Compañeros - Capítulo 4: Cervezas en Malasaña
Cuatro amigos brindan por su libertad en Madrid, creyendo que la noche es solo para risas y confesiones inocentes. Pero cuando las luces se apagan y las prendas caen, la mirada de Luis se detiene en el cuerpo desnudo de Miguel. ¿Podrá mantener el secreto de su deseo mientras la amistad se convierte en algo más peligroso?
Capítulo 4 — Cervezas en Malasaña
El bar estaba en una esquina escondida de Malasaña, con faroles rojos y terraza pequeña, medio llena de grupos jóvenes con pinta de recién llegados a la ciudad. Las mesas eran de metal y vibraban con cada caña servida. El aire olía a cerveza, a tabaco y a septiembre.
—¿Y qué queréis? ¿Cañas, jarras, cubos? —preguntó Jordi apenas llegaron.
—Cañas para empezar —dijo Luis, sentándose con gesto de patrón—. Vamos poco a poco.
—¿“Poco a poco”? Tú ayer me llevaste hasta el baño medio tambaleándome —dijo Miguel, riendo.
—Y te duché con amor de madre. Eres bienvenido.
Arnau pidió la primera ronda. Era el más calmado de los cuatro, de barba incipiente, voz baja y mirada atenta. Jordi, en cambio, era pura energía: gesticulaba al hablar, se reía con fuerza, y siempre tenía una historia absurda lista.
Los cuatro se acomodaron en la mesa como si ya llevaran semanas compartiendo tiempo. A su alrededor, la noche madrileña vibraba con el murmullo típico de los que aún están empezando algo.
—A ver —dijo Jordi, levantando la caña—. Brindemos.
—¿Por qué? —preguntó Miguel.
—Por no ser unos pringados solitarios en nuestra primera semana en Madrid.
Las jarras chocaron con fuerza.
—Venga, turno de confesiones —añadió Jordi—. ¿De dónde sois y qué dejáis atrás?
Luis rodó los ojos.
—Esto parece un grupo de terapia.
—Pues empieza tú, rugbyman —dijo Arnau con media sonrisa.
Luis se encogió de hombros.
—Granada. Barrio de toda la vida. Padres currantes, madre que me mima demasiado. Dejo atrás… al equipo, supongo. El rugby lo era todo. Pero ya está. Madrid mola más. Fiesta, independencia, chicas. Me gusta la libertad.
—Y los baños con compañeros, ¿no? —soltó Jordi, riéndose.
Luis le lanzó una servilleta.
—¿Y tú, Miguel? —preguntó Arnau, girándose hacia él.
Miguel dudó un segundo. Luego habló.
—Oviedo. Dejo… una casa tranquila. Padres que me quieren, pero que no entienden muy bien por qué me gusta tanto diseñar cosas. Arquitectura fue mi escape. Y también… una chica. Lo dejamos hace un año. Fue jodido. Me cuesta abrirme otra vez.
Hubo un pequeño silencio, respetuoso.
—Tío, aquí estamos para eso. Para hacer borrón. Y pillar cacho —añadió Jordi, rompiendo la tensión.
—¿Y vosotros? —preguntó Luis.
Arnau habló con calma.
—Lleida. Familia grande. Dejo a mis abuelos, que me criaron un poco. Medicina es vocación, sí, pero también responsabilidad. Madrid es mi salto al vacío. Me siento como si caminara sin red.
—Eso ha sonado profundo. Brindemos por eso —dijo Jordi, ya levantando la tercera caña.
—¿Y tú, Jordi? —preguntó Miguel.
—Yo vengo de Sitges. Hijo único. Padres separados y muy intensos. Soy el resultado de dos divorcios y tres terapias. Vine a Madrid a divertirme. Medicina fue una excusa. Y sí, me gusta la gente. Las chicas. Las noches. Y un buen culo, ya sea de ella o de él.
Luis se rió.
—Eres un enfermo, tío.
—Orgullosamente.
La conversación fluyó. Hablaron de sexo con naturalidad. Jordi era el más desinhibido: contó detalles de una ex francesa que le enseñó a besar con los ojos abiertos, de una vez que casi pierde la virginidad en un baño público, y de cómo había fingido estar enamorado para que le hicieran una mamada.
Luis contaba historias con más orgullo que detalle. Dos chicas del instituto, una en un campamento. Dijo que nunca había tenido novia, pero sí “momentos importantes”.
