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Dominaciónsept 2025

Regalo de cumpleaños II

El reloj marcaba la medianoche y el regalo había terminado, pero el precio de haberse corrido sin permiso aún estaba pendiente. Mientras él ajustaba su collar, supo que la noche apenas comenzaba y que la deuda con su Amo no se pagaba con palabras.

Andrea5.4K vistas

Mi amo estaba celebrando conmigo mi primer cumpleaños a su lado y me había regalado la placa que me confirmaba como algo de su propiedad, su perra, su gata, su puta, yo que sé, no me interesaba lo que él quisiera que fuera, lo que verdaderamente me importaba es que era suya para siempre. Yo ya me sentía así desde hace mucho tiempo y sabía que el también así lo sentía, pero el tener su placa me hacía mucha ilusión, ya quería portarla orgullosa en mi cuello y que todo el mundo supiera quién es mi dueño.

- ¿Amo me pones mi placa por favor?.

Le dije mientras él la sostenía en la mano, estaba sentado en un banco, mientras yo de rodillas esperaba mi premio como buena gatita.

-Te la pongo después ya que estés limpia por qué tienes pastel por todos lados y así la ensuciarás, mejor en cuanto te asees la pongo en tu collar, por ahora mejor termina de comer el pastel y limpia todo muy bien, ya sabes que no me gusta desperdiciar nada y menos que todo se quede sucio.

Dijo mientras me acariciaba la cabeza y acomodaba mis orejitas de gatita.

Volteé a ver el plato y no había mucho pastel más bien era betún embarrado por todo el plato y otro tanto en el piso, pero entendía que no era tanto por lo que se desperdiciara si no más bien esa era una de sus formas de humillarme, ya que le gustaba verme limpiar el piso con mi lengua y lamer mi plato tal cual lo hacen los perritos. Así es que aunque por un momento me sentí un poco triste de no poder lucir ahora mismo mi placa, decidí terminar de comer y limpiar rápido para irme a asear lo más pronto posible.

Metí rápidamente mi cabeza en el plato sacando la lengua para lamer bien los restos de betún, estaba tan concentrada en dejar limpio el plato que no vi cuando mi amo se colocó justo detrás de mi.

-En esa posición se te ve precioso el culo.

Sabía que le gustaba mucho mi trasero, yo misma estaba orgullosa de él. La primera vez que platicamos por chat, le dije que me gustaba mucho mi culo y cuando lo vio por primera vez me dijo que también le había gustado y ni que decir de la primera vez que me usó por ahí.

Fue un placer intenso que recuerdo con mucha pasión, sentirlo dentro poseyéndome, tomándose el tiempo para que lo sintiera, haciéndome sentir de su propiedad, tomándome a su antojo ¡uff!, fue un momento exquisito rodeado de mucha entrega y pasión.

Por eso es que estas palabras no eran más que halagos para mí, por lo que orgullosa levanté más mi culo para que lo viera bien y comencé a menearme de un lado a otro moviendo mi colita de gata, para gustarle, demostrarle lo feliz que me hace ser suya e incitarlo a que tome lo que es suyo.

Y sabía que lo había conseguido por qué su risa pervertida resonaba en la cocina, si hubiera podido ver su cara sé que estaría con esa mirada caliente.

-Eres una gatita muy guarra, a ver aprovechemos mejor la posición, ábrete bien las nalgas y muéstrame ese culito tragón que tienes.

Se que lo que me pedía era aún más humillante, yo ya estaba a 4 patas, con un collar y una cadena en mi cuello, comiendo de un plato de perro, con un plug incrustado en mi culo del cual salía una hermosa cola de gata y por si fuera poco estaba embarrada de pastel por toda mi cara, y ahora quería que exhibiera mi parte más íntima para él.

Otra mujer en mi posición es probable que no aceptara y se hubiera ido hace mucho, pero yo no soy cualquier mujer, soy una perra, soy su perra, su sumisa y como tal él manda y dispone sobre mi cuerpo como mejor le plazca.

Mi mayor gusto es darle placer a mi amo, así que, qué más da si es a través de mi cuerpo, de mi dolor, de mi humillación o degradación. Por lo que sin pensarlo mucho, saque mi cara del plato la pegué contra el piso, puse mis manos en mis nalgas y sin ningún pudor las abrí para que pudiera ver mi agujero a su antojo.

Sentí como de inmediato comenzó a jugar con el plug, moviéndolo desde la base, daba giros, lo metía y sacaba. Primero solo eran pequeños movimientos hasta que comenzó a sacarlo hasta la mitad justo en la parte más ancha, provocando que mi culito se abriera y cerrara lo que me causaba un dolor que me sacudía el cuerpo, pero he de reconocer que también iba acompañado de un placer culposo por ser tan guarra y disfrutar de ese sádico juego.

En pocos minutos mi amo había logrado llevarme de cero a cien, mis gemidos hace rato habían dejado de ser de dolor y ya estaba gimiendo como la puta que soy, disfrutando de la tortura de mi culo. Para confirmar mi condición había comenzado a mover las caderas follándome con el plug que mi amo sostenía en su mano.

-Vaya que hambre tiene la puta que no puede esperar a que se la follen, ¿Estas disfrutando guarra?

-Siiiii amooooo, mmmmmm, sabes que me has hecho viciosa del culo.

-¿Yo?- preguntó divertido, y para ese entonces ya metía y sacaba con fuerza y de un solo golpe el plug de mi ano- Ahora resulta que tú eres la puta y yo soy el que tiene la culpa-.

Continuó riendo disfrutando de mi urgencia por follarme el culo.

