Xtories

Efectos secundarios

Desperté entera, pero algo había cambiado en mi cuerpo. Esu, el sanador elfo, me había salvado la vida con una poción que no me explicó del todo. Ahora, cada rincón de mi piel arde con una necesidad primitiva que no puedo controlar, y él parece haber sellado mi destino con su semilla.

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Desperté.

No sabía en dónde estaba, ni que me había ocurrido. Todo era borroso después de perder el sentido, pero antes de eso la memoria era terrible y clara. Subía con Luis, Raúl y Sergio -mis amigos de alpinismo- por una sinuosa escarpada. Nada que no hubiéramos hecho antes, pero alguien se equivocó. Supongo que fue Raúl, el menos experimentado, que no alcanzó a colocar bien el polín en una de las grietas de la marcada pendiente. El anclaje se salió del muro como si hubiera sido un pájaro fuera del nido y mi cuerda no resistió...

Caí, lo sé por el sonido de mi cuerpo sobre las rocas y el crujir de mis huesos robándome el aliento. Me supuse muy mal herida, con más de una fractura expuesta y con la certeza de que nadie iba a poder auxiliarme. Evalúe con rapidez la gravedad de mis heridas y entendí que más de una era mortal. Quise gritar, pero el dolor había drenado mis últimas fuerzas para hacerlo. Al cabo de todo, me desmayé.

Y entonces desperté aquí. En una cama mullida, con una cobija encima y una profunda extrañeza. No había rastro de malestar en mi y, aunque no había revisado si algo me faltaba, la falta de molestias ya era una buena señal.

Levanté con cuidado la pieza de tela que me tapaba y pude revisar el estado general de mi organismo. Estaba entera, podía mover los pies y eso me tranquilizó. Algo había ocurrido, porque a simple vista no había hallado moretones ni cicatrices. Vamos, ni siquiera un simple rasguño. Por otra parte... débil y hambrienta si que estaba. Necesitaba un paquete intenso de calorías, algo de proteína y quizá un poco de grasa y agua. Me incorporé como pude y noté a unos metros de la cama un tazón con bayas, hongos de varios tipos y un pedazo de carne apenas asada, probablemente fría, pero necesaria. Me voltee, puse un pie en tierra y, al intentar caminar, estuve a punto de darme de bruces contra el suelo. Conseguí regresar y envolverme de nuevo con la cobija, aunque el ruido fue enorme y de seguro a alguien alertó. En efecto, poco tiempo después alguien entró a la habitación.

-Hola. Al fin despertaste, y me imagino que con bastante hambre -dijo un hombre joven y apuesto. No pude no fijarme en él. Era alto como un ropero, atlético sin ser exagerado y de cabellera larga y abundante.

Asentí. El llevó la charola hasta la cama y me vió comer con avidez. Por unos instantes me pareció que le divertía, ya que no dejaba de mirarme con profunda curiosidad. Decidí no darle importancia. Tenía que alimentarme y, después de todo, alguien me había curado. No sabía aún si había sido él.

Terminé el plato hasta las migajas. Había comido con las manos, como una troglodita, pero el banquete había sido abundante y mi estómago lo agradeció. Después, me volví hacia él y pregunté:

-¿Dónde estoy?

El sonrió. Puedo jurar que su sonrisa era cristalina y pura, más como si hubiera sido producida en un sueño lúcido que en la realidad.

-En mi aldea, a salvo. -respondió.

Tenía muchas preguntas atoradas en la garganta. Pero la principal salió como una exhalación:

-Pero...¿Dónde es eso? Y sobre todo...¿Quien eres?

-Soy Esu, el sanador de mi tribu. -contestó con su beatifica calma -Te encontré hace unos días en la falda de la montaña y decidí traerte aquí. Tenías un mal aspecto y por poco te mueres, pero por fortuna te atendí a tiempo.

-¿Hace varios días, dices? ¿Cómo cuántos exactamente?

El frunció el seño antes de responder.

-En realidad fueron casi tres semanas, poco menos. Pero lo importante es que ya te estás recuperando.

