Xtories
Dominaciónjul 2025

Cara de Puta 9 : Perra peluda

Raúl no solo quiere su cuerpo, quiere borrar su identidad. Con la cámara grabando y la vergüenza ardiendo, Perla debe decidir si es capaz de ladrar ante la pantalla para satisfacer la crueldad de quien la posee.

Perla Blackheart5.6K vistas10.0· 5 votos

Soy Perla, y hace años que no escribo relatos, pero hoy vuelvo para contarles esta experiencia.

No soy una chica bonita, pero he sabido sacarle partido a lo que tengo.

Primero mi cabello. Es lo que más amo de mí. Es largo y suelo teñirlo de color rosa, rubio, rojo o del color que se me venga en gana.

Odio sonreír. Nunca lo hago. Y mi mal carácter y eterna expresión de seriedad me hacen ver más fea de rostro, aunque realmente no lo soy tanto.

Hablando de mi cuerpo, soy plana como una tabla. No tengo tetas. Pero sí tengo buen culo. Pequeño pero lindo. Y unas hermosas piernas que he logrado a base de ejercicio y horas en el gym.

Siempre he sido pedante y de mal carácter. Tanto en mi trabajo como en mi vida diaria trato de no socializar con nadie. No me gusta tener amigos. No me gusta pedir disculpas, no me gusta pedir perdón ni pedir las cosas por favor. Para mí eso es símbolo de debilidad y odio ser débil.

Y no conforme con todo eso, también le soy infiel a mi esposo justo con nuestro tatuador. Soy una perra, lo sé.

No soy una perra solo por serlo. Todo se debe a traumas que mi hermana y yo cargamos desde niñas, y que ya conté un poco de eso en anteriores relatos.

Pongo esto como contexto porque Raúl, mi amante, sabe de todo esto. Y le gusta usarlo a su favor.

Le gusta degradarme, humillarme, obligarme a pedir perdón, decir por favor y hacerme llorar.

Y que me obligue a hacer y decir cosas humillantes, cosas que odio hacer y que jamás haria con alguien mas....me gusta. No puedo evitar excitarme con las humillaciones y degradaciones a las que me somete.

Aunque cada dia sube la intensidad de las cosas que me hace. Como lo que les voy a contar hoy.

Esta mañana me desperté con ganas de que me cogieran y le escribí a Raúl, mi amante, para decirle que mi esposo se había ido a trabajar y que necesitaba sexo. (Le envié una foto de mis agujeros para animarle).Quince minutos después, estaba en la puerta.

Abrí solo con una bata y lo invité a pasar. Mi bata estaba en el suelo cuando la puerta se cerró. Subí las escaleras con él siguiéndome mientras me inclinaba y abría las nalgas para que viera mi panocha mojada y mi culo antes de ir a mi habitación.

He sido perezosa para mantener mi vagina y culo depilados, lo admito.

Pero mientras me recostaba en la cama con las piernas abiertas, frotando mi clítoris mientras él se quitaba los vaqueros y sacaba la verga, comentó cuánto me había crecido el vello púbico desde la primera vez que me usó.

Se frotó la verga antes de sentarse a horcajadas sobre mi cara, dejándo reposar su culo justo en mi boca. No hubo necesidad de palabras, sabía lo que tenía que hacer.

Abrí mi boca y con mi lengua empecé a lamber su ano. Él empujó unas cuantas veces su culo en mi cara antes de que yo levantara mi cabeza y abriera bien mi boca para él.

Empecé a meter mi lengua dentro de su ano peludo como alimentandome.

Podía oírlo gemir mientras recorría con mis labios y lengua cada centímetro de su orificio anal. Sus dedos entre mis piernas penetraban mi cueva haciéndome gemir, lo que solo aumentaba su placer.

"Qué panocha tan peluda", lo oí murmurar entre gemidos. Después de unos minutos, sus dedos dejaron mi agujero y apartó su ojete de mi boca.

¡Volteate, pendeja!" Obedecí y me giré. "Culo al aire". Me levanté con el culo en alto.

"¿Te gusta estar a cuatro patas?". Gemí que sí."

¡Eres una perra peluda, ¿verdad?". Sus dedos juguetearon con mi vagina. Gemi que sí de nuevo.

"¿Qué eres?". Sus dedos se deslizaron dentro de mí.

"Una perra".

"¡Mira hacia atrás y dime qué eres!". Estaba hundido hasta los nudillos. Lo miré con los ojos nublados y la boca abierta.

"Soy una perra peluda", me di cuenta mientras tenía el teléfono móvil en la mano grabándome.

Antes de que pudiera decir nada, metió otro dedo en mi cueva y empezó a retorcerlos lentamente. Gemí en voz alta mientras grababa mi panocha recibiendo sus dedos con tanta facilidad.

"Mira a la cámara y dile a tu mamá quién eres", me dijo.

"No... eso no", respondí.