-Bueno pero tengo que reconocer que mi putita tiene un rico culo, ¿Seguro ya estás deseado que meta mi polla en ese culo tragón?

-Sí amo, por favor méteme la polla, usa mi culo a tu antojo. Dije entre jadeos y gemidos.

- Mmm, no sé, no te escucho muy convencida.

- Poooor favoooor amo encúlame te lo ruego, necesito sentir tu polla, pooooor favor, úsame.

Dije entre suplicantes gemidos y jadeos.

-Bueno vale, está bien, te voy a dar gusto, pero solo por qué es tu cumpleaños, niña consentida.

Dijo con un tono divertido y de inmediato sentí su polla entrar de un solo golpe en mi coño, fue sorpresivo pues esperaba su polla en el culo. Dio unas cuantas embestidas haciéndome revolcarme de placer y cuando más estaba disfrutando, sacó su polla y el plug al mismo tiempo. Mi cuerpo sintió un vacío espantoso que solo fue remediado cuando sentí su polla entrar en mi culo de un solo golpe sacando de mi un grito que no pude contener.

-Aghhhhhhhhhhhhhhh, se escuchó retumbar por toda la cocina.

Apreté mis manos contra mis nalgas y una lágrima alcanzó a salir de mis ojos.

-No seas exagerada puta, ni que fuera la primera vez que te enculo y por si fuera poco ya tenias el culo abierto con el plug. Esto no debería de dolerte o ¿Qué?, ¿Quieres que te la saque?.

-Nooooo amoooo por favor, no la saques, perdón por el grito, encúlame por favor.

Dije con voz llorosa y arrepentida de haber gritado antes y comencé a relajar mi culo para que pasará más rápido el sentimiento de la invasión.

Mi amo tenía razón, mi grito había sido exagerado y es que fue más por la sorpresa que por otra cosa, pero como sea lo había hecho enfadar y eso me molestaba.

Con todo y su enfado seguía siendo el mejor, pues esperó a que mi culo se relajara un poco y cuando decidió que había pasado lo suficiente comenzó a moverse lentamente, mientras yo me mordía el labio para no volver a gritar.

De pronto el dolor se fue convirtiendo en placer y mis gemidos pasaron de ser de dolor a auténtico deseo. Cuando ya estaba gimiendo desenfrenadamente mi amo aprovechó para sacar toda la polla de mi agujero, dejándolo con ganas, para de inmediato clavarla hasta el fondo. Con ese movimiento sentí el chocar de sus huevos en mi coño, el cual tenía rato que no dejaba de babear y sentía ya los muslos empapados de mis fluidos.

El ambiente fue invadido por los gemidos de ambos y eran acompañados por el sonido del chocar de nuestras caderas que llevaban un movimiento violento, rítmico, casi armónico.

Mi cara se restregaba en el piso pues con cada embestida se arrastraba más por el suelo y me embarraba más de betún. El calor y el deseo se habían apoderado de mi cuerpo y me tenían posesa de un placer inmenso que comenzó a crecer aún más cuando con una mano comenzó a azotarme el culo fuertemente.

Mientras que con la otra mano buscó una de mis tetas la aprisionó y comenzó a amasarla bruscamente, sus dedos encontraron una de las pinzas que colgaban de mi pezones, comenzó a tirar de ella hasta que la desprendió de un fuerte tirón arrancando un quejido de mi, pero no tuvo compasión porque que comenzó a tirar de mi pezón maltratado.

-¿Así te gusta puta que te encule, como la perra que eres?

Repetía él varias veces entre embestidas, estaba tan posesa de mi placer que lo único que podía salir de mi garganta eran gemidos mientras movía violentamente mi cabeza en forma afirmativa.

Los azotes iban en aumento en numero y fuerza, mis piernas comenzaban a flaquear, mi cara ya estaba entumida por restregarse contra el piso, pero a pesar de eso yo estaba en el limbo de la felicidad. De pronto comencé a sentir las convulsiones que anunciaban mi orgasmo, él se dio cuenta y antes de que yo dijera nada, me dijo al oído:

-Córrete puta, recuerda que hoy puedes correrte cuando gustes.

No terminaba de escuchar la frase cuando me vino un orgasmo violento que sacudió todo mi cuerpo, sacando de mi gritos de auténtico placer, mis ojos estaban en blanco, mi mente me había abandonado y navegaba en un mar de locura, lo que me reducía a un cuerpo convulsionándose y ahogado de deseo.

A pesar de mi corrida él seguía como poseído penetrando mi culo, su respiración era fuerte, salían sonidos guturales de su garganta, me estaba reventando el culo y yo disfrutaba como una loca de su polla llenándome mi agujero.

De pronto escuché un gemido fuerte y a la par sentí un calor en mi culo, era la leche de mi amo que estaba llenando toda esa parte de mi cuerpo.

Se quedó quieto unos minutos disfrutando del culo reventado de su puta. Cuando se recuperó un poco me dio un fuerte azote en mi nalga derecha.

-No dejes que nada se salga puta.

Dijo mientras de manera brusca volvía a colocar el plug.

En cuanto se levantó, mis piernas no me sostuvieron más y caí rendida al piso, cerré los ojos tratando de descansar, pero todo fue interrumpido por su mano tirando de mi pelo, forzándome a estar nuevamente a 4 patas.

-Vamos perra me tienes que lavar la polla, no pensarás dejarme así.

Y diciendo esto me llevó prácticamente arrastrándome tirando de mi pelo hacia al baño.

En cuanto llegamos se sentó en el bidet y comencé a lavarle la polla. Puse agua, gel y con mi mano iba limpiando su adorada polla, volteé a ver a mi amo y me veía con cara divertida.