-¿Tres semanas? -Repetí en voz muy alta. -¡Es un montón de tiempo! Mis amigos deben haberme buscado desesperados... tal vez sigan haciéndolo...No puedo quedarme aquí. En serio gracias, pero debo regresar.

-Si, por supuesto. -dijo Esu con cortesía- pero aún debes estar débil y el camino es largo.

-Lo tomaré - sostuve sin pensarlo. De un tirón jale la cobija, pero ahí me percaté de algo que hacía rato no alcance a distinguir: estaba ataviada con una ropa interior muy breve, que mostraba mis carnes en toda su plenitud.

Me volví a tapar en lo que le preguntaba por la ubicación de mis prendas. Su cara no mostró rastro de picardía o sorpresa cuando me explicó que, al atenderme había tenido que quitarme toda la ropa. Que la mayor parte de ésta estaba rota y sucia y la había tenido que enterrar. Sobre lo escaso de mi vestuario, me ofreció una disculpa y dijo que, cómo las mujeres de su pueblo no usaban ropa interior, le había pedido al costurero que me hiciera algo que me tapara, pero que él no había entendido con claridad, por lo que había hecho un reducido calzón y un sujetador muy ceñido. En tanto me aclaraba todo ésto sacó de su armario un vestido. Me lo entregó con toda naturalidad pero a mi me sorprendió el diseño. Parecía algo escotado de arriba -lo era- y un poco corto de abajo. Apretado en todo caso por el vientre y suelto por la falda.

Me lo coloqué tan pronto le pedí que se volteara. Me sentía diferente, no muy cómoda con esa vestimenta que me parecía un tanto sexy, cuando yo estaba acostumbrada a usar ropa de alpinismo o informal. Además...en ese momento no lo pude comprobar, pero me dió la impresión de que me habían crecido los senos y los glúteos...

-¿No tienes otra cosa? -le pregunté. Él volvió a disculparse, me dijo que esa era la forma en que se vestían las mujeres de su pueblo, pero que vería con el sastre si podía hacer otras prendas para mí.

Después, me ayudó a levantarme, a dar algunos pasos y a intentar recuperar la fuerza de mis piernas. Caminamos así por la habitación, él cuidándome de no tropezar y yo procurando restablecer el equilibrio. Con todo, estar viva y completa era un milagro y así se lo hice saber. Y después, quise indagar un poco más.

-¿Que fue lo que me hiciste?

-Te sané- respondió, con la ingenuidad de quién no entiende la pregunta.

-Y claro. Eso es evidente. Lo que quiero saber es exactamente como lo hiciste. Tenía expuesta la tibia y el hueso de la clavícula izquierda. Al menos tres costillas rotas, posiblemente el hígado comprometido y no sé si uno de mis riñones perforados...no soy sanadora como tú, pero de dónde vengo soy médico. Y sé que curarme era poco menos que imposible...

-Tal vez entre tu pueblo sea imposible atender a una persona en agonía, pero aquí no es como allá...utilize algunas hierbas, hongos y especies. Claro, tuve que colocar tus huesos en su lugar, y luego te unté de esa mezcla cada día por estas semanas... pero valió la pena. Estás lista y recuperada.

-Es milagrosa...-le digo, en lo que veo que empiezo a retomar fuerza en mis piernas-créeme que sería un gran descubrimiento de dónde yo soy.

-Si, bueno...-se apresuró a contestar. -Hay que entender la proporción correcta y las técnicas de colocación... pero de todas formas no creo que sea una buena idea.

-¿Por qué? -le pregunté extrañada- ¡No tienes idea de lo que ésto significaría para cientos de miles de personas! Para tí, seguro el premio Nobel, y para la humanidad...

Sin asomo de agresividad me interrumpió, al tiempo que sonreía. No era está vez una expresión amable en su rostro sino enigmática...como si hubiera un cierto arrepentimiento en su interior.

-Discúlpame, no te pregunté tu nombre.

-¡Oh lo siento! -le dije apenada- soy Daniela... Danny, para mis amigos.

