Xtories

Afterwork I

El frío de la lluvia no era nada comparado con el calor que le subió al sentir sus manos invadir su espacio. En medio del ruido del afterwork, donde nadie debería verla, descubrió que su enfado era solo el preludio de un placer prohibido.

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Necesito desconectar. Ha sido una semana horrorosa en el trabajo, y todavía es jueves.

Salgo de la oficina cansada, estresada y enfadada. Camino hacia la parada municipal de bicicletas, y no hay ninguna disponible. Toca caminar, y hace frío. Ya ha anochecido, son las 20:30, más tarde de lo que pensaba, hace frío y hay poca gente en la calle. Aprieto el paso y empieza a llover suavemente. No me importa demasiado, pero espero que no vaya a más: el abrigo que llevo se empapará y acabará pesando como una losa.

Atajo por callejones peatonales, que también colaboran a mojarme algo menos, pero aún así el agua va calando en mi ropa y en mi ánimo. Una de las calles está repleta de bares, abarrotados por oficinistas de "afterwork", y finalmente me decido a entrar en uno para esquivar el chaparrón.

El bar está lleno, animado, todas las mesas ocupadas, y puedo ver alguna que otra cara familiar de vernos en los trayectos al trabajo. Es lo que tienen las tristes zonas financieras, la identificación de congéneres esclavos del capital.

Me dirijo a la barra, sin gana alguna de tomar nada, pero acabo pidiendo un gintonic. Me quito el abrigo, agito un poco la melena salpicando agua, y doy un primer trago. Paseo la mirada por el bar: muchos grupos riendo y ya algo pasados de copas, muchas conversaciones, y mucho ruido. Pocas mujeres, pero algunas sí hay. Estoy en el reino de la testosterona.

Vuelvo a dar un trago a mi copa, y un empujón provoca que me resbale algo de líquido por el cuello. Me giro con mirada acusadora, y el sujeto a mi lado ni se entera.

Con cuidado, por favor - señalo

Disculpa, no te he visto, esto está muy estrecho - responde sin atención

Es un hombre mayor que yo, en torno a los 60, acicalado y bien trajeado, que se me antoja con aires de superioridad. Observo que forma parte de un grupo con características similares, poder económico, seguridad y altanería.

Pandilla de gilipollas - susurro

Doy otro trago a mi copa, y noto la mirada del empujador. Le encaro. Mira mi copa, y grita al camarero que la cargue a la cuenta de su grupo. Arrastra la lengua al hablar, es evidente que ha bebido más de la cuenta.

Gracias, pero prefiero pagar yo - hablo tajante

No seas así, ha sido un accidente, lo siento - farfulla mientras recoge su próxima copa, y alzándola torpemente acaba arrojando sobre mi torso parte de su contenido

Mi camisa se pega a mi torso, y siento el frio del líquido mientras hiervo por dentro

Si no se sabe beber, mejor quedarse en casa, torpe - grito

Se ríe a carcajadas y me enerva. Se acercan dos hombres más que previsiblemente le acompañan y comparten nivel etílico con él. Me miran y ríen los tres.

Vaya, Gabriel, que buenas tetitas te has buscado...

Ya ves, y todo ha sido un accidente, sin querer, jajaja

Inexplicablemente, me excita que les gusten mis tetas. Aún así, me giro e intento coger mi abrigo, pero alguien se ha sentado sobre él. Tiro de él y el hombre que está encima se queja y se levanta. Vuelvo a incorporarme con mi abrigo en el brazo y los tres hombres se dirigen a mí susurrando

Nos enseñas las tetitas, cariño?

Buf, estoy seguro de que me encantaría mamarte los pezoncitos... no te apetece?

El tercer hombre se pega a mi espalda, literalmente. Me empuja un poco hacia sus amigos, sentados en dos banquitos altos, entre los tres me rodean. De nuevo, inexplicablemente, estoy excitada e, inconscientemente, levanto mi torso, como si me ofreciera. Me apetece mucho que me magreen.

Vaya, si que nos las enseñas - dice Gabriel, dejando su copa en la barra, y tomando mis pechos por debajo a modo de cazuela, y empezando a masajear

Siento al que está detras empujándome más hacia sus amigos y me giro hacia él. Mientras lo hago, una mano suya sobre mi hombro entra en mi escote y saca un pecho del sujetador. El pezón se marca bajo la camisa húmeda.

Esto se pone interesante... Y si nos escapamos al baño? - sugiere Gabriel

Mejor no, aquí se está muy bien - afirma el tercero, que mete su mano en mi escote para sacar del sujetador el otro pecho

Estoy muy excitada, deseando que me toquen, y empiezo a frotar mi culo contra el que tengo detrás, a presionar buscando su entrepierna.

Uuuuuh -murmura- tenemos un diamante en bruto -ríe a carcajadas- una putita facilona...

Gabriel y el otro sentado cierran el círculo con los banquitos, pero el camarero nos ve desde la barra y sonríe. Me gusta que me vea así, y mientras le devuelvo la sonrisa, noto que los botones de mi camisa se desabrochan. Mis tetas están expuestas, grandes, con sus pezones morenos erectos, y el camarero pasa su lengua por sus labios.

Uno de mis pezones es succionado, mientras el otro es pellizcado. Me encanta. Echo mi mano atrás, busco la polla del que está detrás de mí, y magreo lo que ya encuentro semiduro. Mi cabeza se deja caer hacia atrás, y empiezo a notar como me magrean y abofetean las tetas. Me encanta sentir como bailan. Estoy muy caliente.

El de detrás baja su mano por mi vientre y entra en mis pantalones. Separa las bragas y manosea mi coño. Lo nota húmedo y ríe. Tantea mi clítoris y me estremezco. Me masturba machacándome el clítoris rápido y duro mientras los otros dos maman y abofetean mis tetas, ya calientes y coloradas. Me corro mirando al camarero, que me observa con la boca entreabierta.