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Dominacióndic 2025

La Invitación - Parte 3

Diego no solo cura sus heridas, las crea. Cuando Isidora se debilita, él no solo la cuida; la somete. Entre el suero y los azotes, la línea entre la salud y el placer prohibido se desvanece.

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Volver a mi casa después de la consulta, fue caminar con miedo a que se me viera alguna marca de la vara, recordar la situación con Felipe y cojear por la inyección. No me sentía del todo bien, no solo por tener el culo rojo, sino que además de sentir algo de calor, sentía mi estomago algo incomodo, por lo que llegué a recostarme, boca abajo para no aplastar mi culo y me dormí sin darme cuenta. Cuando desperté, estaba oscuro y sentía el timbre, contesto el teléfono y el conserje me dice que Diego está abajo, si lo deja subir, en mi estado de somnolencia olvidé que no había ordenado y dije que subiera. Al abrir la puerta, su rostro serio cambió en un segundo a un rostro de preocupación.

- ¿Isidora? ¿te sientes bien? Estás muy pálida y cara de no estar bien ¿puedo pasar? – mientras veo que trae cajitas del restaurant chino de la esquina.

- Hola Diego, pasa – respondo aun somnolienta, con mucho calor y malestar estomacal, el olor de la comida china me hace sentir más ganas de vomitar que de apetito.

- Isidora, no me respondiste el cómo estás – dice en tono duro y autoritario.

- Diego, estoy bien – mintiendo y evitando mirarlo mientras busco platos y vasos.

- No me parece que lo estés – dice mientras la deja la comida en la mesa y se acerca a mí, por detrás, llega y toca mi cara y mi frente – Isidora ¿tienes fiebre?

- No sé Die…. – en una fracción de segundo comienzo a escuchar todo muy lejos, veo como mi visión se va acortando y luego se va a negro.

Cuando reacciono nuevamente, estoy en mi cama, con mi pijama, acostada y Diego sentado al lado mío como si de una visita médica se tratase, tomando mi presión y con su estetoscopio colgado.

- Isidora, me has hecho pasar el peor susto, por favor respóndeme, ¿Qué pasó? – mientras me mira fijamente con clara preocupación.

- No sé Diego, cuando volví de tu consulta, me acosté porque no me sentía bien, sentía como mi estómago raro mucho calor, y me dormí y luego llegaste – respondo tratando de recordar que más pasó.

- ¿Dormiste todo el día? ¿Comiste algo? – pregunta en tono serio y preocupado.

- Si, no – respondo aun confundida por todo – no sé Diego, me recosté, me dormí, desperté, por el timbre, contesté, llegaste, luego te escuché lejos, veía poco, borroso, sentía sudor helado y luego ya no supe más, y desperté acá ¿Qué pasó?

- Bueno, te desvaneciste porque tu presión se bajó, mucho, apenas te desmayaste te traje acá y la tomé, pero la maquina no lo ha registrado hasta que despertaste ahora y efectivamente está muy baja, así que iremos a la clínica para que…

- ¡NO! Diego por favor no, ya me siento bien, no me abandones en una clínica por favor – respondo casi llorando.

- Tranquila Isidora – mientras me acaricia el cabello – no iremos ahora, pero al menos déjame examinarte bien y yo tomaré la decisión si te puedes quedar acá o no ¿está bien?

- Si Diego, pero tú eres doctor, con que estés aquí estaré bien, pero no me lleves ahí por favor

Desde niña por diversos problemas y operaciones tuve largas estadías en hospitales y clínicas, las primeras veces me visitaban mis amigos, mi familia y mis padres estaban siempre conmigo. Una vez que se separaron, mi padre se hizo cargo mío y cuando pasaba algo así, me iba a ver menos de la mitad del tiempo que estaba internada, por ende, estar internada, para mi es señal de abandono y no quiero sentir eso con Diego.

- Isidora, calma, si, te voy a examinar ¿ya? – mientras seguía acariciando mi cabello.

- Está bien Diego

Fue a buscar su maletín al comedor y me examinó sin mayor morbo, de manera profesional, tomándome la temperatura axilar, palpando mi estómago, escuchando mi corazón y midiendo mi presión.

- Cuéntame que sientes – mientras quitaba el termómetro – tienes fiebre, bastante.

- Esa sensación, de tener calor, pero frio a la vez y el estómago, muy delicado, aparte de debilidad, como si me fuera a desmayar de nuevo si intento pararme.

- Bueno, dormiste todo el día, no has comido, tienes fiebre y estás con tratamiento antibiótico fuerte, si fueras cualquier otra paciente te internaría de inmediato, pero como eres la paciente especial, te trataré acá.

- Gracias Diego – respondo con alivio.