- Tienes que limpiarte la cara, estás hecha un desastre, tienes betún hasta en la tetas.

Bajé la mirada y confirmé lo que decía, pero sin pronunciar palabra terminé de lavar su polla.

-Bien, supongo que tendré que ayudarte, anda métete a la ducha.

Hice el ademán de incorporarme, pero un fuerte azote me hizo reaccionar. No tuvo que decir nada, así que así en 4 patas ingresé a la bañera, estuvo un rato acariciando mi cabeza, mi espalda y mi culo del cual con un solo movimiento retiró el plug saliendo de él la corrida de mi amo que escurrió por mis muslos y piernas, eso me hacía sentir derrotada, humillada, pero completamente entregada a él.

Sin decir nada volvió a acariciarme la cabeza cuál mascota.

-Sabes mi putita cuánto te quiero, me encanta tenerte así, dijo mientras su mano me daba una bofetada.

-Gracias amo yo también te quiero y te necesito mucho.

Sin más comencé a sentir un líquido caliente escurrir por mi espalda y mis nalgas, mi amo me estaba marcando con su orina. Una práctica que en aquellos días en los que solo platicábamos por el chat me pareció sumamente desagradable y en los que recuerdo haber dicho que no lo haría por qué me parecía una práctica asquerosa. Hoy no podía burlarse el destino más de mi ya que estaba siendo bañada por él y me parecía de lo más excitante, me gustaba y me hacia sentir más suya.

Cuando terminó de marcarme me dejó así unos minutos, hasta que sorpresivamente sentí el chorro de agua caer sobre mi piel y comenzó a bañarme. Primero pasó el agua por mi cabeza, mi espalda y mi culo, tomó la esponja y comenzó a tallarme de manera cariñosa por todo mi cuerpo, quitó el betún de mi cara y de todo mi cuerpo. Yo no decía nada solo disfrutaba de sus caricias y del agua tibia.

Abrió mis nalgas y di un respingo al sentir el chorro de agua entrando en mi culo. Después hizo lo mismo en mi coño y ahí sentí un enorme placer, saliendo de mi un gemido.

-Si serás puta, solo es un baño guarra.

Dijo entre risas y dándome un leve azote en el culo.

Me dijo que me sentara sobre mis piernas y me lavó el pelo, la cara y las tetas. No desaprovechó la posición para tirar fuertemente de mis pezones y terminar dándome una bofetada en mi cara ya limpia, con lo que confirmó que había terminado el baño. Apagó la regadera y comenzó a secarme con la toalla.

Me sorprendían mucho los cambios de este hombre, podía ser un demonio mientras me follaba con fuerza, sádico para azotarme, perverso cuando se trataba de humillarme, pero también un tierno enamorado que me acariciaba y daba mimos mientras me secaba. Creo que todos esos cambios son los que hicieron que me enamorara perdidamente de él y aquí estaba yo entregada en totalidad a mi lindo amo.

Cuando terminó me ayudó a incorporarme, puso la toalla sobre mis hombros y me dio un tierno beso en la nariz.

-Bueno ahora me toca a mi, me voy a duchar, limpia la cocina, puedes no hacerlo con la lengua por qué no quiero que te vuelvas a ensuciar y después haz lo que quieras que yo voy a tomar una siesta.

Mientras decía esto me ponía nuevamente mi collar y estaba enganchando en él mi plaquita, me sentí tan feliz y complacida que cuando terminó solo lo abrace y él también hizo lo mismo, me aprisiono fuertemente contra su pecho.

- Anda gatita cursi, que quiero descansar un rato.

Me separé y me fui a la cocina a limpiar y él se metió a la ducha.

Tenia un rato que había terminado de limpiar y estaba preparando la comida cuando tocaron la puerta y desde la habitación mi amo gritó.

- Vístete y abre la puerta.

Corrí a ponerme un vestido y luciendo mi collar en el cuello abrí la puerta, por la que apareció un gran ramo de flores. El mensajero dijo mi nombre y me dio una libreta para firmar de recibido, pude ver que su mirada se centró en mi collar y la placa que de él colgaba, me da risa pensar en su cara y todo lo que seguramente pasó por su cabeza.

Entré feliz al apartamento, las flores traían una tarjeta que leí con la voz de mi amo en mi cabeza:

-"Felicidades mi linda gatita, que sea el primero de muchos cumpleaños juntos"

Sentí que mi corazón se derretía con esa dedicatoria, dejé el gran ramo sobre el desayunador y fui corriendo a agradecerle a mi amo.

Entré a la habitación, él estaba acostado y tenía los ojos cerrados pero sabía que estaba fingiendo que estaba dormido. Me arrodillé frente a él y le di un beso en la frente.

-Gracias son unas flores preciosas, me haces muy feliz.

Una sonrisa apareció en su cara y sin abrir los ojos dijo:

-No sé de que hablas, seguramente se equivocaron de apartamento y si no me dejas dormir me voy encargar de marcarte el culo con la vara de esas rosas.

Salí de la habitación cerrando la puerta para no hacer ruido y dejarlo descansar, fui a la cocina y separé el gran ramo en varios pequeños que coloque por toda la casa, estaba realmente feliz.

Después de acomodar y dejar preparada las cosas para la comida me fui a recostar al sillón del salón, encendí la tv pero no sé en que momento me quedé profundamente dormida.

Me desperté poco a poco al sentir unas caricias muy pequeñas suaves y delicadas, se sentía muy bien.

Fui abriendo los ojos poco a poco, hasta que vi a mi amo de pie frente a mi, me acariciaba con una rosa, el roce de los pétalos sobre mi piel se sentía realmente bien.

