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Feliz aniversario 3/4

La cena de aniversario promete romance, pero él tiene otros planes para celebrar. Entre velas y vino, ella sabe que pronto será su turno de arrodillarse, sangrar y suplicar. ¿Podrá soportar la intensidad de su amo sin perderse a sí misma?

Andrea2.7K vistas

Capítulo 3

Aún podía sentir el ardor tibio de los ciento veinte azotes marcando mi piel como un recordatorio vivo de a quién pertenecía. El silencio que siguió fue casi tan penetrante como el sonido del último golpe.

Mi respiración temblaba, entre dolor y deseo, mientras él me observaba satisfecho, pero no saciado.

-Ciento veinte- murmuró -Y todavía estás temblando por mí.

Desde mi posición giré lentamente la cabeza y al ver la forma en que me miraba, supe que mi amo iba a reclamar lo que había encendido con cada azote.

Y así comenzó a jugar con el plug, en un meter y sacar muy placentero, me llevó nuevamente al límite del placer pues metió sus dedos en mi coño. Cuando estaba disfrutando más, sacó el plug de un tirón y sentí la punta de su polla en mi culo.

-¿Dime que deseas?

-Quiero que me folles amo. Quiero por favor que uses mi culo- dije en tono suplicante.

Sin decir nada sentí como me clavó su polla en mi culo y sin más comenzó a moverse haciéndome gemir de dolor y placer.

Tomó mis caderas y estuvo follándome largo rato.

Mis piernas me temblaban y estaba a punto de pedir clemencia y que me dejara correr cuando dijo:

-Esos primeros cuatro meses, fueron muy placenteros para mi así que por ahora solo me correré yo.

Y de un fuerte movimiento me la clavó hasta el fondo y se corrió gimiendo fuertemente, dejándome con mi orgasmo frustrado, pero aún así, feliz de recibir su leche en mi culo y de sentirlo disfrutar usándome.

Permaneció así unos minutos, cuando se recuperó salió dentro de mí, no sin antes decirme que apretara bien el culo, para que no dejara salir su leche.

Así lo hice, mientras tanto no sé qué era lo que hacía, cuando llegó volvió a acariciar mis nalgas, decía que ya habían perdido un poco el color, tocó mi agujerito, confirmando que lo mantenía bien apretado.

Se puso frente a mí y levantó mi cara y mostrándome el plug que antes había visto sobre las flores, dijo:

-Mis regalos no son tan cursis como los tuyos, pero sabiendo lo puta que eres sé que lo vas a disfrutar mucho.

Lo acercó a mi cara y sin necesidad de decirme más, abrí la boca y lo tragué como si de su polla se tratara, desde mi posición podía ver su cara de lujuria y satisfacción.

Cuando sintió que ya era suficiente lo sacó de mi boca y rápidamente y de un solo empujón lo clavó en mi culo.

Se espero un momento viendo su regalo en mí, sentí sus manos sobre las mías y me quito las esposas.

-Quiero tener este momento guardado no solo en mi memoria si no en una fotografía, así que mientas tomo la fotografía quiero que te abras bien con las manos ese culo tragón.

Sumado a esto sentí que puso algo por encima de mi cadera, era el listón en forma de moño que en un principio tenía la fusta.

No podía pensar en ese momento en algo más humillante, estaba tumbada en la mesa con las piernas abiertas recién follada por el culo, con leche escurriendo por mis muslos, con mi coño hinchado y escurriendo de fluidos, con un moño ridículo de regalo sobre las nalgas y para colmo yo abriéndome para que él no solo me viera, sino que además tomara evidencia de este momento. Me quería morir de tanta humillación, pero a la vez sentía un placer inmenso que solo las putas sumisas podemos sentir con la humillación de nuestro dueño amo y señor.

-Si quieres ve a arreglarte un poco mientras caliento la cena, pero no te quites el plug- Dijo mi amo con parsimonia.

Sentía un poco entumecidas las piernas y así fui al baño, podía verlo mover los platos hacia la cocina, me sentía realmente feliz, liberada, amada, sentía que a pesar el entumecimiento, estaba caminando entre las nubes.