-Ya veo, Daniela. Pues mira, esta pócima que te dí tiene ciertos efectos secundarios. No es con toda la gente, quizá ni siquiera con la mayoría. Pero, ¿Sabes? Yo no te la habría dado si no hubiera sido por lo mal que te ví.

Me inquiete por un momento y le pregunté:

-¿Que clase de efectos secundarios?

-Hablaremos de eso si se te presentan... además, varían de persona a persona, pero no te preocupes. Además, era eso o dejarte morir... ahora, quiero que vengas conmigo, hay un par de asuntos que debemos ver con el consejo de ancianos.

Asentí. Al menos ya podía caminar por mi misma, y en algo él tenía razón. Me puso unas sandalias de cuero y salimos de su cabaña rumbo a la aldea. Durante el camino me fue hablando sobre las tradiciones de su pueblo, de la forma en que habían sobrevivido lejos de la interacción con "los humanos" (sic) y de que hacia décadas que nadie de afuera había pisado esos territorios. Le volví a agradecer y supe que estaba en buenas manos.

Al llegar a la aldea -que estaba a poco más de un par de kilómetros de su choza, pude notar algo: toda la gente era de una belleza singular. Hombres atléticos, fuertes y vigorosos, trabajando junto a chicas altas, de curvas delicadas pero de buenas proporciones. Hermosas de rostro y con una tierna expresión en su mirar. Me extrañó ver ese conjunto de personas que solo en una pasarela de modas habría hallado...y ni así.

-¿Que son ustedes, Esu? -le pregunté a quemarropa, cuando ya la curiosidad pudo más que mi prudencia.

El volvió a su sonrisa suave. Y entonces contestó:

-Tu pueblo nos llama elfos, Danny. Pero nosotros tenemos otros nombres que nos agradan más.

Me sorprendió. Tanto que por un momento trastabille...Elfos, repetí. Ahora sí podía pensar que estaba muerta o alucinando por mi estado moribundo.

-Si Daniela -insistió Esu, como anticipándose a mis argumentos- ¿Creíste que solo existíamos en la literatura? Pues ya ves que también formamos parte de la realidad.

-Es que...-tardaba en replicar con fluidez - nadie había visto algo así...y el mundo ya ha sido explorado y...

-¿Y por eso esto es irreal? ¿En serio Daniela? Mírate. Tócate...sienteme. -pidió en lo que tomaba mi mano y la ponía en su pecho. -¿Aún crees que esto es ficción?

-yo no...-quise decirle, al tiempo que quitaba la mano de su pecho. El contacto con esa parte suya me había descontrolado por un momento.

El liberó una sonora carcajada, mientras abría la puerta de un gran salón donde se encontraban los ancianos.

Cruzamos el recinto.

Cómo era de suponer, no había en aquel salón más que un conjunto de doce sillas colocadas en hemiciclo alrededor de una sala circular. Ahí, sentados, aguardaban por nosotros el mismo número de hombres y mujeres. Llamarlos ancianos era un lamentable epíteto: todos lucían en plenitud.

-Esu -dijo entonces el consejal que se encontraba enmedio - ¿A qué has venido?

El respondió:

-Vengo a manifestarles que he traído a esta humana a mi choza. La he cuidado, alimentado y vestido. Todo ésto, a fin de poder salvar su vida...

El mayor de los Elfos tomó su tiempo para replicar. Yo, por mi parte, empecé a experimentar sensaciones que nunca había tenido, como contemplar a cada uno de esos seres como una pieza única de extremada belleza. ¿Que tanto? Cada vez un poco más...

-Esu. -continuó el consejal- la última vez que estuvo aquí un humano fue hace ciento treinta y cuatro años...y todos recordamos que no fue grato...

Me volví a ver de nuevo a Esu. Me pareció portentoso, no solo guapo sino atractivo. Como cargado de una sensualidad por momentos irresistible...

-Lo entiendo, maestro Besu. Quizá rompí una regla, pero no podía dejarla morir sin ayudarla...este consejo sabe que nuestras leyes dictan salvar la vida de quién se pueda rescatar...

-Así es, Esu...¿Que quieres hacer con ella ahora?

