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El secreto de la sobrina Parte 1 (relato)

Llevaba años mirándola como a una niña, pero esa noche en Madrid, la mirada de Aitana cambió. Ahora sabe que ella es Solange, y el secreto que guarda podría destruirlo a ambos.

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EL SECRETO DE LA SOBRINA Parte 1

Este es un relato de tres capítulos.

Quiero dejar bien en claro ante todo que no soy ningún puto pervertido, vamos, que soy un tío normal, normalillo, tengo cincuenta años y llevo 23 años de casado con la parienta, tengo un hijo que tiene veinte y trabaja y es un buen chaval.

Yo soy transportista, manejo un camión de toda la vida, no me quejo, que podría haberme ido mejor, puede ser, pero tengo lo mío, lo que me he ganado, no le hago mal a nadie, me he quedado calvo y mira, pa ‘lante, siempre pa ‘lante.

Me gustan las tías como a todos y manejando un camión desde hace casi treinta años, pues mira, una alegría no le hace mal a nadie y así que de tanto en tanto tengo mis batallitas, casi siempre pagando, claro.

Es que por las carreteras hay cada sitio, joder, con unas rusas, unas rumanas, que son modelos, macho, verdaderos pibones, así que no soy un putero, pero me gustan las putas como a cualquiera.

¿Quién puede resistirse a semejantes tías buenas que andan por la vida?

Pero también soy un tío que siempre ha respetado a su familia, la familia es lo más sagrado que puede tener una persona.

Así que mira, cuando la sobrina de mi mujer comenzó a hacerse mayorcita, que la conocía desde que estaba en la panza de su madre, tío, jamás djé de mirarla como un tío cariñoso, como que era ella una niña muy bonita, eso sí, que no se podía negar eso, pero era yo un monje franciscano con ella.

Y luego ya cuando cumplió sus 18 años es que era un bellezón increíble y que ya era el comentario de toda la familia lo guapa que era Aitana, que hasta podía ser modelo o algo así, pero la niña nada de nada, era más sería que una monja, un noviete de toda la adolescencia y siempre estudiar, con sus libros y sus cosas y que ella iba a estudiar en la universidad y toma, mira que bien.

A veces algún colega del pueblo, me lo decía, esas cosas no se pueden evitar.

_Joder, Javi que buena está tu sobrina, macho, que buena está la niña, está como quiere_

_ Sí, es guapa de cojones, pero para mí como si fuera la virgen de Covadonga, mira_

_Joder, te debes quedar bizco, macho mirando esas tetazas_ me decía algún amigo y entonces yo ya no agregaba nada más.

Pues era verdad, mi sobrina es que tenía unos pechos exagerados, para ser ella tan delgadita, tan esbelta, tan guapa, pero sus piernas y su culo me volvían loco, macho, unas piernas torneadas, largas, musculadas, que hacía mucho gimnasio y esas cosas.

Era castaña y llevaba el pelo liso y largo, una carita que era una perfección, unos ojos color miel y unos pómulos y una boquita, todo en su sitio, como si la hubiesen pintado a mano, una muñequita.

Era hija de la hermana de mi mujer y ya desde niña era muy maja, esas niñas dulces que tienen respeto por la familia y por todos, siempre educada, con la cabeza bien amueblada, un encanto de chica.

Medía 1, 67 y siempre iba muy arregladita, muy bien, cuidando todos los detalles, la ropa, el maquillaje y tenía un culazo, joder, que cuando andaba con esos pantaloncitos ajustados yo trataba de desviar la vista, que nadie me viera mirándole el culo y creyera que era yo un puto pervertido.

Y cuando ella cumplió 19 añitos y dijo que se iba para Madrid a estudiar psicología a nadie sorprendió, es que ella era mucho para el pueblo,

Así que al cabo de un tiempo rompió con el noviete de toda la vida, que es normal, no se puede mantener un noviazgo con semejante pibón como Aitana a distancia.