Me aseé, me recompuse un poco el maquillaje y regresé al salón lista para continuar nuestro festejo.

Cuando entré la mesa ya lucía las rosas que me había traído mi amo, nuevamente había colocado y encendido las velas, los platos se veían realmente lindos y se antojaba la comida.

Se veía todo muy lindo pero llamó mi atención, que había dos platos servidos y cuando yo había puesto la mesa había servido su cena en un plato de forma normal, mientras la mía la había servido en mi platito de gatita, pues no sabía si me dejaría comer con él en la mesa o a sus pies.

Al llegar me recibió con un tierno beso, haciendo uso de sus dotes de galantería me acomodó la silla, me dio la servilleta y me sirvió una copa de vino.

-Es nuestra cena de aniversario y aunque me encanta tenerte ronroneando a mis pies, en este momento prefiero verte y sentirme feliz de tenerte conmigo.

Me dijo chocando su copa contra la mía.

La cena transcurrió de forma agradable, platicamos de las muchas cosas que nos habían pasado, de nuestro día, del viaje que estábamos planeando hacer y de no ser por qué ambos íbamos desnudos y en mi caso tenía el plug en el culo y el corsé que apretaba mis tetas, hubiéramos pasado por cualquier pareja charlando de manera normal.

Estábamos terminando de comer, cuando me preguntó intrigado.

-¿Desde cuándo compraste ese corsé y las pinzas?

-Hace una semana el día que fui al centro comercial sola.

- ¿Y no te dio vergüenza comprarlas? Te conozco y eres demasiado vergonzosa para esas cosas- dijo entre risas.

Me quedé callada recordando a la vendedora y mi reacción al ser descubierta como sumisa.

Fue tanto el recuerdo que hice una larga pausa para contestarle, la calentura se volvió a apoderar de mi y tuve que frotar un poco los muslos para saciar mis instintos, situación que no pasó desapercibida para mi amo.

-¿Qué pasa?, ¿Qué recuerdas que te ha puesto tan caliente?, pedazo de zorra.

Con mucha vergüenza, pero le conté a detalle lo que había pasado con la vendedora en la sex shop, cuando terminé lo volteé a ver y su mirada denotaba esa excitación que tanto me gustaba de él.

-¿Así que mi gatita se excitó con otra mujer?

-¡Oye yo no dije eso!- repliqué.

-¿No? Y entonces, ¿Qué haces restregándote los muslos como puta?

-Mmmm, me excita contarte a ti, no por ella.

-Jajaja, pequeña zorra mentirosa- Dijo mientras recogía los platos y los llevaba a la cocina.

Me sentí ofendida por lo que dijo, pero tenía que reconocer que sí me había excitado recordar lo ocurrido.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me dí cuenta cuando ya estaba justo detrás de mi silla. Se agachó y comenzó a jugar con mis tetas, las estrujaba y apretaba, hasta que atrapó mis pezones y comenzó a jalarlos de un lado a otro.

Yo disfrutaba con su trato y me dejaba llevar, mi respiración ya era entrecortada de la excitación que tenía. De pronto me tiró del cabello y haciendo que levantara la cara lo más posible me dio un beso salvaje.

-De pie puta, que tengo que disfrutar usando esa fusta en tu cuerpo, eso dijo tu nueva “amiga”, ¿No?

Me puse de pie y me llevó tirando del collar hasta una esquina del comedor, dónde había improvisado hace tiempo una especie de gancho para colgarme del techo.

Me tomó de las manos, llevaba puestas las muñequeras, las unió con los ganchos que tiene cada una de ellas y levantó mis brazos para ajustarlas al gancho que colgaba del techo.

Una vez que me tuvo así comenzó a acariciar todo mi cuerpo, me besó apasionadamente y continuó dando besos por todo mi cuerpo, bajó por mi cuello, siguió el camino de mi pecho hasta llegar a mis tetas y se dedicó a comerlas de una manera deliciosa.