Mi amo tenía esa mirada de niño que está pensando su siguiente travesura.

-¿Por qué mi casa parece una florería?

Dijo mientras me pasaba la rosa acariciando mi cara.

-Se ve bonito y además no encontré un florero tan grande para ponerlas juntas.

-Mmmm ya veo. ¿Sabes una cosa?, las ramas de los rosales son buenas para azotar. Son flexibles, pero además pueden hacer mucho daño, tienen espinas o al menos eso dicen ¿Quieres probarlo mi putita masoquista?

Tengo que reconocer que me dio un poco de miedo por qué nunca me había azotado con una vara, pero inocentemente pensé que no podría ser tan malo. Que equivocada estaba.

Asentí y me levantó tirando de mi pelo, así me llevó hasta una esquina del salón donde ya había algunas rosas sobre una mesita de café.

Creo que dormí mucho por qué otra vez no me di cuenta de cuando preparó estás cosas pues también estaban ahí mis orejas de gatita que puso sobre mi cabeza, las pinzas de los pezones, esas que tiene un lacito en la punta y del cual cuelga un par de cascabeles, mis muñequeras y otras cosas que no alcance a ver bien.

Se acercó y me dio un beso muy apasionado, comenzó a acariciarme por todo el cuerpo, así llegó a mis tetas, fue dándome caricias sobre ellas, hasta ir subiendo de intensidad, bajó por mi cuello repartiendo besos, llegó a mi clavícula y dio una mordida lo suficientemente fuerte para hacerse sentir pero sin hacer daño.

Así llegó a mis tetas que estuvo besando y succionando, pasaba su lengua por mis pezones, que cayeron presos de sus labios, hasta que comenzó a morderlos y jalarlos con sus dientes.

Mis gemidos pasaron a ser pequeños gritos.

-Ya me esperaba que no te ibas a quedar callada, lo bueno es que venía preparado.

Dijo mientras tomaba de la mesita la mordaza, que para ese entonces ya había metido a mi boca y su gran bola negra me hacía abrirla al máximo. Me volteó bruscamente para poder ajustarla en mi nuca. Aprovechando que me tenia de espaldas tomó mis brazos, me puso las muñequeras y las unió con los ganchos que tenían, para después de la misma manera regresarme a la posición inicial.

Donde comenzó a comerme las tetas y dio tirones de los pezones, eso es algo que le gusta mucho, le encanta tirar hacia arriba hasta hacerme poner de puntitas. Así lo hizo varias veces hasta que al soltarlos colocó de inmediato las pinzas y las ajustó al máximo lo que hizo que me retorciera y saliera un grito apagado por la mordaza.

Se quedó unos minutos observándome para asegurarse de que le gustaba lo que veía.

Estaba de pie con mis orejas puestas, la mordaza en la boca de la cual a estas alturas ya caía saliva que me escurría por la comisura de los labios con rumbo hacia mis tetas que estaban erguidas sobresaliendo, pues el tener los brazos atados a la espalda hacían que la posición fuera exagerada.

Mis pezones lucían las pinzas con sus lacitos coquetos y los cascabeles que sonaban con movimientos rudos.

Supongo que lo que veía le gustó por qué su mirada estaba completamente encendida y ya podía yo ver la erección de su linda polla.

Con la rosa me dio pequeños azotitos en los muslos, indicando que abriera más las piernas y así es como regresó al punto de partida.

Su mirada ya estaba llena de lujuria, tomó nuevamente la rosa y comenzó a descargar azotes sobre mis tetas. Los primeros fueron pausados, pero fue subiendo la intensidad hasta recibirlos seguidos y con fuerza.

Yo me movía y me retorcía reprochándome que de verdad fui ilusa al pensar que no dolería, pero aún así estaba muy lejos de siquiera pensar en hacer mi señal de seguridad.

De esa manera los azotes caían uno a uno sobre mis tetas, a veces bajaba los azotes y llegaba a dar algunos en mi abdomen, pero era claro que se quería concentrar en mi tetas ya que los azotes caían sobre toda el área de mis pechos para después comenzar a caer sobre los pezones y las pinzas.

Los azotes eran secos y certeros, daban con fuerza provocando que los cascabeles sonaran con cada uno, generando una melodía rítmica entre su tintinear y mis gemidos.

Dio un fuerte azote que soltó la pinza de mi pezón derecho, de no haber tenido la mordaza estoy segura que los vecinos habrían venido a ver qué sucedía.

Mi amo decidió parar un momento para esperar a que me recuperara, mientras me acariciaba la teta y daba masaje al pezón para ayudar a la circulación y que se disipara un poco el dolor.

Mientras con su otra mano aprovechó para comprobar lo que ambos ya sabíamos, mi coño estaba ardiendo, mis muslos estaban empapados de mis flujos y me atrevería decir que ya habían caído gotas al piso.

Hundió sus dedos en mi coño y comenzó a follarme con ellos y con eso me llevo nuevamente a la mansión del placer olvidando por un momento la tortura recibida.

Mi saliva escurría de la boca, ya tenía la tetas mojadas, mi cuerpo está sudando por la excitación de los azotes y mis flujos tenían inundado mi coño, que ahora estaba disfrutando con los dulces dedos de mi amo.

Me sorprendió cuando fue metiendo uno a uno sus dedos, me follaba delicioso con 4 dedos mientras el pulgar se encargaba de mi clítoris que parecía que quería estallar.

Estaba llegando al límite cuando aún con su mano en mi coño sentí un par de azotes fuertes que hicieron que se desprendiera la pinza de mi otro pezón.

