trague todo saboreando su sabor. Me quedé mirándole como aún se reponía de su orgasmo. Me eché sobre sus piernas dejando que su polla rozará mi cara. La bese y pase mi lengua por ella muy despacio recogiendo los restos de su corrida.
Me encanta lo servicial que eres. En aquí a mi lado.
Al sentarme junto a él me rodeo con uno de sus brazos y me beso introduciendo su lengua en mi boca cuyo sabor provocó que me excitara.
Veo que te ha gustado a ti también.
Ahora una de sus manos atrapó mi polla comenzando una masturbacion frenética que hizo que me corriera enseguida. Toda mi corrida cayó en su mano que había colocado junto a mi polla.
Ahora te lo vas a tomar.
Acercó su mano a mi boca e inclinándola depositó en ella mi corrida que tragué para después lamer su mano con mi lengua.
Poco a poco te acostumbrarás a todo lo que yo te ordene. Te lo aseguro, mi sumiso. Ahora voy a descansar un rato y mientras te quedas ahí como un perro fiel ante su Amo.
Si mi Señor.
Permanecí a su lado en el suelo. Lo miraba y no sabía salir de mi asombro, yo era heterosexual y nunca deseé ser sumiso de un amo y ahora lo estaba siendo. Mientras dormía su polla se volvía gruesa y tiesa. Me daban ganas de cogerla y chuparla hasta el final. No me atrevía a hacerlo. Esperé a que se despertara.
Acércate, tengo que orinar.
El se giró hacia mi lado dejando su polla como un mástil hacia mi. Mi boca se abrió y rodeándola con mis labios la engullí por completo. Le di una chupada a su polla pero…..
No hagas nada que si no me cortas el pipí.
Deje su polla que se alojara en mi boca y espere hasta sentir unas gotas caer sobre mi lengua. Calientes y muy sabrosas dieron paso a un chorro intenso y abundante que llenó mi boca hasta hacer que tuviera que empezar a tragarla para no desperdiciar ni una sola gota.
Muy bien. Me gustas. ¿Te ha sabido bien?
Si, mi señor.
Si decides ser mío lo tendrás todo de mi. Enciéndeme un cigarro.
Seguí allí en el suelo, a sus pies, mirándolo como exhalaba el humo de su boca.
¿L quieres?
Por favor mi Señor.
Bien abre tu boca.
Le dio una calada a su cigarro echando el humo en mi boca. Lo tragué sin más.
Veo que tienes muchas posibilidades como sumiso y eso me hace desearte.
Gracias mi Señor.
No sé si era realmente consciente de la situación en la que me estaba introduciendo de lleno. Era más mi deseo de sumisión que el diferenciar entre Amo y Ama.
¿Te ha gustado?
Mucho mi señor. El sentirme suyo es algo que siempre he deseado y me hace sentirme yo mismo.
Bien. Ahora quiero que me limpies. Hazlo muy suave, sin chupármela, solo lamerme con tu lengua.
La volví a coger con mi mano y acerqué mis labios a ella para con mi lengua ir dándole lengüetazos suaves.
Basta, ya está. Sírveme un wisky con hielo.
Me levanté y se lo serví, quedando a sus pies y mirando como lo tomaba.
¿Eres virgen analmente?
Si mi Señor.
Pues has de saber que vas a dejar de serlo muy pronto. Me encanta ser yo quien te lo va a abrir.
Me tiene a su disposición, mi Señor.
Esta bien, ahora me terminaré este wisky. Mientras quiero que te pongas sobre el sillón y me esperes.
Me coloqué echado sobre el sillón y con mis manos separé mis glúteos a la espera que mi Señor me penetrara.
Muy bien. Voy a ponerte esta crema para que te ayude a dilatar.
Con sus dedos fue untando mi orificio anal con una crema fría e introduciéndola en mi ano. Tras un rato sus manos se posaron sobre mis caderas colocando la punta de su polla sobre mi orificio anal. Comenzó a presionar muy despacio haciendo que se fuera dilatando. Sentía el frescor de la crema como iba penetrándome a la vez que la punta de su polla se abría paso y me penetraba. Realmente fue muy considerado conmigo.
Ahora vas a sentir un pequeño dolor al penetrarte. No quiero escuchar ni un solo quejido. ¿Entendido?
Si mi señor.
Sentí como sus manos apresaban con más fuerza mis caderas a la vez que su polla, gruesa y grande se abría paso hasta llenarme. Ya dentro de mí comenzó a extraerla muy despacio, mi culo comenzó a tener contracciones para recibirla de nuevo en mi interior.