Continuó bajando por mi barriga, me hizo cosquillas con su barba por mis costillas, dio pequeños besitos alrededor de mi ombligo y siguió bajando hasta llegar al monte de venus, dio unos besos y comenzó a dar pequeños mordiscos.

Finalmente, su lengua llegó a mi clítoris, accionando mi botón del placer, me tenía loca de la felicidad, extasiada, mi mente no hacía más que agradecer estar con él.

Estuvo saboreando mi coño hasta casi hacerme correr, cuando sintió el temblor que iba a anunciar mi orgasmo y sin que tuviera oportunidad de pedirle permiso para correrme se detuvo.

-Amo por favor.

No había terminado la frase cuando ya me estaba contestando.

-No zorra aún no te lo mereces.

Me dejó jadeante y suplicante.

Se alejó un poco de mí, estaba tan absorta en mi orgasmo frustrado que no percibí cuando llegó el primer azote que me sacó de mis pensamientos.

-¿En qué mes nos quedamos pequeña zorra?

Por la sorpresa me tardé un poco en contestar lo que provocó que dejara caer un segundo azote sobre mis tetas.

-¿Vas a volver a pensar?

-¡No amo! – dije casi gritando.

-Vamos a comenzar marzo.

-Bien, entonces comienza a contar.

Y cayó un nuevo azote fuerte y bien dado sobre mi teta izquierda.

No pude evitar el gemido de dolor y placer.

-Mmmm, uno.

-¡Ahhhhh!, dos.

-Tres.

-Mmmm, cuatro…

-Treinta y uno, Gracias por dejarme ser tu puta todo el mes amo.

Al llegar al 31 había recibido azotes por todo mi cuerpo, pero se había concentrado principalmente en mis tetas.

-Abril- Dijo mi amo sin darme descanso alguno y continuó azotando mi cuerpo.

Esa fusta me iba a volver loca de dolor y placer, las tiras se abrían sobre mi piel como un abanico breve, dejando estela caliente que no duele, pero despierta.

-Uno- Otra caída, un poco más firme, buscando está vez el hombro.

-Dos- caía ahora en la parte alta del muslo.

-Tres- está vez era mi costado derecho el que sufría.

Mi amo iba dando los azotes a su gusto y antojo, sin prisa.

Cada zona recibe un toque diferente: una caricia con el cuero, un azote suave, uno más firme, todo rítmico, casi hipnótico.

Entre golpe y golpe, una mano recorre la zona azotada, evaluando mi reacción, sintiendo cómo cambia mi respiración.

En ese momento solo puedo sentirme entregada, es ahí donde está la verdadera intensidad, en esa mezcla de control, vulnerabilidad y deseo silencioso de seguir, de pedir más, de ver su mirada encendida y querer continuar.

El ritmo sube, baja, se detiene.

Siento que mi amo es un experto, me lleva al placer máximo del dolor, en este momento siento que la fusta no castiga, conversa conmigo, es como si en cada azote, me dijera Te quiero.

En medio de este doloroso y caliente tormento me doy cuenta de que no es la fuerza lo que estremece, sino la manera en que me lee. La manera en que cada movimiento está hecho para llevarme justo al borde de lo que puedo sostener y un poco más allá.

Siguió Mayo y Junio y yo no dejaba de gritar y de contar azotes, de sentir todo mi cuerpo caliente y un poco adolorido, pero mi coño que es un traidor no dejaba de chorrear y mi amo no perdía oportunidad de humillarme recordándome lo zorra que era por mojarme con los azotes.

De pronto llegamos al final de Junio.

-Treinta, Gracias por dejarme ser tu puta todo el mes amo.

Dije con un hilo de voz de cansancio, estaba agotada, nunca antes había recibido tantos azotes, todo mi cuerpo me ardía, pero no era desagradable, sentía un placer difícil de describir.

-¿Cuántos azotes fueron cariño?

-Ciento veintidós, Amo.

Dije con voz de cansancio.

