Las aventuras de Benito y su perro “Husme” IX
Gracia no solo lo viste de nuevo, sino que enciende la mecha de la curiosidad más prohibida. Fátima, virgen y asustada, escucha las confesiones que humedecen su ropa interior. Benito, excitado por la perspectiva, se prepara para conquistar a las dos.
Las aventuras de Benito y su perro “Husme” IX
9 Merche y Fátima
Viernes 5 de junio de 2.026
A la mañana siguiente, cuando Benito abrió los ojos se dio cuenta que acababa de amanecer, y por el escaso resplandor de la claridad del alba pudo comprobar que Bea y Julia, completamente desnudas yacían abrazadas a su lado, pero no había rastro de Flor, que al igual que ellos tres había compartido una noche de desenfreno salvaje, en la que por primera vez en su vida había copulado con tres mujeres. Pero más bien que copular con ellas, podría decirse que había sido violado por ellas tres, hasta que agotado quedo dormido profundamente, por cuyo motivo ignoraba si la guardia había dormido junto a ellos o se había ido tras aquella feroz e inolvidable noche, en la que Flor Eterna perdió su virginidad.
Sin hacer mucho ruido, se puso sus calzones y mientras lo hacía estaba pensando que en unas pocas horas debía de acercarse junto a Gracia hasta la notaría para firmar definitivamente la compra de su nueva y lujosa casa, y después comer ambos con Sandra, Patricia y su padre, motivo por el que no quería despertar a las dos jóvenes y volver a caer en la tentación que ambas le provocaban allí dormidas abrazadas y desnudas. Sigilosamente salió del dormitorio para dirigirse a la planta baja para prepararse un café y despejarse acordándose en ese momento de que Merche, la vendedora también le había dicho que le invitaba a comer con ella el día que se firmase la compra definitiva, y debería de pensar cómo afrontar esa situación, si disculparse con ella o bien invitarla a que se uniese a las dos hermanas, su padre, Gracia y el mismo.
Bajando las escaleras y antes de entrar en la cocina, el inequívoco olor a café le alerto de que alguien se había adelantado a sus intenciones y supuso, como era lógico que debía de ser Flor la que se había encargado de hacerlo, tal como comprobó nada más entrar en la cocina donde le recibió la descendiente tártara con una excepcional sonrisa a la vez que le decía:
- Me he tomado la libertad de preparar café y tostadas antes de irme a mi puesto. Iba a despertarte ahora mismo ya que dijiste que tenías que madrugar hoy.
- Estas en tu casa Flor, - le dijo agradecido Benito sirviéndose un café – y no es una justificación, es totalmente verdad, pues de hecho tenía pensado darte un juego de llaves por si algún día las perdiese u olvidase. Además, es de agradecer levantarte y tener el café listo para espabilar.
- La que tiene que agradecer soy yo, a ti, a Julia y a Bea. – dijo Mun volviendo a sonreírle – Ayer entre los tres me hicisteis la mujer más feliz del mundo ya que por fin perdí mi miedo a tener relaciones sexuales, pues siempre que había tenido oportunidad de hacerlo, al final me arrepentía y me echaba para atrás. Y debes de saber que si algún día decido tener un hijo te pediré que seas tú el que me lo haga, y sin ningún compromiso por tu parte. Ahora me voy a mi puesto y ya hablaremos.
Sin darle opción a que dijese nada, ya que la confesión de la mujer lo había dejado atónito y sin capacidad de decir nada, ella salió de la cocina y después de la casa no sin antes acariciar a Husme y a Pulga. Benito se sentó anonadado con la taza de café en la mano, ya que tras las palabras de Flor se dio cuenta de que había tenido relaciones sexuales con ocho mujeres en los últimos días, y a excepción de Gloria, que claramente le dijo que podían follar a pelo por su esterilidad, con todas las demás no había tenido ningún tipo de precaución y recapacitando analizo esas relaciones. La primera con Sara, si cabía la posibilidad de embarazo, igual que con Matilde al día siguiente, pero con Sandra y Patricia no había eyaculado en ninguna de ellas, lo mismo que había pasado con Julia, con Bea y con Flor. Se dijo a si mismo que tendría que preguntar a las dos primeras si ellas, que eran las más mayores junto a Gracia, habían tenido alguna precaución, cosa que, si creía posible en Sara, pero tenía más dudas con Matilde, por lo que le preguntaría a Gracia si ella sabía algo durante el viaje a la ciudad que iban a hacer juntos.
