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Ecos del pasado (IV) - De cena

La cena prometía ser una noche más, pero bajo la mesa, el juego de Pablo estaba a punto de comenzar. Beth sabía que esta vez no podría esconderse, y el chocolate era solo el preludio de un placer que la dejaría sin aliento frente a todas.

Beth Sinclair3K vistas

Capítulo IV - De cena

Esta noche ponte guapa que vamos a ir de cena al Lombardi. Nos invitan. ¿Te acuerdas de Paula y Sebas? Pues les ha tocado un pellizco a la primitiva y han reservado mesa. Creo que también estarán Natalia y Nico - Dijo Pablo después de besarme según me sentaba en el coche. Como todos los viernes, había venido a buscarme al instituto donde estudiaba diseño digital.

A ellos no les ponía cara. Pero a las chicas las conocía de sobra. Eran dos de las ex de Pablo. Tenía muchas y todas eran guapísimas. Estaba segura de que lo que hacía Pablo conmigo lo había intentado con ellas, y pensaba para mi que si no seguían con él era porque no estaban a la altura, o no eran tan buenas como yo dándole placer. Llevábamos cuatro meses juntos, y la verdad es que no me apetecía nada, pero no podía negarme.

Ponte una falda cortita y no lleves ropa interior - me susurro al oído

Yo asentí, no pregunte más. Estaba segura que esta noche me iba a ser diferente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo pensando que tal vez esta noche podría ser el momento. Hacía semanas que le había pedido que lo hiciéramos por detrás. Cada vez que me sodomizaba con sus dedos, mi cuerpo se estremecía y mis orgasmos se hacían más intensos. Con la mejor de mis sonrisas le miré y dije.

¡Perfecto!. Me voy a poner divina. Llévame a casa y dame un par de horas. Luego vienes a buscarme. - Y añadí con voz melosa - Pero el resto del fin de semana tengo que sacar tiempo para acabar el trabajo de comunicación visual. Lo tengo que entregar el martes.

De acuerdo Beth, Esta noche eres toda mía, y el resto del finde te compartiré con ese dichoso trabajo. Prometo no ponerme celoso. - Nos miramos y nos reímos. Nos besamos y arrancó el coche.

Durante el trayecto, le fui contando toda mi semana. No nos habíamos visto desde el domingo, y tenía tanto que decirle. Otros viernes, la urgencia por hacer el amor nos poseía y me llevaba directamente a su casa. El primer polvo siempre era violento, intenso y pasional. Algunas veces íbamos a un aparcamiento en la ladera frente al mar. Allí reclinaba el asiento y le hacía una felación hasta que se corría entre mis labios a la vez que gemía acariciando mi pelo rizado; luego en el asiento de atrás me hacia gritar de placer mientras cabalgaba sobre su sexo y con las yemas de los dedos pellizcaba mis pezones.

Pero hoy no había tiempo. Tenía que ser la más guapa del restaurante y dejar con la boca abierta esas zorras. En mi casa tenía ropa de mi madre, de tiempos mejores. Aunque no teníamos dinero, ella se negó a venderla. Algunas veces la veía probársela a escondidas y estaba espectacular. Siempre he pensado que era muy guapa y, aún lo es. De hecho había sido modelo cuando era joven, pero cometió el error de casarse con mi padre. A ella le debo mis ojos verdes y mi figura esbelta. Es morena y con el pelo liso, y yo en cambio tengo el pelo castaño claro y rizado, heredado de mi padre, junto con esos labios carnosos que tanto me avergonzaron de pequeña y que ahora le vuelven loco a Pablo, al menos alguien sabe apreciarlos.

