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Confesionesdic 2025

Poniendo orden y otra cosa en biblioteca (3)

La biblioteca está vacía, los libros esperan en silencio y el calor entre ellos no necesita palabras. Mientras el profesor de gimnasia cree que tiene el control del lugar, Nico y el narrador descubren que el verdadero orden que buscan está entre sus cuerpos.

Flavio Romano2.5K vistas9.7· 6 votos

La oportunidad de estar cómodos se nos da la semana siguiente cuando otra vez tenemos horas libres. Entra al aula Valerio, el profesor de gimnasia (un bombón de 1,75 de alto, de físico bien formado por su profesión, pelo castaño, ojos claros, vestido con remera celeste ajustada al torso y pantalones deportivos celestes, bien ceñidos). Está temporalmente a cargo de la biblioteca y acude a solicitar un par de voluntarios para darle una mano a fin de volver a colocar en su lugar los libros devueltos por los alumnos. Nico y yo tenemos experiencia como ayudantes de la biblioteca así que nos ofrecemos al unísono y vamos con él.

La bibliotecaria había estado ausente varios días pero el desorden no es tan grande. Le decimos al profe que vaya a dar su clase a otro curso que nosotros nos encargaremos. No bien se va Valerio de la biblioteca, Nico me agarra de atrás para apoyar su bulto contra mi traste y empezar a franelearme.

Lo dejo hacer unos minutos, inclinándome hacia él hasta que me vuelvo y le planto un tremendo beso de lengua en la boca, mientras con mis manos le aprisiono sus apetitosos glúteos. Estamos unos minutos chuponeando y acariciándonos hasta que nos detenemos resoplando y jadeando.

- Esperemos un poco porque no vamos a acomodar ni un libro, le digo.

- Ok, pero apurémonos porque estoy muy caliente.

- Siempre estás caliente, le respòndo aferrando su bulto encima de sus pantalones, ya duro como una roca.

Me vuelve a besar con fruición hasta que nos separamos a duras penas para hacer la tarea encomendada, que nos lleva poco más de media hora.

Yendo y viniendo de la mesa de devoluciones a los estantes de la biblioteca, cada vez que pasa por detrás de mí, Nico me apoya su paquete entre las nalgas. Yo lo tomo de su hermoso culo para atraerlo hacia mí y seguimos con la franela, muy calientes. Él termina de colocar libros y entonces se pone otra vez detrás de mí pero ya con la pija fuera del pantalón, acomodándose entre mis glúteos aunque yo sigo vestido. Me inclino hacia adelante y me dejo hacer, apoyándome en un estante para sentir todo su empuje, mientras él me toma de la cintura y me embiste sutilmente con la ropa puesta.

- Si seguimos así me vas a acabar encima del pantalón, le advierto.

- Estoy al mango, me responde y me hace girar para ponerse cara a cara, volviendo a besarme muy húmedo con mucha lengua. Le respondo ávido al tiempo que me apodero de su verga y se la empiezo a sobar.

- ¡Qué dura la tenés!, le susurro al oído.

- ¿Te gusta como la tengo parada?. Asiento, resoplando y mirándolo a los ojos.

- Decime al oído si te gusta mi pija.

- Me gusta tu pija, atino a murmurar, sin dejar de mirarlo a los ojos.

- ¿Cuánto te gusta mi pija?

- Me gusta mucho tu pija, le susurro al oído, lo vuelvo a mirar a los ojos, siempre sin dejar de sobar y notando algo de líquido que le brota de la uretra. No dudo en pringarme los dedos y ponérmelos en la boca.

-¡Qué goloso!

- Me gusta! Es dulce, le digo.

Nico hace su típico gesto de sacar la lengua y relamerse como siempre, invitándome sin palabras a chuparle la poronga, cosa que hago sin dudar, agachándome primero y arrodillándome luego para lamer su glande como si fuese un helado, lentamente, sin prisa pero sin pausa, arrancándole gemidos de placer y haciendo que suavemente me aferre de la cabeza para cogerme por la boca.

Aunque no quiero soltar mi bombón de carne cálido, suave, jugoso, no estoy tan cómodo, Nico se da cuenta, me levanta tomándome del cuello y me da un tremendo beso de lengua de varios minutos. Me pongo frenético mientras aferra mis glúteos para empujarme más contra su cuerpo y yo lo tomo del cuello, entrelazándonos en duelo de chupones y lenguas a fondo. Parecen amplificarse los ruidos de nuestros besos desenfrenados en la quietud de la biblioteca, nos miramos a los ojos jadeando, calientes como potros alzados.

- ¡Hermoso culo tenés!, me susurra al oído y me lame el cuello.

Derrite todas mis defensas, me estoy entregando a él sin tapujos ni ataduras, sin pudor ninguno, obviamente.

Me gusta mi culo, es redondo, paradito, firme, acariciable (me lo acaricio a menudo).

- Me gusta mucho que me toques el culo.

Nico acaricia y luego aprieta más mis glúteos, empuja su pija contra mi bulto.

- Me gusta que me apoyes, necesito sentir tu bulto entre mis nalgas.

Lamo su oreja, le chupo el lóbulo, me trago su lengua que me penetra como una pija en mi boca. Se lo digo jadeando:

- Tu lengua es como una pija para mí.

Se sienta en el escritorio, su pantalón está bajo y no tiene ropa interior. Pone los brazos hacia atrás y queda su torso en diagonal, con su pija apuntando al techo (qué bien que está, pienso, hermoso caramelo me voy a comer, pienso todo eso y no lo digo, me arrepiento por eso, por no decirle).

Me inclino para chuparle la pija, me como el glande primero, juguetea mi lengua con el prepucio y con el tronco de su pija enhiesta después, muy despacio, entrando y saliendo, hasta que mi nariz toca su pubis depilado, como siempre, lo que lo pone como un burro.

Se la chupo y re chupo varios minutos deleitándome con su líquido pre seminal, hasta que tomo un respiro y le suelto la poronga de a poco y de mala gana.

- Si sigo, me vas a acabar en la boca, le aviso, mirándolo a los ojos.

- Me gustaría acabarte en la boca, para que te la tragues toda, me dice, y me vuelve a besar ávidamente.

Me suelto a duras penas y le digo que quiero su leche en otro lado.

- Te quiero coger, me susurra al oído y nos seguimos besando. Lamo y beso su cuello y oreja preguntándole si le gusta así.

- Mmmmmmm... Es muy rico cómo lo hacés.

- Es que sos muy rico vos... Te quiero comer todo.

- Sos insaciable. Te quiero coger, me dice.

- ¿Y si vuelve el profe? Falta como media hora pero nunca se sabe, le digo entre jadeos, pero esperando ese momento. No me da tiempo a nada, me abre la cremallera del pantalón para sacar mi verga parada y sobarla rítmicamente.

- Me gusta cómo me hacés la paja, le digo apretando sus glúteos firmes y redondos.

Seguimos en lo nuestro y no nos damos cuenta de que Valerio había regresado y nos mira con curiosidad detrás de una estantería. Lo veo de pronto, reflejado en un pequeño espejo que hay en el escritorio y detengo el intenso franeleo.

- Tranquilos, no pasa nada, nos dice, sobresaltando a Nico, que guarda su húmeda herramienta como mejor puede y se acerca a explicarle. Yo no salgo de mi estupor, pero enseguida mi compañero vuelve y me dice que me calme, que ya había aclarado todo.

- Valerio no va a contarle a nadie. Se duchará en el baño de la biblioteca. Vamos a llevarle la toalla y la ropa que tiene en el bolso.

Ahí comienza otra historia, más cachonda aún.