-Muy bien mi linda zorrita, ¿te das cuenta que ya casi acabamos?, No ha sido tan difícil o ¿Sí?

-No amo, no ha sido tan difícil.

Y a pesar de mi cansancio era verdad lo que decía, realmente había disfrutado cada azote, cada tira cortando mi piel y verlo y sentir su excitación me hacía aún más feliz.

—Mírame, Quiero ver cómo late todo esto en tus ojos.

Yo levanto la cabeza y lo miro, aún con la respiración acelerada, y él sonríe con esa mezcla de orgullo y ternura que solo aparece cuando alguien te cuida de verdad.

—Eres perfecta así —me dice, rozando mi mejilla con el dorso de la mano—. Fuerte, entregada y lo mejor de todo mía, completamente mía.

Sus palabras resuenan en mi cabeza y me hacen sentir amada.

Me abraza con firmeza, como si quisiera borrar cualquier duda, cualquier inseguridad.

Sus dedos recorren mi espalda sin prisa, marcando cada línea, cada marca hecha por su mano, con un cariño que contrasta con la intensidad de antes.

—Gracias por confiar en mí, cariño—susurra, acercando su frente a la mía—No sabes lo especial que es para mí que te entregues así.

Termina la frase dándome un profundo beso, no con prisa, sino con profundidad, con esa pasión que se enciende en el pecho y que no se puede contener.

El beso crece, se intensifica, se vuelve necesidad y declaración al mismo tiempo.

Sus manos me sujetan, me levantan y me quita la atadura de las manos, baja mis brazos con mucho cuidado y me guía, pero ahora no hay dominio, hay amor. Hay deseo que se reconoce, que se busca, que se encuentra.

En ese instante me aferro a él como si encajara perfectamente entre sus brazos y él me sostiene como si hubiera estado esperando este momento desde siempre.

Me lleva caminando hasta el sofá, en ese en que antes estuvo acostado leyendo. No deja de besarme demostrándome con amor, su agradecimiento por soportar más allá de mis límites.

Cuando por fin llegamos me recuesta con cuidado mirándome como si fuera algo sagrado, y comienza a besarme por todo el cuerpo, como cuando estaba colgada del techo, pero está vez es lento, sin dejar de acariciarme, sin romper la conexión que se ha vuelto casi eléctrica.

—Quiero hacerte sentir querida, completa, amada—dice, rozando su boca con la mía.

—Quiero darte todo lo que guardo para ti, ¿recuerdas cuando nos conocimos?, me dijiste que estabas rota, muerta por dentro, en todo este tiempo he querido demostrarte que eso es pasado y que el futuro para nosotros será hermoso.

-Gracias por tanto mi lindo español- Digo con el corazón estrujado de tanto sentir.

Lo que ocurre después no necesita palabras, son solo miradas, respiraciones que se mezclan, manos que se buscan, piel que reconoce a la otra piel como destino.

La pasión sube, los cuerpos se acercan, se encienden, se encuentran.

Todo se vuelve más lento, más profundo, más emocional y como si leyera mi pensamiento clava en mi coño su polla, mientras continúa besando mi cuello.

Yo levanto mis piernas para sentir más profunda su penetración y abrazo con ellas sus caderas, lo aprieto hacia mí mientras comienzo a gemir.

Escucho su respiración entrecortada, y con cada en embestida él también gime de deseo, se acerca a mi oído y me dice lentamente.

-Mi niña hermosa, gracias por estar a mi lado.

Me derrito nuevamente y me preguntó en mi mente ¿Cómo lo hace?, ¿Cómo logra cambiar de ser un amo fuerte y dominante a ser lindo y tierno a la vez?

Pero esos cambios son los que me tienen loca de amor por él.

Ha estado follándome lenta y rítmicamente, pero poco a poco empieza a cambiar a ese lindo cordero, por el toro insaciable con cada embestida inyecta más fuerza, más pasión.

Estoy vuelta loca de placer y cuando estoy casi apunto de preguntar si me puedo correr, él adivina mis impulsos y me dice:

-Córrete conmigo.