Y luego ese año ella regresó para pasar nochevieja en casa y joder, estaba más guapa que nunca, los ojos un poco más rasgados que antes, es que te clavaba la mirada y es que era un pedazo de mujer que te cortaba el aliento y luego que las mujeres se visten de un modo para nochevieja, que esos pantalones ajustados y los tacones y un top que dejaba el vientre al aire y las tetazas que parecían salírsele para afuera y ella tan solicita y tan maja como siempre, ayudando con la cocina y a la mesa, es que era un gusto, mi hijo Agustín tenía 18 años en ese momento y yo le miraba al pobre chaval y le compadecía.

Ya ves hijo, lo buena que está tu prima y no serán pocas las pajas que le dedicas, te entiendo, pero bueno, que eso es lo más normal del mundo, mientras se respete la familia y a la casa.

Pero yo voy a ser sincero a tope y os digo que nunca, pero nunca me masturbé pensando en Aitana, en los buena que estaba, en ese culo redondo, carnoso que yo no sé de donde le salía, en ese cuellito, esas orejitas y sobre todo en como miraba ahora, pues yo le notaba algo distinto en la mirada, ojos de gata, de animal felino, una tigresa escondida, pero en la casa, nada de nada seguía siendo la niña buena de siempre.

Y así pasó un año y otro y unos meses antes de lo central de esta historia, ella estaba a punto de cumplír los 22, va mi mujer y me dice.

_Oye ya que vas a Madrid la semana que viene, haz el favor de llevarle algo a Aitana que le envía su madre_

_Pues claro, mujer, como no_ dije

La verdad es que no me hacía gracia la idea de meterme en el centro de la ciudad, pero en fin me compensaba verla a Aitana, que ella siempre era tan maja conmigo.

Así que me presenté allí en pleno barrio de Salamanca, yo sabía que ella compartía piso en los primeros años de Madrid, pero ahora había alquilado un piso para ella solita, que estaba cansada de compartir piso y lidiar con gente extraña y me alegraba por ella.

Le envié mensaje y ella me respondió rápidamente.

_Tío javi, vente que comemos juntos_ me puso

Tuve que dejar el camión en el parking y cogerme un taxi, pero allí estaba y hostias, me sorprendió el piso tan guay, no me lo esperaba, un edificio muy señorial, de categoría y ella bajó a abrirme.

_Tío, que guay que hayas venido, pasa_ me dijo y joder, ese perfume que llevaba y unos shorts pequeñitos y unas sandalias y una camiseta con tirantes.

Esos pantaloncitos se le pegaban en el culo carnoso y yo ya estaba cardíaco trataba de no mirar, de no pensar, casi que hasta sudaba un sudor helado y enfermizo.

Subimos al ascensor.

_Así que estás solita, aquí_ dije, por romper el hielo

_Si, tío Javi, es que me cansé de compartir piso, era un coñazo ¿sabes?_

_ Me imagino, hija_ dije y trate de desviar la vista de eso tetones que pugnaban por salir de la camiseta, joder, es que no llevaba sujetador parecía, tenía la piel tan suave y un poco morena, unas venillas azules se le veían bajo la piel tersa como una seda.

_Te debe salir un pastizal alquilar aquí_ dije, mis cuñados no es que fueran millonarios, más bien lo contrario.

_Si, pero tengo un trabajo, no es que lo pagan todos los padres_ dijo ella y me tocó con la manita un brazo y me cago en dios, pero tuve una erección al instante.

_Ah, qué bueno, mira, les ayudas un poco_ dije

_Claro ¿Cómo está la tía Ana?_ dijo ella

La erección que tenía no me daba tregua, esperaba que no se me notara, aunque ya sabía yo que se había formado un buen bulto allí debajo, que mi polla no es pequeña precisamente, gracias a dios y a todos los santos, tenía un buen pollón y era la alegría de mi vida, que hasta a las putas de carretera les encantaba.

_Joder, niña, menuda casita tienes aquí_ dije, Aitana dejaba el paquete que yo le había llevado sobre el sofá.

Y se giró, llevaba el pelo largo casi hasta la cintura, liso y castaño, era como una lluvia castaña que cuando lo movía lanzaba una baranda de perfume exquisito.