Tenía que estar irresistible. Después de ducharme, maquillarme y ponerme guapa, me probé un top rojo ajustado, con los hombros desnudos y bastante sugerente, que sin sujetador marcaba con rotundidad mis pezones. Luego busqué un conjunto de minifalda y cazadora de cuero a juego de mi madre, negro en estilo post punk me la puse y me vi guapa frente al espejo. Me enfunde en las piernas unas medias en tonos rojizos a juego con el top. Me quité la braguita y la metí en el bolso a juego, también de mi madre. Luego me calcé mis botas negras de plataforma. Pablo mide cerca de 1.90, y yo poco más de 1.60, nunca me han gustado los zapatos de tacón y quería que me vieran como soy, con mis dilataciones con unos pendientes en forma de cruz, mi melena castaña con mechas rubias enmarcando mi cara, la mariposa rosa y amarilla en mi espalda y mis botas. Muy diferente de la imagen de pijas que tenían sus ex. Ya estaba lista para vivir la noche con mi chico y ser la envidia de todos al ver lo felices que somos. Pablo solo tendría ojos para mí.

Y así fue. Vi la expresión de su cara cuando me recogió en la puerta. No dijo nada. Se había quedado sin habla. Me senté mientras no dejaba de mirarme, notaba como me devoraba con sus ojos. Me ruborice un poco y dije:

A lo mejor me he pasado un poco…

Estas preciosa. No puede haber ninguna mujer más guapa que tú en kilómetros a la redonda. Eres perfecta Beth. Te van a comer con los ojos, y todos sabrán que eres mía, solo mía. - Y lanzó un suspiro al aire.

Abrí el bolso y le mostré mis braguitas. El sonrió y yo me sonroje aun más. Era la primera vez que salía a la calle sin ropa interior. Puso su mano en mi muslo, sobre las medias y lentamente subió por él hasta rozar mi entrepierna. Sonrió y arrancó el coche.

Va a ser una noche increíble Beth. Te aseguro que no la vas a olvidar.

Y tenía razón. El restaurante estaba en la azotea del hotel Miramar. En el piso veintitantos. Subimos en uno de los ascensores exteriores acristalados. Pablo dejó que pasaran otras personas delante de nosotros, hasta que por fin estuvimos solos en la cabina. Entonces a mitad de trayecto pulso el botón de stop y el ascensor se paró. Las vistas eran magnificas, pero Pablo no había parado por ese motivo.

Me has puesto a cien Beth. Estoy empalmado desde que te has subido al coche. Necesito descargarme en tu boca. Venga date prisa, antes de que se den cuenta de que el ascensor está parado. - Se desabrochó el pantalón y se saco su pene totalmente erecto, húmedo y brillante. No mentía.

Suspiré profundamente mientras notaba como mis pezones se marcaban en el top, Me arrodille con cuidado sobre la moqueta, y comencé a lamer su sexo. Pablo tenia los ojos cerrados. Le cogí de las manos, entrelazamos los dedos y creo que le hice la mejor felación de su vida. Él se mantuvo pasivo, era yo la que tenía que interpretar sus gestos y sensaciones. Sus dedos presionando los míos, sus gemidos ahogados, y sobre todo la textura de su pene llenado mi paladar. Puse en práctica todos mis conocimientos, sentí como se estremecía cada vez me tragaba toda su verga y la masturbaba contra las paredes de mi garganta, manteniéndola unos segundos totalmente dentro de mi.. Había aprendido a respirar acompasadamente con el ritmo de su glande. Solo fue cuestión de unos minutos de caricias orales y su pene empezó a palpitar derramándose. La mejor forma de evitar atragantarse era que eyaculara en lo mas profundo de la garganta, vertiendo su viscoso líquido directamente en mi esófago.

Su corrida era muy abundante, más de lo que yo pensaba y a punto estuve de acabar expulsando su semen por mi nariz. Tuve que reprimir un algún espasmo provocado por la asfixia y ahogar un par de toses mientras me tragaba toda su leche. Finalmente succione y vacíe sus fluidos sobre mi paladar, dejando en mi boca ese sabor que tanto conocía y que me acompañó toda la velada. Guarde su sexo flácido dentro de los calzoncillos y le subí la cremallera de la bragueta mientras Pablo acariciaba mi pelo. Luego me ayudó a incorporarme. Me recompuse frente al espejo. Mis labios estaban brillantes, mis ojos verdes vidriosos y mis pechos sugerentes, pero el resto era perfecto. Pablo acercó sus labios a mi oído y mientras pulsaba el botón del piso del restaurante me dijo:

Muchas gracias Beth. Eres increíble. - dijo suspirando - Te aseguro que va a ser una cena que no olvidarás.