El recinto quedó en silencio antes de que Esu hablara. Yo me pellizque una pierna, para ver si así conseguía calmar mi ansiedad...

-Quiero quedármela. -Dijo sin más. En otras circunstancias yo habría protestado, pero me sentía como drogada.

El consejo de ancianos empezó a cuchichear. Los minutos parecieron eternos antes de que una de las mujeres del recinto habló:

-Esu. Estás comprometido con mi hija...¿Debo entender con esto, que romperás ese compromiso?

El guardó silencio. Fueron apenas unos segundos, pero la espera pareció eterna.

-Si, gran hermana. Me quedaré con la humana

De nuevo se formó el cuchicheo entre los miembros del consejo... por mi parte, yo comencé a sentirme algo...¿Caliente, tal vez?

-El principal habló como un trueno.

-Si eso es lo que quieres, Esu, este consejo te lo otorga. La humana es tuya.

-Esperen...¿Que? ¿Suya? -Alcance a percatarme de mi situación...-¿Como si fuera una pieza de ganado?

De pronto se escucharon voces de inconformidad. Ví los rostros molestos de varios de los presentes y el principal tomó su martillo y golpeó con fuerza su taburete.

-La humana no tiene derecho a hablar en este sitio sagrado...¿Acaso no se lo explicaste, Esu?

Me pareció indigno el trato hacia mí. Más aún, la respuesta de Esu.

-Lo lamento consejero. No volverá a ocurrir.

-¿Cómo? -pregunté, pero él cruzó su índice en mi boca y el contacto con su piel me hizo ruborizar. Después, se dirigió a todos y les anunció:

-En diez días anunciaré mi nuevo compromiso con esta mujer... pero hoy me la llevo de vuelta conmigo. Si este tribunal está conforme con mi decisión.

-Estamos Esu. Puedes llevártela ahora. Dijo Besu, y él hizo una ligera caravana y me sacó de prisa.

Sentí que me había mojado cuando me tocó, por eso no protesté. Pero si, me sentía rara, distinta...no solo estaba cada vez más caliente; veía a cada hombre como un amante potencial, a Esu como un fenómeno de la virilidad y a mi, como una gatita en brama, lista para la procreación como fuera y con quién estuviera dispuesto.

Caminamos de vuelta hacia su cabaña. Mis pezones se sentía erectos y duros y mi concha se sentía inflamada y humedecida... algo estaba mal...

-Esu...-le dije, haciendo acopio de mesura- ¿Cuales son exactamente los efectos secundarios en ese preparado que me diste?

Probablemente él se percató de que algo era inusual en mí, pero al parecer seguía pensando en como evadir la respuesta.

-No te va a dañar, Danny. -respondió con certeza- son hierbas seguras y no van a corromper ninguno de tus órganos...

Lo detuve a escasos metros de su casa. Mi libido estaba por los cielos, pero yo antes necesitaba saber.

-Eso si lo entiendo, Esu, pero no me estás diciendo todo...¿Cuales son los efectos? ¿Ponen a la gente muy lujuriosa?

El abrió sus hermosos ojos un poco más de la cuenta, como si hubiera sido atrapado en una travesura.

-Danny -respondió. Se notaba que le costaba trabajo sincerarse- estás hierbas no son nocivas, pero quien las usa siente unas enormes ganas de... bueno... pues de aparearse...

-¿Eso me diste? -le pregunté alarmada- ¿Y cuánto tiempo duran esos efectos?

Lo ví tragar hondo antes de hablar.

-A las mujeres de aquí, con un preparado sencillo les da por tener sexo con intensidad como tres o cuatro días... pero a ti...

-¿A mí?

Esu desvió la mirada antes de decirme:

-Tuve que darte una mezcla concentrada...era la única manera de salvarte, Danny...no hay manera de anticipar cuánto tiempo tendrás esa sensación, pero calculo que no menos de quince días...

-¡Idiota! -le dije al tiempo que me le iba a los golpes - mejor me hubieras dejado morir...¿Y por eso crecieron también mis partes femeninas?