Ya más relajado, y no porque no quisiera tener descendencia, sino porque si la tenía quería ejercer de padre con todas las consecuencias, se dio cuenta de que tenía un hambre voraz y se sirvió otro café y se tomó las tostadas que le había preparado Flor. Poco después escucho a Bea y Julia, y que por el bullicio de sus risas y conversaciones supo que bajaban bastante antes de que apareciesen en la cocina, y como supuso que al igual que el, ellas estarían hambrientas, puso varias rebanadas de pan en la tostadora y una nueva cafetera. Bajaban ya vestidas y al parecer dispuestas a irse, pero antes tras darle unos sonoros besos en sus carrillos le preguntaron que donde estaba Mun, y tras explicarles que Flor se había ido hacia un rato las dejo desayunando y él se fue a duchar y a vestirse para estar presentable, tanto en la notaría como en el restaurante al que asistirían después.
Cuando bajo, ya aseado y vestido con una camiseta de manga corta y unos tejanos, se sorprendió al encontrarse con Gracia que lo esperaba en la cocina, ella iba elegantemente vestida y le explico que le habían abierto Julia y Bea, pero que antes de irse le habían relatado de forma resumida la loca noche que habían tenido junto a la nueva vigilante. Le dijo que había venido antes de la hora a la que habían quedado para aprovechar la mañana y acompañarle a la tienda de una amiga para que se comprase ropa, ya que se imaginaba que debía de tener un ropero más bien escaso, terminando de decirle:
- Y por la facha que llevas no me equivocaba. Te vas a comprar un traje de verano, una camisa y unos zapatos, y por supuesto con unos calcetines que no sean de deporte. Y me gustaría que veas lo que tiene mi amiga y te surtas los armarios de ropa con glamur, que con todas las conquistas que tienes la vas a necesitar.
- Pero si yo estoy comodísimo con lo que llevo. – protesto Benito – No creo que sea denigrante ir con tejanos.
- No admito negativas. – dijo Gracia dándole un beso en los labios de forma superficial – Quiero tratarte como a un hermano a un hijo al que hay que introducirle en sociedad, porque hoy, por ejemplo, vamos a comer con Joaquín y sus hijas Patricia y Sandra, pero también con Merche y su hija Fátima.
- ¿Y eso? – pregunto Benito sintiendo alivio al saberlo – A mí ya me dijo Merche que me invitaría a un restaurante que aceptasen mascotas el día de la firma de la escritura, pero a mí no me ha dicho nada.
- Anoche, poco después de irte tu con tus tres niñas, - dijo riendo Gracia – Me llamo Merche, ya que me une a ella una cierta amistad pues yo fui su primera cliente. Me dijo que Sandra le había llamado para comentarle que su padre quería conocernos a ti y a mí, y que como había quedado con ella para comer tras la firma en la notaría, se lo comunicaba para que lo supiese y sobre todo por si le parecía bien. No solo le pareció bien, también le dijo a Sandra que iría con su hija que es abogada y es la que se va a hacer cargo de la gestoría de la inmobiliaria, y por lo tanto de las cuentas de nuestra urbanización, y así de paso nos la presentara.
- Tu conoces a todo el mundo, - dijo Benito – y supongo que sabrás muchas cosas, sobre todo de tus amigas. Y me gustaría hacerte una pregunta un tanto engorrosa, sobre Sara y Matilde.
- Si ya te he hablado de ellas. – dijo Gracia – Pero supongo que será algo más íntimo ¿no?
- Es que veras, me da un poco de corte preguntártelo, - dudaba Benito en plantearle la pregunta hasta que ella con un gesto le animo a hacerla - ¿Tú sabes si ellas toman precauciones para sus relaciones sexuales?