¿Qué tal estás?, ¿cómo te sientes?
Muy bien mi Señor, por favor siga y disfrute de mi.
Al decirle eso noté un fuerte empujón que hizo que su polla me penetrara de forma brusca.
Siiiiii…. Mi Señor, gracias.
Ahora las penetraciones fueron en aumento y muy seguidas, mi culo se fue adaptando cada vez más a su polla.
Estoy a punto de correrme.
Si mi Señor, deseo sentir su corrida caliente dentro de mi.
Varios chorros de leche caliente golpearon las paredes de mi ano. Sacó su polla y se echó sobre el sillón.
Enciéndeme un cigarro. Ha sido fantástico. Creo que vas a ser mío de por vida.
Gracias mi Señor.
Mi culo latía por las contracciones. Lo sentía totalmente abierto. Me fui hacia él y me senté en el suelo. Mirarlo me excitaba a la vez que me hacía pensar en mi condición de sumiso para él. Daba caladas a su cigarro a la vez que llenaba mi boca con su humo. Era un humo caliente con sabor a él. Mi polla reaccionó teniendo una erección que no pude disimular.
Veo que te excita saberte follado por mi, a pesar de tu condición de heterosexual. Te has portado muy bien y creo te mereces un regalo. Llamaré a una amiga mía. ¿Qué te parece?
Gracias mi Señor.
Tomo el teléfono y le llamo para quedar viniera a su casa ahora. Me gustó el regalo por ser una mujer la que vendría y ofrecer mi condición de sumiso a ella. Cuando llegó me quedé maravillado. Se trataba de una mujer gruesa, entrada en años, unos sesenta, muy bien maquillada y vestida con ropa negra de cuero y unas botas altas de tacón fino.
Hola Jaime, ¿este es el sumiso por el que me has llamado?
Si, ¿qué te parece?
Pues a simple vista me gusta.
¿Quieres un cigarro?
Si, dame uno mientras lo preparo.
Mi Señor me llevó a una habitación desconocida aún para mi. Se trataba de una habitación donde había todo tipo de látigos, fustas, palas, una cruz de san Andrés, pinzas, etc. Entramos en ella, cerró la puerta y mi Señor se sentó en uno de los sillones mientras ella me llevó directamente a la cruz atándome e inmovilizándome de pies y brazos.
Espero que no se queje.
No te preocupes, es muy dócil. ¿Verdad, Luis?
Si mi Señor.
Tomo unas pinzas dentadas que coloco en mis pezones para colocar otras en mis testículos de las que colgó varios pesos haciendo que se estiraran. El dolor era grande pero no quería defraudar a mi Señor. Ella tomó un látigo trenzado y haciéndolo silbar en el aire comenzó a azotar mi cuerpo de una forma brutal haciendo desprender las pinzas de mis pezones para después azotar mis genitales.
Esto es lo que deseabas, ¿no?
No podía contestar dado el dolor tan fuerte que el látigo provocaba en mi cuerpo.
Qué encanto de sumiso. Me encanta liberar mi vena sádica de esta manera.
Pasado un buen rato mi cuerpo estaba estirado en la cruz no cayendo al suelo por estar atado a ella. Se sentó junto a mi Señor y se besaron muy acaloradamente.
Voy a soltarle.
Se acercó a la cruz y comenzó por soltar las ataduras de mis pies para después hacerlo con mis brazos. Yo caí al suelo todo marcado y dolorido.
Ven y colócate tras de mí.
Ella se había colocado sobre el sillón de espaldas y a cuatro patas. Mi Señor me tomó del pelo acercando mi cara a su culo.
No quiero que te separes ni un centímetro. Lo tomarás todo.
Pegada mi cara a su culo sentí como se iniciaban unas contracciones que hicieron salir unos peos muy sonoros y olorosos.
Huélelos bien y trágate todo lo que te dé.
Mi nariz se llenó de ese olorosos a mierda que dejaba escapar su culo. Mi boca estaba abierta para recibir las bocanadas de aire apestoso de el. Así estuve un buen rato hasta que un manotazo de ella en mi cara me ordenó separarme. Se sentó junto a mí Señor fumándose un cigarrillo.
Uffffff, que cantidad de gases tenía.
¿Ahora te encuentras mejor?
Si mucho mejor.
Y, ¿tú?
Les miré y solo pude darles las gracias a los dos.
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