Comencé a llorar no sé si del dolor o de la frustración de dejar mi orgasmo interrumpido, fueron solo unas lágrimas, que mi amo premió de inmediato volviendo a mover sus dedos en mi coño.

Esta vez lo hizo de forma fuerte que no tardó nada en hacerme olvidar el dolor y provocar que me corriera aullando de placer.

Mis piernas no pudieron más y se doblaron, de no ser por su mano en mi coño y por qué me recargué en él, me hubiera caído de frente.

-Muy bien mi linda perrita me gusta que disfrutes, pero aún falto yo.

Cómo si de una muñeca se tratara me llevo frente a la mesa del comedor, puso su mano en mi espalda fuertemente indicando que me doblará sobre ella, mis pechos aún doloridos quedaron aplastados sobre la madera y el cristal, con sus pies separó mis piernas abriéndome para él y cuando pensé que iba a follarme, comenzó azotar mi culo con el tallo de otra rosa.

Desde mi posición podía ver pétalos tirados por todo el piso muestra del sufrimiento también de la pobre rosa, pero el verlo me hizo excitar aún más.

No fueron muchos azotes, a mi amo no le gustan las marcas, así que seguramente paró cuando vio que me podía dejar alguna o tal vez paró por que ya no podía más por que me metió la polla como un poseso en mi coño, por la razón que haya sido me hizo muy feliz cogiéndome con fuerza.

Me perforaba el coño con saña, se escuchaban sus bufidos, con sus manos amasaba fuertemente mis nalgas, sin azotar pero si poseyéndolas, usándolas, marcándolas.

Una de sus manos se fue hacia mi pelo y de manera violenta tiró hacia él haciendo que arqueara la espalda.

-¿Te gusta como te follo puta?, ¿Te gusta como cojo lo que es mío?, ¿Te gusta sentir mi polla en tu sucio coño de puta?, siente como eres mía, como te uso como la sucia puta que eres.

Me hubiera gustado gritarle que si a todo lo que decía, que yo no era más que una puta que vivía para darle gusto y placer a su polla, pero la mordaza hacia bien su trabajo y de mi boca solo se escuchaban gemidos y quejidos que trataban de decir que si a todo.

Me corrí junto con mi amo haciendo honor a la sucia puta que soy y quedamos los dos tendidos sobre la mesa y yo cargando el peso de su cuerpo que yacía sobre mi espalda, estuvimos así algunos minutos mientras nos recuperábamos.

Cuando él se sintió recuperado se levantó y yo hice movimientos para también levantarme, pero un fuerte azote en mi culo me sorprendió.

-¡Quieta puta!

Regresé a mi posición y escuché como él se sentaba sobre una silla cerca de mi, sentí el peso de algo sobre mis nalgas y adiviné de inmediato que era un cenicero, mi amo estaba plácidamente fumando y me usaba para detener su cenicero.

Cuando terminó de fumar se levantó y fue a la cocina. Al regresar vi que comenzó a poner la mesa para comer, trajo varias cosas y al final su plato servido.

Volvió a regresar a la cocina y está vez traía mi plato de gatita con algo de comida, lo puso frente a mi.

Se dirigió hacia mí, me levantó y me quitó la mordaza y desató las muñequeras.

-Anda putita hay que comer algo, no mucho, por qué por la noche iremos a cenar, para seguir festejando, pero por ahora el haberte usado me ha dejado hambriento.

Se sentó en la silla que tenía yo a un lado mío, levantando el dedo me indicó que me arrodillara y me metiera debajo de la mesa.

Después de eso metió el plato con mi comida y así nos dispusimos a comer cada uno en su lugar, él desde su silla comiendo como mi amo, dueño y señor que es y yo de rodillas a cuatro patas comiendo debajo de la mesa como la perra que soy.

No me había dado cuenta del hambre que tenía, hasta que olí la comida por primera vez, así que sin pensar mucho me acerqué directamente al plato y comí de él lo más rápido que pude, no me importó ensuciarme. Al terminar con mi nariz arrastré mi plato hasta su pie y lo moví varias veces para llamar su atención.

-Vaya, ¿Mi gatita quiere más?, pensé que solo comías polla, dijo entre risas.

Se levantó y trajo una nueva porción de comida, la puso en el piso más cerca de sus pies y me dispuse a comer.

A veces sentía yo su caricia en mi cabeza y otras tantas me daba restos de pan, que comía yo de la palma de su mano.

Así transcurrió la comida, cuando se sintió satisfecho se levantó y recogió su plato y el mío, los llevó a la cocina y de regreso comenzó a limpiar la mesa tirando alguna moronitas de pan al piso.

-Limpia eso perra, no quiero que quede nada sucio.

Humillada me dirigí a limpiar con la lengua los restos que habían en el piso.

Una vez terminado de limpiar mi amo trajo la cadena, la enganchó a mi collar, me llevó caminando en 4 por el pasillo y llegamos al despacho.

Al llegar enganchó la cadena a la pata del escritorio, él se sentó en su silla y sin voltearme a ver dijo:

-Voy a trabajar un rato y después tengo que salir, así que espero seas buena y me dejes trabajar en paz.

Se levantó rápidamente como si fuera olvidado algo y salió del despacho, cuando regresó traía mi cama de perro que puso debajo del escritorio.

-¡Métete ahí!, ordenó señalando el hueco que hay en el escritorio.

Obedecí y me acomode boca abajo en la cama como ya sabía que le gustaba, él metió sus pies en el hueco y los subió en mi espalda, como si fuera una especie de reposapiés.