_Es majo ¿verdad?_ dijo ella con una sonrisa de dientes blanquísimos.

_Ya te digo que si_ dije y joder, el sofá parecía nuevo y costoso y luego un televisor Smart y todo es que estaba más que bien, era casi de lujo.

_Tiene un solo dormitorio, pero es cómodo para mi_ dijo ella, casi cohibida y joder, calculé cuanto debía costar este pisito y pensé que Aitana debía tener un buen trabajo, muy bueno para pagar esto.

_Trabajo como modelo y también como azafata de eventos, se paga muy bien_ dijo ella, como adivinando mi pensamiento.

_Claro y con lo guapa que eres tú_ dije

_No soy tan guapa_ dijo ella, llevaba las uñas pintadas de rojo y los deditos de sus pies asomaban por las tiras de las sandalias y estaban pintadas las uñitas de rojo también, impecable, perfecta, es que era una muñeca, una Barbie.

_Sí que lo eres_ dije y entones recordé la erección que se notaría bajo los pantalones y me coloqué detrás del sofá.

_Que bonita vista tienes de la calle_ dije, la sala tenía una gran puerta francesa que daba a un balcón.

_Me encanta, le da el solecito por las mañanas_ dijo ella y me puso las manitas en los hombros, detrás de mí, joder, ese perfume de ella me estaba matando.

_ ¿Tienes novio?_ dije, no pude evitar imaginarla follando sobre ese sofá tan bonito

_No tengo tiempo para eso, tío Javi, en año próximo debo sacarme el titulo_ dijo ella y otra vez volvió a acomodarse el pelito detrás de la oreja.

Parecía un poco nerviosa la verdad, ¿estaba así de nerviosa por mí?

_Cariño, si tienes que estudiar o algo, dejamos la cena para otro día_ dije

_He comprado una pizza de alcachofas, es tu favorita ¿verdad?_ dijo ella, por dios, era un puto ángel, era una maravilla de la naturaleza, quien sería el cabrón con suerte que se follaba a esta diosa.

_Vale, cenemos entonces_ dije

_También he comprado tus botellines, yo alcohol no bebo_ dijo ella

Joder con la niña, no bebía alcohol, no fumaba, pero así y todo tenía la birrita bien fresquita para mí.

Era una pizza congelada, pero estaba muy bien, en la cocina también tenía todos sus electrodomésticos nuevecitos.

_ ¿El piso estaba equipado ya?_ dije, se inclinó para coger la piza y ponerla en el horno y casi me muero ante la visión de su culazo, no podía ser más redondo, más salido para afuera, era un puto promontorio, esa espalda no podía estar más curvada y quebrada.

_El microondas lo he comprado yo y también la lavadora ¿Quieres patatas fritas?_ dijo ella

_Claro….._

Cenamos mirando la tele y conversando, me preguntó por mi mujer y por sus padres y luego se quitó las sandalias y puso los piececillos sobre la mesilla frente al sofá.

Esos piececillos, toda ella era una miniatura encantadora, era una escultura maravillosa, hasta los tobillos finos y los talones y las plantas de los pies eran de una perfección exquisita.

Pero no eran los pies de una niña, eran pies de mujer, fuertes y delicados a la vez, una mujer hecha y derecha que llevaba tacones todos los santos días

_Puedes descalzarte si quieres, tengo unas pantuflas de hombre_ dijo

_No, niña, así estoy bien_ dije

Así que tenía unas pantuflas de hombre, comencé a pensar sino sería la amante de algún viejo crápula que la mantenía en este pisito tan majo.

Pero no, ella era demasiado seria, demasiado formal, si era una niña más buena que el pan.

_Tío Javi si quieres fumar, puedes usar el balcón_ dijo ella

_Gracias, niña, te lo iba a pedir, si no fumo después de comer es que ya estoy muerto_

Ella se rio, con ganas, risa de niña todavía.

_Como me gustaban tus ocurrencias cuando era niña_ dijo

_Chorradas, siempre he dicho chorradas_ dije desde el balcón, fumando un pitillo, ella se había recostado sobre el sofá, veía como sus tetas se aplastaban sobre el torso y el canalito y los pliegues de carne firme y esponjosa que se dibujaban debajo de la camiseta de tirantes.

