Amigos en la fortuna. Trigésimo primera parte
Jandro la esperaba en la puerta con una promesa peligrosa: huir juntos y dejar atrás todo rastro. Mara sabía que su instinto le decía que debía correr, pero la tentación de un nuevo comienzo la detenía. ¿Podrían realmente borrar un pasado tan oscuro?
Mara se apresuró al cerrar la maleta. Su instinto le decía que debía huir lo antes posible. Cogió todo lo imprescindible del lugar en el que había estado viviendo durante once años, sin saber muy bien si la huída a Ciudad Oeste, donde vivía una prima, sería la solución que buscaba.
Cuando abrió la puerta de su apartamento para largarse, se lo encontró de pronto y de frente.
–¿Qué quieres?, ¿qué haces aquí?
–Vengo a buscarte, como te prometí.
–Tienes mujer y una hija.
–La hija es de Jacobo.
–¿Cómo puedes estar seguro?
–Ana y yo hemos tenido sexo solo un par de veces; además, creo que soy estéril.
–¿Por qué este juego Jandro? –preguntó enojada y trágica Mara.
–Él no les hará daño. Las cuidará.
–Pero si hasta las secuestró, ¿qué está diciendo?
–Sé que es difícil de entender. Con Jacobo estarán bien; esa es su redención.
–No sé cuál de vosotros da más miedo. Habéis jugado a suplantaros el uno al otro, como si fueseis dos fantasmas. Es una locura…
–Por favor Mara… Teniendote junto a mí todo será distinto, estoy seguro.
***
–Perdona por lo de anoche Ana –dijo él mientras acariciaba el cabello de la mujer, aún tumbados en la cama.
Por la mejilla de Ana corría una lágrima.
–Tarde o temprano el comisario Jódar se dará cuenta como yo de quién eres. Te detendrá.
–¿Me vas a delatar?
Ella negó con la cabeza, pero ya no sentía miedo.
–Cambiaré Ana, por tí, por la pequeña Isabel.
–Ahora lo comprendo todo. Nunca me hubieras dañado cuando estuve encerrada en aquel sótano, sin embargo fue horroroso.
–Lo sé cariño, quise arreglarlo sobre la marcha, me di cuenta a tiempo de lo que sentía por tí.
–¿Dónde está Jandro?¿Le has hecho algo?
–Está bien, supongo. Creo que ha ido en busca de Mara, la amiga de tu hermana.
–¿Tú también has tenido algo con ella, con Mara?
–No. Te lo juro.
***
Mara y Jandro se abrazaron, tenían la firme intención de abandonar el país. Irían a algún lugar de Sudamérica, donde nadie pudiera encontrarles. Jandro telefoneó para pedir un taxi; intentarían no dejar rastro.
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