Así transcurrió la tarde, el trabajaba mientras yo mantenía calientes sus pies. Cuando terminó de trabajar se movió, se puso de pie, desenganchó la cadena y dando tirones de ella nuevamente me condujo a 4 patas hasta el dormitorio.

En cuanto entramos pude ver un lindo vestido azul sobre la cama.

-Ahora tengo que salir hacer algunas cosas, no tardo más de media hora o 40 minutos a lo mucho, así que tienes tiempo para quitarte si es que puedes, el olor de puta. Vamos a salir así que podrás llevar ropa, te pones el vestido y te arreglas de tal manera que cuando yo llegue te quiero lista, nada de retrasos o pagarás cada minuto con castigos, ¿Entendido?

-Si amo, estaré lista en cuánto llegues.

Me dio un tirón más de mi cadena indicándome que me pusiera de pie y como siempre al despedirse me dio un tierno beso en los labios susurrando -No tardo-.

Salió de la habitación y yo me senté sobre la cama a admirar el lindo vestido que me había comprado mi amo, de verdad que este día no podía estar siendo mejor.

Me recosté un poco sobre la cama estirando mis piernas y brazos, ya que la posición debajo del escritorio me había dejado un tanto entumida.

Estaba feliz recordando todas las veces que me había corrido, acariciaba mis tetas que aún estaban un poco dolidas de los azotes, pero era ese dolor que siente bien recordar.

De pronto un sonido me espantó un poco, era el tono de mensaje de mi celular, me estiré para tomarlo de la mesita de noche y pude ver qué era un mensaje de mi amo.

“Se me olvidaba, limpiate bien el culo y en el lavamanos te deje el plug que debes llevar puesto”

Me levanté rápido por la sorpresa, pero también pensando en cuanto tiempo había perdido ahí recostada.

Al entrar al baño lo primero que hice fue buscar el plug y era uno rosa de silicona bastante grande que me gustaba mucho usar, pero que a veces por el tamaño solía molestar demasiado.

En fin, decidí no perder más tiempo y me metí a la ducha. Lavé perfectamente bien mi coño y mi culo, a este lo asee por dentro usando una ducha especial de baño.

Me sequé, cambié y maquillé lo más rápido que pude, el vestido era realmente hermoso. Era en corte “A” que se ajustaba por la parte arriba resaltando mis tetas que se asomaban por un lindo escote cuadrado, mientras que la parte de abajo caía de manera holgada y llegaba por arriba de mis rodillas.

Busqué si mi amo había dejado algún sujetador o tanga para usar pero no encontré nada por lo que asumía que iría solo con el vestido.

Cuando terminé de peinarme y como último paso regrese al baño a ponerme el plug.

Ahí estaba yo con el vestido enrollado, con una pierna sobre el wc y buscando la entrada del culo para meter el plug, cuando mi amo apareció por la puerta.

-¿Aún no estás lista?, no puede ser, esto ameritará un castigo, fui muy claro que te quería lista al llegar.

Se acercó a mi, me dio una bofetada y me quitó el plug de la mano.

-Inclínate y abre las nalgas perra.

Dijo con un tono falso de molestia, en el fondo sabía que todo lo hacía premeditadamente y si había llegado poco antes fue precisamente para poder castigarme.

Puso la punta del plug en mi ano y me hizo saltar un poco.

-Amo, ¿No vas a poner lubricante?

-No te lo mereces, y empujó un poco la punta sobre mi agujero.

Contuve un gemido mordiéndome el labio para no molestarlo aún más y me resigné a lo que venía.

Se escuchó una risa por todo el baño.

-¿Como crees que te voy hacer eso?, mi linda putita. Bueno sabes que sí lo haría, pero ahora vamos a salir y no te quiero con el culo ardiendo, al menos no por ahora.

Dijo mientras sentía como me ponía vaselina por mi agujero.

De un solo golpe metió el plug y me ayudó a incorporarme.

-Estás muy linda, me gustará mucho llevarte del brazo está noche y que todos vean lo hermosa que es mi puta.

Me colocó frente al espejo y mientras decía lo anterior me dio un beso en el cuello.

-Es una pena que no lleves tu collar, pero hoy lo vamos a sustituir por esto.

Sus manos rodearon mi cuello y dejaron caer sobre él una fina cadena de plata con un dije con mi nombre “Mia”.

-Mi amo es realmente lindo, ya no se que más decir, me tienes realmente consentida este día.

-Es tu día y quiero hacerte sentir la mitad de bien de lo que me haces sentir todos los días desde que llegaste a mi vida.

Me dio un beso en la mejilla que terminó con un mordisco, ya sabia yo que su instinto no le permitía ser cursi y siempre terminaba con un gesto así, yo solo sonreí y me dispuse a romper el momento con una pregunta:

-¿No voy a llevar bragas amo?

-¿Desde cuando las perras usan bragas? Quiero que vayas así, que estés disponible, para que en cuanto sea posible pueda meterte mano.

El simple hecho de imaginarlo ya me ponía caliente. Cuando salimos de la casa y nos montamos en el elevador y apenas se cerraron las puertas la mano de mi amo se metió dentro de mi vestido y me abrió los labios e introdujo una bala de vibración.

Mi cara fue de sorpresa, nunca vi venir ese movimiento y menos en un lugar público, pero nuevamente había salido su sonrisa pervertida, no pude más y me lance sobre él para darle un beso muy morboso.

Me sorprendió mucho el movimiento porque él no solía ser así, digamos que al exterior de su casa se transformaba en el hombre más correcto del mundo, pero hoy parecía que tenía otros planes.

