La visita al centro de estética
Marta solo quería una depilación láser. Pero Mei no es una esteticista común, y la sala 2 esconde rituales que van mucho más allá de la belleza. Cuando la toalla cae, la sumisión comienza, y el público del centro se convierte en testigo de su degradación.
Pasaron varios días y la vida de las chicas había cambiado. Marta que vivía en la casa de sus abuelos que habían fallecido, comenzó a seguir las órdenes de su Ama Isabel. Los meses esos en los que se excitaba humillando a Yolanda, que trabajaba en el sex-shop del local de BDSM, quedaron atrás.
Se había ido a su centro de belleza estético para pedir la depilación total de su cuerpo por láser permanente, menos su pelo y sus cejas.
–Hola, Marta. –dijo Esther.
–¿Qué va a ser hoy? –preguntó Esther.
–¿Las piernas, las partes? –preguntó Esther.
–Sí, la verdad que quiero una general de todo el cuerpo, menos el pelo y las cejas. –respondió Marta.
–Muy bien. –respondió Esther.
–Ahora con el buen tiempo y el calor, es ideal para ir más frescas sin preocuparte por las citas con los chicos. –dijo Esther.
–Si, es verdad. –contestó Marta.
–Pasa a la sala 2, que Mei te está esperando Marta. –dijo Esther.
–Pero, ¿No me vas atender tú o Vane? –preguntó Marta.
–No, tenemos otras clientes, pero para la depilación láser permanente está Mei, especializada. –dijo Esther.
–Además, te encantará. –respondió Esther.
–¿Y eso? ¿Tan buena es? –preguntó Marta.
–Todas sus clientes han salido muy satisfechas y con unas caras de placer y de felicidad que repiten con ella. –dijo Esther.
–Te gustará, no tenga miedo, ya lo verás. –dijo Esther, yéndose.
–Vale. -respondió Marta, cogiendo una toalla.
Marta se fue al vestuario que era como un probador dentro de la sala 2. Se desnudó para ponerse una toalla en sus pechos que la cubrían hasta las rodillas.
En ese momento, entró la auxiliar Mei, que era una chica asiática. No había estado con ella, y la miró de arriba abajo para mirar en su lista, su nombre.
–Hola, Srta Marta, quítese la toalla, dejándola en la silla, y túmbese en la camilla. –dijo Mei, pero que, a Marta, le había parecido una orden, dándola un escalofrío.
No se había dado cuenta, pero en las ocasiones que había ido a ese centro de estética, siempre que iba desnuda, aunque se pusiera una toalla en sus pechos para su privacidad, ocultando su sexo, se había excitado.
Marta doblo la toalla, dejándola en la silla, y se tumbó desnuda, boca arriba. Tenía sus pezones duros como piedras y notaba que estaba excitada, y no sabía el motivo.
Mei, comenzó a coger unas cremas hidratantes, y comenzó a darle un masaje erótico y sensual. Había meses que no iba, para depilarse un completo. Más bien, desde el verano pasado.
En otras ocasiones la habían atendido Esther o su compañera Vane, la que la habían depilado, pero en esa ocasión estaban ocupadas. Mei, era una chica nueva y al parecer, estaba preparada para dar masajes sensuales en todas las partes del cuerpo.
Había venido hacía poco de China, y encontró trabajo en ese centro de estética. Estaba titulada y preparada y a Esther, se lo había probado en su propio cuerpo.
Mei, era muy profesional, y sus manos recorrían sus piernas, sus brazos, sus muslos hasta sus ingles, y pasaban por su vagina y su ano. Marta no se lo creía, pero soltó un gemido de placer, y un suspiro. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Pero era algo más, Marta se mordió el labio y notó como su vagina comenzaba a soltar fluidos vaginales. Mei, notó que Marta que tenía su misma edad, aproximada, estaba muy excitada y cachonda perdida, soltando algunos gemidos placenteros. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Parece que te gusta, ¿Quieres el servicio completo? –preguntó Mei, viéndola gemir de placer.
–Si, he pedido la depilación total de todo el cuerpo menos el pelo y las cejas. –respondió Marta, con la cara ruborizada y excitada pérdida.
Mei, se daba cuenta que Marta, estaba muy excitada y pensó que debía darle un servicio completo, comenzando a hacer un masaje profundo, en cada pierna y sus muslos, subiendo nuevamente por la vagina, y ahí masajeo los labios vaginales, haciendo que Marta. gimiese de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Marta comenzó a tocarse los pechos, apretándoselos, mientras lamía sus pezones, ya salida perdida, soltando sus fluidos vaginales como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¿Quieres correrte zorra? –preguntó Mei, con una sonrisa malévola y con una cara de sádica.