El estoicamente permitió que lo golpeara en el pecho, y a mi pregunta solo respondió con un movimiento afirmativo de cabeza...

Entonces me le abalanzé. Lo besé, lo rasguñé, lo golpeé otro poco en lo que mis piernas se colocaban lo más cerca de él.

-¡Idiota, imbécil! -le dije con furia entre besos, entre los puñetazos que le dí a su abdomen y que no lo lastimaron ni poco. -¿Dos semanas, estúpido? -le pregunté en lo que le arrancaba su camisa a jalones...-¿Que voy a hacer en dos semanas con esta necesidad?

-Danny, cálmate... sé que es difícil, pero se puede intentar...

-¿"Cálmate" maldito infeliz? -ironizé mientras me quitaba el vestido de una. -¿Cómo voy a calmarme, si mi cuerpo me está exigiendo que lo poseas?

Esu desvió la mirada hacia otro lado. Al parecer aún intentaba hacerme entrar en razón, pero yo tenía claro lo que quería: a él dentro de mi.

-¡Danny! -exclamó. -No voy a faltarte al respeto. Por favor, cúbrete y respira.

-Si no querías faltarme, no me hubieras puesto esa cosa. ¡Estúpido Elfo entrometido! Le grité todavía, en lo que me quitaba el breve corpiño. Mis pechos saltaron como volcanes en erupción y mis pezones endurecidos agradecieron el aire libre que los circundó.

Ahí comprendí.

No sabía nada de elfos, eso es cierto, pero entiendo como funcionan los hombres. No importa de dónde vengan o cual es su estirpe...de una me puse en cuclillas, le baje los pantalones y, sin darle tiempo a reaccionar, tomé con mis manos el magnífico miembro que apareció frente a mi...lo acaricié como a la cosa más bella que me hubiera encontrado y lo puse en mi boca para empezar a succionar. No era la primera vez que lo hacía con alguien, pero este falo sabía diferente. Era una mezcla de campo, de hierba fresca, de nuez y de sal. Lo chupé con avidez, con ansiedad, hasta que pude saber que mi labor estaba haciendo efecto: se empezaba a hinchar, a ponerse rígido y a sentirse caliente...

-Danny... espera...-lo escuché protestar pero en ese momento ya era inútil: su cuerpo lo estaba traicionando. Apuré mis chupeteos y pude percatarme de que su pene estaba listo para mi.

Lo empuje sobre la cama. Esu aún estaba sorprendido, como si mi reacción fuera inusual, aún para él. Me arranque las bragas y en ese momento me dí cuenta de que, en efecto, mis nalgas tenían una mejor y perfecta redondez. No le di opción de protestar, y con un movimiento me coloqué sobre él.

-Danny...esto va a cambiarlo todo...-dijo él, antes de que yo me empalara en su musculosa herramienta.- por favor, escúchame. No eres tú quien está a cargo. Son tus instintos. Básicos, primitivos, acrecentados por mi po...

No hubo forma de que Esu pudiera continuar. Ahí mismo puse su miembro en la entrada de mi sexo y me deslicé sobre él.

Entonces comprendí la diferencia entre los Elfos y los humanos. Tan pronto como el pito de Esu entró en mi cavidad, puedo asegurar que se hinchó, ocupando todo el espacio posible dentro de mi vagina... fue algo mágico, aún misterioso para mi, pero pude sentir como ese pedazo de carne me llenaba por completo, como al entrar y salir de mi interior, dejaba mi hueco ardiendo, encharcado y con ganas de más.

-Esu... amor -le dije cariñosa mientras saltaba con desespero encima de su portentosa tranca. -¿Es esto real?

Al parecer, él ya se había prendido lo suficiente como para perder el control. Me tomó de la cintura y me cargó de pronto. Sus manos estaban de súbito en mis glúteos, mis brazos en su cuello y su miembro sosteniendo con firmeza mi cuerpo en lo que él me paseaba por toda la habitación. Yo estaba literal flotando con su pene metido hasta lo más profundo de mis entrañas, y al caminar conseguía que yo saltara con eso adentro.