_A veces quisiera no haber crecido nunca_ dije

_Pero si has crecido maravillosamente_ dije

_Quisiera ser niña y seguir en el pueblo con los padres_ dijo y jugó con una gomita elástica para sujetarse el pelo, se la pasaba por los deditos largos y finos.

_Tú ya eres de aquí, de la gran ciudad_ dije, era un cuarto piso y el bullicio de los coches que pasaban por la calle sonaban como una musiquilla de fondo, era de esos raras noches de calor de pleno octubre.

Ella se puso en pie y vino hasta el balcón, joder verla caminar descalza con esos shorts, esas piernas poderosas, era una enorme gata siamesa.

Me puso una manita en el hombro y frotó su cabecita de pelo castaño sobre mi pecho, me cago en dios, como una gatita mimosa.

_Extraño todo de casa, debería haberme casado con Mikel y haberme quedado a vivir allí_ dijo

Puse una mano en su cintura y la erección de mi polla ya era algo que me iba a reventar los calzoncillos, otra vez un sudor helado me recorrió todo el cuerpo.

_ A ver si coges frio aquí fuera_ dije, se había levantado una ligera brisa

_Me gusta el olor del tabaco_ dijo ella

No supe que decir, estaba a punto de cogerla entre mis brazos y comerle los morros.

_ ¿Quieres quedarte a dormir aquí?_ dijo ella

_Por lo general duermo en el camión y tú tienes una sola cama_ dije

_Yo duermo en el sofá, te dejo mi cama_ dijo ella

_No cariño, no quiero causarte molestias_ dije

_Quédate por favor, te hago un cafelito ¿quieres?_ dijo ella con una vocecita que me mataba.

Acabé quitándome los zapatos y aceptando la pantuflas que me ella me ofrecía, eran casi de mi número, el café era excelente.

_Es un café italiano, gourmet_ dijo ella

Que bien se estaba allí, era un encanto, toda juventud y frescura, la veía sentada junto a mí, con una piernita debajo del culo, su rodilla perfecta y redondeada, su axila depilada sin ningún rastro de pelillos, estaba casi sin maquillaje, no le hacía falta.

Joder, si no fuera mi sobrina, con lo buena que estaba, como me la follaría, era para quedarse a vivir en ese piso tan majo.

Si no fuera tu sobrina, no estaría conversando contigo en este sofá ni en mil vidas, me dijo una voz y tenía razón.

_Oye, yo puedo dormir en el sofá, no es necesario que me dejes tu cama_

_No, tienes un corpachón, no estarías cómodo_

_ ¿Me estás llamando gordo, cariño?_

_Estás gordito, pero te queda bien_ dijo ella con una sonrisa

Pasé al baño que ella me indicó, bueno, sería una larga noche y entonces tome la decisión, me haría una pajilla rápida, sino no podrá dormir aunque quisiera.

_Este es mi cuarto, tío Javi_ dijo ella con las manitas en la espalda

El corazón me dio un vuelco, en el cuarto tenía una enorme cama King Size, con almohadas y cojines de distintos tamaños y el cubre camas era de color negro, de seda, una moquete gruesa y peluda que mis pies se hundían en ella y sobre una de las paredes un espejo enorme que cubría casi toda la superficie.

Y sobre la otra pared un armario empotrado del suelo hasta el techo y también tenía espejos en las puertas.

Tragué saliva, en realidad no sé qué esperaba, ya no era una niña, no iba a tener osos de peluche y muñecas y posters de Taylor Swift pero….

Joder, este era el cuarto de una mujer, de una mujer de bandera, de un putón de la hostia.

No pude evitar pensarlo, en este cuarto se follaba y se follaba de buena manera, era obvio.

_ ¿Qué te parece, tío Javi? ¿Te gusta?_ dijo ella con el aire más inocente.