Entre gemidos de placer, Marta la respondió,
–Sí, por favor Srta. Mei. –respondió Marta.
–¿Qué eres Marta? –preguntó Mei. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Soy una puta zorra de mierda Srta. Mei. –respondió Marta. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Hágame correrme, por favor Srta Mei! –respondió Marta, entre gemidos de placer y retorciéndose hasta que comenzó a correrse como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
La puta zorra se corrió, mientras que, Mei, la follaba con sus hábiles dedos, pringándose sus manos de sus fluidos vaginales, restregándose sus manos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Mientras, daba varios temblores de placer y con escalofríos, teniendo varios orgasmos seguidos. Mei, se llevó sus manos y se las puso delante de la boca de Marta.
Marta, sacó la lengua y comenzó a lamérselas y chupárselas, dedo a dedo hasta que se las dejó limpias de sus fluidos vaginales. Mei, se desnudó para subirse en la camilla para poner su coño en su boca, restregándoselo, mientras se dejaba Marta.
–¿Tú quieres lamer y chupar mi coño? –preguntó Mei.
–Si, por favor…–respondió Marta.
–Sólo las putas zorras sumisas saben como pedirlo. –contestó Mei, restregando su coño con su boca, y separando su vagina para ver que la lengua de Marta, se estiraba para lamérselo.
–¡Ja, ja, ja! –reía la asiática.
–Por favor, lamer y chupar su vagina mi Ama Mei. –suplicó Marta, haciendo que Mei, sonriera para poner su coño, haciendo que Marta, se lo lamiese y se lo chupase, durante un buen rato soltando sus fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Le apartó su vagina de su boca, y le dio un par de bofetadas en la cara.
–¡Vamos, esclava! –dijo Mei.
–¡Tú lamer mejor, esclava! –ordenó Mei.
Marta continuó lamiendo su vagina, saboreando sus fluidos vaginales y corriéndose otra vez como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Mei, comenzó a correrse y estaba vez, gemía de placer, gimiendo de gusto y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Marta, se tragaba todos sus fluidos vaginales y le limpiaba su coño hasta dejárselo limpio completamente.
Le cogió de los pelos y la arrastró hasta el suelo, poniéndose de rodillas antes Mei.
–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Mei.
–Traga toda mi orina o serás castigada, esclava. –ordenó Mei, pegándole un par de bofetadas en la cara, mientras lloraba de dolor.
–¡Zas, Zas! –¡Uno, dos, mi Ama Mei! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, Zas! –¡Tres, cuatro, mi Ama Mei! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, Zas! –¡Cinco, seis, mi Ama Mei! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, Zas! –¡Siete, ocho, mi Ama Mei! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, Zas! –¡Nueve, diez, mi Ama Mei! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
Puso coño delante y abre la boca para recibir su orina, que se la tragaba con obediencia y sumisión hasta que se cansó, alejándose y mearla por la cara, por encima de sus pechos, por encima de su cabeza y por encima de su espalda.
–Ahora, límpiame la vagina, esclava. –ordenó Mei.
–Si, mi Ama Mei. –respondió la esclava, lamiéndola su vagina hasta que no quedó ningún rastro de orina.
–¡Lame el suelo y limpia sus sucios fluidos vaginales y los restos de mi orina, perra! –ordenó Mei.
Marta se puso a lamer el suelo hasta que dejó el suelo limpio. Detrás, se fue a cuatro patas hasta sus zapatos, e hizo una reverencia para besarlos con respecto, obediencia y sumisión.
Mei, se sentó y dejó que Marta, lamiese sus zapatos e incluso sus suelas hasta que se las dejó limpias.
–Eres una buena esclava, Marta. –dijo Mei.
–¿Tienes Ama, esclava? –preguntó Mei.
–Si, mi Ama Mei. –respondió la esclava, continuando lamiendo sus suelas, disfrutando de limpiárselas con su lengua como una perra en celo.
–Muy cuando vengas a cualquier tratamiento, te atenderé yo, porque me encantará que estés a mis pies como mi esclava y perra, puta zorra. –dijo Mei.
–Si, mi Ama Mei. –respondió la esclava.
–Venga, súbete a la camilla que te voy a depilarte, y ahora entiendo porque has pedido la depilación total permanente. –ordenó Mei.
–Si, mi Ama Mei. –respondió la esclava.