¿Y que puedo decir? Me maravillo su gallardía. Yo soy delgada -aunque mis curvas se hubieran acentuado en esos días - pero no había sido tomada de esa manera. Él por su parte no parecía cansarse de estarme cargando, se veía entero y, si bien bufaba de placer, su mástil parecía estar enchufado a mi sexo.

Ya para esos momentos perdí todo el control. Mis gemidos se escucharon a lo largo de toda la cabaña, posiblemente hasta lo profundo del bosque. De pronto, Esu me tiró sobre la cama, me dió media vuelta y me puso en cuatro...era como si mi cuerpo fuera de trapo y papel, en sus manos no había forma de poner resistencia. Entonces me dijo:

-Así que esto es lo que querías, ¿No es cierto? Ahora vas a conocer el verdadero placer.

Por un momento me confundió. Ya me había acercado tanto a la gloria que no pensé que eso podría mejorar.

Pero me equivoqué. Esu me tomó de las caderas y se hundió en mi sexo como si ya fuera de su propiedad. Empezó a penetrarme despacio pero con fuerza. Con su hermoso miembro inundando mi cavidad cada vez más caliente. Yo me sentí como una zorra, una hembra en celo admitiendo al mejor de la manada, al tiempo que él incrementaba la velocidad... Le pedí que no parara, que continuara así, mientras con una mano yo empecé a acariciar mis pechos que se sentían hinchados y ansiosos. Estaba tan cachonda que supe que estaba a punto de correrme, que mi clítoris estaba hirviendo y que el éxtasis se vislumbraba con cercanía y claridad. Grité que siguiera, gemí como una cualquiera y de pronto se hizo el milagro: una explosión de gozo que nació desde mi sexo, recorrió mi espina dorsal y terminó en mi cerebro donde sensaciones nuevas cruzaron por mi torrente sanguíneo. Mis piernas temblaron, y yo me dedique a saborear esa corrida que me había vuelto loca...

Esu se percató de que yo había terminado y me permitió unos momentos para reponerme, aunque su pito continuó dentro de mí. Pero después, volvió a la andanada de embestidas, a poseerme con virilidad y brío. Yo no daba crédito a la fuerza de los Elfos, pero ahí estaba él, haciendo de mi cuerpo un trapo y reinventando maneras de desquiciarme, de colocar su miembro en los sitios más recónditos de mi cavidad... sentí el deseo más grande que jamás experimenté por nadie, pero también amor verdadero y ganas de quedarme con él para siempre.

De pronto lo escuché decir que se correría, que iba a salirse por nuestra seguridad...yo lo sentí, su pene se movió en mi interior como si tuviera vida propia y hubiera estado buscando el mejor sitio para descargar. Supe que se estaba saliendo, que sus caderas intentaron separarse de las mías y en ese momento lo tomé por su trasero con todas mis fuerzas, y no lo dejé huir.

-Danny, espera - quiso él protestar, pero yo ya había tomado mi decisión.

-Te quiero adentro, amor - le dije entre gemidos...-te necesito...ahí. -insistí y en ese momento sentí como un gran torrente de líquido llenaba mis entrañas. Ahí mismo experimenté un nuevo y más intenso orgasmo. Mi mente se llenó de sensaciones de libertad, de una explosión de colores, de vitalidad y energía poderosa que iba desde mi entrepierna hasta mis extremidades y volvía con más vigor. Estaba salpicada, de mis fluidos y de los suyos, de nuestro sudor y del magnífico deseo que se acababa de cumplir. Había sufrido un éxtasis pleno, absoluto, como nunca imaginé que podría ser. Unas lágrimas salieron de mis ojos y mi cuerpo y mi piel comprendieron con gozo el misterio de la auténtica sexualidad.

Pasaron varios minutos en lo que ambos nos recuperamos. Yo seguía jadeando, mi pecho aún en sube y baja y todo mi ser, todavía en el intento de interpretar todo lo ocurrido. Después, Esu me dijo:

-Danny, ahora eres mía. Ésto es real. Por eso no quería hacértelo.

Yo me encontraba fascinada con esa demostración de virilidad suya y le dije:

-Si Esu. Me has hecho tuya, y me encantó.

