Xtories

Nuevo Vicio

La tarde cae y la soledad de su habitación se convierte en un escenario para deseos prohibidos. Con el sudor del deporte aún en la piel, decide rendirse a la tentación más oscura: imaginarse en brazos de quienes lo observan, grabando cada gemido de su propia liberación.

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Una tarde calurosa y soñolienta, de esas en las que el tiempo parece detenerse se siente la eternidad y ganas de matar los antojos oscuros. Me encontraba solo en mi habitación, una pequeña guarida de placeres ocultos donde me sentía seguro de mis deseos más íntimos de mi mundo escondido a los ojos del resto. Había llegado con prisas, el corazón latiendo desaforadamente y un nudo en la garganta de las ganas que no podía contener. Acababa de volver de una partida de vóley en el colegio, y durante el juego, mis pensamientos habían tomado un rumbo muy sucio. Imaginaba a dos chicos mayores del equipo, fuertes y apasionados, llevándome al baño del gimnasio y haciendo cosas deliciosamente perversas conmigo. Esa fantasía me había dejado con una erección dolorosa y una necesidad urgente de liberar la tensión.

Me miré en el espejo y sonreí, sabiendo que estaba a punto de vivir una experiencia única. Soy un jovencito menudito, con un culito redondito y una verga deliciosa de 15 cm, piel blanca y un espíritu muy atrevido. Me gusta llamarme "putita" porque me encanta el sexo y no tengo vergüenza de explorar mi cuerpo. Me quité la ropa lentamente, disfrutando de la sensación de la tela deslizándose por mi piel sudorosa. Cada movimiento parecía una caricia, una anticipación solitaria de lo que estaba por probar. Mi habitación estaba en penumbra, con la luz del atardecer filtrándose a través de las cortinas, creando un ambiente íntimo y cargado de expectativa.

Decidí tomar una ducha porque me excita mucho el aroma a limpio del jabón y el vapor del baño. El agua caliente caía sobre mi cuerpo, relajando cada músculo y despertando cada terminación nerviosa. Comencé casi de inmediato a acariciarme lentamente, sintiendo cada vena, cada centímetro de mi longitud, jugué con el jabón y un poco deslizándome en mi piel como pista de seducción. Cerré los ojos y dejé que mis fantasías tomaran el control. Imaginé a estos dos chicos mayores del equipo, sus cuerpos fuertes y sudorosos acercándose al mío, sus manos inquietas explorando los confines de mi ser.

Uno de ellos, el más alto y musculoso que me encantaba como se veía con su barba, se inclinó para susurrarme al oído. "Te deseo tanto, putita," me dijo con una voz ronca y llena de lujuria. "Estás tan rico, tan tentador. Quiero cogerte hasta que te desmayes." Sus palabras me hacían estremecer de placer. Sentía su aliento caliente en mi oreja, su barba raspando ligeramente mi piel, enviando escalofríos por toda mi espalda. Sus manos grandes y fuertes recorrían mi cuerpo, apretando mis nalgas, recorriendo cada curva y cada pliegue y lo que más me mataba era la idea de sus manos tocando ente mis piernas.

Mientras tanto, el otro chico, de cabello oscuro y ojos penetrantes de mirada de pervertido, me besaba apasionadamente. Su lengua invadiía mi boca, danzando con la mía en un baile frenético y desesperado. Sus manos recorrían mi cuerpo con una urgencia que me volvía loco. Se detenían en mi culito redondito, apretándolo y masajeándolo, haciendo que mi erección aumentara hasta niveles insoportables. "Eres divino, perverso," me susurraba entre besos, su voz llena de admiración y lujuria. "Me vuelves loco, putita."

El vapor del baño llenaba el pequeño espacio, creando una neblina que nos envolvía, haciendo que todo pareciera un sueño erótico. Podía sentir el agua cayendo sobre nosotros, mezclándose con nuestro sudor y creando un ambiente aún más intenso y cargado de deseo. Mis manos se movían más rápido, siguiendo el ritmo de mis fantasías, imaginando que eran ellos quienes me tocaban, quien me llevaban al límite.