_Joder, como mola, niña, en mi vida he dormido en una cama así_ dije

Allí estaba yo, con mi sobrina de 21 años, con este pibón del infierno, con este ángel maravilloso, no es mi sobrina, pensé, es la sobrina de mi mujer, no tiene mi sangre, no tiene mi sangre, me dije, las sabanas eran de seda y estaban impregnadas de su perfume, mi erección no bajaba, tenía la polla como un mástil.

Miré en el espejo mi cuerpo, un poco panzón es verdad, mis piernas gruesas y velludas, mis brazos estaban bien, siempre habían sido bastante musculosos, aunque tal vez hubiera allí más grasa que músculos.

Las sabanas me engulleron, esa cama era la hostia de grande y mullida, aquí hay algo muy raro, me dije, este piso, este cuarto, algo no me cuadra en todo esto.

Joder que buena estás Aitana y tan dulce que eres, coño, el perfume de ella me envolvió, que coño más dulce que tienes niña, creo que me corrí en dos sacudidas que me pegué sobre la polla, los calzoncillos quedaron empapados, me limpié como pude y me los quité, no quería mojar la cama.

Me dormí en pelotas, en la cama de mi sobrina.

Fue peor, me desperté con una erección gigantesca, junto con el perfume exquisito de ella, sentí el olor a semen pesado y agrio de mi propia polla.

Debía ir al baño, me puse los calzoncillos, estaban grumosos y húmedos, la erección se me bajó algo, me puse la camisa, salí de la habitación.

Escuché, agucé el oído a ver qué sonidos venían de la sala, no pude resistir la tentación, estaría dormidita, solo quería verla, tendría puesto un pijama con florcitas seguramente.

Si, un suave rumor de una respiración venía de la sala, la luz de la calle penetraba por el balcón.

Me asomé a ver a mi sobrina en el sofá.

Casi muero allí mismo.

No estaba desnuda, pero casi, dormía en tanga y sujetador, de medio lado, el pelo le cubría parte de la carita, pude ver la naricita pequeña y bien formada, buscando el aire que necesitaba, el pelo era fino y liso y se movió un poco y por dios, esas piernas eran algo que no eran de este mundo, el tanga era un trozo de tela diminuto y parecía que se clavaba en la fina piel y las tetazas respiraban apaciblemente, comprimidas por un sujetador de encaje, que también parecía demasiado pequeño y también……..

Joder, me cuesta decirlo, pero había algo guarro en ella también, algo de potranca grosera que se deja caer sobre el sofá, casi desnuda y que no le importa que su tío de cincuenta años esté pajeándose en su cama de putón.

Algo desmañado, torpe, guarro, en esa forma de sus pies, en esos tetones, en ese pelo que caía sobre su cara y se giró otro poco y por dios pude verle una nalga desnuda, porque el tanga era una tira de tela clavada en medio del ojete y era todo pliegues y redondeces.

Y comencé a masturbarme de pie, al lado del sofá, si se despertaba me vería, estaba seguro de ello, pero no me importaba, sé que no debí hacerlo, pero no pude contenerme, mi sobrina era demasiado, era un sueño húmedo, era una pesadilla y a la vez una visión celestial.

Esta vez duré un poco más pero no demasiado, ella se movió, pensé que iba a despertarse, aceleré mi pajilla y me corrí otra vez dentro de mis calzoncillos.

Vi otra vez ese cuerpazo increíble, joder, la conocía desde su nacimiento, era tan dulce y tan guarra en ese momento, la forma en que caía una de sus piernas torneadas y poderosas casi hasta el suelo.

Me metí en el baño, me lavé un poco la polla y las bolas, los calzoncillos estaba pringados, hechos un asco.

Entonces escuché que golpeaban la puerta del baño.

_Ya salgo, cariño_ dije, me sequé la cara con una toalla.

Ella tenía puesta una camiseta larga, pero estaba en tanga y descalza y carita adormilada.

_ ¿No puedes dormir?_ dijo

_No, estoy bien ¿Y tú?_

_De puta madre, me gustas que esté aquí_ dijo y me frotó el hombro con su manita.

Y automáticamente tenía otra erección.

Me quité los calzoncillos pringados, me metí en la enorme cama, escuchaba los ruidos que hacía Aitana en el baño.

