Noche en el calabozo
Isabel creía que su uniforme la protegía de todo, hasta que una detenida le ordenó ponerse de rodillas. Lo que comenzó como un interrogatorio se convirtió en una lección de obediencia que dejó a la detective temblando, mojada y lista para obedecer cualquier orden.
Lo cierto era que Rodolfo viendo el número de chicas que iban dentro del coche llamó a otra unidad, acercándose y posicionándose detrás de su coche. Mientras tanto, su compañera María estaba pidiendo la documentación y los papeles del coche.
En pocos minutos, ordenó que saliesen del coche para su registro y para ver si estaban bebidas o habían tomado algún tipo de droga.
–Salid del coche y poneros delante del coche apoyando las manos en él. –ordenó María.
–Y las manos las quiero a la vista, y espero no encontrarme con ningún arma. –dijo María.
Todas salieron del coche para ponerse apoyando sus manos en el coche, aunque se tambaleaban y se notaba que iban bebidas y quizás, drogadas. La preocupación era por la conductora, la cual, iba desnuda, mostrando su culo y sus pechos al aire.
Desprendía un mal olor, de pis, de fluidos vaginales y de semen. Era algo, que la gente sospechaba. Fue procediendo a registrarlas, sin descubrir ninguna pistola o cuchillo, mientras las cacheaba.
–Bueno, chicas, parece que vais bebidas todas menos tú. –dijo María.
–El problema es que no vas vestida, sino que estás desnuda. –dijo María.
–Voy hacerlos el test de alcohol y de drogas. –dijo María, mientras le decía a Marta, que se vistiese.
Marta se puso su vestido y sus zapatos, para estar al lado de sus compañeras. A todas les hicieron soplar por un aparato y les hicieron la prueba de drogas, saliendo negativa en ellas.
De todas maneras, se repartieron a las chicas y se las llevaron para la comisaría porque querían saber el motivo de ir desnuda en el coche y con esas cosas puestas.
Se preguntaban si era una broma pesada de algún colegio mayor femenino o era algo más serio, por lo que, se subieron a los coches y se marcharon. En uno de los coches iban algo apretadas, por lo que, se repartieron en los coches.
Marta iba con Susana en el coche de la agente de policía llamada María, y Laura, Begoña y Clara iban en el coche de Rodolfo. Era algo extraño, porque no se habían encontrado nunca un caso similar.
Una chica desnuda al volante, con collar en el cuello con pulseras y anillas. Parecía sacada de una revista gótica sadomasoquista o algo similar. Sin embargo, las demás iban hasta arriba de alcohol en sangre.
Llegaron a comisaría y fueron fichadas todas y metidas en varias celdas. Lo hacían de esa manera para que se les pasara la mona. Pero, antes de ello, iban pasando a una sala en donde había una mesa.
Se usaban para los interrogatorios, pero esa noche iban a servir para descubrir el motivo de esas conductas. Al principio, los agentes pensaron que era una broma pesada de unas alumnas de un colegio mayor femenino, pero estaba fuera de lo que era en realidad.
Primero, entraron a la sala Laura…
–¿Qué es lo que sucede? –preguntó el detective Antonio.
–¿A qué se refiere? –preguntó Laura.
–Yo no he hecho nada, salvo beber, y no sé a lo que se refiere. –dijo Laura.
–Vamos, su amiga iba al volante desnuda y con esas cosas puestas. –respondió el detective Antonio.
–¿A qué cree que me refiero? ¿Piensa que somos estúpidos o qué? –preguntó el detective Antonio.
–Disculpe, pero no sé a qué se refiere. –respondió Laura.
–No te irás de aquí hasta que me cuenten lo que está sucediendo. –dijo el detective Antonio.
–Yo no sé nada, pero pregúnteselo a Marta o a Clara, que ellas se lo podrán explicar mejor. –respondió Laura.
–Tengo derecho hacer una llamada. –dijo Laura.