"Quiero que me cojan," les susurraba, mi voz apenas audible sobre el sonido del agua. "Quiero sentirlos dentro y encima de mí, doliéndome por completo." Y ellos, obedientes de mi fantasía en mi mundo irreal, me daban lo que pedía. En mi mente, el chico de la barba me hurgaba lentamente, su verga grande y dura entre mis manos como nuevo vicio, llenándome por completo la idea de chuparla como una loquita. El otro, mientras tanto, me besaba y acariciaba, sus manos expertas llevándome al borde de éxtasis mientras sus dedos jugaban con mi lengua.

La escena en mi mente era tan vívida que podía sentir cada detalle como si estuviera realmente sucediendo. El placer era intenso, casi insoportable. Mis gemidos se mezclaban con el sonido del agua, mi sinfonía solitaria de lujuria aprovechando que la casa solo era para mí. Sabía que estaba cerca, muy cerca de mi lechita. Mis movimientos se volvían más frenéticos, mi cadera simulaba el movimiento del sexo, mi respiración más jadeante, mi corazón latiendo desaforadamente pero aún no quería terminar.

Me detuve, Me quedé allí, bajo el agua, recuperando el aliento, sonriendo como un tonto. Sabía que había que esta ocasión era muy diferente y el juego de hormonas me dejaba cada vez mas caliente.

Salí del baño, mi cuerpo aún húmedo y mi piel enrojecida por el calor del agua y la intensidad de mis fantasías. La excitación era insoportable, y la sucia fantasía que había provocado en mi mente y que todo esto es una necesidad urgente de más. Me envolví en una toalla, pero no hice ningún esfuerzo por secarme completamente; quería mantener ese aroma a limpio y esa sensación de humedad que me recordaba y sentía lo mojadito y rico que está todo esto.

Regresé a mi habitación, donde la penumbra y el silencio me recibieron como un abrazo familiar. Me tumbé en la cama, mi verga aún semierecta y palpitante, lista para más. Cerré los ojos y dejé que mis manos recorrieran mi cuerpo, siguiendo el rumbo de mis fantasías. Podía imaginar aún la presencia de los dos chicos mayores ahora acompañándome en mi cama, sus cuerpos fuertes y mojados presionando contra el mío, sus manos explorando cada espacio de mi.

Y volvía a crearlo en mi mente, el de la barba, me susurraba al oído de nuevo, su voz ronca y llena de lujuria. "Te quiero ver retorcerte, putita. Muéstrame cómo te mueves." Obedecí, ofreciéndome a él poniendo mi culo delante de su trozo de carne y comencé a mover mis caderas en un movimiento rítmico restregando mi culo y su riata, mientras en mi cama yo restregaba mi verga contra las sábanas un poco tumbado de lado sintiendo el viento de la ventana colarse por mi cuerpo. El contacto era delicioso, y cada movimiento me alucinaba más. Mi excitación aumentaba, cómo mi respiración se volvía más jadeante, imprudente y mi corazón latía queriendo salir de mí.

El otro chico lo imaginaba, al de cabello oscuro, que nos grababa, su celular captando cada detalle de mi cuerpo brillante y sudoroso, mi culito redondito y tentador. "Eres divino, perverso," me decía, su voz llena de deseo. "Me vuelves loco, putita. Quiero ver cómo lo tocas, cómo te coje ese culito."

Acomodé las almohadas estratégicamente para elevar mis caderas, creando el ángulo perfecto para masturbarme de manera más adecuada e intensa. Me puse boca abajo, mi culito redondito, levantado y ofrecido, listo para ser tomado. Cerré los ojos y dejé que mis manos recorrieran mi cuerpo, sensible y excitado como una perra me movía y me picaba el culito metiéndome ya dos deditos.

En mi mente, las voces profundas y roncas de los dos chicos mayores resonaban, incitándome, excitándome aún más. "Quiero que me cojas," les susurraba, con voz entre cortada, llena de ansiedad y necesidad. "Quiero sentirlos dentro de mí, llenándome por completo." Y ellos, en mi fantasía, obedecían como leones a la presa se querían devorar.