Joder, si ella abriera esa puerta y viniera aquí, que bueno sería.

Lo desee con fuerza, por favor, dios haz un milagro de los tuyos y que esta chica abra la puerta y entré en la habitación y se desnude y se meta en la cama contigo.

_Quiero dormir contigo, tío Javi, como cuando era pequeña_ diría

Mientras tanto me estaba masturbando de nuevo, saturado de los olores de mi sobrina.

Escuché la puerta del baño cerrarse, pero ella no vino a su propio cuarto.

Yo estaba como loco, esto era una prueba superior a mis fuerzas, busque en los cajones de su armario, camisetas, medias, jerseys, en el último allí estaban, una colección de tangas pequeñitos de distintos colores y conjuntos de sujetador y tangas de encaje y lencería sexy, si era claro, ella follaba con alguien en ese cuarto.

Encendí la luz, cogí un tanga de color negro, liso, pequeño, es increíble que el culazo de mi sobrina quepa aquí, pensé y me envolví la polla con esa delicada prenda femenina y me masturbé por tercera vez esa noche, frente al espejo, mirando mi rostro desencajado, mi pecho peludo y seboso, mi papada, mi calva sudada, mi gran polla envuelta por el tanga.

Y luego deslicé la prenda empapada entre las otras del cajón.

Me desperté muy temprano y me llegó el olor del café y de las tostadas, hasta había un zumo de naranja, exprimido por ella.

Llevaba unos leggins y un top deportivo y el pelo recogido en una coleta.

_ Buenos días, tío, Javi, ¿has dormido bien?_ dijo ella

_Como un bendito, niña ¿Y tú?_

_Muy bien, gracias_ por dios, seguía siendo una niña educada como siempre.

_ ¿Vas al gimnasio?_ dije, ella sintió con la cabeza, estaba comiendo unos cereales de un bol de losa.

_Esta noche he quedado con un amigo, un tío que conocí en la mili_ dije

_Que bueno, espero que te lo pases pipa_ dijo ella

_Gracias por la pizza y por todo_ dije y nos dimos un beso en la mejilla al despedirnos, otra vez tenía una erección que no podía contener.

Había quedado esa noche con Sergio, era un tío que había conocido en la mili y nos habíamos vuelto a encontrar a través de las redes sociales. Era abogado, había hecho bastante pasta en su vida y se había divorciado hacía dos años y trataba de recuperar el tiempo perdido, recuerdo que tenía una polla pequeña, de cuando nos bañábamos veinte tíos juntos en las duchas del ejército.

Fuimos a cenar a un sitio caro que él eligió, era increíble que treinta años después tuviéramos cosas de que hablar, pero así era, la conversación fluía solita, nos reíamos, los dos volvíamos a tener veinte años estando juntos.

Sobre todo hablábamos de mujeres.

_Si algo te envidio, Javi, es la polla que tienes cabrón, ¿sigue igual de grande? ¿No se te ha encogido un poco?_ me decía

_Se ha vuelto una pasa de uva, ¿quieres que vayamos al baño y te la enseño?_

_No, déjalo, cabrón, a ver si quieres desahogarte conmigo_

_Si no te he follado en la época de la mili, estas a salvo ahora_

También él estaba un poco gordo y un poco calvo.

_ ¿Y qué pasa? ¿Tienes tinder, ligas con eso?_ le dije

_A veces, pero no se me da bien_

_ ¿No? ¿Cómo te apañas?_

_Esta noche, dentro de un rato tengo una cita con alguien_

_Joder ¿esta noche?_

_Ya tenía la cita concertada cuando he hablado contigo_

_Bueno, me alegro por ti_ dije

_Mi buena pasta me sale_ dijo él bebiendo de su copa

_ ¿Una puta?_

_Una scort, servicio de acompañantes, de primea línea, tope de gama_

_Mira tú_

_ Es la segunda vez que voy a estar con ella, no sabes lo que es, muy joven, muy guapa, muy maja, culta, universitaria_

_ ¿Es una nerd de esas? ¿Con gafas y todo?_

_No sabes lo buena que está, tiene un culo y unas tetazas que bueno….Uff y una carita….._ dijo

Sentí un ramalazo de celos, pensé en mi sobrina, una universitaria que estaba buenísima, como ella.

