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Confesionesjul 2025

JOSE ANTONIO 2 EL SEXO DE PAGO. El barrio chino

A sus 22 años, José Antonio ya no busca amor, sino placer a cambio de dinero. En el barrio chino, donde cada cuerpo tiene un precio, él ha encontrado su lugar: ser útil, ser usado, ser necesario. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para sentirse vivo?

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JOSE ANTONIO 2

EL SEXO DE PAGO. El barrio chino.

En el segundo “club” el grupo se disolvió rápidamente y cada uno busco su “pareja” de juego y él se quedó solo en la barra del bar, con Andrea una experimentada puta de 50 años y casi el doble de kilos, ella fue su primera experiencia con una mujer, no duro nada, casi no hubo penetración, pero quedo alucinado, una mujer, otro cuerpo.

Pronto se aclimato a ese mundo ya tenía 22 años y dejó el domicilio familiar por un piso mínimo de alquiler a medio camino entre el taller y el barrio de las Cortes.

Trabajaba, bebía, poco, y pagaba por sexo. Descubrió no solo las putas, sino también travestis, transexuales, mariones viejos y jóvenes, y todo el espectro de personas que vendían su cuerpo por dinero o algo de droga. Su carácter amable y facilitador pronto le dio fama entre las putas, taberneros y clientes, era discreto buen pagador y siempre dispuesto a hacer favores y recados. Limpiaba el bar Londres y el club Gato Pardo, rellenaba las neveras y algunas veces bebía y comida graist con los y las profesionales. Su vida era trabajar y el sexo, No pensaba en otra cosa, meter horas trabajando para le vaciarían la leche y la cartera.

Un domingo al amanecer cuando el club estaba casi cerrado y mientras rellenaba las neveras entro un cliente que inicio conversación con Lucia, una imponente travesti rubia natural y Yolanda una joven prostituta que había dejado su trabajo en una tienda porque con ese sueldo no podía pagar todo lo que se metía por nariz y vena, ese cliente gordo trajeado y de buen brillo quería sexo y espectadores, allí se fueron los cuatro. Alquilo puta, travesti y la habitación grande para 4 horas ya a él le ofreció pagarle como mirón. Miro toco y sin darse cuanta estaba siendo penetrado brutalmente por el cliente, no dijo nada no le gustaba quejarse; Yolanda hacía tiempo que había ido a su mundo y le miraba casi sin verlo con una sonrisa tonta mientras Lucia le mostraba una buena polla que llevarse a la boca

Así estuvo largo rato siendo usado entre Lucia y el cliente sin decir nada, encantado de ser útil, ambos se corrieron dentro de él. Despertó muy dolorido abrazado a la joven puta yonqui que lentamente volvía del mundo susurrando “un jamás lo volveré a hacer”, hasta la siguiente dosis.

Si paso varios años trabajando, haciendo recados, favores y complaciendo a algunos clientes que querían sexo con un hombre no profesional, ni afeminado, estaba feliz lo deseaban, era útil y alguno incluso le pagaban por dejarse chupar su más bien poca polla y por eyacular en sus bocas. Todo iba bien la vida le sonreía, era feliz daba placer y algunas veces incluso lo recibía.