Miguel se reía, pero hablaba poco. Al final, con las mejillas coloradas y la lengua más suelta, dijo que había tenido una novia seria, que fue su primera vez, y que desde entonces nada le había cuadrado igual.
—¿Y ahora? —le preguntó Arnau.
—Ahora estoy aprendiendo a no tener expectativas.
—¿Y tetas o culo? —preguntó Jordi, apuntándole con una aceituna.
—Culo —dijo Miguel sin pensar.
—Yo también —añadió Luis.
—Yo, personalidad —bromeó Arnau.
—Culo, pero que no hable mucho —cerró Jordi.
Y todos estallaron en risas.
La noche fue cayendo sin prisa. No se emborracharon, pero sí hablaron como quienes ya no necesitan máscara. Fueron cuatro chicos de dieciocho años, vulnerables y fanfarrones, hablando de sueños, de sexo, de miedo, de futuro.
Cuando pagaron la cuenta, Luis dijo:
—Me alegro de haberos conocido, en serio.
—No os libráis de mí —añadió Jordi—. Esto acaba de empezar.
⸻
Volvieron caminando hasta el colegio mayor. La noche era húmeda y cálida. En el cuarto, se quitaron los relojes, se dejaron caer las mochilas, y se quitaron los zapatos de un golpe. Se sentía el cansancio agradable de una noche bien vivida.
Miguel fue el primero en cambiarse. Se puso de pie frente a su cama, se quitó la camiseta despacio, luego el pantalón. Bajo la luz suave de la lámpara, volvió a quedar desnudo sin pensarlo demasiado.
Luis lo miró. No quería hacerlo, pero lo hizo.
Y ahí estaba, otra vez: ese cuerpo delgado, blanco, bien formado. Y ese pene largo, flácido pero presente, con unos huevos grandes, simétricos, colgando con naturalidad.
Pero esta vez, Miguel se dio cuenta.
—Hey, bro —dijo con una media sonrisa—. ¿Todo bien?
Luis, pillado, levantó las manos como en una escena de crimen.
—Perdón, tío. Me ha cegado el foco —bromeó—. Pero es que llevas eso como si fuera una pistola. ¿Te han parado en aduanas alguna vez?
Miguel se rió, sin rubor.
—Sí, claro. Me han hecho cacheos especiales.
Luis se tumbó en la cama en calzoncillos. Miguel se puso su pijama sencillo, se sentó en la cama, y apagó la lámpara.
—Buena noche, ¿eh? —murmuró Miguel, desde la oscuridad.
—Sí. Estamos haciendo cuadrilla, y eso es oro.
—Y aún no ha empezado lo bueno.
—Ya ves.
Y, en el silencio cálido del cuarto, se durmieron sin pensar en más. Aunque algo, dentro de uno de ellos, volvía a latir sin nombre.
Continúa en
- Relato #237207— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
Relatos similares
- Hetero: General
De Cómo cortar con tu novio y de paso... II
Despierta en una cama ajena, sin recuerdos y sin ropa. Sus amigos la miran con una complicidad que le hiela la sangre.
Comparte:Amor apasionadoRelacion profesor alumnaVoyeurismo consentido
- Hetero: General
Finde casi inesperado
Marcos cree que ha arruinado todo con su borrachera, pero no sabe que su amiga se ha refugiado en la habitación de al lado.
Comparte:Amor apasionadoTrio fffRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
El primer orgasmo
Sabía que César la engañaba, pero no esperaba que la solución llegara en brazos de su mejor amigo.
Comparte:Amor apasionadoRelacion profesor alumnaBdsm suave
- Hetero: General
Un verano inolvidable II
El teléfono suena y Carlos la espera al otro lado, pero esta vez las palabras no son para él.
Comparte:Voyeurismo consentidoTrio fffRelacion profesor alumna
- Hetero: General
El día amanece lluvioso
Ella duerme tranquila, sin saber que el día lluvioso le deparará una sorpresa que desatará todos sus sentidos.
Comparte:Bdsm suaveAmor apasionadoRelacion profesor alumna
- Hetero: General
Voyeurismo en la Oficina: Lo Que Pasó Después
La lluvia atrapa a Daniela en la oficina, pero no es el clima lo que la mantiene allí. Al descubrir a Alejandro en su momento más íntimo, el miedo se…
Comparte:Voyeurismo consentidoRelacion profesor alumnaTrio fff