- Vaya hombre, así que era eso. – dijo Gracia riendo de nuevo – Ya me dijo Matilde que follasteis a pelo y que te corriste en ella unas cuantas veces. Pero no te preocupes, después de nacer Manuela, y para evitar otro embarazo si el capullo de su marido volvía a violarla, se ligó las trompas. Y en cuanto a Sara sí sé que es muy meticulosa en ese tema, y además de usar siempre preservativos en sus relaciones, también toma pastillas anticonceptivas, esto último creo que por prescripción médica. ¿También lo hicisteis a pelo?
- Pues sí, y varias veces. – dijo Benito – Y a mí ni se me ocurrió, ni tampoco tenía ni suelo tener preservativos.
- Supongo que ella sí, - dijo riendo de nuevo Gracia – pero tómatelo como un enorme halago, pues si ella lo acepto de forma natural, es que tiene, al igual que yo, una fe ciega en tu higiene y salud sexual. ¿Pero tienes algún inconveniente en ser padre?
- No, ninguno, pero si lo soy, quiero serlo al cien por cien, no casarme o vivir en pareja si ella no lo quiere, pero si ver todos los días a mis hijos o hijas y junto a su madre verlos crecer y educarlos. – Le explico Benito muy serio – Y por un lado Matilde ya tiene su vida y sus dos hijas, y al igual que Sara me dejo medianamente claro que no quiere nada serio conmigo, si acaso algún que otro polvo esporádico.
- ¿Y con las demás si usaste profilácticos? – le pregunto curiosa la diva – ¿O con ellas si te apetecería tener descendencia?
- Es que en ninguna de ellas deposite mi simiente. – le contesto Benito – Bueno, por lo menos no en su vagina.
- Bueno, bueno, así que por lo que dices, o te la han chupado o a alguna la has dado por el culo. – dijo riendo, pero ahora con enorme regocijo – Pero eso tiene arreglo, si alguna de las jovencitas quiere puedes ser un padre extraordinario. Bueno, vámonos porque si no, no nos dará tiempo a vestirte como un dandi.
Como Gracia había aparcado su coche en la entrada de la finca de Benito, ambos salieron no sin antes dejar comida y agua a los dos animalitos, ya que su dueño no creía oportuno llevar a “husme “, y antes de salir de la urbanización le dejo un juego de llaves a Flor. Una vez en ya en carretera y mientras Gracia conducía, Benito, con su habitual curiosidad generada durante los años de portero, se interesó por la vida y milagros de la vendedora ya le había confesado que eran amigas, pero esa curiosidad también estaba ligada a lo que Sandra le había contado, de que a Merche y según la rubia, su persona y su forma de ser la atraían, cosa en la que también coincidió Sara al decirle que su perro, la alegría que notaba de la mujer cuando compro la casa, no era precisamente por la venta.
En vista de esa curiosidad, Gracia durante los veinte minutos que tardaron en llegar a la boutique de su amiga, le conto lo que ella sabía sobre Merche, empezando a decirle:
- Cuando pusieron a la venta los chalets de la urbanización, de la que yo fui la primera propietaria, la que me atendió entonces fue una jovencísima Merche, que era una preciosidad de veintitrés años, y ahora ya debe de tener cuarenta y tres. Estaba nerviosísima, pues al parecer yo fui su primer cliente, y no daba pie con bola, me acompaño a ver la casa y no encontraba ni las llaves ni el mando de la verja por lo angustiada que estaba. Yo intente tranquilizarla y le pregunte, más que nada para que se relajase, que como había acabado de vendedora en la inmobiliaria. Mas que relajarse se sereno, y quizás para su propia autoestima me conto su vida.