Y en unos instantes ambos explotamos de placer, alcanzando ese mar de locura intenso, íntimo lleno de amor y fuego.

Quedamos los dos abrazados, recuperándonos de tan agradable momento, hasta que un sonido nos saca del trance en el que estamos.

Era su celular con una llamada entrante, se levantó rápido dejándome vacía sin su polla dentro de mí y sin el peso de su cuerpo aplastando el mío.

Tomó su teléfono rápidamente y se dirigió al despacho a tomar la llamada, no podía haber caído en peor momento, me enojé con la persona que estaba al otro lado de la línea, ¿cómo podía haber interrumpido mi momento feliz?

Cuando regresó seguía yo acostada y tendiéndome la mano me ayudó a pararme, una vez de pie me dio un beso en la frente y sosteniéndome un poco me dijo:

-Nos falta el postre, pero además de tu rico pastel, se me ha antojado un poco de helado, voy a salir un momento a comprarlo, no tardo mientras tanto cámbiate ponte cómoda, ya puedes quitarte esto- dijo señalando el corsé.

Puse cara de desconcierto, a mis nos gusta el helado, así que siempre teníamos en la nevera, no tenía por qué salir a comprar y menos en medio de una sesión de sexo.

Pero mi amo que es muy listo leyó a la perfección mi cara y poniendo cara de enfado, me dijo:

-Anda ya, es una orden y punto, te quiero limpia y no salgas de la ducha hasta que yo te lo ordene, ¿Me entendiste?- su tono era de enfado.

- ¿Cómo se dice?- preguntó dándome un fuerte azote en culo.

-Sí amo, como tu ordenes.

- Bien pues anda que te quiero limpia, has sudado mucho esta noche y apestas a puta.

Por si faltaba algo más me humillaba de esa manera que sabe que no me gusta, pero no quería hacerlo enfadar así que me fui directo al baño.

Al entrar me quedé de pie observando mi rostro en el espejo. A pesar de tener el rímel corrido y los ojos llorosos por los azotes, el orgasmo y mis sentimientos a flor de piel, me veía fabulosa y contenta, es increíble como este hombre podía hacerme tan feliz.

De pronto el sonido de la puerta me espantó, era él que tenía nuevamente esa mirada traviesa.

-Se me olvidó quitarte el plug y como sé que a mi t-rex le suele costar trabajo ponerse o quitarse el plug, mejor vine a ayudar – dijo con su tono de sarcasmo.

Me empujó sobre el lavamanos y abriendo obscenamente mis nalgas, me saco de un tirón el plug, arrancando de mi un gemido y una vergüenza espantosa que se apoderó de mí, cuando sentí como salió su leche del interior de mi culo.

-Si que debes asearte puta, pero por si aún te queda una duda entra a la bañera y ponte de rodillas.

Obedecí sin preguntar nada y estando de rodillas frente a él tomó su polla en la mano y pude ver lo que venia, mi amo lanzó un chorro de orina sobre mis tetas, movía de un lado a otro su chorro dejándome bien marcada.

Podía sentir el calor de su orina recorrer mi piel recordándome mi lugar, pero lejos de ofenderme me sentía más entregada, más sumisa, más suya.

El ultimo chorro lo dirigió a mi coño, demostrándome así que él es mi dueño y que ese coño es solo de él.

-¿Ves como debes ducharte?, anda cochina que te quiero bien limpita.- Dijo con un tono de satisfacción en su voz.

Se despidió enviándome un beso con la mano y salió del baño, no sin antes recordarme que no podía salir del baño hasta que él lo ordenara.

En cuánto salió brinqué a la ducha, me aseé lo más que pude, me puse mi gel de ducha olor a chocolate, me lave el coño y el culo usando la manguera, hasta que sentí que el agua salía completamente limpia.

Terminé, me sequé y me quedé sentada a la orilla de la tina esperando su orden de salir del baño, no sé cuánto tiempo pasó, pero me estaba empezando a poner ansiosa, cuando por fin tocó la puerta.