Me puse de puntillas para darle un beso, mientras el apretaba la piel de mis desnudas nalgas bajo la minifalda. Sus palabras me dejaron intranquila y me excitaron aún más. Notaba mi sexo húmedo y cálido. Sin duda iba a ser una cena muy especial.

Cuando entramos en el restaurante ellos nos estaban esperando en la barra. Pablo me presentó a todos y yo procuré mostrarme encantadora. La verdad es que ellas eran guapísimas, aunque su estilo estaba totalmente opuesto al mío. Paula con su melena pelirroja, unos ojazos azules y un vestido vaporoso con escote de vértigo no pasaba desapercibida. Natalia era delicada, sensual y misteriosa, el pelo corto le daba un aire travieso con unos ojos grises que acentuaban su encanto y te atrapaban en su halo. Con su corpiño de colores y unos shorts blancos ajustados estaba impresionante. Los chicos al lado de mi Pablo eran poca cosa, pero sin duda ellas eran divinas.

Me entró cierta intranquilidad, yo no era tan guapa como ellas, o eso pensaba, y me pregunté porqué Pablo me había escogido a mi. Pero no le di muchas vueltas porque enseguida todos se deshicieron en halagos hacia mi y mi look rebelde. Sin duda era la protagonista Nos sentamos en una mesa céntrica. Tenía a Sebas a la derecha y a Nico a mi izquierda. Frente a mí, estaba Pablo con una ex a cada lado que me miraban de arriba abajo, mientras yo mostraba la mejor de mis sonrisas.

La cena fue muy amena, empecé a pensar que tal vez estaba demasiado a la defensiva. Yo era la más joven y no tenía experiencia en este tipo de eventos, lo mío nunca ha sido socializar. Pero lo intenté y así descubrí que todos estaban trabajando y les iba muy bien. Ellas se conocían de la universidad de informática, y ahora eran freelance porque decían que se ganaba más dinero de ese modo. A mi me interesaba su experiencia, porque yo también trabajaba así, y ver que les iba muy bien me animaba. Ellos eran compañeros de Pablo en la asesoría. Al igual que Pablo hacía conmigo, también las llevaban las cuentas y los impuestos. Poco a poco fui relajándome, realmente se mostraban encantadores y prestaban atención a todo los que le contaba. Parecía gustarles oír mis anécdotas del instituto, pensé que era porque les recordaba su etapa en la universidad. Cuando Pablo les comentó que era muy buena estudiante y que mi intención era hacer un master después de terminar el grado, todos me animaron y les pareció una buena decisión porque había mucha demanda de trabajo. La verdad que su opinión me dio una seguridad que me faltaba para decidirme

Estaba siendo una velada perfecta. Yo no sospechaba que era como una mariposa atrapada en la tela de araña de la cual no es capaz de escapar. Casi sin darnos cuenta llegamos a los postres. Pablo me pidió un coulant de chocolate, que sirvieron sobre un lecho de nata. Él sabía que el chocolate me vuelve loca.

¿Sabes que el chocolate estimula la libido? - Dijo Natalia mostrando una pícara sonrisa - Seguro que Pablo te lo ha pedido por eso.

Yo hice una mueca de complicidad y hundí la cuchara en el chocolate. Entonces sentí el pie de Pablo acariciando mis muslos y avanzando hacia mi intimidad desnuda. Me quedé paralizada. Le miré, y en su rostro percibí que un nuevo juego había empezado. Inspire para tratar de relajarme y pensar. Bebí un trago de la copa de vino, y decidí que si realmente quería estar con Pablo tenía que aceptar su forma de jugar. Él me había sumergido en un mundo de placer que ni imaginaba que existiera, y presentía que solo era el principio.