Mei, la metió en el tubo cubriéndose su pelo y sus cejas, a los pocos minutos, ya estaba hecha. Se bajó de la camilla y se puso de rodillas para besar sus zapatos.
Mei, se sentó y se descalzó para poner sus pies en su cara, restregándoselos, mientras Marta, disfrutaba y se humedecía de nuevo su vagina. Mei, disfrutaba como nunca, porque hacía tiempo que no disfrutaba de tener a una esclava a sus pies desde que vino a España para estudiar y por intercambio de erasmus.
Mei, levantaba su planta y se la restregaba por la boca, y luego el otro.
–Respira, y recuerda el olor de mis pies, esclava. –dijo Mei.
–Quiero que cuando te masturbes, recuerdes su olor y que te corras de placer viéndolos en tu mente y que recuerdes tu su olor en tu cerebro. –dijo Mei.
Detrás de estar unos veinte minutos, respirando el olor de sus pies, la apartó con su pie y la escupió en su boca varias veces y por su cara.
–¡Saca y deja la lengua, esclava! –ordenó Mei, restregando la planta de sus pies desde el talón hasta los dedos, se limpiaba sus plantas con su lengua, repitiendo una vez y detrás de otra hasta que se quedaron limpias.
Detrás, puso sus dedos en su boca, y se los metió, mientras que, Marta los lamía y se los chupaba. En ese momento, entró Esther que se extrañaba que tardase tanto tiempo, quedándose alucinada al verlas.
No dijo nada, y cuando Mei la miró, Esther se llevó el dedo a la boca, diciéndola, que no dijese nada, y salió sin hacer ruido. No sabía nada que Marta le gustase ser humillada y denigrada, viéndola lamiendo los pies de Mei.
Cuando terminó de limpiárselos, la apartó con su pie, y se levantó para ir a coger sus cosas.
–Ya estás depilada, y ya te puedes ir, esclava. –dijo Mei.
Marta fue a cuatro patas y cuando Mei, se giró se la encontró besando y lamiendo sus zapatos.
–Me estás poniendo cachonda perdida, puta zorra. –dijo Mei.
–¡Túmbate en la camilla, esclava! –ordenó Mei.
–Sí, mi Ama Mei. –respondió la esclava.
Salió por la puerta y al momento vino con una bolsa de la que sacó unas cosas. Sacó un hielo y se lo puso en su pezón, para ponerle una anilla en él, pegando un gemido pequeño.
Era como una especie de anestesia para que no le doliese. Se lo estaba buscando, por lo que, decidió anillarla como una esclava sexual. Le puso la otra y al final se los puso en sus labios vaginales, pegando unos gemidos de dolor y de placer.
Detrás, le puso unos anillos en sus dedos y un brazalete en su brazo con unas pulseras tanto en sus muñecas como en sus tobillos. Sacó una especie de anillo pequeño y se lo puso en la nariz, atravesando su tabique nasal.
–Sabes esclavas que pareces una vaca, y que sepas que hay un juego de rol entre Ama y vaca, en la que vive en un granero y pasta y es ordeñada como una vaca. –dijo Mei.
–En mi pueblo natal, había amigas que les gustó y se metieron en eso, quedándose embarazada y siendo ordeñando su leche como una vaca real. –dijo Mei.
–Yo me fui y escapé, porque había mucha pobreza y los padres, venden a sus hijas antes que, a un hijo, y para no convertirme en una esclava, me mude a España. –dijo Mei.
–Ya te he hablado demasiado de mí, esclava. –dijo Mei, azotándola en su culo, pegando un gemido de dolor.
–¡Vamos, rápido ponte de rodillas, esclava! –ordenó Mei.
Le puso un collar al cuello al que le enganchó una cadena ambas de diseño y plateadas.
En ese momento, entró Esther que se extrañaba que tardase tanto, y se quedó de piedra al verla.
–Esther no te molestes o te escandalices, tu amiga y clienta Marta, es una esclava y le he concedido lo que desea. –dijo Mei, tirando de su cadena y haciéndola caminar a cuatro patas, avergonzada, pero excitada.
–Mira su sucio coño como está chorreando como una perra en celo. –dijo Mei, pasando por delante de ella.
–Mira a los pies y al suelo, esclava. –ordenó Mei.
–Voy a pasearte por el local para que todos te vean bien, esclava. –dijo Mei, sacándola y paseándola por delante de otras clientes, que alucinaban y hablaban, preguntándola de qué se trataba todo.