El se volvió hacia mi y, complacido, observó:

-Me da gusto que lo aceptes Danny... porque ahora que eres de mi propiedad, no hay forma de que puedas irte de aquí...

Hubo algo que no alcancé a entender y fue entonces que le pregunté:

-Espera...esto de hacerme tuya...es una metáfora ¿Cierto? En realidad no hay como un pacto, contrato o grillete que me pueda mantener aquí...

El empezó a reír.

-Danny -prosiguió- en mi pueblo, cuando un Elfo sella a una mujer, ésta ya se considera de su propiedad...y yo lo acabo de hacer contigo.

Me quedé helada.

-¿Me...sellaste, Esu? ¿Que significa eso?

-No me hagas que te explique lo que acabas de conocer, Danny. Mejor asimílalo y dedícate a ser una buena esposa para mí...

-¿Es...posa? -le pregunté con desconfianza. Todo esto del sexo había sido delicioso, pero no esperaba que me trajera tanta responsabilidad. De inmediato quise protestar, y le dije -Aguarda un momento. Solo quería satisfacer mis ganas, pero esto no nos enlaza de ningún modo...

-Danny... Danny -su expresión se endureció, como si el elfo amable que yo conocía hubiera desaparecido.- Tu no entiendes...

Me asustó, pero el miedo me hizo hablar con arrebato:

-¿Que es lo que no entiendo, Esu? ¿Que vas a hacer de mí una especie de "esposa-esclava"?

El se levantó de pronto de la cama. Así, desnudo caminó hasta la cocina y regresó con una cuerda. Yo me alarmé, busque mis ropas pero encontré solo la interior.

-¿Que vas a hacer con eso? -Quise saber, sobresaltada, mientras él saltaba sobre mí. Intenté golpearlo pero su fuerza era mucho mayor y con poco esfuerzo de su parte me dominó. Sin darme tiempo a nada me empezó a amarrar por las muñecas a la cabecera de la cama en lo que me decía:

-Danny, no sé cómo será entre tu gente, pero aqui las cosas son distintas-continuó al tiempo que exhalaba -mi semilla ya está en tu interior...no puedo dejarte ir hasta que lo entiendas...

-Esu...¿Que haces? -le pregunté mientras pataleaba inútilmente contra él...-por favor, no me amarres...lo entiendo. -Mentí.

-No Danny. No me dices la verdad y yo no tengo tiempo para hablarlo contigo... descargué muchas energía y debo reponerme con una larga siesta... pero tu no vas a salir de aquí...

-Esu, amor -le supliqué, con lágrimas en mis ojos- por favor, suéltame. No me voy a ir a ninguna parte. Tu sabes cómo me volvió loca lo que me hiciste... por favor...

Él solo se volvió hacia mi y me dijo: hablaremos mañana, hermosa... espero que descanses hoy.

Después salió de la habitación.

Yo intenté zafarme. Me revolvi en la cama buscando una forma de poder hallar un hueco en sus nudos. Después, al no tener éxito rompí en llanto y finalmente me quedé dormida.

No supe cuánto tiempo pasó, pero de pronto alguien me despertó con un par de suaves bofetadas. Abrí de nuevo los párpados y me encontré de frente con una chica bellísima que, con un dedo cruzando sus labios, me hizo la seña de callarme...

-Por favor, no te exaltes. He venido a liberarte. Solo confía en mí...

¿Que podía hacer? No tenía muchas opciones y simplemente la dejé hacer. Ella empezó a desatar las cuerdas en lo que me decía: soy Luh, hija de Sil y te prometo que voy a ayudarte a salir de aquí...

Ya me había liberado una mano cuando le pregunté:

-¿Por qué me ayudas?

Había penumbra en ese lugar, pero puedo asegurar que ví una sonrisa triunfal en su rostro cuando me dijo:

-Por venganza...este infeliz me dejó frente al consejo...humillada ante toda la comunidad...

Recordé lo sucedido en el recinto de los ancianos. Esu había roto el compromiso con alguien...y ese alguien, debía ser ella...