"Dilo!"

"No. No puedo... no"

"¡Que lo digas!" me encrespó.

"Mamá... soy una perra. Una perra peluda... ¡ahh!" me escuché decir entre gémidos sintiendo sus dedos retorcerse dentro de mí.

Antes de que pudiera decir nada, metió otro dedo en mi cueva y empezó a retorcerlos lentamente. Gemí en voz alta mientras grababa mi panocha recibiendo sus dedos con tanta facilidad.

"Cuatro dedos hasta el fondo y gimiendo como una puta, mírala a la cara". Era como si estuviera comentando su grabación.

"¿Quieres que te viole?"

"Sí."

"¿Quieres que te viole como a una perra?"

"Sí, por favor, sí."

"Entonces dilo, puta."

"Por favor, cógeme como a una perra."

"¿Quién eres y qué eres?" Con el móvil en la cara y sus dedos todavía retorciéndose dentro de mí, volviéndome loca, le dije lo que quería.

"Soy Perla y soy una perra peluda que necesita ser violada."

"Díselo ahora a tu padre".

"Papá... soy Perla, tu hija... ahh... ¡y soy una... perra!"

Qué animal tan asqueroso es tu hija, ¿verdad?" Hablaba al teléfono como si estuviera hablando con mi padre.

"Eres una asquerosa perra en brama", dijo ahora dirigiéndose a mí.

Gemí de acuerdo mientras sus dedos se deslizaban de mi panocha para ser reemplazados por su dura verga.

Enterró cada centímetro de mí sin contemplaciones, sin sutilezas. Empezó a embestirme con todas sus fuerzas y yo gemí. Me agarró la cadera con una mano mientras con la otra seguía grabándome con su celular y me embistió cada vez más fuerte. Empecé a gritar.

"Ahhh.... Ahhh... no... tan... fuerteee!"

"¿Quién eres?"

"¡Perla!"

"¿Qué eres?"

"Una perra"

"No, no eres una perra. Eres un pedazo de mierda. Eres un perro".

"Sí, sí... soy un... ahhh... perro".

"Dilo! ¿Qué eres?"

"¡UN PERRO!"

"Ladra!"

"¿¿Quéé??"

"¡Que ladres! ¡Como si fueras un perro!"

Dudé un poco en hacerlo, pero luego empecé a imitar los ladridos de un perro de forma sutil y con vergüenza.

"Ladra bien, pendeja!"

"Woof, woof!"

"Mas! ¡Como si fueras un perro de verdad!"

"Woof... woof... woof!" seguí ladrando, intentando no llorar por la humillación.

"Volteate a la cámara y sigue ladrando. Que tus padres vean que su hija es una perra".

Ya no me dijo nada, solo insertó sus dedos en mi culo como recompensa mientras yo seguía ladrando y mirando a la cámara.

Sacó los dedos completamente de mi culo rápidamente antes de volver a meterlos a la fuerza y ​​repetir el proceso una y otra vez. No pude soportarlo y grité que me corría. Todo mi cuerpo se tensó cuando sus dedos volvieron a entrar en mi culo una última vez antes de empezar a temblar incontrolablemente.

Sentí mi vagina explotar mientras mis fluidos empezaban a salir alrededor de su verga y bajaban por mis muslos hasta las rodillas.

Se inclinó hacia delante y me agarró de los hombros para continuar su asalto a mi húmedo agujero. Como mi cuerpo aún temblaba, empezó a gruñir fuerte antes de asegurarse de llegar lo más profundo posible.

"Aquí tienes, puta". Su verga empezó a contraerse dentro de mí mientras bombeaba una carga tras otra en mi agujero usado. "Te voy a preñar con cachorritos"

Finalmente se retiró y se limpió la verga en mi cabello. Caí de rodillas y me quedé allí, jadeando, boca abajo en la cama. Todo mi cuerpo estaba exhausto. Giré la cabeza a un lado para verlo tomando fotos de su trabajo antes de volver a ponerse los bóxers y los vaqueros.

No podía hablar, estaba mareada y me sentía débil. Escribió en su teléfono antes de acercarse a mi cara.

«Así eres tú ahora». Me enseñó mi contacto en su móvil. Una foto mía a gatas como foto de contacto con el nombre «Perla la perra».

Ni siquiera pude protestar. Me quedé allí tumbada, sintiéndome usada y chorreando semen. Salió de la habitación y lo oí salir de la casa. Me desmayé unos minutos después.

Tres horas más tarde y todavía podía sentir su semen dentro de mí y dolor en el cuerpo.

Desde ese día me lo pide cada vez que lo hacemos y poco a poco ha ido pidiendo más cosas interesantes. Me hace ladrar para él, ponerme en cuatro para mamársela, etc.

Dice que quiere comprarme un collar para perro y ponérmelo durante el acto.

No sé si estoy lista para eso, pero admito que, mínimo, siento curiosidad.