Xtories

Las oportunidades perdidas 2

Sabe que no debería estar allí, pero la curiosidad lo arrastra hacia el Mercedes aparcado en la oscuridad. Allí, el silencio se rompe con el sonido de la carne chocando y el gemido de una mujer que no es suficiente para calmar al taxista. Él lo mira, no como un extraño, sino como un alumno que debe aprender a su manera.

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Por la mañana temprano me desperté con la polla bien dura como siempre, y me hice una buena paja recordando lo ocurrido la noche anterior. Después me lavé bien mis partes que todavía olían a sexo, me puse unos vaqueros y un polo verde. Peiné mi cabello y desayuné cereales con leche junto a mis padres que me preguntaban por qué había llegado tan tarde anoche.

Mi padre me escudriñaba con la mirada. Tenía ya alguna referencia sobre mi comportamiento algo “ambiguo”, pero ni de lejos imaginaba como se estaba encauzando mi vida; a pesar de que yo hacía esfuerzos por llamar la atención vistiéndome con ropas femeninas que combinaba con otras masculinas. Se le notaba bien enojado conmigo pero mi madre, aunque no me tenía ninguna confianza, si paraba el que el enfado de mi padre fuera a más argumentándole que eran “cosas de la edad”.

Había unos enormes océanos de todo tipo entre ellos y mi independencia y mi personalidad eran defendidas a capa y espada como si me fuera la vida en ello.

A pesar de ir aumentando mis vistas a los sitios de cruising sólo había tenido dos experiencias y en las dos mi culito había sido profanado de manera firme, pero las dimensiones de la polla de Ángel el señor taxista hicieron que me sintiera chica y eso me confundía a la vez que me intrigaba.

Durante las semanas siguientes evité visitar aquellos sitios donde iban esos hombres porque tenía reparo de volverme a encontrar con Don Ángel el taxista. Sentía una mezcla de rechazo y temor a que me volviera a follar con su gran verga y, aunque había sido cuidadoso para no hacerme daño, fue inevitable que la sangre brotara de mi hoyito y que estuviera varios días con molestias anales debido a la longitud que tenía su verga.

Así pues, evitando el cruising seguí con mis amigos divirtiéndonos en discotecas, bailando y conociendo el mundo nocturno. Solíamos ir a una disco a la hora de la matiné, pero a menudo empatábamos con el turno de noche en el cual el portero hacía la vista gorda para dejarnos entrar.

El lugar se llenaba de señores mayores y casados en busca de la diversión y la compañía cómplice de mujeres dispuestas a ello. Una noche en la que yo estaba con un par de copas encima, observé como un hombre corpulento y con barriga era literalmente sobado por una mujer. Él estaba de espaldas y no le veía la cara pero cuando se dió la vuelta comprobé que era Don Ángel el taxista con su inconfundible y fino bigote negro.

La mujer le agarraba la mano y a veces intentaba abrazarce a él pero Don Ángel parecía molesto y poco interesado en ello. Me fijé en como iba vestido con un pantalón de tergal gris oscuro, una camisa de cuadritos azules y una rebeca de punto con botones azul marina. También unos zapatos negros de cordones con tacón bajo. Debido al manoseo de aquella mujer, a Don Ángel se le notaba excitado y con un gran paquete que se acomodaba e intentaba disimular debajo de su prominente barriga y llevaba la camisa desabotonada hasta la mitad del pecho.

Un amigo se percató de que yo les observaba y me informó de que ella era una puta de pago asidua al local. Además me dijo que a Don Ángel se le veía por allí con frecuencia.

De repente me di cuenta de que Don Ángel me reconoció. Yo me hice como que no me había dado cuenta pero furtivamente volvía mi cabeza hacia él. En una de esas me hizo un gesto con su mano para que me acercara y yo con muchos nervios lo hice. Al llegar a su lado y con la puta metiéndole mano por todos lados llevó su fuerte brazo a mis hombros estrujándome hacia él de manera paternalista y le dijo a la puta que yo era un amigo de su sobrino más joven.

La puta quería irse fuera de la discoteca con Don Ángel y él me invitó a acompañarles. Yo acepté no sabiendo muy bien por qué. Al salir me despedí de mis amigos haciéndoles un gesto con la mano y Don Ángel me dijo que no le gustaba verme con aquellos maricones.

Al salir de la discoteca su taxi estaba aparcado en frente. Era un Mercedes amplio. Ellos dos se sentaron delante y yo detrás. Él condujo mientras la puta le tocaba el bulto y le sobaba hasta que me percaté que dirigía el coche hacia los aparcamientos de la playa oscura.

Recordando la noche que estuve con él allí tuve una fuerte erección. Cuando Don Ángel aparcó estaba todo oscuro y en silencio. La puta se quitó la blusa y la falda quedándose sólo con la ropa interior. Me fijé en las grandes y bonitas tetas que tenía y cuando se desabrochó el sujetador Don Ángel se bajó los pantalones y reclinó su asiento. Entonces ella le bajó los slips y apareció aquella verga de 25 centímetros ya apuntando hacia el techo del Mercedes. La puta la cogió por la base y hundió su boca en ella todo lo que pudo mamándosela.

Don Ángel estaba recostado con la camisa y la rebeca de punto abierta. Así podía yo contemplar el volumen y la dureza de su gran barriga y sus tetas con areolas anchas y rosadas. Desde luego tenía un peso corporal elevado pero sus brazos y piernas eran fuertes, musculosos y grandes.

Mientras la puta mamaba y gemía, él llevó sus manos detrás de su cabeza dejándose hacer inmóvil. Yo con la calentura que tenía de ver aquella escena me empecé a masturbar algo nervioso. La puta la intentaba meter toda en su boca pero no podía por lo larga que era la polla de Don Ángel. Se la mamó durante casi media hora. Entonces ella se montó encima y se introdujo el glande por el coño bajando poco a poco.

Al igual que a mí, no le cabía toda a pesar de los sentones que le daba. Don Ángel cogió a la puta con sus manos por la cintura subiéndola y bajándola apenas sin esfuerzo. Mientras ella gemía de placer sus tetas se balanceaban con cada embestida hasta que los grandes y flácidos huevos del taxista empezaron a chocar con el culo de ella y empalándola por completo, la folló con vigor.

Mientras lo hacía Don Ángel me dijo que fuera aprendiendo como se debía tratar a una mujer. El sonido de las nalgas de la puta chocando con sus huevos se intensificaban. Yo me masturbaba. Empecé a sentir admiración por Don Ángel. Su trato conmigo era paternalista y cariñoso.

La puta ya se había corrido dos veces durante la gran follada que le dio el taxista pero Don Ángel continuó haciéndola botar sobre su vergota como si estuviera en un trámite porque no conseguía llenarla con su leche a pesar de que llevaba 40 minutos dándole bien duro.

La mujer se corrió una tercera vez y exhausta, jadeando, se recostó sobre el volante del taxi disfrutando de como aquel semental la estaba tratando. Pero Don Ángel paró de embestirla. La desmontó y le dijo que se vistiera. No le había satisfecho ya que no la llenó con su semen.

Mientras ella se vestía, él visiblemente disgustado le entregó el dinero y nos dijo que ella y a mí que intercambiáramos los asientos bajándonos del taxi. Don Ángel continuaba con la verga tiesa cuando lo hicimos, masturbándose.

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