Fuimos caminado rumbo al centro de la ciudad, íbamos como cualquier pareja tomados de la mano, de pronto se detuvo y señalando hacia el cielo dijo:

-¿Ya viste que hermosa luna?, estoy seguro que está así de bonita para festejarte a ti.

Levanté la cara para ver la luna y justo en eso sentí el primer calambre en el coño. Resulta que había caído en la trampa, mi amo no era así de cursi, solo generó la distracción perfecta para poder encender el vibrador de mi coño, el cual manejaba con un mando a distancia.

Lo puso a velocidad intermedia, de tal forma que tuve que cruzar las piernas para evitar que se saliera de mi coño.

Me sujeté de él abrazándolo fuerte, hasta que apagó el vibrador, estaba realmente divertido con mi reacción.

-¿Qué te pasa putita?, ¿Por que te detienes?, así no vamos a llegar nunca.

Dijo haciéndose el desentendido y tirándome de la mano para que caminara rápido.

A partir de ahí y hasta que llegamos al lugar donde íbamos, puso el vibrador en marcha al menos 4 veces, en las que tuve que parar de caminar, detenerme y cerrar las piernas, mientras él solo me observaba divertido.

Después del camino tortuoso llegamos a una terraza y nos dieron una mesa en una zona un poco más íntima, aunque siendo viernes por la noche, no había nada que fuera precisamente privado por la cantidad de gente.

Al acomodarme la silla de forma caballerosa mi amo me dijo discretamente al oído.

-Recuerda que las putas se sientan con el culo al aire.

Me sorprendió el comentario, pero obedecí y de manera discreta subí el vestido dejando mi culo pegado al cuero de la silla.

Justo cuando el mesero se acercó para anotar la orden él encendió el vibrador, provocando que saliera de mi un leve gemido que creo que alcancé a disimular con un poco de tos. Hice mi orden con una voz sumamente fingida tratando de disimular la vibración de mi coño, mientras mi amo tenía una cara divertida de satisfacción.

En cuánto el mesero se marchó, mi amo apagó el vibrador.

-¿Qué pasa cariño?, ¿No te sientes bien?, se te oye la voz temblorosa.

Dijo con una amplia sonrisa en su rostro.

No dije nada solo lo volteé a ver con una mirada acusadora, según yo con odio, cosas que le divirtió aún más.

Haciendo una mueca me envió un beso a distancia, guiñando un ojo, lo que me ganó y sonreí, aunque no mucho pues en eso llegó el mesero con las bebidas y mi amo volvió a encender el vibrador y lo apagó sólo cuando esté se volvió a retirar.

Así fue el juego, cada vez que el mesero llegaba me tocaba disimular que mi coño estaba gozando con las vibraciones, y dependiendo de la velocidad a veces eran tan fuertes que rebotaban en el plug que llevaba en mi culo, dándome también un gustito por ahí.

La cena transcurrió así, con una deliciosa comida, una plática amena y una vibración en mi coño y culo que me mantuvo toda la noche caliente y al borde del orgasmo.

El clímax de la cena llegó cuando con una seña mi amo dio la orden al mesero para que trajeran el pastel, desde ese momento encendió el vibrador a potencia máxima. Vi venir al mesero acompañado de al menos otros tres, venían hacia nosotros cantado y con un lindo pastel de cumpleaños con hermosas velas encendidas.

El detalle era exquisito, como lo dije al principio amaba ser el centro de atención, pero en esta ocasión no era precisamente lo que quería, ya que el vibrador a toda velocidad hizo que me ruborizara, el aguantar los gemidos, tratar de cerrar las piernas y el disimular las oleadas de placer provocó que comenzara a sudar, me remolineaba en mi asiento y me mordía un poco el labio.

Adicional las mesas de alrededor se unieron al festejo aplaudiendo y cantando, no podía ser más el centro de atención y no podía más disimular lo que pasaba en mi coño.

Unas lágrimas salieron de mis ojos como resultado del momento tan caliente, pervertido y humillante que estaba viviendo, el esfuerzo empezaba a ser nulo por qué mis piernas comenzaron a temblar y clavando dedos y uñas en la mesa tuve un orgasmo frente a las miradas de todos.

Algunos pensarían que era demasiado emocional y había llorado por la sorpresa, otros quizás pensarían que mi reacción había sido exagerada al dar un pequeño grito de alegría, pero sabía que algunos con la mente más sucia sabrían que acababa de correrme ante la mirada de todos los comensales.

En cuanto tuve el orgasmo mi amo apagó el vibrador, se escucharon aplausos y el mesero amablemente me ofreció una servilleta ya que estaba sudando mucho.

-Gracias - dije con una voz casi inaudible.

-De nada señorita, estamos llenos y con la velas del pastel creo que se encerró aún más el calor, además este verano está siendo bastante caluroso.

Dijo amablemente, guiñando un ojo, no sabía si ese guiño era por todo lo que acaba de decir o solo era la muestra de la complicidad al darse cuenta de lo que realmente había sucedido.

Todo esto ocurría ante la mirada lujuriosa de mi amo, quien hasta ese momento solo se había limitado a observar y aplaudir, aunque lo hacía con esa sonrisa pervertida que lo había caracterizado todo el día.

No dijo nada hasta que se retiró el mesero y por fin dejamos de ser el centro de atención.

Fue hasta ese entonces cuando por fin se acercó cariñosamente y me dijo al oído.

-¿A mi putita le sigue gustando ser siempre el centro de atención?

No dije nada, solo negué con la cabeza, provocando que saliera de él una amplia carcajada.

-Pues estoy pensando seriamente en que debes acostumbrarte por qué me ha encantado tu reacción, tu cara, tus gestos, todo, así que pienso hacerlo cada vez que se me antoje.