–Ve muchas películas policiacas. –dijo el detective, riéndose para salir por la puerta.
Al rato, iban preguntando una por una hasta que una hablo.
–¿Me cuenta lo que sucede? –preguntó la detective Isabel.
–Si, claro. –respondió Clara.
–Verá hemos salido de fiesta y hemos bebido. –dijo Clara.
–Pero, nosotras no conducíamos al estar bebidas, por lo que, mi amiga Marta que no había bebido, nos iba a llevar a casa. –dijo Clara.
–Eso está genial, pero os han detenido no por ir bebidas sino porque la que conducía iba desnuda con algunas cosas puestas. –dijo la detective Isabel.
–Me encanta que me hablen de usted, y que no me tuteen. –respondió Clara, dejando a Isabel un poco descolocada.
–¿Y eso a qué viene? –preguntó Isabel.
–Mira, Marta iba desnuda porque se lo ordené yo, y ella me obedeció. –respondió Clara.
–¿Cómo que te obedeció? –preguntó Isabel, intrigada.
–Perdona, pero no te conozco como para que me tutees. –respondió Clara, de manera imperativa.
–Si, es verdad, lo siento. –respondió Isabel.
–Marta es una sumisa sadomasoquista. –respondió Clara.
–Le gustan los juegos de dominación y sumisión dentro del BDSM, que creo que sabes a lo que me refiero. –dijo Clara.
Isabel escuchaba todo lo que iba diciendo Clara, analizando sus palabras y frases, mientras que Clara, disfrutaba ante la agente, siendo más joven que ella o similar.
Clara, se había impuesto al interrogatorio y eso le excitaba, poniéndose cachonda perdida.
–Pero, una pregunta. –dijo Isabel.
–Si, claro. –respondió Clara.
–Marta es una sumisa, ¿Y por ese motivo iba desnuda y con esas cosas puestas? –preguntó Isabel.
–Exactamente. –respondió Clara.
–Y ha hablado de una relación de dominación y sumisión entra una Ama y una esclava. –dijo Isabel.
–Si, soy su Ama y ella es mi esclava sexual. –dijo Clara.
–Practicamos juegos de dominación y sumisión, juegos de humillación, de denigración y vejaciones, incluido los insultos verbales. –dijo Clara, dejándola descolocada a Isabel.
–Pero…¿Todos esos juegos les excitan? –preguntó Isabel.
–Si, y cuando más la humillo y más la denigro más le gusta y más se excita. –respondió Clara.
–No podía conducir y ninguna de mis amigas, así que, se lo ordené a Marta, pero como jugamos al BDSM, le ordené que se desnudara y que condujera desnuda. –dijo Clara.
–Eso hizo que se excitase y soltase sus fluidos vaginales de placer. –dijo Clara.
–Por eso, puse una manta y en asiento para que mi esclava, no me lo manchase con sus fluidos vaginales y por la orina. –dijo Clara.
–Entiendo. –respondió Isabel.
–¿Y lo que hemos encontrado en el maletero? –preguntó Isabel.
–Es dónde llevo a mi esclava cuando viaja conmigo, sujeta con esas argollas y para que no le suceda nada. –respondió Clara.
–Además, sé lo que estás pensando, pero tiene orificios para que entre el aire y no se asfixie. –dijo Clara
–Vale, gracias por su ayuda. –dijo Isabel, tratándola de usted.
Algo que le gustó a Clara muchísimo, porque el uniforme la excitaba desde niña y había soñado con tener juegos sexuales con algún agente de la ley.
–De nada, es un placer ayudarte Isabel. –respondió Clara con una sonrisa, dejándola sin reaccionar.
–Si quieres que te explique algo más o tienes más interés, me lo dices cuando quieras. –dijo Clara.
–Si, muchas gracias. –respondió Isabel.
–Por cierto, dile un mensaje a Marta de mi parte. –dijo Clara, quedándose escuchando Isabel antes de salir por la puerta.
–¿El qué? –preguntó Isabel.
–Que te presente sus respetos. –respondió Clara, mientras Isabel se marchaba contrariada y confusa por lo que acaba de escuchar.
Los demás compañeros estaban haciendo sus tareas, y otros agentes estaban hablando con el resto de las chicas. De esa manera, Isabel hizo tu informe, pero no escribió nada sobre el BDSM, ni de lo que le había dicho Clara que era Ama y que Marta era su esclava.
Esperó a entrar a la sala donde estaba Marta, y nada más salir su compañero, el cual, le dijo.
–Me ha dicho que era una novatada y que estaban jugando. –dijo Marcos.
–¡Vaya, juegos! –respondió Verónica.
En eso, que entró Isabel y estando de pie, le dijo a Marta algo.
–He estado con Clara y me ha dicho que te diga este mensaje. –dijo Isabel.
–Presenta tus respetos. –dijo Isabel, e inmediatamente al escuchar eso, se puso de rodillas, y besó los zapatos de Isabel.
Isabel se quedó sorprendida, pero al segundo, Marta lamía sus botas de trabajo, dejándola sorprendida. Ella, alucinaba, pero Marte la habló.
–Puede levantar sus botas, por favor señora. –suplicó Marta, viendo como levantaba su bota, sentándose en una silla. Mientras que Marta, lamía la suela de sus botas, una detrás de otra hasta dejárselas relucientes.
–¡Muchas gracias, señora Isabel! –dijo Marta, besando sus botas repetidamente sin parar hasta que Isabel se apartó.
Marta había entendido la indirecta para quedarse de rodillas y decirla a Isabel.
–Muchas gracias por permitir a esta humilde esclava presentar sus respetos ante usted señora Isabel, tal y como me ha ordenado mi Ama Clara. –dijo Marta, a la que los uniformes la excitaban.
Isabel, no supo que decir o que hacer, y salió de la sala, alucinada, pero curiosamente, excitada y cachonda perdida por ver todo aquello. No sabía lo que estaba sintiendo, pero eran unas sensaciones nuevas que nunca había experimentado.
–¿Cómo era posible que una chica de su misma edad fuese tan sumisa? –se preguntó ella, sin encontrar alguna razón racional o lógica.
En el otro lado, a través del espejo estaba su compañera Sonia, que había sido testigo de todo, quedándose, alucinada. Nada más salir de la habitación, Isabel se fue a los aseos femeninos para entrar en uno de los váteres y bajarse los pantalones para ver cómo tenía sus bragas.
Las tenía mojadas y completamente, empapadas de sus fluidos…No se lo podía creer, escuchar todas esas palabras más la actuación de aquella chica llamada Marta, la había puesto al límite.
Hizo pis, y se volvió a subir las bragas, pensando que debía de ir a los vestuarios para ponerse unas bragas nuevas. Al salir de los aseos, se encontró con Sonia, la cual, se puso delante para hablarla.
–He estado detrás del espejo al otor lado de la habitación, ¿Qué es lo que ha sucedido? –preguntó Sonia.
–No lo sé, la verdad. –respondió Isabel.
–Me dijo que quería presentarme sus respetos, y se arrodilló para besar repetidamente mis botas y terminó por limpiármelas con la lengua como si fuese una perra en celo. –respondió Isabel.
–Me dio las gracias…–dijo Isabel.
–Me ha sorprendido cómo ha actuado esa chica, la verdad. –dijo Sonia.
–Te digo un secreto, no se lo digas a nadie. –respondió Isabel.
–Claro, ¿De qué se trata? –preguntó Sonia.
–Pues, que Clara, es una de las chicas detenidas, me dijo que otra amiga suya llamada Marta es sumisa, y que ella es su Ama. –respondió Isabel.
–¿En serio? –preguntó Sonia.
–Eso explica la escena que he visto a través del espejo. –dijo Sonia.
–Al parecer, estaban jugando al BDSM, aunque no se ciertamente lo que es. –dijo Isabel.
Sonia, al recordar escena de Marta, besando y lamiendo las botas de su compañera, se había excitado y puesta cachonda perdida.
–Si, ya me he percatado. –respondió Sonia.
–¿Te has excitado al verlo? –preguntó Isabel.
–La verdad, es que sí. –respondió Sonia, poniéndose colorada.
–Yo me he mojado las bragas completamente y estoy muy excitada y cachonda perdida. –dijo Isabel.
–Yo, también. –respondió Sonia.
Isabel, continuó, caminando para irse al vestuario. Pretendía cambiarse de bragas, aunque no sabía si tenía alguna de recambio. Pero, sino tenía, iba a dejar sus bragas mojadas en la taquilla.
–Yo, también, me he mojado las bragas al ver a esa chica, besándote las botas, pero cuando has levantado las botas y te las ha lamido, me ha excitado muchísimo. –dijo Sonia.
–Sí, ha sido muy raro y extraño, la verdad. –respondió Isabel.
–¿Por qué nos has gustado? ¿Somos sumisas o qué? –preguntó Sonia, mientras que, Isabel estaba pensándolo.
–¿Tienes bragas de recambio? –preguntó Isabel.
–No, la verdad, pero si no están muy mojadas, puedes quitártelas y ya está. –respondió Sonia.
–Vale. –dijo Isabel, marchándose para seguir con su trabajo.
Isabel se fue a registro para continuar con su jornada de trabajo. Pero, se acercó a las salas de los calabozos, viendo como las chicas estaban en la habitación y que las estaban llevando a las duchas.
–No entiendo, porque nos han tenido tanto tiempo retenidas. –dijo Laura, mientras le decían que fuesen a las duchas de detención.
–¿A dónde vamos? –preguntó Begoña.
–No lo sé. –dijo Susana.
–Han dicho que vamos a las duchas con Marta. –dijo Laura.
–¿Dónde está Clara y Marta? –preguntó Susana.
–Ni idea. –respondió Begoña.
–Irán, soltándolas según les hacen las preguntas en el interrogatorio. –respondió Laura.
Sandra junto con Isabel iban llevando a Marta y a sus compañeras a las duchas de los detenidos.
–¡Ve desnudándote y deja todas tus cosas ahí en la bolsa! –dijo Sandra.
–¿Puedo ducharme con ellas puestas? –preguntó Marta.
–Es que me siento como si estuviese desnuda sin ellas. –dijo Marta.
–Ve quitándotelas y entra en la ducha, que hueles mal, a orina, a fluidos vaginales y a semen. –dijo Sandra.
–¡Menuda peste has dejado la celda! –dijo Beatriz.
–No puedo quitarme nada, no tengo la llave, pero mi amiga Clara, la tiene. –dijo Marta.
–Ve a buscar la llave Isabel. –ordenó Sandra.
–Si, señora. –respondió Isabel, pues ella era la novata y Sandra era su instructora.
Isabel, salió de la habitación de las duchas para los detenidos para ir a la sala donde estaba Clara, pero ya estaba fuera, porque había dicho que necesitaba ir al aseo, por lo que, Isabel la acompañó en busca de la llave.
–Me a que me dé la llave de las pulseras, el collar, el brazalete y las anillas que lleva Marta. –dijo Isabel.
–¡Ah…! ¿Y eso por qué motivo? –preguntó Clara, mirándola.
–Parece que huele muy mal, es decir, a orina, semen y a fluidos vaginales, y ha dejado una peste al estar dentro de su celda. –respondió Isabel.
–Vale, entiendo. –contestó Clara, entrando en los aseos con Isabel.
–Pero, si la quieres, las vas a coger tú misma. –dijo Clara, mirándola a los ojos, mientras Isabel no se esperaba esa respuesta, quedándose sorprendida con esa respuesta.
–¿Quieres saber dónde está llave? –preguntó Clara.
–Sí, ¿Dónde está? –preguntó Isabel.
Clara, dio un paso con el zapato derecho, mostrando una cadenita en el tobillo derecho con una llave pequeñita.
–¡Cógela con los dientes, Isabel! –ordenó Clara, mirando la entrepierna viendo que tenía una mancha en el pantalón.
Isabel, no sabía lo que responder o lo que decir, pero miró a sus pies, observando la cadenita en su tubillo derecho. Clara, llevaba unos zapatos de tacón alto descubiertos, viéndoseles las uñas de sus pies pintadas de color rojo.
–Ahora, no hay nadie en el pasillo, por lo que, date prisa. –dijo Clara, viendo su reacción.
–Además, veo que tienes mojadas tus bragas, por lo que, te has excitado muchísimo y te has puesto cachonda perdida a mi costa y a la de mi esclava. –dijo Clara.
Isabel, sabía que estaba excitada y cachonda, y no sabiendo porque, se puso de rodillas y se acercó para coger con la boca. Pero, Clara retiró su zapato, viendo la cara de excitación y se sorpresa de Isabel.
–Primero, haz lo mismo que viste a hacer a mi esclava, y detrás te dejo que te lleves la llave con la boca. –ordenó Clara, viendo como Isabel, dudaba, pero hizo la misma reverencia que Marta, y besó sus pies repetidamente como ella.
Sin embargo, Isabel entregada al placer desconocido que estaba experimentando, no paró con sólo besar sus pies descubiertos, sino que se puso a lamerlos con su lengua. Mientras que, Clara, disfrutaba de excitación y de placer de ver cómo sometía a una policía.
Levantó la suela y lamía la suela de su zapato para lamer el otro, dejando sus zapatos de tacón altos limpísimos, prácticamente. Pero no se contentó con sólo eso, sino que comenzó a hablarla humillantemente y denigrantemente.
–¡Vaya, si lo que veo aquí, es una perra lame pies, una sumisa de mierda más como mi esclava! –dijo Clara.
–¡Lame puta zorra de mierda! –ordenó Clara, viendo como Isabel, lamía sus dedos e intentaba lamerlos.
–Pobrecita, no puedes lamer ni chuparme los pies, puta zorra. –dijo Clara.
Clara, la cogió de la coleta y tiró de ella, haciéndola que la siguiera como una perra en celo, y justamente al lado estaba la puerta de los aseos femeninos, por lo que, se le llevó a dentro, y echando el pestillo de la puerta, se sentó en el váter.
–¡Quítame los zapatos con la boca, esclava! –ordenó Clara, ya claramente tratándola como lo que veía, una puta esclava blanca de mierda, vulgar y corriente como las demás.
Clara, se quitó la correa de su falda y doblándola le atizó en el culo, pegando un gemido de dolor. –¡Zas, Zas, Zas! –sonaba el chasquido de los azotes. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
–¡Vamos, esclava! –ordenó Clara, atizándola varias veces seguidas hasta que Isabel con sus dientes la quitaba los zapatos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
Una vez que le quitó los zapatos, Clara le puso sus pies en su cara, mientras se los restregaba durante unos minutos. Esos minutos para Isabel fueron inmensos y le parecieron duraba más tiempo de lo que llevaba.
Clara, separó los pies de su cara, y le dijo.
–¡Denúdate, y pon las manos a la espalda, esclava! –ordenó Clara, de manera imperativa, viendo como Isabel, se desnudaba para que Clara la atara sus manos a la espalda con el cordón de sus botas, y detrás cogió la correa, y doblándola le atizó en su culo, pegando un gemido de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
–Cuando te hable, siempre me mirarás a los pies, esclava. –ordenó Clara, viendo como Isabel, la miraba a sus pies.
Se sentó en el váter y puso sus pies en delante de ella.
–Ahora saca la lengua, esclava. –ordenó Clara, restregando la planta sudada de sus pies y sucias de haber caminado descalza por la discoteca y por el suelo del aparcamiento, mientras que Isabel, lamía sus pies.