Mei les decía que era una esclava sexual y que le gustaba ser humillada y denigrada dentro del mundo del BDSM. Todas, las vino a la mente la película de 50 Sombras de Grey.
Unas se reían y otras, la miraban con curiosidad. Mei le decía, órdenes como que ladrara, levantara la pata y besar sus zapatos. Detrás se sentaba y le ordenaba lamérselos con la lengua, con las miradas lascivas y morbosas de las demás clientes.
Y el sumun fue cuando se puso a lamer la suela hasta dejárselas limpias nuevamente. Mientras que, Marta, chorreaba sus fluidos vaginales de placer y de gusto.
Mei se quitó la correa y doblándola, le comenzó a azotarla en su culo, pegando gemidos de dolor y sintiendo mucho placer.
–¡Cuéntalos, y dame las gracias como antes, esclava! –ordenó Mei.
–Y bien alto que todos te escuchen, esclava. –ordenó Mei.
–Si, mi Ama Mei. –respondió la esclava.
–¡Zas, uno mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, dos mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, tres mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, cuatro mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, cinco mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, seis mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, siete mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, ocho mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, nueve mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
–¡Zas, diez mi Ama Mei! –decía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Mei! –decía la esclava.
No lo puedo evitar y sucedió, lo que, Mei deseaba, y era que su esclava, se corriese de placer ante las clientes y todos los que estaban dentro. Eso fue lo que sucedió, Marta se corrió de placer, soltando sus fluidos vaginales, teniendo varios orgasmos seguidos y se quedó temblando y con espasmos de placer, tiraba en el suelo, jadeando y gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Mi trabajo ha terminado, esclava. –dijo Mei.
–¡Limpia todo esto y te espero en el mostrador para que me pagues la sesión y lo que te he puesto, esclava! –ordenó Mei.
Marta se levantó al rato cuando se recuperó y se puso a lamer el suelo hasta que todo lo dejó limpio. Esas escenas causaron mucha sensación, curiosidad y morbo por decirlo de alguna manera. Todas o casi todas se corrieron de placer, mojando sus bragas.
Detrás se fue a cuatro patas, mostrando su culo y su coño chorreando sus fluidos como una perra en celo. Llegó al vestuario y se puso de pie para vestirse. Olía a pis y a fluidos vaginales como un putón verbenero.
Se miraba en el espejo y se vio su collar, sus anillas en sus pezones que marcaban su blusa, y lo más importante su anilla en su nariz. Tenía razón su Ama Mei, parecía una vaca lechera.
Salió del vestuario, un poco avergonzada y mirando al suelo hasta que llegó al mostrador. Apareció Esther, que bueno, no sabía la manera de hablar, pero lo intento.
–Me ha dicho Mei que la factura de los juegos son 250 euros y el collar y demás cosas son 200 euros. –dijo Esther.
–Vale. –respondió Marta, sacando la tarjeta, y pagando la factura.
–No sabía que te gustase ser una esclava sexual dentro de los juegos de BDSM. –dijo Esther.
–Generalmente, las clientes de Mei, salen todas felices y contentas. –dijo Esther.
–Ahora, entiendo el motivo. –dijo Esther.
–Lo siento, te pido perdón. –respondió Marta.
–Ahh…sí, toma estas son las llaves de tu collar como de todo lo demás. –dijo Esther.
–Las ha dejado Mei al dejar la factura en el mostrador. –dijo Esther.
–Te pido perdón por no decírtelo. –dijo Marta.
–Tienes mucho que contarme y parece que hoy he descubierto algo más de ti, que mantenías en secreto. –dijo Esther.
–Explícamelo todo. –dijo Esther.
–Te lo contaré, bueno es una historia muy sencilla. –respondió Marta.
–Un día en una fiesta con compañeros de facultad, escuchamos sobre un local y algunos compañeros que jugaban con BDSM, y nos sentimos curiosas por descubrirlo. –dijo Marta.
–Fuimos a ver algunas sesiones de BDSM y nos fue gustando mucho, descubriéndolo poco a poco. –dijo Marta.
–Un día cuando vinimos de fiesta bebidas hicimos una locura, nos compramos unas pollas negras descomunales de 40 cm y los pusimos en el suelo, y nos follamos con ellos. –dijo Marta.
–Menuda barbaridad. –respondió Esther.
Mei que pasaba cerca se quedó, escuchándolo.
–Cuando nos follamos nuestros culos y nuestras vaginas hasta reventárnoslos, dos de nosotras, nos besaron y nos liamos teniendo sexo lésbico, pero con juegos de D/s. –dijo Marta.