- Lo primero que me dijo es que era madre soltera, cosa que en su momento creo que te comenté. – siguió explicándole Gracia – Al parecer no sabía ni quien era el padre realmente, pues según me confeso desde que cumplió la mayoría de edad se despendolo completamente, ya que al parecer follaba como una loca con el primero que se le ponía a tiro, hasta el punto de que en la universidad tenía fama de ser una facilona, que unido a lo buenísima que estaba, y que aun esta, le servía para tener siempre con quien apaciguar sus calenturas. Hasta que en una de esas se dio cuenta de que estaba preñada de dos meses, y su vida dio un vuelco total, se dedicó a cuidarse para que su hija naciese lo más sana posible, dejo de beber y de fumar, se esforzó en estudiar y sacar buenas notas, hasta el punto de que con veintitrés años termino con una excelente calificación su carrera de abogacía, además de tener en esas fechas una niña de tres años. Me conto que había presentado su currículo en la inmobiliaria y la contrataron de forma provisional hacia solo dos días, pero que si me vendía la casa era posible que la hiciesen fija.
- Como yo ya tenía más que claro que me iba a quedar la que hoy es mi casa, y la chiquilla me caía muy bien, la prometí hablar maravillas de ella a sus jefes, cosa que hice y que al parecer sirvió para que la contratasen. – le siguió relatando mientras Benito escuchaba atentamente – Cada vez que venía con un nuevo cliente me saludaba y charlábamos distendidamente, por lo que me entere que desde que había tenido a su hija no había vuelto a tener relaciones sexuales, que sus padres estaban que no cabían en sí de gozo por su cambio experimentado al ser madre, y que la ayudaban en la crianza de su Fátima. En algún momento me dieron ganas de tirarle los tejos a aquella belleza, pero en vista de la devoción que me tenía me contuve, aunque aún hoy tengo la duda de si ella habría aceptado, incluso creo que encantada. Poco a poco se fue afianzando en su puesto de trabajo hasta llegar a ser hoy en día la apoderada de la inmobiliaria y delegada de la misma en esta provincia. Es guapa, trabajadora, seria y buena persona, vamos un primor de criatura.
- ¿Y su hija, como es? – pregunto de nuevo curioso Benito - ¿La conoces?
- Pues no, alguna foto suya me ha enseñado Merche, y parece que es igual de hermosa que su madre cuando yo la conocí. – le contesto Gracia de nuevo soltando su alegre risa - ¿También te quieres trajinar a la chiquilla? ¿O es una fantasía de montártelo con una madre y una hija?
- ¡Madre mía! Hay que ver como eres Gracia. – dijo resoplando el hombre algo azorado – Ni se me había ocurrido semejante cosa, pero en vista de lo que me está aconteciendo esta última semana, bien podría ser hasta posible, teniendo en cuenta la de las cosas extraordinarias que me están pasando.
- Pues no hagas como yo, tíralas los tejos a ambas, no vayas a arrepentirte en el futuro. – volvió a reírse la ex actriz – Si no tiras el anzuelo seguro que no pescas, y si no pillas los dos peces a lo mejor pescas uno de ellos. Además, te voy a vestir como a un verdadero seductor, ya lo veras.
Lo último lo decía entrando en un parking privado, ya en el centro de la ciudad, y unos minutos después a través de un ascensor entraban directamente en la boutique de la amiga de Gracia, una mujer unos años mayor que ella que la saludo de forma entrañable y a la que presento a Benito como una antigua compañera de profesión. Allí, acompañados por dos vendedoras que se desvivieron por atenderlos, y bajo la tutela de su autodesignada diseñadora de moda, tuvo Benito que probarse camisas, pantalones, trajes, e incluso ropa interior, hasta que al final termino vistiendo un traje de verano, muy elegante de color gris, una camisa sin corbata de un color claro y unos zapatos brillantes, quedándose el mismo alucinado de su nueva imagen al mirarse en el espejo hasta incluso llegar a decir:
- Pues no parezco yo mismo, realmente me queda bien.
- Bien no, te queda perfecto. – dijo Gracia a la que se la veía muy orgullosa y satisfecha de su labor – Vas a deslumbrar a Merche, a su hija, a Sandra y a Patricia, e incluso a su padre y al propio notario. Estas matador Benito.
Al final encargo una serie de prendas, entre las que había otro traje, varias camisas y pantalones, calcetines, ropa interior, varios pares de zapatos y zapatillas deportivas, pero para lucir con tejanos o pantalones cortos, quedando en que se los mandarían a su casa junto a la ropa con la que había llegado, pues salió de la boutique vestido con su nuevo look, del brazo de una eufórica Gracia y camino de la notaría que estaba a escasos cien metros. Al entrar en la sala de espera allí estaban Patricia, Sandra y un hombre muy elegante, que aparentaba unos cincuenta y pocos años, alto rubio, con una corta barba ya blanca y daba la impresión de ser extranjero, y que nada más ver a Gracia dio un salto poniéndose de pie, y sin esperar a que nadie les presentase se acercó a ella y tras besarle el dorso de su mano con absoluta devoción la dijo:
- No hace falta que mis hijas nos presenten, pues sigues siendo la mujer maravillosa que me cambio la vida a pesar de no haberte visto jamás en persona. No sabes lo que me halaga que hayas aceptado mi invitación a comer y lo ilusionado que estoy al saber que vamos a ser vecinos.
- Muchas gracias por tus amables palabras, de vez en cuando viene bien que te las digan cuando ya has cumplido muchos años. – dijo orgullosa de que aquel distinguido y refinado hombre le dirigiese semejantes lisonjas – Pero permíteme que te presente a Benito, que este si será tu más cercano vecino, ya que tiene la vivienda justo al lado de la vuestra.
- Es un honor y un placer conocerte. – dijo Joaquín, que así se llamaba el padre de Sandra y Patricia estrechándole enérgicamente la mano – Mis dos hijas ya me han hablado de ti, por cierto, con muy buenas referencias, pero esperaba que fueses más joven y también algo más vulgar, menos distinguido y refinado de como eres.
- Joder papa, es que parece otro - dijo Sandra que al igual que su hermana miraban con asombro a Benito – vestido así tan elegante y con esa prestancia, además de bondadoso, apacible y afectuoso, esta hasta bueno, solo le falta un buen corte de pelo y dejarse un poco de barba, para ser un seductor como tú.
- Si tiene razón Sandra, con esta nueva imagen esta como dice ella hasta “bueno”. – dijo Patricia que lo analizaba de arriba abajo con sus mirada glacial – Seguro que su diseñadora ha sido Gracia, pero ha acertado plenamente, nuestro Benito esta genial.
- Así que Benito es “vuestro” – dijo riendo con su alegría habitual Gracia – Pero no te lo vayas a creer, que tiene muchas más fans de las que te puedes llegar a imaginar, y de todas las edades.
- Es un placer conocerle D. Joaquín. – dijo entonces Benito algo abochornado por los comentarios de las tres mujeres – Y es normal que me esperase más joven si sus hijas le han contado nuestra incipiente amistad, pero ya quisiera yo ser la mitad de elegante que usted.
- Ni se te ocurra llamarme de usted, a partir de ahora vamos a ser vecinos y espero llevarme bien contigo, y aun mejor con Gracia a la que admiro más que a nadie en este mundo. – dijo Joaquín – Y por cierto a pesar de que como ella misma ha dicho ya no es una mozuela, Gracia sigue estando más buena que el pan.
En ese momento entro en la sala de espera Merche, la vendedora, acompañada de una joven que era evidentemente hija suya, ya que el parecido entre ambas era asombroso, si bien la joven era unos centímetros más alta que su progenitora. Saludo efusivamente a todos una vez que Sandra le presento a su padre y hermana, y luego les presento a su hija diciendo:
- Esta es mi hija, Fátima, que a partir de hoy es también empleada de la inmobiliaria y la que se va a cuidar de todas las gestiones de la comunidad de propietarios de la urbanización, ya que el antiguo gestor se jubiló la semana pasada. Pero vamos a pasar al despacho de D. Ezequiel, el notario, que ya tiene los dos contratos de compra venta preparados, y al parecer también otro documento que debe de firmar Gracia.
Al contrario que su madre, Fátima saludo con una inmensa timidez a todos, mirando incluso asustada a Patricia que la guiño un ojo después de darle el acostumbrado beso de saludo, sacarle la lengua y sonreírla burlonamente. Una vez firmados todos los documentos, los dos contratos de compra venta de las dos viviendas, y formalizar el pago a través de sendas trasferencias telemáticas, Gracia les pidió que no se fuesen que un par de ellos deberían de ser testigos de su testamento, en el que legaba todos sus bienes a partes iguales a las hijas de su amiga Matilde, Mariana y Manuela.
Al salir de la notaría, Merche les dijo que ella se había permitido el lujo de reservar en el restaurante de uno de los hoteles más emblemáticos de la ciudad una mesa para siete personas, justo en el ático del edificio de dicho hotel con unas vistas magnificas de toda la ciudad, y que estaba a solo un centenar de metros de donde ellos acababan de firmar la compra de sus nuevas viviendas. Por ello se dirigieron andando y hablando en tres grupos hasta el cercano hotel, Gracia junto a Joaquín, Merche al lado de Benito y tras ellos Fátima, que era bastante más baja que Sandra y Patricia, escoltada por ambas.
Cuando llegaron al Hotel, y mientras esperaban al ascensor, Gracia se dio cuenta de que Fátima estaba tremendamente inquieta, incluso asustada, y se temió que, sabiendo como se la gastaban las dos hermanas, sobre todo Patricia, le hubiesen dicho o comentado algo que la perturbo de forma alarmante. Aprovecho que en el ascensor solo cabían cinco personas para quedarse ella junto a la joven e invitar a los otros cinco a que subiesen primero, a pesar de las protestas de Joaquín que no quería separarse de ella. Una vez que se quedaron solas, Gracia le pregunto a Fátima que le pasaba, y esta le dijo muy bajito y como si fuese un secreto:
- Es que Patri, me ha dicho que mi madre está muy buena, y que Benito, a poco que se descuide seguro que se la va a follar igual que se las follo a ella y a su hermana. ¿Tú crees que eso puede ser verdad?
- ¿Pero cuantos años tienes chiquilla? – le pregunto con una sonrisa Gracia - ¿Tanto te extraña que Benito se trajinase a las dos rubias? ¿O tu pregunta es por si hay posibilidad de que se ventile a tu madre?
- Tengo veintitrés, y no me escandalizo de que el tal Benito se beneficiase a las dos hermanas, aunque me ha parecido, a pesar de sus comentarios, que son las dos homosexuales por cómo me miraban a mí. – la contesto algo cohibida y aun en voz muy baja – Me han puesto hasta nerviosa, tan grandes, tan guapas y mirándome como si fuese un postre exquisito. Pero mi pregunta es si crees posible que mi madre se lie con Benito, porque hacen buena pareja, eso hay que reconocerlo, y encima mi madre habla maravillas de él.
- No te preocupes niña, que Benito es una bellísima persona, y si eso llega a ocurrir será porque Merche quiere, ten por seguro que él no se va a aprovechar de ella, a pesar de que la loca de Patri te haya dado a entender eso. – le dijo Gracia subiendo con ella en el otro ascensor – Y en cuanto a que se beneficiase, como tú has dicho a las dos rubias, dalo por seguro, pero yo sé de buena tinta que fueron ellas las que tomaron la iniciativa. Y tú, ¿tienes novio o pareja?
- Noooo, acabo de terminar derecho y hoy empiezo a trabajar, y no he tenido ni tengo tiempo en perder el tiempo con un capullo que solo quiera quitarme las bragas. – dijo ya más tranquila y en voz más alta ante la intimidad del ascensor – Pero según mis amigas, soy una rara especie en extinción, pues aún soy virgen.
- Entonces te aconsejo que procures que sea Benito el que te haga mujer, porque me he enterado hoy mismo que es un experto en hacer que la primera vez sea maravillosa. – dijo Gracia volviendo a hacer sonar su hermosa risa acordándose de que aquella misma mañana Bea y Julia le habían contado como Mun se desvirgo ella solita sobre el manubrio de Benito – Te lo dice una mujer que tiene experiencia en la vida, y si tienes alguna duda, pregúntale a tu madre, que por lo que me ha dicho confidencialmente, ella si está dispuesta a copular con su “vigilante favorito”, como ella lo llama.
No siguieron hablando pues llegaron al ático donde en un reservado del restaurante les habían preparado una mesa redonda para todos ellos, y la joven se extrañó de la distribución de los comensales, ya que fue Merche la que había organizado como sentarse, colocando a Gracia, Joaquín, Fátima, Benito, Merche, Sandra y Patricia cerrando el circulo al otro lado de la diva. Como era lógico Joaquín solo tenía ojos y conversación para su musa erótica, por lo que ella tendría que dialogar prácticamente y exclusivamente con Benito, al que entre ella y su madre lo acapararon ante las miradas burlonas de las dos exuberantes rubias que parecían disfrutar de la turbación que consumía a Fátima y que le hacían tambalear sus principios, su castidad y su decoro.
Pero si la distribución en sí, no hubiese sido suficiente perturbadora para la joven, la conversación que tuvieron durante la comida termino de hacerle reconsiderar sus principios morales a la vez de encender sus más bajas pasiones llegando incluso a humedecer su ropa interior, pues sin ningún tipo de vergüenza, primero Joaquín, después Gracia y por fin Patricia y Sandra, contaron mientras comían sus vidas, todas ellas con enormes connotaciones sexuales, hasta que ya en los postres fue Patri la que le dijo a Benito que explicase como consiguió que se corriesen ella y su hermana con solo tocarlas, momento en que abochornado el buen hombre dijo:
- No creo que deba presumir de lo que hice, y lo único que puedo decir es que para mí fue algo tan hermoso como inesperado, algo sublime, pero que creo debe de quedar entre los implicados en el acto, sin jactarse de los logros, solo disfrutar internamente de haber sabido complacer a otros.
- Chapo. – dijo Joaquín – Y me ratifico en lo que te dije al conocerte, te creía más vulgar, menos distinguido y refinado de como vienes vestido, pero no es solo tu vestimenta, tu elegancia está en tu interior, en tu forma de ser. Y ahora yo y mis hijas nos tenemos que ir que vamos a recoger a Emily al aeropuerto de Barajas, que ha adelantado su viaje y llega esta noche, bueno más bien esta madrugada. Pasado mañana esperamos estar los cuatro en nuestra nueva casa y a partir de ese momento disfrutar de vuestra compañía mucho más a menudo.
Se despidieron los tres, y entonces Gracia tras ir con Merche a los servicios dejando solos a Benito y Fátima, que durante los pocos minutos que se quedaron a solas no fueron capaces de articular palabra, pues ambos estaban realmente turbados, les dijo que ella había quedado con la dueña de la boutique para merendar, y que, si a Benito no le importaba, Merche podría llevarle hasta su casa y esta dijo:
- No hay problema, será un placer llevarle, y aunque hemos venido con el coche de Fátima ella nos llevará con sumo placer.
Así lo hicieron, y la joven presintió que Gracia y su madre se habían confabulado para dejarlas a madre e hija con Benito, y en ese momento empezó a excitarse pensando en lo que Gracia la había dicho sobre perder su virginidad en manos de aquel hombre, cuyo comportamiento en la comida le había encantado e incluso seducido. Al llegar a la urbanización Benito presento a madre e hija, como gerente y gestora de la inmobiliaria y a la vez que le decía a Mun que de alguna forma ellas, a partir de ahora, eran sus nuevas jefas. Luego Benito las invito a que tomasen en su casa una cerveza y que Fátima de paso conociese su nueva casa, a lo que ambas accedieron sin ninguna oposición, pero lo más extraordinario para Benito fue que al abrir la puerta salieron “husme” y “pulga” saltando alegremente alrededor de Merche y Fátima, aullando el primero como nunca y mirando a Benito meneando el rabo de forma más que significativa, secundado por el gatito que emulaba a su amigo.
Al final Gracia se saldrá con la suya, pensó en ese momento Benito, que invito a pasar a su residencia a madre e hija algo nervioso, un tanto asustado, pero tremendamente excitado, animándose a sí mismo y diciéndose interiormente “A por ellas”
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