Se acercó y rodeando mi cara con sus manos me dio un beso muy apasionado.

Al terminar volvió acercarse a mi oído.

-Es una lástima que no puedas arrodillarte y limpiar la silla con tu lengua, pero aún así sería de mala educación dejar la silla llena de fluidos de puta, así que bájate el vestido y límpialo.

Sentí que la cara se me puso caliente, como resultado de la vergüenza que me daba lo que acaba de decir, pero como perrita obediente me levanté un poco para acomodarme en la silla bajando el vestido y sentándome está vez sobre él.

Ya una vez sentada comencé a moverme discretamente meneando mi culo para que mi vestido limpiara los flujos que seguramente tenia la silla.

Al levantarnos para irnos, mi amo nuevamente haciendo gala de su morbo disfrazado de caballerosidad me retiro la silla para confirmar que no había quedado rastro de mi corrida.

Y dándome un tierno beso en la mejilla solo dijo en mi oído.

-Muy bien putita.

Salimos del restaurante y aunque ya hacia un poco de fresco, la noche era magnífica, comenzó a correr un poco de aire, el mismo que levantaba mi vestido justo por debajo de las nalgas y el viento se colaba por mi coño desnudo.

Mi amo y yo íbamos caminando abrazados, con esa complicidad que solo el silencio es capaz de dar.

Cuando nos metimos por un callejón para cortar el camino a casa, sentí como mi amo me empujaba a la entrada de un edificio que parecía abandonado de esos que están por remodelar. Me aprisionó fuertemente apoyando mi espalda en la pared y sus manos recorrieron todo mi cuerpo. Una se fue directa al coño que penetró con dos dedos, y la otra se fue a mis tetas dónde estiraba el pezón de una forma salvaje.

No podía decir nada por qué su boca mantenía prisionera a la mía en un beso salvaje lleno de lujuria y excitación.

De manera brusca sentí que extrajo el vibrador de mi coño, provocando que interrumpiera el beso con un leve gemido. Todo pasó demasiado rápido, fue un arranque de locura y pasión, pero fue como si ese gemido le hubiera recordado a mi amo que estábamos en la calle, pues de inmediato se separó de mi, retiró sus manos de mi cuerpo, se arregló un poco la camisa y dijo apúrate que quiero llegar a casa.

Me quedé un segundo deshecha con mi respiración agitada, una teta de fuera y el vestido levantado, viendo cómo él continuó su marcha dejándome atrás.

Cómo pude me acomodé el vestido y me dirijo hacia él casi corriendo pues ya me lleva la delantera considerablemente.

Continuamos nuestro camino con paso firme y en silencio, yo iba casi corriendo detrás de él, ambos teníamos urgencia de llegar a nuestro lugar privado y entregarnos a la pasión.

Cuando al fin llegamos, apenas subimos al elevador fuimos presa nuevamente de ese instinto descontrolado, nos besamos nos tocábamos ya de formas impúdicas, nos estorbaba la ropa y se nos hacia eterno el llegar a casa.

En cuanto entramos a casa mi amo me levantó y sacó el vestido por los hombros, yo lo desabotoné y quité la camisa, con mi mano acariciaba bruscamente la erección que ya se sentía entre sus piernas.

Con un movimiento mi amo me dirigió hacia el salón y me tumbó boca abajo sobre la mesa del comedor, desde ahí aún podía ver algunos rastros de los azotes de la tarde pues había pétalos de rosas tirados.

Y con una sola embestida brutal que sacó de mi un gemido de placer, me la clavó en el coño, estuvo bombeando fuertemente, clavándome su miembro hasta el fondo.

Con una de sus manos empezó a meter y sacar el plug que parecía que ya vivía en mi ano, haciéndome pegar gritos de auténtico placer hasta que me corrí convulsionándome sobre la mesa, sin embargo, mi amo estaba poseso de la pasión y aún no terminaba así que siguió bombeando con furia.

Hasta que de pronto me la sacó y la clavó de una sola embestida en el culo. Un - ¡ahhhhhh! - retumbó por todo el salón.

Y sin importarle mi estado él continuó follándome duro, me enculaba de una manera demoníaca, que solo me hacía gemir de placer y dolor.

De nuevo otra vez sentí los temblores que anunciaban otro orgasmo y me deje ir, me corrí de una forma salvaje y violenta.

Cuando terminé de correrme mi amo continuó las embestidas y después de unas cuantas se escuchó un gemido grotesco proveniente de su placer explotando por los poros.

Fue tanto el éxtasis que mi cuerpo nuevamente se convulsionó en una corrida deliciosa y brutal que me dejó casi desmayada sobre aquella mesa.

Habían sido 3 orgasmos sumamente violentos que me llevaron al éxtasis total, cuando por fin pude articular palabras, de mi boca salieron casi en susurros las palabras.

-Gracias, gracias, gracias.

Pasando unos segundos mi amo, ya más recompuesto me dio un pequeño grito que me puso en alerta.

-¡Gracias no puta! Me debes tres castigos por correrte sin permiso, puta viciosa.

A lo que confundida conteste.

-Pero amo, tu me diste permiso, dijiste que era mi regalo de cumpleaños.

Cómo respuesta me tomó por el pelo dio un fuerte tirón hacia atrás haciéndome levantar la cara.

Y me dijo de manera casi violenta.

-Ve el reloj puta, ya pasan de las 12, ya no es tu cumpleaños y ahora me debes 3 castigos por puta.

Miré el reloj y efectivamente ya marcaba las 12:15, mi cumpleaños había terminado.

Fin.