- Dame unos minutos, iré a la consulta por suero, lo más probable es que el antibiótico no lo estés resistiendo por tu estado actual, así que te hidrataré con eso y las próximas dosis te las pondré ahí ¿está bien? Solo unos minutos y volveré, te lo prometo – mientras me daba un beso en la frente.

Me resigné a esperarlo y me acomodé en la cama, aun me dolía el culo por la vara y trataba de entender como un hombre podía ser tan tierno y cruel a la vez. Volvió Diego con lo necesario, me puso el suero e improvisó un soporte para dejar la bolsita. Fue a la cocina y volvió con algo de la comida que había traído, tenía cero ganas de comer, pero fue tan tierno que me esforcé. Luego sin darme cuenta me dormí y cuando desperté, Diego seguía ahí. Me sentía mucho mejor, así que me levanté y al ver mi departamento, parecía otro, estaba todo ordenado y en su lugar. De repente aparece Diego a mi lado.

- Si, es tu departamento, solo que ordenado – dice como si leyera mi mente.

- Diego, no era necesario que ordenaras, en serio, lo agradezco, pero no era necesario.

- Tranquila, lo vas a pagar en algún momento – dice mientras me da un azote, esta vez con cariño.

Pasa la mañana y Diego se queda conmigo, me pone los medicamentos en el suero y tomamos desayuno. Al medio día se va a la consulta y quedo sola, duermo y cuando despierto, ya casi es hora de cenar, así que decido cocinarle algo a Diego en agradecimiento a como se ha comportado conmigo. Cuando llega estoy sacando la carne del horno y tenía los platos servidos con acompañamiento.

- Vaya, si que te debes sentir mejor, para que me hayas cocinado – dice mientras ríe.

- Así es – le respondo mientras le sirvo carne.

Comemos, conversamos, disfrutamos el momento, luego me quita el suero y de un momento a otro y sin darme cuenta, estoy sobre sus rodillas culo al aire.

- Como la niña se siente mejor para cocinar, también debe estarlo para recibir castigos ¿verdad? Te acuerdas de que te dije que iba a venir a ver como tenías el departamento, estaba desordenado y encima lo ordené yo ¿te parece bien eso?

- No… - digo mientras me sonrojo, me excito y me asusto por lo que se pueda venir.

Apenas termino de responder, empiezan a caer los azotes, uno tras otro, sin descanso ni pausa, grito y gimo con cada uno, completa hasta los 50.

- Tengo un regalo para tu culito – dice mientras busca algo en su bolso que estaba al lado.

Intento mirar, pero me detiene, de pronto siento como entra algo duro en mi ano y empieza a picar y arder, ahí es cuando caigo en cuenta que es jengibre. Lo mete en mi culo, me quejo, me bastan unos cuantos azotes fuertes para callarme y continúa azotándome, dando 50 más, seguidos.

- Bien, ahora al rincón por 30 minutos, manos en la nuca, sin tocarte ni sobarte el culo ¿está claro?

- Si spanker Diego – respondo sollozando mientras voy al rincón a tomar mi posición.

Me arde el culo en todas las zonas posibles, adentro y afuera, siento las ganas de quitarme el jengibre y sobarme las nalgas, pero sé que sería peor. Sin embargo, al pensar en todas las sensaciones, creo que me gusta demasiado como es Diego conmigo, el como me trata, como me corrige y lo que me excita cada vez que lo hace. Pasan los 30 minutos casi sin darme cuenta y me ordena ir a la cama, una vez allí me recuesta boca abajo y me amarra las manos a la espalda y sin mayor preparación, mete su pene en mi vagina, y quita el jengibre de mi culo.

- AAAAHHHH – alcanzo a gemir y gritar por ambas sensaciones a la vez

Me sujeta de mis manos amarradas, se tira encima mío y con sus pies abre mis piernas lo máximo posible, y luego solo es meter, sacar, meter, sacar, duro, rápido, fuerte, como si yo fuera una muñeca de trapo a la que se está follando y justamente esa sensación es la que hace que me caliente cada vez más. En ese preciso momento, lo que me hubiese pedido, lo hubiese hecho, en ese momento me siento totalmente suya y quiero hacérselo saber.

- Soy tuya – digo, bajo, tímida.

- ¿Qué? – un azota llega a mi culo.

- Soy tuya – respondo fuerte, firme.

- Siempre has sido mía, putita – dice seguro, dominante, mientras comienza a darme más fuerte y rápido.

Se mantiene así por unos minutos y de repente me da vuelta, y acaba en mi cara, haciendo que su semen caiga por mis mejillas y boca.

- Da las gracias puta – mientras me da una cachetada en la cara.

- Gracias, señor…. – respondo sintiéndome suya, su puta, su sumisa, sintiendo el placer en todo mi cuerpo y viendo como se le forma una pequeña sonrisa a él.