_Si quieres puedes venir a verla_ dijo Sergio

_No ¿para qué? tu a lo tuyo y yo pajas en el camión_

_Solange se llama_

_ ¿Solange, no te jodes?_ dije yo

_Vente a verla, ella estará en la barra del bar del hotel, ¿sabes cuánto cobra la noche?_

Me lo dijo, lance al aire un silbido admirativo, esa zorra ganaba en tres noches lo que yo en todo el mes.

_Lo único malo de ella es que no folla por el culito y mira que le he ofrecído mucho dinero la última vez_ dijo Sergio

_Bueno ya acabará por hacerlo también, como todas las putas_

_Lo que sí, te mama la polla de un modo y te hace unas chupadas de bolas y culo, es muy buena en eso_

_ ¿Y no vas a su casa? ¿Siempre en hoteles?_ dije

_Sé que lo hace en su piso, tiene su picadero en el barrio de Salamanca por lo que me dijo, pero a mí me gustan los hoteles_ dijo

Un sudor helado me corrió otra vez por la nuca y me llegó hasta el culo.

No podía ser tanta casualidad.

_Te acompaño, a ver qué tal con Solange_ dije.

Fuimos en su coche, yo estaba realmente nervioso, no puedo ser tan gilipollas me dije.

¿Qué chances hay de que pueda ser ella? Pensé, las mismas de anoche cuando le pedí a Dios que ella abriera la puerta y entrara al cuarto.

Llegamos al hotel, era un cinco estrellas, casi me caigo de culo al entrar allí, uno no está acostumbrado a esos lugares.

Entramos al bar.

_Tú quédate por aquí y nos miras, si quieres te la presento_ dijo Sergio, quien parecía un poco nervioso también.

La vi de espaldas sentada en un taburete en la barra y lo supe, supe que era ella, no sé si es que lo deseaba y lo temía o qué.

Sergio se acercó por detrás y le puso una mano en la cintura y ella se giró.

Llevaba un mini vestido negro ceñido al cuerpo, muy elegante, los zapatos de tacón muy fino, tenían una correa que se ajustaba al tobillo por una hebilla.

Se puso de perfil a la barra y pude verla bien, era ella. Reconocí la fina naricita, el pelo castaño liso y dorado, casi rubio cobrizo, las piernas eran bestiales, musculadas, largas, torneadas, no eran de este mundo.

Era Aitana, las fichas comenzaron a caer en mi cerebro como las de un dominó infernal.

El piso, las sabanas de seda, los espejos.

Me marche de allí como sumido en una pesadilla.

No sabía qué hacer con eso, me masturbé en el camión, me costó dormir.

Pensé en extorsionarla, pensé en contratar sus servicios, era muy cara, demasiado.

Me imaginaba presentándome en su piso y chantajearla o follas conmigo o le cuento a toda la familia.

No, no tenía estomago para eso, pero al fin y al cabo, no es mi sobrina, no tiene mi sangre, me repetía, no tiene mi sangre.

Pasaron los meses, octubre, noviembre, diciembre, llegó nochebuena.

Aitana llevaba un mini vestido de color rojo, se me ocurrió que tal vez era de los que usaba en las citas con sus clientes, el vestido se ceñía a su culazo de un modo brutal, había bebido bastante esa noche.

De pronto nos encontramos ella y yo en la cocina, yo venía de fumar y ella llevaba una pila de platos sucios entre sus manitas de uñas pintadas de rojo sangre.

_ ¿Qué pasa tío Javi? A ver cuando me visitas de nuevo en Madrid y comemos una pizza de alcachofas_ me dijo con su hermosa sonrisa.

_Claro, pero si voy quiero conocer a Solange_ dije susurrando en su oído, con una crueldad que no sabía que tenía dentro de mí.

Cuando volví a mirarla, me odié por decirle aquello, su hermosa carita se había transfigurado de miedo y estupor.