El de la barba, con su cuerpo fuerte y musculoso, se posicionaba detrás de mí. Podía sentir su presencia imponente, su aliento caliente en mi nuca, sus manos grandes y firmes agarrando mis caderas con posesión. Su verga, dura y lista, se frotaba contra mis nalgas, lubricada y resbaladiza, preparándose para entrar en mí. Lentamente, muy lentamente, comenzaba a penetrarme, su glande ancho y duro abriéndose paso, llenándome centímetro a centímetro. Gemía, era una perra de placer, lleno de gemidos que venían de lo más puta que soy dejándolos a los chicos gozar.

"Así, putita," me susurraba, su voz ronca y llena de lujuria. "Tómalo todo. Eres mío, que rico aprietas"… su voz era una orden y yo obedecía, empujando mis caderas hacia atrás, tomando toda su longitud, sintiéndolo llenarme por completo, estirándome, abrazando su verga con mi culo.

Mientras tanto, el otro chico, el de cabello oscuro y ojos penetrantes, dejó de grabar y se masturbaba frente a mí. Su verga, dura y brillante, se movía en su mano con movimientos firmes y rítmicos con una mano y con la otra se acariciaba los huevos, sus ojos fijos en mí, devorándome con la mirada. "Eres divino, perverso," me decía, su voz entrecortada. "Me vuelves loco, lo putita que eres. Quiero ver cómo te cogen, cómo te llenan por el culo." Mi mirada no lo perdía de vista me excitaba verlo como pervertido al asecho.

La escena en mi mente era muy intensa. Podía sentir cada detalle inclusive el aroma de ellos. El placer era casi insoportable, un torbellino de lujuria en mi mente me hace casi desmayar y el deseo que me consumía por completo. Mis movimientos se volvían más frenéticos, mi respiración más jadeante, mi verga se paseaba entre las almohadas y sentía lo caliente que estaba como si realmente yo estuviera cogiéndome a uno de ellos.

El de la barba comenzaba a moverse, sus embestidas eran lentas y profundas al principio, pero rápidamente ganaban intensidad y velocidad. Cada golpe de sus caderas contra las mías enviaba ondas de placer por todo mi cuerpo, haciendo que mi verga palpitara y goteara pre-semen. Me masturbaba al ritmo de sus embestidas, mi mano moviéndose frenéticamente, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba, cómo mi cuerpo se tensaba, preparándome para la explosión final.

Me detuve un momento, mi cuerpo aún temblando por las réplicas del casi orgasmo que acababa de experimentar, quería saborear cada segundo de ese momento sin venirme aún, explorar nuevas sensaciones y llevar mi autodescubrimiento a un nivel aún más profundo. Decidí probar algo que nunca había hecho antes: saborear mi propio líquido pre-seminal, ese pequeño shot de perversión que mi cuerpo producía en momentos de máximo deseo.

Me puse de rodillas en la cama, mi verga aún semierecta y brillante por la excitación. Con una mano, comencé a acariciarme lentamente, sintiendo cada venita mía, cada centímetro de mi longitud. Cerré los ojos y me concentré en las sensaciones, en el placer que recorría mi cuerpo. Mi otra mano, con dedos temblorosos por la anticipación, se dirigió a la punta de mi verga, donde una pequeña gota de líquido pre-seminal brillaba, tentadora y deliciosa.

De manera lenta y consciente, llevé mi dedo índice a la boca, probando ese líquido claro y viscoso. El sabor era suave, ligeramente salado y amargo, pero con un toque dulce que me sorprendió. Era una mezcla única, una explosión de sabores que me hizo gemir de placer. Saborear mi propio líquido pre-seminal fue una experiencia intensa y profundamente personal, una conexión directa con mi propia sexualidad y deseo.

"Delicioso," susurré para mí mismo, mi voz ronca y llena de lujuria. "Esto es tan perverso, tan excitante." La combinación de sabores en mi lengua me hizo desear más, me hizo querer explorar aún más mi cuerpo y sus reacciones. Volví a acariciarme, esta vez con más intensidad, sintiendo cómo mi excitación volvía a aumentar, cómo mi verga se endurecía de nuevo, lista de nuevo.

Decidí probar algo nuevo, algo que siempre había querido experimentar pero que nunca había tenido el valor de hacer. Con mi mano libre, tomé un poco más de líquido pre-seminal y lo extendí por mis labios, saboreándolo, disfrutándolo. La sensación era increíblemente erótica, ver mi propia excitación brillando en mis labios, sentir su sabor en mi lengua. Era como un pequeño shot de perversión, un recordatorio de lo delicioso que podía ser el sexo, de lo excitante que era explorar mi propio cuerpo.

Mientras me saboreaba, mis fantasías volvieron a tomar el control. Imaginé a los dos chicos mayores, sus cuerpos fuertes y sudorosos presionando contra el mío, sus manos explorando cada rincón de mi ser. "Te deseo tanto, putita," me susurraba uno de ellos, su voz ronca y llena de lujuria. "Estás tan rico, tan tentador. Quiero probarte, quiero saborearte por completo."

Y en mi mente, ellos lo hacían. Sus lenguas recorrían mi cuerpo, saboreando cada centímetro de mi piel, deteniéndose en mi verga, lamiendo y chupando. La combinación de mis propias caricias y mis fantasías era abrumadora, un torbellino de sensaciones que me llevaban cada vez más alto.

"Quiero que me cojan," les susurraba, mi voz llena de deseo. "Quiero que estén dentro de mío, llenándome el culo por completo." Y ellos, en mi fantasía, obedecían. El de la barba se posicionaba detrás de mí, su verga dura y lista, entrando en mí lentamente, llenándome por completo. El otro, mientras tanto, se masturbaba frente a mí, su verga grande y dura, sus ojos llenos de lujuria mientras me miraba.

"Más fuerte," les suplicaba, mi voz entrecortada y llena de deseo. "cójanme más fuerte, llénenme el culo por completo." Y ellos obedecían, sus movimientos se volvían más salvajes, más desesperados, más intensos. El de la barba me agarraba con fuerza, sus dedos clavándose en mi carne, mientras me penetraba con toda su fuerza, su verga llenándome por completo, tocando cada rincón de mi ser.

El otro chico, viendo mi estado de éxtasis, aceleraba sus movimientos, su mano moviéndose más rápido, su respiración entrecortada y jadeante. "Voy a venirme, putita," me decía, su voz llena de urgencia y deseo. "Me vengo viéndote como te cojan por puta."

Y entones en mi mente se repetía una vez y otra vez ver las caras cuando se venían como unos malditos animales en mí, uno dentro de mi culo, y el otro echándome su semen en mi espalda, o uno en mi barriga, o imaginarme como se llenaba de saliva la mano y tomaba mi verga y la de él y nos masturbábamos embarrados de saliva frotando nuestras vergas. Y otra imagen era las tres vergas embarradas de aceite y frotarnos, estaba descontrolado.

Mi mente estaba en un estado de éxtasis constante, repitiendo una y otra vez las imágenes eróticas y perversas que había creado. Las caras de los dos chicos mayores, contorsionadas por el placer, se grababan a fuego en mi memoria. Uno de ellos, con su verga dura y profunda dentro de mi culo, embistiéndome con fuerza y depravación, mientras el otro, con su mano firme y rápida, se masturbaba frenéticamente, su semen caliente y abundante cayendo sobre mi, sobre mi espalda, o en mi cara, o en mi barriga eso no importaba. La sensación de su semen caliente sobre mi piel, marcándome, reclamándome, era indescriptible.

Otra imagen que me volvía loco era la de sus manos llenas de saliva, tomando nuestras vergas y masturbándonos juntos, nuestros miembros resbaladizos y duros, frotándose uno contra el otro, creando un placer intenso y único. Podía imaginar el sonido húmedo y obsceno de nuestras vergas frotándose, el calor de nuestros cuerpos, el sabor salado de nuestra excitación en mi lengua.

Y entonces, una nueva fantasía se formó en mi mente: las tres vergas, la mía y las de ellos, todas embarradas de aceite, frotándose unas contra otras, creando un espectáculo erótico y perverso. La idea de vernos a los tres, descontrolados y llenos de lujuria, me llevaba al borde de la locura.

Decidí hacer realidad una parte de esa fantasía. Tomé el aceite y me unté generosamente, mi cuerpo brillando bajo la luz tenue de la habitación. Puse la cámara de mi teléfono en un ángulo que me permitiera grabarme mientras me exploraba, queriendo ver cómo lucía, cómo me movía, cómo me daba placer.