Uno detrás de otro, dejó sus plantas limpias, para al final. Dejarlos quietos y dejar que Isabel los lamiese como una perra en celo. Mientras, Clara la miraba y disfrutaba de su nueva conquista.
No podía estar mucho más tiempo, por lo que, cogió las bragas sucias y mojadas de fluidos vaginales de Isabel, y se meó en ellas, para metérsela dentro de su boca, y detrás la desató para atarla en la parte superior del váter.
Se puso a darle latigazos en su espalda y en su culo, uno detrás de otro. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
Hasta que comenzó a sentir placer, y comenzó a correrse sin parar. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Estuvo como dándola unos 25 latigazos hasta que la sometió y dominó, por lo que, la soltó para decirla.
–¿Te ha gustado esclava? –preguntó Clara.
–Si…–respondió Isabel.
–¿Sí qué esclava? –preguntó Clara, atizándole un par de latigazos más con su correa fina.
–Si, mi Ama Clara, me ha gustado mucho ser humada y denigrada por usted mi Ama y mi dueña. –respondió Isabel.
–Así me gusta puta cerda blanca. –respondió Clara.
–¡Preséntame tus respetos, esclava! –ordenó Clara.
–¡Hazme una reverencia y bésame los pies como mi esclava Marta, puta zorra blanca! –ordenó Clara, viendo como Isabel se los besaba e incluso se los lamía como una puta zorra de mierda que era.
La cogió por la coleta de su pelo e hizo que se incorporase, quedándose de rodillas ante ellas, comenzando a darle bofetadas con su mano izquierda, mientras que con la derecha la sujetaba del pelo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
–¡Abre la boca, y saca la lengua, esclava! –ordenó Clara.
–¡Verás como lo vas a disfrutar, esclava! –ordenó Clara, poniendo su vagina en su boca para mearla dentro de su boca.
Clara, comenzó a mearse dentro de su boca, soltando un gemido de alivio, porque se estaba meando hace bastante tiempo. No había meado en toda la noche y había bebido por los codos de todo tipo de bebidas alcohólicas.
En cambio, para Isabel, no había experimentado nunca una lluvia dorada, aunque la había oído decir mucho en la televisión o en otros casos de prostitutas. Isabel iba tragándosela toda, acostumbrándose al sabor e intensidad que tenía. Sabía a algo salado y al principio le había parecido repulsivo y asqueroso, pero según iba tragándose la orina, comenzaba a disfrutarla cuando separó su vagina de su boca, y comenzó a mearla por su cara, por encima de sus pechos y por encima de su cabeza, cayendo por su espalda y por encima de sus pechos, soltando un gemido de placer Clara. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gimió de placer y de alivio.
–¿A que esperas, esclava? –preguntó Clara.
–¡Límpiame con la lengua, esclava! –ordenó Clara, viendo como la esclava lamía su vagina, saboreando los restos de orina restantes y algunas gotas de su vagina, dejándosela limpia totalmente.
–El váter parece algo sucio, así que, límpialo con la lengua, cerda asquerosa. –ordenó Clara, mientras le atizaba un par de latigazos en su culo, pegando unos gemidos de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor.
Isabel, lamía varias veces la tapa superior del váter para detrás, ponerse a lamer la parte inferior para dejarlo limpio, aunque los aseos femeninos suelen estar bastante limpios, no como los masculinos, por lo que, tuvo más suerte.
Le cogió de su coleta, con su pie descalzo, le piso la cara, mientras la iba diciendo que la pusiera de lado, pisándola mientras Clara, se sentaba en el váter para tirarle fotos, mientras la insultaba y le daba azotes con la correa doblada en su culo, que por cierto lo tenía rojo.
–Aún, no has cogido la llave, esclava. –dijo Clara, poniendo el pie delante suyo.
–¡Vamos, cógela con los dientes, perra! –ordenó Clara.
–Ya sabes, cuando termines de quitarle las cosas a mi esclava Marta, vuelves con ellas, porque no creo que se las pueda llevar. –dijo Clara, levantando su pie de su cara, y dejándola libre, aunque de rodillas a cuatro patas desnuda y meada.
Isabel, avergonzada y colorada por lo que había sucedido, iba a vestirse, pero estaba sucia, llena de orina, y manchada con fluidos vaginales, que habían caído por sus piernas, mientras chorreaba de placer.
–¿Y qué vas hacer esclava? –preguntó Clara.
–¿Vas a vestirte con tu uniforme, y mancharlo, o te vas a ir desnuda, corriendo a los vestuarios para ducharte? –preguntó Clara.
–¿O te vas a las duchas dónde está mi esclava, que la irán a lavar por su olor de nuestras orinas, y te duchas con ella? –preguntó Clara.
Isabel, estaba nerviosa y asustaba, pero llevaba razón, por lo que cogió su ropa, doblándola y salió, corriendo por el pasillo llegando a las duchas femeninas de las detenidas.
Pero, Sandra no estaba, estaba charlando con otra compañera, e Isabel, entró, dejando su ropa en uno de los habitáculos, soltándose el pelo y dejándoselo suelto. Mientras estaba charlando con Yolanda, Isabel, dejó la llave en la mesa.
Isabel, le quitó el collar, las anillas, los anillos, las pulseras y el brazalete para meterlo en una bolsa de precintándola. Detrás, le dijo a Sandra.
–Ya tienes la llave Sandra. –dijo Isabel, yéndose al habitáculo y escondiéndose.
–Vale. –respondió Sandra, entrando y viendo la llave en la mesa.
–Vale, muy bien. –dijo Sandra, que vayan pasando las chicas. –ordenó Sandra.
Pasaron dos o tres chicas más, y en ese momento, se metió Isabel, que, con el pelo suelto, Sandra les tiraba unas pastillas de jabón y les enchufaba con la manguera, pero bien.
Lo cierto, era que Sandra era una agente de policía algo sádica, por lo que, hicieron desnudarse para el registro de las detenidas y como una olía mal, las ducharon a todas.
De esa manera, estaban Clara, Susana, Laura, Begoña, Isabel y Marta. Mientras, las enchufaron con la manguera. Sandra, que era algo bestia, las enchufaba en sus pechos, en sus partes, ordenándolas que se abriesen de piernas o que se pusieran con las piernas abiertas, e incluso algunas, gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Eso era una humillación qué a Clara, no le gustaba, porque cuando salió del aseo femenino otro agente por orden de Sandra y de Yolanda, decidieron darlas un escarmiento, por lo que, las llevaron a las duchas y para que se les pasase la borrachera, las lavaron con manguera en mano.
Al estar bebidas, pues se caían al suelo, abriéndose de piernas, mientras que Sandra y Yolanda, se reían y se lo pasaban bien. No reconocieron a Isabel, porque se soltó el pelo, y con las marcas de los latigazos como tenía Marta, pasó como una puta zorra más.
–¡Vamos, abriros de piernas zorras! –ordenaba Sandra, enchufándolas con el agua, mientras que Yolanda, les ordenaba masajearse los pechos con las pastillas de jabón, poniéndolas a todas cachondas perdidas y muy excitadas.
–Ya está bien. –dijo Sandra.
–Iros a secaros con las toallas en cada habitáculo e iros vistiéndoos. –ordenó Sandra.
En ese momento, Isabel se fue para el habitáculo, pero en el de al lado estaba Clara, por lo que entró y se puso de rodillas para besar sus pies descalzos.
Clara, excitada y cachonda por lo que había sentido durante la ducha de esas dos sádicas, se puso la cadena en el pie para que Isabel, se la pusiera con la boca.
–Muy bien, esclava. –dijo Clara, escupiéndola dentro de su boca varias veces.
–Largo de aquí, esclava. –ordenó Clara, viendo que la iban a descubrir.
–Si, mi Ama Clara. –respondió la esclava, dejando la bolsa precintada con las cosas de Marta.
Isabel, salió para meterse en su habitáculo y secándose, se puso la ropa y cuando no había nadie salió para salir de las duchas de las detenidas. Pero, Sonia cuando salió desnuda del segundo habitáculo se la encontró de frente, porque iba a llevarse a las detenidas a su celda.
–¿Qué haces desnuda? –preguntó Beatriz, viéndola con las marcas de los latigazos en su culo, en su espalda y en sus pechos.
Isabel, se quedó de piedra…
–¡Ponte la ropa y ahora, me lo explicas todo! –ordenó Beatriz.
–Vale, pero no digas nada, por favor. –suplicó Isabel a Beatriz, que eran compañeras de patrulla.
–Depende de lo que me digas y depende de esas marcas en tu cuerpo. –dijo Beatriz con cara de sádica.
–No sabía que te gustaban todas estas cosas, también. –dijo Beatriz, riéndose hasta que Isabel, se metió y se secó para vestirse nuevamente con su uniforme y salir con la cara roja de vergüenza.
A las demás, Sandra y Yolanda, se las llevaron al calabozo, mientras que Isabel y Beatriz, se salieron, a la misma vez que se acercaba Sonia.
–¿Qué es lo que sucede? –preguntó Sonia.
–Qué he pillado a Isabel, desnuda en las duchas de detención como si fuera una detenida más. –respondió Beatriz.
–Tenía la fantasía sexual de ser detenida y que me enchufaran con la maguera, lavándome, mientras me humillaban y me denigraban. –respondió Isabel, dejando sorprendidas, tanto a Beatriz como a Sonia.
–Menudas fantasías sexuales fuertes te has buscado. –dijo Beatriz.
–¿Y esas marcas en tu piel? –preguntó Beatriz, fijándose con detenimiento.
–Parecen marcas de un látigo, ¿Te gusta el sadomasoquismo o qué? –preguntó Beatriz.
–Sí, me gusta y te confieso que soy sumisa. –respondió Isabel, avergonzándose un poco.
–O sea, que te gusta que te peguen durante las relaciones sexuales y todo ese rollo del BDSM. –dijo Beatriz.
–¡Vaya tela! –dijo Beatriz.
–No diré nada a tu instructora, pero me debes una Isabel. –dijo Beatriz.
–Vale, muchas gracias. –dijo Isabel, aliviada un poco.
–Pero, quiero que entiendas que debes de mantener lo personal en casa y lo profesional en el trabajo, y no mezclarlas. –dijo Beatriz.
–Y bueno… ¿Has disfrutado como te hemos lavado? –preguntó Beatriz.
–Si, la verdad que sí. –respondió Isabel.
–Te he visto que te has corrido de placer, mientras Sandra te enchufaba con la manguera. –dijo Beatriz.
–Si es cierto, la humillación y denigración de Sandra como la tuya, me han puesto a cien por hora de lo cachonda perdida que estaba. –dijo Isabel.
–¡Menuda puta zorra estás hecha! –dijo Beatriz.
–Pero, ser una zorra no está castigado, por lo que, se la puta zorra que quieras en casa, pero en la comisaría, compórtate. –dijo Beatriz.
–Si, no se preocupe señora. –respondió Isabel, mientras se iba por el pasillo.
–No sabía que te gustaba el BDSM. –dijo Sonia.
–Ya te contaré lo que me ha sucedido. –respondió Isabel, mientras se iban las dos hablando.
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Una visita transgresora a la mazmorra
Teresa siempre ha mandado en la oficina, pero esta noche el mando tiene otro sabor. En la oscuridad de la mazmorra, cada orden suya es una sentencia…
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- Sadomaso
SONIA (Las perversiones de Sonia 11)
Sonia no solo busca placer, busca dominación absoluta. En su lujosa residencia, la línea entre la amistad y el sadismo se desvanece, dejando solo…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaFetichismo pies