-Tu eres... la hija de la consejala...-aventuré, aún con desconfianza.

-Así es -me dijo en ese momento en que mis manos se encontraron libres. -Ahora debemos movernos rápido. Estos Elfos suelen dormir mucho después de procrear, pero si se llega a despertar estaremos perdidas...ven, ponte ésto. -Agregó en lo que me extendía una túnica larga.

-Gracias -acerté decirle mientras me la ponía sobre mi cuerpo sin ropa. Entonces Luh hizo del sigilo su aliado y, en silencio, consiguió sacarme de la choza.

Estábamos afuera cuando ella me dijo:

-Sigue por este camino y llegarás al río. Toma la vereda que baja junto a él y en un par de días encontrarás un poblado de tu especie.

Yo estaba muy agradecida, pero ya había empezado a sentir de nuevo la necesidad de tener relaciones y así se lo hice saber.

-¿Que puedo hacer Luh? -La cuestioné después, en lo que empezaba a dudar que dejar a Esu fuera una buena idea.

Ella me miró de frente, mientras el sol empezaba a aparecer en el horizonte. Era en verdad una de las mujeres más bellas que alguna vez conocí.

-Come de estas bayas cuando la ansiedad sea mayor -sostuvo, mientras me entregaba una bolsa con semillas. -no te van a quitar todas las ganas, pero al menos te permitirán pensar. Tal vez te duren unas horas, y si las sabes administrar, posiblemente hasta que llegues con los tuyos...

Las tomé como el mejor regalo que alguien me ofreció.

-¿El sabía de ésto... y no me lo dijo? -Pregunté con una honda tristeza.

Luh me vió enternecida.

-Esu no es un mal Elfo, pero si puede ser muy egoísta... seguro le gustaste tanto que te quería solo para él.

-Comprendo. -le dije, aunque si me sentí herida en mi ánimo. Luh puso su mano cálida, sobre mi hombro, y una sonrisa apareció en su cara. Devolví ese gesto, aunque todavía no sabía que tanto podía fiarme de ella.

-¿Que va a pasar contigo? -Quise saber.

-Voy a estar bien. Nadie me vió ingresar a su cabaña, suelo buscar frutos y hongos en el campo de madrugada y, lo más importante, soy hija de la concejala...

Miré su rostro una vez más, y me pareció que así debieron ser las primeras mujeres que anduvieron por el mundo: bellas, sabias y sensuales. Quise abrazarla, darle al menos un apretón de manos pero Luh solo levantó su brazo derecho e hizo una seña que entendí como despedida.

Entonces empecé a caminar por el sendero que ella me dijo. Había andado unos pasos cuando me volví y le pregunté:

-¿Volveré a verte, Luh?

-No en esta vida. -Respondió ella, y volvió a sonreír. Yo hice lo mismo y entonces Luh echó a andar en sentido contrario al mío.

Anduve el tiempo que ella calculó hasta que llegue a un poblado. Había administrado las bayas con prudencia -contaba con entrenamiento de alpinismo- pero cuando ví a Raúl (y luego a Sergio) no pude sustraerme de la terrible necesidad de sexo y lo llevé a mi habitación para desahogarme. También tuve relaciones con un par de marineros, un guía de turistas, un agente de migración y un aspirante a político que me encontré en la esquina de mi casa, una vez que regresé.

Raúl se prendió de mí. Dijo que nunca iba a encontrar a una mujer más fogosa que yo, y no le importó como es que había cambiado tanto ni preguntó si había sido de alguien más... acabó por comprometerse conmigo a la semana y media de volver de nuestra excursión...

Ahora que...¿Por qué cuento todo esto, si nadie me va a creer? Probablemente porque ya comprendo a qué se refería Esu cuando dijo que me había sellado. Entre los suyos, debe ser el vocablo que se utiliza para señalar la concepción. Y si, ahora me doy cuenta de que estoy embarazada, de que en unos meses daré a luz a un hermoso bebé que será mitad humano y otro tanto Elfo...y de que él nunca conocerá a su padre, ni yo volveré a tener un compañero de cama tan apasionado como él.