–¿D/s? –preguntó Esther.
–Juegos de dominación y sumisión. –respondió Mei.
–¿Y qué sucedió? –preguntó Mei.
–Claudia me besó en la boca, en mis pezones, me los lamió y mordió hasta bajar hasta de mi vagina, y comenzó a lamerla y a chuparla. –respondió Marta.
–Natalia hizo lo mismo con Teresa. –dijo Marta.
–Nos pidieron que las meáramos en la boca como por encima de sus cuerpos y luego pidieron lamernos los pies. –dijo Marta.
–Aunque habíamos estado en sesiones de BDSM como espectadores, no habíamos probado nada ni ser Amas ni sumisas, pero debo de reconocer que noes excitaba el rol dominante. –dijo Marta.
–Cuando terminó todo, tanto Claudia como Natalia, fueron con una crema para aliviar los dolores anales y vaginales, porque tuvimos desgarros por el sexo. –dijo Marta.
–Y en la habitación, no sé porque, la besé y lamí sus pezones. –dijo Marta.
–Hice lo mismo que ellas nos habían hecho, y un chip dentro de nosotras, nos hizo que nos comenzase a gustar. –dijo Marta.
–Desde ese día, creo que un sentimiento de excitación al ser humillada y denigrada, hizo que me pusiera a cien, excitada y cachonda perdida. –dijo Marta.
–Si, desde luego es algo muy revelador, no se del tema, pero quizás, al probarlo te gustó. –respondió Esther.
–No te juzgo y si eres feliz llevando este tipo de sexo, adelante. –dijo Esther.
–Creo que al ver esas escenas tan intensas de BDSM, os pervertisteis sin daros cuenta. –dijo Mei.
–Y cuando decidiste probarlo, tanto tú como tus amigas, os terminó gustando. –dijo Mei.
–Si, es lo que creo…–respondió Esther.
–¿Y tú eres Ama profesional como Isabel o amateur? –preguntó Marta.
–Bueno, profesional nunca he sido, pero algunas veces he dominado a algunas de mis clientes. –respondió Mei, mirando a Esther.
–Además, mi tarifa como Ama domando y sometiendo a una chica para convertirla en una esclava como tú, ya lo sabes. –dijo Mei.
–Por otra parte, tengo que comprar más packs de esclavas por si vienen más chicas como tú a mi sala 2. –dijo Mei.
–Pues, tengo unas amigas que ya te lo dije, que puede interesarlas venir a verte y que las anilles. –respondió Marta.
–Pues, toma mi teléfono y diles que si les interesan una sesión de depilación total permanente y además, les interesan ser humilladas y sometidas como tú, estoy encantada. –dijo Mei.
–Para mí, es más dinero. –dijo Mei.
–No entiendo cómo te puede gustar tanto el dinero Mei. –respondió Vane.
–No puedes ir a ningún sitio sin él, ¿O me equivoco? –preguntó Mei.
–Cuando caiga dinero del cielo o de los árboles, lo hablamos. –respondió Mei, yéndose a su sala para su siguiente cliente.
–La verdad que lleva razón…–dijo Marta.
–Bueno, me voy, jo…aún sigo cachonda perdida y mojando mi coño. –dijo Marta, yéndose.
Tanto Esther como Vane, les hizo gracia, pero la verdad es que la intensidad sexual de Mei, era muy brutal, tanto que se mojaban muchas clientes, y además ellas mismas.
Relatos similares
- Dominación
Mi vecina 2
Carla no es solo la vecina de al lado; es quien tiene las llaves de tu sumisión. Esta vez, no hay salida, solo órdenes que cumplir y placer que…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Cafetería PARAISO, cap. 1
Matías lleva años buscando la sumisión que perdió con su esposa, pero ninguna profesional le satisface.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Hetero: General
Pequeñas historias tiernas 1: ¿a dónde vas, Irene?
Despierta desnuda entre sus amas, pero el sudor frío en su piel no es de la noche, sino del miedo.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
Dilaya: Dominio y Revelación. Capítulo 11
Mónica sabe que la debilidad de Veyra no es política, sino carnal. Mientras ella teje una red de espionaje, Sandro y Sílvia buscan la cura para sus…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
El profesor chiflado
Siempre creyó que el respeto era la base de su clase, hasta que una nota reveló que su verdadera función era arrodillarse.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
El Club de tenis Élite. Cap. 6
Andrea no pidió permiso. Ordenó. Y Melissa aprendió que su cuerpo no le pertenecía, sino que era un instrumento para el placer de otras.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida