Y la pandemia nos trajo… el amor?
El coche se convierte en su refugio y su lecho, pero cuando el deseo choca con la realidad de su cuerpo, la pasión se detiene para dar paso a algo más delicado. ¿Podrán encontrar el placer sin lastimarse?
El deseo que crecía en sus cuerpos, hacía arder su piel, habían perdido la noción del tiempo, se acariciaba sin control.
Quique ansiaba poseerla allí mismo. Pero no se decidía a ello. Era tan delicada que tenía lastimarla. Tal vez sería mejor que su primera vez no fuera allí.
Pero por otro lado, no podía dejar de tocarla. Su piel era tan suave y tan cálida que lo tenía atrapado,, parecía una droga de la que no podía desengancharse.
Mimi… — una pregunta flotaba en el aire, sin necesidad de ser expresar.
Por toda respuesta, Mimi, entrelazó las manos en su nuca, enredando los dedos en su cabello, alzándose sobre sus rodillas de su subo al oído - No te detengas
Aquí…? Seguro…?
Tienes otro lugar en mente? — Miró a su alrededor., los cristales empañados algunas botas de condensación se deslizaban por las esquinas, dejando un rastro parecido a lágrimas, la temperatura en el coche irá agradable encontrarse con la del exterior.
Muchos… — emitió una risa ahogada, nervioso - pero… ninguno está suficientemente cerca.
Entonces — se inclinó, besando la base de su cuello, mordisqueando su piel suavemente, abriendo su camisa, Bajando con sus labios por su torso —… entonces, tendremos que hacerlo aquí.
Lo miró a los ojos, inspiró profundamente, una mano sobre su abdomen. Bajándola lentamente, hasta llegar a la cinturilla de su pantalón. Desabrochó el botón y coló su mano en el interior de su boxer. Quique dio un respingo, conteniendo el aliento cuando sintió la mano cerrándose sobre su base. Presionando con delicadeza. Deslizando la yema del dedo pulgar por su piel, trazando sus venas, palpitantes por el deseo, extendiendo su humedad. Jadeó, aferrado a sus glúteos.
Mimí había tenido muchas dudas, pero una vez se había decidido, no pensaba demorarlo más tiempo.
Lo miró los ojos fijamente, reflejando en ellos la pasión que sentía en ese momento.
Protección? -… no podía formar frases completas., su cerebro, en esos momentos funcionaba de un modo primario.
En… en la guantera, hay - no termino la frase.
Apoyó su mano izquierda sobre el salpicadero y girando su cuerpo, se inclino hacia el lado derecho rebuscando en la guantera, abrió el compartimento y rebuscar hasta encontrar la caja de preservativos. Se incorporó, alzándose sobre sus rodillas. Extrajo un condón y comenzó a deslizarlo sobre el palpitante mástil de carne, cubriéndolo, con precisión. Observándolo, fascinada ante sus muestras de placer.. la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, la boca entre abierta, las manos, agarrando el asiento rígidamente, elevando la pelvis hacia ella. Su rostro desencajado en un gesto de placer..
Rodeo su cuello con los brazos, se inclinó sobre él,presionando el lóbulo de su oreja entre los dientes y les susurro.
Cuando quieras…
Tragó saliva convulsivamente, despojándola de pantalón deportivo y de sus rayitas a un tiempo, trabajándose un poco con la ropa al llegar a sus tobillos, tironeando de las perneras hasta conseguirlo. Apoyó su mano izquierda, en la cadera de Mimí con su otra mano posicionó su miembro rozando su entrada húmeda, cálida y palpitante. Ansiaba adentrarse en ella, a pesar de ello, quiso asegurarse de que ella no se echaría atrás, que no habría arrepentimientos. Alzó su mano rozando su mejilla. La miró con deseo contenido, mezclado con ternura y duda.
Estás segura?… — la voz suave, acariciando su piel con un cálido aliento - rezaba para que así fuese, para no tener que detenerse -… no quiero que…
Sssssh. — lo acalló con un beso -… se acaba las dudas, ya no es momento de hablar.
Sin pensarlo más, ni a guardar una palabra más por su parte, ella misma fue hundiéndolo en su interior, espacio, rotando las caderas, facilitando la penetración hasta quedar completamente sentada sobre él, con los glúteos, descansando sobre sus muslos. Adelantó las caderas, tomando lo más profundamente, acostándose sobre él, mordiendo su hombro, colocando una mano sobre su pecho a la altura del corazón, comenzó un vaivén pausado, acompañado por Quique, quién elevaba su pelvis saliendo al encuentro de los movimientos de ella, abrazándola por la cintura, fijándola firmemente
contra él,. Juntos crearon una danza que solo ellos entendían.
Mimi, presa de la excitación, apenas si prestaba atención al modo en que los músculos de sus pierna se volvían rígidos por la postura, demasiado incómoda para su estado. Era como si los músculos de su pierna si hiciesen nudos., como si un perro hiciese presa con sus fauces y las apretarse. Estaba acostumbrada a eso desde el accidente, y decidió ignorarlo, central y solo en el calor que nacía en su estómago y se extendía por su cuerpo, ruborizando su piel, creando pequeñas gotas, como rocío, que es la cubría.
Aceleró el ritmo, rotando sus caderas, sobre el miembro y ni esto, sus paredes internas aprisionándolo, subiendo y bajando por él. Los gemidos de ambos flotando en el ambiente.
De improviso, Mimi lanzó un grito de dolor, su pierna totalmente rígida por la epasticidad
Qué ocurre? — Asustado ante el rictus de dolor en el rostro de ella,
Nada… no es nada — contenía las lágrimas.
Si, sí es algo, — espetó confuso y preocupado —… te he lastimado?
No — consiguió sonreír, intentando tranquilizarlo —. Mis músculos aún necesitan tonificarse más. Ha sido la postura… se me ha agarrotado la pierna derecha, — explicó..
Déjame ver — reclinó el respaldo del asiento del copiloto, hasta dejarlo en horizontal, con un ágil movimiento, la acostó enél y masajeó su pierna con dedos hábiles, trabajando sus músculos — mejor así? — Mimi has sintió con la cabeza, dejando escapar un gemido de alivio —. Perdóname… he sido un bruto.
No soy de cristal, sabes?
No he dicho eso — su maldito orgullo y competitividad, pensó, lo obligaba a escoger con cuidado las palabras constantemente, para no ofenderla —… pero en estos momentos, tú necesitas que te traten con suavidad. Solo por un tiempo… hasta que estés al cien por cien, quizás deberías no forzaste. Y desde luego, no aquí..n no así.
Mimí, se maldijo, por qué no se había mordido, contenido ese grito. Ahora ya era demasiado tarde. Seguro que después de eso Quique perdía todo interés por ella. De hecho ya se está separando, giros su rostro hacia la ventanilla, cerrando los ojos por la vergüenza.
Mírame — no era una orden, más bien una súplica —, Mimí, no cierres los ojos y mírame — ella lo hizo, por los ojos, envidiosos pillan tu contenido, avergonzada, herida, por lo que creía su rechazo — si no te sientes preparada… — leyó la vergüenza en sus ojos, creyendo que era arrepentimiento —… si no estás segura, no… no pasa nada, solo dímelo y pagaré ahora mismo. — le iba a costar mucho contenerse, pero lo haría, había empezado a sentir algo por ella y no quería que un acto precipitado acabase con aquello a uno antes de empezar.
Pensé que tú… que ya no querías… que te habías dado cuenta te lo poco adecuada que soy para ti.
Tan poco confías en mí… en ti misma? Crees que dejaría de desearte sólo porque necesitas tiempo para recuperarte? Piensas que todos los hombres somos unos cerdos, verdad?
Bueno… he conocido a unos cuantos que lo son — admitió —, que yo tampoco he sido un ángel precisamente…
Eso espero — y sonrío, travieso, deslizando un dedo desde su clavícula, hasta la base del cuello, descendiendo entre sus pechos hasta llegar al ombligo, abriendo la mano sobre su abdomen, bajando hasta cerrar su cadera mientras depositaba un beso en sus labios, dulce al principio, provocativo a medida que ella comenzó a acariciarle el torso. Colocó su asiento en horizontal, quedando tumbado, de lado, junto a ella., tomando su pecho derecho en su mano izquierdo, acariciando su pezón,. Se incorporó ligeramente, cubriéndola a medias con su cuerpo, deslizando su boca hasta el otro seno y más abajo, por su vientre, llegando a su pubis. Concentrado en sus gemidos y jadeos.. soplo delicadamente sobre los suaves rizos que coronaban su monte de Venus. Su cálido aliento hizo que Mimí se estremeciese, apoyó la cabeza entre sus senos, el dedo pulgar entre sus labios, presionándolo sobre su clítoris,, moviéndolo en círculos, estimulándola con él, mientras llevaba el índice a su interior, besando su pubis
Mimí elevaba las caderas en busca de más contacto, rozando su cadera, sus manos le agarraba por los hombros,: sus dedos rígidos, clavándose en su piel.
El dedo corazón acompañó al índice en su interior abriéndolos mientras los giraba creando una mayor fricción, su sexo se humedecía cada vez más, los dedos presionando en sus paredes un tercer dedo, se unió a ellos comenzando unas suaves embestidas
Mimí… dámelo… no te contengas, déjate ir para mí… —susurraba las palabras contra su piel, su ambiente cálido erizándola, los dedos girando en su interior, mientras las acometidas aumentaba de velocidad y apoyaba el talón de la mano contra su clítoris —. No te resistas…. — estaba tan concentrado en ella, en darle placer, que no se percataba de que él mismo estaba llegando a su límite —… así, sí… — las sentía cerrarse alrededor de sus dedos, convulsionar, derramándose sobre ellos y sorprendido, sin siquiera haberse tocado a sí mismo, solo con observar el placer de Mimí, estalló, derramándose en el interior del preservativo, haciendo la nota calor a través de su delgada cobertura
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