Me tumbé boca abajo en la cama, mi culito redondito y brillante levantado y ofrecido. Con una mano, tomé la cámara y comencé a grabar, mi voz entre cortada intentaba narrar lo que pasaba. "Mira qué rico se ve," susurré, mi voz entrecortada. "Mi culito brillante y tentador, listo para ustedes." Como si estuviera alguien más en la habitación.

Con la otra mano, comencé a meterme los dedos lentamente, sintiendo cómo me abría, cómo me preparaba para algo más. Gemí de placer, el sonido llenando la habitación, mezclándose con el ruido de la cámara. "Así, putita," me susurraba a mí mismo, imitando la voz profunda y ronca de uno de los chicos. "Tómalo todo. Eres mío."

Pero no había terminado. Quería más. Quería vivir todas las fantasías que había creado en mi mente. Tomé más aceite y me unté aún más, mi cuerpo resbaladizo y brillante. Me puse de rodillas y comencé a masturbarme de nuevo, mis movimientos rápidos y desesperados. Imaginé a los dos chicos detrás de mí, sus vergas duras y listas, untadas de aceite, frotándose contra mi culito, contra mi espalda, creando un espectáculo erótico y perverso.

"Folladme," les suplicaba, mi voz llena de deseo. "Folladme fuerte, llenadme por completo." Y ellos, en mi fantasía, obedecían. Sus embestidas eran fuertes y profundas, sus cuerpos sudorosos y calientes contra el mío, sus gemidos de placer llenando la habitación.

El orgasmo me había dejado sin aliento, mi cuerpo temblando y mi mente nublada por el éxtasis. Pero la lujuria no había sido saciada por completo; quería más, necesitaba más. Me acerqué con desesperación, mi rostro lamiendo las sábanas, sintiendo el sabor salado y amargo de mi propio semen mezclado con el aroma del aceite. Era una combinación intoxicante, un afrodisíaco que me volvía loco de deseo.

"No dejaba de picarme el culo y sentir un orgasmo más intenso que me abandonó por completo, como un infierno del que no quería salir," susurré, mi voz ronca y llena de lujuria. Mi rostro estaba lleno de mi semen, mi lengua trabajaba incansablemente, saboreando cada rincón, cada gota, mezclando mi sabor con el aceite, creando un maridaje sensorial único y abrumaddor.

La cámara seguía grabando, capturando cada detalle, cada movimiento, cada expresión de placer en mi rostro. Saber que estaba siendo grabado me excitaba aún más, me hacía sentir como la puta, la perra, la loca que quería ser. "Así, así es como me gusta," gemí, mi voz entrecortada y llena de deseo. "Quiero estar así, sucia, perversa, llena de semen y aceite."

Mis dedos, aún resbaladizos y brillantes, volvieron a mi culito, explorando, penetrando, llevándome al límite. Cada movimiento era una explosión de placer, cada sensación me llevaba más alto, más lejos. "Sí, sí, así," susurraba, mis palabras entrecortadas por los gemidos de placer. "Más profundo, más fuerte, quiero sentirlo todo."

Y entonces, con un grito de éxtasis, me corrí de nuevo, mi cuerpo convulsionando, mi mente explotando en un millón de fragmentos de placer. El orgasmo fue intenso, brutal, un infierno del que no quería escapar. Mi semen caliente se derramó sobre mi rostro, mi cuello, mi pecho, marcándome, reclamándome, completándome.

Me quedé allí, exhausto y satisfecho, mi cuerpo aún temblando por las réplicas del orgasmo, mi mente aún llena de las imágenes vívidas y eróticas de mi fantasía. La cámara seguía grabando, capturando mi rostro lleno de semen, mis ojos cerrados, una sonrisa de satisfacción en mis labios.

"Esto lo quiero repetir," susurré, mi voz suave y llena de satisfacción. "Quiero vivir esto una y otra vez, quiero sentirme así siempre, sucia, perversa, llena de placer."

Y con esas palabras, me dejé llevar por el sueño, mi cuerpo relajado, mi mente en paz, sabiendo que había explorado nuevos límites, que había descubierto nuevas formas de placer. Y mientras me dormía, una sonrisa en mi rostro, supe que el fuego de la lujuria siempre ardería en mi interior, listo para ser encendido de nuevo.