Separé las piernas para facilitar su avance, y una sonrisa iluminó su cara.

A Beth la vuelve loca el chocolate, es su tentación prohibida. En el ascensor ya le dije que tenía una sorpresa para ella - y mirándome a mi me susurro - Seguro que el postre te va a encantar. El secreto está en dejar que el deseo fluya y disfrutar del momento. - Su pie estaba acariciando mis labios vaginales y su dedo se abría suavemente paso abría paso entre ellos.

Notaba la excitación, mi sexo húmedo y mis pezones duros resaltando rotundamente contra la tela. Probé un poco del postre tratando de apagar el fuego que me estaba empezando a consumir. Su dedo alcanzó mi clítoris, y no pude evitar un leve suspiro, que traté de disimular paladeando el chocolate en mi boca. Una caricia más intensa en mi entrepierna me hizo atragantarme, pero él seguía su perverso ritual con increíble maestría. Estiré mi mano para coger de nuevo la copa y dar un trago de vino, que sorbí muy despacio rogando que el postre dejará de obstruir mi garganta.

¿Un poco más de vino, Beth? - preguntó Sebas. - Yo asentí, y él llenó mi copa.

Continué bebiendo lentamente, a la vez que mi excitación crecía rápidamente. Mi cuerpo comenzó a temblar ligeramente, y los signos del incipiente orgasmo empezaban a ser visibles. Pablo no cejaba en recorrer profundamente mi vagina deteniendo su dedo en mi clítoris que sentía totalmente húmedo e hinchado.

Es lo que tiene el chocolate, es tan excitante saborearlo que a veces el cuerpo te traiciona. Tranquila, sabemos por lo que estás pasando - dijo Natalia sonriendo.

Oía sus voces y risas lejanas. Solo podía concentrarse en evitar que mi cuerpo me traicionara.

Pues parece que Pablo tiene razón y el chocolate te pone a cien - señaló Paula mientras no me quitaba los ojos de encima y se posaban sobre mis endurecidos pechos.

Seguía con las copa en mis labios, haciendo como que bebía. La maestría de Pablo me llevaba al borde del orgasmo. Saber qué era el centro de atención me excitaba y me cohibía a la vez. No podría aguantar mucho más. Deje la copa sobre el mantel y con las manos aferre los bordes de la mesa, cerré los ojos y mi cuerpo comenzó a temblar ligeramente al ritmo de sus hábiles caricias. No era tonta, estaba segura de que todos en la mesa estaban esperando este momento.

¿Estás bien Beth? ¿Te pasa algo? - Llegaban sus voces a mis oídos lejanas, mientras un escalofrío que nacía en mi interior me recorría y me obligaba a suspirar

Eché mi cabeza ligeramente hacia atrás y abrí los ojos para clavar mis pupilas en las de Pablo. sabía que le gustaba observar mis ojos verdes mientras me corría y esta vez no iba a ser diferente. Quería que él sintiera la humillación que estaba sufriendo. Pero mis pupilas también mostraban el fuego del placer que ardía en mi interior. En su mirada noté que estaba disfrutando.

Supuse que todos estaban pendientes de mi, ya nadie hablaba en la mesa. Solo se oían mis suspiros y jadeos. Tragué saliva, que tenía un sabor al chocolate y al semen de Pablo y me corrí, clavé las uñas en la madera y de mis labios salió un gemido ahogado. Pablo continuo unos instantes más presionando mi sexo, obligándome a contener mis deseos de gemir y disimularlos con jadeos y suspiros. Al fin retiró el pie de mi entrepierna lentamente. Yo seguía mirándole, y espontáneamente le lancé un beso con mis labios, Respire profundamente para recuperar la compostura y dije con voz inocente

Pues la verdad es que este chocolate es increíble. Y solo le he dado un mordisco. Yo no quiero más, estoy más que satisfecha. - Y añadí pícaramente. No quería que pensaran que era idiota - ¿A lo mejor alguna quiere probarlo? Os aseguro que es una experiencia super excitante. ¿O tal vez algún chico se atreva? Creo que debajo de la mesa hay sitio de sobra para arrodillarse. - Me levanté enérgicamente y concluí - Si me permitís, tengo que ir al baño..

Me levanté, me recompuse la falda y el top, y crucé el restaurante. Era el centro de todas las miradas. Estaba segura que mas de uno soñaría conmigo esta noche mientras echaba a su mujer el consabido polvo de los viernes. Estaba muy excitada, las caricias de Pablo me habían despertado mi lujuria y necesitaba relajarme o masturbarme. Entre en el servicio, gracias a Dios estaba vacío. No había hecho mas que girar el grifo para refrescarme, cuando oí como se abría la puerta a mis espaldas y echaba el cerrojo. No tenia el valor para girarme. Sentí unas manos fuertes en la cintura, levanté la vista y en el espejo vi a Pablo. Me giró y me levanto como una muñequita para sentarme sobre la encimera de los lavabos. Se desabrochó los pantalones y antes de que pudiera decir nada me penetró salvajemente mientras me besaba y yo me abrazaba a él. Lágrimas de rabia y placer surcaban mi rostro.

Lo siento Beth. Solo es un juego..- Me susurro mientras sus brazos me apretaban contra su cuerpo y yo me estremecía y gemía sin reparos.

Le rodeé con mis piernas y me diluí en sus labios, flotando en un mar de sensaciones que era incapaz de asimilar. El ritmo de sus embestidas se fue relajando y me hizo el amor lentamente mientras estábamos abrazados. Me corrí, le deseaba, me llevaba al límite, jugaba conmigo, pero yo no quería ser su juguete, al menos no como él de esta noche.

Pablo, no me vuelvas a hacer nada parecido. Yo no soy ninguna puta, ni el mono de feria de tus ex. Te quiero, pero no te puedo seguir por este camino - Y lloré con mi mejilla apoyada sobre su hombro y con su sexo acabando de vaciarse en mi intimidad.

Tenía miedo de que fuera nuestro último encuentro y no me atrevía a soltarle. Temblaba esperando su reacción, solo de pensar que me apartase de su lado me encogía el corazón. Pensé que a lo mejor debería de haberme callado.

Mírame Beth - dijo con voz dulce- No eres ninguna puta. mi pequeña mariposa

.

Le miré a la cara y acarició mis mejillas enjuagando mis lágrimas con sus dedos. Antes de que pudiera decir nada, puso su pulgar sobre mis labios y continuó:

Eres mi Beth, mi todo. Pero necesitas entender que conmigo, las cosas son diferentes. Te doy placer, te doy vida y tu llenas el vacío que me falta, siempre dispuesta a seguirme. Ninguna de ellas lo ha hecho, tú eres especial. Por cierto, ¿como sabías que eran mis exnovias?

Suspiré y tragué saliva. ¿Cómo explicarle que llevaba años pendiente de su vida?¿Que cuando el ni sabía que yo existía, ya conocía sus movimientos, por donde andaba, y a las chicas que se llevaba a su casa?. Cómo decirle qué pasaba noches imaginando que yo era una de ellas. Cómo contarle que… le amaba tanto que me dolía solo pensar que me pudiera dejar. Suspire y lentamente le dije:

Pablo te amo desde hace tanto tiempo que no puedo apartarte de mi mente. Puedes pensar que estoy loca, pero cuando para ti solo era una niña, yo ya te amaba. Te seguía a escondidas y pasaba horas junto a tu casa. Cada chica que entraba en ella era más guapa que la anterior, y yo solo era una mocosa enamorada. Y….

No pude seguir hablando, me beso y yo me estremecí entre sus brazos. Estuvimos así un buen rato. Hasta que me levantó en vuelo y me ayudó a bajar de la encimera. Entonces sin que hiciera ni siquiera el menor gesto, me arrodillé y me introduje su pene en mi boca para succionarlo hasta la última gota, mientras. como siempre, le miraba y él acariciaba mi mejilla.